.
.
OMG… OMG… No puedo creer que esto llegó al cap 50… pero estoy casi seguro que al 60 no llega. O al menos no si no le hago epílogos de las parejas por separado pero eso aún no lo decido. xD
Se supone que actualizaba hasta mañana pero mañana tengo que hacer varios trabajos de la U, y les digo que este semestre está salvaje así que si no ven que actualizo es por eso. QwQ
El próximo mes MI MAID cumple años, así que… ¿Qué? O: ¿¡Qué!? Io ke ze, no zoy zientifika… 7x7)r
Gracias por sus reviews, en medio del trabajo y el estudio, son lo que me hace sonreír y dar lo mejor al escribir. NwN/
.
.
Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece. Pertenece a Hiro Mashima. La historia es de mi creación, y. loca y llena de miel como es, la amo. 7w7)r
Referencias De Lectura:
Diálogo.
Narración.
«Pensamientos»
.
.
Capítulo L
~ Cometidos y Efectos~
.
.
Era curioso como pasaba de la pereza personificada a ser realmente útil.
Por otra parte, la seguridad de su casa era cuestionable.
Minerva soltó un bufido al ver como uno de sus guardias se agachaba de inmediato a tomar a ese Macbeth rubio en brazos y cómo el otro de sus guardias abría la puerta preocupado y le ponía una su chaqueta del uniforme encima.
―Se desmayó de repente ―dijeron asustados al ser vistos con una mujer desmayada en brazos a su jefa entrando a ese pasillo― ¿Llamamos a una ambulancia? ―Minerva negó fingiendo desagrado por la escena.
―Solo llévenla a su habitación. No puedo creer que se atrevan a crear estás escenas en mi casa. Alejen este espectáculo ridículo de mi vista ―ordenó fastidiada y ambos hombres asintieron con el rostro preocupado, el que Macbeth coquetease seguido con ellos cada vez que les llevaba el café de la tarde y fuese una empleada de aparente frágil belleza había sido el plan que había ideado y que por irreal que le pareciese a la heredera Orlando, había dado resultado.
Macbeth tenía razón.
La simpleza era la clave a la hora de engañar.
Por eso esa tarde Macbeth fingió un desmayo en el cuarto de vigilancia después de dejarles el café y haber estado simulando desde el día anterior tener un resfriado, Minerva simplemente había pasado por allí llena de bolsas de compras como siempre ocurría cuando salía al centro y nada más había bastado eso para dejar vacía la habitación que ocupaba, apenas los hombres doblaron la esquina del pasillo, Minerva abrió sus bolsas de compra y sacó y colocó el pequeño dispositivo que le entregó su falsa empleada en un terminal bastante escondido de las computadoras que usaban en su casa para controlar la seguridad óptica de la mansión y luego salió del lugar y mandó un mensaje de texto para que Jellal se encargará de borrar esa acción de las cintas de seguridad gracias al acceso que ese dispositivo había abierto para él, ahora solo faltaba irrumpir en la oficina de su padre y colocar el otro dispositivo en su portátil.
Todo estaba saliendo bien.
O al menos eso parecía.
Ya para la noche cuando llamó a su sirvienta falsa a su habitación pudo saber que ese primer paso había sido un total éxito y ya las cámaras de seguridad estaban siendo controladas por sus aliados.
«¿Aliados?» volvió a preguntarse Minerva como desde hacía tiempo se venía preguntando.
―…Y luego de esto podré comprar ese bolso que vi en el centro la semana pasada ―Macbeth continuaba hablando a pesar de que estaba más dormido que despierto.
―Ya lárgate a tu habitación ―le regañó Minerva con una ceja temblorosa de enojo al ver como estaba de nuevo tirado en su cama de finas sabanas como si fuese la cama de él.
―No me eches, soy una frágil y hermosa mujer enferma… ―bostezó.
―¡Ja! Aún no puedo creer que cayeron en eso.
―Los hombres son bastante simples, dales una hermosa damisela en apuros y su testosterona se alborota y actúa por ellos haciéndolos exhibirse como machos alfa. Psicología básica, es fácil manipular esas pobres mentes, además, por eso me llaman la belleza ilusoria.
―Claro, por supuesto ― dijo con ironía y casi ríe, a decir verdad Macbeth era una persona interesante y aunque a veces la sacaba de quicio no le desagradaba.
O al menos le desagradaba menos que al resto del mundo.
―Además, tengo sueño. Es muy cansado fingir ser tan frágil.
―Para ti es fácil fingir ser incapaz de moverte. En serio, a veces no sé si estás dormido o si te moriste ―agarró una de sus almohadas y se la pegó en la cara―. Ahora lárgate de una vez, ya me diste el recado de esos indeseables.
―No quiero… ―se quejó entre bostezos y se metió debajo de las cobijas―. Si voy a mi habitación tendré que empezar a ayudarles con lo de Sawyer.
―No me interesan tus problemas.
―Buuu~ Aunque en realidad no es mi problema que el imbécil de Racer no sepa que no debe irse con extraños.
―¿Racer? ―Minerva fingió lo mejor que pudo su sorpresa y agradeció que Macbeth estuviese más dormido que despierto, eso era lo único que sabían del tipo que tenía Rufus escondido.
―Sí, un idiota ―bostezó con fuerza―. Jefecin y los demás están muy preocupados, yo la verdad creo que se fue a buscar un burdel porque es el único lugar en que las mujeres le hacen caso.
―¿Y por qué es tan importante para ustedes? ―la azabache trató de inquirir un poco más, lo menos que se esperaba de ese hombre es que en realidad fuese un aliado de los Heartfilia.
