Capítulo 54 - ¡Silver se separa del grupo! ¡La decisión de la Asociación Pokémon!
Gold se dirigió a Silver:
- ¡Silver! - exclamó -. ¿Recuerdas cuando me contaste lo del punto débil de los pokémons? ¡Este pájaro tiene que tener alguno también! ¡Voy a capturarlo, así que dime cuál es!
- ¡Es la frente! - exclamó Silver -. ¡Si quieres capturarle, tienes que apuntar a su frente!
- ¡Gracias por la info! - exclamó Gold, sacando una pokéball -. ¡Vamos!
Lanzó la pokéball, pero no acertó en la frente de Lugia. Gold soltó varias palabrotas:
- ¡Maldición! - exclamó -. ¡Sin mi vara no soy capaz de lanzar una pokéball en condiciones!
- ¡Déjamelo a mí! - exclamó Crystal, lanzando otra pokéball y pateándola con más fuerza que nunca.
La pokéball golpeó a Lugia justo en la frente. En medio de un haz de luz, Lugia desapareció. La pokéball y la vara de Gold cayeron junto a los muchachos.
- ¡Lo conseguiste, chica súper seria! - exclamó Gold.
Silver se agachó a recoger la pokéball y puso una expresión no muy alegre.
- ¿Qué pasa, Silver? - preguntó Gold.
- ¡Mirad! - exclamó Silver, enseñándoles la pokéball -. ¡Está vacía!
- ¡¿Cómo?
- ¡Pero pensé que le había capturado! - exclamó Crystal, disgustada.
- Me temo que hemos subestimado a Lugia - dijo Silver -. Ya me imaginaba que la vara no le detendría por mucho tiempo.
- ¡Maldición! - exclamó Gold, dándole una patada a la arena.
- Así que huyó cuando emitió aquel rayo de luz - dijo Crystal -. ¡Bueno, todavía hay una forma de encontrarle!
Les mostró a Gold y a Silver la pantalla de su pokédex, en la que se veía el mapa de Johto:
- ¡Es el sistema de búsqueda! - exclamó Crystal -. ¡Es una función que el Prof. Oak les ha añadido a las nuevas pokédex! Estoy segura de que ya estabais al corriente, ¿verdad?
- **Pues no** - pensaron, a la vez, Gold y Silver.
- ¡Pues venga! - exclamó Crystal, pulsando los botones de su pokédex -. ¡Todavía podríamos estar a tiempo de alcanzarle!
Gold se iba fijando en los botones que pulsaba Crystal para hacerlo él también:
. Ya veo - dijo el muchacho -, no eres tan sólo una chica súper seria. ¡También eres bastante buena al capturar pokémons!
- ¡Me llamo Crys! - se presentó Crystal -. ¡Soy pro en capturas, y el Prof. Oak me ha encomendado la misión de recolectar los datos de todos los pokémons!
Pero Gold ya no la escuchaba, le daba meneos a su pokédex:
- ¡Esto no va! - se quejó -. ¡¿Todavía está buscando?
- ¡Ni siquiera me estás escuchando! - le espetó Crystal -. Umh, bueno, a lo mejor tarda más en encontrar pokémons muy poderosos.
Silver pasaba de aquello. Se dedicó a adentrarse en la cueva de aquella isla, que había sido el refugio de Lugia:
- ¿A dónde vas, Silver? - preguntó Gold.
Gold y Crystal se acercaron a Silver para pedirle que les ayudara con la búsqueda, pero el chico señaló a unas marcas de garras que había en la tierra:
- Este es el refugio de Lugia - dijo -. Y eso son restos de sangre y huellas de garras, lo que significa que aquí ha habido una pelea.
- ¿Ese pájaro gigante fue atacado antes de que nosotros llegáramos? - preguntó Gold.
- Lo más seguro - respondió Silver -. Por eso estaba tan enfadado y atacaba sin ton ni son.
