Capitulo nuevo... con retraso, pero imagino que cuando veais el numero de palabras del mismo (para mi son cerca de 19 paginas y media) lo entendereis. Pude haberlo dividido, pero quería enfilar el fin este arco lo más rapido posible.

Ni Battletech ni La Magia de Zero me pertenecen sino a sus respectivos dueños.


A pesar del enfado de su padre este transigió con que Louise estuviera presente. Su hija conocía a la enviada real, y parecía que habían trabado una amistad previa. Puede que eso fuera lo que Louise necesitara para tranquilizarse, una amiga. Debido a la presencia de Louise finalmente la reunión de la enviada real y del duque se convirtió en una especie de evento social con toda su familia, excepto Cattleya, por supuesto. La duquesa y la mayor de sus hijas también quisieron hablar con la noble dama que había hecho acto de presencia en nombre de la corona de Tristania en su hogar, además, ver a Louise así de animada era algo nuevo y que llenó de esperanza a ambas mujeres.

El duque por su parte aún no sabía exactamente quien era aquella nueva enviada real, pero sabía cual era su cometido, convencerlos para que fueran al consejo que se celebraría a finales de semana. Poco sabían que si iban a ir, pero solo para presentar la candidatura de De Piers y el compromiso de sus hijos, había usado la escusa de su hija enferma para evitar que estos días su castillo se llenara de suplicantes ávidos se su apoyo para su facción y para que nadie lo esperara en el cónclave. Era frio, y lamentaba usar semejante argucia, pero también era cierto, hubiera odiado tener su casa llena de nobles mendigando apoyos mientras su hija agonizaba.

Tanto el duque, como su madre y su hermana se sorprendieron al saber que Tiffania era prima de la reina y del rey, el duque pareció preocupado hasta que por una pregunta de su hija mayor todo quedo aclarado.

- No, no tengo intención de presentarme en la reunión como heredera al trono. - Dijo visiblemente sonrojada. - Mi padre era el hermano de los anteriores reyes de Albión y de Tristania, pero a pesar de amar a mi madre nunca llego a casarse con ella. - Louise no sabía como se iban a tomar sus padres que el enviado real fuera un vástago, pero los duques y su hermana no parecieron tomarlo en cuenta, aunque su padre comenzó a hablar con mayor tranquilidad. - Además, no tengo ningún deseo de intentar acceder al trono.

- Entonces, señorita Westwood de Tudor, ¿a que os dedicáis en la corte? - Pregunto su hermana cambiando el lady por señorita en cuanto supo la naturaleza ilegitima de Tiffania.

- Llevo para ambas coronas todos los asuntos de los huérfanos, con la guerra hay un gran numero y tanto el rey como la reina madre están agradecidos de que alguien se haga cargo del gran numero de hijos que han quedado sin padres en ambos reinos a causa de la guerra. - El duque asintió.

- Si lo deseáis podemos haceros un donativo para ayudar a los menos afortunados, casi perdemos a una de nuestras hijas a causa de la guerra y otra esta gravemente enferma. - La joven maga no pudo creerse lo que su padre estaba diciendo. ¿Acaso creía que Tiffania estaba allí para pedir limosna para los huérfanos del reino?

- ¡Oh! Os estaría muy agradecida, los planes de alfabetización albioneses y tristanos son muy costosos, pero merecen la pena.

- ¿Alfabetización? - Pregunto extrañado el duque, no podía imaginarse que quisieran enseñar a leer y escribir a niños huérfanos plebeyos, pero era un signo de lo que le había dicho a Gregor

Ahora tenía claro que los nobles eran demasiado inmovilistas con respecto a los plebeyos y si las cosas seguían así despertarían de su sueño de poder en medio de una pesadilla.

- Pero no es eso por lo que estoy aquí. - Continuó Tiffania mientras lanzaba una dulce mirada a Louise. - Vine para ver a una buena amiga mía y para conseguir que ella y su familia estén presentes en la próxima reunión de la corte. - El duque se aclaró la garganta.

- Lo siento, pero como dije al anterior enviado real no puedo irme a causa de la situación de mi segunda hija.

- Lo sé. Por eso... vine yo aquí. Duque de la Vallière, ¿le importaría que visitara a su hija enferma también? - El duque levantó la mirada.

- Mi hija esta muy grave, además, no creo que sea necesario que usted confirme su estado. - Tiffania retrocedió asustada por el tono de voz lúgubre del noble. Tembló un segundo, pero pareció reponerse.

- Siento si le he ofendido... yo no pretendía insinuar que estuviera mintiendo, pero yo...

- ¡Tiffania es una gran sanadora! - Explotó Louise, dándose cuenta de lo que debía de esta haciendo ella allí. Una llama iluminó el corazón de la muchacha: Tiffania iba a salvar a su hermana. - Le he visto curar heridas mortales... - se hundió un segundo en sus recuerdos, pero sacudió la cabeza y continuó como si no hubiera pasado nada - ¡Ella podría salvar a Cattleya!

Sus padres y su hermana la miraron como si estuviera loca durante unos instantes, luego posaron su mirada sobre la otra muchacha, la cual estaba mirando al suelo, con la cara colorada y juntando los dedos mientras parecía intentar vencer su timidez.

- ¿Es eso posible? - Pregunto la duquesa.

- Yo... podría intentarlo – dijo con un hilo de voz – he oído que una de las hermanas de Louise estaba muy enferma y yo... quiero ayudarla.

Tiffania junto los dedos de ambas manos, en ese momento Louise se dio cuenta de una cosa, el anillo. El anillo seguía en su dedo, pero la piedra del mismo había desaparecido.


Los duques y sus hijas acompañaron a su invitada hasta la habitación donde descansaba Cattleya, Louise iba detrás, preocupada, había hablado demasiado pronto. Ya había estudiado en clase sobre artefactos como los anillos mágicos, en los cuales su "batería" mágica era la piedra en todos los casos, un anillo sin piedra era solo una banda de un metal precioso, no sabía si en el caso de los anillos elficos esto era diferente, pero no lo creía. Tal vez había metido a Tiffania en un compromiso que no podía resolver y ella se había dejado llevar.

- Louise. - No, tenía que decirles algo, disculparse, hacer algo para que no miraran mal a Tiffania. - ¿Louise?

La chica levantó la cabeza sorprendida, era su madre llamándola.

- Louise, pareces distraída. ¿Estas bien? - Le preguntó su madre.

- Si, madre, lo siento pero yo...

- Bien, Tiffania nos ha pedido permiso para que ambas paséis dentro, sin nadie más.

- ¿Qué?

- Soy algo tímida... y no creo que pudiera hacerlo con gente delante... pero también soy algo miedosa.

- ¿Estamos seguros de que ella podrá hacer algo? - Pregunto Éléonore.

- Milady, creo que puedo ayudarles.

- Pero que Louise vea de nuevo a nuestra hermana en ese estado. ¿Esta segura de ello? Recuerda la anterior vez.

- La anterior vez la impresión fue muy fuerte, tal no debas Louise. - Dijo su padre.

- Louise, no te obligaré, pero preferiría entrar contigo. - Dijo Tiffa poniéndole la mano en el hombro. El gesto de preocupación se le borro de la cara, sustituido por uno de resolución.

- Entraré.


La habitación estaba oscura, cuando ambas entraron Tiffania arrugo la nariz y luego abrió mucho los ojos al ver el estado de Cattleya, unas lagrimas cayeron por sus mejillas, pero consiguió no sollozar mientras pedía a los miembros del servicio que atendían a la enferma para que salieran. Cuando lo hicieron Louise la cogió por el brazo, a pesar del estado de su hermana la vergüenza de haber metido en aquel lio a su amiga era más apremiante.

- ¡Lo siento Tiffania! ¡No debería de haber dicho nada!

- Lo... Louise, ¿qué ocurre?

- Tu anillo. - Señaló la joya. - De haber sabido que lo habías gastado no habría dicho nada. - Comenzó a llorar tapándose la cara. - ¡Fui una idiota por pensar que alguien podría salvar a mi hermana!

Entonces notó como Tiffania la abrazaba, la semielfa sujetó su cabeza contra su pecho mientras le acariciaba la parte de atrás de la misma. Las fuerzas de Louise fallaron y comenzó a llorar con más fuerza, por fin lo había conseguido, por fin iba a soltarlo todo.

Cinco minutos después ambas se encontraban de rodillas una enfrente de la otra en el suelo, Lousie se había desahogado todo lo que había podido, sus ojos estaban rojos y su voz algo ronca mientras intentaba disculparse por haber mojado el vestido de su amiga.

- Lo siento. - Dijo. - No debí haberte medido en esto.

- No importa Louise. - Tiffania se puso en pie y se alisó la falda del largo vestido verde que llevaba. - Yo no voy a curar a tu hermana, lo vas a hacer tu.

