Capítulo 45
Edward POV
¿Otra vez?
¿Qué quería decir con "otra vez"?
¿Tan… tan poco hombre me consideraba Bella? No podía creerme que ella pensara que le había engañado. Engañado con mi ex mujer… Bufé mentalmente. ¿Qué clase de confianza tenía en mí?
- Dios – gimió. – Supongo que por tu silencio es una respuesta… afirmativa – de repente se apartó de mí como si le hubiese quemado y se levantó de la cama rápidamente. – ¡Joder! – se quejó llevándose las manos al vientre.
- Bella – la llamé levantándome igual de rápido y acercándome a ella. La cogí del codo para que se girara ya que estaba de espaldas a mí.
- ¡No me toques! – sollozó. – ¿Qué te he hecho yo para que… para que… – se alejó más de mí y comenzó a llorar desconsoladamente, dándome la espalda.
- Bella – intenté de nuevo.
- Cállate – me acerqué de nuevo a ella y la rodeé desde atrás por la cintura. – Suéltame, suéltame, suéltame – no paraba de llorar.
- Escúchame amor – susurré en su oído.
- ¡No me llames así! – sollozó aun más fuerte. – No me llames así – dijo con la voz débil.
Sus piernas comenzaron a flaquear y fue deslizándose poco a poco hacia el suelo. Me dejé caer con ella, quedamos sentados en la plana superficie y la abracé con mis brazos desde atrás todo lo que me permitió Bella y la posición en la que estábamos. Estuvo un rato llorando, ni siquiera pude calmarla con susurros en su oído. Hasta que por fin, tras un largo rato, sus lágrimas se convirtieron en hipidos.
- ¿Estás bien? – inquirí sin respuesta. – Si hablo, ¿me vas a escuchar? – nada, sin respuesta, ni siquiera un asentimiento o una negación con la cabeza. – Bueno, yo hablo y espero de corazón que me escuches.
- No quiero mentiras – susurró con la voz un tanto ronca debido al llanto. – Estoy cansada de tantas mentiras.
Bien, nada de mentiras. Aunque no sé a qué se refería con esas mentiras ya que yo nunca le había mentido.
- No sé de dónde has podido sacar que te haya engañado con Tanya, pero puedo asegurarte que estas muy, pero que muy equivocada. Jamás te haría daño de esa manera Bella, ni de esa, ni de ninguna otra forma. Pensé que me creías cuando te decía que te amaba, que te amaba más que a mi propia vida.
- Lo hago – musitó.
- No, no lo haces. Desconfías de mí – le dije dolido.
- Tengo razones para ello – dijo en el mismo tono de voz.
- ¿Te las he dado yo? – pregunté evitando bufar.
- Sí.
- ¿Cuándo?
- El otro día cuando apareció Tanya en el hospital y saliste corriendo tras ella, y durante toda esta semana.
- Salí corriendo detrás de Tanya porque no quiero que se lleve a Tony y E.C. lejos de mí durante todo el verano, tenía que hablar con ella de eso – le expliqué.
- Viniste oliendo a ella, tu ropa olía a ella y toda esta semana… no te he visto nada más que en el desayuno, desde que Tanya apareció me evitas, es como si no quisieses estar conmigo.
- No, no, no – negué con la cabeza.
- ¿No qué? – preguntó con más fuerza. Comenzaba a enfadarse.
- He estado toda la semana trabajando, mi padre no me ha dejado librar para estar aquí y cuidar de ti – gruñí. – No he hecho más que trabajar y trabajar y trabajar. Estoy al límite de mis energías, sólo cargo las pilas al llegar a casa, cuando veo a Kristen en la cuna durmiendo, y al meterme en la cama y abrazarte para dormir. No sabes cuánto estoy deseando poder librar y teneros a Kristen y a ti para poder disfrutaros libremente, pero mi trabajo es complicado, ser el Jefe del sector infantil es complicado amor, no sólo es trabajo practico también tengo que hacer muchos informes y…
- Para – me pidió.
- Te estoy explicando porque no estoy más tiempo contigo.
- Lo sé, ya he entendido esa parte. Entiendo que tu trabajo sea complejo y que tu padre te necesite, y aunque suene egoísta, yo también te necesito a mi lado.
- Lo sé – suspiré antes de dar un suave beso a su hombro semidesnudo. – Lo sé – repetí.
Nos quedamos los dos en silencio durante un largo rato, hasta su voz llegó a mis oídos.
- ¿Qué pasó en el hospital? – no hacía falta que dijese cuando o con quién, yo sabía a qué se refería.
Inspiré y expiré unas cuantas veces, aproveché para colocar mis ideas y para debatir si decirle que Tanya me había besado o no.
