Capítulo 53: Theoso (Dioses)

-"¿A dónde vas?"

El Santo de Aries caminó hacia su interlocutor. Éste estaba empapado y, aunque lucía sereno, su cosmo fluctuaba de un modo inusual. Había sido solo por eso que Mü pudo distinguir su presencia.

-"Fuera del Santuario. Tengo asuntos que atender."- El intruso reprochó mentalmente su descuido. Debió de haberse imaginado que el Primer Guardián no le permitiría irse así como así.

-"Sabes que no puedes hacer eso."- Aries notó una hoja de periódico arrugado en las manos de su visitante. –"¿Pasó algo?"

-"Nada."- La respuesta fue grave y gutural. –"Solo el fin del mundo."

La violenta lluvia que acaecía en el Santuario ya había durado diez días. No solo eso: la intensa precipitación caía en todo el mundo. Casi todos los ríos se habían desbordado y decenas de ciudades habían desaparecido bajo las aguas. Las marejadas también eran una amenaza: el sudeste de Francia y el este de Estados Unidos fueron destrozados por tsunamis. Como si fuera poco, los terremotos amenazaban con destruir los ya de por sí pocos poblados que resistían. Ya habían muerto más de un millón de personas y muchos otros millones permanecían incomunicados.

-"Entiendo tus sentimientos, pero Roshi nos ha dado la orden de permanecer aquí. Desobedecerlo a él sería tan grave como desobedecer a Atena."

El visitante apretó sus puños en un intento de calmar su ira.

-"Tú no entiendes."- Un distinguible color rojo comenzaba a colorear las pupilas del joven. –"Tengo que verlo. Tengo que hacer algo."

-"Todos sentimos esa responsabilidad pero nuestra misión es demasiado importante como para descuidarla."

-"Go n-ithe an cat thú is go n-ithe an diabhal an cat."- Maldijo. –"¡Y lo mismo para Hades! ¿Por qué tenemos qué esperar a que venga por nosotros? Si seguimos esperando, lo único que tendremos para proteger será una enorme masa de agua."

-"Confío en que eso no pasará, Milo."

-"Estoy harto, Mü. ¡Estoy harto de ser inservible! He sido un Santo de Atena durante siete años y no he hecho ni una sola cosa por Ella o por el mundo."

-"El momento en el que tengamos que hacer algo por Atena llegará después. Mientras tanto, tienes que tranquilizarte y aceptar tu responsabilidad como el Santo que eres."

-"Es que no lo creo. ¡No puede ser cierto! ¿No lo entiendes? ¡Tengo que verlo!"- Aries no se inmutó ante las suplicantes palabras de Escorpio. Si éstas habían sido dichas con tanta desesperanza, debía de ser porque ya estaba entendiendo que su insistencia era inútil. –"Sé que es egoísta, pero necesito verlo."

-"No sé de qué me hablas."- Espetó con autoridad. –"No estás siendo egoísta, solo precipitado. Ó dime, Milo: si te dejara salir del Santuario, ¿qué harías después?"- El Octavo Guardián calló. Por supuesto que no había pensado en eso. –"Tal vez seas un Santo Dorado, pero ni siquiera con todo tu poder podrías controlar el clima o contener los terremotos."

-"Siempre hay algo. Si Seiya y los demás pueden hacer un milagro ¿por qué nosotros no?"

-"Haremos el milagro cuando tengamos que hacerlo. Ahora regresa a tu Templo."- Mü elevó su cosmo en señal de amenaza. –"De lo contrario prepárate para comenzar una batalla de mil días."

-"No pelearé contra ti, Aries."- Milo rió abatido.

-"Entonces vuelve al Templo del Escorpión Celeste."

Milo contempló las pocas opciones que tenía pero su cavilación fue interrumpida por la presencia de un soldado. Ambos Caballeros dirigieron sus atenciones hacia él.

-"Disculpen, mis señores."- El agitado hombre retiraba de sus ojos las espesas gotas de agua que escurrían desde su cabello. –"El Santo de Tauro fue herido."

-"¿Qué?"- Incrédulo, Mü dio un paso hacia delante.