- ¿Qué? - Dio un bote para atrás sorprendida. - Mi magia... ¡yo no soy una maga de agua!

- Ni yo, pero puedo curar a la gente. - Saco un par de objetos de su abundante canalillo. Louise abrió la boca desmesuradamente, eran el anillo que le había dado la reina, el mismo que había perdido con el dedo y el Libro de oraciones del Fundador.

En ese momento se fijo en el anillo que llevaba la propia Tiffania en la otra mano, la opuesta donde llevaba el gastado anillo de su madre. Era el Rubí de Viento.


Louise se puso el anillo en el dedo corazón de la mano derecha con dudas y dirigió la mirada hacia el libro por la pagina que Tiffania tenía sujeta frente a ella, luego miró a su hermana postrada en la cama. Su aspecto hizo que le doliera el alma pero de pronto las letras en el libro comenzaron a lucir y su pesar de tornó determinación.

Leyó detenidamente el hechizo y sus notas. El hechizo prometía curar cualquier herida y regenerar daños extensos en tejidos y organos, incluso parecía poder ser usado para dañar criaturas malignas y no-muertos, requería mucho poder del mago, pero no más que otros que había usado antes, y el poder que no pudiera conseguir por su cuenta lo cogería de su voluntad, era la vida de Cattleya la que estaba en juego, para Louise era o todo o nada. Tiffania asintió al ver la expresión de su rostro.

Comenzó a recitar, recitó con el mismo mimo que aquella vez en el circulo de invocación, pero con una certeza esta vez, cuando acabara el hechizo la magia saldría de su varita y curaría a su hermana, no habría fallos ni errores. Continuó recitando mientras veía el cuerpo de Cattleya iluminándose, se sintió cansada, pero apretó la mano que le quedaba libre mientras exprimía su poder. ¡Más! Rugió por dentro. ¡Vive!

- ¡Regeneración! - Levanto la voz y la varita y apunto a su hermana.

Una luz intensa, blanca y cálida las envolvió, cegándolas. Instantes después Louise intentó abrir los ojos para ver si había funcionado, aun con la visión borrosa se acerco a la cama de su hermana.

- ¿Cattleya? - Preguntó casi con un hilo de voz.

Nada, no hubo respuestas y sus ojos seguían lagrimeando.

- Cattleya... por favor.

Su visión se volvió más nítida.

- ¡Cattleya!

Una mano se levanto y la toco en la cadera, Louise se asustó un segundo, pero instantes después pudo ver como la mano pertenecía a su hermana, la cual había recuperado su color de piel, incluso sus ojos estaban más luminosos, las manchas alrededor de su boca y su piel había desaparecido, incluso los huecos que se habían abierto en sus brazos y piernas bajo la piel parecían haberse llenado de nuevo con músculo nuevo. Su hermana estaba bien, y estaba sonriendo con la misma expresión de amor que tanto había echado de menos.

- ¡CATTLEYA! - Gritó al echarse sobre ella para abrazarla.

- ¡Auch! Louise me haces daño. - Louise aflojó un poco su abrazo y levanto la cara para ver a su hermana. - ¿Has sido tu?

Louise no respondió, otra vez volvió a llorar, pero esta vez de alegría.

- Me alegro que te hayas recuperado, hermana de Louise. - Cattleya escuchó otra voz, al levantar un poco la cabeza vio a una chica rubia, muy atractiva, con hermosos ojos azules con una cándida mirada y más que generosos pechos vestida con un traje de la corte de color verde, sobre su cabeza una hermosa tiara con plumas decoraba su hermoso aspecto.

- Gracias. - Dijo ella acariciando la espalda de su sollozante hermana. - ¿Quien eres?

- Solo soy una amiga de tu hermana. - Los ojos de la hermana mayor se abrieron de par en par y una sonrisa aún mayor apareció en su cara, mientras seguía abrazando con el brazo izquierdo a Louise extendió el otro hacia la muchacha.

- ¿En serio? ¡Soy tan feliz de que mi hermana tenga tan buenas amigas! - Toco un poco la espalda de Louise para hablar con ella, la chica levanto la cara, llena de lagrimas pero sonriente. - No me habías contado nada de ella.

A Louise le costó un poco comenzar a hablar de nuevo, las emociones eran demasiado intensas. Tristeza, alegría, esperanza, alivio, todo junto y haciendo girar su cabeza hasta casi marearla. No sabía como explicar de donde había salido Tiffa sin explicar su origen elfico, pero ese problema murió cuando su amiga se retiro la tiara frente a Cattleya. No sabía si su hermana se asustaría, pero no fue así. El corazón de Cattleya era muy grande, había estado enfermo durante mucho tiempo, pero eso no significaba que no pudiera amar a todos los seres vivos que la rodeaban con intensidad. No le importó lo más mínimo el origen de Tiffania, la abrazo como a una hermana y le agradeció lo que había hecho por su propia hermana y por ella.

- Yo... no he hecho nada... por ti. - Dijo colorada la semielfa. - Ha... sido Louise la que te ha curado.

- Pero tu le has ayudado, más de lo que crees. Puedo verlo en los ojos de Louise.

- Hermana... - Cattleya le puso un dedo sobre la boca.

- ¡Shhh! Me alegro tanto de volver a verte. - Y abrazó a su hermana de nuevo.

- Dis... culpa... hermana de Lou... - Catlleya miró a Tiffania son una mirada entre picara y divertida.

- Llámame Cattleya, quiero ser amiga tuya también.

- Yo... si her... Cattleya. Tengo algo que decirte sobre tu enfermedad. - Louise y su hermana se volvieron y miraron a la elfa.

- Dime. - Su voz sonó firme.

- No... yo no creo que este curada... - Tiffania apenas levantó la mirada y se la veía apesadumbrada.

- ¿Qué? - Exclamó Louise. - ¡Pero si usé todo el poder que pude!

- Si, y curaste los daños que la enfermedad hizo en su cuerpo, pero no creo que la enfermedad este curada... no lo sé... he practicado algo con este hechizo y se usa para reparar daños en el cuerpo, no para curar. - Louise fue a saltar, pero su hermana le pasó los brazos sobre los hombros y la retuvo.

- ¿Cual es mi estado entonces?

- Creo que tu cuerpo esta sano ahora mismo, como si nunca hubiera tenido la enfermedad, pero esta volverá a manifestarse poco a poco. - La mujer bajo un segundó la mirada, cruzándose con la mirada angustiada de su hermana.

- ¿Podéis volver a usar ese hechizo en mi? - Tiffania asintió mecánicamente.

- Si... eso creo, no habría ningún problema, de momento, puede usarse algunas veces más, pero deberíamos curar la enfermedad antes de... - El rostro de Cattleya sonrió de nuevo.

- Siento tener que ser esta carga para ti Louise, pero parece que necesitaré tu magia más veces... entenderé que no quieras que tu tonta hermana...

- ¡No! - Louise la abrazó con más fuerza. - ¡No sigas hablando! ¡Yo volveré a usar este hechizo una y otra vez siempre que los necesites! ¡Jamas serias una molesta para mi!

- Gracias. - Louise notó que le devolvían el abrazo.

Tiffania les dejo unos minutos más antes de intervenir.

- Aún... Louise, aún no he acabado.

- ¿Qué?

- Louise, aún me queda algo que hacer con esta magia que has usado... por eso no curé yo a tu hermana. - se acercó y le cogió la mano izquierda, sacandole el guante que llevaba, algodón del dedo corazón incluido, ahogó una lagrimas al ver el muñón. - Lo siento...

- ¿Qué quieres decir?

- Louise esto te va a doler... mucho... ya lo intenté antes, aunque con miembros completos y dolerá mucho. - La chica miró a su amiga y luego a su hermana.

- El dolor físico no me importa. - Cattleya soltó un apesadumbrado suspiro. - No es extraño para mi.

- No sabes cuando lamento oír a mi querida hermana decir eso. - Tiffa también bajo la mirada.

- Si lo hago bien solo será esta vez. - Dijo tragando saliva. - Dime si no puedes aguantar.

Louise pasó el brazo derecho alrededor del torso de su hermana, la cual le devolvió el abrazó y le dijo que estaría con ella. Entonces Tiffania comenzó... y el dolor también. Era como si el hueso quisiera salirse desde dentro del muñón con todas sus fuerzas al mismo tiempo que un millón de hormigas le mordieran la carne de alrededor, Louise apretó los dientes y notó como Cattleya ponía más fuerza en su abrazo. Era solo dolor, ya lo había sentido antes y no era lo peor que podría sentir.

