53. Jacob
Yo no me quedé atrás.
Sin dejar de correr, me tiré al agua. Mientras caía, me di cuenta que había tormenta, y por lo tanto, el mar estaba agitado.
Las olas eran enormes, capaces de ahogar a cualquiera.
Caí.
El agua congelada me heló la sangre y los sentidos. Sentí pequeñas punzadas por todo el cuerpo, cuando le vi.
Él se hundía.
No se movía, y tenía los ojos cerrados.
Nadé hacia él lo más rápido que pude. Lo intenté sacar de allí, de verdad que lo intenté. Pero con la tormenta dominando el mar, no pude hacer nada para salvarle.
Él abrió los ojos, y me vio.
Una sonrisa iluminó su rostro.
No. No dejaría que se fuera. No iba a dejarle solo. Nunca.
Le cogí de la cintura, haciendo que su brazo rodeara mi cuello. Nadé hacia arriba, sin parar.
Jacob pesaba muchísimo.
Con muchísimo esfuerzo, y reteniendo el aire en mi boca, conseguí avanzar entre los movimientos del furioso mar. Él no respiraba, sólo me miraba, como si fuera una alucinación, un ángel.
Jacob, por favor, tienes que hacer un esfuerzo. No puedo seguir sin ti. No puedo seguir sabiendo que estás muerto. Por favor, respira., pensé, con intención de que él lo oyera.
Mantenía el don de Edward activado para poder saber su respuesta.
Está bien., aceptó finalmente él.
Yo le sonreí, y atravesando el corto espacio que había entre nosotros, le besé. Durante el beso, le pasé mi oxigeno, y él lo recibió sin problemas.
Le volví a coger de la cintura y, con toda mi fuerza, tiré para arriba.
Conseguimos salir del agua y respirar, cuando otra ola se dirigió a nosotros.
—¡Coge aire! –chillé, poniéndome en medio de la ola, cuando oí una voz conocida.
—¡Alba! ¡Usa mi don! –me gritó Benjamin.
Claro. ¿Cómo he podido ser…
—¡Alba! –gritó Jacob.
Me di cuenta que la ola estaba literalmente encima de nosotros, cuando pensé en Benjamin, y con la mente, ordené a la ola que se detuviera.
Y lo hizo.
—¡Vamos Jake! –grité.
Él comenzó a nadar, y al ver que yo no me movía, volvió conmigo.
—¿Qué haces? –pregunté, sin retirar la mirada de la ola.
—Yo te cojo, tú te ocupas de que sigamos vivos. –me propuso.
—Está bien. –acepté.
Él me cogió de la cintura y empezó a nadar. Yo me concentraba en parar las olas que nos querían enviar de nuevo al fondo del mar.
Conseguimos salir.
Sentir la arena pegada al cuerpo era una sensación que nunca pensé que fuera tan placentera.
—Pensé… pensé que tú… Oh, demonios. –susurró Jacob, con los ojos llorosos y abrazándome.
Me sentí segura entre esos brazos.
Le amaba. Inevitablemente, le amaba como nunca seré capaz de amar a nadie.
—Prométeme que no intentarás matarte otra vez. Que no te volverás a ir. –suplicó él.
Mis ojos lloraron.
—No puedo prometerte eso. –le dije.
Él se separó de mí, y me miró como si un puñal hubiera atravesado su corazón.
El agua le caía por el pelo, haciéndolo ver más dulce de lo que era normalmente. La imagen me cautivó.
—¿Por qué? –susurró.
—Sólo estoy aquí para salvarte, Jake. Prometí volver.
—¿Adónde?
—No es asunto tuyo. –dije, con la voz más dulce y delicada que encontré en mí.
Él negó con la cabeza, no queriendo aceptar lo que le estaba diciendo, y miró al suelo, cerrando los ojos.
—Te amo, Jake. –no pude evitarlo.
—Pues entonces no te vayas. –me pidió, con los ojos aún cerrados.
—No puedo. –murmuré, besándole la mejilla y levantándome del suelo.
—Alba. –me llamó la voz de Alec.
Yo me giré hacia él y asentí. Me dirigí a ellos y Demetri me colocó una mano en la espalda.
Me llevaron con Edward y Carlisle, para que pudiera comunicar mi mensaje.
Mientras Alec hacía la presentación, hablé con Edward.
Edward, cree todo lo contrario a lo que te diga ahora., pensé para que él lo escuchase.
—…entonces, Alba. –dio pie Alec, para que empezara a hablar.
—Aro me ha dicho que ya no van a venir a visitaros, y que tienen pruebas para saber que Irina mintió.
El rostro de Carlisle se iluminó de felicidad, al igual que el de Edward. Pero la felicidad de Edward era falsa.
Me tienen de rehén, Edward. No accedáis a nada por mi vida. Me las arreglaré solita, y prometo volver.
Él disimuló su dolor ante mis palabras, y me miró a los ojos, como si quisiera decirme algo. Adquirí el don de Edward.
Cumple tu promesa, o iré personalmente a por ti.