-"El sirviente de la señorita Atena lo ha traído desde Japón. Un médico lo acompaña."

-"¿Y Atena?"- Milo batió con fuerza su brazo derecho. –"¿Dónde está Ella?"

-"No lo sé, señor."- El soldado comenzó a tartamudear, tal vez por el frío, tal vez por el miedo de tener ante él a dos impacientes Santos Dorados. –"No viene con ellos. Pero, señores, necesitamos autorización para dejar entrar al médico."

-"Diles que lo dejen entrar."- Ordenó Mü. –"Que dejen entrar a todo un hospital de ser necesario."

-"Sí señor."- El hombre se inclinó y salió corriendo del Templo.

-"Milo, llama a todos. Es necesario que nos reunamos nuevamente."

Antes de que Escorpio pudiera contestar, el Santo de Aries ya cruzaba el portal de su Templo. Milo dejó el trozo de papel de su mano derecha sobre un sillón cercano y cerró sus ojos mientras reunía su cosmo.

-"Aioria, Shaka. Vengan a Aries cuanto antes. Tenemos un nuevo problema."


-"Lamento el retraso. Tuve asuntos que atender."- A casi una hora de la llegada de Aldebarán, Shaka, Milo, Aioria y Mü estaban reunidos en el Primer Templo. En una de las habitaciones de aquella Casa, Tauro dormía. –"¿Cómo está Aldebarán?"

-"Bien."- Shaka tranquilizó un poco la mente de Mü. –"Se recuperará en unas cuantas horas. Por el momento solo descansa."

-"Por todos los Dioses. ¿Cómo pudimos dejar que esto pasara?"

-"Todo esto ocurre porque tomamos una decisión imprudente, Milo. No debimos de haber dejado que Atena saliera del Santuario."

-"No podíamos adivinar que esto ocurriría, Shaka."- Se excusó Mü. –"Aunque admito que tomamos el asunto de Poseidón a la ligera."

-"Sea como sea, algo es cierto: Aldebarán falló."- Aioria chasqueó la boca. –"No solo llegó a Japón días después de lo que teníamos planeado. También fue derrotado por un General Marino y encima dejó que se llevaran a Atena."

-"Ten más respeto, Aioria."- El susodicho se sobresaltó. Era la primera vez que veía a Mü enojado. –"Su deber era el de proteger a Seiya y a los demás y por lo que dijo Tatsumi, ellos quedaron intactos. Ha cumplido su misión a pesar de que casi muere en el intento."

-"Sus oídos..."- Milo recordó el extraño estado en el que Aldebarán llegó al Santuario. Según el médico, lo encontraron inconsciente en el piso del hospital. Sin embargo, en su cuerpo no había heridas más que las de sus oídos sangrantes. –"Él mismo se rompió los tímpanos."

-"¿Pero, por qué?"- Leo cerró los ojos como si con ello pudiera ver en su mente la pelea entre Tauro y el General Marino.

-"¿No es obvio?"- Milo aclaró mientras sonreía. La idea que ya cruzaba por su mente se fortalecía mientras se preparaba a comunicarla. –"Aldebarán fue atacado por una hija de Aqueloo."

-"Así fue."- Continuó Shaka. -"El enemigo que buscamos es el General Marino de Sirena. Estas lluvias no son normales. El hermano de Zeus es el que las está ocasionando."

-"Eso lo resuelve todo: tenemos que ir al Templo de Poseidón."

-"No podemos hacer eso, Aioria. No debemos olvidar las órdenes que recibimos de Roshi."

-"Quedarnos a esperar."- Bufó Leo ante el reproche de Aries. –"Dejar que Atena muera."

-"Podemos enviar a alguien más en nuestro lugar."- Milo y Aioria vieron a Mü salir de la habitación. Shaka lo siguió inmediatamente, pero los dos primeros tardaron unos cuantos segundos más en unírseles. Ninguno habló sino hasta que se encontraron en el pasillo principal. –"¿Todo listo, Kiki?"