El hormigueo y el dolor se extendió bruscamente y Louise apretó los dientes al tiempo que enteraba su cabeza en el pecho de su hermana, la cual no dejaba de decirle que lo estaba haciendo bien. Pero Louise no sentía eso, era como si le despellejaran el dedo lentamente una y otra vez. Llegado a un punto el dolor fue tan intensó que abrió la boca para gritar pero consiguió ahogar el grito antes de que naciera de su garganta. Enterró más la cabeza entre los pechos de su hermana, no le importaba el olor que se había adherido al cuerpo de Cattleya a pesar de los baños con esponja de los criados.

- ¡Regeneración! - Oyó decir a Tiffania y se preparó como pudo.

Entonces llegó, fue como si le sacaran la piel de todo el cuerpo pero solo en el dedo, todo concentrado, el tirón fue brutal y Louise chillo, aunque contra el pecho de Cattleya lo cual amortiguó el alarido e hizo que su hermana la retuviera con más fuerza.

El dolor se acabó, la mano de Louise cayo inerte sobre la cama y la chica comenzó a resollar contra el pecho de la mediana de los Vallière.

- Louise ya esta. - Escuchó una voz, pero no supo hasta un segundo después que era la de Tiffania. Su voz sonaba cansada.

Louise salió de su abrazo y torpemente, debido al adormecimiento, levantó su mano izquierda. Aún parecía notar el dolor pero en realidad solo era un residuo. En su mano, cinco dedos delgados y delicados la observaban.

Tiffania no tenía tantas reservas mágicas como Louise a pesar de su herencia elfica, o tal vez no era capaz de acceder a ellas aún, su rostro estaba cansado pero feliz. Se puso la tiara mientras veía como Louise miraba fascinada su mano, como alguien que nunca la hubiera visto antes, y sintió una punzada de culpabilidad por tener que pedirles lo siguiente a ambas.

- Necesito que me ayudéis. - Ambas hermanas se volvieron hacía la elfa.

- Pídeme lo que quieras, eres la amiga de mi amada hermana y has hecho por nosotras mucho. - Tiffa dudó unos segundos antes de continuar.

- Necesito que consigas que Louise vaya a la reunión de la corte la próxima semana. El rey de … mi primo, el rey de Albión quiere que esté allí a como de lugar. - Desvió la mirada. - Si paliar tu enfermedad no funcionaba él tenía pensado obligar a tus padres por la fuerza.

- ¿QUÉ? - Louise dio un respingo, Tiffania negó con la cabeza.

- Lo siento... él no fue muy especifico... pero él quiere que estés allí... dice que es realmente importante para el futuro de todos. - Tiffania volvía a tener esa mirada de vergüenza.

- ¿No te ha dicho por qué? - Ella pareció dudar un segundo levantando la mirada, pero la bajó de nuevo.

- Él me dijo que tu eres la elegida como... maga del vacío de este reino. Nadie sino tu puede poner sobre sus hombros esa labor. - Louise estaba sorprendida, pero porque no entendía nada.

- ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué labor? - Tiffania lanzó una mirada de vergüenza y miedo, cargada de incluso arrepentimiento.

- Dice que tu deber de unir las líneas reales de Tristania y Albión.


Los padres de Louise casi no cupieron en si de gozo cuando aquel criado, por petición de Tiffania, fue al salón a anunciarles que podía ver de nuevo a su hija. No sabían como, pero querían recompensar a la muchacha que había salvado la vida a su hija y sanado a su otra hija, aunque no sabían que en más de un sentido. Pero Tiffania, totalmente avergonzada y con voz fatigada declinó sus regalos, solo quería una cosa, y era que Louise estuviera presente en la corte durante la importante reunión. El duque se negó inicialmente, aunque sabía que su principal escusa para ello se había disuelto con la dolencia de Cattleya. Tras meditarlo decidió aceptar aquella petición, siempre podían presentar a Louise y su prometido directamente en la corte, aunque tuviera que asegurarse que su hija a no montaría un escándalo en publico, tenía varios días para aleccionarla.

Tiffania se marchó, ya que no quiso aceptar la invitación para quedarse, ella creía que para evitar que un sirviente descubriera su secreto al ir a despertarla por la mañana o algo similar. Por su parte Louise, después de cenar con su familia, toda su familia, y cepillarle el pelo, una vez lavado, a Cattleya subió de nuevo al trastero. Allí esperándola estaba la soga. Louise pensó en las palabras de Tiffania, el rey la quería a ella para unir ambas casas reales. No sabía que significaba eso exactamente, bueno, si lo sabía, pero no estaba segura de comprender como pensaba hacer eso. Lo único que se le podía ocurrir era que el rey usara su condición de familiar lejano de Henrrieta y de maga del vacío para ponerla en el trono... ¿era eso posible? y luego casarse con ella, esa era la única forma.

Louise suspiró, si Wales iba a hacer eso, eso solo significaba una cosa: Henrietta estaba muerta. Ahogó la ganas de llorar, ya había llorado mucho ese día. Pensó en las opciones que tenía, casarse con Reginald era algo que no pensaba hacer, jamas en su vida. Por otro lado casarse con Wales... se sentía como robarle su amor a Henrietta, se sentía sucia solo por pensar en aquello, pero a la vez era mejor opción que Reginald... ¡Fundador! Incluso Wardes sigue siendo mejor opción que él. Ya había conocido al rey cuando era príncipe y no podía negar que era una hombre atractivo y gentil, podría ser peor. Pensó en Reginald de nuevo. Mucho peor. Luego se mordió los labios. He de decirle la verdad. Se acarició el vientre con su mano izquierda ya curada. Si de verdad me quiere para eso ha de saber que él no será el primero.

Louise pasó la mano por la soga y saco algo que había llevado escondido bajo sus ropas. Con un rápido movimiento cortó la soga por donde la había atado, recogió el cabo y lo doblo en dos cortándolo de nuevo, una y otra vez, hasta que solo quedaron trozos demasiado pequeños para que nadie pudiera usarlos. Su hermana no estaba curada, pero ella era ahora la clave para mantenerla sana, y por el Fundador que Louise lucharía por mantenerla con vida con su magia el resto de su vida.

- Así me gusta. - Oyó a su espalda, pero esta vez ni se digno a darse la vuelta, solo habló.

- Pensé que en la mazmorra solo eras un alucinación... ¿acaso estoy haciéndolo ahora?

- Neg, no lo estas haciendo. Estoy aquí... en cierta forma. - Respondió Ranna.

- La personas normales no ven fantasmas... - Dijo volviéndose hacia el fantasma.

- Las personas normales no pueden invocar materia exótica moviendo una varita. Louise, me fuiste asignada.

- ¿Asignada?

- Soy una especia de guía, de ayuda, no soy la única, pero soy la tuya. - La mujer, que estaba con los brazos cruzados los descruzo e hizo un gesto conciliador con las manos.

- ¿Por qué? ¿Por qué tu? Apenas te conocí.

- Af, pero dime una cosa cachorro: ¿Cuando fue la ultima vez que me vistes con vida?

- En Albión cuando luchamos contra los aquellos... aquellos manei domini que estaban con Wardes.

- Neg, eso fue después, piensa bien niña, la ultima vez que vistes vida en estos ojos. Cuando fuisteis a atenderme a aquella esquina donde morí ya no volvería a abrirlos, lo recuerdo porque yo misma estaba viéndome morir desde fuera de mi cuerpo. - Louise abrió la boca.

- La pared...

- Exacto, cuando esa strabag mecánica me clavo en aquella pared. La ultima vez que vistes mis ojos estaban mirándote, impotente y furiosa porque había sido incapaz de salvarte. No significabas nada para mi, pero di mi vida por ti. - Abrió los brazos. - Y en este mundo los fantasmas se rigen por normas que seguramente en mi mundo no existan. Ese... ese poder que representas sabía que necesitarías a alguien y me eligió a mi.

- ¿QUÉ?

- Eso mismo pregunte yo. - Rio ella. - Louise, no puedo decirte más, mi misión no lo prohíbe, y ya sabes como somos nosotros con las ordenes. - Suspiró. - De todas formas no me veras mucho más. Solo aparezco cuando me necesitas, si no lo hago todo irá bien.

- ¿Tu también me dejas? - Pregunto Louise con la cabeza gacha.

- Neg... siempre estaré en cierto modo contigo, además... - Se acercó a Louise poniéndose delante suya y agachándose para poder mirarla a los ojos. - Ella no me recuerda bien, pero puedes preguntarle a Jehu por su antigua ama, seguramente te cuenta cosas de mi. Pero no le digas lo que me pasó, eso la pondría más triste, ella merece ser feliz con tu hermana.

- ¿Jehu? ¿Jeru es tu... ?

- Era mi compañera, y lamenté no poder despedirme de ella aquella vez, y no poder decirle nada ahora...

- Yo podría...

