"PRIMAVERA OTRA VEZ"

CAPITULO 48 LA ULTIMA VERDAD

Elisa se encontraba ya en el momento crucial de su parto, pujido tras pujido se acercaba el momento de dar la bienvenida a un nuevo miembro de la familia, pero no sería fácil.

-¡aaaaaahhhhggghhhhh!...no… ¡ya no puedo hacerlo más!

-¡vamos hija, solo un poco mas, un poco mas!…. – le decía Lilly sin soltar su mano, aunque ya no sentía su dedos porque la sangre ya no circulaba por ellos debido al fuerte apretón.

-¡oh! el bebé viene de nalgas, esto complica un poco las cosas…

-¡Dios!... ¿es esto un castigo? – dijo Elisa al escuchar aquellas palabras del doctor.

-no digas eso Elisa, no es ningún castigo, esto sucede a veces, pero tu puedes hacerlo ¡vamos! – le respondió Candy.

-es fácil para ti decirlo… ¡ya te veré cuando tengas a tus hijos! … ¡aahhhhhghhh!

-un esfuerzo más, ¡vamos, vamos! – la animaba el doctor.

-respira profundo y vuelve a intentarlo – le dijo Candy.

Elisa tomó aire y de nuevo reunió fuerzas.

-¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaghhhhhhhhhhhh!….

Fue el pujido más fuerte que había dado y el más doloroso.

Su corazón latía fuertemente y su pecho subía y bajaba a ritmo veloz, estaba bañada en sudor.

-¡eso es! ya esta saliendo… ¡un ultimo esfuerzo vamos!

-¡¿Por qué tarda tanto en salir?! ...ohhhh, Dios mío… ya no tengo fuerzas…

-Elisa, este será el último pujido y tendrás a tu bebé ¡animo, tu puedes! – le sostuvo Candy la otra mano.

-es… esta bien…. solo uno más ¿verdad?

-si, solo uno más, te lo prometo…anda.

Elisa volvió a tomar aire.

- mmmm ¡aaaaaaaaaaaaaaaahhhhggggghhhhhhhhhhhhhhhhhhh!...

¡Aaaaahhh, Aahhh! Esta vez un llanto agudo de bebé se escuchó.

-¡Aquí está!… ¡es una niña! – les dijo el doctor.

-¡oh una niña! – exclamó Lilly - ¡que maravilla!

-una niña…- repitió Eliza con voz casi apagada, ya no tenía fuerzas - ¿está bien? – rogó a Dios para que así fuera.

El doctor había tomado a la pequeñita y la aseó. Revisó sus reflejos, sus ojos, sus vías respiratorias...

-¡está perfecta!, muy saludable, ¡felicitaciones!

Candy tomó a bebita y la arropó bien para entregársela a su madre.

-aquí tienes Eliza, tu hermosa bebé… ¡felicitaciones! ¡Hiciste un gran trabajo!

A Eliza ya se le había olvidado todo el dolor y cansancio, ahora solo ansiaba ver a su niña. Extendió los brazos para recibir a su hija y Candy la acomodó en ellos.

-¡oh, es hermosa! – dijo Eliza al ver a su nena.

-¡es perfecta! – dijo Lilly – mira que ojos tan bellos… ¡gracias Dios mío, gracias!

Las dos mujeres estaban extasiadas, totalmente embelesadas por la belleza de la bebé que había sacado el pelo rojizo de la madre pero ese detalle ya no era de importancia para Lilly; porque obviamente ese rasgo de la recién nacida lo había heredado de aquel vil hombre que la había violado, el padre de Eliza.

-¿verdad que es hermosa, Candy? – le preguntó con orgullo la nueva madre.

-si, Eliza, ¡es preciosa!... cuídala mucho.

-lo haré… ¡Ohhhhh! – Elisa empezó a sentir dolores nuevamente.

-¿que pasa hija?

-me duele… ¡ahhhhh! – se tocaba el vientre.

Grace retiró a la bebé de los brazos de Eliza pues aún no había terminado el trabajo de parto.

-es que aún falta expulsar la placenta, pero eso no será tan doloroso – dijo el doctor – tiene que pujar una vez mas…

-no, no… este dolor es… ¡ahhhhhhghhhhhhhhhhhhhh! – Eliza volvió a pujar con fuerza ante la violencia de esa contracción.

El doctor abrió grandes los ojos pues no era la placenta lo que salía de ella, era una cabecita.

-es… ¡es otro bebe! – dijo mientras se alistaba para recibir a la siguiente criatura.

-¡¿Queeee?! – exclamó Eliza

-¡oh Dios! ¡Gemelos!... – exclamó Lilly muy emocionada – …viene de familia.

-¡esto si que es sorpresivo!,…Eliza, tienes doble bendición, así que has otro esfuerzo, vamos – le pidió Candy

-¡y doble tortura!... ¡aaaaaaaaghhhhhhhhhhh!…. uff, uff, uff – respiraba agitadamente.