El aprendiz de Aries terminaba de acomodar en el suelo los restos casi pulverizados de las Armaduras de Andrómeda, Cygnus y Pegaso.

-"Sí, maestro."- Le entregó al susodicho el par de herramientas que usaba para reparar los Mantos.

-"Es hora, Caballeros."- Extendió su mano abierta hacia las Armaduras.

Aquel sencillo gesto fue lo único que necesitaron Virgo, Escorpio y Leo para entender lo que tenían que hacer a continuación. Los tres extendieron sus brazos y realizaron un rápido corte en sus muñecas, dejando que la sangre recorriera su antebrazo antes de dejarse caer sobre las Armaduras rotas.

-'Camus de Acuario. Tú diste tu vida para llevar a Hyoga a convertirse en un verdadero Caballero. Por eso yo, Milo, también soy responsable.'- Al cabo de un rato comenzó a sentirse mareado pero aún no podía cerrar su herida. La Armadura era muy exigente. No se conformaría con llevarse menos de la mitad de su sangre. –'Hyoga, te daré esta Armadura para que no mueras. Aún tengo que cruzar algunas palabras contigo. No seas tan estúpido como tu maestro. No te atrevas a morir.'

-"Es suficiente."- Aclaró el lemuriano una vez que las Armaduras quedaron satisfechas. –"Ahora pueden irse a descansar. Yo me encargaré del resto."

Aliviados, los tres Santos utilizaron sus cosmos para cerrar las pequeñas heridas auto infringidas.

-"Te advierto algo, Mü. Si veo que esto no funciona, yo mismo iré y mataré a Poseidón."

Aries fingió no escuchar la amenaza de Leo.


-"¿Ilitía?"

La joven, de largo cabello negro, se sobresaltó tanto que tiró al piso la cuchara que tenía en su mano derecha. Dio media vuelta inmediatamente y sonrió al ver al dueño de aquella voz.

-"Señor Milo."- Su voz aún temblaba por el susto. –"Lo siento. Estaba muy distraída."

-"Eso veo."- El muchacho dio varios pasos dentro de la cocina y se inclinó para recoger el cubierto. Posteriormente se lo entregó a la chica. –"Creí haberles dicho que no vinieran a mi Templo hasta que dejara de llover."- Se asomó por detrás de la joven y vio con algo de sorpresa que en la estufa se calentaba algo que parecía ser un guiso. –"Y no solo me desobedeces sino que estás preparando algo en mi cocina."

-"El señor Mü me dijo que lo necesitaría. Él mismo me ayudó a llegar aquí. Además no soy la única. Isa está cocinando en Virgo y Siris en Leo."

-"Mü."- Milo sonrió de medio lado. –"Ese hombre piensa en todo ¿no?"- Se sentó en el comedor. Aún se sentía mareado y, aunque había llegado a su Templo con intenciones de irse a dormir inmediatamente, el aroma de la comida despertó su apetito.

-"Es un hombre muy amable."- La joven retomó su atención en la comida, probándola y agregando una que otra especie. –"Pero muy serio."

-"Bastante."- Recorrió sus dedos entre sus cabellos, eliminando así el agua de lluvia que se había prendido a ellos. Las gotas de agua tibia cayeron sonoramente en el piso de mármol de la habitación. –"Admito que me da algo de miedo."

-"No le creo."- La joven exclamó sorprendida y, parecía, algo indignada. –"Yo creo que un Santo de Oro no le tiene miedo a nada ni a nadie. Mucho menos a un compañero."

-"No sé como sean los demás Santos de Oro, pero yo le tengo miedo a muchas cosas, Ilitía."

-"Pues sí."- Afirmó ella, dándose cuenta del error que cometió al elegir sus palabras. –"Todos tenemos miedos. Pero ustedes van y se enfrentan a ellos. Creo que eso es lo que los hace tan fuertes."

Milo sonrió ante la aparente ingenuidad de Ilitía. La valentía por si misma no podía crear a un Caballero Dorado; tal vez formaba parte de, pero no lo era todo ni mucho menos. No quiso aburrir a la joven hablándole del cosmo o de los severos problemas de moralidad que solían acosarlos. Tal vez era mejor que se quedara con esa idea de los Santos. Era más sencilla. Más esperanzadora.