- ¡Neg! - Louise se echó para atrás por la vehemencia de la mujer. - Louise, ella no debe saber nada. Cuidadla y que sea feliz. Solo os pido eso. - Louise asintió. - Bien, ahora Louise he de decirte algo: Lo peor parece haber pasado, pronto todo se aclarará. Eso no significa que no habrán enemigos, los habrán y algunos más poderosos que Belial y Reconquista, se fuerte y honorable y obtendrás tu recompensa. - Se levantó y se volvió.

- ¡Espera! - Ranna volvió un poco la cabeza. - Si tu eres un fantasma... ¿eso significa que podría verle a él también? - Ranna bajo el rostro.

- Eso no funciona así, lo siento. Ahora Louise lo que debes de hacer es ir a esa reunión y asegurarte de que nadie ensucia el nombre de la reina ni el tuyo. Tu eres tu dueña, nadie más.

- ¡Espe... ! - Volvió a gritar al tiempo que se levantaba y daba un paso hacia ella, pero ya no estaba allí.

Solo estaba ella, la soga destrozada y una sorda pena unida a una férrea determinación.


La llegada a la capital fue extraña para la joven maga, el ambiente estaba enrarecido, las calles en silencio a pesar de que gran numero de nobles (que seguramente llevarían consigo riquezas que acabarían en manos de los dueños de alojamientos y comerciantes locales) que se habían reunido. Tal vez fuera por el destino de la reina, por el cuasi-desgobierno o por los enormes battlemechs que patrullaban el exterior de la ciudad y el castillo real. Verlos allí hizo que Louise reviviera su paso por la Legión, eran recuerdos agridulces, no lamentaba haber estado con ellos. ¡Fundador! ¡Me encantaría volver con ellos! Pero al mismo tiempo le recordaba lo que había perdido, y no se refería solo a Kyle, sino a la reina, a sus compañeros (de los cuales no sabía quien estaba vivo o no) y también su inocencia, destruida en una mazmorra. También se extraño al ver tropas desconocidas en algunos cruces, vestían un traje gris de varios tonos, lo que le habían enseñado que era camuflaje urbano, con un chaleco blindado mucho menos voluminoso que el que ella había llevado la vez que recogieron a Tiffania, y un casco completo que les ocultaba todo el rostro bajo un amplio cristal blindado oscurecido. Las botas, los guantes y un bolsillo frontal en el abdomen, lleno de cargadores extras, era de un color entre amarillo y naranja. Parecían llevar carabinas y pistolas ametralladoras principalmente, pero vio algunos soldados portando un pesadisimo rifle láser con una culata ancha, un segundo cañón integrado bajo el principal y lo que parecía una bayoneta plegada sobre ambos cañones. Una par de ellos tenían una mira grande y compleja con un cable que iba unido al casco del soldado que la portaba.

Lo más chocante era el símbolo que todos portaban en el hombro: la Estrella de Cameron; el emblema de la Liga Estelar de la que tanto le había hablado Kyle. No solo ellos, los battlemechs, un par de helicópteros que vio en el cielo e incluso en un par de vehículos que guardaban la entrada, todos ellos la llevaban. Estos últimos eran feos y cuadrados, sus cabinas estaban protegidas por una pesada reja y portaban en la parte de atrás un enorme cañón montado en una torreta junto a 4 ametralladoras, todas ellas montadas en otras torretas más pequeñas aún, situadas sobre un lanza-misiles de dos tubos, probablemente MCAs. Aparte de eso tenía un MLA 10 a un lado del frontal.

- ¡Que carruaje más burdo! - Musito Éléonore.

Louise no dijo nada, ese "carruaje" no había sido diseñado para ser refinado, era una maquina de guerra y muerte, pero era cierto, incluso dentro de su función era muy feo.

- ¿Por qué habrán tantos soldados? - Continuó su hermana. - Esos bárbaros parecen haberse hecho con el control de la ciudad como un ejercito invasor, la gente debería...

- Éléonore, después de lo que le paso a De Fau dudo que una masa de plebeyos pudiera hacer gran cosa contra este despliegue. Además, imagino el motivo de la presencia de todas estas tropas, después de todo, habrá un gran numero de nobles en la ciudad, la seguridad es importante. - Su padre aún no se había dignado en mirar por la ventana.

- ¿Y donde están los caballeros grifo o los... ?

- Me refiero a la seguridad de estos bárbaros, el bando reformista podría intentar algo si no consiguen sus objetivos, presentar este numero de soldados frente a ellos los disuadiría.

La joven maga dejo de escuchar a sus padres y su hermana mayor cuando vio algo por la ventana, tras dos masivos tanques con tres enormes cañones en su torreta como único armamento estaba una unidad de armaduras de combate. No podían ser de la Liga, eran Elementales. Louise se incorporó un poco y pego su cara al cristal, cosa que hizo que su familia dejara de hablar y la mirara extrañada.

- ¿Louise?

- Clea... - musitó casi para si.

- ¡Louise una señorita no se asoma así a la ventanilla de su carruaje! - Dijo molesta Éléonore.

Ella la ignoró y puso la mano en el picaporte, abriendo la puerta, el grupo de golems que tiraba del carro se detuvo por un comando mágico de Cattleya, la cual soltó un suave suspiro al ver a su hermana salir corriendo, sujetando las faldas que llevaba como podía. Su padre maldijo y salió del carruaje pero no corrió tras ella, eso era impropio de su rango, mientras, su madre la observaba con mirada seria pero intrigada.

Llego junto a los gigantes, uno de los cuales se volvió al verla correr hacia ellos, vio como levantaba el brazo derecho, inicialmente para apuntarla, atento como estaba a cualquier amenaza, pero luego bajo el pesado cañón y se encaró a la misma. Louise llegó a su lado corriendo, antes de que ella dijera nada el elemental habló.

- Hola enana. - Reconoció esa voz, era Shanw, a pesar de todo intentó no mostrar disgusto por haberse cruzado con ese gigantesco idiota (en más de un sentido).

- ¡Shanw!

- Exacto librenacida, parece que te acuerdas de mi.

- Más bien de como te pateo los huevos dos veces seguidas. - Terció otro de los elementales, una risa salio de las armaduras, Shanw pareció estremecerse de rabia dentro de la suya.

- ¿Qué haces aquí? - Dijo intentando recobrar el control. Más tarde hablaría con sus hombres.

- La corona nos llamó a todos los nobles aquí...

- ¿A este patio delante mía? - La ironía y la ira se entremezclaban en su tono.

- ¡Idiota! ¡Voy a la reunión! - Gruño. - Pero estoy aquí ahora para ver si alguno sabe donde están Clea y los comandantes estelares Nostra y West. - Shanw se cruzo de brazos y la miro desde detrás del visor de su traje, luego este se deslizó y por fin pudo ver sus ojos, no mostraban una expresión amable.

- Querrás decir los comandantes a secas, desde que apareció el brigadier general hemos adoptado los rangos clásicos de las FDLE.

- ¡Oh! No sabía nada... ¿donde están?

- Los comandantes están en palacio, la... teniente Clea... sigue en la base de Albión, sus heridas la siguen manteniendo fuera de la acción. - Una sonrisa malvada se adivinó en sus ojos. - Deberíamos declararla no apta, después de todo no creo que puedo volver a pelear después de todo y además siempre fue una fracasada que no paso su primera prueba como guerrera. - Una risa forzada y con un tono malicioso cerró su declaración.

- ¿Heridas? - Louise se desespero. - ¿Qué le paso?

- Un Inferno niña, estaba en el hangar de armaduras de combate cuando un maldito dezgra disparó un misil incendiario, yo, por suerte, estaba dentro de mi armadura completamente cerrada, ella – rio de nuevo – no. - La chica estaba horrorizada, no solo por lo que había odio sino por como se lo estaba contando ese hombre.

- ¡Pero sois compañeros! ¿Como puedes decir eso de un... ?

- ¡Yo no soy compañero de nadie! - Hizo un violento aspaviento con el brazo derecho que a punto estuvo de hacer retroceder a Louise. - ¿Ves a estos strabags? Son solo mis subordinados, nada más. - Los otros elementales se movieron dentro de sus armaduras incómodos. - Solo son un paso más en mi objetivo...

- Pensaba que su objetivo era estar siempre cabreado. - Se oyó decir detrás de los gigantes, todos se volvieron dejando ver a una mujer madura con un uniforme de infantería de la Liga Estelar, pero con el visor de su casco levantado.

- ¡Atención! - Rugió uno de los elementales y todos se cuadraron haciéndose a un lado mientras saludaban a la mujer.

La mujer miro con cara divertida la reacción de los gigantes, los cuatro que acompañaban a Shanw se habían cuadrado de tal forma que casi le habían creado un pasillo que conducía hacía el propio teniente y la chica con la que parecía discutir. Shanw había sido algo más lento en cuadrarse y la muchacha miraba entre sorprendida y aprensiva la escena.