«¿Los Heartfilia tienen más planes en contra de nosotros los Orlando?»
Macbeth se salió de debajo de las cobijas y la observó con atención.
«Maldición, no estaba tan dormido como creí»
―¿Por qué parece que te importa lo que no te importaba hacía un rato?
―No me importa ―Minerva dejó que su tono sonase burlesco―. Solo no quiero con que me salgan con que hay gente metida en algo de esto que se mueve a mis espaldas.
―Bueno ―el joven de peluca rubia volvió a tirarse a la cama―. Sé que estaba averiguando algo de un hombre cercano a ese viejo tigre.
―¡No llames a mi padre de esa manera! ―le amonestó y se enfadó consigo misma por haber saltado en defensa de su padre de esa manera.
―Vaya ―Macbeth soltó una risita―, no puedo creer qu-
El sonido de la puerta los interrumpió.
El golpe en la puerta no la sorprendió, pero la voz detrás del golpe sí.
―Minerva ―la azabache miró a Macbeth y con un gesto de la cabeza le indicó que se escondiese en el cuarto-vestidor, algo que el chico ejecutó de inmediato.
―Padre ―saludó la mujer al abrir la puerta.
―No me gusta que me hagan esperar ―la reprendió y entró en la habitación como si le perteneciese.
Y tal vez, sí fuese así.
¿Le pertenecía ella también?
―Ya te debes haber enterado sobre la muerte de Iván ―Minerva asintió, había salido en todos los noticiarios siendo como era un Dreyar y la cabeza de la universidad Fairy Tail, eso además de la manera en que encontraron su cuerpo sin vida en una de las provincias de Alvares, lo que aún le quedaba duda a la mujer era si al final había sido cosa de su padre esa muerte―. Es una verdadera pena, era nuestro socio.
―Por supuesto, Padre ―Minerva disimuló la ironía en su respuesta―. Era un buen socio de nuestra familia.
―Un buen socio con deudas que pagó aún después de muerto ―la sonrisa de Jienma se mostró sádica y Minerva subió una ceja.
―¿Deudas? ―no recordaba haber visto ningún papel o documento que indicase tal cosa, lo único que sabía es que con Iván estaban unidos por sus actos fuera de la ley y que su padre lo quería muerto por saber demasiado de ellos.
―Muchas deudas ―reiteró―. Incluso puede que nos haya dejado la universidad Fairy Tail a nosotros como pago de las mismas.
―¿La universidad? ―la azabache negó involuntariamente con la cabeza y de inmediato se percató de la desaprobación de su parte por eso, sin embargo no pudo evitarlo, no podía creer que Iván tuviese una deuda tan grande como para haber dejado la universidad a su padre.
―¿Si fuese el caso qué pensarías? ¿Debemos utilizar esos papeles que mi buen socio firmó en caso de su repentina muerte?
Minerva lo observó atentamente, no solo era raro que viniese a su habitación para hablarle de Iván, sino también que le pidiese consejo sobre qué acción tomar con respecto a cobrar una deuda como esa y menos si habían papeles firmados por…
«Es eso…»
Esa deuda era inexistente y esos papeles que su padre decía que Iván firmó no existían o al menos no aún, su padre probablemente falsificaría ambas cosas.
«¿Entonces por qué pide mi consejo?» Minerva se mordió el interno de la mejilla mientras pensaba, si su padre hacia eso de inmediato se pondría en el ojo de la investigación, siendo el máximo beneficiario de esa muerte la policía pronto estaría en la puerta de su casa, eso podría ser útil, tal vez no necesitarían hackear su computador para poder hacer que la policía irrumpiese en todos los secretos de su familia.
Su padre caería por su propio error.
Sonrió.
―Yo creo que… ―se detuvo un momento y se dio cuenta que ella estaba por cometer un error al tratar de aconsejarle seguir ese plan―. No sería lo mejor. Es imprudente, la policía vería eso como algo muy conveniente para nuestra familia y nos investigaría.
Su padre sonrió con algo que por una ínfima fracción de tiempo pareció orgullo.
Y Minerva lo supo.
Su padre se lo había preguntado para probar su lealtad e inteligencia.
Ella estuvo a punto de subestimarlo y caer en esa trampa.
―Ten ―su padre le pasó una memoria digital―. Revisa esos documentos, la hora de mostrar que eres una Orlando de verdad ha llegado.
―¿Padre?
―Ahora que Iván no está necesitaré más socios, el futuro nuevo dueño de la universidad ya se unió a nuestro pequeño trato, quiero que lidies tú con él. No sé quién se habrá encargado de Iván, pero de cierta manera nos hizo un favor ―sin decirle más dejó la habitación.
―¿Entonces no fue mi padre quien mató a ese tipo? ―Minerva negó, que Jienma no admitiese nada no significaba que no había sido el culpable, lo único que probaba era que aún no confiaba totalmente en ella.
―El tigre viejo aún tiene dientes ―Macbeth salió de su escondite―. Pero en la naturaleza las hembras de los felinos son más capaces.
Minerva sonrió.
―No ocupo porristas.
―No lo soy, pero te aseguro que me veo bien en esos uniformes ―Macbeth volvió a tirarse en la cama―. Entonces… ¿qué te dio el viejo tigre?
Minerva sintió el peso de la memoria en su mano, de pronto parecía que pesaba toneladas.
Su padre estaba confiando más en ella.
Su padre le estaba dando el lugar que merecía.
Su padre aceptaba quien era ella.
―Tengo que hacer unas llamadas ―fue la respuesta de Minerva y Macbeth frunció el ceño.
―¿No me vas a decir lo que hay en esa memoria?
