CAPÍTULO 53 – ESTAMOS AQUÍ REUNIDOS

-NARRA LIZ-

Después de escuchar la conversación entre David y Joe, y de ver a Javier y a Anne saliendo de lo que parecía su "aventura amorosa", me quedé escondida debajo de la barra de las bebidas. Sólo el camarero me miraba de vez en cuando con cara de extrañeza, pero por suerte, no dijo nada.

-Ponme más de esto, por favor –reconocí la voz de Javier.

-Lo siento, ya no servimos más bebidas. Estamos a punto de llegar al puerto –contestó mi amigo el camarero.

Me levanté de un salto, aún sin saber muy bien qué iba a hacer. El italiano me miró sorprendido. Y es que, no todos los días aparece una loca con el rímel emborronado de detrás de una barra.

-¿Así que Anne, eh? –espeté, yendo directa al grano. Javier esbozó una sonrisa ladeada.

-Hola, Lizzie. No estoy de humor para discutir contigo ahora, y menos sin una copa –respondió, dando media vuelta.

Corrí detrás de él, saliendo de mi escondite. Le obligué a pararse en seco cogiéndole del brazo con una fuerza inusual.

-¿Qué estabas haciendo con ella? –le pregunté. La gente seguía demasiado ocupada en sus asuntos como para darse cuenta de nuestra conversación.

Sólo deseaba que no aparecieran ni David ni Joe alrededor.

-No es algo que te tenga que contar a ti, bella -me dijo el italiano. Endurecí mi expresión.

-Creo que sé más o menos de qué se trata –él me miró fijamente con ojos burlones –; Javier, sé que Anne es guapa, pero está prometida. De hecho, se casa mañana, por si no lo sabías.

-Oh, lo sabía –respondió con suficiencia. Me di cuenta de que empezaba a ponerse algo nervioso.

-Entonces, espero que tengas claro que en el momento en que te bajes del barco, todo se habrá acabado entre vosotros.

Javier se rió ligeramente.

-Liz, tú siempre tan preocupada por los demás… -sacudió la cabeza –. Creo que deberías ir a ocuparte de tus asuntos… tu novio está bailando con otra chica. ¿Es Taylor Swift?

No iba a reconocer en sus narices que había roto con Joe, y menos después de esa pequeña conversación. En vez de eso, alcé la cabeza toda digna y me di media vuelta.

Estaba claro que él y Anne habían hecho algo en ese camarote. Y ahora la cuestión era, ¿debía contárselo a alguien?

-¿Quién era ese? –me asaltó David de repente –; llevo buscándote desde hace un buen rato.

Esbocé una sonrisa rápidamente.

-Eh, era un viejo conocido. ¿Bailamos?

No, no iba a contárselo a nadie. Al fin y al cabo, ya no era mi problema.

-NARRA NICK-

Al parecer la fiesta había sido un éxito. Nadie se había caído por la borda, y eso era algo.

-¿Falta mucho para llegar? –preguntó Summer, después de cinco minutos.

-Ya hemos llegado –respondió April, que la sujetaba para que no se cayera –. Ahora mismo estamos bajando del barco, Sum.

Aún no sabía cuánto habría bebido, pero por lo visto no le había sentado nada bien. Y, hablando de perjudicados, Kevin venía detrás de nosotros… a brazos de Big Rob.

-En serio, Big Rob, que puedo bajar yo solo, no hace falta que me lleves –le decía mi hermano al guardaespaldas.

-No parecía lo mismo cuando te caíste estando parado –respondió Big Rob.

Anne caminaba al lado de ellos, con cara de fastidio. Aún no me entraba en la cabeza que mi hermano se fuera a casar con esa pécora. Pero supongo que yo no era quién para quejarme.

-Espero que papá y mamá estén durmiendo cuando lleguemos a casa –murmuré, acercándome a April.

Ella asintió distraída. Y es que estaba demasiado preocupada por Liz, que había pasado el resto de la noche bailando con David como si se fuera a acabar el mundo.

-¡Nos vemos mañana en la boda! –gritó de pronto David, que estaba a punto de subirse a su coche.

Al fijarme en él, me di cuenta de que Lizzie ya había subido; se iba con él. Me giré para mirar a April, para intentar calmarla, pero vi a otra persona que me llamó más la atención: Joe.

-¿Se va con él? –preguntó el mediano, mirando la estela de humo que el coche de David había dejado al salir de allí tan deprisa.