-ya salió la cabecita totalmente… ¡puje de nuevo!

-ya no puedo más, doctor… estoy exhausta – se quejaba la pobre.

-no puede dejar a esta criatura a medio camino, por favor un esfuerzo más…

De pronto, después de las palabras del doctor, la bebé que yacía en la cunita empezó a llorar fuertemente, acto seguido, el segundo bebé que apenas había sacado al mundo la cabecita, también empezó a llorar.

-¿lo escucha señora? su otro bebé está más que listo para salir… ¡y tiene buenos pulmones! ¡vamos un pujido más!

Elisa se enterneció al escuchar el llanto del segundo bebé que luchaba por salir al mundo, entonces de nuevo se llenó de fuerzas y respiró profundamente, luego de lo cual pujó con todo lo que le quedaba de fuerzas.

-¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaagggghhhh hhhhhhhhhhhhhh!

Fue más que un pujido, fue como un grito de batalla.

El bebé terminó de salir por completo y el doctor lo recibió en las manos.

-¡vaya! ¡otra niña! – les informó.

-¡otra niña! ¡que emoción! – dijo Lilly totalmente loca de felicidad.

-¿esta bien? – volvió a preguntar Eliza.

El doctor ahora revisaba a la segunda pequeñita y finalmente respondió.

-también está perfectamente. Muy saludable, felicitaciones nuevamente, señora.

El doctor le llevó a la segunda bebé a la feliz y exhausta madre. Ella, al verla, no pudo evitar derramar lágrimas de felicidad pues ahora tenía no una sino dos razones por las cuales luchar, dos razones que alegraban su corazón, dos niñas preciosas que la acompañarían el resto de su vida.

Mientras todo esto ocurría en la habitación, en la sala todos esperaban impacientes a que alguien bajara y les diera noticias. Albert llegó en ese momento junto con los Leegan.

-¿ya hay novedades? – preguntó en cuanto entró a la sala.

-no, ninguna, nosotros también estamos muy impacientes – respondió Annie.

-¡quiero subir con mi hija! – exigió Margaret.

Y sin pedir permiso de nadie subió las escaleras.

-¡Margaret, no seas imprudente! – le gritó su esposo.

Pero aquella mujer no sabía de paciencia ni de prudencia. Entró a la habitación sin siquiera tocar la puerta.

-¡hija! – gritó, alterando a las bebés que en ese momento empezaron a llorar.

-¡Margaret por Dios! – le reclamó Lilly - ¿Por qué entras de esta manera?

-¡oh! ¡dos bebes! – exclamó sorprendida, sin hacer caso de las palabras de Lilly.

-si, Margaret, dos bebés, y las acabas de perturbar de fea manera – la reprendió.

-¿las?... ¿son niñas?

-si, son dos hermosas niñas – le respondió Eliza, que estaba amamantando a las pequeñas con la ayuda de Candy y Grace.

-oh, bueno, que se le va a hacer… ¿pero están bien? – su comentario despertó indignación en todos los presentes.

-si, señora Leegan – le respondió con reproche Eliza – ¡mis niñas están muy bien, gracias a Dios!

-déjame verlas…. – se acercó a la cama para apreciar a las criaturas - ¡oh, mis nietas!

Se enterneció al verlas.

Eliza alzó la mirada para ver a Lilly, quería notar si ese comentario de "mis nietas" había causado alguna molestia a su madre. Pero Lilly le dio a entender con un gesto apacible que no le había molestado.

-¡una pelirroja y una rubia! ¿Pero porque una rubia? no entiendo, hubiera sido más lógico que fuera una castaña como…

-ya basta Margaret – la interrumpió Lilly - Todo lo que has dicho hasta ahora han sido puras tonterías. ¡Si no tienes nada bueno que decir mejor quédate callada!

-¡pero como te atreves a hablarme así, Lilly! yo tengo mas derecho que tú de estar aquí ¡porque fui yo la que cuidó de Eliza toda su vida! tu no eres mas que la mujer que la dio a luz…

-señora – pronunció esa palabra despacio y con forzada paciencia Eliza – ahora sé por mí misma que dar a luz no es cualquier cosa, Lilly es mi madre porque es la que me ama y la que ha procurado mi bien siempre… tú no has sido una madre para mi, no me has cuidado nunca, solo me hiciste una chica frívola, maliciosa y déspota, a imagen tuya, y eso no es amar a un hijo… pero nunca olvidaré que efectivamente trataste de darme lo mejor, a tu manera, y no voy a ser una mal agradecida negándote el derecho de estar junto a mis hijas, pero si te voy a pedir que por favor no sigas insultando a mi madre ni tratándola como poca cosa.

