Capítulo 50

Arya esperaba, sentada a los mandos de su jet y con ambos Crossedmons ya acomodados en sus asientos, a que Aelita decidiese al fin dar media vuelta. Había pasado largos e interminables minutos acabando de soltar toda la rabia y el malestar de su interior en forma de llanto, alzando de más la voz de vez en cuando y provocando escalofríos en todos los allí presentes, incluido su padre, quien jamás imaginó tal gesto y tales palabras por parte de su hija.

-Tengo hambre –comentó Ace, interrumpiendo otra "demasiado emotiva" escena.

-¡Ay, Ace, no debería permitir que te sentases tan cerca de Takuya! –criticó Timy con un puño preparado.

-La verdad –interrumpió Aelita las intenciones de la dorada −, yo también siento algo de hambruna.

-Normal, el enfado ahora te pasa factura –rió Arya empezando a poner en marcha su jet.

-¿Regresamos ya? –preguntó Lunamon cogiendo la mano a Aelita. La chica asintió tranquilamente.

-¿Por qué no vienes con nosotras, papá? –propuso la pelirrosa volviéndose hacia el adulto.

-Ahora que está todo solucionado, no veo ningún inconveniente –sonrió Hopper.

-¿Por qué habrían de haberlos?

-Hija, tus compañeros de viaje y yo mismo hemos llegado a temer por nuestras vidas por tu ataque de rabia –rió, provocando un sonrojo en su hija −. Creo que esta pelea, de haberse dado en la casa, habría acabado con tazas y platos siendo arrojados.

-Es cierto, le dijiste a Sissi que, para detener a Odd, le lanzara el cuchillo –recordó Arya.

-Uh, creo que tengo problemas de memoria –dijo más avergonzada Aelita.

-Bueno, seguro que nadie te lo tiene en cuenta –dijo Dorumon con una gran sonrisa antes de voltear la cabeza hacia su compañero −. ¿A que no?

-Exactamente. Todos sabían que tenías… ¿un mal día? –comentó Hopper haciendo reír a los demás −. Os acompañaré y saludaré a tu tío… Siempre y cuando no le haya dado por jugar al escondite a él también…

-Está en casa –sonrió Lunamon mientras los otros dos se fusionaban en Alphamon, listos para salir.

Tanto para Aelita como para Alphamon, la distancia entre donde se encontraban y el cuartel de los Guardianes les parecía un abismo, algo interminable e irreal. Por suerte para Arya, ninguno de los dos aceleró el ritmo y pudo manejar su vehículo con total tranquilidad, descubriendo ella también que, realmente, habían acabado muy lejos del cuartel.

-Si casi hemos salido a dar la vuelta al mundo –comentó Lunamon.

-Pues podríamos haber ido por el otro lado, que nos pillaría más cerca, ¿no? –bromeó Aelita.

-Ah, no, a mí por terreno conocido que bastante he tenido con atravesar árboles en esto –le advirtió Arya.

-Yo sí que me he visto por todo el Digimundo huyendo de ti…

-Lo siento, papá… Creo que me he pasado demasiado –se volvió a disculpar la pelirrosa.

-Nada, también fue culpa mía.

-Yo creo que a quien debes pedirle perdón es a Jeremy –dijo de pronto Ace −. Ayer llegó sin aire y eso que no te persiguió corriendo.

-Lo que me recuerda… –susurró Arya, dejando escapar una breve risita.

-¿Pasa algo? –se dio cuenta Alphamon.

-No, nada, que seguro todos están preocupados porque hemos tardado de más –dijo calmando las ansias de reír a carcajadas.

En lo que pareció una media hora eterna, el grupo alcanzó las puertas del cuartel. Lunamon y los Crossedmons desmontaron mientras las dos chicas aparcaban sus vehículos junto a los demás mientras Alphamon empezaba a caminar hacia la puerta.

-¿Pero qué pasa aquí? –se extrañó el oscuro cuando abrió la puerta.

-¿Pasa algo? –se acercaron las dos. Alphamon señaló y ambas miraron al interior.

-¿A qué juegan? –preguntó con media sonrisa Timy.

-Eh, ¿qué hacéis? –preguntó autoritaria Aelita.

Todas las cabezas que se apelotonaban en una esquina se volvieron. Las miradas de todos cambiaron a terror cuando la vieron, con los brazos en jarra, mirándoles inquisidoramente. Algunos intentaron pronunciar algo, pero sólo abrían y cerraban la boca.

-Ayuda… –un susurro que, de no ser por el sepulcral silencio de los demás, no se hubiese llegado a escuchar dio a entender a la pelirrosa que la víctima que aquella repentina marabunta de personas y digimons era Jeremy.

-¿Chicos? Estoy esperando –dijo con una sonrisa algo sádica Aelita.

-Nosotros… ¡Tenemos faena! –exclamaron algunos chicos empezando a correr hacia cualquier otra puerta que pudiese salvarlos de esa chica.

-¡Os ayudamos! –exclamaron prácticamente todas las chicas.

-¡No nos dejéis atrás! –chillaron los demás.

-¡Venid aquí, panda de acosadores! –gritó Aelita corriendo ya tras ellos.

-¿Alguien puede decirme qué pasa aquí? Se supone que Aelita estaba enfadada conmigo –dijo pensativo Alphamon mientras Arya reía a carcajadas, los Crossedmons dudaban entre perseguir aquel grupo o tramar algo para tirarlos a todos y Jeremy simplemente cogía aire como si nunca antes hubiese respirado.

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En la Tierra, los exámenes habían empezado para todos los alumnos. Más de uno vagueaba y no prestaba atención, dejándolo todo para el último momento, haciendo lo que les daba la gana. Milly y Tamiya estudiaban con total tranquilidad, una escuchando música y la otra en completo silencio. Por otro lado, Hiroki intentaba por todos los medios escaparse del estudio sin mucho éxito.

-Deberías ponerte a estudiar. A tu hermana le gustará muy poco saber que te entretienes a jugar en vez de a estudiar –regañaba una y otra vez el digimon zorro que desde hacía unos días era su compañero.

-¡Pero si ya me lo sé! –rió nervioso −. Venga, ponme a prueba.

-Pretérito perfecto simple del verbo huir –dijo con total tranquilidad IceKitsumon.

-Pues… Yo… Yo… –empezó a pensar el chico −. Venga, ese es muy difícil.

-Pues del caber –se encogió de hombros el digimon.

-¡Vale, no me lo sé! –se rindió tomando asiento −. En serio, te pareces a mi hermana…

-Será porque los dos pensamos que necesitas estudiar más –rió el digimon.

-Vale, vale, me he rendido. Ya estudio –suspiró cogiendo el libro y abriéndolo ante él −. Por suerte, todo esto acabará pronto y podré entretenerme con otras cosas…

-Ay, señor…

-Tranquilo, Ikit, iremos a entrenar al Digimundo y le demostraremos a mi hermana que puedo hacerlo –alzó el pulgar el chico mientras el digimon negaba con la cabeza.

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Xana-Lucemon estaba completamente decaído. Las últimas noticias que Zamielmon le había dado sobre el dichoso Phantomon borracho trataban sobre Lilithmon. Y tampoco ayudaba demasiado los informes sobre los digimons que se habían atrevido a eliminar a su magnífico ejército. Se decía que una LadyDevimon peleaba junto a una Angewomon, incluso combinaban ataques de cada una para golpear a sus enemigos.

