Capítulo 52: Daramkar
(Roskat)
- No, otro retraso, no.
Lidda sabía que oponiéndose así, lo único que lograba es que Koru y Torom le miraran con resentimiento, pero la halfling no quería dar su brazo a torcer. Hacía unos cinco días que habían dejado atrás la ciudad de Gren y su misteriosa catedral, para dirigirse a Ravenloft, la ciudad de los ladrones.
- Entendemos tus razones, Lidda. – empezó a decir Torom. Se interrumpió y miró hacia un bulto tendido al fondo de la cueva. – Pero tienes que entender que Sikoth necesita medicinas y un lugar caliente, al menos por una noche. Si sigue así empeorará.
Tyra intentaba hacer un té con algunas hierbas que había recogido en el bosque. Desde la salida de Gren, el tiempo no les había acompañado: había llovido sin cesar ni un solo momento. El grupo sobrevivía como podía, recorriendo los caminos embarrados bajo el agua torrencial. Al final, todos tenían los pies helados, los cabellos húmedos y las ropas empapadas. La noche anterior, Sikoth había salido en busca de algo de caza, y le cayó encima aún más agua. Cuando regresó, con un par de perdices, ya tosía. Trató de ocultar que estaba enfermo hasta que, al llegar a este segundo refugio, cayó agotado.
La cortina que habían colocado provisionalmente se abrió. Torom y Lidda se pusieron en guardia, pero solo era Jason. El chico de Keel, usando el escudo de Koru como improvisado paraguas, traía bayas, raíces y unos mendrugos de pan.
- Yo no soy tan buen cazador. – aclaró, tendiendo el pan a Tyra. – En el camino, me he encontrado con una caravana de vendedores ambulantes, y me han dado esto que les sobraba.
- ¿A eso te dedicabas en Keel, a mendigar? – Lidda se cruzó de brazos, rabiosa. – Ya nos hemos retrasado bastante. Tenemos que llegar a Ravenloft enseguida, sin perder tanto el tiempo.
- Tú quieres ir a Ravenloft para saber qué le ha ocurrido a ese novio tuyo. – Koru, que había intentado mantener la calma, estalló: - ¡Pero no puedo sacrificar la salud de mi hermano por tus intereses! ¡Vete tú a Ravenloft si quieres!
Lidda frunció el ceño.
- ¡No es mala idea!
Al fondo de la cueva, Sikoth se incorporó un poco.
- No... Escuchad, mañana estaré bien, de verdad... No discutáis, por favor. Iremos a Ravenloft, y... – Sikoth trató de ponerse en pie, pero se mareó y a punto estuvo de vomitar el té que había tomado. Tyra le obligó a tenderse.
- Discutid tanto no nos conviene. Y tampoco separarnos, sobre todo ahora que tenemos tres piezas con nosotros, y somos menos. Sin Ludovico, Zul o Elia, la situación es un tanto peligrosa y...
- Anda, cállate, santurrón. – Lidda estuvo a punto de darle un capón a Jason. Se contuvo y decidió que algo de razón tenía también el chico.
Tras un minuto de silencio, Torom empezó a hablar, con voz muy calmada.
- Veamos, la situación es la siguiente: Tenemos dos opciones. Podemos seguir hasta Ravenloft, tan rápido como nos sea posible; o parar en Daramkar, la ciudad más cercana, hasta que Sikoth se encuentre mejor.
Koru iba a abrir la boca para dar su opinión, al igual que Lidda, pero Torom paró a los dos con un gesto.
- Vamos a votar: que levanten la mano quienes quieran seguir hasta Ravenloft... – Torom esperó. Solo Lidda levantó la mano. La halfling buscó los ojos de cada uno de los presentes, pero todos eludían la mirada. – Y ahora, los que quieran parar en Daramkar.
Y aquí se levantaron las manos de Torom, Koru, Tyra y Jason. La victoria estaba de lado del grupo más numeroso, y Lidda acabó asintiendo.
- Decidido: mañana pararemos en Daramkar, buscaremos una posada o alojamiento, un médico y trabajaremos. – Torom le dio un palmetazo a Koru y este le dio las gracias con la mirada.
- Yo no puedo aseguraros que me vaya a quedar. – Lidda se puso la capa. Antes de salir, miró por encima del hombro al grupo.
A la mañana siguiente, la lluvia continuó, y peor todavía: la cortina de agua era tan espesa que apenas podían ver que había más allá de sus narices. Sikoth tenía que caminar apoyado en su hermano. El camino estaba tan lleno de barro que les llegaba hasta las rodillas. Esta situación le recordaba a Jason el momento en las montañas Oth. "La nieve, la lluvia, el desierto, el mar... Todo está en nuestra contra." El aspirante a caballero vigilaba al mismo tiempo a Sikoth, que empeoraba por segundos, y a Lidda. La hafling había regresado a medianoche, con las ropas caladas. Esa mañana no había dicho nada, ni siquiera los buenos días. Caminaba la primera, con paso firme y ajena a la lluvia.
Había más caminantes recorriendo la zonasobre todo carromatos cargados hasta arriba de cajas. Sus conductores les adelantaban sin problemas, gracias a las poderosas patas de sus bueyes y caballos. En más de una ocasión, el grupo tenía que avanzar por la linde del camino, para evitar ser atropellados.
- El caso es que... – empezó a decir Jason.
- ¿Sí? – Tyra era la más cercana a él. Con el cabello empapado pegado al pálido rostro, se la veía muy extraña. Se le veían los ojos verdes tan claros como un estanque. A Tyra siempre le había parecido curiosa la reacción que tenía Jason con ella: siempre muy cordial, se ponía colorado pero después era capaz de mirarla a los ojos y no le temblaba la voz, como a veces le pasaba a Sikoth o a Torom. La mirada del muchacho siempre se dirigía en primer lugar a su brillante melena rojiza.
- Yo he escuchado algo sobre Daramkar, pero no estoy seguro... – Jason se rascó el cogote. Siguió caminando en silencio y en reflexión hasta que se le ocurrió preguntar: - ¿En que mes estamos?
- ¿Mes? – Sikoth dejó de toser. – Creo que estamos en el mes de Octubre, ¿por qué lo preguntas?