-¡no puedo creer que me digas esto Eliza!...- a Margaret se le cristalizaron los ojos – no puedo creer que después de todo lo que he hecho por ti me trates así…

Se estaba haciendo la mártir.

-no hagas una escena de lagrimas, no va contigo. ¡Y lo único que te estoy pidiendo es que tengas un poco de respeto para con tu propia prima!. Fuera de eso tú eres libre para venir a ver a las niñas cuantas veces quieras.

Margaret se enjugó las lágrimas de cocodrilo y se guardó su orgullo con coraje. Pero alzó la frente muy alto para no parecer derrotada.

-esta bien… trataré de ser mas…amable – respondió con voz baja.

-gracias… ahora, si me disculpas, estoy tratando de alimentar a mis niñas. Denme unos minutos por favor y enseguida podrán venir todos a verlas… ¿Candy, podrías avisarles por favor? diles que estoy muy bien y que solo les pido unos minutos para terminar de alimentarlas.

-claro que si, Eliza – dijo Candy y salió de la habitación.

Margaret y Lilly permanecieron pero en silencio. Ayudando a Eliza y enseñándole la forma correcta de amamantar a sus bebés.

Cuando Candy apareció a lo alto de las escaleras, todos los que esperaban ansiosamente se pusieron de pie para escuchar atentamente las noticias:

-familia, todo ha salido muy bien ¡Elisa ha tenido gemelas! ¡son dos preciosas niñas!

Ante esas palabras, el júbilo y algarabía en aquella sala fue como celebrar una fiesta.

-¡gemelas! – exclamó Albert con una enorme sonrisa.

-¡de nuevo gemelas en la familia! – expresó la tía abuela muy emocionada.

-¡tengo dos sobrinas! – gritó Peter loco de felicidad.

-¡soy abuelo! – exclamó conmovido hasta las lágrimas Theo Leegan.

-¡oh, es maravilloso!

-¡que gran día!

Dijeron Annie y Archie.

Todos se abrazaron gozosos y felices por la llegada de dos pequeñitas a la familia. Era una ocasión muy especial, digna de celebración.

-felicidades a todos – dijo Terry estrechando la mano de cada uno.

-que muchas bendiciones más sean derramadas sobre esta familia – añadió Phillipe.

Todos estaban muy contentos.

-Eliza está ahora alimentando a las bebés. Solo esperen unos minutos más y en seguida podrán subir a conocer a las niñas – les dijo Candy.

-gracias por avisarnos, pequeña. ¿Y como está Eliza? – preguntó Albert.

-muy cansada, como es de esperarse, pero muy feliz. Ella esta bien, gracias a Dios no hubo problemas.

-¡gracias Dios mío por cuidar de mi hija! – exclamó el señor Leegan.

En la familia Andry estaban empezando a caer muchas bendiciones del cielo.

Minutos más tarde Candy volvió para informarles que ya podían subir para conocer a las niñas. Subieron todos los miembros de la familia pero Terry y Phillipe no se movieron.

-vengan ustedes también – los animó Candy – Eliza ha querido que ustedes también estén presentes.

-¿de verdad? – preguntó Phillipe, pues no esperaba tan gran privilegio: participar en un momento familiar tan íntimo.

-¡claro Phillipe! se puede decir que ya casi eres de la familia también…

Una gran sonrisa esbozó el rubio médico y, a la par de Terry, subió.

-vamos, mi amor – le dijo Candy a Terry tomándolo del brazo.

Al llegar a la habitación, la más tierna escena del mundo se presentaba ante los ojos de todos: Ahí estaba una joven madre con dos preciosas bebés a cada lado, las abrazaba protectoramente.

-¡oh, aun no puedo creer que tengamos otras gemelas! – dijo la tía abuela mientras se acercaba para apreciarlas mejor - …oh son muy lindas.

-¡que ternura! – expresó Annie.

-¡mis nietecitas! ¡son hermosas en verdad! – dijo Theo Leegan-

-gracias, papá – le respondió Eliza.

-fuiste muy valiente, hija; y gracias a Dios todo salió muy bien.

-si, papá, y gracias también al doctor, a Candy y a Grace. Hicieron un gran trabajo conmigo.

-oh, no Eliza, el mérito es solo tuyo – le respondió Candy – estuviste grandiosa, ¡te admiro mucho!

-si, no ha de ser nada fácil dar a luz a gemelos – intervino Annie.

-¡oh, Annie si supieras! – respondió Eliza volteando los ojos pues de solo acordarse le volvía a doler todo el cuerpo.

-pero la recompensa es doble – agregó Lilly – ¡no puedo siquiera imaginar la felicidad que se siente al tener dos bebes al mismo tiempo!

-¡es maravilloso, mamá! – respondió la nueva madre – esta es la felicidad más grande que he tenido en la vida…

-pues entonces espero que la felicidad dure por siempre, y que estas dos bebitas crezcan sanas y con un buen ejemplo a seguir – dijo Albert sonriendo amablemente.

