La Primavera Valthemoon
El Inicio de la Primavera Valthemoon era mucho más ceremonial que cualquiera de los rituales de la escuela. Estudiantes y profesores se unían en el amanecer, para enredar cadenas enormes de botones de flores que debían florecer a lo largo de los días, así como las mentes de los miembros de ese señorío debían florecer a lo largo de sus vidas. Todo lo verde de la escuela se cubría de pétalos mágicos hechos por cada uno de los alumnos, en un juego que duraba toda la madrugada. Finalmente, con los primeros rayos del sol, los estudiantes, sin haber dormido una sola hora desde el día anterior, tomaban el Claro, vestidos en sus túnicas especiales de Primavera, maquillados con ramajes intrincados en la mitad del rostro (maquillaje insignia de Goldenwand) y ornamentados de la manera más extraña: algunos llevaban enormes cuernos en la cabeza, otros armatostes que parecían rocas en la espalda, pieles demasiado grandes alrededor del cuerpo, garras en los brazos, túnicas de metros y metros y metros de longitud, en fin. Guiados por su tutor, invitaban a la Primavera a descansar en ellos, puesto que la habían recibido de noche y debía estar cansada. Y a continuación, se despojaban los unos a los otros de todo lo que llevaban encima, incluso de las túnicas, quedándose simplemente en una malla delgada de color amarillo atardecer. Entonces, el tutor susurraba una orden y todos los alumnos sacudían su varita hacia el mismo lado, en perfecta sintonía, y todas sus pertenencias desaparecían.
-Déjanos florecer- pedían al final.
Era la primera vez que Artemis veía el ritual, porque a pesar de que Sami la hubiera invitado por años, ella siempre se levantaba demasiado tarde o demasiado temprano y volvía a quedarse dormida. Sin embargo, cuando Alea fue a buscarla a su habitación, el recuerdo de Sami le pareció tan lejano que por un segundo creyó que lo había inventado y que la primera persona que la había invitado era Lupo.
Todo el equipo de esgrima se reunió a unos metros respetuosos por encima del suelo, en el claro, y apreciaron, anonadados, la ceremonia y elegancia con la que sus compañeros de Valthemoon (Lupo, Bóreas, Gunr y Leto) finalizaban el Inicio de la Primavera Valthemoon.
-Se supone que antes los Valthemoon se desnudaban y nadaban así en el lago. La idea es que se despojen de aquello que les pesa, como quien limpia el terreno para que florezca algo, una cosa de esas. Lupo lo explica mejor- dijo Alea, mientras volaban de vuelta al pasto.
-Nada de hablar, los Valthemoon llegan a los camerinos y todos empezamos a trotar- ordenó Greenhouse.
- ¿No van a estar cansados?- preguntó Tea Fenonte, al aterrizar.
-Se supone que lo primero que deben hacer luego del ritual es una actividad. Ponerse a estudiar, leer, nadar, algo- explicó Alea- por eso Gunr fue la de la idea de tener el entrenamiento a esta hora-
Aunque el invierno fuera su estación favorita, Artemis tenía que admitir que la primavera hacía puntos para cautivar su corazón, sobre todo en mañanas como esa, frescas e iluminadas, llenas de los olores de las flores que empezaban a asomarse entre los árboles, de las hojas verdes, del pasto, de la tierra…
Artemis aspiró profundamente y sonrió.
-Mmmmm, qué rico polen. Ven con alergia mañana y vas a hacer abdominales hasta que te revienten las tripas-
Así como los botoncitos en las copas de los árboles, las campanitas en los arbustos y los Valthemoon, el ánimo competitivo de Gerard Greenhouse florecía en los primeros días de Noviembre, no sólo porque el último tramo del año escolar acababa de empezar (y estaba a la vuelta de la esquina de terminar), sino porque le gustaba que cada uno de los miembros del equipo de esgrima dejara el año escolar en perfectas condiciones y que regresara en condiciones aún mejores. Tenía un plan de metas por escrito y de acuerdo a ellas, un plan de esperanzas para el año siguiente.
-Ya déjala, Gerard, Artemis es como yo, no le da alergia- dijo Gunr, al llegar a ellos.
-Meh. A ver, Lupo, Bóreas, Leto, ustedes adelante, feliz Primavera. Tú también Gunr. Trotaremos unos minutos antes de que venga el profesor Pólux-
La práctica de esgrima terminó temprano porque empezó temprano ese día y, por mucho que lo quisiera ocultar con comentarios venenosos como el que acababa de hacer, Greenhouse estaba muy contento con el desempeño de sus compañeros. Y el profesor Pólux, más que contento. Desde que ganaron los Juegos Interescolares, Pólux Altair había tomado la costumbre de saludar a sus alumnos con un abrazo fuerte y despedirlos con otro más fuerte aún, dando siempre palabras de aliento y de reconocimiento. Era el padre más orgulloso del mundo y no tenía vergüenza de demostrarlo.