Jason se dio un palmetazo en la frente, soltó una maldición tan brusca y malsonante que hasta Koru se escandalizó, y luego, el chico de Keel les adelantó hasta llegar a la altura de Torom.
- Creo... que vamos a tener problemas para detenernos en Daramkar. – intentó decirlo lo más bajo posible, para que Lidda no lo escuchara, pero la halfling se giró tan de repente que Torom casi se tropieza con ella.
- ¿Ah, sí? ¿Problemas? ¿De qué tipo, pedigüeño? – Lidda se puso con los brazos en jarras.
- Bueno... acabo de recordar que en Daramkar hay una importante feria de ganado los primeros días del mes de Octubre. No nos será fácil encontrar posada, y desde luego, encontrar un trabajo de mercenario... lo dudo. La ciudad cuenta con una guardia especial preparada para guardar el ganado, y no suelen contratar a mucha gente. – Jason había soltado todo de carrerilla, más colorado que un tomate. Lidda se echó a reír, mientras Torom soltó un "demonios" y "me cago en..."
- ¿Y lo dices ahora? Nos queda muy poco para llegar, ya no podemos cambiar el rumbo. - logró decir Torom.
- Lo siento, no me he acordado hasta ahora. – trató de excusarse Jason.
- Seguid vosotros adelante. Yo me quedaré con mi hermano en Daramkar y os alcanzaremos en Ravenloft. – propuso Koru.
- Tiene razón, será lo mejor. – intervino Sikoth. – Yo estaré bien, en un par de días y...
Sikoth no siguió hablando. De repente, empezó a toser con tanta fuerza que las piernas le fallaron. Koru le sostuvo en brazos, pero tuvo que sentarse en el suelo embarrado. Le llamó, pero Sikoth no respondió. Tyra les cubrió con su capa.
- No hay tiempo que perder. Está empeorando, necesita ayuda médica enseguida. – dijo la ninja.
En ese momento, una caravana de carros y varios bueyes y vacas, avanzó hacia ellos. Jason salió de la linde del camino y, sin consultar, alzó los brazos pidiendo que se parasen. Por fortuna, el carro que avanzaba el primero se detuvo en seco. En el pescante había un hombre grueso cubierto con un sombrero y una capa larga, y lo que parecía un niño, cubierto con varias capas y una capucha, sentado a su lado. Los dos miraron a Jason. El chico de Keel, cubierto con la chaqueta cruzada y los cabellos húmedos, con los pantalones manchados de barro hasta las rodillas, parecía un mendigo o un pordiosero. Sabía que había pocas probabilidades de que les ayudaran, pero lo intentó.
- Disculpen... Uno de mis compañeros de viaje está enfermo, y necesitamos llegar cuanto antes a Daramkar.
El hombre grueso levantó el sombrero un poco para observar al chico que había detenido su avance. También miró hacia el grupo que esperaba en la linde: el aspecto de Tyra, tan bella y etérea, chocaba con el aspecto amenazante que despedía Torom o la pequeña estatura de Lidda. Sobre el hombro de uno de los dos chicos que estaban en el suelo, un búho se sacudía el agua de las plumas. El hombre iba a abrir la boca para apartar con el látigo al niñato que le había parado, cuando su compañero en el pescante le detuvo a tiempo.
- ¡Jason!
Nunca en la vida se había sorprendido tanto Jason como el momento en el que escuchó decir su nombre con tanta naturalidad y seguridad. El chico se quitó la capucha y le dedicó una enorme sonrisa. Era un chaval de unos 16 años, con los ojos oscuros y la piel bronceada.
- ¡Soy yo, Kim! – el chico bajó de un salto del carromato, y se acercó a Jason. - ¡Estás igual! ¡Te he reconocido por el lunar bajo el ojo!
- Kim... – Jason sonrió. – Caray, has crecido un montón.
Kim superaba en altura al muchacho de Keel, a pesar de que se notaba que debía tener menos de 16 o 15 años. Kim abrazó a Jason y luego le preguntó:
- ¿Qué has dicho, que necesitas ayuda? Ahora mismo... – Kim hizo un gesto y el hombre del pescante se bajó y, tras colocar las manos alrededor de la boca, gritó órdenes al resto de la caravana. Mientras, Kim, con unas largas zancadas, se acercó al grupo y les indicó que subieran a la parte de atrás del carromato. La lluvia, como si les diera un respiro y se uniera a la bocanada de buena suerte, paró en ese momento.
- Hola, soy Kim Wade, el primo de Jason. – el chico hizo un saludo general. – Por favor, pasad y como si estuvierais en vuestra casa.
Subieron, sin rechistar y demasiado asombrados aún para decir nada. En el interior del carro había un camastro, un banco y bastantes mantas. Kim les indicó que podían coger lo que quisieran. La caravana continuó su camino. En el interior del carro, todos (exceptuando a Sikoth, que seguía semiinconsciente) dirigieron sus miradas a Jason. El chico de Keel sonreía aliviado, pero sus ojos parecían tristes.
- ¿Tienes familia? – preguntó Torom. Ante el silencio de Jason, repitió: - ¿Tienes familia, y malvivías en Keel como un mendigo?
Jason se encogió de hombros.
- Es más complicado de lo que parece. – Jason se había sentado con las piernas colgando fuera del carro. – De momento, aprovechemos la buena suerte... – y más bajo añadió: -... y recemos para que mi tía no esté.
****************
Daramkar era un hervidero de actividad esos días. Normalmente, la ciudad estaba en calma todo el año. Era un lugar de agricultores y ganaderos, gentes sencillas y apacibles que no entraban en guerra con ciudades cercanas y no tenían un señor tirano que hacía cumplir su ley. Daramkar era una ciudad libre, gobernada por un grupo de ciudadanos elegidos por votación entre los más veteranos señores. Hacía más de 30 años, los ganaderos de la ciudad solían reunirse a principios de Octubre para hacer tratos entre ellos en una gran explanada en las afueras. Poco a poco, empezaron a unirse a las reuniones gentes de las aldeas vecinas, que vendían sus reses, hacían tratos para alquilar los servicios de un toro semental o compraban leche, carne o productos derivados. Tan grande se había hecho la feria de Daramkar, que acudían a ella desde todas partes de Mimir.