- Pero quién … - murmuró Crystal, cuando su pokédex emitió un sonido -. ¡Mirad! ¡Oh, no ! ¡El sistema de búsqueda no ha podido encontrar a Lugia!
- A mí también me sale error … - dijo Gold.
Silver probó y le salió lo mismo.
- Esto sólo puede significar una cosa - dijo -. Lugia ya había sido capturado por alguien antes.
En ese instante …
Sobresaltándose, Amy miró hacia arriba al mismo tiempo que un escalofrío le recorría la espalda:
- Antes … - murmuró -, vi un montón de torbellinos alrededor de las Islas Remolino. Los ha provocado Lugia, ¿verdad?
Aquella vez fue Lance el que no dijo nada.
- ¿Por qué? - preguntó Amy, preocupada -. ¡Podría destruir la zona! Además, tiene que haber un motivo por el que Lugia se ha enfurecido. ¿No deberíamos salir a fuera para ver …?
- ¿Por qué cambias de tema? - preguntó Lance.
- ¡Lugia era muy importante para ti! - protestó Amy -. ¡Ahora que está ocurriendo todo esto, no puedes quedarte de brazos cruzados!
- Lugia FUE importante para mí, ya no lo es - rectificó Lance.
- ¿Entonces por qué has elegido tu refugio final en el hábitat de Lugia?
- Porque es el lugar de más difícil acceso en Johto - respondió Lance, tranquilamente -. Y … bueno, supongo que sentirme a su lado me inspira confianza y seguridad.
- ¡Pero algo va mal con Lugia! - insistió Amy -. ¡Y Silver …! ¿Y si el Hombre de la Máscara de Hielo le ha atrapado? ¿O algo peor?
Lance se dio cuenta de que los ojos morados de Amy estaban empezando a brillar demasiado:
- Te preocupas demasiado por Silver - dijo -. ¿Qué pasa? ¿Te gusta?
- ¡¿Quéé?
Amy se sonrojó al tiempo que su rostro mostraba una mueca de incredulidad. Lo que Lance acababa de decir no era cierto, pero le extrañaba que lo hubiera dicho.
- ¡Silver es mi amigo! - exclamó Amy -. ¡Por eso me preocupo por él! ¡El preocuparse por alguien no tiene que significar que te guste! ¿Es por eso por lo que tú nunca te preocupas por nadie?
- Entonces - dijo Lance -, ¿me consideras tu amigo?
Amy se sonrojó. Volvió a dejarse intimidar por la actitud de Lance:
- Bueno … - titubeó -. Me has enseñado a combatir, gracias a ti he aprendido trucos y estrategias. Para mí, has sido como un maestro. Pero … bueno. Después de tanto tiempo, yo … ¿Y qué pasa si te considero un amigo?
Lance mostró una leve sonrisa:
- Bien - dijo -. Ahora acércate, Amethyst.
Amy se sonrojó un poco más y avanzó unos cuantos pasos hacia Lance, en todo momento con Eevee a sus pies. Lance le hizo unas señas para que se acercase más, y la muchacha sintió como le empezaban a pesar los pies:
- **Silver … - pensaba Amy, mientras se acercaba a Lance -, ¿qué harías tú?**.
- Tal como te dije antes - dijo Lance, mirando a Amy -, te he visto crecer y cambiar bajo mi mando, Amethyst. Sigues siendo bastante enana, pero … Je, mírate. Ese traje que te hice para que combinara con el mío ya que te queda tan corto …
- ¡Uh! - exclamó Amy, sonrojándose y estirándose la falda.
- Durante todo este tiempo - dijo Lance -, has obedecido todas mis decisiones sin rechistar. Silver ha sido algo más cabezota que tú, pero de todos modos, los dos habéis sido bastante obedientes. Dos buenos aprendices. ¿Dices que has mejorado poco? ¿Crees que no confío en ti lo suficiente?
- ¡N … no! - negó Amy -. ¡En ningún momento he …!
- No me digas lo que quiero oír, Amethyst - ordenó Lance -. Dime lo que piensas de verdad. ¿Por qué parece ser que lo único de lo que te preocupas, en el fondo, es de mantenerme contento?