- Sin mentiras – su voz sonó tan triste que me partió el corazón.
Nada de mentiras.
- Fui a hablar con ella, la atrapé donde el ascensor, estaba realmente enfadado, no podía creer que Tanya me haría esto, la agarré del brazo y nos metimos en una de las salas de descanso de los médicos – me detuve para coger aire. – Discutimos, quiere irse en verano a Alaska, no podía permitir que se los llevara a Alaska. Cerré un momento lo ojos para tranquilizarme, no podíamos levantar la voz estábamos en el hospital y…
- Al grano – me interrumpió.
- Me besó – la sentí tensarse en mi abrazo. Se puso cabizbaja y sentí como las lágrimas que desprendían sus ojos llegaban a mis manos que descansaban en sus mulos. – Bella – susurré dolido y apoyando la frente en su hombro.
- Si… sigue – tartamudeó entre lágrimas.
- Me besó – repetí. – Pero yo no se lo correspondí, traté de apartarme pero ella no me dejó, me quedé totalmente paralizado, no imaginé que fuera a besarse. Me quedé totalmente quieto, con la boca cerrada hasta que ella se apartó.
Silencio… no decía nada y yo no sabía cómo seguir. Me sentía un mierdas al…
- ¿Sucedió algo más?
- No. Te lo juro – agarré su mentón y giré su rostro lo suficiente para que me mirara. – Mírame Bella, mírame por favor – le pedí al ver que tenia los ojos fuertemente cerrados. Se tomó unos segundos para abrirlos, me sentí muy mal al ver gracias a la luz que entraba de la luna que estaban inundados en lágrimas. – Me atacó y no supe defenderme, no tenía previsto que lo hiciese, cuando se apartó me enfurecí más con ella. Le pedí que no lo hiciera más, que no se los llevara, hablamos poco más, hasta que un médico intentó entrar en la habitación – dije rápidamente.
Volvimos a sumirnos en el silencio sin apartar la mirada el uno del otro. Supongo que Bella quería procesar todo lo que le había dicho. Y yo, yo estaba intentando analizar como me sentía. No sabía si sentirme bien y relajado después de soportar la presión porque Tanya me había besado y no se lo había dicho a Bella. Necesitaba saber que pensaba ella, necesitaba meterme en su cabeza.
- Dime por favor que piensas. Necesito saber que ocurre – besé suavemente su frente.
- Te… te besó – le tembló el labio inferior. Asentí lentamente con la cabeza. – No le correspondiste – negué con la cabeza. – ¿Sólo fue un beso? – asentí de nuevo. Apartó la mirada de mí e intentó levantarse del suelo. – Ayúdame a levantarme, por favor – me pidió tímidamente.
Dejé de abrazarla y me levanté para después ayudarla a ella. Cuando estuvo de pie se llevó las manos al vientre y puso una mueca de dolor en su rostro. Se apartó de mí y caminó hacia el baño. La seguí. Necesitaba saber que pasaba por su cabeza.
Se levantó el camisón, apartó el esparadrapo y la gasa, y se miró la cicatriz de la tripa en el espejo. Me acerqué a ella y la observé desde atrás.
- ¿Te duele? – inquirí preocupado.
- Un poco – musitó.
Me acerqué más y me puse delante de ella, entre el espejo y su cuerpo. Se quedó mirando mi pecho. Sostuve su camisón por donde Bella lo estaba agarrando y se lo saqué lentamente por la cabeza con su ayuda. Lo dejé caer al suelo. Coloqué mis manos sobre sus hombros y comencé a descender por su piel, por sus brazos hasta llegar a sus manos. Les di un suave apretón. Volví a ascender por sus brazos hasta sus hombros donde descansé un par de segundos antes de comenzar otro descenso, esta vez por su pecho. Rocé suavemente sus sensibles pezones y seguí mi camino hasta su cicatriz.
- Vamos a mirar como esta – susurré tras tragar el nudo de mi garganta, me oprimía la garganta.
Me arrodillé ante ella y miré más de cerca la cicatriz. Estaba bien, seguía sanando como debía.
- ¿Cómo esta? – miré hacía arriba para mirarle a la cara. Bella no dejaba de mirar hacia delante.
- Está bien – suspiré.
Pegué el esparadrapo de nuevo en su piel, me agarré a su cadera y me levanté del suelo para quedarme de nuevo frente a ella. Pasé la mano por debajo de su barbilla y alcé su rostro para que me mirara. Sus ojos estaban cristalinos. Los cerró con fuerza provocando que por ambos resbalaran las lágrimas contenidas.
- Bella, amor – susurré.
Quería saber que pensaba de todo… ya.