―No es de tu importancia, criada ―el de peluca rubia iba a reclamar pero Minerva lo cortó―. Pero tengo otra información que sí puede interesarte.
―¿Sí? ¿Cómo qué?
―Cómo donde conseguir la colección Fairy & Gabbana de esta temporada que quieres con descuento ―Macbeth le miró emocionado―. Y, aunque menos importante que eso, también sé el paradero del tal Racer.
Cuando Macbeth no pudo responder de inmediato, Minerva se dio por satisfecha.
«Ya es muy tarde, Jienma…»
Lo era.
…Ahora le interesaba más ser Minerva que una Orlando…
.
-0-
.
La botella giró sobre sí misma y dictó el veredicto.
Mira sonrió con dulzura y Jellal soltó un suspiro de resignación porque ya sabía cuál sería el reto.
Más picante.
Y, aunque tenía la elección de elegir "Verdad" prefería no hacerlo porque esa diabólica mujer hacía preguntas tan embarazosas que al final el picante era menos peligroso.
―Reto… ―dijo resignado.
La hermosa albina no perdió el tiempo y llenó una nueva cuchara con picante para él mientras la joven de cabellos rojos se levantaba para ir a la cocina a por un vaso de leche, Mirajane era implacable en esos juegos y siempre apuntaba a matar.
Su pobre Jellal ya llevaba cuatro cucharadas de picante con esa.
El joven azulado cerró los ojos e introdujo la sustancia peligrosa a su boca y antes de perder el valor dejó que cayera en su lengua y se tapó la cara con uno de los almohadones que estaban en el sofá.
Como odiaba esos retos.
Sin embargo oír a Laxus reírse ―burlarse―, estaba valiendo la pena, la noticia de la muerte de su padre no le trajo ni alivio ni alegría ni nada por el estilo, si bien Laxus ya no esperaba por el cariño de ese hombre como cuando era niño, una parte de él siempre deseó poder lograr algo, pero la muerte no dejaba nada.
Nada.
―Toma esto… ―Erza le tocó la mano y Jellal dejó de lado el almohadón, su cara estaba tan roja que su tatuaje apenas era distinguible.
―Glaciazz… ―con costos pudo balbucear, en ese momento apenas y sentía su lengua.
«Bueno, al menos no está inmerso en los planes contra Jienma» se dijo Erza para sí, Jellal había dejado un momento todos sus problemas de lado para apoyar a su primo, pero también se estaba beneficiando de eso, o al menos de momento, luego deberían volver a sus investigaciones, por suerte Capricorn estaba estable en el hospital y lo de Sawyer ya no estaba sobre sus hombros.
Minerva había probado de nuevo que estaba de su lado.
Y no solo con lo de Sawyer, Minerva les había facilitado información importante que su mismo padre le había dado a ella en confidencia.
La joven ya no era un títere de Jienma.
―Oh, no debimos aceptar el trato de no grabar nada de lo que ocurriría aquí ―se rió Laxus con fuerza y tomó de su whiskey.
―Mira, estás siendo muy cruel ―se quejó Erza mientras ayudaba a Jellal a tomarse la leche.
―Ara~ Tú también lo estás haciendo con Laxus ―señaló el plato con sobras de pastel de chocolate cubierto de miel, chocolate derretido, crema batida, caramelo, malvaviscos derretidos, sirope de fresa y azúcar espolvoreada―. Mi pobre Pikachu ya debe de sufrir de diabetes porque le tocó comer eso ―la albina le depositó un beso en la mejilla al hombre y Erza hizo lo mismo con Jellal.
Hasta parecía que competían en llenar de mimos a sus pobres castigados.
Y ellos disfrutaban de eso.
―Como sea ―Laxus giró la botella y el pico señaló a Mirajane―. Te toca, demonio ¿Verdad o reto? ―la albina alzó una ceja.
―Reto.
―Tú reto es… ―sonrió de lado―. Darle más picante a mi primo idiota…
―¡Olvídalo! ―Erza casi que lo asesinó con la mirada y Laxus tragó grueso―. ¡El reto es para Mira no para Jellal! ―se levantó y lo señaló―. ¡Más te vale que no intentes saltarte las reglas, Laxus Dreyar!
―Okey, okey… ―Laxus subió sus manos en señal de rendición, debió imaginar que tal cosa no funcionaría, mucho menos cuando estaba esa pelirroja violenta protegiendo a Jellal―. Entonces, ven Mira, un beso aquí ―se señaló la mejilla y la albina sonrió mientras cumplía su reto.
―Eso no es un reto ―se quejó Erza y Jellal asintió en apoyo ya que aún no se recuperaba del picante y no podía hablar correctamente.
―Ara~ Cuando Jellal te pidió sentarte en su regazo lo aceptamos como reto ―la otra pareja se puso roja y así perdieron el reclamo.
―Mi turno ―declaró Erza con las mejillas infladas y luego sonrió con malicia cuando la botella señaló a Laxus.
―Maldición… ―el rubio se rascó la cabeza y decidió arriesgarse con la opción que podría ser menos dañina―. Verdad.
―Oww~ ―Erza hizo un puchero y Jellal no pudo evitar sonreír encantado al verla, de seguro quería vengarse por él y eso era adorable a sus ojos―. Bueno… ―la mujer soltó un suspiro y se le quedó viendo un rato sin idea de que preguntar, pero luego le miró emocionada―. ¿Cómo te hiciste la cicatriz en la cara?
Laxus, Mirajane y Jellal rieron.
―¿El idiota de mi primo no te lo ha contado?