-No hay duda, es ella… ¿Pero por qué? –siguió maldiciendo en susurros hasta que golpes en la puerta le obligaron a retomar un rostro serio y sin más emoción que la venganza −. Adelante.

-Mi señor –Minervamon se asomó con cuidado −. Más de sus invitados han llegado. ¿Desea recibirles ahora o les guiamos a sus habitaciones? –pregunto la digimon.

-Hazlos pasar. Me apetece saludarlos –dijo con total tranquilidad −. Sí, realmente necesito pensar en otra cosa –pensó mientras otras dos figuras entraban por la puerta más abierta gracias a la menuda digimon.

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Tras una semana de obras, los chicos suspiraron aliviados cuando Kumamon acabó de situar la última cama haciéndola resbalar por el hielo. Había sido un trabajo duro en el que habían tenido que abrir más espacio para edificar.

-La próxima vez, hacemos un agujero en el suelo y listos –dijo asfixiado Odd −. Agujerito manteniendo pilares y esas cosas y se tira todo allí… Yo no vuelvo a alzar más muros con este calor insoportable.

-Eres un flacucho debilucho –rió Takuya.

-¡Eh! ¡Esbelto, no flacucho! –corrigió el rubio, haciendo reír a unos y negar con la cabeza a otros.

-Muy buen trabajo, chicos –felicitó Daniel arrastrando un carro lleno de vasos y varias jarras, todo comprado en la última visita al mercado de Akiba −. Os he preparado algo para beber.

-¡Refresco fresquito! –saltó Dracomon, acercándose con tranquilidad al carro.

-Hay que ver –comentó divertido Ulrich −. Will ha controlado a su digimon, pero a ese par de locos no hay ni dios que los relaje –dijo señalando a Odd y Takuya.

-¡Bebed despacio! –regañó Daniel al ver a los chicos beberse un vaso lleno hasta el borde de un trago −. Aún os sentará mal y me niego a cuidaros.

-Sí, tío Dan –respondieron los dos, mirando de reojo las jarras de las que se servían los demás.

Varios pitidos procedentes del ordenador hicieron que Jeremy corriese al interior de la casa mientras todos los allí presentes se preparaban para cualquier cosa. Un minuto después, el informático se asomó por una de las ventanas.

-¿Alguien ha visto a Ace? –preguntó. Más de uno negó con la cabeza.

-Está en la cocina –respondió Ignitemon.

-¿Y por qué no responde? –se extrañó Jeremy dirigiéndose a la cocina −. Ace, necesito que… ¡AGH!

-¡Jajajajaja! ¡En el blanco! –rió el gato plateado.

-Maldita sea –protestó su hermana −. Está bien, te quedas mis natillas.

-¿SE PUEDE SABER QUÉ HACÉIS VOSOTROS DOS? –gritó Jeremy quitándose nata de la boca mientras algunos se asomaban por detrás alertados por el grito.

-Demostrando que tengo puntería –sonrió Ace −. Timy no se lo creía.

-Con la comida no se juega, chicos –regañó Kouji mostrando el D-Tector. A ambos Crossedmons les recorrió un mismo escalofrío.

-No volverá a ocurrir –corearon.

-Más os vale –dijo el de la luz guardando el dispositivo.

-Bueno, ¿querías algo, Jeremy? –preguntó Timy.

-Ah, cierto. Ace, necesito que abras un vórtice a la Tierra para Hiroki, Milly y Tamiya, que vienen a entrenar un poco –explicó.

-Oído cocina –dijo con saludo militar mientras le pasaba el bote de nata a su hermana.

-Eh, esos dos te tienen miedo, Kouji –rió Daniel al ver cómo la elfita dorada corría a guardar la nata y el gato plateado intentaba pasar lo más lejos posible del chico.

-Ancient Garurumon era algo así como el padre de esos dos trastos –explicó −. Por la cuenta que les trae me han de hacer caso…

Todos empezaron a caminar hacia la puerta para recibir a los nuevos tamers.

-¡Ya estamos aquí! –se oyó gritar a Milly, llena de alegría.

-Esta vez creo que nosotras tres nos iremos a una sala solas para evitar golpear a los otros –decía Tamiya a sus dos digimons.

-¡Yumi! ¡Lo he aprobado todo! –chillaba Hiroki −. ¡Yumi! ¡Sal de donde estés!

-Tu hermana ha salido a comprar –dijo Katsuharu, fijándose de repente en otra figura que atravesaba el vórtice tras los tres niños y sus digimons −. Ay, no…

-¡Examen sorpresa de gimnasia! –gritó a pleno pulmón Jim. Junto a él, los cuatro digimons que venían de la Tierra cargaban con bolsas con a saber qué les iba a poner el profesor de gimnasia.

-¡NOOOOO! –Takuya y Odd corrieron escaleras arriba en busca de libros, ante la mirada de los demás chicos.

-¿Por qué cogen libros? ¿Es que no saben hacer flexiones sin ver dibujitos de cómo hacerlo? –preguntó Daniel divertido.

-A saber…

-Vale, dejad todo lo que hagáis y… –empezó a decir Jim, fijándose entonces en el adulto que acompañaba a los chicos −. Esto… chicos, ¿quién es éste? ¿Es un digimon nuevo? ¿Uno como Angemon pero sin casco ni alas?

-Oh, disculpa –se acercó rápidamente el adulto −. Me llamo Daniel y soy tío de Aelita. Supongo que a ella la conoces.

-¡Vaya! ¡Al fin conozco a un familiar de Stones! –sonrió Jim estrechándole la mano al otro.

-¿Stones? –Daniel miró hacia los chicos, quienes le hicieron un gesto de "luego explicamos" −. Bueno, da igual… ¿Qué le trae por aquí, profesor…?

-Jim, Jim Morales –dijo sonriente el profesor de gimnasia −. Bueno, sabemos que los chicos han estado atareados aquí salvando el mundo, con seguro grandes aventuras y actuando como grandes militares –dijo gesticulando ligeramente −. Sin embargo, aún son niños y tienen que aprender. Y, aunque vivan aquí, llegamos a un acuerdo de que les dejábamos acudir a este mundo siempre y cuando no olvidaran los estudios.

-Y no los hemos olvidado, Jim –dijo Ulrich.

-Stern, no tengo ni idea de si lo habéis olvidado o no, pero lo que parece ser que habéis olvidado son los exámenes –ante esa palabra, se les heló la sangre a todos −. Como profesor de gimnasia vuestro, he decidido que vuestro examen de esta asignatura será aquí… ¿Dónde están las chicas? –preguntó reparando en la ausencia de las chicas.

-Mami y las demás salieron a comprar –sonrió Timy. Sabiendo de su habilidad para arreglar lo roto, todas decidieron que se quedaría con los chicos por si algo salía mal.

-Ah… ¿Y no van a volver nunca?

-Hombre, está claro que sí volverán –sonrió Daniel −. No es muy lejos… A unos tres o cuatro continentes de distancia.

-¿TRES O CUATRO CONTINENTES? –chilló el profesor. Todos dieron un salto hacia atrás sorprendidos −. Pero entonces tardarán días en regresar…

-Nada, nada –sacudió una mano Koichi mientras con la otra sacaba su D-Tector −. Se las llama y como mucho en una hora las tenemos aquí.

