Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.
El dolor de cabeza no desaparece, he estado dos horas tumbada. No puedo recordar algo tan insignificante como la hora a la que llegue a casa. Maldición, no puedo recordar ni como llegue a mi habitación. No le preguntare a Chiyo, la alarmaría si se enterara que no recuerdo nada.
Tome un baño de hierbas y volví a caer en la cama. No me convertiré en una buena para nada, son las nueve de la mañana. Iré a desayunar. Después de eso me pondré a investigar sobre la localización de Konan, voy a destruir a ese parasito que pretende convertirme en su marioneta, bueno... no antes sin hacer que pida perdón.
- Hola Chiyo - La salude cuando llegue a la cocina, estaba preparando un té de hierbas para Itachi.
- Hola querida - Me saludo y me miro asombrada - que hermosa te vez de color azul querida, el color negro ya me estaba causando una aflicción permanente.
- Chiyo, es solo una cinta en el cuello - La corregí, ya que jamás dejaría de usar el negro... era solo una cinta azul-petróleo, nada más.
- Te vez hermosa hoy - Dijo Itachi mientras limpiaba chocolate de su boca y sonreía.
- Tu estas demasiado guapo, como siempre - Le dije y este carraspeo con nerviosismo.
- ¿Desayunaras algo, queri...? - Pregunto Chiyo y luego mientras me miraba se quedó en silencio, al igual que Itachi, sus miradas me agujereaban el rostro.
- ¿Que sucede? - Pregunte confundida mientras me pasaba una mano por la boca, si tenía algo ajeno al paisaje debía quitarlo.
Sasuke apareció en la puerta con un aire muy malhumorado.
- ¿Sucede algo? - Pregunte molesta mientras me ponía de pie, Itachi y Chiyo retrocedieron un poco pero Sasuke se acercó a mi dudoso y luego se detuvo.
- ¿Que te ha sucedido en los ojos Corinne? - Pregunto Itachi mientras dejaba el trozo de pastel en la mesa y se acercaba a mí.
- ¿Q-que tengo? - Pregunte con nerviosismo.
Sasuke se acercó al refrigerador ignorando la situación, más bien ignorándome a mí.
- Tus ojos se volvieron negros Corinne, ya no son grises.
- ¿Que mis ojos qué? - Pregunte espantada y luego me acerque para ver mi reflejo en el ventanal.
Negro sobre negro, eran perfectos.
- ¿Por qué han cambiado de color? - Pregunto Itachi a mi espalda y luego se acercó para ver el reflejo, sonreí y enarque una ceja, era hermosa.
- No lo sé - Le respondí y me volví a sentar apoyando mis brazos en el gran mesón que dividía la cocina en dos.
- Le preguntare a mi padre cuales son los factores que hacen que la melanina cambie de color - Dijo Itachi mientras volvía a comer de su pastel.
- Quizás solo son lentillas y ella no lo recuerda - sugirió Sasuke -. ¿Porque no recuerdas muchas cosas o si Corinne? - Finalizo desde el otro extremo del mesón.
- Recordaría algo tan sencillo como eso - respondí - ¿Quieres hablar sobre algo? - Le module disimuladamente y el negó con la cabeza, estaba molesto.
- Gracias Chiyo-basama - Dijo después de unos minutos y se levantó perezosamente - Ahora iré a la casa de Sakura, después nos vemos. Adiós.
Dijo Sasuke y se fue.
- Yo también - Dije a Chiyo y a Itachi, ambos me miraron con curiosidad.
- ¿Iras a casa de Sakura-chan? - Pregunto Itachi y Chiyo soltó una risa.
- No, me refiero a que... yo igual saldré.
Ayude a levantar mis cosas y me dirigí a la salida, no tome mi chaqueta... llevaba puesta una camisa delgada ya que el día estaba hermoso.
Conducía sin rumbo fijo cuando vi al chico.
Estaba solo, andando por un lado de la calle; sus cabellos castaño rojizos iban desordenados y caían deliberadamente sobre su frente, y llevaba los brazos cargados de paquetes.