- Descanso. - Dijo al fin. - Teniente Shanw, ¿puede decirme que hace socializando con una de las invitadas? Su misión aquí es la vigilancia.

- ¡Lo siento señora! ¡Esta pequeña strabag vino aquí a importunarnos! - La mujer sonrió.

- A pesar de lo cual usted pareció darle coba.

- ¿Señora? - Él parecía confundido por la expresión, la mujer suspiró.

- No importa, ¿puede explicarme alguien quien es esta muchacha?

- Es mi hija, Louise Françoise le Blanc de la Vallière. - Afirmó firme voz detrás de Louise, era su madre, que se había acercado mientras hablaban.

- Vallière... ¿donde he oído ese nomb... ? - Los ojos de la mujer se abrieron de par en par. - ¿Es ella? ¿Es la chica que estuvo prisionera?

- Af. - Confirmó el propio Shanw, la mujer la miró de arriba abajo.

- ¡Increíble! - Se llevo las manos al mentón del casco un segundo antes de levantar la mirada hacía el propio Shanw. - Teniente, usted y sus hombres quedan relevados de sus actuales funciones, su misión sera escoltar el carruaje y luego a ella y su familia hasta que lleguen a su destino. Luego vengan directamente a informarme.

- Pero... - El tono de voz de Shanw era de incredulidad. - ¿Escoltarla a ella, señora?

- Así es. Y es una orden. - Dijo esto ultimo levantando la voz y mirando directamente a los ojos del gigante.

- Afirmativo señora, mi unidad escoltará a la invitada.

- No creo que eso sea necesario. - Dijo Karin.

- Insisto... - pareció hacer memoria – duquesa, tenemos ordenes de escoltar a Louise de la Vallière en cuanto esta se presente frente a un control, la hemos identificado antes así que mucho mejor.

- ¿Escoltar a mi hija? - Karin se cruzo de brazos y alzo una ceja.

- Así es, ordenes del rey Wales. - Karin frunció el ceño.

- No estamos el Albión. - La mujer no se echo para atrás.

- No, pero nosotros estamos bajo ordenes del brigadier general Ramírez, el cual es aliado del rey. Solo somos una fuerza de interposición.

- ¿Interqué? - La duquesa parpadeó extrañada.

- Estamos aquí para evitar que ambas facciones de nobles se maten entre ellos. - Hizo un ademán hacia el carruaje. - Ahora por favor, los hombres Shanw les escoltaran hasta la puerta este, allí les conducirán hasta sus aposentos por un camino diferente al resto de los invitados.

Karin y su hija regresaron al carruaje, tanto Éléonore como su padre fueron a decir algo a Louise, pero la duquesa les dijo que no era el momento, algo estaba pasando allí, y no sabía que era. Cattleya no miró a su hermana para no levantar sospechas, Tiffania les había dicho que no debían de decir nada.


Escoltados por los cinco gigantes, algo que no agradó a Éléonore, ya que ella conocía el tamaño y aspecto de las personas que usaban esos trajes, llegaron a la puerta este, prácticamente desierta, solo estaban presentes un par de asistentes y el propio Mazarin. Tras unos saludos tensos y sin más datos que lo que tenía previamente, el grupo avanzó, escoltados aún por los elementales. Mazarin dio evasivas a todas las preguntas del duque. Se detuvieron en una sala de armas, donde aparecieron un par de mujeres con dos guardapolvos negros con protecciones en los brazos y piernas, ambas se identificaron como miembros de la Guardia Negra, los sucesores de la Guardia de Armas de Fuego, encargados de proteger a la corona ahora. Llevaban bajo el guardapolvo blindado ropa también negra y correajes para llevar armas de fuego bajo esas voluminosas ropas, Louise identifico un par de carabinas láser bajo dichos guardapolvos aparte de sus espadas y un arma cilíndrica que le recordó a los aturdidores sónicos que tenía la Legión. Así con 5 elementales menos y dos pistoleras más el grupo continuó hasta llegar a su destino, Mazarin los despidió allí, mientras que las mujeres pasaron con ellos, pero se quedaron a distancia. Una de las mismas se separó un poco y se acercó a otra mujer vestida como ella, pero con bordes con el azul tristano en las solapas. Llevaba una media mascara en el rostro, o eso pensó Louise hasta que se dio cuenta de quien era.

Delante suya estaba Agnes de Milan, la cual no solo vestía esa extraña ropa sino que llevaba esa media mascara de un tono negro mate y de aspecto anguloso en la cara, Louise se dio cuenta de que tenía quemaduras y cicatrices en ese lado del rostro, ocultas parcialmente por ese trozo de plástico y metal que iba desde donde debía de haber estado la oreja derecha hasta el ojo del mismo lado, tapándolo con un parche hexagonal metálico con una rendija rojiza. La chica abrió la boca aterrorizada al darse cuenta de que ese extraño complemento debía de ocultar no solo el rostro derecho desfigurado de la mujer sino su ojo, el cual, si su experiencia con los manei domini no la engañaba, era ahora un implante.

Agnes escuchó a su subordinada y lanzó una mirada hacia la familia Vallière, luego ladró unas ordenes a la mujer, llamo a otro par de Guardias Negros, y se marchó, tras lo cual la mujer que había hablado con ella volvió a su puesto de vigilancia cerca de la familia.


La corona había habilitado varias habitaciones para la familia, una para cada hija y otra para los padres, pero solo la de Louise parecía estar guardada por dos mujeres de fiero aspecto y sendas armas de extraño aspecto, a pesar de lo cual ambas no perdieron detalle cuando una las puertas de las otras habitaciones se abrió por la noche.


Louise apenas durmió, estaba preocupada e inquieta por todo, ella escoltada por orden del rey, las heridas de Clea tan extensas que tres meses después seguía de baja, lo que Tiffania les dijo, incluso el ominoso cambio del nombre de la Guardia de Armas de Fuego a Guardia Negra le preocupaba. Por la mañana pidió que le prepararan un baño a las sirvientas de palacio, si de verdad Wales le había llamado por ese motivo ella debía presentarse de la forma más correcta posible, no podía hacer quedar mal a su familia, aunque sospechaba que su padre estaría entre furioso por ver sus planes anulados y exultante por ver a su hija casada con un rey. Reginald... bueno como reina tal vez podría darle una lección. Sonrió levemente imaginándose ordenando al chico a darse un bofetón a si mismo, ella seguramente podría darle más fuerte, pero era más la humillación que otra cosa. Era un pensamiento cruel, pero la reconfortó.

Las sirvientas le vistieron con su mejor vestido, y le prepararon, no quiso maquillarse más de lo necesario, ella apenas lo hacía nunca, en este caso un poco para disimular las ojeras y un brillante tono de labios rosado, según una de las sirvientas era un color nuevo que un alquimista albiones había comenzado a vender, sin plomo (no entendía porque era tan importante que no tuviera plomo) y más brillante que el normal. Además, su sabor era agradable, ella solo había probado un par de veces el otro, pero este le gustaba mucho más.

Cuando acabaron las guardias de su puerta entraron anunciándole que pronto deberían estar todos en la sala del trono. Pronto, a medida que avanzaban escoltados, se cruzaron con otros nobles del reino. Ella rezó para que no se cruzaran con los...

- ¡Duque de la Vallière! ¡Me alegro profundamente de verlo aquí también! He oído las magnificas noticias de la recuperación de su hija mediana.

… los de Piers.

Allí estaba Gregor, acompañado de Reginald y de su hijo menor, el que aún iba al primer curso de la academia, Sandor, si no recordaba mal Louise. El hijo mayor soltó un gruñido al verla, pero su padre le dio un rápido y disimulado codazo en las costillas, aunque no lo suficiente como para que ella no se diera cuenta. Él se aclaró disimuladamente la garganta y se adelantó.

- Mi muy estimada Louise. - Dijo con gesto incomodo. - He de disculparme por mi comportamiento en tu casa, fui... un idiota. - Se notaba forzado, casi mecánicamente saco su varita y conjuro unas rosas blancas. - Esto es para compensar mi falta anterior. - Dijo extendiéndolas hacia Louise.

Ella dudo uno segundo, no quería aceptar esas rosas, quería cogerlas y golpearle con ellas hasta que se rompieran y es estuviera lleno de cortes por las espinas. Pero se contuvo. Piensa en Wales. Fue un pensamiento cruel, allí estaba ese maldito machista idiota forzado a disculparse con ella porque pensaba que podría casarse con ella, y mientras ella misma sabía que el rey de otro reino quería tratar con ella sobre ese mismo tema. Podría decirlo, pero no estaba segura y sería muy incorrecto, así que prefirió esperar.