-si, Albert, seré el mejor ejemplo para mis hijas, de eso puedes estar seguro.

-muy bien dicho Eliza. Te deseo mucho éxito y recuerda que siempre podrás contar con mi apoyo incondicional.

-oh, gracias Albert, eres el mejor tío del mundo…

-¡es verdad! ¡El mejor! – añadió Candy.

-gracias, chicas, pero yo solo quiero una sola cosa en estos momentos… quisiera, si me lo permites Eliza, cargar a una de tus bebitas… ¡se ven tan adorables!

-pero claro, Albert, anda, toma a una…- Eliza aflojó un poco el brazo sobre el cual sostenía a una de las niñas para que Albert la levantara.

Albert se acercó e intentó levantarla pero le parecía tan frágil que temió lastimarla.

-oh… ¡es más difícil de lo que imaginé!

ja ja ja ja ja ja ja rieron todos al ver a aquel hombre tratando de levantar a una bebita y sin nada de éxito.

-déjame ayudarte, querido – le dijo Lilly.

Ella levantó a la bebé con gran facilidad y Albert acunó los brazos para recibir a su… ¿sobrina nieta? ¡Dios, ya era abuelo! ¡y tan joven! ahora si era realmente el tío abuelo William.

Lilly acomodó a la bebita en los brazos de Albert con mucho cuidado. Él sintió que el mundo era demasiado hermoso al ver aquellos ojitos que lo miraban con curiosidad.

-¡es tan hermosa! – exclamó en cuanto la tuvo en brazos.

La escena era muy conmovedora.

Después de eso todos quisieron cargar a las bebés e hicieron turnos para ello. Nadie se quedó sin ese privilegio, hasta Terry y Phillipe tuvieron su oportunidad. Phillipe, siendo médico, no tuvo dificultades para maniobrar. Sostuvo a una de las bebés con gran seguridad y empezó a arrullarla, sin duda fue una escena enternecedora. Pero Annie miraba a Phillipe con embelesamiento, le parecía que él estaba listo para ser padre y cuanta emoción sintió al imaginarse la escena de ella y Phillipe cargando a su futuro bebe…casi quería llorar de felicidad.

Por su parte, Terry sudaba frío pues no se sentía seguro de si podría cargar a la bebé, ¿Qué tal si la lastimaba? ¡Qué tal si se le caía! estaba muy nervioso y hubiera deseado no estar ahí presente.

Candy sostenía a la otra bebé y le cantaba, a Terry le pareció hermosa su pecosa con esa bebita en brazos, ya ansiaba tener a sus propios hijos, pero entonces, mientras soñaba despierto, igual que lo hacía Annie, Candy se acercó a él y le dijo:

-es tu turno de cargarla, mi amor.

-eh…yo… no creo que sea buena idea…

-¿acaso tienes miedo Terry Grandchester? – se burló Archie.

-¿como es posible que no temiste arriesgar tu vida al subirte a un avión para cruzar tu solo el atlántico y, en cambio, si temes cargar a una bebé indefensa? – lanzó la pregunta con sarcasmo Albert.

-te aseguro que no te morderá – recalcó Archie.

Aquellos hombres sonreían y hacían un esfuerzo para no carcajearse. Los demás también se mordían los labios para no reírse. Pero Margaret solo volteaba los ojos con enfado.

-¡ya basta los dos! – los reprendió Candy – por supuesto que Terry no teme cargar a esta preciosa bebita, solo esta un poco nervioso…- se giró para acercarse a Terry - …pero verás que es más fácil de lo que piensas, mi amor, mira, solo pon tus brazos así y yo te acomodo a la niña.

Candy le hablaba con mucha seguridad pero Terry aún tenía sus reservas. Acomodó sus brazos tal como le habían dicho y esperó nerviosamente el momento en que Candy pusiera a la bebé sobre sus brazos.

-así, así… - la chica trataba de calmar a su nervioso novio -…ya está… ¡la estás cargando! ¿verdad que es fácil?

Terry no pudo creer la hermosa sensación que experimentó al sostener a aquella criatura en sus brazos. Su cuerpecito era muy cálido, su aroma era algo que nunca había conocido, aquellas manitas se agitaban en el aire en busca de algo a que aferrarse. Entonces Terry puso su dedo índice frente a ella y la bebita instintivamente se agarró fuertemente a él. Esa simple acción desencadenó en Terry un mar de sentimientos, era lo mas tierno que había experimentado en su vida, se derritió por completo ante esa mirada de fascinación que la nena le dirigía, estaba totalmente embelesado.

-él es tu tío Terry, bebé – dijo Candy.

-es un placer conocerte preciosa – dijo Terry con dulce voz, y luego empezó a mecerla y arrullarla.