En ese momento, por ejemplo, tenía las manos puestas sobre los hombros de Alea y Lupo, les sonreía y los animaba, probablemente por el asunto de las varitas que se unían con las espadas que ellos habían hecho durante toda esa sesión, junto con Greenhouse.
-Estornudas y te vas de frente a la enfermería, Black-
-Basta, Gerard, déjala tranquila-
-No la defiendas, Gunr, ya tiene a Alea para eso-
-No me necesita, ni a Alea, Artemis tiene la piel dura, como yo: somos unas amazonas-
-Feminista- gruñó Greenhouse.
-Y a mucha honra. En fin. Quería hablarte de las vacaciones, postulé para un programa que busca talentos en la esgrima. Ayer mis papás me mandaron una lechuza, me aceptaron y me darán una beca-
-No he sabido nada de programas que busquen talentos en esgrima mágica… me hubieran mandado una solicitud-
-Es porque es esgrima muggle-
- ¡Gunr!-
-Siempre te he dicho que quiero explorar los dos mundos, es necesario para crecer como esgrimista-
-No, no es necesario, es aburrido: se mueven en una sola línea, sólo puedes dar unos cuantos pasos, te enchufan cosas en el cuerpo… ¿qué tipo de ganancia puedes obtener de algo tan aburrido y controlado?-
-Rapidez. Efectividad. Control de la energía… en todo caso no te estoy pidiendo permiso ni nada, sólo te contaba para que no te sorprendas cuando vayas a buscarme a mi casa y no me encuentres-
- ¿No habrá verano esgrimista?-
-No-
- ¿Estás rompiendo una tradición de 11 años?-
-Te estoy dando la oportunidad de darle más tiempo a tu novia y de evitar el ataque de celos veraniego. Puedes practicar con tu papá, además-
-Mi papá está viejo-
-Tu papá es diestro y nos ganaría a los dos con la zurda y una rodilla mala-
-Eso no le quita la vejez. Black, qué diablos haces espiando las conversaciones de los mayores, ya te puedes ir, ¿no tienes nada que hacer? Merlín… vive tu vida, pero por favor, no comas, tu nuevo uniforme a penas te entra-
-Me queda holgado- fue lo único que Artemis dijo antes de irse, porque, en realidad, lo único que escuchó de toda la conversación fue la parte que le siguió a su apellido. Antes de eso, estaba mirando fijamente al profesor Pólux, a Lupo y a Alea, preguntándose cómo se sentía hacer eso que podían hacer: juntar la varita con la espada. Lo había visto un par de veces antes y recordaba haberse cautivado por el espectáculo, pero nunca como en la práctica de ese día, tuvo la certeza de que lo genial que podía ser controlar una espada así. O una varita así. Vio de cerca a Lupo, a Alea y obviamente a Greenhouse, tratando de no dejarse llevar por lo maravilloso del espectáculo para concentrarse la técnica y descubrió que era maravillosa.
Un maravilloso nuevo mundo por conocer: la posición de los pies, la manera de arquear la espalda, los movimientos de los brazos, de las rodillas, incluso de la cabeza, las reglas para rechazar los ataques con la espada y con el cuerpo, todo había cambiado. Incluso sus compañeros habían cambiado. Alea, que era letal y directa se volvía una mariposa en los duelos, revoloteando alrededor de su contrincante, con la espada ligera como jamás la había visto. Lupo, el pensante, se convertía en Lupo el impulsivo, Artemis lo veía con claridad, sus movimientos ya no eran los de un jugador de ajedrez, anticipados, planeados, sino que respondían únicamente a lo que el otro le daba y eso hacía que sus pies y sus manos, incluso su expresión cambiara. Era libre.
Nuevos movimientos que la llevarían a ser… ¿Qué tipo de Artemis?
Estaba intrigada. Estaba cautivada. Y por eso esperaba el momento en el que el profesor Pólux liberara a sus compañeros de su prisión de amor para acercársele y preguntarle si era posible, tal vez, sin ningún tipo de pretensión, saber si es que él creía conveniente, o no, no habría ningún problema, que ella pudiera… a ver… preguntarle si es que él creía si era prudente, si es que creía que ella estaba lista para aprender lo que sus compañeros manejaban tan bien. Era hora, después de todo, Alea, Lupo y Greenhouse estaban en sexto año, debieron aprender en algún momento de su cuarto año o del quinto. O desde antes.
Suspiró.
- ¿Profesor Pólux?- llamó, cuando el profesor despedía con una manito a Lupo y Alea, que corrían juntos hacia el Castillo Joven.
- ¿Alumna Artemis?- respondió el profesor, aun despidiéndose.
-Ah, quería hacerle una pregunta-
-Suéltala con confianza-
Artemis pensó que no podía soltar nada con confianza si es que su interlocutor no la estaba mirando a los ojos… pero luego recordó que ese era un mal hábito que había adquirido en sus clases con Gamma. Antes de eso, era la reina de la indirección.