―No ―Erza negó cruzándose de brazos bajo el pecho―. No soy de preguntarle a Jellal tus cosas personales.
―Bueno ―habló por fin Jellal―, se podría decir que eso no es tan personal de Laxus.
―Seee ―Laxus llenó de nuevo su vaso de whiskey―. El tatuaje de Jellal y mi cicatriz son de lo mismo.
―De la misma estupidez ―añadió con una sonrisa Mirajane.
―¿De la misma estupidez? ―preguntó Erza aún más interesada. Sí sabía que algo tenían que ver uno con el otro pero nunca le había pedido la historia a Jellal porque lo olvidaba, la distraía algo ―o el mismo Jellal― o se distraían entre ambos.
―Es de cuando yo era un idiota y quería la aprobación de Iván ―comenzó Laxus y los tres lo miraron preocupados pero su rostro no pareció atormentado o perturbado por ese recuerdo―, más de una vez traté mal al abuelo Makarov, o a mi tía Layla y a mi tío Jude por eso, entonces cuando sucedía eso Jellal terminaba metiéndose…
―Siendo sinceros yo solo buscaba una excusa para pelearme con Laxus, en ese tiempo también era un idiota ―explicó el azulado y Erza le miró con desaprobación y Jellal le lanzó un beso conciliador haciéndola reír.
―Bah, dos idiotas entonces, la cuestión es que un día ambos estamos peor que los demás días, y terminamos peleando cerca de los ventanales de la sala principal, y paff, caímos en uno y yo me hice esto ―Laxus se señaló la herida.
―¿Los ventanales? ―Erza alzó una ceja y miró a ambos.
―Y fue un día caótico, Er Chan ―continuó Mirajane mientras los dos ex inconscientes chocaban sus copas como si de verdad debiesen de celebrar por un recuerdo así―. La señora Layla casi tuvo una crisis nerviosa al ver como cayeron por el ventanal y al ver la sangre de las cortadas en sus caras.
―Obaba Sama casi nos mata al verlas ―rieron ambos hombres.
―No me parece gracioso ―les regañó Erza―. No puedo creer que se comportaran de esa manera.
―Ya lo dije, éramos idiotas ―continuó Laxus―. La cuestión es que mi herida fue peor que la de Jellal, y este idiota siempre ha sido un masoquista que le encanta cargar culpas, así que como yo tenía toda esta cicatriz el decidió tatuarse la cara. Eso fue bastante estúpido ―Laxus rompió a reír de nuevo.
―Hey, alto―Jellal negó―. Yo también tenía mi cicatriz por los cortes, el tatuaje me lo hice porque siempre quise hacérmelo.
―Naaa ―esta vez fue el turno de Laxus negar―. Tú llegaste llorando a pedirme perdón al hospital con la cara tatuada.
―Eso no es cierto.
―Sí que lo es.
―Has tomado mucho.
―No más que tú.
―Los dos están mal ―les interrumpió Mirajane―. Eso no fue lo que pasó.
―¿Y entonces que pasó? ―preguntó Erza cada vez más curiosa.
―Sí, ¿qué pasó? ―dijeron los dos hombres en coro, nunca le habían contado a nadie la verdad porque era muy embarazosa y por eso se hacían los idiotas cuando se los preguntaban o inventaban una versión diferente cada vez.
―Verás, Er Chan. Cuando ambos salieron del hospital estaban arrepentidos de lo que hicieron, así que intentaron disculparse como lo hacen los hombres.
―¿A golpes de nuevo? ―dijo la pelirroja.
―No, yéndose a un bar y pagándose tragos de cortesía ―Mirajane soltó un suspiro y Jellal y Laxus se miraron asustados―. La cuestión es que se emborracharon tanto que terminaron llorando en brazos del otro y en un antro de tatuajes para sellar su nueva amistad de amigos por siempre.
―¡E-eso es mentira…! ―intentó negar el azulado.
―¡Ridículo…! ―dijo Laxus, él era mejor mentiroso pero era obvio que solo trataban de ocultar la verdad.
―Ara~ Me preguntó si la señora Layla aún tendrá esos videos de ustedes diciéndose cuanto se querían y lo importante que era mantenerse unidos como decía el abuelo Makarov, llegaron casi intoxicados a la casa, además de tatuados y la señora Layla decidió averiguar todo lo que habían hecho esa noche.
La cara de ambos se volvió de un rojo incandescente.
Por supuesto, su tía había averiguado la verdad.
―¡El único que lloró fue Jellal! ―intentó defenderse el rubio.
―Oh, no ―Jellal lo señaló―. ¡Tú fuiste el primero! ¡Decías que ya nadie te amaría por esa marca! ¡Que ahora eras como la bestia del cuento que le contabas antes a Lucy y que no tenías ninguna rosa mágica!
―¡T-tú te ibas a tatuar el osito de tu mamá en la espalda! ¡Y lloraste porque no llevabas una foto de él contigo para que te lo hicieran!
―¡Y tú te tatuaste una mariposa con el nombre de Mirajane adentro! ¡Y exigiste que te la tatuaran en el pectoral sobre tu corazón! ―contra atacó el azulado.
―¡OYE! ¡ESO ERA UN SECRETO!
―¿Mi nombre? ―preguntó curiosa la albina―. Nunca he visto ese tatuaje ―alzó una ceja a Laxus y este enmudeció de la vergüenza.
―En esa época Laxus ya estaba loco por tí ―informó Jellal con una sonrisa sádica al ver que el pobre rubio no sabía ni donde ocultarse―. Luego se hizo el tatuaje tribal que tiene en el pecho, encima de ese otro.
―Eres un traidor… ―murmuró Laxus.