Amy tragó saliva. Y se dio cuenta de que, aunque Silver hubiera estado allí con ella, no le habría ayudado. Se habría limitado a mirar. Amy apreciaba a Silver, pero él no la veía más que como una compañera de trabajo. Y lo mismo pasaba con Lance.
- Cuando te uniste a mí - añadió Lance -, dijiste que me admirabas, que querías ser como yo, etcétera. Y lo mismo has seguido diciendo durante todo este año, como he podido comprobar. Al principio pensé que decías la verdad, pero me he dado cuenta de que tu devoción es, simplemente … demasiada.
Nada. Ninguna excusa llegaba a la mente de Amy.
- ¿Cuál es el otro motivo por el cual me obedeces tan ciegamente? - preguntó Lance, finalmente.
Amy no dijo nada.
- ¿Y bien?
- Yo, eh …
- ¿Sí?
La presión se acumuló en su cabeza. Amy apretó los ojos al mismo tiempo que se sonrojaba tanto que sintió que le ardían las orejas:
- Lance, yo … - murmuró Amy, escuchando los latidos de su propio corazón.
El joven la observó con una malévola sonrisa. Sabía que podía hacer decir a Amy lo que se propusiese. Lo que no sabía era por qué.
- Dímelo, yo te escucho - dijo Lance.
- N ... no puedo - negó Amy, confusa -. Es tan absurdo …
- Tienes trece años, ¿no? - preguntó Lance -. Eres consciente de que yo soy seis años mayor que tú, ¿verdad?
- **Lo sabe** - pensó Amy, abriendo los ojos como platos.
Lo poco que quedaba en su mente, posibles excusas, el deseo de que al menos Silver hubiera estado allí, todo desapareció con la rapidez que explota una bombilla, al mismo tiempo que la sonrisa de Lance se ampliaba un poco más.
Entonces …
- ¡Se acabó! - gritó Gold -. ¡Aquí ya no hay nada más que hacer! ¡Lugia está en manos de otro entrenador y nosotros estamos perdidos en la nada!
Sin decir nada, Silver hizo aparecer a Murkrow y se dispusieron a salir volando de allí:
- ¡Hey! - exclamó Crystal -. ¿A dónde vas?
- Todo esto era una trampa - gruñó Silver -. El que atacó a Lugia debe de ser el mismo que lo tiene en su poder.
- ¿No pensarás ir tú solo tras él? - preguntó Crystal, preocupada -. ¡Primero tendremos que consultarlo con el Prof. Oak y el Prof. Elm!
- Chica - dijo Gold -, olvídalo. Él nunca llamará a ninguno de los profes.
- ¿Pero por qué?
- ¡He dicho que no lo hará, y no lo hará!
- ¿Entonces vas a dejarle ir, simplemente?
- Sí - respondió Gold -. ¿Por qué no? Quizá, si esto hubiera ocurrido hace un tiempo, habría insistido en seguirle. Pero ya no. De todos modos, compartimos el mismo enemigo. Antes o después, volveremos a encontrarnos.
Y Silver se marchó de allí.
- ¡Ah, casi lo olvido! - exclamó Crystal, sacando su pokégear -. ¡Tengo que llamar a Yellow y preguntarle qué tal está!
- ¡Y el tío pescador! - exclamó Gold -. ¡Debo agradecerle toda su ayuda!
- ¡Ah, pero si ya estoy recibiendo una llamada! - exclamó Crystal -. ¿Diga?
- ¡Crys! - gritó la voz del Prof. Oak al otro lado de la línea.
- ¡¿Prof. Oak?
- ¿Por qué te sorprendes tanto? - preguntó el Prof. Oak -. ¡Me he enterado de que ha habido problemas en el área en el que te encuentras! ¡¿Estás bien?
- ¡Sí! ¡Pero un pájaro gigante nos atacó, y entonces perdí de vista a Yellow y …!