Actué según todos los modales que alguna vez había empleado. Deje que la motocicleta fuese frenando con suavidad hasta detenerse, aguarde a que el muchacho diera unas cuantas zancadas hasta alcanzarme, y luego le hable.
Una de las únicas cosas que recuerdo es que le encantaron mis ojos negros, y los Ray-Ban me quedaban fenomenales. Su nombre, según lo dijo el, era Mario.
A los pocos instantes la BMW volvía a estar en la carretera, a tal velocidad que mis cabellos ondeaban tras de mi como un estandarte. Tenía que llevar al chico a su casa, pero la idea de dar una vuelta fue de su total agrado, él era un joven que merecía totalmente los mismos halagos seductores que yo llevaba dispensando durante todo el día; y eso me iba bien, pensé lacónicamente. Ya que mi imaginación se estaba agotando.
Él se había bufado de mí, se había reído de mi actitud con un simple delirio de machismo, ¿Y no se supone que el hombre corteja la mujer?, lo sé. Y él luego se encargaría de acortejarme. Halagar a aquella criatura tan cautivadora, con su aureola de cabellos de un dorado rojizo y tez tan blanca como la leche, no precisaría de la menor imaginación. No esperaba problemas por parte de él, ya que ningún hombre le teme a una mujer, y por lo tanto planeaba retenerlo junto a mí hasta la mañana siguiente.
Era hermosa y no podía contenerse a mis encantos, solté una sonrisa pícara. Bueno, a lo mejor no lo he conquistado aun, pero apostaría mi súper deportiva a que lo hago.
Paramos junto a una glorieta con un paisaje pintoresco.
Cuando Mario dejo caer una caja y se inclinó para recogerla, me deleite observando su nuca, donde aquellos cabellos rojizos resultaban asombrosamente delicados en contraste con la blancura de la piel.
Cuando se irguió lo bese en los labios en ese mismo instante, de un modo impulsivo, y los encontré tan suaves como la piel de un bebé... y cálidos en contacto con los míos. Le había concedido una total libertad de acción, interesada en ver que es lo que haría a continuación, pero en lugar de hacerme a un lado él se había limitado a quedar en silencio y tomar unas pocas y trémulas bocanadas de aire antes de permitir que tomara sus mejillas y lo besara nuevamente, convirtiéndolo en un tembloroso, acalorado y vacilante muchacho; sus ojos azul oscuro suplicaban e intentaban resistirse al mismo tiempo, le calcule unos dieciocho años de edad.
- Lo siento. Tengo novia, no debería hacer esto. Lo siento.
Sonreí. Mi súper deportiva estaba a salvo.
El consentimiento final de Mario resultaría particularmente agradable, pensé mientras proseguíamos el viaje. Si resultaba tan bien como parecía estar haciéndolo, incluso podría quedarme con él, podría incluso ser para mí.
En estos instantes, sin embargo, me veía afectada por un inexplicable desasosiego interior. Era Sasuke, por supuesto. Estar tan cerca de él y no atreverme a exigir tener acceso a él, debido a lo que yo podría hacerle. Ah, diablos, lo que debería haber hecho ya, Lo quiero para mí, y para nadie más. Tengo una repentina vehemencia. Ahora lo recuerdo, Sasuke tenía razón... percibo algo raro en mí.
Me siento contrariada hasta un punto que nunca habría imaginado.
Lo que debería hacer es aplastar la cara de Sakura Haruno contra el polvo, retorcerle el pescuezo como a un ave de corral, y luego subir las escaleras de la mansión Uchiha para tenerlo a él, tanto como si este quería como si no. No lo he hecho antes por algún estúpido motivo, como importarme que él me odiara y forcejeara mientras yo bajaba su barbilla incomparable y lo besaba en los labios, porque quiero besarlo.
Había ruido constante a mí alrededor.
-... ¿no crees? - Decía Mario a mi espalda mientras se aferraba a mí.
Enojada y demasiado ocupada con mi fantasía para preguntar y pedir que repitiera su pregunta lo desconecte, y él se quedó callado al instante. Mario era demasiado guapo pero era un Maudit cabeza de chorlito.