La bebé empezó a emitir soniditos graciosos y lindos, como si estuviera a gusto en aquellos brazos varoniles que la apapachaban. A todos les dio mucha ternura y miraban con ojos de borreguito la escena. Candy fue la más enternecida, ahí estaba su rebelde y rudo novio totalmente doblegado ante una bebita, era una imagen que jamás olvidaría, y ahora fue turno de la pecosa de soñar despierta con el maravilloso momento en que su adorado Terry cargara por primera vez a su hijo o hija, ¿podría ser aún mas tierno? Candy deseaba conocer la respuesta pero aun faltaba un poco de tiempo para saberlo.

-¡vaya Terry! ¡quien lo diría! – dijo Albert – te queda muy bien… y parece que le agradas a la bebé.

-si, eso parece – respondió él sin dejar de mirar a la bebita, con una sonrisa amplia y dulce.

-¡pues parece que ya estas listo para ser padre, querido! – le dijo Lilly.

-¡si por mi fuera lo sería cuanto antes! – respondió velozmente el inglés.

-¡Terry! – exclamó Candy toda ruborizada.

ja ja ja ja ja ja ja ja ja volvieron a reír todos juntos.

-¡jum!… - trató de volver a la normalidad - ¿y ya sabes que nombre les pondrás a la niñas? – le preguntó a Eliza la apenada pecosa.

-bueno, no… me temo que no pensé en nombres ¿Qué descuido verdad? pero pueden hacer sus sugerencias y veremos si las nombramos de una vez.

-¡oh, me encanta la idea! – dijo Annie – a mi me gusta mucho Lindsay.

-¡ah, es perfecto! – exclamó Elisa – creo que le pondré a mi rubia Lindsay… si, a ella le queda bien…

-así que Lindsay – dijo Terry que sostenía precisamente a la rubia nena – ¡te queda muy bien! – le sonrió y agitó su manita.

-¿y que te parece Nancy para la otra bebé? – sugirió Lilly.

-mmm….Lindsay y Nancy… ¡hasta riman! si, si, me gusta. Entonces mi pequeña pelirroja será Nancy. ¡Ya está!

-¡pues a mi no me gustan esos nombres, me parecen cursis y faltos de carácter! – dijo Margaret.

Todos se hicieron de la vista gorda y oídos sordos, ignorándola por completo.

-¡estas preciosa Nancy! – dijo Lilly retirando a la pelirroja de los brazos de Phillipe, que la cargaba gustoso.

-y Lindsay no se queda atrás – dijo Terry.

Candy también retiró a la bebé Lindsay de los brazos del embelesado tío Terry y la devolvió a su madre.

-tendremos que ir de compras para conseguirles ropa y cobijas, ya se acerca el invierno y no queremos que pasen frío – dijo Lilly.

-también será necesario ir a registrarlas en cuanto estés repuesta, Elisa – agregó Albert.

-y esta vez tomaremos todas las precauciones para que no ocurra de nuevo una tragedia como la de hace 18 años… - añadió Peter.

Ante ese comentario Margaret volteó la cabeza, ese detalle no le pasó desapercibido a Lilly que empezó a mirarla de forma penetrante, lo cual puso aún mas nerviosa a Margaret.

Albert también se percató de las reacciones de su prima y, en seguida, miró a Lilly como para animarla a empezar con el plan: presionar a Margaret hasta hacerla confesar.

Lilly captó enseguida lo que Albert le quiso decir con la mirada y se le ocurrió algo.

-me parece que Margaret no ha tenido el placer de sostener a las dos niñas a la vez… ¿no te gustaría cargarlas Margaret?

-bueno, si, es lo que he estado esperando pero no me lo han permitido – respondió altaneramente.

-bueno, bueno, ya no te acongojes, mira aquí tienes a Nancy….y aquí tienes a Lindsay…- le dijo mientras colocó a las bebes en ambos brazos de la dura mujer. - ¿verdad que son hermosas? ¿las quieres mucho Margaret? – le preguntó Lilly con énfasis.

-¡claro que las quiero! son también mis nietas, hijas de hija, y no hay nada que me haga más feliz en estos días, son mi ilusión – respondió mirando a las niñas muy enternecida.

-oh, si, sé lo que debes estar sintiendo… pero… ¿te puedes imaginar la horrible experiencia de perderlas? ¿puedes imaginarte lo que Edward debió haber sentido cuando le robaron a sus pequeñitas? ¡Dios quiera que nada así le suceda a tus nietas! es algo espantoso, no lo soportaríamos…

Lilly dijo aquellas palabras para ver si en algún lugar recóndito del corazón de su prima había algo de un sentimiento llamado amor.

De pronto, para su asombro y el de todos, Margaret empezó a llorar. Abrazó a las niñas como poniéndose a la defensiva, como si alguien quisiera arrebatárselas y ella lo impidiera.

-¡no, nadie me quitará a mis nietas! ¡no lo voy a permitir! – dijo llorando.