- ¡Tranquila, Crys! - exclamó el Prof. Oak -. ¡Ve por partes! Primero, ¿perdiste de vista a Yellow? Umh, bueno … no tienes que preocuparte por él. Ha salido de peores situaciones. ¡He enviado un equipo de rescate a esa zona! ¡Después de todo esto, necesito que te dirijas a cierto lugar, Crys!
- ¿De qué lugar se trata?
- ¡La Meseta Añil! Tenía pensado pedírselo a otro de los chicos con la nueva pokédex, llamado Gold, pero como nunca soy capaz de contactar con él …
- ¡Está conmigo en este momento! - exclamó Crystal.
- ¡Hola, profe! - saludó Gold, alegremente.
Al otro lado de la línea, el Prof. Oak estaba a punto de desmayarse.
Con el mar ya en calma, LT. Surge fue capaz de aterrizar de nuevo en su barco, que no había sufrido grandes daños. Los marineros le alabaron al verle llegar:
- ¡Ah, Lieutenant! - exclamó un marinero -. ¡Cuánto nos alegramos de que esté sano y salvo! ¡Nosotros hemos sobrevivido por los pelos …!
- ¡A callar! - ordenó LT. Surge -. ¿Hay alguna nueva noticia?
- ¡Pues sí! ¡Acaba de llegar un fax para usted, señor!
- ¿De qué va?
LT. Surge leyó el papel que el marinero le acababa de entregar. Era de parte de la Asociación Pokémon. Era un llamamiento a todos los líderes de Kanto y Johto para reunirse en la Sede Central de Ciudad Trigal.
Silver aterrizó en otra de las Islas Remolino, la misma en la que Amy había entrado hacía un rato:
- Muy bien - dijo -, pongámoslo en marcha.
En vez de infiltrarse a través de las rocas, sacó a sus tres pokémons de agua para poder entrar en la cueva de forma que pudiera sobrepasar todos los obstáculos, pues para entrar al túnel había que pasar por unas aguas arremolinadas y una cascada:
- ¡Feraligator, surf! - ordenó Silver -. ¡Gyarados, detén los remolinos con tu ataque remolino! ¡Kingdra, usa el ataque cascada!
Gracias a la combinación de todos aquellos movimientos, Silver y sus pokémons pudieron entrar al túnel sin problemas. Avanzó por el rocoso túnel hasta llegar a la sala final, bajo tierra:
- He vuelto - dijo Silver.
- Para llegar aquí, necesitas pokémons de agua que conozcan los movimientos "surf", "cascada" y "remolino" - dijo una voz de chico -. Veo que, finalmente, lo has conseguido.
Allí estaba Lance, sentado sobre su trono de piedra, mirando a Silver con una sonrisa triunfal.
- ¡Silver! - exclamó Amy, girando la cabeza -. ¿Estabas tan cerca …?
Silver le echó una mirada a Amy. La muchacha estaba arrodillada frente al trono de Lance, aunque no fue capaz de imaginarse por qué:
- ¡Cuánto tiempo sin vernos, Silver! - exclamó Lance.
Mientras tanto …
Suicune se encontraba en las Cataratas Tohjo, el lugar de conexión entre Kanto y Johto. Ya le había llegado el momento de tomar una decisión definitiva.
Tres líderes de gimnasio se disponían a cruzar las cataratas para llegar a Johto.
- Estamos a punto de llegar. Daos prisa, Misty, Brock.
Al frente de los tres jóvenes estaba la bella Líder del Gimnasio de Ciudad Azulona, Erika, vestida con uno de sus elegantes kimonos.
- ¡Es más difícil caminar por aquí de lo que parecía! - se quejó Brock.
Miste iba detrás de ellos, pero su expresión era ausente, como si no prestara atención a lo que ocurría alrededor.
- Ya deberíamos estar a punto de llegar al puente - dijo Erika.
Llegaron al puente de madera, pero estaba medio partido probablemente debido a los fuertes vientos o a la fuerza de las cataratas.