-"Me gustaría saber por qué están ustedes aquí."

-"Se puede decir que es porque no conocemos otra vida, señor."- Ilitía probó por última vez el caldo del guiso que preparaba y le dio el visto bueno. –"Mi mamá y mi abuela también eran doncellas en las 12 Casas. Mamá solía venir mucho al Octavo Templo."

-"¿De pura casualidad tu madre era Metis?"- Preguntó casi solo por diversión. No esperaba una respuesta afirmativa.

-"¿La recuerda?"- Los ojos de la joven se iluminaron.

-"Sí. Un poco."- Mintió. Tal vez la llegó a ver más de una vez, pero en ese entonces era demasiado pequeño como para haberse fijado en las curvas o en los rostros de las muchachas que limpiaban el Templo de su maestro. –"Era muy joven cuando ella dejó de venir, pero Ewan la recordaba cada que encontraba algo fuera de su lugar. '¡Por Donu!'"- Imitó como mejor pudo el acento de Ewan. –"'Cuando Metis venía, estas cosas no pasaban', decía. A mi maestro le gustaban los apodos. La verdad no esperaba que ese fuera su nombre real."

-"No lo es."- Rió quedo mientras servía una generosa porción del guiso en un plato. –"Pero a ella le gusta, y todos le decimos así."

-"Ella dejó de venir porque se embarazó, ¿no? Supongo que tú fuiste la responsable de que se fuera."

-"Por favor, no lo diga así."- La joven colocó el plato con comida frente a Escorpio y luego le sirvió agua en un vaso.

-"Mi maestro decía que ella siempre quiso tener hijos."- Milo atinó en no mencionar los comentarios de Ewan al respecto. Solo los reprodujo en su mente. –'Y yo siempre le decía, diabhal, si quieres tener hijos ¿qué mejor padre que un Santo? Yo mismo podría hacer un buen trabajo. Debiste de haber visto lo roja que se ponía. Era como ver una granada gigante.'- Su maestro siempre tuvo un sentido del humor muy extraño. Siempre andaba coqueteándoles a las muchachas, aunque nunca se interesó realmente por una de ellas. Su único interés yacía en las bacantes y en las nereidas. –"Por eso se fue: porque quería dedicarse solo a ti."

-"Sí."- Ilitía se alivió al escuchar esas palabras. –"Le prepararé su ropa de cama. Así podrá tomar un baño e irse a dormir."

-"¿No comerás tú?"

-"No. Estoy bien, señor."

-"Entonces ve a hacer lo que tengas que hacer."

La joven asintió y comenzó a salir de la cocina. Sin embargo, algo en su mente la inquietó y prefirió dirigirse de nuevo al Santo de Escorpio.

-"Pero, ¿sabe? Nosotras somos como ustedes en algo: estamos en el Santuario porque así lo hemos querido. Creo que para muchos es porque no conocen otra forma de vida pero, para mí, lo más importante es que de este modo siento que ayudo en algo."- Milo arqueó la ceja, sabiendo que había algo más detrás de esas palabras. –"Yo no puedo pelear. Tampoco soy rápida ni astuta. Ni en sueños me compararía con un Santo de Bronce. Además, no he visto a Atena una sola vez en mi vida. Ustedes están más cerca de nosotros. Ustedes son mis verdaderos Dioses."- No permitió que Milo la reprendiera por su herejía. –"Yo no le rezo a Atena sino a ustedes porque sé que si alguna vez estamos en problemas, ustedes harán todo lo posible por ayudarnos. Tal vez Atena también lo haga, pero ella es más... inalcanzable. Yo no puedo creer en algo que no he visto y a ustedes los he visto pelear. Mueren por nosotros y lo hacen por convicción propia. Soy feliz sabiendo que mis Dioses de Oro aceptan mis sacrificios en forma de comida y de una escoba."

Milo no pudo contestar a semejante confesión pues antes de que formulara su respuesta, Ilitía ya había salido de la cocina.