―Tú empezaste ―respondió Jellal.
―Así que mi nombre… ―susurró Mirajane con las mejillas rojas mientras Erza rompía a reír por imaginar a ambos pidiendo tatuajes de ositos de felpa y mariposas.
―Agh, suficiente ―frustrado el rubio dio vuelta a la botella que señaló a Jellal.
―¿Verdad o reto? ―Jellal iba a responder que se estaba saltando su turno pero Laxus decidió por él―. ¡Te reto a que te eches a esa pelirroja violenta al hombro y se vayan! ―Jellal rompió a reír por toda la vergüenza que estaba sintiendo Laxus y silenciando con un beso a Erza quien estaba por reclamar, se la echó al hombro como un saco de papas y se dirigió a la puerta de la casa de Mirajane.
―Descansen ―se despidió aún riéndose.
―Esto no es justo… ―Erza, de cabeza por como la llevaban, se despidió con la mano mientras inflaba las mejillas y salían de la casa.
―Esto sí que fue una noche reveladora ―rió Mirajane mientras veía por la ventana como Jellal bajaba a Erza de su hombro, le daba un beso en cada mejilla inflada y luego se hincaba para ofrecerle llevarla de caballito haciéndola reír de esa manera.
Aún tenían muchas cosas que arreglar en sus vidas, pero entre los dos se hacían felices y se daban fuerzas en medio de tantos problemas.
―Entonces una mariposa con mi nombre… ―cuestionó la albina volteándose a su apenado pikachu.
―Ya sé que es ridículo…
―Dicen que el ridículo es la base del buen romance ―se sentó en su regazo y le dio un beso en la mejilla―. Y si tú quieres puedo ir y tatuarme un pikachu con tu nombre ―Laxus rió y se levantó con ella en brazos.
―Prefiero marcarte yo mismo ―Sonrió de lado, engreído y seductor colocó a Mirajane en el sofá largo bajo él y con sus labios succionó piel de su cremoso cuello dejando una marca y sacando un gemido de ella―. Gracias por esto, demonio… ―susurró con una gentil caricia de sus dedos en sus rosadas mejillas.
―¿Por qué? ―le preguntó en un susurro.
―Por hacer todo esto para animarme ―le sonrió con cariño―. Debí agradecerle también a esos dos, aguantaron cosas picantes y amargas solo para que yo no estuviese sombrío.
―No necesitas dar las gracias ―Mirajane enredó sus manos detrás de su cuello y lo atrajo hasta sí para besarlo―. Ellos saben qué harías lo mismo por ellos, o por cualquiera de la familia.
―Sí ―Laxus asintió―. Siempre quise que ese hombre fuera mi familia, pero terminé siendo elegido para formar parte de una mejor.
―¿Eso crees?
―Eso lo sé… ―murmuró contra sus labios y ya no hablaron más, decidieron concentrarse en el calor y el gozo de sus cuerpos unidos.
…Estar unidos era lo único que importaba ahora…
.
-0-
.
El sistema de seguridad estaba inactivo y esa noche era su oportunidad.
Debían aprovecharla.
Los directivos de las empresas Fernandes habían convocado a una reunión a última hora de la tarde, por supuesto Jienma Orlando no sabía que todo había sido planeado por Jellal para que él tuviese que salir de la casa y de esa manera su hija y la empleada infiltrada tuviesen acceso libre a su portátil personal, por desgracia para ambos no la encontraron en la oficina de la cual Minerva había conseguido una copia de la llave; pero, para gran asombro de la joven, Macbeth era versado en el arte de forzar cerraduras, y las cerraduras de esa casa eran tan antiguas como la misma mansión por lo que no significaron mayor problema.
Y allí estaban.
En la habitación de ese hombre.
La oscuridad de la habitación, el sonido de la vieja madera del piso y las múltiples cabezas de animales le hicieron sentir escalofríos a Minerva, a su padre le encantaban esas cosas que mostraban sus victorias, diplomas, trofeos, medallas y sí, cabezas de animales ensalzaban su ego y su autoestima.
Él necesitaba un refuerzo constante de eso que creía que era.
Pero no lo era.
Minerva por fin podía ver eso.
Jienma Orlando no era ese hombre todopoderoso que ella veneraba de niña, las cosas que había conseguido eran mediante trampas, amenazas y juegos sucios que estaban por reventarle en la cara y llevarlo hasta el sucio suelo para probablemente no levantarse jamás, eso significaba que todas esas victorias de las que se jactaba nunca fueron realmente la gran cosa.
Todo ese brillo era falso y estaba a punto de convertirse en el polvo que era.
―¿Supongo qué es esta? ―Macbeth señaló una de las portátiles sobre el escritorio de la habitación y Minerva asintió.
―Sí, la otra es la que usa en la oficina para comprobar cosas ya que esa no la conecta a la red para evitar crackeos ―sonrió de lado y metió su mano en el bolsillo de su pantalón para apretar en su puño el encendedor que llevaba con ella para darse seguridad―. O al menos hasta ahora.
―Entiendo ―Macbeth se puso un par de guantes, tomó una foto para recordar la posición en la que estaba la portátil y sacó las herramientas necesarias para abrir la lap top y colocar el dispositivo, era algo relativamente sencillo de hacer, un buen curso de reparación de computadoras y dispositivos móviles enseñaba cosas muy útiles―. Ni siquiera se dará cuenta que está conectado a la red cuando la encienda.
―Pues espero que no.
―¿Aún le tienes miedo a ese tigre sin dientes?
―No ―Minerva le miró con enojo―. Pero mató a Iván y a quién sabe quién más, dudo mucho que le importe atravesar con una bala a la traidora de sangre de su hija.