Tal vez era suficiente con lo que el profesor Gamma le enseñaba. Los exámenes finales estaban cerca y aún tenía que hacer su papel final sobre el descubrimiento de su Encantamiento Oculto… la esgrima, Gamma y los estudios eran una carga bastante pesada. ¿Estaba segura de que quería más?
No. Sí. No. No. Sería mejor concentrarse. No. Sí. Sí. Tenía que ocupar en algo el tiempo que Saba le había dejado libre, porque, por alguna extraña razón había decidido pasar más tiempo con el horrible monstruo que tenía como novia y por una razón más extraña aún ella había decidido no torturarlo al respecto. Aunque se sentía sola a veces. Pero no quería pensar en eso, porque entonces pensaría en Sami y sentiría ese hueco horrible en el pecho que estaba empezando a sentir en ese momento, una sensación de vacío que se la comía por completo y la enajenaba incluso de sí misma.
-Quería preguntarle si puedo aprender eso- soltó, sin pensarlo más.
- ¿Aprender qué?- el profesor Pólux se volteó para verla.
-Lo que vimos hoy, lo que hicieron Alea y Lupo-
Pólux Altair se puso serio de la nada. Artemis intentó no apartar la mirada, aunque ya empezaba a sentir vergüenza. Tal vez el profesor pensaba que aún no estaba lista.
Pero ella creía que sí lo estaba. Había ganado velocidad y dirección gracias a sus sesiones con el profesor Gamma, sus instintos estaban más afilados, por lo que podía reaccionar antes a las acciones de los otros. Sin contar con que su resistencia física había aumentado exponencialmente. Sí. Estaba lista.
-La escuela tiene la política de no enseñar esta técnica hasta el sexto año, a menos que sea por invitación. Y sólo ha habido cuatro invitaciones en los últimos 10 años. Las de tus compañeros- le explicó el profesor Pólux con seriedad- ¿entiendes por qué?-
Artemis negó, pero luego asintió, con una sonrisita.
- ¿Qué pasó?- preguntó el profesor Pólux.
-Es que no se me había ocurrido pensar en mi espada como un arma hasta hoy- admitió.
Había conocido los floretes en primero y se había enamorado de ellos al instante, más tarde conoció a los sables y a las espadas y años después le dieron uno de los mejores regalos del mundo: su propia espada. Pero en todo ese tiempo, incluyendo en los momentos en los que vivió completamente obsesionada con la esgrima, no había pensado en la espada, el sable o el florete como armas que podían hacer daño a otras personas. Sabía que lo eran, no era estúpida, pero también lo era su varita y tampoco se había puesto a verla como un arma.
El profesor Pólux también sonrió.
-Entonces entiendes que no sólo te estaría enseñando una técnica deportiva complicada, sino también te estaría dando el manual del manejo de un arma muy peligrosa…- Pólux suspiró- tienes tu propia espada desde el año pasado y nunca la has usado contra nadie. Sólo para practicar- recordó- pero eres muy joven, ¿13 años?-
-14 cumplidos hace poco-
-Y eres impulsiva-
-No tanto-
El profesor Pólux la miró con una ceja levantada.
-Un poco- concedió Artemis- pero soy responsable y disciplinada. No… destruyo cosas…-
El profesor Pólux volvió a mirarla con una ceja levantada.
-En lo que tiene que ver con la esgrima- tuvo que aclarar, a su pesar- nunca he sido nada más que devota al equipo. Y soy buena-
-Eres buena-
-Gracias-
-No hay por qué, es la verdad. Eres buena, has mejorado- el profesor Pólux miró a Artemis fijamente, sin cejas levantadas ni miradas serias, sino con la transparencia y la frescura que caracterizaba a los hermanos Altair- y confío en ti-
Artemis no supo por qué, pero sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Así que mandaré la solicitud… la verdad es que ya estaba lista, pero pensaba enviártela en verano con el resto de tu correspondencia, para que empezaras a entrenar conmigo el próximo año-
-No sabía…-
-El factor sorpresa lo hace más interesante… y tú lo destruiste- Pólux la despeinó con especial dedicación, mientras Artemis se retorcía bajo su mano gigante, sonriendo- pequeña… destructora… de sorpresas- le decía, mientras la despeinaba.
Con un movimiento rápido, Artemis se desembarazó del profesor Pólux y corrió unos metros más allá, aun sonriendo. Pólux le concedió la huida con ambos brazos abiertos y una carcajada latente. Sus ojos estaban llenos de vida, sus dientes eran tan blancos que reflejaban el sol y sus brazos amplios prometían un abrazo cálido… el profesor Pólux había sido el primer hombre por el que Artemis había suspirado, en primero, cuando se veía tan mayor y tan lejano; recordaba cómo deseaba con fuerza que la mirara mientras ella hacía cosas geniales con su florete, cómo su día mejoraba instantáneamente si el profesor le ponía una mano sobre el hombro, aprobándola. Y lo veía ahí, sonriendo como un amigo más, como un compañero, con una frescura que tal vez le pertenecía más al profesor Cástor que a él, y la embargaba eso que sintió cuando aspiró el aire y el aroma de las flores y las hojas.