Volvió a abrir sus ojos, apoyó las manos sobre mi pecho y me miró durante unos segundos, antes de subir los brazos y enredar sus manos detrás de mi cuello. Se alzó sobre la punta de sus pies y unió nuestros labios.
Comenzó siendo suave, delicado. Sus manos aferraban los pelos de mi nuca cada vez más fuerte al igual que yo me aferraba a sus caderas. Pasé mi mano derecha alrededor de su cintura y la dejé sobre su baja espalda, la apreté un poco más a mí, teniendo cuidado de no hacerle daño en el vientre. Subí la mano izquierda hasta su nuca y tironeé suavemente de su cabello.
Pasó su lengua por mis labios, abrí la boca y saqué la mía para besarnos con más pasión. Me empujó hacia atrás, hasta que mi trasero golpeó el lavabo. Gemí más por placer que sentí que por el dolor en el culo. Estuvimos un rato más besándonos, mi pene comenzaba a tomar vida, lo sentía tan duro y apretado dentro de mis bóxers que no dudaba en que la punta estuviese asomando por el elástico.
- Joder – jadeé cuando nos separamos unos milímetros para coger aire. – Bella, para, por favor – le pedí cuando comenzó a besar mi cuello. – Para no podemos, no puedo, no puedes… – solté un gemido cuando mordió mi cuello. – Bella – gemí de nuevo.
Su boca volvió a atacar la mía sin compasión, su cuerpo se apretaba al mío y de repente… se apartó de mí con la cara inundada en lágrimas. Me quedé quieto, no sabía qué hacer, no me atrevía a acercarme.
- Bella – la llamé.
- Cállate – susurró antes de darme la espalda y salir del cuarto de baño.
La seguí.
Se sentó en la cama y me miró desde su posición.
- Para ahí – me pidió, mis pies automáticamente se detuvieron. – Necesito un minuto – cerró los ojos y suspiró un par de veces. Después de unos segundos que se me hicieron eternos, abrió los ojos y me miró. – ¿Has… has estado trabajando todos estos días? ¿Todas estas horas? – asentí sin atreverme a abrir la boca.
Su silencio se me estaba haciendo demasiado pesado, así que con un poco de valentía, hablé.
- Puedes preguntárselo a mi padre si no me crees – musité dolido.
No podía creer que no confiara en mí después de todo lo que habíamos vivido hasta ahora.
- Te creo – suspiró. – Como te creo cuando me dices que fue ella la que te besó y tú no se lo devolviste.
- Bella – volví a repetir. Iba a desgastar su nombre esta noche. Con un movimiento de mano me hizo callarme, obedecí.
- Por favor – suspiró. – Por favor, que no se repita, no sé qué haría si… si… – cerró los ojos un segundo. – Sé que es egoísta por mi parte, pero… pero… – titubeó. – Aléjate de Tanya – se limpió las lágrimas que aun derramaban sus ojos con su brazo desnudo.
No tardé ni dos segundos en acercarme a ella, esta vez no me lo impidió.
- Lo que quieras, lo que quieras… – repetí una y otra vez arrodillándome ante ella. Si tenia que alejarme de mi ex mujer, lo haría. No quería estropear lo que ambos estábamos creando, si necesitaba algo de Tanya, se lo haría saber a mi abogado o a cualquiera de su alrededor para que se lo dijeran. – Lo que quieras – repetí una última vez.
Haría todo lo que me pidiese con tal de no perderla, no podía ni quería perderla. Ahora ella era mi todo, mi mundo giraba a su alrededor, todo lo que hacía lo hacía por ella. Mis hijos eran lo primero, pero Bella… ella era mi mitad, la otra parte que necesitaba para salir a flote, para poder vivir. Daría mi vida por ella, estaba totalmente enamorado de ella, la amaba tanto que dolía.
- Bells – la llamé para captar toda su atención. – Amor – susurré.
- ¿Qué? – inquirió con el mismo tono.
- Casat… – colocó rápidamente la mano sobre mis labios silenciándome.
Liz POV
Estaba ridículamente aburrida. La clase de literatura se me hacía más pesada desde que mamá no estaba impartiéndola. Se me hacía eterna. Suspiré por séptima vez y miré el reloj que había en la pared.
Genial…
Habían pasado solo quince minutos desde que comenzó la clase. Apoyé la cabeza en mi mano derecha y miré hacia la pizarra. Ahogué un bostezo con mi mano izquierda y comencé a escribir lo que el Sr. Banner estaba escribiendo en la pizarra.
- Liz – escuché como susurraban mi nombre, pero estaba demasiado perezosa como para girarme y mirar a ver de quien se trataba. – Liz – escuché de nuevo. – Liz – me giré cansada de escuchar mi nombre y vi como Jessica tenia un trozo de papel doblado en la mano. Lo tendió hacia a mí para que la cogiera.