Aceptó las rosas con un leve inclinamiento de cabeza.

- Gracias lord Reginald, pero no creo que pueda tenerlas conmigo en el salón del trono.

- ¿Vais a entrar vos también?

- Mi hermana ha sido especialmente requerida por la corona y el rey de Albión. - Dijo Cattleya con una de sus serenas sonrisas.

- ¡Que pintores... ! - Fue a añadir el muchacho antes de recibir un leve codazo por parte de su padre.

- Pediré que lleven este obsequio a mis aposentos. - Terminó de añadir Louise. - Os lo agradezco profundamente. - Después de todo a pesar del idiota que las regalaba eran una flores muy bonitas.

- ¡Excelente! - Dijo de pronto lord Gregor, obviamente entusiasmado por que ambos hubieran hecho las paces. - Ahora que todo esta bien deberíamos ir a la sala del trono con los demás.

- Ciertamente. - Asintió el duque de la Vallière con una sonrisa en la boca.

Cuando llegaron todos los presentes se quedaron clavados en la puerta al entrar. En palacio habían dos salas del trono, la que usaban los reyes para reuniones a pequeña escala, donde Henrietta había recibido a Louise y Kyle por primera vez para pedirles que fueran a Albión, y el gran salón del trono, una sala que cumplía tanto la función de sala del trono para grandes reuniones, recepciones oficiales y como sala de baile para eventos importantes. Se encontraba en la parte central del palacio debido a la altura del techo, del cual colgaban enormes arañas con luces mágicas, pero al fondo del mismo edificio, lo que permitía que los invitados cansados de bailar o charlar salieran al patio trasero a tomar el aire. Si bien el gran salón era un espectáculo digno de verse cuando estaba totalmente engalanado este no era el motivo de su asombro, su atención se volvió a dos figuras que se encontraban al fondo del mismo, flanqueando la tarima donde estaban las sillas del trono que daban nombre a esa sala.

Enormes, pintados de azul tristano, con la Flor de Lis de la corona también pintada en su pecho, dos 'Mechs estaban en posición de guardia a ambos lados del trono, inmóviles como dos estatuas, se alzaban por encima de los invitados que ya habían llegado, los cuales miraban con miedo y recelo las dos ominosas figuras mientras intercambiaban susurros de desaprobación.

- ¿Pero qué... ? - Fue lo único que salio de la boca de Gregor mientras que el resto solo la abría de par en par y a veces exhalaba alguna exclamación inconexa. Finalmente el padre le Louise se sobrepuso un poco.

- Deberíamos entrar, ya nos han anunciado – miro al chambelán – y no podemos quedarnos como idiotas frente a la puerta.

- Pero... ¿qué demonios es eso? ¿Como han puesto dos de esas... cosas dentro? ¡Ese maldito rey con ínfulas cree que va a asustarnos con dos de sus maquinas en el salón del trono!

- Thunderbolts. - Dijo Louise interrumpiendo a Gregor.

- ¿Qué? - preguntó el mirando a la muchacha.

- Son dos Thunderbolts y son tristanos.

- ¡Que los hayan pintado no significa nada! - Respondió Reginald. - Eso solo para engañar a incau... - se detuvo al ver la mirada del duque de la Vallière, el cual a pesar de los eventos no pensaba dejar que él lo estropeara de nuevo.

- Esos dos fueron montados en Tristania. - Respondió ella mientras el grupo se retiraba de la puerta y sentía como varias miradas se clavaban en ella.

- Espera... ¿esas cosas fueron construidas por tristanos? - Gregor miro al duque. - Eso significa que su propietaria ultima es la corona. - Una mirada de codicia y fiereza cruzó los ojos del noble. El padre de Louise se volvió hacia ella.

- ¿Como sabes tu eso?

- Yo estuve presente cuando se descubrió la fab... la fragua donde se pueden construir. - Se corrigió porque dudaba que los presentes comprendieran la palabra fabrica, sobre todo Reginald, pero este no se quedo callado.

- ¡Son dos criaturas horrendas! ¿Por qué tienen dos cabezas?

- Una es su cabeza... pero la otra es un lanzador de... bolas de fuego. - Dijo primero señalando la cabina a la izquierda del torso y luego el lanzamisiles de la derecha, el cual llamo lanza bolas de fuego para no tener que explicar más.


El grupo se movió hasta el centro de la sala, donde su padre comenzó una conversación entre Gregor, un par de marqueses menores de la facción de los lealistas y lord Richemont, el cual resulto ser un noble orondo bastante pagado de si mismo, que no se parecía nada conforme con las ideas de los lealistas, pero que se plegaba bastante bien a todas la opiniones del padre de Louise. También fue bastante empalagoso a la hora de saludar a la joven maga. Justo cuando iba a disculparse para ir a una de las mesas de comida, no porque tuviera hambre sino porque no aguantaba más allí, las puertas se abrieron y la delegación de Albión apareció.

Louise abrió la boca para coger aire al ver al rey Wales Tudor entrar franqueado por un hombre y una mujer que no parecían nobles. El hombre llevaba un uniforme que ella conocía bien, era el mismo uniforme que Kyle había llevado en el baile de después de derrotar a Fouchet, un uniforme de oficial de la Liga Estelar, solo que muchísimo más recargado de medallas e insignias que el del chico. Al otro lado estaba una mujer con una traje extraño: llevaba un pantalón planchado con la raya perfecta, mucho mejor de lo que cualquier noble creía que fuera posible, una chaqueta con una solapa cruzada sobre el pecho de doble botonadura y una banda con la estrella de Cameron que cruzaba también el pecho, llevaba el pelo tan corto como Ranna, pero este era negro, mientras que el del hombre era rubio y cortado a cepillo. Ambos tenían una mirada fiera, pero la del hombre era la de un soldado y la de la mujer era otro tipo diferente de animal depredador.

Tras ese trío aparecieron varias personas más pero Louise se quedo mirando a dos en particular, ambos parecían soldados, no solo por su uniforme, sino por lo fiero de sus miradas. Ambos llevaban un uniforme similar al del primer hombre, a pesar de que uno resulto ser una mujer, pero con un lobo con la boca entreabierta en medio de un rugido animal en lugar de la estrella de la Liga Estelar. ¡Lobos! ¡Son lobos! Ese pensamiento golpeó a la chica como un martillo. Su padre se inclinó sobre Gregor y rompió el silencio del grupo.

- Ese hombre, es el general Fetladral, el artífice de la caída de de Fau. - Gregor asintió preocupado.

- ¿Y esa mujer? Nos esta mirando a todos como si nos estuviera perdonando la vida.

Era cierto, aquella mujer estaba mirando a ambos lados, como vigilando que nadie hiciera nada, pero además su gesto era claramente hostil, sus cejas estaban fruncidas en un gesto de enfado claro y aparente y su mandíbula apretada tanto que casi parecía que los dientes perfectos estaban soldados entre si, sus puños tensos y prietos se movían mecánicamente siguiendo el movimiento de sus brazos al avanzar.

- Creo que es la segunda al mando del general... Vickers creo que se apellida. Una barbara sin educación sin paciencia ni consideración alguna por los títulos de noble, el general al menos parece fingir respeto, ella no se molesta en ello.

- Parece que tenga las capacidades sociales de un hacha de guerra.

- Exactamente. - El padre de Louise puso la mano sobre el hombro de Gregor. - Pero será mejor que no te escuche nadie decir eso, el rey les tiene a todos en gran estima.

- Maldito petrimetre. - Dijo Reginald, visiblemente disgustado, su padre volvió a hacerle callar.

- Joven de Piers, recuerde que estamos hablando de un rey. - Dijo Karin, pero el chico optó por no hacer caso alguno de aquella mujer que osaba hablarle.

Entonces el rey llego a la altura del grupo, Wales cruzó la mirada con Louise, la cual dio un leve respingo asustada, y el rey se acercó con una sonrisa afable a ellos.

- ¡Embajadora! - Dijo llamando por el antiguo titulo que usaba con Louise al tiempo que hizo una reverencia.

- Su Majestad. - Louise hizo una reverencia, lo más pronunciada y respetuosa que pudo. Pero se sorprendió al ver que Warles hinco la rodilla delante suya. ¿Va a hacerlo aquí y ahora? Pensó Louise atropellada.

- Perdóneme, Louise de la Vallière. - Dijo con la cabeza baja. - No fui capaz de evitar lo ocurrido. Nada de lo que haga o diga podrá librarme de la vergüenza que siento.

- ¡Su Majestad! - Louise se acercó un poco más. - Por favor, levántese. No fue culpa suya.

- Lo fue, fui un mal líder e incapaz de realizar un plan para liberarla antes, tuvo que ser usted misma la que lo hiciera. - Él seguía mirando al suelo sin atreverse a levantar la cabeza.