-Suerte de los teléfonos móviles… Y yo que más de una vez he pensado que debía requisároslos…

-¿Quieres tomar algo mientras las esperamos, Jim? –ofreció Daniel.

-Bueno, no veo por qué no –aceptó mientras le seguía hacia la cocina.

-Ah, hola. Soy Ignitemon, mucho gusto –saludó el digimon.

-Yo soy Jim.

Mientras Daniel y Jim charlaban, los chicos se preparaban con el chándal para el examen. Takuya y Odd se habían metido en la habitación del primero, ambos con sus respectivos libros y libretas, leyendo una y otra vez todas las páginas.

-¿Se puede saber qué hacéis? –preguntó Jeremy.

-¡No nos sabemos nada! –chillaron ambos. Sus digimons los miraban preocupados.

-No paran de decir cosas raras –señaló Flamon.

-Por los tres grandes ángeles, ¡la gimnasia es correr, no escribir! –exclamó JP, en chándal, entrando al dormitorio y tirando de ambos.

-¡Déjanos, JP, no queremos suspender!

-Nosotros mejor vayamos a calentar un poco. A saber qué nos hará hacer Jim –dijo William mientras empezaba a bajar las escaleras.

-Pero ellos…

-Da igual, JP, ya se asustarán cuando llame Jim –corrió Tommy hacia las escaleras.

Por otro lado, Hiroki, Milly y Tamiya se encerraron en las salas de entrenamiento de la casa, colocando los maniquís y asegurándose que no golpearían a ningún botón o palanca que activase algún mecanismo especial de la sala. Tamiya, a demás, seguía trabajando en a cuál de las dos digimons zorro y cómo afectaban las diferentes cartas. Después de una hora de entrenamiento, sintieron ruido en el exterior y decidieron asomarse.

-¡Ya hemos llegado! –gritó Sissi.

-¿Es cierto que está Jim por aquí? –preguntó Emily, dejando a Mikemon la tarea de aparcar el dragonfly.

-¡Hola, Yumi! –llamó Hiroki corriendo hacia su hermana.

-¡Hiroki! ¿Cuánto lleváis aquí?

-Una hora. Jim os está esperando con otro señor… ¿En serio es tío de Aelita?

-Sí –asintió la morena, aunque la mirada brillante de la pequeña reportera pelirroja la obligó a excusar la más que clara entrevista −. Es bastante largo de explicar y, con Jim por aquí, creo que lo mejor es tratar con él primero.

-Yumi tiene razón –apoyó Chiaki −. Chicas, ayudad a guardar la compra –dijo haciendo salir del dispositivo a las dos digimons del agua.

-¡A la orden!

-Vosotras dos también –dijo Zoe dejando salir a las dos del viento.

Las dos asintieron con la cabeza y corrieron hacia el jet de Arya. La ventaja de haber dejado a sus dos digimons en casa eran los dos espacios libres donde pudieron cargar la compra más allá de lo que pudiesen cargar los otros vehículos.

-¡En cuanto las chicas bajen, os quiero desfilando hacia el patio! –llamó Jim.

-¡No nos queda tiempo! –gritó Odd pasando páginas del libro a gran velocidad.

-¿Y a éste qué le pasa? –preguntó Neila pasando por su lado extrañada.

-Venga, no tenemos todo el día –dijo con ruidosas palmadas Jim.

Después de diez minutos que para muchos parecieron eternos, todos los humanos estaban firmes delante de Jim, incluido Bokomon. Daniel preparó un plato con pastas y algo de beber para los otros tres niños y los digimons.

-Bueno, para empezar… Eh, Bokomon, ¿tú también quieres examinarte? –preguntó sorprendido el profesor.

-¡Sí, profesor!

-Está bien –sonrió mirando a los demás −. Esa motivación es la que deberíais tener todos, chicos. Aprended de Bokomon.

-Lo que faltaba… Lo siguiente será usar su faja –susurró Takuya.

-¿Decía algo, Kanbara? –se acercó de repente el profesor.

-¡No, nada! Que es admirable lo que Bokomon hace…

-Por supuesto. Yo tenía un compañero en el ejército que era el alma del grupo, nos inspiraba su motivación… Pero no quiero hablar del tema –dijo rápidamente −. Bueno, lo primero será una prueba de resistencia.

-¿Prueba de resistencia? –preguntó Bokomon.

-Sí. Se trata de correr durante veinte minutos –explicó el profesor con total tranquilidad mientras los alumnos humanos sentían de repente el peso de la gravedad sobre sus hombros −. Cada dos minutos corriendo es un punto. Para aprobar, debéis estar diez minutos en marcha.

-¿No te pasas demasiado? –preguntó Odd. Jim lo miró inquisidoramente −. Quiero decir, Bokomon nunca ha hecho estas pruebas…

-Tú haz hasta donde puedas, Bokomon –dijo mirando al digimon −. Esto es un reto y con intentarlo, ya habrás conseguido mucho.

-¡Sí, profesor! –exclamó muy concentrado.

-Vale, el espacio a correr será este terreno. Es lo suficientemente grande como para teneros veinte minutos en marcha –sonrió mientras los chicos se ponían ante la puerta preparados para correr −. ¿Listos? ¡Ya!

El grupo empezó a correr, a ritmo ligero, bajo la vigilancia de Jim y su cronómetro. Desde la casa también observaban cómo todos corrían en círculos, en grupo, sin separarse. Bokomon fue el primero en parar nada más acabar la primera vuelta.

-Yo no estoy hecho para correr… Me he quedado sin fuerzas –dijo agotado.

-Es que tú estás gordo –comentó Neemon haciéndole aire.

-¿Gordo? ¡Tontomon! –con las pocas fuerzas que, según él, le quedaban, estiró del pantalón rojizo.

-¡Ay! Te has pasado –lloriqueó el conejo.

Los demás seguían corriendo. Hasta el minuto diez, todos iban normales, para sorpresa de Jim, que esperaba algún que otro suspenso. Para su alegría, el grupo empezaba a separarse en dos grupos en los siguientes minutos. Por delante, los que aún resistían; por detrás, los que empezaban a cansarse. Aun así, tuvieron que pasar cuatro minutos más para que JP, Tommy y Jeremy estrenasen la libreta de Jim.

-Chicos, debéis esforzaros un poco más –dijo puntuando a los tres −. ¡Kitawaga! ¡Te he visto parado! ¡Aquí tú también! –llamó mientras anotaba la nota de Teppei.

-Empiezo a necesitar agua –dijo Sissi, retrasándose algo más del segundo grupo.

-¡Delmas, no te detengas! –indicó Jim.

-Claro, él está parado… Pero me ahogo… –murmuró mientras seguía corriendo.

Cuando Jim desvió la mirada del cronómetro al minuto dieciséis, Sissi decidió rendirse, entrando directamente a la casa en busca de agua. Jim negó con la cabeza, aunque debía reconocer que se había ganado el ocho. Alzó la vista y observó los diferentes grupos creados. Por delante, Takuya y Odd empezaban a quedarse solos en primera línea, lanzándose rayos con la mirada. Tras ellos, Ulrich, William y los gemelos empezaban a frenarse, más para dar espacio entre los competidores y ellos que por cansancio, temiendo que una frenada en seco de cualquiera de los dos les llevase a tropezar con ellos. Tanto se frenaron que acabaron alcanzándoles Yumi, Aelita, Zoe, Chiaki, Emily y Neila, acabando corriendo al ritmo que llevaban. Cerrando la marcha, Teruo, Katsuharu, Leire y Arya observaban la pelea que llevaban los dos primeros sin detenerse.