La miré con una ceja alzada y cogí el trozo de papel. Me giré de nuevo y miré de reojo hacia el profesor. Seguía escribiendo en la pizarra. Desdoblé el papel y vi una nota en él.
¿Te aburres mucho?
Conocía esa letra. Adoraba esa letra. Suspiré y cerré los ojos para evitar llorar. Dolía demasiado acordarme de él. Desde que Tony y yo nos habíamos alejado mi vida era un completo caos. No quería pensar en nuestra ruptura, pero aun seguía dándole vueltas si habíamos hecho bien. Ni siquiera entendía el por qué de haberlo dejado.
¡Joder, le quería demasiado!
Abrí los ojos y respondí a su nota.
Sí.
Sin importarme si el profesor me veía o no, hice una bola con el papel y se la lance. Gracias a dios tan sólo estaba a un par de mesas detrás de la mía. Me giré de nuevo y seguí escribiendo las barbaridades que estaba escribiendo el Sr. Banner en la pizarra. Si mamá estuviese aquí le estaría dando dolor de cabeza leer todo lo que estaba anotando.
- Liz – musitó de nuevo Jessica al poco rato.
No me molesté en girarme, alargué la mano hacia atrás para que pusiese el papel sobre mi mano.
Yo también me aburro. No sabes cuánto te echo de menos Lizzie. Me resultaba más divertida la clase cuando nos sentábamos juntos e ignorábamos a tu madre. Que esto haya acabado no significa que no podamos ser amigos.
Esta vez una pequeña lágrima consiguió escaparse de mi ojo. La limpié rápidamente y respondí su nota.
Yo también te echo de menos, pero es lo mejor para los dos, ya tomamos la decisión y… podemos ser amigos Tony, pero tienes que dejar de alejarte. No quiero hablar sólo contigo por notas, quiero tenerte de frente y hablar sobre nuestro día a día.
Miré al frente para ver que el Sr. Banner había dejado de escribir y ahora miraba su "bonita obra de arte" desde un poco más atrás de su escritorio. Aproveche el momento y le lancé el papel a Tony.
No hubo más papeles de por medio, el tiempo en clase se me hizo eterno hasta que por fin sonó el timbre dando por finalizada la clase. Y ahora… educación física.
Cogí mis cosas lentamente, las metí en la mochila y me levanté de la silla. Cuando fui a salir del aula una mano agarró mi muñeca.
- Espérame – la voz de Tony sonó a mis espaldas.
Asentí incapaz de decirle algo. No estaba segura de poder hablar con él sin que mi voz se quebrara. Caminamos en silencio hasta mi taquilla, dejé la mochila con mis libros y cogí la mochila que tenia preparada para educación física. Cuando acabé con mi tarea, acompañé a Tony a su taquilla, él hizo lo mismo que yo.
Caminar con él hasta el gimnasio en silencio, solamente escuchando las conversaciones del resto de estudiantes era extraño. Luchar contra las ganas de cogerle la mano se me hizo casi imposible. Me alegré al ver el gimnasio a apenas unos metros de nosotros. Antes de entrar, Tony hizo que nos detuviéramos y se colocó delante de mí.
- Espérame al final de clase, quiero hablar contigo – asentí con la cabeza.
Nos quedamos mirándonos durante unos segundos, hasta que por fin, él suspiró y se giró para abrir la puerta y dejarme pasar primero.
…
Y por fin, el día se había acabado. Podría recoger mis cosas e ir a casa y hundirme en mi miseria a solas en mi habitación. Seguí al resto de mis compañeras hacia los vestuarios. Antes de entrar el Sr. Bewley me detuvo.
- ¿Podemos hablar un minuto?
- Claro – le contesté.
Nos apartamos de los vestuarios y nos sentamos en uno de los pequeños bancos que había en el gimnasio.
- ¿Qué tal esta tu madre? – su preocupación no me sorprendió del todo. A pesar de que hacía bastante tiempo que mamá y él lo habían dejado, Demetri parecía seguir sintiendo algo por ella.
- Bien. Ya esta en casa desde hace unos pocos días.
- Me alegro – sonrió. – ¿Podrías… podrías decirle que me alegro de que todo haya salido bien? – inquirió avergonzado.
- Claro, no hay problema, cuando llegue a casa se lo diré.
- Gracias – volvió a sonreír. – Ya puedes irte – nos levantamos del banco.
- Hasta mañana Sr. Bewley – me despedí.
- Hasta mañana Srta. Black.
Me cambié de ropa lentamente, necesitaba alargar el momento antes de reunirme de nuevo con Tony. Tenia que cargarme de energía y tener las cosas claras para no decaer ante él. Cuando el vestuario se vació de gente, suspiré y comencé a atarme los cordones de mis deportivas.