Por supuesto, la araña… digo, Taylor, iba pegada a él, cogiéndole la mano con fuerza. Pensaba que se habría cansado ya de él.

-Eso parece. ¿Me llevas a mi hotel, Joe? –le preguntó la rubia con voz melosa.

Mi hermano, en vez de apartarse de ella y de aplastarla con un zapato, asintió quedamente. Luego, nos hizo un gesto con la cabeza y tiró de ella hacia su coche.

-Joe, no deberías conducir después de haber bebido tanto –grité, mientras que él le abría la puerta del copiloto a Taylor. Él se acercó hacia mí.

-Puedes hacerme el test de alcoholemia si quieres, hermanito –me dijo. Estábamos solos, ya que April, Summer, Big Rob, Anne y Kevin habían ido ya hacia la limusina que nos llevaría de vuelta a casa.

-¿No has bebido? –pregunté, asombrado. La verdad era que de cerca no olía a alcohol.

-No.

Fruncí el ceño.

-Entonces, ¿por qué te has comportado de esa manera delante de Liz? ¿Por qué estás tan pegado a Taylor? –insistí.

Joe se encogió de hombros.

-Vete con April, Nicholas. Aprovecha el tiempo que te queda con ella –me dijo, dándome unas palmaditas en la espalda.

-Lo dices como si se fuera a acabar –no me gustaba el tono que había empleado.

-Ninguna pareja es perfecta para siempre, Nicholas. Y el ejemplo lo tienes en Kevin y Anne…o en mí y Galleta.

-Nosotros somos…

-¿Diferentes? –me interrumpió Joe, sacudiendo la cabeza –. No, hermanito. No sois diferentes. Sólo hace falta tiempo para que las cosas se tuerzan.

Echó a andar.

-¿Adónde vas? –pregunté, aún preocupado. Aunque no hubiera bebido, eran sus ideas las que me preocupaban.

-A llevar a la princesita a su torre de marfil. Y puede que a revolcarme un rato con ella –respondió Joe, con una sonrisa traviesa.

Me habría gustado poder haber echado a correr detrás de él, cogerle con fuerza de la oreja y obligarle a subir a la limusina con nosotros. Le habría llevado a su habitación y encerrado allí hasta el día siguiente, esperando a que se le hubieran pasado esas ideas extrañas.

Sin embargo, tuve que quedarme mirando mientras que subía al coche, le daba un beso a Taylor y salía del muelle a una velocidad alarmante.

-NARRA APRIL-

-¿Te dijo eso? –le pregunté a Nick después, cuando me contó lo que le había dicho Joe antes de irse.

Habíamos llegado a la casa Jonas hacía un rato, y Big Rob nos había ayudado a llevar a Kevin a su dormitorio, donde se había quedado dormido en un segundo. Anne se fue a dormir a su habitación con cara de mal humor, igual que durante todo el trayecto.

Después, Nick nos había llevado a Summer y a mí a mi casa, y había llevado a Summer, que no paraba de roncar, hasta su cama.

Ahora estábamos los dos sentados en el sofá del salón, hablando sobre la locura de noche.

-Eso me dijo –murmuró Nick, apoyando su cabeza en mis muslos y cerrando los ojos.

Se había aflojado la corbata y desabotonado los botones de la camisa, dejando al descubierto su perfecto cuello. Me obligué a apartar la vista.

-Pero… creía que la princesita del country no era de esas –repliqué, perdida en imágenes no demasiado agradables de Joe y Taylor en posición horizontal.

Sacudí la cabeza.

-Pues parece ser que sí –contestó Nick. Empecé a juguetear con sus rizos inconscientemente.

Ahí estábamos los dos, sentados en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos… o quizá demasiado cansados como para seguir hablando. Pero por alguna razón, estar con él hacía que todo me pareciera una nimiedad, era como si nada tuviera importancia siempre y cuando estuviéramos juntos.

El cielo empezaba a clarear. Habíamos estado de fiesta hasta casi al amanecer, y di gracias a que la boda era por la tarde, porque si no, todos los invitados aparecerían con cara de sueño… y quizá, hasta los novios. Me reí en silencio al recordar a Kevin borracho.

-¿Crees que tardarán mucho en reconciliarse? –preguntó de repente Nick. Me di cuenta de que había abierto los ojos y me miraba con fijeza.

Titubeé.

-Espero que no.

Nick me miró más fijamente aún, si cabe.