- ¡Oh, no! - exclamó Brock -. ¡El puente!
- Oh - murmuró Erika, contrariada -. ¿Y ahora qué? Es la única ruta que podemos seguir para llegar a Johto …
- Bueno - dijo Brock, sacando una pokéball -, ¡estoy seguro de que Onix podrá ayudarnos!
Hizo aparecer a la gigantesca serpiente de roca, que se dedicó a sostener el puente de forma que los tres entrenadores pudieran pasar sobre él:
- Vamos - dijo Brock -. Es un poco arriesgado, pero … Oye, Erika, ¿no podríamos haber esperado al Santa Aqua?
- Podríamos - respondió Erika -, pero sólo parte de Ciudad Carmín algunos días, y últimamente ha estado fuera de servicio por ciertos asuntos de su dueño. ¡Ay!
Se tropezó. Brock tuvo que sujetarla:
- ¡Cuidado! - exclamó el joven -. Phew, por los pelos …
- Ay … - se quejó Erika, quedándose agarrada de la mano de Brock -. Bueno, esta reunión es un evento muy importante para todos nosotros. No podemos permitirnos llegar tarde.
- Sigh … - suspiró Brock -. Todo habría sido mucho más fácil si el magneto tren ya estuviera terminado, ¿verdad, Misty?
No hubo respuesta.
- ¿Misty? ¡Estás en Babia! - exclamó Brock.
Misty salió de su ensimismamiento:
- ¡Ah! - exclamó -. Eh … sí, Brock, tienes mucha razón.
- Deberías tener cuidado - dijo Brock -. Puede que Onix nos esté facilitando el camino, pero debemos mirar por dónde vamos. Anda, dame la mano …
Pero, antes de que Misty pudiera llegar a Brock, una bandada de Crobats aparecieron y se dispusieron a atacarles:
- ¡Crobats! - exclamó Brock.
- ¡Y Zubats! - exclamó Erika, señalando a otros murciélagos azules que también acababan de aparecer.
- ¡A por ellos, Kabutops! - exclamó Brock, lanzando a un pokémon de aspecto feroz con temibles cuchillas en los brazos.
Onix no pudo soportar todo aquel follón encima suya y se descolgó. Brock, Erika y sus pokémons empezaron a precipitarse hacia el vacío:
- ¡KYAAAHHH! - chilló Erika.
- ¡Whoa! - gritó Brock.
Logró agarrarse a una roca sin soltar a Erika de la otra mano. Vieron a Misty caer por otro lado, atravesando una cascada:
- ¡Misty! - exclamó Erika.
Mientras caía, Misty hizo aparecer a su Starmie, que logró sostenerse entre un par de rocas.
- ¡Aguanta, Starmie! - exclamó Misty, aferrándose con fuerza a su pokémon.
Pensó en pedirle que usara sus poderes psíquicos para elevarla y salir de la catarata, pero entonces vio un pokémon cangrejo atrapado entre unas rocas:
- ¡Un Krabby! - exclamó Misty -. ¡Tengo que salvarle!
En ese momento …
Todos los miembros de la Asociación Pokémon estaban en la Sede de Ciudad Trigal, esperando a todos los líderes de gimnasio. Bill, como era habitual en él, estaba discutiendo con el Director:
- ¡Director! - exclamó, dando un golpe en la mesa -. ¿Qué pretende reuniendo a todos los líderes de forma tan precipitada? ¡Ya puede haber alguna buena razón!
Entonces, una pokéball con un shuriken se clavó en la mesa del Director:
- ¡Uah! - gritó Bill -. ¿Una shuriball?
Miraron hacia el techo. Allí estaba Janine con su Ariados:
- ¡Tú eres la nueva Líder de Ciudad Fucsia! - exclamó Bill -. Je … Ja … ¡Janine!
- Yo también me estaba haciendo la misma pregunta - dijo Janine, refiriéndose a la pregunta que Bill le había formulado al Director.