-Venga, que ya os queda menos –anunció Jim al tiempo que Chiaki, Arya, Teruo y Katsuharu decidían parar −. Nada mal, ocho y medio.

-Irónicamente, estoy reseca –bromeó Chiaki haciéndose aire con la mano.

-Pues por ahí aún hay quienes parecen frescos como una rosa –señaló Katsuharu.

La carrera de Takuya y Odd no llegó muy lejos. Ambos apretaron aún más el ritmo, convirtiéndose la prueba de resistencia en una competición olímpica de velocidad. Doblaron a los demás, pero cuando iban a pasarles por segunda vez, Odd trastabilló y, al intentar reponerse, agarró la camisa de Takuya y ambos cayeron al suelo.

-Della Robia, Kanbara, se trataba de resistencia, no de competición –negó Jim mientras anotaba la nota de los dos chicos.

-Yo ya paro –dijo Emily separándose del grupo −. Hace mucho calor…

-Sí, tienes razón –dijo Jim poniendo nota a la chica y mirando al cielo −. Un día perfecto para un examen.

-Sí, claro –murmuraron Odd y Takuya, aún en el suelo.

-Más idiotas no sois porque no os entrenáis para ello –comentó Leire al pasar junto a ellos.

-¡Repite eso!

-Basta los dos u os quitaré un punto –amenazó Jim.

Cuando el cronómetro llegó a los veinte minutos, Jim mandó parar a los que quedaban. Bokomon los observaba completamente emocionado, admirando la resistencia de los chicos y mentalizándose que, la próxima vez, él lograría hacer lo mismo.

-Vale, los que habéis continuado hasta ahora tenéis el diez –explicó Jim mientras anotaba las últimas marcas −. Ahora tocará ver la fuerza que tenéis, aunque para eso… Quiero que digi lo que sea que hagáis.

-¿Digievolucionar? ¿Por qué? –preguntaron todos.

-Fácil, sois más fuertes así, ¿no? –preguntó Jim. Todos afirmaron −. Pues ala, a digievolucionar. ¡Anda, lo he dicho bien!

-Eh, eh, podríamos haber hecho la resistencia así –protestó Takuya.

-Claro, y me dais la tarde entera, ¿no? –se le acercó el profesor −. Te recuerdo que yo también necesito volver a la Tierra cuando acabe con vosotros para pasar notas y no me apetece ver cómo sois capaces de correr un día entero sin comer ni dormir.

-Tampoco es para tanto –sacudió una mano Odd.

-Conocí a una persona que corrió más kilómetros de los que se hacen en una maratón.

-¿Forest Gump? –preguntó Ulrich haciendo reír a los demás.

-No te hagas el listillo, Stern. Ese tipo corrió y más rápido de lo que lo habéis hecho vosotros ahora. ¡Y todos los que estábamos allí tuvimos que ir a comer por el aburrimiento!

-¿Y nos vas a decir qué pasó después? –preguntó Arya.

-Bueno, prefiero no hablar del tema –dijo mirando su libreta −. Venga, a digievolucionar y preparaos para el examen de fuerza.

Todos obedecieron, quedando ante Jim once humanos y diez digimons. Asintió con la cabeza e hizo un gesto hacia detrás para que le acercasen una de las bolsas que había traído.

-¿Qué vamos a hacer? –preguntó Jeremy.

-Balones medicinales –dijo sacando uno de la bolsa −. Los cogeréis y los lanzaréis.

-¿Con una mano o con dos? –preguntó Beetlemon. La pregunta pilló descolocado al profesor.

-Como creas que te va mejor –respondió lanzándole un balón que atrapó fácilmente.

-¿De cuánto son? –preguntó Sissi.

-Tres kilos. Me hubiese gustado encontrar de más peso pero parece ser que no hay.

-Haber traído las pesas de un culturista –comentó Mercurymon mientras veía a Beetlemon alzar la pelota con una mano como si nada −. ¿No dicen que cargan hasta doscientos kilos o una burrada así?

-Bueno… Tampoco disponemos de ese material en Kadic. Que los demás son alumnos, no súper guerreros –señaló Jim.

-Pero si con esto no hacemos nada… Quizás ellos sí –dijo Agunimon señalando a los otros niños −. Pero tres kilos para nosotros no son nada.

-Muy bien, listillo, pues ahora verás –dijo Jim girándose hacia la casa −. ¿Voluntario para hacer de peso?

-¿Estás loco? –chillaron Hiroki, Milly y Tamiya −. ¡Nadie aquí es un balón medicinal para ser lanzado!

-Vale, vale… Os lanzáis entre vosotros –dijo volviéndose al grupo.

-Kumamon, te ha tocado –murmuró Grumblemon.

-¡Anda ya! ¡Lanzad a Kazemon, que llegará lejos con sus alas! –protestó el de hielo.

-¡Sí, claro! ¿Y luego quién me da ventaja a mí? –protestó a su vez la de viento.

-¿Beetlemon? Él también vuela –propuso Odd.

-Prefiero jugar con el balón de tres kilos –dijo quitándole a Beetlemon el que tenía y jugueteando con él con total tranquilidad.

-Vale, ¿nadie sabe de un digimon que sea pesado y se deje lanzar? –preguntó Jim.

-¿Pesado de peso o de cansino? –preguntó Ranamon cansada de esperar.

-Está bien, vosotros os quedáis los últimos con otro sistema de medir… A ver, los que sois aún humanos –dijo mirando a los otros once −. Fila india, pero dejando espacio al primero, pillad balón y tenéis que lanzarlo lo más fuerte que podáis por encima de vuestras cabezas.

Mientras ellos se preparaban, lanzaban el balón y esperaban a ver qué decía Jim, los otros diez discutían entre ellos, aún pensando en lanzarse unos a otros.

-Repito que yo no os dejaré lanzarme –se cruzó de brazos Kumamon −. Y si seguís así, cambiaré de digievolución a Korikakumon para quitaros las pocas ideas que tengáis.

-Vale, vale, no te cargamos –rió Agunimon.

-¿En serio tenemos que alzar a alguno de nosotros y tirarlo lo más lejos posible? –preguntó Arbormon, aún incapaz de creer que esa idea hubiese salido del profesor de gimnasia.

-¿Y qué vamos a hacer entonces? –preguntó Lobomon justo cuando un ruido tras ellos les llamó la atención.

-¡Hola! ¿Qué tal estáis todos? –saludó Armadillomon sonriente −. Os traigo noticias.

-Armadillomon puede hacerse pelota –sonrió Grumblemon. El digimon pequeño los miró confuso hasta que le explicaron lo que ocurría.

-¡A mí me encanta jugar a la pelota! A demás, soy muy duro y no me hago daño –presumió el digimon.

-En serio, éste es, sin lugar a dudas, el examen más raro que he hecho en la vida… Si tío Codi se entera que usamos su digimon como pelota, no sé qué pasará –suspiró Ranamon.