La granja Wade solía ir todos los años.
- Este es el primer año que voy yo solo, como jefe. Ya empiezo a tomar participación en la granja. Mi madre, la tía de Jason, se queda esta vez, y así descansa. – les dijo Kim. El muchacho, ahora que le veían sin la pesada capa y la capucha, tenía rasgos que le unían a Jason: los ojos oscuros, las manos fuertes, la misma mirada ensoñadora y divertida... Pero tenía el rostro más redondo y parecía más niño de lo que realmente era.
Como iban todos los años, los Wade tenían una cabaña de dos pisos y una parcela bastante grande. Todos los trabajadores de la granja que les acompañaban se quedaban fuera, para vigilar el ganado. La cabaña la ocupaban los capataces y el "señorito". Habían cenado copiosamente, y en esos momentos, el médico que había hecho llamar estaba examinando a Sikoth.
- Muchas gracias, Kim, de verdad... pero es demasiado. Deja que hagamos algo para ayudarte. – dijo Jason.
- Sí, claro. Mañana podéis participar en la tarea de llevar el ganado a la explanada y venderlo. – Kim sonrió a Jason. Iba a preguntarle algo, cuando el capataz de mayor rango le pidió que viniera.
El grupo ocuparía toda una sala de la planta de arriba. El médico, tras atender a Sikoth, le dio a Koru una bolsa de hierbas y le indicó que debía dormir, tomar tres veces al día un té hecho con esas hierbas, y que en menos de un día o dos, estaría totalmente repuesto. Cuando al fin estuvieron a solas, fue Torom quien se atrevió a hacer las preguntas primero.
- Menuda suerte hemos tenido... ¿Cuánto hace que no veías a tu primo? Tardaste en reconocerle.
Jason se mordía las uñas de la mano izquierda. Sentado al lado del fuego, seguía con la mirada algo triste y preocupada.
- Mucho, casi unos 10 años o más. Después de la muerte de mis padres, pasé un tiempo en la granja de la familia Wade, en la frontera del reino... Pero me fui de allí antes de un año. Kim era un crío por entonces, me asombra que se acuerde de mí. – Jason dejó de morderse las uñas. – Bien, hemos solucionado el problema del hospedaje y de la salud de Sikoth. Mañana, ayudaré a mi primo con las reses y continuaremos hacia Ravenloft. ¿Todos contentos? Pues yo me voy a descansar, con vuestro permiso.
Tyra y Torom permanecieron más tiempo en la sala principal. Koru, tras darle a su hermano el té de hierbas, se quedó dormido sentado a su lado, apoyado en el escudo y en su espada. Lidda, tras comer bien y secar sus ropas, estaba de mejor humor. Durmió a saltos, pensando en Gilean y en su suerte. A la mañana siguiente, Tyra se ofreció voluntaria para cuidar de Sikoth, mientras el resto ayudaba a Kim y sus hombres a transportar el ganado. Para ello, el muchacho les facilitó caballos, látigos y sogas. Del grupo, quiénes mejor lo hacían eran Jason, que recordaba algo de su tiempo de ayudante en la granja, y Lidda. La ladrona halfling tenía una gran puntería y también mucha intuición y decisión para manejar al ganado, unido a su resistencia física. Al caer la tarde, Jason encerró algunas de las reses que no habían vendido aún, y se encontró con la hafling, sentada sobre un montón de paja mirando el atardecer.
- Pareces preocupada. – Jason se acercó a ella y le tendió una cantimplora.
- Ahora mismo, Gilean estará o malherido o muerto. No es para tomárselo a risa. – Lidda le dedicó una mirada de soslayo. – Anda, chaval, vamos, dime lo que piensas. ¿Tu adorada Medea sería capaz de torturar hasta la muerte? Pues siendo una asesina ciega, esa pregunta sobra.
- La Medea que yo conocí era una persona muy débil, indefensa... Pero todo era un truco. Cuando obtuvimos el barco, pude ver su verdadera apariencia, y me dio miedo. Ya no sé que creer... – Jason buscó las palabras adecuadas para expresar todos los sentimientos que tenía dentro, pero recordó que a Lidda no le gustaban los rodeos ni las charlas sin sentido. Así que fue directo al grano.
Desde que había empezado la aventura, era rara la ocasión en la que los dos coincidieran y estuvieran a solas. Ahora, debía aprovechar el momento.
– Lidda, ya sé que ahora no es el mejor momento para preguntarte, pero necesito saber... Parece que tú ya habías oído hablar de las asesinas ciegas antes que nadie. Es más, recuerdo que en el templo de Horth, fuiste tú la primera en llamarlas así. – Lidda le sonrió de forma irónica y Jason, recuperando el valor, alzó la voz y preguntó: - ¿Qué son exactamente? ¿Por qué son ciegas, por qué trabajan de ese modo y sobre todo, por qué la gente les tiene tanto miedo?
Lidda escupió al suelo un trozo de tabaco de mascar con el que jugaba. Sentada en la pila de paja, podía hablar con Jason cara a cara. El chico de Keel se mantuvo de pie, a la espera de saber si Lidda estaría dispuesta a contarle algo sobre las asesinas ciegas.
- En el mundo de la cofradía de ladrones, existe la norma de que nada es gratis. Todo tiene un precio, y lo más caro ¿sabes qué es? La información. Así que para que yo te de información, antes tienes que pensar en lo que estás dispuesto a pagar.
- Yo... no tengo dinero, como sabes. Ni nada de lo que pueda desprenderme: la espada es valiosa, pero la necesitamos, y los medallones que llevo...