-No lo sé –continué, mordiéndome el labio.

-¿Crees que nosotros duraremos? –preguntó de nuevo. Ahora fui yo la que se alarmó.

-¿Por qué preguntas eso?

Nick se incorporó sobre el sofá, envolviendo mis manos entre las suyas.

-No me malinterpretes; yo quiero estar contigo. Pero hay algo que me ha dicho Joe hoy… que me ha hecho pensar –dijo él.

-¿El qué?

-Que ninguna pareja es perfecta, que las cosas se tuercen al pasar el tiempo –explicó. Me apresuré a detenerlo.

-Claro que ninguna pareja es perfecta, todas tienen sus problemas –puso mala cara –, pero eso no implica que rompan. Mira a tus padres, por ejemplo. Ellos tienen 4 hijos maravillosos, no perfectos, pero os quieren. ¿Crees que nunca habrán tenido problemas? –Nick sacudió la cabeza –; y a pesar de todo, siguen juntos.

-Supongo que tienes razón –murmuró Nick.

-Claro que la tengo –repliqué –. Cuando dos personas se quieren y están juntas, pueden pasar muchas cosas entre ellos, pero eso no quiere decir que deban romper. Nadie es perfecto, pero cuando de verdad quieres algo, luchas por ello.

-¿Quieres decir que Liz y Joe no quieren estar juntos y por eso no han… luchado por lo suyo? –preguntó Nick.

-Supongo que se han cansado de hacerlo.

En ese momento, la puerta de la entrada se abrió ruidosamente. Después de escuchar unos pasos acelerados, Liz irrumpió en el salón… seguida de David. Ambos se detuvieron en seco al vernos.

-Se me había olvidado que compartías casa con April –murmuró Henrie, mientras que Liz soltaba unas risitas.

Obviamente, iban bebidos. Mi amiga se enderezó, intentando parecer normal.

-Lo-lo siento… no debíamos haber interrumpido a la pareja perfecta –balbuceó, conteniendo la risa. David le rió la gracia.

-Creo que deberías irte a la cama, Lizzie –repliqué, ignorando su comentario. Nick y yo nos pusimos en pie.

-¿Mientras que tú te lo pasas bien con Nick? ¡Ni loca! –respondió Liz.

-Nicholas se iba ya –insistí, mirando a mi novio con súplica.

Él pareció entender la situación, porque asintió brevemente.

-Y si quieres puedo llevarte a tu casa, David –le dijo el Jonas.

-No, no, no. David no se va a ninguna parte –contestó Liz, colgándose de su cuello –; Él me ha ganado esta noche, soy suya por legítimo acuerdo.

-¿De qué hablas? –pregunté, perdida.

Sus ojos estaban casi inexpresivos, brillantes. ¿Por la bebida o por haber llorado? Nunca lo sabría.

-De nada que te interese. Buenas noches a todos, vamos a colgar el cartel de "No Molestar" así que no os molestéis en abrir la puerta de mi habitación.

Antes de que Liz arrastrara a David escaleras arriba, él se giró:

-Y si oís gritos, no os preocupéis. Todo va bien.

Guiñó un ojo y siguió a Galleta rápidamente, dejándonos a Nick y a mí parados en medio del salón, mirándonos con cara de espanto.

-Por favor, sácame de aquí –le pedí en cuanto oí la puerta de la habitación de Lizzie cerrarse de un portazo.

No quería presenciar lo que fuera que iba a pasar allí.

-Ahora mismo –respondió Nick, cogiéndome de la mano y arrastrándome fuera de la casa.

Hasta que no estuvimos a unos cuantos kilómetros de distancia, no me calmé. Era como si el miedo y la desesperación me hubiera hecho llorar como una tonta. Aunque el aire fresco de la madrugada que entraba por la ventanilla bajada del Mustang de Nick me ayudó un poco.

De pronto, el coche se paró sin que me diera cuenta.

-¿Ya hemos llegado? –murmuré, mirando a mi alrededor. Habíamos llegado a la playa.

-Al principio pensaba llevarte a mi casa, luego pensé en un hotel… pero supongo que es mejor que estemos tú y yo solos.

-No podemos quedarnos aquí. Va a ser de día, esto se va a llenar… ¿y si te ve alguien abrazado a una chica con aspecto horroroso? –susurré, sentada en mi asiento.

-No nos vamos a ninguna parte... aún. ¿Qué te parece si salimos del coche, nos sentamos en la orilla y vemos amanecer? –propuso Nick. Sonreí, mientras que él me secaba las últimas lágrimas que resbalaban por mis mejillas.