Pero el hueco extraño que tenía en el pecho lo absorbía todo cuando menos se daba cuenta y le dejaba a cambio una vana sombra de lo que debiera ser.
Debió haber un abrazo, pero en cambio, hubo risas atascadas en las gargantas de ambos, indicaciones dadas desde lejos y despedidas con manos levantadas.
Artemis se subió la capucha y dejó el claro sin decir una palabra al resto de sus compañeros, rápida como un espectro. Y así de rápida llegó a su sala común. Saba aún no llegaba, porque estaba con eso que tenía nombre y forma humana, pero que no era sino la suma de todo lo más asqueroso y rastrero que existía en el mundo… y eso estaba bien. Artemis había decidido que no le importaba, porque su mejor amigo tenía su manera de lidiar con lo que fuera que estuviera sintiendo. Si era un vacío, como el de ella, y Hanna Marianne era quien podía llenárselo, entonces que lo hiciera. Punto.
- ¿Quieres que la atormente?- le preguntó Creixell unas tardes después, cuando estaban en el comedor.
Artemis almorzaba sola por segunda vez consecutiva y, aunque mantenía la idea de que su mejor amigo debía ser libre de lidiar con sus problemas como pudiera, su ausencia estaba empezando a chocarle. Al parecer Creixell lo notó y se le acercó sin disimulo, se sentó a su lado y se quedó como ella, mirando a Saba besar con mucho cariño a Hanna Marianne, mientras se daban de comer mutuamente, en un jueguito mucho más adorable que asqueroso, lamentablemente.
- ¿Ah?- preguntó Artemis.
-Te he visto viendo-
-Pensé que no me hablabas-
-Considéralo como un regalo de renovación de amistad- respondió Creixell, resuelta- sabes que no puedo no hablarte por mucho tiempo, eres adorable-
-Basta-
Creixell soltó una risotada.
- ¿Entonces? ¿La atormento?-
Artemis suspiró.
-Sólo un poquito- pidió.
-A tus órdenes… le levantaré la falda en clase o algo así. ¿Te molesta si te acompaño a comer?-
-Ya terminé-
-Ah, sí, ya vi. No hay problema, nos vemos por ahí-
Artemis asintió, se puso de pié de inmediato y salió del Comedor lo más rápido que pudo y, a pesar de que supiera que Creixell no la iba a seguir, casi corrió por los pasillos que la separaban del pórtico del Castillo Joven, se puso la capucha de un manotazo y entonces, emprendió la carrera de su vida hacia el gimnasio.
El profesor Pólux le había dicho que aprovecharían esa hora que tenía libre el lunes después del almuerzo para empezar con el entrenamiento de la Doble Especialización, que era el nombre real que aquello a lo que todo el mundo se refería como "el tiqui tiqui que se hace con espada y varita". Miró a su alrededor antes de entrar y cuando lo hizo, se cuidó de ser lo más sigilosa posible.
- ¿Alguien te persigue, Black?-
Artemis se estremeció. No acababa de terminar de cerrar la puerta, siempre atenta a lo que pasaba afuera, cuando escuchó la última voz que esperaba escuchar.
-No, capitán- respondió, con la voz baja.
-Más nos vale-
-Tenía que encontrarme con el profesor Pólux-
-Sí, pero no va a venir-
- ¿Qué?-
-Lo convencí para que fuera yo quien te introdujera al mundo de la Doble Especialización. No fue difícil, después de todo eres mi suplente y probablemente quien me reemplazará cuando me vaya… tenemos un estilo muy parecido de pelear, usamos la misma arma blanca-
No. No. No. Artemis no lo iba a permitir.
-Si el profesor Pólux no puede hoy, mejor regreso mañana o cuando pueda-
-No- con un movimiento rápido de su varita, Greenhouse cerró con llave todas las salidas posibles del gimnasio, incluso las ventanas.
Artemis emitió un gruñido silencioso de desesperación. ¿Cuándo iba a poder vivir en calma? Sami quiso algo de ella e hizo que todos en una sala quisieran algo de ella. Ru quería todo de ella y ahora Greenhouse… ¡Y se atrevía a utilizar el lugar más sagrado de la escuela! ¡Se atrevía a arruinar lo que debería ser lo mejor que le pasaba en esa parte del año!
Estaba harta.
"Sigue a tu instinto, Artemis"
- ¿Ahora qué?- preguntó, con suavidad, como poniéndose en guardia.