- No importa. Ya se nos ocurrirá algo... – Lidda tomó un paja y empezó a retorcerla. – El nombre real es la Orden de las Hermanas del Caos, aunque popularmente se las conoce como "Asesinas ciegas". No se sabe muy bien ni de donde salieron ni sus intenciones, solo que, en determinado momento en Mimir, llegaron a tener suficiente poder e influencia en muchos conflictos. Se trata de un cuerpo de asesinas de élite, silenciosas y letales. No dejan rastro tras de ellas. Si quieres ordenar un asesinato limpio y sin complicaciones, ellas son las mejores. También pueden sacar información o cambiar la voluntad de las personas. Llegaron a ser una competencia demasiado feroz para el gremio de Ravenloft y otros gremios de ladrones y mercenarios, así que entramos en conflicto con ellas. Gilean, que por entonces empezaba a subir puestos en la orden de Ravenloft y afianzar su poder, fue uno de los responsables de la destrucción de la mayoría de sus fortalezas. Él mismo venció y mató a su entonces líder, una mujer que se hacía llamar "Hija Predilecta de Caos". Su pupila, Werther, juró vengarse, y consiguió escapar. Pensábamos que la orden había quedado disuelta, pero tras comprobar en persona que habían vuelto en el templo de Horth, supongo que aún quedan "semillas" suficientes en el vivero.
- ¿Semillas?
- Ah, sí, claro... Lo leí en alguna parte. Así se llama a las niñas que capturan para convertirlas en "asesinas ciegas". No querrás oírlo, un niño tan sensible como tú no creo que soportaría saber que, para llegar a tener ese aspecto albino y esa velocidad sobrehumana, las niñas son sometidas a un proceso químico y a torturas... – Lidda apreció que Jason se ponía tenso. – Tu pequeña Medea, por la edad que tiene, parece pertenecer a un nivel bajo. Sin embargo, como sospecho que hacía misiones sola, entonces debe ser una asesina de nivel Beta. – Lidda perdió la sonrisa un instante. – Una vez, "Nuevededos" me contó que las asesinas ciegas apresaron a uno de sus hombres, Sombra Nocturna. Era un mago de talento, un gran luchador, y sobre todo, una persona que siempre ayudaba al gremio de ladrones. Enviaron lo que quedaba de él dentro de una caja... Su cabeza unida a un tronco sin brazos ni piernas. Le habían aplicado un hechizo regenerador con el que, al morir, al instante resucitaba y volvía a morir... Una agonía eterna que ninguno de los magos era capaz de quitar. Al final, el propio Nuevededos le dio fin cortándole la cabeza.
Lidda se puso en pie. A pesar de que ahora tenía que mirar a Jason echando el cuello hacia atrás, no perdió ni un ápice de seguridad ni confianza.
- Ahora mismo, en algún lugar de Mimir, están haciendo eso con Gilean. Solo que yo no voy a esperar a que me lo envíen en una caja.
Y con esto, Lidda echó a andar hacia la cabaña. En ese momento, Koru entró en el cercado.
- Tienes mala cara, Jason. Espero que Sikoth no te haya contagiado la gripe. – comentó el chico.
- Estoy bien, creo. – Jason tomó una pala y empezó a echar paja a los comederos.
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Esa noche, Kim ofreció una gran cena para celebrar el éxito de las ventas. Las vacas de la granja Wade daban la mejor leche y su carne era realmente muy sabrosa, como pudieron comprobar durante el banquete. Sikoth se unió a la fiesta, lo suficientemente recuperado como para dar las gracias a Kim en persona y también para tomarse un caldo; aunque fue el primero en subir a dormir. Lidda bebió bastante, retando a los hombres más forzudos a ganarla en las rondas de chupitos de licores variados. Tyra ofreció sus servicios con el arpa, y cuando terminó de tocar, un par de chicos jóvenes se acercaron para pedirle un baile (o matrimonio, como se le ocurrió pedir a uno) Torom respondió por ella, pasándole el brazo por encima de los hombros.
- Chicos, esta es la joya de nuestro grupo. Tendréis que ganarme en un pulso si queréis al menos hablar con ella.
Mientras Torom derrotaba a cada uno de los chicos, Jason permanecía ajeno a la fiesta. No se encontraba cansado. De vez en cuando, se tocaba los labios, pensativo. Uno de los granjeros tocaba la guitarra y tocaba una canción. Sikoth, que aún se encontraba allí, le dijo:
- Oye, "Pies de fuego". ¿En qué estás pensando? Pones una cara muy rara...
- Yo... pensaba en... bueno, en la gente que falta.
Detrás de Jason, Lidda se proclamaba "reina" de los chupitos. Tyra se partía de risa con los comentarios y maldiciones que soltaba Torom mientras trataba de ganar un pulso a un hombretón gigantesco. Koru contaba chistes de los suyos, y arrancaba la risa a sus oyentes. En general, en la sala había tanto ruido que resultaba difícil creer que en ese rincón dos personas podían hablar con absoluta tranquilidad.
- Ludovico está desaparecido... No sabemos si volveremos a verle... Zul nos abandonó, y tampoco sabemos que suerte ha corrido y...
- ¿Elia? Ella te dijo que volvería, ¿no?
- Bueno, me lo prometió.
- ¿Y a ti, quién de los tres te gustaría que volviera? – Sikoth se echó a reír (y luego, a toser) al ver la cara de desconcierto de Jason. El muchacho de Keel se puso colorado como un tomate. - Dicen que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, y creo que en tu caso, no te dabas cuenta de lo importante que es Elia para ti, hasta que ya no la tienes.
Jason se inclinó un poco hacia Sikoth, y le murmuró, todo lo bajo que pudo:
- Es que ella...me besó. Es la primera vez que... bueno, ya sabes.
Sikoth se echó a reír otra vez (y a toser, otra y otra vez). Cuando recuperó el aliento, comentó:
- Se veía venir. Chico, Elia estaba enamorada de ti desde el principio, practicamente. Ahora, lo importante es saber si a ti también te gusta.
- ¿Por qué no me dijo nada, hasta marcharse? – Jason seguía colorado.
- Le daría miedo tu respuesta. Ella debía pensar que quieres a Medea, esa chica ciega, y no se atrevía a confesar su amor. Por eso, esperó hasta el último minuto para decírtelo. – Sikoth se levantó. – Aprovecha este tiempo para meditar la respuesta que quieres darle cuando Elia regrese a nuestro lado. Me voy a dormir.
- Gracias, Sikoth... Que te mejores. – Jason observó como Sikoth se marchaba de la sala abarrotada. "No suele hablar mucho, pero cuando lo hace, merece la pena escucharle. Es más observador de lo que podría pensarse".