Después de bajar del coche, corrimos hacia la arena. Bueno, más bien Nick corrió y me arrastró a mí tras de él. Se negaba a soltarme la mano, ni siquiera cuando llegamos a la orilla y nos dejamos caer, agotados.

-¿No te has traído tu sombrero, para ir de incógnito? –le pregunté, mirando sus ojos marrones. Él sonrió, negando con la cabeza.

-Siempre puedo echarme la camisa por encima de la cara, para que nadie la vea –contestó.

-Yo te reconocería hasta con la cara tapada.

-Sé que lo harías –me dio un beso, abrazándome por la cintura, acercándome hacia sí.

Más o menos en silencio, nos quedamos allí parados, mirando el mar tan tranquilo. Sólo un tipo pasó por nuestro lado, corriendo.

-Los deportistas son muy madrugadores, ¿no? –comenté mientras que se alejaba. Nick se rió, mirando su reloj.

-Un poco… creo que deberíamos irnos ya.

-¿Tan pronto? –pregunté, con voz de niña pequeña que no quiere irse de la fiesta. Él me miró divertido.

Me dio un beso rápido, para luego levantarse, sacudirse la arena del pantalón y tenderme la mano. Resoplé al cogerla.

-Venga. Mi hermano se casa en diez horas –murmuró.

Caminamos hasta su coche, y luego me llevó a casa. El coche de David había desaparecido de la puerta, así que eso era señal de que se había ido. Antes de que bajara, Nick me detuvo.

-Quiero que olvides lo que hemos hablado antes –le miré extrañada –, lo de que si íbamos a durar o no.

Asentí brevemente. Casi no me acordaba de eso ya.

-Para mí, tú eres perfecta. Y por tanto, nuestra relación también –me dijo. Sonreí, pletórica –; y quiero que sepas que yo nunca me cansaría de pelear por esto, porque te quiero.

Volví a asentir como una tonta, cogiéndole por la nuca y acercándome para besarle.

-Yo también te quiero. Mucho. Quizá más de lo que nunca he querido a nadie –respondí. Nick sonrió.

Después de besarnos un rato más, tuve que obligarme a mí misma a bajar del coche. Si no dormía nada, estaría hecha un zombie para la boda.

-NARRA LIZ-

Cuando abrí los ojos ya era de día. Aunque bueno, no había mucha diferencia a cuando me dormí. Y ahora que lo pensaba, ¿cuándo me dormí? Lo último que recordaba era haber aceptado llevar a David a mi casa a dormir… pero, ¿qué había pasado luego?

Asustada, me giré para ver si él estaba en mi cama. Suspiré aliviada al comprobar que no. Pero eso no significaba que nada hubiera pasado… ¿y si…? Negué con la cabeza. No podíamos haber hecho nada, ¿verdad?

Era cierto que ambos habíamos bebido un poco (mucho), pero yo nunca me dejaría llevar hasta tal punto, ¿no?

Antes de dejar que el pánico se apoderara de mí, cogí el móvil rápidamente y busqué el número de David. Intenté ignorar el incesante martilleo que golpeaba mi cabeza.

Después de diez pitidos, David cogió el teléfono.

-¿Di-Diga? –murmuró con voz gangosa. Me dio igual.

-David, ¿qué pasó anoche? –pregunté, asustada. Él gruñó.

-¿Liz? –preguntó.

-¡No, Jesucristo! –grité, histérica –¿qué pasó anoche?

-Dirás qué no paso anoche –contuve el aliento, mientras que él dejaba escapar unas risitas –. Lizzie, te dormiste antes de que llegáramos a la cama. Tuve que llevarte en brazos y dejarte roncando allí antes de irme. Déjame decirte que roncas mucho y…

Colgué.

Y solté un suspiro, aliviada. Nada había pasado.

Más animada, me levanté de la cama y corrí hacia la ducha. Si el reloj no estaba mal, quedaban sólo cuatro horas hasta la boda. Pero ahora la pregunta era, ¿seguía invitada? ¿No era yo la que había decidido no tener nada que ver con los Jonas nunca más? Ir a la boda de uno de ellos está considerado contacto, ¿no?

Bueno, de todas formas, una ducha no me vendría mal. Ya decidiría qué hacer después.

Pero claro, había olvidado que en esa casa no había intimidad.