-¡Eh, Jimbo, todo solucionado! –chilló Agunimon mientras cogía en brazos a Armadillomon y enseñaba cómo se hacía pelota.

Tras el rocambolesco examen de fuerza, en el que nadie sacó una nota más baja del ocho, tocó el de flexibilidad, donde ganaron las chicas y Tommy con diferencia sobre los demás, aunque Jim tenía en cuenta la diferencia de sexos y sólo regañó a JP, el único suspenso de la prueba.

-Bueno, la flexibilidad es más común en las chicas, así que no os desaniméis, chicos.

-No, claro… ¿Cómo desanimarnos? –ironizó Odd. Pensaba que, al ser "más esbelto" que Takuya, conseguiría mayor puntuación pero volvían a estar empatados.

-Vale, vamos a la prueba de velocidad –anunció mientras marcaba, con la ayuda de un cordel previamente medido, cincuenta metros de distancia −. Todos a aquella punta –indicó −. Cuando lleguéis, que se ponga quien sea y de uno en uno, a mi señal, corréis al máximo hacia aquí.

Hiroki, Milly y Tamiya veían cada vez más cerca el final del examen, aunque algunas de las cosas que iba diciendo el profesor sonaban totalmente tontas. Daniel observaba también al grupo, aunque se interesaba claramente más por su sobrina, sintiéndose orgulloso de ella. Poco a poco, fueron acabando la prueba de velocidad, posiblemente la más larga de todas las realizadas.

-Vale, antes de pasar a una última prueba que me he inventado al venir para aquí –el comentario hizo protestar a todos −, quiero probaros en varios aspectos más.

-¿Salto? –preguntó Aelita.

-No.

-¿Volteretas? –preguntó Leire.

-Tampoco –negó volviéndose hacia Zoe −. Si mal no recuerdo, Kazemon es capaz de dar vueltas mientras hace el pino –la rubia afirmó con la cabeza −. Vale, ya estáis todos haciendo el pino. Y sin pared.

-¿Qué?

-Profe, yo no puedo hacer eso –dijo JP rápidamente.

-Shibayama, te voy a contar algo. Ya os he contado alguna vez que fui marine…

-Muy por encima –murmuró William.

-Demasiado por encima –rectificó Emily.

-Bueno. En una de las misiones, nos atacó el enemigo. A un amigo mío que era todo músculo le alcanzó una bala que le impidió mover las piernas. Y la única forma que tenía para salir de ahí fue haciendo el pino.

-¿No podía arrastrarse? –preguntó Tommy.

-No. Había muchos cristales en el suelo.

-Pero entonces se los clavaría en las manos –señaló Aelita, incrédula de que realmente estuviese contando tantas cosas.

-Es más rápido ir haciendo el pino, aun con piernas inútiles, que arrastrarte e ir quitando los escombros.

-¿Y qué pasó con ese tipo? –preguntó Chiaki.

-El pobre desgraciado murió por la pérdida de sangre…

-Vaya –susurró más de uno.

-Pero prefiero no hablar del tema.

-Me lo temía –murmuraron Odd y Takuya.

-A lo que vamos. Todos a hacer el pino ya. Tú también, Jumpei.

Sin saber de qué serviría aquello a ninguno allí presente excepto Zoe, por el ataque de Kazemon, y Yumi, que todo ataque que esquivaba lo hacía con acrobacias, todos intentaron mantenerse medianamente en aquella posición. JP no lograba ni agacharse, Tommy acababa haciendo el puente, las chicas aguantaban varios segundos (excepto Zoe y Yumi que ni se movían) y entre los chicos, o se caían o mantenían el equilibrio caminando con las manos.

-Menudo equilibrio tan pésimo tenéis en general, chicos –murmuró Jim −. Está bien. Haremos lo mismo pero de pie y sobre la cuerda floja.

-¡No somos artistas de circo! ¡Somos guerreros! –chillaron Odd y Takuya.

-Como si sois los reyes de este mundo y el siguiente. Si yo digo que lo hacéis, obedecéis y os enfiláis a la cuerda.

De otra de las bolsas extrajo una cuerda que ató a dos árboles. Uno por uno, se vieron obligados a pasar aquella ridícula prueba bajo la atenta mirada de todos los de la casa.

-Muy bien, al menos me habéis aprobado todos –sonrió Jim al ver la nota más baja en un cinco.

-Estoy agotada –suspiró Aelita dejándose caer.

-Y yo… Esto ha sido demoledor –afirmó Yumi.

-Venga, venga, que aún queda la última prueba.

-¿Qué? –le miraron todos, casi con miedo en los ojos.

-Pero esta vez, vendrán vuestros digimons –indicó Jim −. Quiero ver cómo os movéis en una pelea. Reflejos, agilidad, puntería, compañerismo…

-¿Después de todo esto crees que podemos ponernos a pelear? –preguntó Leire incrédula.

-Vale. Tenéis diez minutos para descansar y después haremos combates de cuatro, dos contra dos.

-¿Y cómo irá eso? –preguntó Koichi −. Ellos sí son dos, pero nosotros, nuestros digimons, somos nosotros mismos.

-A vosotros os dejo hacer parejas entre vosotros mismos. Eso sí –dijo mirando fijamente al grupo −, Minamoto y Kimura, nada de ir juntos.

-¿Por qué no puedo ir con mi hermano? –preguntó Kouji, entre divertido y sorprendido.

-Los gemelos os podéis leer la mente. No sería justo para los demás compañeros que los dos rivales que se encuentran son capaces de moverse diciéndose las cosas mentalmente.

-Yo creo que te has confundido un poco, pero bueno –se encogió de hombros el de la luz −. Zoe, ¿vienes conmigo? Si Jim no me dice que contigo tampoco, claro…

-Adelante, adelante, mientras no estés junto a tu hermano para no leeros la mente, por mí haz equipo con quien quieras.

-Hubiese sido útil ir juntos para enfrentarnos a Yumi y Renamon –murmuró Koichi −. Si es cierto que los gemelos somos telepáticos, fastidiaríamos todo lo que ellas hiciesen…

-Creo que Jim ignora tu observación –señaló la geisha sonriente.

-Oye, Koichi, ¿luchamos juntos? –preguntó Chiaki algo tímida.

-Sí, claro. A ver con quién nos toca –dijo tranquilamente mientras tres personas le miraban bastante sonrientes y sin buenas intenciones.

Por suerte o desgracia para esas tres personas, Reichmon y Mermaimon se las tuvieron que ver contra Odd y Cerberusmon.

-Eh, no se vale, ¡son dos digimons contra un digimon y un humano! –exclamó molesto.

-Della Robia, me consta que aquí no hay más humanos más allá de vosotros –señaló Jim −. Así que te enfrentas a ellos dos y sin discutir.

-Madre mía, qué quejica es Odd –negó con la cabeza Sissi.

-Yo quería enfrentarme a él –murmuró Aldamon mientras quien negaba a su lado era su compañero de combate, Gigasmon −. ¿Por qué no hemos podido ser nosotros? Si va por orden alfabético, claramente la A va por delante de la R o la M…

-Sigue soñando, anda –le calló JetSilphymon, cruzándose de brazos −. Mejor ver cómo se mueve esa parejita tan feliz ahora que cuando estemos que no podemos ni aguantar una toalla.