"Debo meditar la respuesta que debo darle..." Jason se tocó otra vez los labios. Aún podía sentir la tibieza y suavidad de la maga, y el deseo irresistible que el aspirante a caballero sintió en esos momentos.
El deseo de aferrarse a ella, de evitar que le dejara, de continuar besándose.
Al otro lado del salón, Kim felicitaba a Torom por su fuerza. El mercenario estaba algo achispado, pero aprovechó el momento para preguntarle a Kim:
- ¿Sabías que tu primo vivía en Keel?
- No, mi madre me contó que se había marchado a un colegio para huérfanos al otro lado del país, y que no volvería. – Kim tomó un poco de su sidra. – Él ya me ha dicho que ahora trabaja de mercenario con vosotros, y que hacía mucho tiempo que no pasaba por estas tierras. – Kim se echó a reír. – Nuestros padres eran hermanos, pero no se llevaban muy bien. El tío Rowan vivía en la ciudad, mi padre heredó la granja de la familia en ... y no se veían mucho. Cuando murieron los tíos, un tipo con unos bigotes inmensos nos dejó a Jason en la puerta y le dijo a mi padre "Te toca cuidar de él, eres su familia y los lazos de sangre no se pueden eludir" – Kim imitó una voz grave de varón. – Recuerdo que mi madre le decía a mi padre que tener a Jason nos traería problemas. Entonces, Jason, a pesar de ser un crío, ayudó en la granja, y no se le daba mal. También jugaba conmigo y me contaba cuentos de caballeros y dragones. Yo no tengo hermanos, y la granja está apartada de aldeas, por lo que no solía jugar con niños de mi edad. Por eso tengo tantos recuerdos de mi primo.
- ¿Cuando se marchó, te acuerdas? – preguntó Tyra.
- Sí... – una sombra de tristeza nubló los oscuros ojos de Kim. El chico empezaba a nublarse por culpa del alcohol. – Había un grupo de híbridos que nos robaban y mataban al ganado, y mi padre, junto con algunos hombres, hicieron una batida para detenerlos. Murieron todos. Mi madre se quedó sola al frente de la granja y me dijo que ya no podía ocuparse de Jason, que era solo pariente de mi padre y por tanto, debía valerse por su cuenta.
Tan pronto como se había puesto triste, volvió a sonreír.
- No importa. – Kim se giró hacia Jason, que seguía pensativo sentado en la chimenea, y le gritó: - ¡Oye, primo! Cuando acabes con tu tarea, ven a la granja. Seguro que puedes hacer mucho allí, y tendrás trabajo asegurado.
- No creo que sea buena idea. – Jason reaccionó al fin. Muy serio, comentó: - Anda, Kim, ve a dormir, que mañana tendréis mucho más jaleo y además, has bebido demasiado.
Kim obedeció, como un cordero. Todo lo grande que era, y se comportaba como si fuera un niño, fácil de manejar e influenciable.
- Vaya, Jason "Pies de Fuego", si va a resultar que eres rico y todo. – Torom se echó un poco más de cerveza en una jarra y se la ofreció a Jason. Este la rechazó. – ¿Por qué no vuelves a la granja? Según he sabido, puedes reclamar al menos una parcela, y Kim parece tener buenos recuerdos de ti.
- Yo no quiero nada de ellos. – Jason, con el ceño fruncido, añadió: - Kim no lo sabe, así que por favor, no le digáis nada. Su madre me echó a patadas de la granja la misma noche en que murió mi tío. Me dijo que había sido culpa mía, que "mi sangre" había atraído la desgracia a la granja, y que me alejara de ellos y de mi primo para siempre. Yo entonces quería regresar a Keel y buscar la tumba de mis padres, así que decidí que era el momento. Mi tía me odia, y es mejor para Kim mantenerse alejado de mí. Si mañana Sikoth está mejor, podemos marcharnos hacia Ravenloft.
Aunque las palabras sonaron duras, Jason se mostraba tranquilo y calmado.
- No tiene sentido... Según Kim, tu tío murió tratando de enfrentarse a unos híbridos que le robaban el ganado. ¿Qué tuviste que ver con eso, si eras un niño? – preguntó Tyra.
- Yo tampoco lo comprendo del todo. Mis tíos no me tenían mucho aprecio. Mi tío solo me acogió por ser el hijo de su hermano mayor, y mi tía me trataba como si fuera invisible. Supongo que mi tía enloqueció ante la noticia y lo pagó conmigo. Yo por si acaso, nunca me he atrevido a acercarme a la granja y no tenía pensado volver a ver a mi primo. Espero que Kim no se meta en ningún lío por haberme visto.
Con esto, Jason anunció que el siguiente en acostarse sería él. Antes de salir de la sala, sin embargo, Lidda le cogió del brazo y tiró de él.
- Eh, Jason, ya sé como puedes pagarme la información que te di antes. – Lidda, a pesar de olor a alcohol que desprendían sus ropas, tenía la mirada lúcida y la media sonrisa en la cara.
"¿Por qué será que me da mala espina esa mirada?"
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"Menuda petición más rara" Jason, de pie, miraba el bosque oscuro. Lidda solo le había pedido, a cambio de la información sobre las asesinas ciegas, que fuera solo al bosque de las afueras, y permaneciera de pie al menos una hora. Jason pensó que la hafling estaba demasiado borracha para darse cuenta de lo que pedía, pero no, Lidda estaba serena cuando se lo pidió.
"Pero es que...Ludovico me hizo prometerle que no iría jamás a ningún sitio solo" argumentó Jason. Lidda se echó a reír. "¿Y vas a mantener tu promesa con ese tipo, ahora que no está el grupo? Tranquilo, solo te pido eso, un rato. No será tan grave..."
Jason salió cuando se aseguró que efectivamente todos los miembros del grupo dormían. Cruzó la estancia, bajó las escaleras y salió por la puerta. Echó a correr como un rayo, siempre eludiendo a los guardianes que vigilaban el ganado, y alcanzó el bosque en pocos minutos. Había dejado de llover hacía apenas unos minutos, y el ambiente era fresco y silencioso.