- ¿Queda alguien más? – miré hacia la puerta para ver como Tony asomaba la cabeza por el hueco que había entre ésta y el marco.
- No, estoy yo sola.
- Bien – sonrió entrando al vestuario.
- ¿Qué haces? – le pregunté. – Como te pillen aquí se te va a caer el pelo.
- No creo que lo hagan, esta todo vacio, solamente quedamos nosotros dos – se acercó a mí y se sentó a mi lado.
Acabé de atarme los cordones, me incorporé para quedar bien sentada y le miré.
- ¿Qué tal te va todo? – le pregunté.
- Bueno – se encogió de hombros. – He estado mejor – intentó sonreírme. – ¿Y tú qué tal?
- Yo también he estado mejor – me encogí de hombros y me levanté del banco. - ¿Vamos?
- No – me agarró de la muñeca y me acercó a él.
- ¿Por qué? – inquirí en un susurro mirándole directamente a los ojos.
- Quiero estar un rato más contigo… a solas – se levantó, alzó la mano y acarició mi mejilla con el dorso de su mano.
- Tony – suspiré cerrando los ojos y deteniendo sus caricias.
- Te echo de menos – musitó.
Pude sentir su aliento chocar contra mi rostro.
- Y… y yo a ti – abrí los ojos.
Acercó su rostro peligrosamente al mío. Sabía que me iba a besar y yo tenia que detenerlo, pero estaba deseando tanto que lo hiciese que sólo cerré los ojos y me dejé llevar. El beso nunca llegó, no al menos a mis labios. Rozó mi mejilla con sus labios antes de separarse de mí y agarrarme la mano.
- Vámonos de aquí, necesito que me dé el aire – me arrastró hasta fuera del gimnasio. – ¿Damos un paseo? – me preguntó sonriendo alegremente.
- ¿Hasta mi casa? – pregunté asustada.
Quedaba bastante lejos… ¡muy lejos!
- ¿Por qué no? – se encogió de hombros. – Avisemos a mi madre de que ya se vaya.
- Ve tú, yo tengo que avisar a Jasper – me solté de su mano. Su toque estaba matándome lentamente. Quería sus manos a mí alrededor, sosteniéndome como hacía antes.
- Vale, quedamos aquí en unos minutos – me dijo y salió corriendo.
Vi como se perdía entre el gentío, me giré y caminé hacia donde Jasper solía esperarnos a Seth y a mí para llevarnos a casa. Fruncí el ceño al ver que Seth estaba ahí solo.
- ¿No ha llegado Jazz? – le pregunté al llegar a su lado.
- No – miró hacia todos lados.
Saqué el teléfono móvil y miré a ver si tenia algún mensaje. Nada… marqué su teléfono y llevé el aparato a la oreja.
Un tono…
Dos tonos…
Tres, cuatro, cinco y… contestador.
Probé un par de veces más obteniendo el mismo resultado.
- ¿No ha venido nadie a buscaros? – me giré al escuchar a Tony a mis espaldas.
- No – le respondió Seth.
Estuvimos unos minutos más esperando si aparecía alguien a buscarnos, incluso probé a llamar a Jazz otra vez.
- Será mejor que llame a mi madre y que de la vuelta – dijo Tony.
- No – le miré. – Llamaré a mamá – cogí el teléfono y busqué su número en la agenda.
- Tu madre tiene que descansar Liz – en el parking cada vez quedaban menos coches.
Me quedé mirándole sopesando las opciones que teníamos. Eran más bien pocas. Cuando fui a contestarle que llamara a Tanya un coche que conocíamos muy bien se detuvo a nuestro lado. La ventanilla del copiloto se bajó y la melena rubia de Rosalie asomó desde dentro del coche.
- ¿Qué hacéis aun aquí? – preguntó curiosa.
- Tío Jazz se ha olvidado de nosotros… otra vez – suspiró Seth.
Después de unas cuantas maldiciones por parte de Rosalie, habló.
- Subid, os llevo yo – suspiró.
- Tía, podrías…
- No – corté a Tony sabiendo lo que iba a decir. – Dejemos el paseo para otro día, estoy cansada – le pedí.
Nos quedamos mirándonos, Tony parecía debatirse por algo y yo tan sólo deseaba llegar a casa, meterme en mi habitación y leer para desconectar.
- Subid – pidió Rose cuando Seth se metió en el coche.
- Yo voy a casa – dijo Tony cuando abrí la puerta para montarme.
- Ven a casa conmigo – le pedí cambiando de idea, ya leería a la noche.