Yo le sonreí, al igual que él, y ésa sonrisa sí que era real.
—¿Crees que nos podemos ir, Alba? –preguntó amablemente Demetri.
—Sí. Vámonos.
—Pero… —se quejó Carlisle.
—¿Algún problema? –preguntó amenazante Alec.
—Alec, para. –le pedí. –Él no tiene la culpa de preocuparse por mí.
Y él, sorprendiéndome de nuevo, se calmó.
—Perdóname, Alba.
Yo entreabrí la boca, incrédula, al igual que Carlisle y Edward.
—Esto… Carlisle, yo no me quedo. Debo irme, lo siento. –le expliqué, cogiendo a Alec del brazo y llevándomelo delante de la pequeña fila que formábamos los dos Vulturis y yo. –Adiós, Carlisle. Adiós, Edward.
Por favor, cuida de Jacob si quieres mantenerme viva., pedí a Edward a través del pensamiento.
Y mis dos guardaespaldas y yo comenzamos a correr a través del bosque.
Una visita corta. Demasiado corta. Me hubiera quedado más con ellos, con Jake.
Ni siquiera le había podido decir adiós. Ni siquiera eso. Alejarme de él me dolía, me quemaba la piel. Y verlo llorar por mí es como si el fuego ya no quemara mi piel, si no que hubiera atravesado ésta y se instalara justo al lado de mi corazón.
Ni siquiera le había podido besar. Un dulce beso de sus labios hubiera sido suficiente para mantenerme viva de nuevo.
—Ni siquiera me habéis dejado ver a los demás. –les dije, mientras corríamos.
—Hubiéramos tardado más, entonces. –dijo Alec. –Y seguro que te hubieran convencido para quedarte.
—Ni lo sueñes. Cuando yo prometo algo, lo cumplo.
—Está bien, está bien. Perdóname si te he ofendido.
¿Alec disculpándose? ¿Pidiéndome perdón, a mí?
Cada vez estoy peor. Tengo que dormir más. Las alucinaciones no pueden ser buenas.
Decidí convertirme en lobo. Quería correr como un lobo, sentir el viento alrededor de mi pelaje.
Adelanté a los Vulturis y cuando los perdí de vista, me quité la ropa y me transformé. Les esperé durante un momento y, cuando llegaron a mi lado, empecé de nuevo a correr.
Seguimos corriendo, y yo seguí pensando en Jake.
Recordé todos los momentos que viví junto a él, todas las veces que yo debería estar muerta y en todas las veces que él debería estar muerto. Pero nos manteníamos. Él salvaba mis ocasiones de morir, y yo salvaba las suyas.
Y después recordé a Taylor. Él me dijo que aún me quedaba mucho por descubrir. Tenía la sensación que estaba yendo por el camino correcto para eso. Ya lo conocía todo sobre los Cullen y Bella, contando lo que me explicó Edward hace poco. Necesitaba saber más cosas. ¿Y cuáles eran los personajes del libro que aún no me habían explicado su vida?
La respuesta resonaba en mis oídos: los Vulturis.
Debía quedarme con ellos para descubrirlo todo, y así poder volver con Jake.
Porque lo único que me interesaba, el objetivo de todo lo que hago, mi felicidad final, era él. Él era la razón de todo. Sin él mi vida estaba incompleta. Mi misión no existía. Porque mi misión era él, sólo él.
Si yo existía, era sólo por Jacob. Él era el pilar que me sostenía, él era la luz a la que tenía que llegar, la perfección que tenía que alcanzar.
Él era mi diversión, mi tristeza, mi dolor, mi felicidad. Él era todo lo que yo no era, y a la vez, también era lo que yo era. Él era mi pasado, presente y futuro.
Él era mi corazón. Si él vivía, los latidos mi corazón serían eternos. Si él se iba, mi corazón se iba con él. No podía permitir que le pasase nada.
Porque, si para mí era todo eso, para su manada él era el padre, y para su padre él era su vida, su hijo perfecto. Y para Bella él era sobre lo que se basaba una parte de su felicidad.
Si Jacob caía, todo su mundo caería también.
Y yo no podía permitir que eso pasara. Sencillamente, no podía dejar que el mundo se derrumbara. Y si para conseguirlo tenía que arriesgar mi vida, lo haría.
Tú siempre pensando en los demás.
Jake. ¿Lo has escuchado todo?
No me he saltado nada.
Oh, Dios mío…
No te avergüences, no tenía ni idea de lo que sentías por mí.
Sencillamente te amo, Jake.
Y yo a ti. No sabes cuánto. ¿Cuánto tiempo tardarás en volver?
No lo sé. Cuando haya descubierto la verdad. Pero te prometo que volveré. Volveré a buscarte. Tú de mí no te librarás fácilmente.
Me alegra oír eso. Te estaré esperando. Siempre.
Pues espérame con el esmoquin puesto, porque cuando vuelva, tú y yo tenemos una boda pendiente.
Le oí reír.
Hasta que la muerte nos separe. Te amo. Adiós.
Adiós, Jake.
