El menor frunce más el ceño aun y antes de que dé dos o tres pasos más camina hasta el con paso firme y le levanta en vilo del suelo.
—Hey! —protesta.
—Shutup —responde poniéndoselo al hombro como siempre, tipo fardo de paja, mientras camina hacia el coche.
—¡PERO QUÉ TE HAS CREÍDO QUE HACES!
—Isaidshutup —protesta enfadado caminando cada vez más rápido.
Inglaterra se revuelve intentando que le suelte sin ningún éxito, así que lleva las manos a la cabeza respirando agitadamente, rendido.
—Es imposible que te quiera si no me respetas —declara suavemente.
—De todos modos ya has dicho que no me quieres —responde abriendo la puerta del coche y bajándolo adentro del lado del copiloto.
El británico se deja, sumisamente, porque no tiene ningunas ganas de hablar. El americano cierra la puerta y le da la vuelta al coche, subiéndose en el lugar del conductor. Prende el coche en silencio.
Inglaterra mira por la ventanilla y Estados Unidos viaja la mitad del camino con el ceño fruncido hasta que repentinamente le mira de reojo y traga saliva.
—I'm sorry —susurra.
—¿Qué sientes?
—Obligarte a hacer cosas que no quieres sólo porque yo quiero que las hagas —no es la primera lección de esto que recibe así que suelta la frase como merolico.
—Entonces no lo hagas.
—I know, I know —medio protesta y le mira de reojo—. Si no te acuerdas de mí nunca...
Ni siquiera le mira. Estados Unidos baja los hombros y la cabeza, sin dejar de mirarle de reojo, completamente desolado.
—¿Sabes, America? —empieza sin mirarle.
—What? —susurra con voz de niño regañado.
—Esto debe parecer muy trágico... imagino que debe ser terrible que alguien a quien quieres no sea capaz de acordarse de ti y ya no te quiera.
El de las gafas sube una mano a su ojo y se limpia una lagrimilla maligna que se le sale del ojo de una manera muy discreta. Luego se sorbe los mocos y hace un escándalo.
—Y no lo dudo, pero ¿sabes? tú vienes y después de hablar conmigo un rato o ir a tomar hamburguesas, te das la vuelta y llamas por teléfono a tu boyfriend, le das un beso a tú hermano y contestas un email de tu mejor amigo. Te das la vuelta y buscas en la radio tu canción favorita, te pones esa sudadera tan calentita que compraste ese día tan divertido cuando estuviste en ese lugar tan genial, alguien hace un comentario aleatorio y te ríes... sabes dónde están guardados los cereales sin rebuscar toda la casa.
Estados Unidos le escucha atentamente, cosa rara.
—Yo ni siquiera sé cómo es mi casa, de qué color son mis sábanas, si mi lavadora suelta demasiado detergente, si mi coche suena raro cuando le arrancas. Un completo desconocido me dice que me quiere, un completo desconocido me reclama porque no lo hago de vuelta, otro completo desconocido me habla de un partido de fútbol que no recuerdo, otro completo desconocido me saluda por la calle y nadie parece interesado en explicarme.
Traga saliva, entendiéndolo un poco... y mira tú, Inglaterra hasta en las peores es quien explica a América estas cosas.
—Creo que... el problema es justamente ese, who are you.
—Bien.
—Ahora vas a entender... ahora que entremos y te expliquemos —indica—, vas a entender por qué no entiendes nada y por qué lo que pasa con tu lavadora, es lo de menos.
—Eso solo era un ejemplo.
—No lo es, porque... tú estás viendo una estrella nada más y nosotros no te hemos explicado el universo.
—America, esto no es una revelación divina, ¿sabes? No consiste en que vengáis y me expliquéis una gran verdad absoluta, ninguna verdad revelada va a devolverme treinta o cuarenta años de vida. No sé qué planeas decirme, pero eso no va a resolver el problema, no voy a acordarme de todo y quererte de nuevo.
El estadounidense le mira de reojo.
—Puede que no resuelva el problema, pero puede que entiendas por qué no entiendes nada... ¿sabes?
—Da igual que sea lo que me cuentes, da igual si me dices que realmente te quería a ti y France es un psicópata obsesionado conmigo, da igual que me digas que soy un maltratador y en realidad descargaba todas mis frustraciones contra mi pareja al que había acabado por odiar, que vi morir a mi madre o que te acogí siendo yo mismo un niño huérfano. Necesito tiempo y descanso... o una historia. Una historia completa y contrastada, con pruebas.
—Fine... Vas a tener una historia entonces —indica entrando al edificio de Canadá y frunciendo el ceño.
—Necesito ir a mi casa y ver que es real, acostumbrarme a ella. No tienes, de verdad, no te haces una idea de lo importante que es lo que significa saber cómo es algo como mi lavadora. No parece que nadie sea consciente de lo absolutamente perdido que me siento —sigue y ahoga un sollozo, apartando la cara.
El estadounidense se gira a mirarle sorprendido, levantando las cejas.
—Oh... —susurra levantando la mano—. Don't cry...
—No estoy llorando —miente intentando esconderse.
El americano se estaciona en el lugar que le corresponde a Canadá y se gira con el inglés, tocándole la espalda. Inglaterra se quita la mano y abre la puerta del coche, bajándose
Estados Unidos suspira y se baja, pero el mayor se adelanta para que no le vea la cara, así que le sigue con las manos en los bolsillos, cabizbajo.
