Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 54 – Heartbreaker (Rompecorazones)
Una vez que Hermione cerró la puerta del baño detrás de sí, se vio envuelta en una vaporosa oscuridad. Aparentemente, Draco era aficionado a ducharse con las luces apagadas.
Um, bien.
Bueno, tal vez no tan bien… dio tres pasos antes de que su cadera chocara con una de las esquinas del tocador de mármol. Seguido de algunas coloridas maldiciones. Eso iba a dejarle marca. Además, probablemente sería educado anunciar su presencia.
– Sólo soy yo. – dijo, frotándose la cadera.
Hermione escuchó el suave deslizar de la mampara de cristal, al abrirse. El sonido del agua golpeando el suelo de piedra se escuchó momentáneamente más fuerte.
– Y yo aquí esperando una visita nocturna de Potter. Esta es una agradable sorpresa.
La respuesta de Draco era la personificación de lo imperturbable, aparte de suscitar algunas imágenes mentales para nada desagradables. Había un doble rasero en juego y Hermione descubrió que estaba realmente agradecida por ello. La mayoría de las mujeres no hubieran visto con buenos ojos que alguien las sorprendiera en la ducha sin previa invitación, o sin llamar a las autoridades.
Se le ocurrió pensar que él le estaba sosteniendo la mampara de la ducha para que pudiera entrar. También se le ocurrió que probablemente estaba tan roja que podría freír un huevo en su cara. Aunque tampoco es que pudiera verla ruborizarse. Podía tener los reflejos de un gato, pero incluso ni Draco Malfoy podía ver en la oscuridad.
Hermione entró en el espacio de la ducha y esperó a que cerrara la pesada mampara de cristal una vez más. El vapor hacía que los poros de su piel se erizaran.
– Um… – dijo ella.
– Sí, um. – respondió él. Incluso su voz sonaba húmeda y desnuda. Como era de esperar, no hizo ningún movimiento para tocarla. Maldito y complicado hombre.
Carpe diem, se dijo con decisión. ¿Quién podía precisar cuántos Diems habían dejado pasar? Hermione se acercó a él y lo tomó de las manos. Sólo podía distinguir su silueta en la oscuridad. Agarrándolo de las muñecas, las colocó alrededor de su cintura. Levantó sus propios brazos para rodearlo por el cuello. Se puso de puntillas y alzó la barbilla. Si la rechazaba o se resistía, se disculparía por la intrusión y lo dejaría estar. Pero, de alguna manera, sabía que las probabilidades de que eso pasara eran muy escasas.
No se resistió ni la rechazó.
El primer roce de labios infundió a Hermione una sensación de triunfo. Su parte superior estaba inmóvil, pero sintió el movimiento de sus manos contra su cintura. Se tensaron y la atrajeron hacia él hasta estar atrapada contra la longitud de su cuerpo y, oh, de otras partes de su cuerpo que estaban claramente más expresivas. Sintió un aleteo inmediato en su vientre, una excitación que se manifestaba con la acumulación de un calor líquido.
– ¿A qué debo el placer de tu compañía? – preguntó Draco contra sus labios.
El cerebro de Hermione funcionaba a media velocidad. Tuvo que pensar la respuesta durante un largo momento.
– ¿No será al contrario?
Sus manos grandes, cálidas y húmedas se deslizaron hacia abajo para agarrar su trasero, acariciarlo, sopesarlo y después apretarlo, antes de deslizarlas hacia arriba hasta ahuecar sus pechos con las palmas frotando sus pezones en un tándem entre los pulgares y los dedos índices.
– No lo creo. – respondió con voz densa.
Sus pechos estaban extremadamente sensibles. Una sensación casi dolorosa. Su manera de tocarla era prácticamente imposible de soportar. Hermione se retorció de placer.
– Kiska.
– ¿Ajá? – susurró ella. Ahora tenía su boca en el cuello. Se percató de que lo agarraba tan fuerte que le estaba dejando marcas en los bíceps e inmediatamente emitió un sordo sonido de disculpa, frotando las hendiduras en forma de media luna.
– ¿Por qué estás aquí? – inquirió él.
Era difícil concentrarse. Draco la ayudó empujándola contra la pared de azulejos de pizarra de la ducha. Había una grieta similar a un cráter en la baldosa, justo encima del grifo del agua fría. Hermione sospechaba desde hacía tiempo que Draco lo había hecho. La piedra conducía el calor del agua bastante bien, pero todavía estaba fría en contraste con su espalda. Eso la destempló, afortunadamente.
– Yo diría que es obvio el por qué estoy aquí.