-Exacto –afirmó Yumi, acercándose a la digimon del viento −. Veamos qué hace mi primito querido…

-Espero con ganas no tener que enfrentarme a ti para poder evaluarte a ti también con total tranquilidad… Lástima que tu compañera es Taomon… –comentó Beowolfmon, apoyado en una pared.

-Insinúa algo más y le pido a Jim pelear contra ti –amenazó la geisha. El otro alzó los brazos a modo de rendición.

Para Odd, los diez minutos que dejó Jim para que "se luciesen como mejor sabían" fueron los más tormentosos de su vida. Por un lado, se sintió aliviado al ver a Reichmon lanzándose directamente contra Cerberusmon, sin darle opción al cánido a elegir qué hacer. Pero ello había supuesto que Mermaimon decidiese rebanarle el cuello con su ancla e intentase hacerle caer a coletazos.

-¡Cambio de contrincante, por favor! –chilló disparando hacia Reichmon, pero el ancla de la sirena impidió que las flechas recorriesen ni la mitad de la distancia.

-¡No me seas quejica! –le gritó la digimon preparando un nuevo ataque.

-Menudos reflejos –señaló Yumi con una gran sonrisa −. Realmente no dejará que nadie le ponga la mano encima…

-Ah, quanto bello è l'amore –suspiró JetSilphymon mientras la geisha afirmaba con la cabeza.

Tras ellas, Beowolfmon intentaba no prestar atención a las palabras de las dos, aunque por su mente pasaban mil cosas que le acabaría diciendo a su hermano y que, muy posiblemente, molestarían al guerrero de la oscuridad hasta el punto de no hablarle en varios días.

-Ji, ji…

-Timy, ¿qué planeas ya? –preguntó viendo a la pequeña digimon pasar por delante suyo demasiado divertida.

-Nada. Quería preguntarle a Jimbo una cosa –contestó sin borrar la sonrisa.

-Ya te has aprendido ese nombre… Procura no pasarte o me enfadaré.

-¡No!

Cuando quedaba un minuto para dar por finalizado aquel combate, Mermaimon empezó a sentirse demasiado cansada. La gran mayoría se dio cuenta, pero decidieron asumir aquello al hecho que hacía demasiado calor para una digimon de agua como era ella. Los segundos pasaban lentísimos para ella, que buscaba de reojo una señal que marcase el tiempo, sin embargo, no veía nada. Una flecha láser de Odd la golpeó en un hombro y tiró hacia atrás justo cuando su mente decidió dejar de obedecerle.

-¡Lo siento! –sintió que decía Odd −. Me he pasado un poco…

-¡Mermaimon! ¿Estás bien?

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-¡Informe de última hora! –se asomó Beowolfmon por la puerta.

-¿Qué pasa? –se levantó rápidamente JetSilphymon. Mermaimon dejó de lado su revista

-Un par de digimons han desaparecido cerca del continente oscuro –dijo volviéndose hacia su hermano −. Sé que es tu hora libre, pero son digimons de nivel infantil. Ante eso, no se vale nada.

-Sí, lo sé –dijo levantándose rápidamente.

-Eres el que mejor se conoce ese lugar –siguió diciendo su hermano apoyando una mano en su hombro −. Darás con ellos de haberse metido dentro.

-Bien… ¿Quién viene conmigo? –preguntó volteándose.

-Yo iré a hablar con los padres de los pequeños –dijo Taomon, prácticamente desapareciendo del lugar.

-Mi hermana no se encuentra bien y Ophanimon no puede hacerse cargo de ella, así que tengo que ir yo –se excusó Persiamon, saliendo con una cesta en los brazos.

-A mí ni me mires –dijo Lilamon, cruzada de brazos −. No vuelvo a ir a sitios oscuros si tú estás en ellos.

-Eres una exagerada… ¡Lo de la otra noche fue simplemente que no podía aguantar más y tuve que bajar al baño de abajo!

-Bueno, no discutáis ahora por temas de lavabos. Os recuerdo que dos pequeños están desaparecidos –dijo Beowolfmon empujando al negro.

-Ven conmigo, hermano.

-Me gustaría, pero Jet y yo somos testigos en un juicio que va a empezar en media hora –respondió mirando rápidamente a la digimon.

-¿Media hora? ¿Es que Seraphimon no pensaba avisarnos? –dijo indignada, poniéndose en pie y saliendo de la casa −. ¡Vamos ya o no llegaremos!

-Joder, y Grey está con Kerpymon…

-Puedes ir con Mer –propuso el de luz. Hasta ese momento, la guerrera del agua no había dicho ni hecho nada.

-¿Yo? –preguntó nerviosa.

-Sí. Alrededor del continente oscuro hay agua. Quizás no estén dentro, sino que han caído al agua –dijo Beowolfmon mientras empujaba a su hermano hacia la sirena negra −. Ya me diréis y tal –dijo mientras corría a donde una furiosa guerrera del viento llevaba cinco minutos esperándole.

-Pues nada… Todos los demás están fuera y yo necesito alguien que me ayude –dijo Reichmon mirando a Mermaimon.

-Ya… Bu-bueno, mientras no tardemos demasiado, todo bien –dijo yendo hacia la puerta −. Nos… ¿nos vamos?

-Sí.

En cuanto llegaron al límite del continente oscuro, Mermaimon hizo un rápido barrido por el agua de los alrededores, comprobando que allí no había nadie atrapado, herido o inconsciente.

-Nada –dijo saliendo del agua.

-Pues estarán perdidos en el interior –respondió Reichmon mirando hacia dentro.

-Sí… No qu-queda otra…

-¿Estás bien? ¿Tienes frío o algo?

-¡No, no! Tranquilo… Es que se siente un poco raro…

-Es normal, el continente oscuro tiene algo así como una atmosfera propia –rió el de la oscuridad −. ¿Pasamos?

Reichmon empezó a caminar como si nada, mientras Mermaimon seguía dudando, parada ante la entrada y viéndolo alejarse. La brisa del aire chocando contra los árboles la asustó y obligó a moverse lo más rápida que pudo hasta prácticamente ocultarse detrás del otro digimon, que se volteó sobresaltado.

-¿Qué pasa?

-Yo… esto… no, nada, me he… asustado –confesó completamente roja mientras más sonidos llegaban a sus oídos. Sonidos que parecían normales para Reichmon.

-Tranquila, no hay nada malo aquí –intentó calmarla mientras la sirena se cogía aún más fuerte a su brazo.

-Pe… pero…

-En este continente también viven digimons, aunque son más tímidos y no salen cuando hay desconocidos –dijo intentando tranquilizarla.

-¿De verdad son digimons tímidos y no carnívoros?

-¿Y eso a qué viene ahora? –rió Reichmon, aunque un ruido de ramas partiéndose le alertó −. Quédate detrás.

-¡Lo sabía, son carnívoros! –chilló abrazándose con fuerza a Reichmon.

-Si me coges así, no podré moverme, Mer…

-Comida…

-¡AAAAAAH! –la sirena empujó al guerrero de la oscuridad antes de correr como alma que llevaba el diablo en busca de la salida del continente.