- De acuerdo - aceptó el Director, tras terminar de leer un fax que le había llegado -. Acabo de recibir noticias desde Ciudad Azulona. Los líderes de Ciudad Verde, Ciudad Celeste y Ciudad Azulona ya están en camino. Bien, os contaré la razón para esta reunión. Bueno, las razones. La primera de ella trata sobre las medallas.
- ¿Las medallas de los líderes? - preguntó Bill.
- Sí - afirmó el Director -. Cada vez que un entrenador desafía a un líder, si es capaz de derrotarlo, será obsequiado con la medalla del gimnasio. Cada líder ejerce responsabilidad sobre su propia medalla. Ya que tenemos plena confianza en los líderes, hemos decidido que los entrenadores que posean las ocho medallas de cada región, podrá entrar en la Liga Pokémon y pasar a las finales sin ningún combate preliminar.
- ¡¿Incondicionalmente?
- Exacto.
- No es tan mala idea - admitió Bill, sonriendo -. Cuando esa noticia se haga pública, más entrenadores se animarán a retar a los líderes. ¡Pasar directamente a las finales de la Liga Pokémon es un privilegio inimaginable!
- Aunque también tiene sus riesgos, como todo - dijo el Director -. Para asegurarnos de que no cualquier entrenador sea capaz de recolectar todas las medallas, hemos escogido cuidadosamente a todos los líderes. Las medallas ya cayeron una vez en malas manos. ¡Y las medallas sólo deberían ser entregadas a entrenadores verdaderamente fuerte y con un sentido de la justicia que no esté "distorsionado"! Ya se lo explicaré a los líderes de Kanto cuando lleguen. Y ahora, el segundo motivo es …
Uno de los líderes de Kanto acababa de llegar y estaba escuchando al otro lado de la puerta.
- Así que es eso - murmuró.
Green, con las manos en los bolsillos, observaba tranquilamente las puertas del despacho del Director.
Instantes después …
Misty despertó. Había caído en el interior de una cueva, atravesando las cataratas:
- Uuh … - murmuró -. ¿Dónde estoy? ¿Al otro lado de las cataratas?
Su Starmie y el Krabby salvaje estaban a su lado:
- ¡Ah, estás ahí! - exclamó Misty, al ver a Krabby -. Me alegro … Al menos hemos conseguido salvarte. Muchas gracias por ponernos a salvo, Starmie.
Misty cogió al Krabby en brazos:
- Yo también tuve una vez un Krabby - dijo, con nostalgia -, por eso no pude verte sufrir. Aquel Krabby que me dio Red era más o menos de tu tamaño.
El rostro de Misty se ensombreció ligeramente.
- Red … - murmuró.
Recordó el día que ella y Brock fueron a ver a Red para desearle buena suerte en las pruebas para líder de gimnasio. Misty había dejado que Brock se marchara para luego ella volver con Red y hablar a solas con él. Pero cuando le vio a través de la ventana, se dio cuenta de que estaba chateando con Yellow. Misty ignoraba que Red no sabía el secreto de Yellow así que, tras sentir una oleada de dolorosos celos, se alejó de allí sin decir nada.
- **Red … - pensó Misty, que también estaba preocupada por el chico -. Te hirieron gravemente cuando luchaste contra la Elite Four. Recibiste el ataque que debería haber ido dirigido a un pokémon. Ahora debes de estar luchando por recuperarte**.
Misty se puso en pie:
- Bueno, chicos - dijo -, debemos movernos y salir de aquí. Erika y Brock deben de estar esperándonos.
Miró al fondo de la cueva, y se dio cuenta de que allí había alguien más observándola.
- ¿Quién anda ahí? - preguntó Misty, haciendo aparecer a un pokémon con dos antenas luminosas -. ¡Chinchou, ilumina la cueva!
Chinchou usó el ataque destello, iluminando toda la cavidad. Ante ellos había un majestuoso perro con las crines moradas y el cuerpo reluciente como el cristal.
- ¡Ah! - exclamó Misty -. ¡Tú eres …!