Ahora que estaba solo, y para mantenerse ocupado, Jason pensó en la última conversación con Elia antes de su partida. ¿Qué respuesta iba a darle? No lo sabía. La echaba de menos, y le hubiera gustado permanecer a su lado más tiempo... Ella había sido la primera chica a la que había besado, y le hizo sentir algo que no sabía siquiera que existía. "Demasiados años preocupado por el hambre y por ayudar a los niños huérfanos en Keel... Jamás me había preguntado..."
Jason levantó la vista. Le había parecido escuchar el ulular de un búho. Se sobresaltó cuando Riwl se posó en su hombro.
- No sé si esto se puede considerar compañía o no. – comentó Jason cuando se recuperó del susto. Acarició la cabeza del búho y se echó a reír. – Desde luego, no gano para sustos. Entre descubrir quién era Medea en realidad, la desaparición de Ludovico, la muerte del príncipe Orfeo, Zul, encontrarme con Kim cuando todo parecía perdido... Me pregunto si mi tía tenía razón al afirmar que mi sangre da mala suerte...
Jason recordó entonces su llegada a la granja. Vermotrix le depositó en la entrada, como si en vez de un niño fuera un saco de patatas. Antes de ese momento, Jason había visto como enterraban a sus padres en la fosa común, e inmediatamente después debió perder el sentido o volverse loco, porque no recordaba que pasó en ese espacio de tiempo. De repente, estaba delante de dos personas que le miraban con repulsa en sus sonrisas falsas y miedo en los ojos. Su tío, un hombre inmensamente grande y gordo, no se parecía mucho a su padre; y su tía, con su severa cofia encajada entre los cabellos prematuramente grises, carecía de cualquier tipo de amabilidad o cariño maternal.
- Rowan me pidió que os ocuparais del niño...
- ¡No! ¡No quiero a nadie que tenga sangre maldita en esta casa! – gritó su tía. Su tío la mandó callar.
- ¿Sólo te dijo eso? – preguntó a Vermotrix. El soldado añadió:
- También dijo que este chico también es un Wade, y por tanto, no puedes eludir los lazos de sangre. – Vermotrix, sin decir nada más, dio la vuelta y se marchó.
"Como mi tía no quería tenerme en su casa, dormía en el granero. Dejé de ir a la escuela y ayudaba a mi tío, a pesar de que entonces yo tenía 6 o 7 años. Pobre Kim, se piensa que yo era feliz en la granja, pero lo cierto es que su padre me daba unas buenas palizas por "no cumplir con el trabajo". Kim solo se acuerda de los buenos ratos que pasamos juntos."
El bosque permanecía silencioso, y empezaba a correr un viento helado. Riwl le picó en la oreja y levantó el vuelo, sin duda para tratar de encontrar algo de caza. "Es curioso... Este búho no hiberna..." Jason se tocó la oreja dolorida. Estaba pensando en regresar a la cabaña, cuando ocurrió algo que le dejó aturdido unos minutos. Un empujón, un grito, golpes y después, la hierba y el barro húmedo pegados a la cara. Se incorporó de golpe, y la escena que vio le dejó mudo.
Lidda estaba de pie, de espaldas a él. Sostenía su florete en una mano, y en la otra, el puñal que ella llamaba "mataconejos". Alrededor de ella y Jason había cientos de puñales finos clavados en el suelo. Jason se tocó el cuello, pues sintió la tibieza de la sangre corriendo por él. Le habían alcanzado justo encima de la oreja izquierda. Un poco más, y el puñal se habría clavado en su cerebro.
- Mira Jason, una asesina ciega... – Lidda se afianzó en el suelo. En efecto, frente a ella, había una niña. Era bajita, con el cabello blanco retirado hacia atrás en una prieta coleta y vestida con la túnica blanca. Jason pensó que podría ser Medea, pero la niña habló, y el chico de Keel supo que era otra totalmente distinta.
- ¡Aliento venenoso de Caos! – gritó un hechizo, y de la hierba y la tierra surgió un vapor verdoso. Lidda no vaciló. Dio un gran salto, se plantó delante de la niña y trató de asestarle un golpe con el florete. La niña la esquivó, usando el estilete de plata. La halfling y la asesina ciega continuaban sus ataques una y otra vez, dirigidos al corazón de su enemigo con igual puntería y habilidad. Mientras, Jason se tapó la boca y la nariz con la mano y escapó de la nube tóxica.
"Seré tonto... Claro, era eso lo que quería Lidda..." Jason observó como la halfing se empleaba a fondo para herir a la pequeña asesina ciega. Cuando tuvo su cuello en la punta del florete, la ladrona apretó y le gritó:
- Ya estás hablando, pequeña zorra... ¿Dónde tenéis a Gilean? Habla, antes de que te corte la garganta.
La niña se escurrió, lanzó otro hechizo venenoso y asestó una patada a Lidda. El cuerpo de la hafling voló por encima de Jason y aterrizó de espaldas, lejos de su florete. "Maldita sea... ¿Pero por qué no hago algo?"
Jason desenvainó el sable oxidado. La pequeña asesina ciega se movía en círculos alrededor de él, con una sonrisa divertida en la cara.
- Y pensar que ella me decía que no cayera en la trampa, que aún no era el momento... – musitó la niña. – Si te consigo, me ascenderán a nivel Beta. No tienes ninguna oportunidad, pequeño.
Jason se habría reído por el hecho de que alguien tan bajito le llamara así, pero no podía confiarse. Recordó la única lección que le había dado Sir Cameen Espada... Debía mantener siempre el equilibrio, tanto en su cuerpo como en su mente. El suelo resbalaba como lo hacía el suelo en ese lugar de las montañas, pero Jason ahora tenía más confianza. Debía primero asegurarse de que sus talones estaban apoyados. Tomó aire y se concentró en no perder de vista a la pequeña asesina.
Detrás de Jason, Lidda se incorporaba. Se limpió la sangre que le corría por el labio y recuperó su florete.
- Somos dos, adelante.