Eliza no entendía nada.

-tranquila Margaret, nadie nos quitará a las niñas ¿Por qué te pones así? – Lilly estaba empezando a clavar la daga.

Margaret miró a ambas bebés y, de pronto, un recuerdo fugaz llegó a su mente, la imagen de Alice acostada en una cama con sus dos bebes en ambos brazos, tal como había visto a su Eliza. Entonces la pequeña Lindsay (la rubia) empezó a ponerse inquieta en los brazos de Margaret, ella la miró y vio horrorizada que su nietecita tenía la misma cara que la pequeña Alice (Candy), era una alucinación, pero Margaret se estremeció hasta los huesos, luego miró a la pequeña Nancy y vio en ella el rostro de la pequeña Mary (Annie).

-¡ahhhh! – gritó Margaret y soltó los brazos para llevarse las manos a la cabeza.

Las dos bebés habían quedado sin nada que las sostuviera y empezaron a caer. Pero Lilly y Candy, que estaban a cada lado de Margaret, a la velocidad de la luz reaccionaron para sostener cada una las niñas.

-¡mis bebes! – gritó Eliza espantada.

-¡Margaret! ¿Qué has hecho? – le reclamó Theo Leegan.

-¡nada! ¡yo no he hecho nada! – respondió la malvada mujer claramente poniéndose a la defensiva.

Pero por la mente de Margaret muchas imágenes se agolpaban, muchos recuerdos se le manifestaban al mismo tiempo haciéndola caer en una crisis nerviosa.

-¡no!... ¡Edward!... – exclamó con lágrimas en los ojos – ella es la culpable… no debió robarme tu amor… – monologaba, con la mente perdida, sin percatarse de que no estaba sola, sin darse cuenta de que lo que decía era una sentencia condenatoria.

Todos escuchaban aquellas frases y ansiaban poder escuchar algo más contundente. Margaret, ya totalmente fuera de sí, hundida en su memoria y perdida en sus recuerdos y alucinaciones, sacó todo lo que tenía guardado.

-Edward…no debiste sobrevivir… ¡debiste haber muerto entonces!

-¡ohhh! exclamaron todos al oir aquellas palabras.

Margaret empezó a ver la cara de Alice en todos lados, al igual que el llanto de las bebes, aquello la atormentaba.

-¡maldita Alice! fue tu culpa… tu me robaste al único hombre que amaba y yo tenia que robarte algo que amabas también…esas malditas niñas nunca debieron aparecer ¡Noooooooo!...

Margaret se desmayó porque su sistema nervioso colapsó en ese momento.

Las reacciones de todos fueron lentas, nadie corrió a ver como estaba esa mujer que yacía tendida en el piso. Todos estaban en shock. Theo Leegan por fin comprobó sus más profundas sospechas: que su esposa no lo amaba, y peor aún, que era un monstruo capaz de asesinar.

Annie se sintió muy dolida y abrazó a Archie con todas sus fuerzas. Él estaba pasmado pero un sentimiento dentro de su corazón empezó a arder como fuego: odio. Odio por su tía por haberlo dejado sin madre y sin sus hermanas. Por primera vez en su vida Archie supo lo que era odiar a alguien y tuvo ganas de derribar a golpes la habitación entera porque ese sentimiento lo estaba carcomiendo. Sus puños cerrados y su mirada de furia fueron cosas que Terry supo reconocer en seguida, Se acercó a él y le dio un apretón en el hombro diciendole:

-trata de calmarte Archie, sé lo que debes estar sintiendo y estás en todo tu derecho, pero este no es el momento de perder la calma, debes ser fuerte por tus hermanas, ellas están deshechas igual que tú…

Archie escuchó las palabras de Terry y el abrazo fuerte de Annie que lloraba sobre él, lo hicieron llenarse de paciencia y volvió a la calma. Volteó a mirar a Candy, vio que ella estaba llorando sentada en el piso, con la cabeza hundida entre las cobijas de la bebé que sostenía en brazos, su corazón estaba quebrantado de dolor.

La tia abuela empezó a sentirse mal de pronto, su vista se nublaba y perdió el equilibrio.

-¡tía! siéntese por favor ¿se siente bien? – le preguntó Albert.

Todo estaba pasando muy rápido.

-ay, hijo… no, no estoy bien…no después de lo que acabo de escuchar… ¡eran verdad nuestras teorías! ¡no puedo creer que Margaret haya sido capaz de…!

-¿de que hablan? ¿Por qué Margaret dijo esas cosas? – preguntaba Eliza consternada. Ella no había estado presente en las últimas reuniones de la familia y le habían ocultado esos detalles sobre Margaret por temor a que su salud se viera afectada por el impacto que le causaría.

Hubo silencio un momento, nadie se atrevía a decirle a Eliza la verdad.