-Ahora voy a darte tu primera lección- le respondió Greenhouse, adoptando la misma posición- y no vas a salir de aquí hasta que la hayas aprendido. Ya sabes que soy exigente. Ahí va: la Doble Especialización es una técnica mágica que sólo dominamos tres personas en esta escuela, casualmente las tres únicas personas que recibieron cartas de invitación antes de tiempo. Bueno, Gunr también recibió una, pero se negó porque está obsesionada con la esgrima muggle. A Alea, Lupo y a mí nos ha costado mucho trabajo, pero somos mucho mejores con esta técnica que cualquier estudiante de sétimo, ¿por qué? Porque somos excelentes en esgrima y también en la magia. Magia. En general. Somos buenos con la varita, en Encantamientos, Transformaciones, etc, etc, etc… tenemos las notas que lo demuestran. Y tú no. Así que mañana antes del entrenamiento vas a decirle al profesor Pólux que te has dado cuenta que es demasiado temprano para ti, que no tienes lo que se necesita en las demás disciplinas que se necesitan y que te esforzarás el año que viene para que en sexto, como el resto de los mortales, domines la Doble en un segundo ¿me entiendes?-
-No-
-Lástima, porque es una orden-
"Sigue tu instinto, Artemis"
- ¿Y si no lo hago me va a delatar con Viper, capitán?-
Greenhouse reaccionó al golpe, pero se repuso de inmediato.
-No, te voy a sacar del equipo de esgrima-
-No puede hacer eso, el único que puede es el profesor Pólux. Y no creo que lo convenza-
-Entonces no te voy a dejar practicar, te voy a tener haciendo abdominales todo el tiempo, en detención médica porque es más que seguro que no pasarás los exámenes de Miss Grapehood y cuando encuentres un huequecito, un lugar en donde puedas desenvainar tu florete, lo voy a tapar con mi cuerpo. Después de todo, eres mi suplente y si no quiero dejar de pelear, no peleas. Me reventaré las rodillas si es necesario—
-No harías eso-
- ¿Harías? Estamos entrando en confianza, Black-
Artemis se encogió de hombros.
-O puedo decirle a todos que eres la rata Stormenhand de Viper- dijo, tranquilamente.
Greenhouse estaba esperando ese golpe, aunque tal vez no esperaba que Artemis lo diera con tanta seguridad. Fue extraño. Por primera vez en todo ese tiempo, Artemis sentía que su capitán dejaba de serlo, no porque ella dejara de verlo así, sino porque él se quitaba esta corona invisible e inmensa que siempre tenía en la cabeza y lo separaba del resto de los mortales. Y la miraba como miraba a Lupo o a Alea. Como a un igual. Tenía que aprovecharlo.
-Alea estaría particularmente decepcionada-
Los había visto todos esos años y siempre lo había sabido, aunque no se diera cuenta de que lo sabía. Alea no era la mejor amiga de Greenhouse. Así no se portaban los mejores amigos. Sus manos siempre buscaban tocarse, entrelazarse; cuando todos estaban en un círculo, notaba que ambos se apretaban contra ellos con más fuerza, que Greenhouse olía el pelo de Alea con disimulo, pero lo que no podía disimular era la tranquilidad que sentía después de hacerlo. No podía disimular la admiración con la que la miraba cada vez que hablaba, la fascinación que sentía por su técnica con la espada, con el sable y el florete. Todos sabían que el capitán tenía una novia muggle de toda la vida, pero Artemis podía jurar su vida a que todos también sabían que cada uno de sus sentidos apuntaban a Alea, con ardor, con calma, con amor.
Greenhouse la miró con horror.
-Lo sé- admitió Artemis.
-No sabes nada-
-Sé que te gusta Alea, que a ella le gustas y que eres un espía de Viper… pero quiero dejar de saberlo-
- ¿Ah?-
-Te devuelvo tus secretos a cambio de que me dejes aprender la Doble Especialización-
- ¿A qué te refieres?-
-No me interesa delatarte- confesó Artemis- y ya me cansé de encubrirte, te devuelvo tus secretos, no sé nada-
-No puedes hacer eso, Black. Una vez que lo sabes, lo sabes y lo sabrás siempre-
-No, puedo dejar de saberlo, si me prometes que el profesor Pólux va a enseñarme la Doble Especialización, te prometo que olvidaré—
-Dijiste encubrirme-
-Tonda sabe-
-Por supuesto que Tonda sabe… pero cómo sabes tú que él—
-Sabes cómo-
No había ni ninguna razón por la cual gastar energía en ocultarlo: Greenhouse sabía del comando anti – Viper. Y si no lo sabía, lo haría pronto, Lupo y Alea tenían la idea de integrarlo desde el inicio.
Greenhouse asintió.
-Somos todos unos Darkenlords, guardando secretos y todo- dijo, burlón- lo siento, Artemis, no puedo-
Artemis asintió, con tristeza.
- ¿Vas a delatarme?- preguntó Greenhouse.