Y todo para nada. Emití un sonido silbante de exasperación. No podía regresar a mi ensoñación.
Tener que besar a Sasuke, y conquistarlo.
¿En qué estoy pensando? Acabo de descubrir que me excita la idea de besar a Sasuke, de obligarlo a aceptar mis besos, de sentir como su desesperación de alejarme de él cesa... con la pequeña vacilación que aparece justo antes de la respuesta, antes de entregarse completamente a mí.
Quizás me estoy volviendo loca, pensé intrigada. Encontré cierto atractivo en la idea.
Mucho mejor para ti, Mario, pensé. Había llegado al punto donde la calle principal para llegar a su casa atravesaba brevemente por el bosque, y la carretera allí era sinuosa y peligrosa. A pesar de eso, me encontré girando la cabeza hacia Mario, y perdiendo de vista la calle. Tuve que apartar la atención de él y centrarme en manejar. Un animal pequeño y rojizo apareció como por arte de magia en la carretera frente a mí. Por lo general esquivaba a conejos, puercoespines o animales parecidos que se cruzaban en mi camino, pero este me había fastidiado en un momento crucial. Agarre con ambas manos el manubrio, mis ahora nuevos ojos negros estaban fríos como el hielo glacial en las profundidades de una caverna, y marche directo hacia la criatura rojiza.
Tampoco era tan pequeña... Habría un buen impacto.
- Agárrate - Le murmure a Mario.
En el último instante la criatura de color rojo se hizo a un lado. Gire violentamente la motocicleta para seguirla, y a continuación me encontré de cara con una cuenca. Únicamente los reflejos de una chica demasiado bien entrenada y con bastante experiencia y la afinadísima respuesta de una súper deportiva muy cara podrían habernos mantenido fuera de la zanja. Por suerte, yo poseía ambas cosas, lo que me hizo girar en redondo en un círculo muy cerrado, con los neumáticos chirriando y humeando a modo de protesta.
Y no hubo topetazo.
Una vez quieta me gire ágilmente para mirar a mí alrededor. Fuese lo que fuese, había desaparecido tan misteriosamente como había aparecido.
Pathétique. Misterioso.
Deseé no tener que conducir en dirección al sol; la luz de la tarde disminuía mucho la agudeza visual. Pero había alcanzado a ver fugazmente aquello cuando lo tuve cerca, y me pareció deformado. Puntiagudo en un extremo y en forma de abanico en el otro.
Ah, bueno.
Volví a encender la motocicleta, Mario padecía un pequeño ataque de histeria en silencio. No estaba de humor para mostrarme cariñosa con nadie, así que simplemente lo ignore.
Conduje contrariada. Pero ahora sabía lo que quería hacer. Quería ir al lago, después quería ir a un bar. A un sórdido bar de mala muerte o uno inmaculado y caro, y quería encontrar un Peón. Siendo ahora Okutama un lugar tan popular en el mapa gracias a los Uchiha, eso no tendría que ser difícil de hallar en los alrededores. Y además necesitaba una pelea. Una pelea totalmente injusta; yo sé que soy fuerte. No me importa nada. Tengo ganas de descargar mi frustración en algo, y con mi sonrisa inimitable e incandescente al vacío le diré adiós a un Peón o a una Torre.
Uno de ellos estaba a punto de encontrar su descanso eterno. Tal vez más de uno, si tenía la suerte de encontrarlos. Después de eso... aún me quedaba al exquisito Mario como postre.
La vida es buena, al fin y al cabo. Y de este modo, con mis ojos centelleando peligrosamente tras mis anteojos de sol, era aún mejor. No voy a quedarme sentada y enfurruñada porque no puedo tener a Sasuke inmediatamente.
Empezaría por salir a divertirme y a hacerme más poderosa... y luego sin tardar, me pasaría por la casa de la patética gallina de Sakura Haruno y le aplastaría el cráneo.
Por casualidad me quite las gafas con la mano derecha, y eche una ojeada a la Corinne del reflejo en estas y, debido a alguna jugarreta de la luz o inversión atmosférica, me pareció ver que mis ojos ahora brillaban de un más intenso color negro.
Corinne Uchiha