El chico de Keel y la hafling se precipitaron a la vez sobre la asesina ciega. La pequeña esquivó cada uno de sus ataques. Los ojos glaucos no paraban de moverse, como si realmente pudiera ver. "Deben ser los sonidos de nuestros sables, o el rumor de las ropas, o nuestra respiración agitada... Las otras asesinas ciegas que he visto no hacían esos gestos extraños... quizá ella también es una novata, como yo..." Jason detuvo el mandoble de la chica, y entonces pensó que si hubiera un sonido realmente fuerte que ahogara o distorsionara los suyos, quizá Lidda y él podrían derrotarla.
Como si respondieran a su petición, en ese momento empezó a llover a cántaros. Las gotas gruesas golpeaban la superficie de la tierra, y formaron charcos en cuestión de segundos. El agua, al chocar contra las cosas, provocaba un ruido ensordecedor. La niña por primera vez perdió confianza, y los ataques feroces de Lidda dieron resultado. Jason la desarmó, como ya había hecho anteriormente con Medea: un giro de muñeca que le enseñó Koru. El estilete salió volando por los aires y se clavó en el tronco de un árbol. Lidda aprovechó la ocasión para golpearla con el mango del estilete en la nariz y luego asestarle una patada en el estómago. La niña cayó al suelo de espaldas.
- Ahora... – Lidda le pisó ambos brazos y la agarró del cuello. - ¡Responde! ¿Dónde está Gilean?
La asesina ciega escupió sangre al rostro de la halfing, y esta le asestó un par de bofetadas.
- Te cortaré a pedacitos, maldito engendro. Y luego se los mandaré a esa Werther... para que vea lo que puede pasar a sus pupilas.
- Eso no detendrá a Werther.
Lidda levantó la vista. La voz desconocida provenía de algún lugar frente a ella, oculta su dueña por la inmensa cortina de agua. Esforzando la vista, Lidda apreció una silueta femenina. Fue Jason quién reconoció la voz, pues gritó:
- ¡Medea! – el chico de Keel levantó el sable oxidado. Él también podía ver la silueta de la asesina ciega. - ¡Sal, y terminemos con esto de una vez!
- Ayúdame, hermana. – suplicó la aprendiza de asesina.
- Werther no es humana, por tanto no sentirá lo mismo que vosotros los ladrones sentisteis cuando os devolvimos a Sombra Nocturna. – Medea, con la voz relajada, no avanzó. – Has sido una estúpida al pedirle a Jason que se expusiera de ese modo. Pensé que ese Ludovico me pondría las cosas difíciles, pero gracias a ti, cumpliré la misión sin mayores esfuerzos.
Medea dio un paso al frente. Lidda golpeó otra vez a la pequeña asesina ciega, justo encima de la nuez del cuello, una técnica que conocía para dejar a alguien inconsciente de inmediato. Lidda cruzó la barrera de agua y cortó con su florete la silueta de Medea. Lo único que cortó fue la lluvia.
- ¡Jason! – gritó la ladrona.
El muchacho no podía hablar. Medea estaba tan cerca de él, como hacía unos días estuvo Elia. Solo que la asesina ciega no pretendía ni besarle ni siquiera darle un abrazo como hacía en las ruinas del templo. No, Medea había apoyado la punta de su estilete bajo la barbilla del muchacho. Su mano firme apretaba el mango.
"Equilibrio y concentración. Ahí está la clave, eso son los motivos por el que no eres tan buen espadachín. La concentración es olvidar lo que ocurre en tu interior y en el exterior, olvidar todo excepto al oponente y su cuerpo." Le había dicho Ludovico, la noche de su primer y único entrenamiento. Él conocía el cuerpo de Medea, juntos se habían abrazado para ahuyentar el frío y el hambre.
Ocurrió en una fracción de segundo. Medea inclinó el estilete dispuesta a cortar de raíz las venas del cuello de Jason, pero el chico, con los pies firmes en el suelo, se echó hacia atrás. Se apoyó en sus manos y, dando una vuelta, golpeó a Medea en la barbilla. La asesina se escurrió del golpe, pero se encontró con la halfing. Lidda se inclinó y desde abajo, acometió una estocada, que rasgó el rostro de la asesina ciega por la mitad. Medea se apartó dolorida. En ese momento, un rayo de color rojo golpeó a Lidda y la hizo caer. Jason la sujetó a tiempo. Los dos contemplaron como Medea se volatizaba en el aire. La expresión en el rostro de la asesina ciega era de incomprensión, pero antes de desaparecer gritó:
- No lo olvides, Jason, la próxima vez que te vea, acabarás muerto como todas ellas. – y su cuerpo desapareció en el aire. La lluvia cesó y Lidda pudo ver que la otra asesina ciega también había desaparecido.
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Cuando, empapados y heridos, Jason y Lidda se acercaron a la cabaña, encontraron que todos estaban en el exterior. Jason miró hacia los cercados donde estaban encerradas las reses, y se encontró con un espectáculo terrorífico. Todas las vacas, sin excepción, estaban tendidas. Sus cuerpos llenos de pústulas sangrantes aún se convulsionaban, las largas lenguas colgaban por encima de sus bocas y los ojos se habían vuelto blancos como la leche.
Torom, Tyra, Sikoth y Koru estaban de pie, vestidos y equipados, rodeados de los hombres de la granja de los Wade. Kim, con la sorpresa pintada en el rostro, fue el primero en ver llegar a su primo.
- Kim... ¿qué ha pasado? ¿Qué es todo esto? – empezó a decir Jason. De repente, Kim le asestó un puñetazo. Cuando dejó de ver estrellas, se incorporó. Su primo le observaba desde arriba, con los puños apretados y el rostro rojo de indignación.
- Nunca creí... lo que decía mi madre de ti. No quería creerlo. Ella me contó que tú habías sido quien trajo la mala suerte a nuestra granja, que tu sangre está maldita... pero yo pensé que mi madre exageraba. Ahora, no lo creo así. La granja está arruinada, y solo porque te acogí como a un hermano...
- Kim, debe ser un malentendido, él no... – empezó a decir Tyra, buscando que el muchacho se calmara. Kim iba a apartarla de otro puñetazo, cuando la mano de Torom, que apretó su puño, se lo impidió.
- Esto ha sido obra de un hechicero oscuro, no tiene más vuelta de hoja. Jason no tiene ni idea de hechizos, así que no juzgues a la ligera. – Torom apartó el puño de Kim. – Han soltado una nube tóxica sobre las reses mientras dormíamos. Eso es todo. Aún podemos pillar a los culpables y...