―Lo de Iván no se sabe si fue él.
―Lo sé, pero no voy a arriesgarme cuando la respuesta más probable es que sí fuese él.
Macbeth subió los hombros y continuó con lo suyo, Minerva aprovechó para revisar la habitación.
No le sorprendió en absoluto el completo orden, ni los objetos caros y ostentosos, al final lo único que realmente le sorprendió fue que no hubiese nada realmente personal en ese lugar.
Ni fotos, ni libros que no fuesen de números, ni retratos, nada.
No había nada de él fuera de su ambición.
«No debería de sorprenderme» pensó y dejó que su mirada vagara por una de las paredes, la cabeza falsa de un tigre colmillos de sable la hizo sonreír con burla de la pretensión de su padre al tener algo así y se acercó a ella, repasó los contornos con sus dedos y recordó cuando era niña y tenía miedo del escudo de familia debido a ese animal, la sirvienta que siempre cuidó de ella ―y quien Rufus decía que era su madre―, le contaba cuentos para tranquilizarla si era de noche y si era de día jugaba a las escondidas con ella por toda la mansión de montaña.
Ella siempre fue buena escondiéndose.
―Tan buena que aún no me he encontrado a mí misma… ―susurró sujetando con fuerza uno de los colmillos del tigre.
―¿Lo quieres matar más?
―¡MALDITA SEA! ―gritó al escuchar la voz de Macbeth detrás de ella, estaba tan concentrada en sus pensamientos que ahora sentía que su corazón iba a reventar por el susto.
―¿Eso fue un crujido? ―preguntó Macbeth sin darle importancia al susto de muerte que él acababa de dar a la azabache―. ¿¡Lo rompiste, Tigresa tonta!?
―¿¡Qué!? ―asustada Minerva observó la mano que sostenía el colmillo y casi gritó de nuevo al ver como el colmillo estaba diez centímetros más abajo de donde estaba al principio―. Oh, no… ¿¡Qué hice!? ¡TODO ESTO ES TÚ MALDITA CULPA!
―¡Estamos jodidos! ¡No espera…! ¡Tú estás jodida!―continuó Macbeth―. Hoy me voy de esta casa…―declaró y comenzó a recoger sus cosas, ya había terminado de colocar el dispositivo y no quería terminar seis metros bajo tierra.
―¿¡ME VAS DEJAR SOLO PARA CARGAR CON TODA LA CULPA!?
―Tu padre es un sociópata, linda. Y yo soy demasiado lindo para enfrentarme a él o terminar en la cárcel ―Macbeth se colocó la mochila en su hombro―. So~ Babai!
―¡Ven acá ,maldito marica! ―le llamó exaltada―. ¡No abandonas a tu cómplice! Oye, ven… ―le llamó otra vez y soltó el colmillo, para su sorpresa no cayó al suelo y lo observó con atención―. ¡Espera! No está roto…
―Marica tú, marica yo, marica todos, así que lo honro y me voy. No voy a caer, Minervin, no dejaré huellas aquí…
―¡Que te digo que no está roto! ―movió su mano y él sonido de una bisagra llamó la atención de la falsa sirvienta―. Es una caja fuerte oculta.
―¿Caja fuerte? ¿Y hay joyas? ―ahora sí se acercó muy interesado.
―Claro que no, idiota ―chasqueó la lengua.
―¿Cómo sabes si la caja está cerrada?
―Porque mi padre no escondería algo así aquí.
―¿Entonces qué crees que él?
Minerva sonrió de lado.
―Sus máximos trofeos, siempre a su vista como los demás ―Macbeth alzó una ceja sin entender y la azabache continuó― Aquí están sus libretas…
Los más grandes secretos de su padre.
…Secretos que estaban cerca de ser revelados…
.
-0-
.
No tuvo acceso hasta tres días después de colocado el dispositivo.
Cinco días después ya el programa que había creado controlaba por completo la portátil.
Para eso momento Minerva ya había despedido a la falsa empleada por su constante falta de energía, y en esa fría tarde a nadie le pareció extraño ver a la rubia salir con sus pertenencias pues era bien conocido como Minerva no soportaba a los inútiles.
Nadie notó tampoco la bufanda de fina factura que la señorita de la casa le regaló a la sirvienta despedida. Al final no le dio la que Macbeth quería, pero si le compró una mejor, Minerva nunca creyó ver a ese dormilón tan emocionado por algo.
Ella casi que sintió que lo extrañaría.
―Minerva tenía razón ―dijo Jellal cuando le colocaron una taza de té a la par―, todo está aquí… ―susurró casi que incrédulo, tenía las pruebas que necesitaba para encarcelar a Jienma listas para enviarlas, solo necesitaba filtrar en la web algunas de esas y enviarlas luego como un anónimo a las autoridades, Sawyer al ser liberado le había dado la información que había obtenido, el hombre del video era un conocido falsificador en el mercado negro y si lo denunciaban tal vez podrían probar la falsa herencia que Iván se otorgó.
Por fin todo eso podría acabar.
―Parece todo tan irreal ―Erza puso en voz su pensamiento y en el hombro de ambos una mano se colocó.
―A mí no me parece tan irreal ―Layla les miró con orgullo―. Han sido años de trabajo duro ―los jóvenes asintieron.
Era verdad.
Noches y días en vela, chantaje, manipulación, amenazas.
Todo eso estaba por acabar.
―Una vez parte de esos archivos estén filtrado, la tesis de la señorita Erza y los la información que nos dio la señorita Minerva terminarán de hundirlo sin necesidad de usar la información que se obtuvo de manera no tan legal ―Dijo Jude y la mencionada se sonrojó.