-Ni bien salga de aquí, mientras más rápido se sepa, más rápido dejarás de ser el capitán y cuando no seas el capitán, no importará lo que le digas al profesor Pólux-
- ¿En serio harías eso?-
Le había dicho a su mejor amiga que no era nada para ella. Desde ese momento, Artemis sintió que podía hacer cualquier cosa.
Asintió.
- ¿Por qué?- preguntó Greenhouse.
-Porque de verdad quiero aprender-
-No, ¿por qué no lo hiciste antes?-
Artemis se encogió de hombros.
-No puedes no saber, Black-
- ¿Por qué te metiste de rata de Viper?-
-Porque me lo ofrecieron-
-Pudiste negarte-
-No, no pude-
- ¿Te amenazaron?-
-No, el profesor Viper fue muy gentil y me dio la oportunidad de hacer algo para resolver un problema que me venía molestando por bastante tiempo-
- ¿Qué?-
-Tú. Y Ghana. Y Alea y Lupo-
-Al menos te deshiciste de Ghana-
-No, a Ghana llegué muy tarde-
-No, la botaron, vuelve pasado mañana…-
- ¿Por qué tienes que ser tan estúpida, Black? Haces que todo sea más difícil. Dije que llegué tarde a Ghana, porque no pude hacer nada para que se quedara. Mi problema es que sé que algo te pica, algo le pica a Alea, a Lupo y no son capaces de conformarse con la esgrima o volar o quien sabe, no, ustedes tienen que ir y rascarse en los problemas. No creas que no sé que tú y tu banda de Stormenhand de tercer grado andan haciendo destrozo y medio por la escuela, metidos en quién sabe qué cosas que no son cualquier cosa, que son peligrosas. El resto de tus amigos me vale rata, pero no podía permitir que a Ghana y a ti les pasara algo porque el equipo de esgrima se defiende y yo soy su capitán. Además somos hermanos-
-Tus otros hermanos no te importan-
-Mis otros hermanos no hacen esgrima, uno puede tener favoritos-
-No. Tú no te hiciste Comando de Viper para cuidarnos… es una buena excusa pero—
-Desde la segunda audiencia Viper ha estado interesándose más en ti. Ha ojeado tu record de notas y me ha dicho que te tenga en el panorama. Le interesa esto del patronus, pero, sobre todo, que puedas hacer cosas a escondidas de tu tutora. No es que te esté mirando ahora, pero qué crees que pasará si recibe la Invitación que manda el profesor Pólux. No sólo un año antes, sino tres años antes…-
- ¿Me está mirando?-
-Aún no-
-Me está mirando-
-No con atención. Yo soy quien te mira por él-
El miedo se apoderó de Artemis de inmediato. Casi podía sentir el ojo de Viper encima de ella, desenrollándole la venda del brazo, descubriendo de a pocos su cicatriz, sus dolores de cabeza anuales y sus vómitos. Sus explosiones.
¿Y si Greenhouse ya lo sabía?
Le temblaron las piernas y necesitó a Saba a su lado más que nunca, para que la defendiera.
-Pero lo hará si sigues—
- ¿Por qué me estás diciendo esto?-
-Porque te estoy cuidando, idiota. Y a Alea y a Lupo. Si Viper se entera de su grupito…-
Artemis asintió, si se enteraban de su grupito…
De pronto le dejaron de temblar las piernas. El profesor Gamma la estaba ayudando, con el profesor Dimber atrás, permitiéndoselo, no había manera de que dejaran que Viper supiera que explotaba. No había manera de que Viper supiera qué tenía bajo su venda, porque ese brazo era suyo y para acercarse a él tendrían que acercarse a ella y defenderse de todos sus ataques. Y de los de su padre y su tío, ellos tampoco permitirían que le pasara nada.
¿Y si todos le fallaban, como Sami?
Entonces se defendería sola, como contra Sami.
- ¿Artemis?-
Lo único que le importaba a Greenhouse era el grupo que tenía con Alea, Lupo y demás. Eso era fácil de resolver.
-Los dejaré- dijo, sin respirar.
- ¿Qué?-
-Si Viper me está mirando, es mejor que los deje-
-Viper no te está mirando-
-Pero lo hará cuando le llegue la Invitación-
-No le llegará una Invitación-
-Viper me mira de todas maneras, aunque sea a través de ti… Alea y Lupo estarán siempre en peligro mientras yo esté en el grupo-
-No necesito que seas una mártir, me estoy esforzando por que—
-No necesito que te esfuerces, ya tomé una decisión. La esgrima no tiene nada que ver- mintió Artemis.
- ¿Tan importante es tu grupo?-
-Para mí sí-
Greenhouse asintió.
-Si me entero de que no te has salido, te juro Black, no me importará que seas Stormenhand…-
Artemis asintió esta vez.