- Fue culpa de todos, Su Majestad. - Dijo de pronto el hombre vestido con el uniforme de la Liga Estelar.

- Eso no es escusa. - Levantó la cabeza y miro a la chica. - Espero que mis acciones futuras consigan limpiar parte de la vergüenza que siento.

- Majestad por favor... - Dijo ella complemente abrumada.

- Después de todo ¿que se puede esperar de un bárbaro albiones que fue incapaz de vencer a unos simples rebeldes?

De pronto Louise deseó haberse quedado con las rosas de Reginald para poder introducirselas, con espinas y todo, por la boca hasta la garganta. Ambos grupos, tanto el del rey como el del duque de la Vallière se quedaron clavados en el sitio, estupefactos por lo que el chico había dicho, un pesado silencio no se extendió por las cercanías, su hermano menor se llevo la mano a la frente con tanta fuerza que un sonoro ¡Plas! resonó por medio salón, sobretodo cuando varios grupos más de nobles se habían quedado en silencio también. No obstante la reacción de los nobles no fue recriminar por su falta de tacto al joven Reginald sino apoyarlo, de pronto varias voces surgieron de entre varios grupos de reformistas aplaudiendo a aquel idiota.

- ¡Bien dicho! ¿Quien se ha creído?

- ¡Libertad para de Fau! - Se escucho también, aunque poca gente de dio apoyo.

- ¡Recuerde donde esta! ¡No esta en su reino, sino en el nuestro!

- ¡Fuera de aquí!

Wales se levantó sin prisa, con un movimiento lento, pero cargado de furia mientras miraba al muchacho. Su movimiento fue lento, pero no el de los dos lobos que estaban con él. Louise dio un paso atrás asustada al ver como la mujer salio disparada, para ser interceptada por el general Fetladral, con una llave que la sujeto desde el hombro a la cadera con ambos brazos a la vez que metía la pierna izquierda entre las suyas y la forzaba a hincar una rodilla con una llave que Louise recordaba de su entrenamiento, pero que estaba segura de que jamas podría hacer con esa fluidez. La mujer comenzó a perjurar en una clara jerga clanner que hizo que ella retrocediera más aún intentando olvidar cuando había sido la ultima vez que la había escuchado.

- Grana, por favor. - Dijo Wales. - No necesito que le mates para hacerle callar.

- ¡Como osa decirle eso a mi hijo! - Ladró Gregor, Wales sencillamente miro al hombre de soslayo.

- ¿Y usted es?

- ¡Soy el duque Gregor de Piers! Señor de Bourbonne y tercero en la sucesión al trono de Tristania.

- Muy bien, duque de Piers, espero que recuerde que esta hablándole a un rey...

- ¡Un rey bárbaro que ha olvidado como se hacen las cosas! - Rugió Reginald, Wales se volvió hacia el chico y le devolvió una mirada fría.

- ¿Y usted es?

- Soy Reginald de Piers, heredero del ducado de Bourbonne y futuro yerno del duque de la Vallière. - Wales levantó un poco una ceja y miró al padre de Louise.

- Duque de la Vallière, lo lamento, no me he presentado ante usted antes.

- No es necesario escudarse Su Majestad. - Dijo Laurent, el cual conocía de antes al rey, al tiempo que hacía una leve reverencia.

- Gracias. - Luego se volvió hacia la madre de Louise y la saludo con una inclinación de cabeza, aún tenía claros en su mente los dos anteriores encuentros con Karin. - Así que va a casar a una de sus hijas. Me gustaría felicitar a la afortunada.

- Mi prometida es la tercera hija de los Vallière. - Saltó de pronto Reginald, Wales levantó la cabeza al escucharlo.

- ¿Va a casarse con Louise de la Vallière? - Una extraña sonrisa cruzo su rostro.

- Así es, y le exijo que se disculpe por turbarla de esa forma...

No pudo continuar porque el rey comenzó a reír, a lagrima viva casi, se llevo las manos al estomago de la misma forma que la primera vez que él y Louise hablaron.

- ¿Qué hace? ¿Se esta mofando de mi? - El chico alzo su puño airado.

- Lo siento – ahogó otra carcajada – pero me ha parecido tan cómico. Déjeme adivinar: ustedes casan a sus hijos y el duque de Vallière paga los gastos de la nominación de De Piers al trono, luego este consigue poner a Gregor, un rey títere que no sabe ni siquiera reinar en sus tierras, y él pasa a ser el rey en la sombra.

- Louise dio un brinco y miró a su padre, para ver como el gesto de su padre se agriaba a medida que Wales describía aquel desquiciado plan. Los nobles cercanos comenzaron a cuchichear, las voces de critica al rey se habían cortado casi instantáneamente.

- Como se atreve... - Gruñó el duque.

- Me atrevo porque si dejara que ese plan se llevaba a cabo dejaría que Louise sufriera un destino casi tan malo como el que sufrió en aquella mazmorra. Tras ser incapaz de rescatarla considero que mi obligación es protegerla. Louise se merece un marido mejor que este idiota que es incapaz de respetarla.

- ¡Ya basta! - Rugió Reginald. - ¡Puede que sea el rey de ese ridículo reino volador, pero no permitiré que me insulte!

- ¿Un duelo? - Rió Wales. - Lo siento, pero no podre complacerle, aún no. Tal vez después de la reunión, así tendrá tiempo para darse cuenta de lo que ha hecho. - Se volvió hacia Louise y sus hermanas. - Louise, quedo a tu entero servicio.

- Majestad.

Y sin decir nada más se volvió para marcharse.

- ¡Cobarde! - Gritó Reginald, Wales se volvió.

- Vuelva a abrir esa boca y le juro que a un orden mía mis tropas reducirán Bourbonne a cenizas, rajaran las tripas de sus caballos y los dejaran al sol para que el olor de su carne al pudrirse pueda ser olida en todo el reino, aunque eso me lleve a una guerra. - Reginald por fin se dio cuenta de lo que estaba haciendo, o tal vez la mirada sombría del rey había conseguido que su escaso sentido común del chico despertase. - Veremos si un solo noble, más pobre que un mendigo de un callejón, puede plantarle cara a todo un reino.

- ¡Mis compañeros nob... ! - Fue a decir al tiempo que de un ademan señalaba a los presentes.

- ¿Qué le he dicho? – Wales levantó la voz y cortó a aquel idiota. - Y tal vez tenga razón, pero para cuando sus "compañeros" nobles reaccionen Bourbonne solo sera un recuerdo. ¿De que le servirá ser vengado si no le quedará nada después? - El gesto de Wales era como el de un demonio a punto de cobrarse una alma.

- ¡Ihhhhhh! - Gimió Reginald retrocediendo con un gesto de terror en el rostro, su padre lo apartó y se encaró al rey.

- Usted sabía quienes eramos a pesar de preguntárnoslo. - Wales asintió, suavizando su gesto.

- Así es, duque de Piers, también sabía lo de sus planes de unir ambas familias y muchas otras cosas. Soy un rey en tierra extranjera, debo de ir informado.

- Ni siquiera nuestros hijos lo sabían. - Dijo con gesto cansado.

- Entonces eso le demostrará que no deben de meterse conmigo, que usted y el duque de la Vallière hayan sido los únicos que sabían sus planes es una muestra de los recursos que tengo a mi disposición cuando un tema me interesa. - Miro a la chica, era una mirada intensa, preñada de algún tipo de motivación oculta. - Y, créame, me interesa Louise más de lo que usted cree. Y ahora si me disculpa, la reina madre aparecerá enseguida y deseo honrarla como merece.

No dijo nada más y se marcho hacia la zona del trono.

Durante un minuto nadie dijo nada, todo el grupo estaba sumido en sus particulares pensamientos, Reginald: asustado finalmente; Gregor: preocupado; Sandor: aterrorizado porque la estupidez de su hermano casi les había costado lo poco que les quedaba; Laurent: digiriendo las palabras del rey; Louise y Cattleya: sin saber que pensar, el rey había sido amable con la joven, pero al mismo tiempo muy duro y frio con los demás; Karin y Éléonore eran más difíciles de descifrar, la primera compartía los pensamientos de su marido sobre las palabras del rey, pero a la vez se daba cuenta de que este había elegido la peor opción de marido para su hija (herencia real aparte) y Éléonore suprimía sus ganas de responder al rey o preguntarle a su hermana de que iba todo eso.

Hubo un leve revuelo que saco a todos de sus reflexiones, la reina madre apareció por la puerta situada tras la tarima del trono y se situó al lado del trono que había ocupado su hija. Algunos presentes, aunque no todos por desgracia, se dieron cuenta de lo duro que debía ser para una madre realizar ese sencillo gesto después de lo ocurrido, algunos, pero muy pocos, nobles reformistas bajaron el rostro y musitaron algo por lo bajo. Pero ese arrepentimiento se disipo lentamente bajo los cuchicheos de los otros nobles.