―Y luego las libretas le darán la cadena perpetua que merece ―finalizó Obaba Sama.
Laxus, Mirajane y Lucy miraron los dedos inmóviles de Jellal sobre la lap top.
―Y Wendy volverá con nosotros… ―afirmó Jellal y Erza besó su sien con dulzura.
Eso era lo más importante de todo.
Por fin estaría con su familia.
El dedo de Jellal presionó una tecla.
Ahora solo quedaba esperar.
…Y eso podía ser lo más difícil…
.
-0-
.
.
-0-
.
La nieve caía sobre ellos y ambos no paraban de reír.
La manera en la que Juvia había caído de su tabla de snowboard había sido tan graciosa que Gray ni siquiera pudo molestarse de la manera en que lo terminó tirando al suelo para rodar casi tres metros cuesta abajo antes de chocar con una loma de nieve fresca que casi que lo enterró.
Esa vida en la nieve la había extrañado tanto.
Pero ahora era más divertido que antes, o al menos eso le parecía, y era curioso porque Ur seguía igual de estricta, los entrenamientos eran más duros, su cuerpo aún no estaba del todo acostumbrado al nuevo régimen de ejercicios y sus padres lo llamaban por skytail a diario y lo fastidiaban por horas y horas.
Pero él se divertía.
Y, a la hora de irse a dormir y tirarse en su mullida cama y envolver a Juvia en sus brazos para dormir bien calientitos los dos sabía muy bien porque era que ahora lo disfrutaba más.
Era por ella.
Por Juvia quien día a día era su porrista personal y aunque se apenaba al escuchar sus cánticos de energía en medio de los entrenamientos y de todos los demás estudiantes de su tía, no podía decirle que dejase de hacerlo por el simple hecho de que de verdad le daban energías y lo hacían desempeñarse al máximo.
Por Juvia, quién le preparaba pastelillos a diario y hacía reír como loca a su maestra cuando le dibujaba la cara de él a todo lo que horneaba.
Por Juvia, porque cuando caía después de intentar algún movimiento en el pipe era la primera que llegaba a ver si estaba bien y en más de una ocasión casi que lo había desnudado enfrente de todos para ver si no tenía ninguna herida.
Por Juvia, quién ahora reía a su lado con copos de nieve derritiéndose poco a poco en sus rojas mejillas y le veía con ojos del color del más hermoso cielo despejado que él hubiese presenciado.
―Gracias por estar conmigo… ―susurró de pronto haciéndola a ella parpadear al no estar muy segura de lo que dijo.
―¿Qué le dijo a Juvia, Gray Sama?
―Que te vas a resfriar ―cambió lo dicho, su cara la sentía arder y no era por el frío, aún le costaba demasiado decir lo que sentía―. Vamos, tenemos que ir al comedor buscar alguna bebida caliente ―se levantó, le estiró la mano y la ayudó a ponerse en pie para luego rejuntar las tablas y dejarlas de pie enterradas en la nieve para usarlas más tarde, luego se acercó a ella y sintió la mirada de Juvia en él mientras se encargaba de quitarle los copos de nieve de su gorro azul y su ropa abrigada.
No necesitaba que ella le dijese lo que sentía, él podía sentirlo por la manera en que lo observaba.
―Además mis padres llamarán en un rato ―intentó colocar conversación en medio de ellos, a veces los silencios ―a diferencia de hace un tiempo― le hacían sentir extraño.
Ya estaba acostumbrado a escuchar su dulce voz inmiscuyéndose en sus oídos.
―Y su padre prometió contar a Juvia como fue que encontró a Gray el día en que Ultear lo ocultó en un inmenso baúl en el sótano de su abuela.
Gray chasqueó la lengua avergonzado.
¿Por qué siempre tenían que elegir las anécdotas más vergonzosas?
―Como sea… ―susurró y se encaminó hacia el comedor, Juvia lo observó alejarse de ella y esperó con una sonrisa en sus labios.
Y no fue defraudada.
Su Gray Sama se detuvo, se volteó hacia ella y ocultando su roja cara entre la roja bufanda estiró su mano hacia ella.
―Vamos…
Con una sonrisa aún más amplia la joven corrió a tomar su mano y se deleitó en la manera en que los dedos de su Gray Sama se entrelazaron con los de ella por voluntad propia y comenzaron a caminar.
―Gracias por estar con Juvia… ―susurró ella y Gray la volteó a ver con una ceja alzada.
―¿Qué?
La joven se puso de puntillas y le besó la mejilla.
―Gracias por estar con Juvia… ―le repitió con sinceridad y Gray sonrió mientras deseaba poder ser algún día tan valiente para decir las cosas como lo era Juvia.
Aunque tal vez eso nunca ocurriría.
Después de todo él era como era.
Pero al final, eso no importaba realmente.
…Porque ambos se aceptaban tal y como eran…
.
-0-
.
Sabía que saldría manchada en todo, pero por alguna extraña razón se sentía aliviada.
Minerva miró su imagen en el espejo de su auto y por primera vez sintió que se veía realmente a ella misma.
No a una Orlando.
No a una heredera.
Veía a Minerva.
Lástima que tal vez no podría disfrutar de esa libertad por mucho tiempo.
Ya los Heartfilia le habían avisado de que los archivos habían sido filtrados y era cuestión de horas o días para que las autoridades se hicieran presentes, y muy seguramente ella sería encarcelada también por cómplice o quien sabe que más, Layla le había asegurado que ella y su bufete se encargarían de defenderla pero Minerva salía bien que limpia no estaría y que años de sumisión y de estar cegada por su ego, ambición, envidia y soberbia no le permitirían salir impune de todo.