-Promete que Pólux me enseñará-
-Lo prometo-
-Este año-
-Ni bien me entere de que te saliste del grupo. Y no te metiste a otro-
-No mientras Viper esté mirando-
- ¿Tanto te importan?-
Artemis asintió. Pero mentía. El grupo anti Viper le importaba tanto como el pasto que pisaba todos los días, pero sabía que tenía que darle algún tipo de tranquilidad a Greenhouse, tenía que hacerle pensar que le costaba, que era un gran sacrificio que estaba haciendo por un bien mayor y, finalmente lo único que le importaba a su capitán, por Alea y Lupo. Es más, casi no pudo contener las ganas de reír y echarse en el pasto en esa tarde hermosa de primavera, porque, por fin, podría salirse de ese grupo odioso al que ni siquiera había elegido entrar. Podría alejarse de todas esas personas que no eran más que ojos que la observaban y se enteraban de sus secretos y los usaban más adelante. Por fin podría dejar de quejarse y empezar a recuperar el momento en el que sólo eran Saba y ella. Aunque Saba estuviera a medias.
No más problemas gratuitos, no más miradas inquisidoras de todos. No más obligaciones.
Un peso menos.
Greenhouse la escoltó hasta su salón de Encantamientos Ocultos sin decir una sola palabra, aún sin ponerse esa corona invisible que lo hacía superior a los demás. Eso también era un peso menos, Artemis le había devuelto sus secretos y, a cambio, Greenhouse parecía dispuesto a tratarla como si la considerara un ser humano.
-Buenas tardes, Artemis-
-Buenas tardes, capitán-
Durante la clase de Encantamientos Ocultos, Artemis fue su propio grupo, porque el profesor Dimber quería aprovechar al máximo las cualidades que acababa de descubrir que tenía. Se refería, por supuesto, a su capacidad de hacer un patronus hecho y derecho… por suerte no le pidió una demostración frente a la clase, ni en privado. Es más, el profesor Dimber a penas mencionó el nombre del encantamiento cuando le daba las recomendaciones para el ejercicio que tenía que hacer.
Al principio Artemis había odiado esas clases casi tanto como las de Viper, porque el profesor Dimber les pedía ensayos complicados sobre sus sentimientos y las cosas que se movían en su cuerpo cuando les daban ciertos estímulos, pero en esos últimos meses Encantamientos Ocultos se convirtió en uno de sus cursos favoritos, no sólo porque ya había descubierto el suyo, sino porque le permitía despejar su cabeza de todo, concentrarse en ella misma y concentrar su poder, algo para lo que, como iba descubriendo, era muy buena.
-Excelente trabajo hoy, Artemis, espero nada menos para la próxima clase-
-Sí profesor Dimber- aunque hubiera querido abrazarlo y acurrucarse en su enorme panza de Papá Noel, Artemis sólo le dedicó un asentimiento educado y corrió fuera del salón.
Caminó entre sus compañeros con cierta torpeza, chocándose sin querer con Hada y Otto, que iban discutiendo algo en voz alta.
- ¡Saba está para el otro lado!- le gritó Marcus, cuando Artemis le pisó el pié.
Pero ella no lo oyó, no buscaba a su mejor amigo.
-Creixell- susurró, cuando estuvo cerca de ella.
Creixell se detuvo de inmediato y se volvió hacia Artemis.
-Hola Artemis, no he podido hacerle nada a Hanna Marianne todavía, pero…-
-No, no. Necesito que convoques a la gente-
- ¿Ah? Si quieres hablar con Ru, ahorita sale del baño, se meaba desde el inicio de la clase, por eso se fue corriendo…-
-No- dijo Artemis deprisa- quiero hablar con todos- admitió, con más tranquilidad- hoy en la noche-
- ¿Tan pronto?- a pesar de su sonrisa, el semblante de Creixell se oscureció- ¿está todo bien?-
-Sí. A las 8 en los camerinos. ¿Puedes?-
-Sí-
-Gracias-
Y tan rápido como llegó, se fue.
Y tan rápido como se fue, llegó ella a los camerinos. Y llegaron todos, reuniéndose en la oscuridad a tientas, como quien ha perdido la costumbre. Artemis oyó los susurros de Dan Bryce y de la chica que siempre estaba con ella, las risas de Alea, Lupo y Tonda, incluso los comentarios que Saba y Ru hacían sobre el equipo de quidditch. Estaban todos. Incluso Adrian Acutus, aunque no hablara. Estaban todos y ella estaba lista, se la había pasado ensayando ese momento las dos últimas horas del día.
-Tengo que dimitir- dijo, sin más introducción, con la voz calmada, pero gruesa, dura.
Todos se quedaron en silencio y antes de que volvieran a hablar, Artemis continuó.
-Después de lo que pasó en las audiencias, Viper me observa-
- ¿Cómo sabes?- preguntó Ru, de inmediato.
-Me lo dijo-
-Mierda- soltó Adrian Acutus.