-¡Ya te has levantado! –gritó una voz, entrando en el baño mientras que me enjabonaba el pelo.

-¿Tan raro es? –pregunté. Reconocí a April, con los brazos cruzados allí fuera.

-Un poco… ¿dónde está tu ligue? –preguntó ella, con dureza. Recordé que estábamos medio peleadas.

-Se fue… pronto.

-¡Qué romántico! –espetó -¿Antes o después de que te quedaras dormida?

-Antes –contesté.

-¿Te das cuenta de lo que has hecho? –insistió April.

Acabé de aclarar el jabón y apagué el agua. Luego, me envolví en una toalla y salí.

-No he hecho nada.

April me miró confundida.

-¿Quieres decir que David y tú no…?

-No.

Ella se quedó parada un segundo, como procesando la información. Luego, asintió.

-¿Quieres algo de desayunar? –me preguntó, ahora con voz más amable. Mi estómago rugió.

-No estaría mal –aparté a un lado mi propósito de no ser su amiga –. ¿Y Summer?

-Se está duchando también. Tiene un dolor de cabeza monumental, así que voy a intentar averiguar qué le preparo para la resaca.

-No me vendría mal a mí también –murmuré, acordándome de mi problema de martilleo.

April asintió, para luego salir de allí rápidamente.

Me planteé si debía decirle lo de Javier y Anne…

-NARRA JOE-

Y por alguna razón no me vi capaz de llevar a la princesita a sus aposentos.

Bueno, la llevé hasta su hotel, pero me despedí de ella en la puerta de entrada. Ni siquiera bajé del coche. Poco me importó que ella se insinuara tan obviamente.

-Deberías levantarte ya. Nuestro hermano se casa en cuatro horas –dijo Nick, haciendo que abriera los ojos. Estaba plantado en mi habitación, con los brazos cruzados y juzgándome con la mirada.

-Buenos días a ti también, Nicholas –respondí, sin apenas moverme. Kevin se casaba con una chica de la que no estaba enamorado.

Una prueba más de cuán ruin es el amor.

-Pensaba que te quedarías a dormir con Taylor –me dijo mi hermano pequeño. Sacudí la cabeza.

-No.

-Creo que el dolor de cabeza va a matarme –interrumpió Kevin, entrando en mi habitación y obligándome a hacerme a un lado en la cama. Luego, se dejó caer sobre el colchón –. ¿Y si ni siquiera puedo decir "Sí, quiero" cuando me toque?

-Todo irá bien –respondió Nick.

-¿Dónde están Anne, papá, mamá y Frankie? –pregunté, extrañándome de que nadie más hubiera venido a despertarme.

-Se han ido ya al sitio donde va a ser la boda. Se supone que no tengo que ver a la novia hasta que sea el momento –explicó Kevin en voz baja –¿por qué casi no me acuerdo de lo que pasó anoche?

-Porque bebiste demasiado –se encogió de hombros Nick.

-Cierto.

Me incorporé en la cama, para darme cuenta de que el único que iba vestido y perfectamente arreglado era el señorito perfecto, Nicholas. Quizá ya era hora de que me levantara y empezara a vestirme.

-¿Va a venir Taylor a la boda? –pregunté, distraídamente.

-Claro, está invitada –dijo Nick. Mierda. –¿Por qué lo dices? ¿Te arrepientes de tu decisión de anoche, Joseph?

-Eh… no. Aunque puede que ya haya escrito un par de canciones después de todo lo que pasó.

-¿Qué pasó? –preguntó Kevin, alzando la cabeza interesado.

-Nada. Por eso mismo lo digo –respondí. Noté que a Nick se le iluminaba la mirada.

-Eso son buenas noticias –dijo el pequeño.

Antes de que se pusiera a estrecharme la mano y a decirme lo orgulloso que estaba de mí, los eché a ambos de allí. Más me valía vestirme rápidamente y pensar con claridad qué le diría a Galleta cuando la viera en la boda.

-NARRA LIZ-

Aún no sabía qué estaba haciendo allí. ¿Por qué me había dejado convencer por April para ir a esa estúpida farsa?

Todos los invitados pululaban alrededor del altar, dirigiéndose a sus asientos. Como familia directa que éramos (¿lo éramos?), April, Summer y yo teníamos sitios reservados justo en segunda fila, detrás de los señores Jonas y unos cuantos familiares más importantes que nosotras.