Phillipe, que no olvidaba que era médico, y ante todo su deber era ayudar a salvar vidas, corrió a revisar a Margaret y comprobó que solo se había desmayado.

Grace, que había estado presente en todo momento, permaneció callada en un rincón, para no importunar, pero estaba muy sorprendida y perturbada.

Peter entonces se acercó a Eliza y le dijo:

-hermana, esa mujer fue la que planeó el secuestro de Candy y Annie cuando eran apenas unas bebes, como las tuyas, y al parecer, su intención era que Edward muriera, pero la que sufrió las terribles consecuencias fue nuestra querida Alice.

-¡¿Qué?! … ¿pero porque? – su impresión fue bastante notoria, ni ella misma que conocía la maldad dentro del corazón de su "madre" daba crédito a lo que escuchaba.

-estaba celosa… ella quería casarse con Edward – respondió Lilly. – y solo por despecho quiso vengarse quitándole a su propia prima su esposo y sus hijas, quiso causarle el mayor sufrimiento del mundo y destruirle la vida… pero todo salió al revés y el que termino viviendo cada día de horrible dolor y angustia fue Edward, que milagrosamente sobrevivió al ataque de aquellos bandidos cuando se robaron a las bebes.

-¡pero eso es una monstruosidad!... es… ¡es abominable!... ¡Dios mío crecí con un monstruo!

-y yo te dejé en sus manos, hija mía, ¡cuan arrepentida estoy! – Lilly se desplomó de rodillas junto a la cama de su hija llorando amargamente.

Sintió horror de haber dejado uno de sus tesoros mas valiosos en manos de quien menos debía. Su sentimiento de culpa la agobiaba.

-¡y yo nunca pude ver lo mala persona que era!, ¡que tonto y que ciego he sido! – Theo Leegan lloró por saber que había compartido su vida con una mujer que no conocía y que nunca lo amó.

-a todos nos engaño – Dijo Albert – no se sientan culpables, por favor.

-¡esto no se puede quedar así! – dijo muy indignada la tía abuela.

-¿Qué haremos? ¿La entregaremos a la policía?- preguntó Peter.

-¡oh, será un escándalo! – dijo la tía abuela con pesadumbre – nuestro buen nombre se irá por los suelos….

-¡pero se debe hacer justicia! – exigió Peter, pues su sentido de justicia se lo demandaba.

-debemos esperar – dijo Albert para calmar los ánimos - aun hay asuntos pendientes que aclarar. Debe confesar qué hizo con las niñas, si fue ella la que las abandonó en el hogar de Pony bajo la nieve, y… si ella también tuvo algo que ver con la muerte de Edward y después robó su testamento…

-¡ohhh! no… no pudo haber asesinado también a mi padre, ¡no! – la exclamación dolorosa de Candy sacudió el corazón de todos.

Terry corrió a su lado y tomó a la bebé que ella sostenía y la devolvió con su madre. Luego abrazó a Candy con todas sus fuerzas, lloró junto con su pecosa todo un mar, su dolor lo alcanzaba hasta lo más profundo de su ser.

-llora mi amor, llora y saca todo tu dolor… yo estoy contigo…no te dejaré sola nunca – le decía Terry con profunda empatía.

Candy se aferró a él con todas sus fuerzas, derramando todas sus lágrimas sobre su pecho. Ella no conocía el odio, pero también, por primera vez en su vida, conoció un sentimiento que iba más allá del desprecio: rencor. No le era concebible que una mujer de su propia familia le hubiera causado tanto daño toda la vida, la despreciaba porque por su culpa no había conocido a sus padres, ¿Quién se creía Margaret para negarle ese derecho? ¡¿Quién?!...¿y porqué se ensañó tanto con ella? ¿Por qué destruyó a una familia completa y se había salido con la suya?... simplemente no lo comprendía.

Candy no paraba de llorar. Todos podían ver que la pobre chica sufría mucho y sintieron un gran pesar. Pero justo en ese momento Margaret empezó a volver en si, ayudada por Phillipe.

-¿Qué me paso?... ¡ohhh, mi cabeza me va estallar! … ¿Por qué todos me miran así y nadie me ayuda a levantarme? ¡no tienen educación!

Al parecer, Margaret no recordaba nada.

-es mucho peor no tener corazón. – le respondió la tía abuela.

-¿Qué? ¿pero porque dice eso tia Elroy?

-¿acaso no recuerdas lo que dijiste antes de desmayarte? – Theo Leegan la confrontó.

-no, no recuerdo nada ¿Qué dije?

-admitiste haber sido tú la que planeó el secuestro de las hijas de Alice y Edward y que, de hecho, él debió haber muerto en ese "accidente"… ¡fuiste tú, Margaret! ¡por odio, despecho y celos fuiste capaz de un acto tan atroz! – la tía abuela se lo echó en cara sin miramientos.