La fuerza de su voz impulsó su confianza. Se enderezó una vez más, intentando atraerlo en un apropiado beso, pero él mantuvo su boca fuera del alcance de Hermione. Estaba frustrada. Eso era algo más que lujuria insatisfecha en acción. En realidad, anhelaba estar más cerca de él, sentir su piel sobre la de ella, tenerlo íntimamente. Y si no, al menos saber dónde se había ido y cuando volvería con ella. Quería estar con él hasta llevarse su olor. Se imaginaba esas manos grandes tocándola de diferentes maneras; apasionadas, aliviándola, proporcionándole afecto, apoyo y consuelo. ¿Quizás eran las hormonas que la hacían sentirse así? Ella quería el Paquete de Amor Reciproco, porque el Paquete de Amor No Correspondido podía ser más difícil de conseguir, pero era un desastre total.
– ¿Qué quieres? – le preguntó.
Sería mejor no contarle lo que tenía en su corazón. Ya habría tiempo para eso más adelante. En cambio, se conformó con un mensaje más simple. Abandonando la búsqueda de un beso difícil de alcanzar, bajó ambas manos y envolvió las palmas alrededor de su entera longitud, dura como el granito; con la mano derecha cerrada encima de la izquierda.
Antes de que Draco pudiera tomarla de las manos, comenzó a moverlas, bombeándolas en apretados puños de arriba abajo, en consonancia, arrastrando su cálida y sensibilizada piel hacia adelante y hacia atrás, moviendo, ocasionalmente, el pulgar sobre la punta, para completar. Draco la recompensó con un gruñido de placer y probablemente antes de que pudiera controlar su cuerpo, sus caderas se sacudieron entre sus manos.
Él intentó alejarse, pero Hermione dejó el apoyo de la pared contra su espalda, acercándose más a su cuerpo, con sus manos todavía en funcionamiento. Cuando seguía siendo virgen podría ser, pero ahora no era totalmente inexperta. La respiración de Draco comenzó a hacerse irregular. Repentinamente, ya no parecía tan controlado.
Ella siguió, acelerando el ritmo.
– Hermione. – su grandes manos le agarraron las muñecas y con un suave gruñido, crispó su apretado agarre – Para antes de que te ensucie esos bonitos pies.
Hermione le propinó un cálido beso con la boca semi-abierta sobre el pecho, tanteando con sus dientes los tensos músculos de sus pectorales.
– Eso sería un desperdicio. – el agarre en sus muñecas se tensó hasta un punto casi doloroso – Oh, ¿y con respecto a tu pregunta? Sé muy bien lo que quiero.
– ¿Sí? – preguntó y era gratificante notar lo afectado que sonaba.
– Te quiero dentro de mí.
Le tomó la mano izquierda, besando las cicatrices de quemadura del dorso, depositó otro roce de labios sobre la sensible piel de su muñeca y entonces llevó esa mano a recorrer su húmedo cuerpo hasta que esos largos dedos se detuvieron en sus piernas. Sin embargo, Draco vaciló, atrapado entre algún tipo de demonio interno sadomasoquista y una primitiva lujuria.
Entonces, era una suerte para Draco que Hermione fuera independiente.
Podía permanecer en estado pasivo todo el tiempo que quisiera, siempre y cuando le permitiera usar su mano. Una parte de ella quería esconderse bajo un montón de mantas, avergonzada hasta el punto de mortificación. Pero otra parte se estaba deleitando con ese extraño y nuevo poder.
Era divino. Los dedos de Draco eran la antítesis de los de ella; gruesos cuando los suyo eran delgados, puntas redondeadas cuando las suyas eran afiladas uñas. Tenía las yemas callosas y le provocaban la fricción más deliciosa mientras dibujaban pequeños círculos sobre su centro.
Su mano derecha se cerró sobre uno de sus pechos. Ni siquiera creía que él se hubiera dado cuenta de ello. ¡Ja! Hora de subir la apuesta.
Hermione estaba hipersensible. Tenían que ser las nuevas hormonas que la recorrían, porque sus partes más íntimas ya estaban hinchadas y preparadas. Con ligera agitación, curvó dos de los dedos de Draco, presionando hacia su interior. Varias sacudidas más tarde, Hermione ni siquiera tenía que sostener ya la mano que jugaba con ella. Draco había cambiado de posición para que se recostara contra él, gimiendo pausadamente con la cabeza apoyada en su musculoso pecho. También cambió ligeramente de táctica, moviendo los mismos dedos en su interior a la vez que usaba el pulgar para presionar la parte más exquisitamente sensible de su cuerpo con cada lenta penetración.