No tardó ni dos segundos en sonreírme débilmente y meterse en el coche, atrás con Seth y Lilly. Parte del camino lo hicimos en silencio, hasta que a mitad de él, mi hermano y Lilly comenzaron a cantar. Rosalie no se quedó atrás y cantó con ellos. Por mi parte, estuve todo lo que duró el trayecto mirando por la ventana.
- Dile a tu madre que la llamaré más tarde – dijo Rosalie cuando nos dejó en casa.
- Vale – le respondí cerrando la puerta del coche.
Nos despedimos de ellas y caminamos a casa. Entramos sin hacer mucho ruido, ya que mamá a estas horas se echaba la siesta y Kristen también. Seth fue a la cocina a la hablar con la abuela Renée, Tony y yo nos encaminamos a mi habitación. Dejé mis cosas en el suelo al lado del escritorio y me senté en la cama.
- Puedes pasar y cerrar la puerta – le dije al ver que dudaba.
Tardó más de lo necesario en hacerlo, pero acabo entrando, cerrando la puerta y sentado a mi lado. El silencio que nos invadía era realmente incomodo. Nunca me había sentido así de… extraña con Tony, todo era demasiado… complicado.
- ¿Qué tal estas? – preguntó por segunda vez en el día y rompiendo nuestro silencio.
- He estado mejor – le contesté también por segunda vez sin mirarle. Mis manos parecían lo más asombroso que mis ojos habían contemplado hasta ahora.
- Yo también – murmuró.
No me atreví a levantar la mirada, no era capaz de mirarlo, no de frente. Traté de mirarlo de reojo, cuando mis ojos giraron a la derecha para observarlo, me encontré con su mano a medio camino. Agarró mi mentón suavemente y me alzó el rostro, obligándome a mirarlo. Estaba segura de lo que iba a pasar a continuación por su forma de mirarme, siempre que ponía esos ojitos verdes con ese brillo… me iba a besar, lo sabía y yo no podía permitirlo. Mi cabeza me gritaba que lo parara, pero mi cuerpo estaba paralizado, mi corazón latía desbocado, deseaba que sus labios rozaran los míos.
- Voy a dejar de ir al psicólogo – le solté cuando vi que su rostro se acercaba al mío.
Su mano soltó mi barbilla y se apartó de mí un poco, lo suficiente para que yo pudiese respirar tranquila y recolocar mi corazón y mi cabeza.
- ¿Por qué? – inquirió asustado.
¿Por qué se asustaba?
- Porque ya no veo la necesidad de ir. Mi vida va… bien. Con la ayuda de mi madre salgo a flote y María… bueno, no sé, la noto diferente.
- Cambia de psicólogo.
- No.
- ¿Por qué?
- Porque ya estoy mejor Tony. No quiero que me sigan psicoanalizando. Estoy cansada de hablar siempre de lo mismo, sólo quiero olvidar, nada más – suspiré.
- ¿Y si… y si tienes una recaída? – preguntó angustiado.
- Hablaré con Jasper. Él siempre está dispuesto a escucharme – le sonreí débilmente.
Pasó la mano por su cabello rubio y miró hacia otro lado. Parecía estar ordenando sus ideas. De repente sus ojos se clavaron en los míos.
- ¿Qué dice tu madre de todo esto?
- Aun no lo he hablado con ella pero no creo que se oponga – me encogí de hombros.
Me miró durante un instante antes de volver a apartar su mirada de mí. Lo observé mientras seguía tirándose del cabello y susurraba cosas que no lograba entender. Me resultaba divertido verlo en su mundo, maldiciendo vete a saber el qué o a quién y poniendo esos morritos cada vez que pensaba algo muy detenidamente.
¡Cuánto lo echaba de menos!
Su rostro se giró y sus ojos se volvieron a clavar en mí. No me dio tiempo siquiera a darme cuenta del rápido movimiento que hizo cuando sus labios se posaron sobre los míos. Era intenso, brusco y parecía desesperado.
Me dejé caer sobre mi espalda en el colchón. Tony cayó conmigo poniéndose sobre parte de mi cuerpo. Sus manos agarraron mi cara y su lengua insistía una y otra vez en abrirse paso por mis labios. Aprovechó cuando suspiré para introducirse en mi cavidad bucal y recorrer con su lengua cada rincón. Esta vez no me quedó más remedio que correspondérselo. Mi lengua jugó con la suya y mis labios se movían a su compás.
- Te echo mucho de menos Lizzie – susurró sobre mis labios con los ojos cerrados después de dejar de besarme. – No sabes cuánto.
- Y yo a ti – por primera vez desde que entramos en la habitación me atreví a alzar la mano derecha y acariciar su mejilla. – Mucho – añadí.