Margaret se quedó en shock. No, no era posible que ella hubiera confesado tal cosa, era su secreto mejor guardado. Todo debía ser una trampa.

-¡pero que calumnia! ¿Cómo es posible que usted, tia, piense algo así de horrible de mi?... esto es tan humillante… - empezó a derramar lágrimas de cocodrilo, pensaba hacer un drama para quedar como víctima.

Pero ya nadie le creía ni una lágrima.

-es en vano este teatrito que haces, Margaret – le dijo Albert – nosotros empezamos atar cabos hace poco y ya lo sospechábamos, y tú misma lo confesaste hace unos momentos…parece que tu conciencia te ha traicionado, empezaste a hablar sola y a ver no se que fantasmas…seguramente los rostros de Alice y Edward te atormentarán el resto de tu vida… - le dijo para presionarla aún más.

-¡no!... ¡no, eso no puede ser! ¡mientes!

-hay muchos testigos aquí que escucharon lo que dijiste y podemos ir a la policía en estos momentos y entregarte para que te encierren de por vida.

-¡ohhh! no serias capaz….

-claro que puedo hacerlo, y sería muy fácil que un juez te hallara culpable de tus crímenes, aquí hay muchos testigos de tu confesión, incluso la enfermera Grace, que no es de la familia y no está involucrada de ningún modo con nosotros, puede testificar en tu contra…

Grace abrió los ojos bien grandes y se llenó de miedo. Pero Peter le lanzó una mirada de complicidad, le guiño el ojo discretamente para que siguiera el juego. Ella lo entendió.

Pero Margaret estaba convencida de que lo que había dicho Albert era cierto y empezó a sudar frío.

-no, ¡esa insignificante no podría acusarme de nada, nadie le creería!

-¡mide bien tus palabras Margaret! ¡la señorita Grace se merece más respeto que tú! – le dijo Peter fulminando a su tia con la mirada.

Grace sintió que el corazón le empezó a palpitar con fuerza, ¡él la había defendido! no había nada mas hermoso para ella en ese momento que ver a ese hombre maravilloso y apuesto defenderla con tanta ferocidad.

Peter continuó:

-estas perdida Margaret, yo, como abogado, puedo armar un caso contundente para demostrar tu culpabilidad, y ten por seguro que pediré la condena máxima para ti…a menos que….

-¿que? – preguntó Margaret sintiendo una pequeña esperanza en su alma.

-a menos que confieses aquí mismo, en privado, todos tus crímenes… tienes que decirnos como llevaste a cabo tu plan, quienes fueron tus cómplices, que hiciste con las niñas y… si tu también tuviste algo que ver con la muerte de Edward, porque ya sabemos que la casa de las estatuas está a nombre de Alice; Edward te la compró y también varias otras propiedades y acciones… ¡tú no posees nada!

-¿Queee? – se escuchó la exclamación de asombro de Theo Leegan y Eliza al mismo tiempo.

-pero como es que supie…-

-hayamos el testamento de Edward – dijo Albert.

Margaret solo hizo silencio " ¡No puedes ser!" pensó para sí misma. Ahora si se había descubierto todo, estaba perdida.

-y bien Margaret, este es el trato: tú deberás contarnos todo… T O D O, sin omitir ningún detalle, y nosotros a cambio no diremos nada a la policía. Como ves, es un buen trato…

Peter la acorraló y Margaret se supo sin salida. Ella moriría antes de pisar una cárcel y por eso decidió confesar todo.

-esta bien… les diré todo… pero solo a la familia, los demás deben irse.

-no estas para poner condiciones Margaret; Terry, Phillipe, la señorita Pony, la hermana María y Grace se quedan – dijo Peter con autoridad. El abogado dentro de él había salido a relucir.

A Margaret no le quedó de otra que doblar las manos.

-será como ustedes quieran…

Margaret se levantó sola del piso y se sentó en un sillón. Los demás se acomodaron alrededor. Había llegado el momento de saber la última verdad que envolvía a la familia Andry.

El oscuro secreto de Margaret estaba a punto de revelarse y nadie estaba realmente preparado para escuchar los detalles de aquella tenebrosa historia.

Margaret respiró Profundamente y empezó a relatar.

-"Solo ha habido un único hombre al que he amado… y no eres tú Theo. Todo lo que he hecho ha sido consecuencia de ese amor intenso que le guardado siempre…Edward era lo único que yo quería en la vida…así que luche con todo por obtenerlo…

Lo del secuestro de sus hijas… todo comenzó durante aquel frío invierno…"

**** Chicas bellas que tal, les gusto?

nuestro amado terry ya esta practicando para cuando tenga él mismo a sus hijitos jejeje, los pecositos.

como ven la amargaret ya esta acorralada y la que le espera!

agradezco sus reviews y espero que me sigan escribiendo, amigas. Esto se pone bueno a poco no?

saludos y un beso a todas.