Se sube al ascensor sin mirarle y tras unos inacabables segundos de silencio incómodo, ambos entran por la puerta.
—Hello... —saluda América desganado. Inglaterra se quita la chaqueta sin decir nada y Canadá les mira de reojo.
—¿Qué ha dicho el medico? —pregunta Seychelles, pero Inglaterra se dirige a su cuarto sin ni mirarla.
—Nada, da igual... —Estados Unidos mira al inglés y frunce el ceño quitándose la chamarra también. Seychelles levanta las cejas con esas reacciones y mira a los demás
—Mmmm... ¿Qué ha pasado? —pregunta Nueva Zelanda. Canadá y Seychelles miran a Estados Unidos esperando también respuesta.
—Nada, no ha pasado nada. It's all crap —protesta el americano
—Le has dicho lo de... —empieza Canadá imaginando que quizás se ha enfadado por lo de Rusia y Francia.
—Hemos dicho muchas cosas y al final todo está mal. Voy a dormir.
—¿Todo está mal? —pregunta Seychelles y Canadá la mira pidiéndole que le deje hablar con él.
Francia, que estaba expresamente en la cocina para hacerse el interesante, sale copa de vino en mano, sonriendo mientras Canadá se lleva a Estados Unidos al cuarto.
—Todo lo de Iggy está mal.
—¿Pero qué ha dicho?
Seychelles mira a Francia sin entender cuando este sale.
—Pues nada, que no se acuerda, que no nos quiere y luego lloró porque está triste y angustiado por eso —murmura.
—¿Lloró? —parpadea Australia porque eso siempre es un poco impresionante.
—Yes, porque no entiende y creo que lo estamos haciendo mal —mira a Canadá—. ¿Qué vamos a hacer si nunca recuerda?
—¿Hacerlo mal? Pero el doctor dijo que lo haría...
—Pues sí, pero es que es feo que no se acuerde y dice que nosotros deberíamos explicarle... y ¡creo que debemos explicarle que es Fucking England y no un tipo cualquiera!
—Pues ese era el plan —asiente el canadiense.
—Pues saca un libro de historia.
—What?
—Quiere prue-bas.
—What? Pru-Pruebas?
—Yes, pruebas.
—¿De qué?
—Pues de las cosas que vamos a decirle... eso me ha dicho. Venga, dame un libro de historia... seguro tienes uno de esos de British Empire History.
—Well, yes tengo una enciclopedia británica... —sale el canadiense yendo a por ella, vacilando un poco. Estados Unidos va tras él.
Mientras tanto en el comedor, Francia ha preguntado a Seychelles y a Nueva Zelanda por lo que ha pasado y se ha ido, desde luego a la habitación que comparte con el inglés, con el ceño un poco fruncido. Toca la puerta, pero no hay respuesta, así que da a la manija abriendo la puerta y metiendo la cabeza.
—Angleterre?
Inglaterra esta hecho bolita en la cama con el cojín por encima de su cabeza para no variar. Francia suspira acercándose a la cama y poniéndole una mano en la espalda, para no variar.
—¿Qué ha pasado?
El inglés no responde porque siente que si lo hace se le va a notar en la voz que está llorando. Francia le acaricia la espalda con suavidad.
—¿Estás bien?
El británico hace amago de hacer un gesto para que se marche, pero no quiere que lo haga realmente. El galo levanta un poquito la almohada de su cabeza y se medio recuesta al lado suyo.
Inglaterra se hace más bolita, así que Francia acuesta a su lado, haciéndole cucharita y abrazándolo de la cintura
—¿Has peleado con Amerique?
Niega con la cabeza.
—¿Te ha dicho algo malo el médico?
Niega otra vez.
—Mmmm... —se lo piensa un poco—, ¿estás desesperado por no acordarte de nada?
Vacila y luego bufa intentando soltarse.
—Eh, eh... ¿qué pasa? —pregunta suavemente —. Te lo pregunto bien y por las buenas, cher...
—Que no quiero hablar —protesta con la voz quebrada. Francia se muerde el labio al darse cuenta que está llorando y le abraza con más fuerza dándole un beso en la espalda.
—Vale, no hablamos.
Inglaterra se calma un poco y respira sollozando sin poderlo evitar, a lo que el francés aprieta los ojos sintiéndose un poco mal y le vuelve a besar la espalda, acariciándole un poco el abdomen.
—Calma, calma... todo va a estar bien —susurra suavemente.
—Please, no me toques para eso —suplica.
—Angleterre... ven, gírate hacia mí, s'il vous plait —pide el francés jalándole un poco del brazo y separándose un poco para darle espacio a que gire.
Él lo hace un poco a regañadientes, el galo le pasa una mano por la mejilla y le da un beso en la frente, acercándose a él para abrazarle. Inglaterra no le mira, con los ojos cerrados.
—Shhh, shh... —le acurruca abrazándole suavemente en un abrazo para nada sexual y mucho muy protector... abrazo que tiene perfectamente entrenado desde que eran pequeños.
Y el inglés se hace bolita dentro porque aunque él no se acuerda, su cuerpo si lo hace. Francia le besa la cabeza y le consuela dándole palmaditas en la espalda y acariciándosela e Inglaterra se siente un poco mejor llorando en sus brazos, desahogándose.
Qué trágico es para el que se acuerda... ¡Y cuanto más para el que no se acuerda!