-Además, el profesor Pólux me va a enviar una Invitación para empezar a aprender la Doble Especialización… y esa Invitación tiene que ser aprobada por la tutora, el Subdirector y el Director-
-Más razón para que te mire- susurró Dan Bryce- ¿por qué ustedes los Stormenhand tienen que ser tan buenos con la esgrima?-
-Artemis se lo merece- admitió Lupo Munin.
-Por eso- dijo Artemis, levantando la voz para recuperar la atención de todos- tengo que dejar el grupo. He faltado a nuestra promesa—
-No por tu culpa- rescató Alea.
-De cualquier forma, soy… Viper… me está mirando y me va a mirar con atención. Eso los va a poner en peligro-
-Es verdad- admitió Tonda.
-Lo siento-
-No lo sientas, Artemis… puede ser una separación temporal, el año ya se va a acabar- observó Alea- tal vez el próximo año, cuando las aguas se calmen, puedas volver. Todos sabemos que no es tu culpa, que no te has acobardado ¿no?-
Todos murmuraron palabras que Artemis no alcanzó a distinguir, básicamente porque no le interesó hacerlo.
-Tienes buenas razones- soltó Ru, haciendo que todos se callaran- y aunque no las tuvieras, nadie puede detenerte. Desde ahora, ya no eres miembro de este grupo-
-Pero podrá volver- repitió Alea.
-Podrá si quiere-
-Nos estamos quedando sin gente, jefecito- comentó Adrian Acutus.
-Ghana Abies llega pasado mañana- le respondió Ru, con seguridad.
- ¿Y ella no va a estar observada? ¡Viper la expulsó!-
-Vuelve a ganar honores para seguir siendo una delegada y a estudiar duro para compensar estos meses, tiene la mejor coartada del mundo- defendió Creixell- además, Ghana es mucho más sigilosa que cualquiera de nosotros, nadie la va a descubrir-
-Será bueno tenerla- dijo Lupo Munin- es muy talentosa-
-Es la mejor bruja de todos los de tercero- aseguró Creixell, con orgullo- no es que esté feliz de que te vayas, Artemis, pero tienes razón, tu posición nos pone a todos en peligro y… bueno… que Ghana ocupe tu lugar… tienes que admitir que es una salvada muy buena-
-Sí- dijo Artemis, entre dientes. Las palabras de Creixell la pusieron celosa. La manera en la que hablaba de Ghana siempre era tan devota y tan leal… ellas dos también se hicieron amigas desde el primer día, también habían peleado muchas veces y de manera terrible, pero ninguna había traicionado a la otra.
Por suerte estaban en la penumbra absoluta, porque Artemis había empezado a llorar.
-Bueno, si no hay nada más que hablar, cosa que espero, me retiro, tengo mil pergaminos que leer para los finales- dijo Dan Bryce, apurado- estoy estudiando como Valthemoon-
-Como se debe- dijeron Lupo y Tonda a la vez.
- ¿Hay algo más, Ru?- preguntó Morea Nash.
-Artemis fue quien los convocó, que ella diga-
-No, nada más- respondió Artemis- buena suerte a todos-
-Y buena suerte a ti- le dijo Alea- que Viper quite su ojo de encima pronto-
-Gracias-
Nadie más le dijo nada, sólo Lupo (supuso que era él), que le puso una mano encima del hombro, y uno a uno fueron dejando los camerinos, hasta que al final sólo quedaron ella y Saba, ocultos por la oscuridad. Eso era lo único que esperaba: las preguntas de su mejor amigo.
-Así que Gerard te encontró primero-
Artemis se puso en guardia de inmediato, la persona que se había quedado con ella no era Saba, sino Tonda.
Trató de normalizar los latidos de su corazón recordándose que esa misma mañana le había hecho frente a Greenhouse y había salido victoriosa, lo mismo podía hacer con Tonda. Incluso de la misma forma.
¿Cómo pudo olvidar a Tonda?
- ¿Me estabas buscando?- le preguntó.
-No, no puedo. Desde el momento en el que cumpliste la palabra de tu capitán, yo empecé a cumplir mi palabra de Tonda: eres intocable. Te lo iba a decir de todas maneras, lo de Viper mirándote, tal vez mañana…-
- ¿Soy intocable?-
-Palabra de Tonda-
- ¿Por qué?-
-Por obra y gracia de Gerard Greenhouse, el novio de mi hermana gemela… y buen amigo mío en el mundo fuera de Goldewand- Tonda rió- la Primavera Valthemoon no es para todos, Stormenhand. Mi consejo: deja de sacudirte y alejarte de las personas, úsalas-
Artemis abrió de un portazo el gimnasio. Sabía que su capitán iba a estar ahí, a esa hora, rodeado por los muñecos encantados del profesor Pólux, practicando la Doble Especialización como si estuviera en medio de una batalla.
- ¿¡Quién mierda—
- ¡No soy tu protegida!- bramó Artemis, antes de que Greenhouse pudiera reaccionar.