-¡Mer, por ahí no es! –gritó viendo a la sirena chocarse con todo y haciéndola caer −. No vayas con los ojos cerrados –dijo medio serio, medio preocupado, alzándola y corriendo él hacia el exterior del continente.

Mermaimon se cogió con más fuerza, ocultando el rostro en el otro digimon y murmurando lo que algunas veces oía murmurar a Taomon cuando necesitaba tranquilidad y silencio. Y siguió abrazada y negándose a soltarse aun cuando ya estaban fuera y con toda la luz dándoles de lleno.

-Mer, ¿seguro que estás bien? –preguntó preocupado Reichmon, intentando buscarle el rostro.

-No quiero que me coman…

-Ya hemos salido, nadie te va a comer…

-Aún pueden salir y devorarme –insistió sin soltarse.

-¿Quién te va a devorar? –una voz tras ellos les hizo sobresaltarse.

Mermaimon abrazó aún más fuerte mientras Reichmon, por instinto, la cogió protectoramente mientras volvía la vista hacia su espalda.

-En serio, ¿quién va a comérsela? –sonrió Beowolfmon. Apoyada en él, JetSilphymon controlaba inútilmente la risa.

-Maldita sea, ¡haz más ruido la próxima vez! –chilló Reichmon mientras la sirena seguía temblando en sus brazos −. Ya, Mer, es el estúpido de mi hermano –dijo, pero ella ni se movió −. A todo esto, ¿no teníais un juicio?

-Suspendido –sonrió el lobo ante la imposibilidad de hablar de su compañera −. Y vinimos a ayudar, pero ya parece ser que los pequeños han regresado a su casa…

-Menos mal –suspiró Reichmon.

-Bueno –habló al fin la del viento más tranquila −. Si eso, cuando creáis conveniente, regresáis a casa, ¿eh? Beo y yo nos vamos ya, ¿a que sí?

-Sí, sí, ya marchamos. No os entretengáis demasiado, que pronto oscurecerá y no me apetece salir a buscaros como si fuese vuestro padre –dijo antes de volver a marcharse tras la del viento.

-Maldito seas… Sólo a él se le ocurre aparecer de la nada –negó con la cabeza Reichmon antes de centrarse en la casi pelotita de sus brazos −. Mer, no puedo cargarte en brazos todo el camino…

Como si le hubiesen pinchado, Mermaimon separó el rostro del cuerpo del otro, completamente roja. En esos momentos quería soltarse y salir nadando bien lejos, muerta de la vergüenza, pero la preocupación porque estaba llorando por parte del otro no la ayudó en lo más mínimo.

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-En serio, ¿cuánto más se piensa quedar así?

-Tranquilo, tío. A veces son recuerdos fugaces y otras veces son más largos que un día sin pan… Al menos, espero que sea eso lo que le ocurre…

-¡Ya despierta!

Mermaimon miró alrededor ligeramente asustada. Varios eran los que la miraban y atendían, entre ellos Daniel e Ignitemon, pero también Reichmon seguía sentado a su lado.

-¿Estás bien? –preguntó Daniel. Ella simplemente asintió con la cabeza.

-Menudo susto nos has dado –suspiró Reichmon −. Realmente creímos que Odd se había pasado con sus flechas.

-No me han hecho ni daño –dijo en un hilo de voz.

-Era un recuerdo, ¿verdad? –preguntó Sissi, acercándose con la ropa completamente sucia.

-Sí… ¿cuánto he estado…?

-Pues algo más de media hora –respondió Reichmon poniéndose en pie.

-Lo siento –se disculpó sentándose y desviando la mirada a sus manos −. Luego os lo cuento con calma, si queréis…

-Sólo si tú lo quieres así –dijo Emily, también con las ropas llenas de polvo de su combate.

-Sí… ¿quién pelea ahora? –se interesó, mostrando que ya estaba mejor.

-Ríete: Beo y Jet contra Arya y los mellizos –comentó Reichmon mirando hacia el combate.

-¡Repito que no es justo tener a papá como rival! –gritó CrossTimemon, protestando por el combate que le había tocado.

-¡Tampoco es justo un dos contra tres! –contraatacó JetSilphymon −. ¡Y no andamos quejándonos tanto!

-Uh, mamá furiosa –murmuró CrossSpacemon empezando a pensar en la idea de pasar los minutos refugiados dentro de una barrera protectora.

Después de varios combates, Yumi y Taomon miraron alrededor, buscando quiénes quedaban por combatir. Por un lado Aldamon seguía esperando impaciente su combate mientras Gigasmon hacía varios estiramientos. Por otro, William y Ulrich tampoco habían combatido contra nadie, esperando más tranquilos que el híbrido del fuego, que acabasen Aelita, Crescemon, Leire y Angewomon su pelea.

-¿Qué piensas, Yumi? –preguntó Taomon acercándose a la humana.

-Que sea quien sea nuestro oponente, será difícil –admitió mientras miraba a sus posibles rivales −. Aldamon es un híbrido a tener en cuenta, aunque por suerte le acompaña Gigasmon y no ningún otro híbrido.

-Cierto, más difícil lo han tenido Odd y Arya –asintió Taomon.

-William y su espada son también un peligro a tener en cuenta –dijo volviendo la vista a su compañero de clase −. Puede que les ganemos en agilidad, pero si nos pillan, nos golpearán fuerte –suspiró antes de mirar a su último posible rival −. Y con Ulrich y Denoshimon tampoco es que las pasemos mejor…

El silbato de Jim sonó, dando fin al combate. Todos se prepararon para escuchar el nombre de los siguientes en combatir, dato que no tardó en revelarse.

-Vale, los siguientes… Dumbar, tú y tu compañero contra ellos dos –indicó el profesor señalando a Aldamon y Gigasmon.

Tras aquellas palabras, los cuatro se situaron en el improvisado campo de combate ante la casa. Prácticamente todos miraban el combate, salvo cuatro que desviaban, de tanto en tanto, la mirada hacia los dos últimos que pelearían en el último asalto.

-Parece que nos hemos quedado los últimos –dijo Ulrich sobresaltando a Yumi −. Por un momento creí que pelearía contra William.

-Yo también lo he imaginado –afirmó la chica, apoyándose contra la pared para observar mejor el combate que ya empezaba −. Vamos, Denoshimon y Taomon se conocen demasiado bien y darían un combate demasiado igualado…

-¿Por qué crees que Jim ha formado grupos raros con los demás y con nosotros no? Es como tú dices, los dos digimons tendrán un combate demasiado igualado.

-A saber.

Algo más alejada, Mermaimon rió levemente, llamando la atención de JetSilphymon que casi al instante se unió a sus risitas.

-Vale, ¿a alguien le apetece apostar? –preguntó la del viento con diversión.

-¿Sobre qué? –preguntó Reichmon, despistado con el combate.

-Fíjate bien –señaló con la cabeza Mermaimon.

-¡Ah, eso! –dijo entendiendo la situación −. Yo creo que será aburrido.

-Sí, no habrá emoción alguna –secundó Beowolfmon.

-No se vale, conocéis a Yumi –empujó Mermaimon a los dos −. Aunque, a decir verdad, hay demasiada gente como para que esperemos ver algo fuera de lo normal en un combate…

-Pues ya podría pasar, ya –rió JetSilphymon −. Así luego tenemos algo para recordarle a Yumi.