El Santo de Escorpio comenzó a comer.

-'Dioses de Oro.'

Aunque ese título fue dado por una simple jovencita que no conocía la majestad de la Diosa, no pudo evitar sentirse feliz al verse merecedor de él. Se reprochó inmediatamente.

Aún así, mientras comía, una sonrisa que no había sido vista en mucho tiempo decoró su rostro.


Mü suspiró al momento en el que su espalda tuvo contacto con el respaldo del sillón en el que se sentó. Ya había terminado de reparar las tres Armaduras y había mandado a Kiki a Rozan. Roshi se encargaría de regresárselas a sus dueños. Ahora solo le restaba ser paciente.

No tardó en notar que el periódico que Milo había dejado descansaba a lado de su mano izquierda. Con curiosidad sujetó el papel y leyó el encabezado.

-"Las Cícladas desaparecidas. Las islas griegas consumidas por el mar."

Comentario de la Autora:

Go n-ithe an cat thú is go n-ithe an diabhal an cat.: 'Que el gato te coma y que el diablo se coma al gato' en gaélico. XD Una frase que me encantó y que solo puse para complacer mi capricho.
Aqueloo: Bueno... las sirenas 'griegas' como son llamadas en Saint Seiya son criaturas muy especiales. Sus inicios son extraños... unos dicen que antes eran mujeres hermosas y otros que siempre fueron criaturas con cuerpo de ave desplumada y cabeza de mujer. Sea como sea, casi todos están de acuerdo de que su hogar estaba cerca de la isla de Sorrento y que eran hijas de Aqueloo, el dios de un río, posible hijo de Oceano y de Tetis.

Metis: Huy... un personaje muy interesante a mi parecer. Posible hermana de Aqueloo y es conocida como la primerísima amante de Zeus. pam pam paaaam Gea y Urano advirtieron a Zeus que si Metis tenía una hija, luego le daría un hijo que lo destronaría al igual que lo hizo él con Cronos. Entonces, el portador del rayo hizo la unica cosa inteligente que pudo haber hecho: se tragó a Metis (XD). Un tiempo después, Zeus 'dio a luz' a Atena. Así que se puede decir (o al menos a mi me gusta decirlo) que Metis fue la madre de la Diosa.

Mucho comentario para este capie. Como pueden ver, toda esta parte está basada exclusivamente en el Manga de Poseidón. Bueno, lo que pasó en el manga es esto: Aldebarán es enviado a Japón para cuidar a los bronceados. Cuando llega al hospital, le dice a Atena que él cuidará de ellos y que ella tiene que regresar al Santuario. Ella accede y sale del cuarto del hospital. A los pocos minutos llega Sirena y pelea en contra de Aldebarán. En un inicio nos hacen pensar que Sirena asesinó a Tauro y que fue seguido por Atena hasta el templo de Poseidón. Posteriormente nos dicen que Atena había jugado con la mente de Sorrento y que lo que había pasado fue que ella interrumpió la pelea y le dijo a Sirena que lo llevara con Poseidón.

Originalmente Aldebarán no queda tan herido de la batalla contra Sorrento, pero si hubiera llegado al Santuario despierto, seguro que le hubieran echado mucha bronca así que preferí dejarlo así. En el manga hay un lapso de 10 días desde que intentan secuestrar a Saori hasta que Alde es atacado. Se me hace absurdo pensar que los Dorados no hubieran hecho algo sobre el asunto del secuestro inmediatamente así que estoy manejando la idea de que Aldebarán tardó tanto tiempo en llegar a Japón por estar ayudando a la gente en el camino. De todos modos es algo que no sé si sea realmente factible así que preferí ignorarlo al menos por ahora.
Sobre las doncellas... solo tomé a las 3 chicas que salen en el anime de la saga de hades y les puse nombre. Éstos no tienen intención especial. Solo busqué y tomé los que me gustaron.
Y sobre las islas griegas... huuuuy... XD aun no sé que hacer con eso. Pero ya lo veremos próximamente.

Creo que ahora si ya es todo. Gracias y que tengan un buen día.