Marianne saludo cordialmente a Wales en primer lugar con un abrazo y intercambiaron unas palabras, tras las cuales Wales saco su varita y y realizó un conjuro para potenciar la voz de la reina, esta comenzó a hablar en cuanto el rey bajo de la zona del trono.

- Saludos nobles señores de Tristania. Se les ha llamado porque la situación del reino es preocupante. - Su figura estaba inmóvil entre ambos sillones del trono, mientras se sujetaba la mano izquierda con la derecha a la altura de la cintura. - Durante tres meses hemos estado sin un soberano, pero a pesar de tener un regente y un canciller muchas voces criticas han surgido. Incluso, aunque me duele decirlo, ya han habido victimas de esta situación. Por tanto la corona debe de poner fin a esta situación. - Separó los brazos, abriéndolos y señalando con ellos hacia ambos sillones del trono. - Hoy, sin más tardanza, saldremos de esta sala con un soberano, y no solo eso, sino que para evitar esta situación pudiera repetirse en el futuro un heredero claro e indiscutible será elegido también.

Los nobles sonrieron para si, por fin había llegado el momento, los reformistas deseaban que su delfín, el duque Philippe de Anjou, uno de los nobles más ricos del reino y tremendamente tradicionalista, fuera designado. Los legalistas tampoco tenían mucho que objetar en realidad, su intención solo era esperar hasta que esa reunión fuera llevada a cabo, y evitar que los reformistas accedieran al trono por métodos violentos, la tercera facción, la más oculta, y tal vez por ello más peligrosa hasta ese momento, estaba tocada de muerte, los planes del duque de la Vallière habían sido torpedeados por el propio rey de Albión al hacerlos públicos. Una cosa era vender a un rey títere a unos nobles en privado y la otra era que este fuera tildado públicamente de ello.

- Otra cosa quiero que quede clara, pase lo que pase el reino que saldrá de esta reunión será diferente al que era cuando entraron en este salón. Muchas cosas terribles han pasado.

- ¿Se retiraran las tropas albionesas? - Se oyó entre los nobles reformistas.

- Si el nuevo soberano así lo establece, así se hará. - Respondió el propio Wales.

- ¡Pues que empiecen con esas aberraciones del salón del trono! - Se quedo el propio de Philippe, que ya se veía como rey.

- ¿Por qué habría de hacerlo? - Wales sonrió. - Son Tristanos, no albioneses, no tengo potestad sobre ellos.

- ¡En tal caso que los retiren ya! ¡Los nobles de este reino nos sentimos insultados por su presencia!

- Como dije, si el soberano así lo desea cuando se siente en ese trono así se hará.

- ¡Deje de hablar de "el soberano"! Ambos... todos sabemos quien va a ser elegido, dispongo de los apoyos de casi todos los grandes señores del reino y la idea del duque de la Vallière era buena, podría comprar muchos votos e incluso hacer que aquellos que no me apoyaran apoyaran a su títere, además de aquellos que le votaran por estar en la sucesión. Pero eso no bastará, y no creo que haya más candidatos.

- Los hay. - Respondió la reina madre.

- ¿Quien? - Wales se adelanto un poco.

- Este será designado por la propia corona, pero llamarlo candidato es injusto. - Se cruzo de brazos mientras miraba al duque de Anjou. Ahora, va a decirlo ahora... ¿Pero como? El corazón de Louise estaba latiendo a mil por hora. - Porque no es un... una candidata, no sera elegida porque no necesitara su votos para convertirse en la reina de Tristania...

Los nobles comenzaron a gritar furiosos al oír esa afirmación, el rey de Albión les acabada de decir que les iba a imponer un rey... no una reina, otra reina más, por la fuerza. La marea de nobles se estremeció como un animal furioso, puños se levantaron en alto y los que menos deseaban a Philippe o de Piers llegaron a pensar que mejor ellos que uno impuesto. Varios incluso se adelantaron airados hacia Wales, el cual ni se movió, para verse de pronto apuntados por las armas de una veintena de guardias negros, algunos llegaron a hacer el ademan de sacar sus varitas, pero de pronto los dos battlemechs se movieron bruscamente, saliendo de su aparente sueño y se giraron hacia la turba de nobles, los cuales se estremecieron al ver moverse a las dos moles. Louise se adelantó rápidamente, sabía lo que podían hacer las dos ametralladoras contra un grupo de gente tan junta, no importaba cuan poderosos fueran los magos la sala del trono se inundaría de sangre y vísceras antes de que el primer hechizo saliera de su varitas o báculos.

- ¡Louise! - Chillo Cattleya, pero ya era demasiado tarde.

La joven corrió y cayo frente a los nobles que se retorcían y retrocedían al verse apuntados por gigantes.

- ¡Majestad! ¡Por favor no! - Chillo ella.

- ¡Louise! - Exclamó él al ver a la chica en medio de la línea de tiro. - Las guardias se movieron incomodas mientras apuntaban, tenían ordenes de proteger a Louise y ella estaba en medio ahora.

- ¡Por favor Su Majestad! ¡Sé lo que quería hacer! - Dijo entre lagrimas. - Tiffania me dijo lo de usarme, pero... ¡No a este precio!

Wales miró a la chica e hizo un gesto, ambos 'Mechs dejaron de apuntar a los nobles. En el salón del trono se hizo un pesado silencio cuando los nobles se dieron cuenta de que había sido salvados por una niña. Wales se inclino ante ella y le ayudó a levantarse, luego dio un paso atrás e hizo una profunda reverencia.

- Gracias, Embajadora, no sabe el gran servicio que ha hecho a su reina.

- ¿Qué? - Preguntó confundida. Wales se irguió y miró a los nobles desafiantes.

- Todos ustedes deberían agradecer a esta mujer que haya templado mis nervios a tiempo, seré breve ya que no creo que me tengan la paciencia para explicarles todo. Existe una persona en esta estancia con todo el derecho a ser la reina de este reino, tiene el legado del Fundador en su sangre, ha luchado y sufrido por este reino. Supo que hacer cuando Reconquista atacó y sufrió en su carnes la falta de honor del enemigo. - Levantó aún más la voz. - Dije que no hará falta nominación alguna porque hay un hecho innegable en esa persona. Ella es la reina de Tristania. ¡NADIE MÁS! - Y tras aquel grito se volvió hacía el estrado del trono tras el cual una figura apareció.

Louise abrió la boca de par en par, una imitación de la reacción de todos los presentes. Delante suya entrando por las puertas que habían usado para introducir los 'Mechs en el salón apareció Henrietta Anna Estuardo de Tristania. Su gesto era serio y de preocupación mientras miraba a los grandes señores de su reino, incluso la leve cojera en su pierna izquierda no consiguió reducir lo grave de su expresión.


¡ZASCA! Confío en que al menos alguien se tragara que Wales pensaba casarse con Louise, no era mala idea, de hecho existió una versión donde ocurría y donde Louise solo ponía una condición secreta: que usaran material genetico de Kyle para que uno de los principes reales fuera hijo de ambos. Wales devastado como estaba por la muerte de Henrietta accedía, sabiendo que de poder hacer algo similar él mismo lo haría.


Poliamida: Esa era mi intención, recordemos que Louise incluso en la historia original tiene antecedentes en esa dirección, de hecho en una ocasión casi se lleva consigo a Siesta también.

Como dije en la historia original parecen ignorar que la mayoria de las protagonistas son mujeres, dudo mucho que Kirche, por ejemplo, tuviera otra cosa que no fuera fama de puta (con todas las letras) entre los estudiantes de la Academia, puede que no dejaran de aprovecharse de dicha carasteristica de la chica, pero tarde o temprano tendría algun econtronazo con la Iglesia o una institución similar que la podría en la picota rápidamente.

Como te dije ya salió antes que el anillo de Tiffania estaba con tanta bateria como el movil de un adolescente después de 8 horas de usar el instagram. Pero existia otra solución, después de todo me parece un desperdicio tener a Tiffania solo borrando mentes, y el hechizo de regeneración que usa Vittorio en el anime me parece muy adecuado para ella.

Coronadomontes: Como te dije esas escenas estaban escritas para cuando escribiste la reseña, apenas las modifique para no forzar más la situación que hubiera quedado peor. Ahora he metido un poco más en este.

Kamijou: Ya tenía previsto lo de explicar la presencia de Ranna, pero muy buena memoria recordando que Jehu era el surat de ella en el cannon original.

Y aún no ha estallado.


Nos vemos en el campo de batalla del siglo XXXI mechjocks...