Nos quedamos observándonos durante unos segundos, hasta que unos toquecitos en la puerta nos sobresaltaron. Nos sentamos en la cama como estábamos al principio y di paso al quien estuviera al otro lado.
- Hola cari… - mamá se quedó callada cuando vio a Tony a mi lado.
Hacia mucho que no venia a casa, bueno a mi habitación, normalmente desde hace unas semanas rondaba por el salón o la cocina.
- Hola mamá – me levanté de la cama y me acerqué a ella. – Creo que deberías de hablar con Jazz – musité. – Se ha vuelto a olvidar de ir a buscarnos.
- ¿Otra vez? – preguntó con el ceño fruncido.
- Sí.
- ¿Quién os ha traído?
- Rosalie, me dijo que la llamaras.
Mamá suspiró y cerró los ojos durante un par de segundos. Después centró su mirada en Tony.
- ¿Está… está todo bien? – murmuró.
- Si, mamá, no te preocupes – aunque no le había dicho que él y yo habíamos acabado, mi madre era muy lista y sabía que algo había ocurrido entre Tony y yo.
- Bien – suspiró. – Estaré abajo si necesitáis algo.
- Gracias.
Volví a mi posición en la cama cuando mamá cerró la puerta. Enterré el rostro en mis manos y suspiré una, dos e incluso tres veces.
- ¿Te encuentras bien? – las manos de Tony separaron las mías de mi rostro.
- Sí – le contesté con un cuarto suspiro.
- ¿Seguro?
- Sí.
- ¿De verdad? – su insistencia me resultaba graciosa.
- Que sí pesado – le sonreí sinceramente por primera vez desde aquella tarde que decidimos dejarlo por el bien de los dos.
Sonrió conmigo y se dejó caer de espaldas sobre el colchón. Pasó los brazos por debajo de su cabeza y miró hacia el techo. Como vi que no se movía y que no apartaba los ojos del techo, me dejé caer como él y miré hacia donde Tony miraba.
- Se que tengo que pintar el techo, no es necesario que lo mires con tanta intensidad.
- No estoy mirando eso – sonrió de nuevo.
- Entonces, ¿qué miramos? – le miré de reojo.
- Nada en particular, sólo pensaba.
- ¿En qué?
- En nosotros – contestó dejándome sin palabras.
Nos quedamos unos minutos observando el techo de la habitación. Tony perdido en sus pensamientos y yo tratando de no perderme en los míos. No me apetecía lidiar ahora con mi corazón y con mi cabeza con él presente. Aunque tuviese ganas de llorar por el simple hecho de tenerlo tan cerca y no poder tocarle, no me iba a derrumbar delante de Tony. Suspiré y cerré los ojos para evitar que se aguaran más de la cuenta, entonces sentí su mano agarrar la mía, firme y fuertemente. Se la apreté de la misma manera y volví a suspirar.
- He estado pensando – dijo. – Creo que deberíamos volver y… bueno, y dejarlo cuando nos graduemos, eso suponiendo que no vayamos a la misma universidad – abrí los ojos lentamente y lo miré de reojo. Tony seguía mirando al techo. - ¿Qué te parece? – preguntó girando su rostro para que sus ojos se encontraran con los míos.
Sopesé su idea durante un momento. La idea era tan tentadora como dolorosa. Si ya me dolía estar alejada de él teniéndolo tan cerca, el daño iba a ser peor cuando lo dejásemos para separar nuestros caminos. No sé cuando lo iba a pasar peor, si ahora, teniéndolo aquí y estando alejada de él para pasar mejor el dolor, o después cuando ya no le vea…
¿Por qué tenia que ser todo tan complicado?
¿Por qué me liaba de esta manera?
- Tony – suspiré.
¿Qué le decía?
- Sé que no acordamos eso, pero Lizzie – se apoyó en su brazo para mirarme mejor -, te echo mucho de menos y creo que… bueno, ya que estamos los dos aquí… podríamos disfrutar estando juntos hasta que nuestros caminos se separen – alzó su brazo libre y acarició tiernamente mi mejilla.
Cerré los ojos y me centré en sus dedos tocando mi piel. Seguía siendo tan exquisito como siempre. Giré mi rostro hacia su mano y besé su palma. Tenía que mantener la calma y pensar en lo que me había dicho, era todo demasiado complicado.
Me entristecí cuando su mano dejó de acariciar mi cara, aunque no me dio tiempo casi ni de abrir los ojos cuando sus labios volvieron a hacer contacto con los míos.
Me dejé ir…
No quería pensar, ya lo haría más tarde, cuando estuviese sola en mi habitación y con el suficiente silencio para poder pensar las cosas. Ahora solo iba a disfrutar de estar con él una vez más. Su boca se separó de la mía así que aproveché para hablar.