Llegó al éxtasis en cuestión de segundos, prácticamente derrumbándose sobre el suelo de la ducha. Fue un orgasmo extraño, de esos que nunca antes había experimentado. Los espasmos fueron más nítidos, pareciendo atravesarla en profundas y céntricas oleadas, culminando con algunos dolorosos calambres. Hermione quiso doblarse y sostener su abdomen por un momento, pero Draco tenía otras ideas.
El cambio que se apoderó de él fue escalofriante. La pasividad había desaparecido. Ahora se acercó a ella con un determinado y viril propósito. Todavía estaba aturdida por el clímax cuando la giró contra la pared y le abrió las piernas. Deslizó uno de sus fuertes antebrazos por debajo de sus pechos y allí lo izó, encerrándola. El sonido que salió de su boca cuando se introdujo en ella, lo guardaría en el recuerdo para noches largas, frías y solitarias que pudieran llegar en el futuro.
Sin embargo, fue demasiado. Hermione se tensó ante la todavía desconocida intromisión. Intentó encontrar algún tipo de impulso en la pared de azulejos, pero no encontró ninguno. Dada la diferencia de altura estaba, efectivamente, empalada a él, balanceándose con la punta de sus dedos. Incapaz de retener comentarios constructivos, la boca de Hermione se abrió para decir algo, pero todo lo que salió de allí fue un sollozo estrangulado.
Inmediatamente, Draco se retiró, girándola entre sus brazos. Cuando habló había preocupación en su voz.
– ¿Demasiado?
Ella solo pudo asentir, todavía no estaba segura de estar disfrutando de esa extraña sensación de los calambres. Él besó el surco entre sus cejas, al mismo tiempo que frotaba sus brazos.
– Lo siento. ¿Te gustaría probar otra cosa?
– Sí. – susurró en respuesta, odiando que la inexperiencia estuviera manchando de formalismos una maniobra de seducción que de otro modo habría sido impecable.
– Deberías sentirte mejor en un minuto. – la tranquilizó y, entonces, empezó a mirarla de manera extraña. Por lo que ella pudo distinguir en la oscuridad, parecía estar en conflicto consigo mismo. En uno intenso. Levantó las manos para ahuecar su rostro. Hermione ni siquiera se atrevió a respirar cuando empezó a atraerla hacia él.
Por ese beso había valido la pena la incomodidad anterior. Fue como si la barrera que había habido entre ellos fuera licuada. Diezmada. Pulverizada. La envolvió entre sus brazos y la besó como si ella fuera la cura para todos los males del mundo. Era dulce, carnal, dominante y tentativo, todo al mismo tiempo.
Cuando finalmente se apartó, estaban frenéticos. Levantó una de las piernas de Hermione y la envolvió alrededor de su cintura, la levantó ligeramente y se desplazó hasta que su espalda volvió a chocar una vez más contra la pared de pizarra. A diferencia de antes, se posicionó entre sus piernas, dirigiendo su miembro lentamente hacia su interior, como si saboreara cada centímetro de profundidad superado. Cuando estuvo completamente dentro de ella, Hermione soltó la respiración contenida en un suave gemido.
Draco la embestía a un ritmo constante, enloquecedoramente suave, con un control evidente en su concertada expresión y en la precisión de sus movimientos. Hermione lo disfrutó, pero no tanto como ver la desintegración gradual del control de Draco. Pronto, las embestidas ya no eran a intervalos regulares, ni eran particularmente suaves. La presionaba contra la pared, enterrándose hasta la empuñadura, pelvis contra pelvis, alcanzando partes interiores y profundas de ella, que le estaban causando todo tipo de alarmantes sensaciones.
De repente, él se tensó sobre su cuerpo, retirándose. Apoyó una mano en la pared de azulejos sobre la cabeza de Hermione e intentó calmar su respiración. Draco no estaba de humor para hablar, pero la intencionada mirada que le dedicó era suficiente explicación.
No podían continuar sin protección.
Ya, claro. Protección. Draco no tenía ni idea de que había una varita en la mesita de noche, aunque no es que tampoco la necesitaran. En cualquier caso, Hermione tomó el asunto con sus propias manos.
Hizo que intercambiaran posiciones, de modo que era ahora la espalda de Draco la que estaba contra la pared, antes de arrodillarse. Podría haber habido algunos débiles sonidos de protesta, pero hubo un completo silencio cuando ella tomó su longitud entre sus manos e hizo todas las cosas con las que había estado fantaseando durante meses. El agua caliente caía sobre su espalda. Extrañamente, se preguntó si debían sentirse mal por estar desperdiciando tanta, incluso aunque la estuvieran reciclando…
Draco era realmente glorioso.