-Pero qué mala eres –rió Beowolfmon abrazándola por detrás.

-Eh, que esperamos romanticismo de aquellos dos, no de vosotros dos –remarcó la sirena mientras Reichmon contenía la risa intentando centrarse en el combate.

Cuando Jim hizo sonar su silbato, la tensión empezó a crecer notoriamente, y más cuando los cuatro últimos "a examinar" se cruzaron con los que acababan de combatir.

-Bueno, antes que nada, quiero que sepáis que no es justo para los demás que podáis leeros la mente entre vosotros –señaló Jim −. Suerte que Timy me ha avisado de ello, que si no, a saber qué les habríais hecho a los demás.

-Maldita chivata –murmuraron mirando hacia la elfa digital que se escondía tras su hermano, saludándoles con una mano. Algo más alejados, algunos intentaban no reír.

-Por favor, haced un combate y no una partida de ajedrez, moviéndoos de un lado a otro sin hacer nada más.

-Entendido.

-Bien. Ya podéis empezar.

Como Reichmon había previsto, todo apuntaba a un combate demasiado aburrido. Ambos digimons se atacaban al mismo tiempo, contrarrestándose el uno al otro sin dar la posibilidad de tocarse o herirse. Por otro lado, Yumi esquivaba las estocadas de Ulrich, lanzando sus abanicos cuando la situación parecía más difícil.

-Me aburro –comentó Ace, sentado en el suelo y mirando de un lado al otro como si estuviese viendo un partido de tennis en vez de un combate.

-Es lo que tiene que peleen ellos dos, que acabas aburriéndote –señaló Aelita.

-¡Vamos, chicos! –gritó Jim −. ¡Ishiyama, ataca un poco! ¡Stern, que sea una chica no significa que tengas que ser caballeroso!

-Ya puede gritar, ya, que esos dos van a seguir haciendo lo que les venga en ganas –sopló Aelita.

-Tanto en ganas no creo yo –rió Reichmon −. Fijo que alguno de los dos preferiría hacer otra cosa.

-O los dos –completó su hermano. Casi todos empezaron a reír tras escuchar aquello, aunque los que peleaban ni se dieron cuenta.

Todo seguía igual de aburrido, con los gritos de Jim intentando hacer que los dos humanos peleasen "bien" hasta que, a escasos tres minutos del final, decidieron ponerse serios. Yumi empezó a ser envuelta por un aura rosada, obligando a Ulrich a ponerse en plan defensivo ante lo que fuese que la morena decidiese lanzarle. Imaginó que decidiría jugar moviendo uno de los abanicos que le había logrado hacer perder, sin embargo, lo que empezó a recibir fueron los ataques de los dos digimons, al menos en parte.

-Qué loca… ¿No ve que así se agotará? –negó con la cabeza Jeremy.

-Al menos, da algo de emoción a la pelea –dijo Neila.

-Cierto, todos estábamos cansados de lo mismo –afirmó Leire.

-Sí, es mejor un combate así que lo que estaban haciendo. Aunque luego ya veremos cuánto dormirá –señaló William.

Jim miró su cronómetro los últimos segundos antes de dar por finalizado el combate. Como si de una invocación se tratase, Taomon, sin ningún rasguño, apareció al instante tras Yumi, la cual empezó a caer hacia atrás, claramente agotada.

-¿Estás bien? –se acercó Ulrich.

-Sí, no es nada –sonrió Yumi, ocultando que realmente se había pasado demasiado utilizando aquel poder.

-Ya la llevo yo a su cuarto –dijo Taomon, cogiendo en brazos a Yumi y saltando directamente hacia las habitaciones.

-¡Eh! ¿Qué no vais a escuchar lo que os tengo que decir? –preguntó Jim.

-Déjales, Jim –dijo Jeremy acercándose al profesor −. El uso de la telekinesis es agotador, y parece ser que más cuando intentas controlar el ataque de un digimon.

-Ah… Vale –dijo sin acabar de entender nada −. En fin, ya he visto cómo estáis todos, de lo que sois capaces y todo eso. Me encantaría quedarme y contaros historias interesantes, pero debo regresar a Kadic. Y vosotros también –dijo señalando a Hiroki, Milly y Tamiya.

-¿Tan pronto? –preguntó Milly.

-Es muy tarde, no pronto –dijo mientras negaba con un dedo el profesor.

-¿Me dejas al menos ir a despedirme de mi hermana? –pidió Hiroki.

-Vale, pero dos minutos –accedió el profesor. El niño empezó a correr escaleras arriba hasta dar con el dormitorio −. Bueno, vosotras dos, ya podéis despediros también o recoger lo que hayáis dejado por el medio, que marchamos en cuanto Ishiyama baje.

-Está bien –suspiraron las dos reporteras, empezando a despedirse de todos.

Aún tuvieron que subir a buscar a Hiroki que, al ver que su hermana se quedaba en cama, se negaba a moverse de su lado. IceKitsumon tuvo que cargarlo en brazos para evitar que volviese a correr escaleras arriba cuando ya se disponían a entrar por el vórtice de Ace que los llevaría de regreso a la Tierra.

-Ah, chicos –se volvió Jim −. Vuestros exámenes están listos, así que la semana que viene lo más tardar os quiero rondando por Kadic.

-¿Sólo una semana? –protestaron Odd y Takuya.

-No hacéis más cosas durante el día si no es que hay una emergencia, así que tenéis tiempo de sobras para estudiarlo todo –dijo abriendo su carpeta y sacando unas hojas grapadas −. Casi lo olvido, éste es el temario a estudiar de cada asignatura y el orden en que los haréis.

-¡Es mucho! –lloriqueó Odd.

-¿No tienen en cuenta que podemos salir a una urgencia de varios días? –siguió con el teatro Takuya.

-Daniel está al mando –señaló Jim.

-¿Yo? –se señaló a sí mismo el aludido mientras todos le miraban −. Bueno, ya que estoy aquí ayudando con la comida y eso, les ayudaré también en los estudios y procuraré que asistan a los exámenes.

-Perfecto –sonrió el de gimnasia −. Cuidaos y esforzaos mucho de ahora en adelante, chicos.

-Sí –corearon con algo de desgana casi todos.

En cuanto el profesor marchó y Ace hubo comprobado que todos habían llegado bien, cerró el vórtice y se volvió a esperar nuevas órdenes. Sin embargo, todos los humanos habían entrado a la casa y estaban rodeados de libros en grupos, en solitario, en el comedor, en sus respectivas habitaciones…

-Pues sí que es algo importante los exámenes –dijo mientras entraba a la cocina, donde Daniel e Ignitemon preparaban bocadillos y zumos.

-Claro que sí. Tienes que demostrar que sabes lo que te enseñan, así apruebas y puedes pasar de curso, donde te enseñan nuevas cosas. Y así sucesivamente hasta que acabas los estudios…

-Oye, Ace –se asomó Timy −, necesito ayuda.

-Vale, voy.

-Procurad no molestar a los chicos, ¿eh? Necesitan tranquilidad para aprendérselo todo y poder aprobar cuando vayan al examen.

-Está bien –sonrió la elfita arrastrando ya a su hermano.

-¿Quieres que los vigile? –preguntó Ignitemon.

-Sí, ve. Ya me encargo yo de los bocadillos y todo –asintió el adulto.