- Pon el pestillo.
Asintió lentamente y se levantó de la cama para ir a ponerlo. Aproveché y me acomodé mejor en la cama. Cuando regresó se sentó a horcajadas sobre mí y atacó de nuevo mi boca. Gemí al sentir su lengua rozando la mía. Sus manos actuaron rápidas, agarraron mis muñecas y las sostuvo sobre la cama por encima de mi cabeza. Abandonó mi boca y comenzó a besarme el cuello.
¡Como me ponía cuando hacia eso!
- Joder Lizzie, cuanto te echaba de menos – su voz ronca rebotó contra la piel de mi cuello.
- Das mucho que pensar Tony – gemí de placer.
Detuvo sus movimientos y me miró a los ojos.
- ¿Por qué dices eso?
No le contesté al momento, su cara de sufrimiento me hacía gracia. Su ceño se fue frunciendo poco a poco hasta que sus cejas casi se juntaron. Y cuando abrió la boca para decir algo, le contesté.
- ¿De qué manera me echas de menos? – más bien le pregunté.
- ¿Qué? – inquirió confuso.
No le respondí. Esperé a que su cabeza juntara las piezas y me respondiera. Tony es un chico muy listo y sé que podrá unir todo si le daba unos segundos. Y… ahí estaba, sus ojos se abrieron desmesuradamente y su boca formó un pequeño puchero.
- No me refería que te echaba de menos solo por esto – movió sus caderas sugerentemente. – Me refiero a que te echo de menos a ti, entera – besó mi frente de manera cariñosa.
Suspiré lentamente, me encantaba cuando se ponía así de sentimental y cariñoso.
- Ahora sigamos donde lo hemos dejado – sonrió seductoramente antes de hundirse de nuevo en mi cuello.
Sus manos seguían agarrando mis muñecas, era su prisionera, sus piernas seguían a cada lado de mi cuerpo. No podía moverme y eso que lo intenté varias veces. Cada vez que hacía amago de hacerlo, su agarré en mis muñecas se intensificaba sin llegar a doler.
Poco a poco fue levantándose de mi cadera y se acomodó entre mis piernas – ahora abiertas – sin dejar de besarme el cuello.
- Tenemos que hacerlo rápido y silencioso – musitó en el nacimiento de mis pechos.
- Pues no sé a qué esperas – mi voz sonó ronca.
Estaba tan excitada que estaba segura de que casi llegaría al límite con la primera embestida.
- Prepárate, Lizzie – se apartó completamente de mí liberando mis muñecas.
Vi como se bajaba la cremallera del vaquero y se desabotonaba el botón del pantalón. Antes de liberar su erección, se inclinó hacia a mí para coger el borde de mis pantalones y bajarlos. Hizo lo mismo con mis bragas, dejó todo en mis tobillos. Me quitó las deportivas sin molestarse en desatarlas y despojó la ropa que tenia en mis pies dejándola en el suelo.
Se bajó el pantalón y el bóxer, dejando así su erección libre de telas. Se colocó un condón que sacó del bolsillo de su pantalón antes de dejarlo bajar por sus piernas. Me abrió las piernas y se posicionó entre ellas.
- ¿Estas lista? – preguntó sobre mis labios.
- Sí – murmuré.
Y gemí cuando me penetró de una sola estocada. Mi espalda se arqueó y eché la cabeza hacia atrás.
No me dio tiempo a más, lo hizo rápido.
Su boca atacó la mía para callar nuestros gemidos y me penetró una y otra vez sin descanso. Estaba siendo rudo y fuerte, y eso también me gustaba. Lo sentía en cada parte de mi sexo. En cada pared, en cada rincón oculto de mi cuerpo.
Joder, cuanto me gustaba esto.
Me dejé ir en cuanto me mordió el labio. Los espasmos me recorrieron todo el cuerpo y los gemidos los ahogué en su boca. Unas embestidas más, lo sentí irse dentro de mí, llegando así a su propio clímax.
Se dejó caer encima de mí sin llegar a apoyar todo su peso sobre mí. Nos mantuvimos así durante unos minutos, controlando nuestra respiración y recomponiéndonos de nuestros orgasmos.
- ¿Estamos bien? – me preguntó antes de alzarse en sus brazos y mirarme a los ojos.
- Sí – le sonreí. – Estamos bien – me besó en los labios.
Hola! aquí estamos de nuevo, con un saludo rápido. Espero que hayáis disfrutado del capítulo ;)
Gracias por vuestros reviews, alertas, favoritos y por leer! :D muchas gracias!
Para las ansiosas... un poco de paciencia! ^^ jejeje, espero volver lo antes posible.
Nos leemos por aquí o en facebook.
un abrazoooo