Hermione deseó que las luces estuvieran encendidas. Su imaginación era estupenda, pero probablemente no había comparación a la imagen de Draco Malfoy observándola haciéndole el amor con la boca. Le fascinaba. Había algo siniestramente emocionante en reducir a Draco a un estado jadeante, casi sin aliento, completamente concentrado en cada deslizamiento y movimiento de su boca sobre él; con el condimento del recorrer de su lengua a lo largo de la parte inferior de su miembro. En ese momento, Draco era simple. No era el ex mortífago, el criminal condenado, el científico, ni el anti-héroe armado hasta los dientes. Solo era un hombre. De hecho, escuchó la parte posterior de su cabeza chocar contra la pared cuando arrastró cautelosamente los dientes sobre él. Draco empezó a sacudirse, probablemente en contra de su criterio. Cuatro o cinco embestidas después, sus fuertes dedos se apretaron contra sus hombros.
– Kiska… – la advirtió y el presuntuoso hombre colocó una mano sobre su barbilla como si la simple fuerza humana pudiera separarla de él en ese momento.
Apartó su mano de un movimiento y lo deslizó en su boca lo más profundo que se atrevió. El reflejo de las arcadas estaba más susceptible que nunca, así que pensó que no sería inteligente llegar tan lejos. La recompensa fue la completa rendición de Draco. Empezó a palpitar repetidamente en el interior de su boca a la vez que soltaba un áspero gemido. De acuerdo con lo que había dicho antes, no se desperdició ni una gota.
Hermione permaneció de rodillas, entrecerrando los ojos hacia él protegiéndoselos con la mano del rocío de la ducha. La cordura regresó, al igual que la realidad. Él apagó el agua y la ayudó a ponerse en pie. Hermione no se sorprendió al encontrar que Draco ya estaba colocando ladrillos y cemento, reconstruyendo la estúpida barrera entre ellos.
Sus grandes manos temblaban ligeramente cuando le tendió una toalla blanca y una bata de baño. Las luces se encendieron y Hermione quedó momentáneamente cegada.
– Tu turno ya ha comenzado. – dijo y Hermione se sintió reconfortada por el hecho de que sonaba como si se hubiera tragado un cubo de uñas.
– Lo sé. Y tú tienes que dormir algo. – replicó ella – Henry te necesitará pronto.
No dijo nada, pero al menos, no salió corriendo. Posiblemente porque no tenía otro lugar al que ir. Quiso pegarle una patada cuando se acercó a ella, todavía completamente desnudo, por besarla castamente en la frente. Entonces, se puso la ropa y la dejó en el baño para que se vistiera con privacidad.
Bueno, esa parte era familiar.
Cuando salió de allí poco después, Draco ya estaba dormido en el sofá. La cama estaba vacía. Recuperó la varita de Ron de la mesita de noche. Hermione se paró frente a Draco durante un minuto, asegurándose de que estaba bien y perdiendo, realmente, la noción del tiempo. Puede que también hubiera fantaseado con asfixiarlo mientas dormía.
– Draco… – susurró.
No hubo respuesta. Su respiración se mantenía profunda y uniforme. Había caído dormido por el prolongado agotamiento. No había necesidad de usar magia. Después de volver a meter los pies de Henry debajo de la manta, Hermione cogió la caja de notas de debajo de la cama y no se dirigió hacia el laboratorio, sino hacia la enfermería.
No era como si la única misión en su vida fuera complicar la de Draco. Era solo que a veces, para salvar la situación tenías que romper ocasionalmente algún corazón.
Bueno, bueno, bueno... Un capítulo algo subidito de tono, aunque Draco parece ser más cabezota que un burro. ¿Cómo puede ser tan frío y distante cuando se nota a leguas que se muere por sus huesos? ¡AHHHH, me frustra!
Los capítulos complicados empiezan ahora ;)
¿Tenéis alguna idea de por donde van a ir los tiros? ¿Qué pretende Hermione?
¡Pronto lo sabremos!
Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Loonydraconian* *mariapotter2002* *AliceMlfy* *Carmen* *Fechu Callejera* *johannna* *LluviaDeOro* *guiguita* *AKAmart* *AnaelDeNottZabinni* *Doristarazona* *Sally Elizabeth. HR* *SALESIA* *joss-12*
PD: Me encantó leer los comentarios del capítulo anterior más que ningún otro, me reí mucho y me hicisteis el día. ¡Os adoro!
¡Besos zombificados!