-¿Por qué la hemos dejado arrastrarnos hasta aquí? –le susurré a Summer, que tampoco había querido ir. Ella resopló, mirando con fijeza a Kevin, que estaba a punto de subirse al altar para esperar a su novia, que entraría en un rato.

-No lo sé… ¿verdad que está guapo? –dijo la rubia, distraída. Suspiré quedamente.

Yo tampoco había podido quitar la vista de Joe durante un rato. Iba guapísimo con su esmoquin, todo elegante. Como padrino de Kevin que era, tenía que estar allí cerca del novio, con Nick. Un montón de gente conocida nos había saludado antes de entrar, entre ellos los chicos de la banda… y Taylor Swift. ¿También tenía que ir allí? Supuse que era la invitada de Joe, ahora que ya no estaba conmigo. Sí que se había dado prisa, ¿no?

April estaba arreglándole la pajarita a Nick, nerviosa. La verdad era que se les veía muy bien juntos.

-Se le ve un poco nervioso, ¿no crees? –murmuró Summer, aún mirando a Kevin. Giré la cabeza para verle, pero me crucé con la de Joe.

Él, en vez de apartarla, simplemente me miró y sonrió, casi con tristeza. El corazón empezó a latirme acelerado, a pesar de que él ya había girado la cara.

Alguien me dio unos golpecitos en la espalda.

-Hola, David –murmuré, mirando por encima del hombro para verle. Él sonrió.

-Luego tienes que guardarme un baile –dijo. Asentí brevemente y me volví a girar.

Mi cabeza era un gran torbellino de ideas, frases, imágenes y momentos. No me habría venido mal un interruptor para apagarlo todo.

April corrió a sentarse a mi lado, en su hueco libre. Pensé en si era el momento más adecuado de decirle lo de Javier… quizá debía haberlo hecho antes.

La marcha nupcial empezó a sonar, haciendo que todos se giraran a mirar el final del pasillo, donde Anne, la novia, aparecería de un momento a otro. Empecé a ponerme más nerviosa aún. No podía dejar que esos dos se casaran… no después de lo de la noche anterior.

Sin embargo, no podía interrumpir todo de esa forma.

Anne llegó al altar, donde Kevin la cogió de la mano con fuerza y ambos se quedaron de pie, mirando al sacerdote, que arrancó con el típico "Estamos aquí reunidos…". La pierna de Summer empezó a moverse nerviosamente. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.

-No puedo dejarle hacer esto –murmuró ella, mirando fijamente a Kevin. La cogí de la mano con fuerza, sintiendo pena por ella. El chico al que quería se estaba casando con otra.

-Tranquila –le dije. Me sentí un poco idiota por ello. Era imposible que estuviera tranquila.

-Voy a protestar –respondió, con voz segura. Me giré para mirarla.

-¿Qué? –pregunté alarmada.

-Cuando el cura diga lo de "habla ahora o calla para siempre", voy a levantarme y a protestar –respondió Summer. ¡Estaba loca!

-No, no puedes hacer eso –susurré. April nos miraba como si estuviéramos dementes. Lo que me extrañaba era que nadie más se hubiera girado para hacernos callar.

Quizá el lloro de la abuela de los Jonas ocultaba nuestro parloteo.

No, no iba a dejar a Summer protestar; lo haría yo.

-Yo protestaré –les dije a April y a Summer. Ambas me miraron alarmadas.

-¡¿Qué? –preguntó la primera. Asentí.

-¿Por qué ibas a hacer eso? –preguntó Summer, mirándome fijamente como si esperara que le confesara que estaba enamorada de Kevin o algo así.

-Porque… porque Anne no se merece estar con él –respondí.

Las tres nos quedamos calladas, esperando el momento. Lo poco que había comido estaba a punto de salírseme del estómago e ir a parar a la nuca de la señora Jonas, que estaba justo enfrente mía. Cerré la boca con fuerza, sólo por si acaso.

-El que tenga algo que objetar, que hable ahora o calle para siempre –dijo el sacerdote.

Sin embargo, antes de que pudiera poner mis piernas a funcionar para levantarme de la silla o de que April me agarrara del brazo, alguien más se levantó de su asiento y protestó.

-Yo me opongo –dijo con voz clara Javier, de pie casi al final de la carpa.

Todas las cabezas se giraron a mirarle, escandalizadas. Se oyó un sonoro murmullo recorrer todas las sillas.


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Espero vuestros comentarios!

Cuidaros mucho!

-Vicky.