- No, no podemos. Han huido. – Jason, usando la manga de su chaqueta, se puso en pie y habló a su primo. "Medea me dijo que iba a acabar muerto, como ellas... a esto se refería". – Pero tienes razón. Yo he sido quién te ha traído mala suerte. Perdóname, Kim. No te preocupes, no volverás a verme. Nos marcharemos ahora mismo. – Jason se dio cuenta que ya tenía todo lo que necesitaba encima: el sable oxidado, el medallón del compromiso de su madre y la pieza que pertenecía a Elia. – Gracias por todo.
Jason se dio la vuelta y empezó a andar. Lidda, tras vacilar, asintió y le siguió. Sikoth, que definitivamente parecía ya recuperado, echó a andar, con la mirada hacia atrás. Torom, tras hacer un gesto a Tyra para que se marchara, apoyó la mano en la empuñadura de su espada y dio un par de pasos sin dar la espalda al grupo de granjeros. Koru también se ocupó de observar al grupo, para evitar que se les echara encima. Riwl se posó en su hombro, y los granjeros tomaron la estampa del joven con el búho como una señal de mal agüero y no se acercaron.
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Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, Jason cayó de rodillas y declaró que estaba agotado. La noche daba paso a un amanecer gris y pálido. El grupo se detuvo, y Torom se ofreció a encender un fuego mientras Koru buscaba algo de comer por aquellos lugares. El ladrón comentó que, antes de bajar precipitadamente, había tomado "prestados" unos cuantos trozos de carne reseca. Sikoth también había llenado su alforja de hogazas de pan. De espaldas al grupo, Jason se había apoyado en el tronco de un árbol medio podrido y había cerrado los ojos. Tenía el rostro amoratado por los golpes que le había dado su primo, y también algunos rasguños. Mientras descansaba, Lidda contó a grandes rasgos el encuentro con las asesinas ciegas.
- Malditas... Si llego a pillarlas, ahora ya sabría donde está Gilean... – Lidda apretó los puños, furiosa. – Espero que en el gremio, alguien me pueda ayudar...
- No volváis a hacer algo tan estúpido. – le recriminó Torom. – Os habéis expuesto, sin pensar que podían quitarnos las dos únicas piezas que poseemos. Ludovico sería un necio, pero era un necio inteligente. Si le pidió a Jason que jamás fuera solo a ningún sitio, era para evitarnos un encuentro así.
- Fue la única forma que se me ocurrió para ponerme en contacto con las asesinas ciegas. – Lidda miró de reojo a Jason, que seguía durmiendo ajeno a la conversación. – No me importa arriesgarme, si hay recompensa. Y creo que algo he obtenido.
- ¿El qué? Según tu relato, Medea casi acaba con él... – dijo Koru.
- Eso... "Casi". Pudo matarle, pero vaciló. ¿No estás de acuerdo, Tyra?
La ninja asintió.
- Cuando nos enfrentamos en aquella isla, tuve la sensación de que Medea pudo acabar con Jason, pero no lo hizo. En su lugar, derritió la cadena para obligarnos a marchar cuanto antes, para evitar la lucha. No sé que pretendía.
- Y nos ha estado siguiendo, tal y como sospechaba. Hizo una referencia a una historia que le conté a Jason. La próxima vez, la pillaré. – Lidda apretó los puños. – Debemos tener cuidado con lo que hablamos entre nosotros.
- Estaremos más atentos. Y por favor, se acabaron las escaramuzas en plena noche. – Torom añadió, con voz preocupada. – Lidda, ¿cómo estás? Deberías curarte las heridas.
La ladrona hizo un gesto para quitarles importancia, pero no respondió con ningún sarcasmo. Seguía preocupada por Gilean, pero algo en su interior le decía que el mago aún seguía vivo. "Resiste, te ayudaré a escapar de esas arpías, aunque me cueste la vida o lo que más aprecio".
Fortaleza de Ruhe.
Un grito de terror despertó a Gilean de su sueño. Trató de moverse, pero las gruesas cadenas que le mantenían sujeto a la pared se agitaron. Una corriente de electricidad le recorrió el cuerpo, y el dolor le aturdió tanto que confundía sus gritos de terror con los de la otra persona que gritaba por encima de él.
Había alguien en la celda. Gilean trató de ver, pero hacía días que sus ojos habían dejado de distinguir la luz. A su alrededor, solo había oscuridad y el hedor de la muerte. Una mano callosa se posó sobre su mentón. Gilean trató de escapar del tacto frío de la asesina ciega que le tocaba, pero las cadenas volvieron a descargar electricidad sobre él. Agotado, el halfing mago solo acertó a decir:
- ¿Por qué me mantienes con vida, Werther, vieja zorra?
- No soy Werther. – susurró la asesina ciega. – Quédate quieto un segundo.
Gilean obedeció, más para evitar otra corriente de electricidad que por que quisiera obedecer a su captora. La asesina apoyó una boquilla a sus labios resecos y derramó agua fresca sobre ellos. Gilean bebió, ávido, y por unos breves segundos sintió que volvía a tener esperanzas de salir de allí vivo.
- ¿Por qué me ayudas? Si Werther se entera, te matará...
La asesina no respondió. En su lugar, agitó una de las cadenas. Tras el chispazo de electricidad, Gilean apenas podía hablar.
- El grito que sonaba se debe a un hechizo que se llama "aliento de Caos". Es la especialidad de Werther, su castigo favorito. Una asesina ciega de bajo nivel desobedeció las órdenes de su hermana mayor y trató de actuar por su cuenta. Pero se encontró con una hafling muy dura de roer, y casi compromete la misión. A su pesar, mi superiora ha tenido que sacrificar a la novata. No están los tiempos para tener a inútiles entre nuestras filas.
Gilean trataba de decir algo, pero las olas de dolor que sentía le arrastraban a la inconsciencia. Antes de desmayarse, la asesina ciega se inclinó hacia él y le susurró al oído:
- Está haciendo lo que puede. Resiste, ella te salvará. Así lo he visto, y así será.