Pero estaba lista para afrontarlo.
O lo estaría una vez afrontase algo que le daba más miedo que pasar el resto de su vida encerrada sin nada de glamour en una celda.
Y por eso estaba allí esa noche.
La joven azabache se bajó del auto y caminó a pasos cortos hasta la puerta de la veterinaria, esperaba que al tocar le abriesen la puerta y al verla no hubiese rencor o resentimiento en los ojos de sus amigos.
«Eso es mucho pedir…» sonrió con tristeza y su mano se hundió en el bolsillo de su abrigo para apretar con fuerza el encendedor que seguía representando dos grandes decisiones en su vida.
La joven respiró hondo al presionar el timbre y esperó por varios minutos en medio del silencio de la noche solo interrumpido por el sonido de perros ladrando que seguramente estaban en tratamiento en el lugar.
Nadie le abriría.
Resignada pero no sorprendida, la mujer sacó de su bolso la carta que había preparado en caso de que no la quisiesen escuchar y la pasó debajo de la puerta, si ellos leían eso tal vez considerarían no recordarla como la vil perra que fue con ellos.
Tal vez.
Con un suspiro más de resignación, la mujer observó la puerta y dio un paso atrás, fue justo en ese momento que un par de manos la sujetaron, un par de brazos la rodearon y una risita llenó su oído en medio de la fría noche.
―Te estábamos buscando ―susurró el hombre.
―Tú…―dijo antes de caer dormida en esos brazos.
Cuando Sting y Rogue llegaron de la casa de Yukino encontraron la carta.
…Pero de Minerva Orlando no había mayor rastro…
.
.
¿Reviews?
Gracias por tomarse un ratito para comentar
.
.
Campo Publicitario Pagado (¿):
Sidera Et Destinatum: Este fic ya está completo. :D Tardé un poco en terminarlo pero por fin lo he acabado. QwQ Gracias a todos los que lo han leído y gracias por leer y darme su opinión sobre él.
Request: Subí un nuevo One Shot en este fic de peticiones. Esta vez sobre el Jerza y el embarazo. xD Espero les guste.
Rincón De La Escritora en Proceso:
Chan chan chan… dicen que el esfuerzo rinde frutos y los Heartfilia y asociados han trabajado mucho para lograr su obejtivo… ¿De verdad está Jienma por caer? ¿Qué le pasó a Minerva? ¿Quién la buscaba? Dx
Todo eso y tal vez menos en el próximo cap…
Dx
xDDD
Agradecimientos:
A vosotras/os adorables reviewistas con cuenta os contesto por PM:
Lady Werempire
Sakom Raiya
Artemisa Neko Chan
Lady Dark Eternity
Alicia Melo Angel 29
Banana Sama
MinSul6011
FletchS
A vosotras/os adorables reviewistas sin cuenta os contesto por acá:
MASTER VIVI: Si él final está acerca. Me pone nostálgica pero todo debe acabar. QwQ Oie, esto jamás sería tan sangriente como GOT, pero gracias por el halago. xD El Jerza siempre fue canon QwQ Esa es la verdad… *shora* Gracias mil por leer. Besos.
Guest: Me alegra que les siga emocionando. *w* Jienma está a punto de caer pero esperemos que sea tan fácil como parece. (¿)Ya viste lo que pasó con Minerva cuando intentó ir a ver al rubio :c El Macbreed se veré muy poco en este fic pero algo habrá. xD Gracias mil por leer. Besos. O3O/
KaNIMF: ASDFGHJK Me halagas 7/w/7 ahora que son los caps finales me crecen más y más los nervios de que no pierdan el interés. QwQ Ojalá tuviese más tiempo libre para escribir más seguido. Dx El final del manga aún me duele pero cada vez estoy más segura que habrá más de FT y que el Jerza obtendrá el final con felicidad explicita de ellos dos viviendo y amándose libremente como se merecen. QwQ)9 Fairy Tail tenía más bases románticas para terminar con las familias de las parejas como en Naruto en Bleach, de hecho el arco de Alvares fue casi todo romántico. xD Aunque entiendo a Mashima de querer preservar el espíritu aventurero de su obra al terminarlo como lo hizo. U-U Es difícil de decir, al final él es el creador, pero si puedo decir que Mashima se dejó bajo la manga un gran potencial que puede usar cuando lo necesite, lo que más vendía de FT eran los ships, y con ellos aún puede sacar mucho (económicamente hablando) xD Esperemos que ese deseo comercial y capitalismo por el dinero nos dé más de las parejas. xD Especialmente porque el anime se estrena el otro año y Mashima debe de llamar la atención con algo ya que el manga se acabó. :x Crucemos todo lo cruzable… 7w7)r Gracias mil por leer. *w* Un beso.
Carmen: Me alegra que el final de FT te emocionase tanto. :D Es bueno estar feliz por las parejas *w* Esperemos que Mashima nos dé más de eso a pesar de que el manga ya terminó. :D Minerva está en medio de muchos torbellinos de los que ni siquiera se da cuenta, esperemos que salga viva de todo eso. Dx Me alegra que te gustase el PKDO 7w7)r Se lo merecían por trabajadores. xDDDSUerte con la escuela y el trabajo, a mí me tienen igual de absorbida. QwQ ¡ÁNIMO! Espero te guste lo que ha estado pasando en Dulce Destino. Dx Gracias mil por leer, y te mando un besazo. O3O/
.
.
Gracias mil por leer y comentar.
¡Nos leemos!
¡Adieu!
.o./
.
.
