El equipo de cinco shinobi del clan Hyuga llegó a su destino a esos de las doce y diez.

Si bien Naruto no había sido todo lo específico que podía al señalarles su punto de encuentro, Neji había optado por permanecer junto al camino que, saliendo desde la misma aldea de Tsuba, iba en dirección a la frontera con el País del Fuego.

Y allí, con el pueblo a la vista a sólo unos cuantos de cientos de metros más adelante, los jóvenes de la Hoja se quedaron a un costado del camino, esperando.

Mientras sus acompañantes se recostaban en la hierba a beber un poco de jugo de sus equipajes, el ex-compañero de Tenten y Lee se apartó unos metros, a fin de hacer un rastreo de la zona, para lo cual activó su byakugan.

Un kilómetro de radio debería ser suficiente.

En eso, una presencia desconocida se aproximó veloz al punto en donde Neji se encontraba parado, a una velocidad tal que el joven apenas logró localizarlo cuando estaba a menos de doscientos metros de su posición. Rápidamente el prodigio Hyuga se colocó en posición de guardia, alcanzando a contener un puñetazo que su atacante le lanzó a la cara; de inmediato el ojiperla contestó, contraatacando con su palma izquierda mientras su derecha sujetaba firmemente el puño de su enemigo.

Para su sorpresa, su desconocido agresor logró parar su golpe juken, disgregando el chakra que portaba y sujetándolo a su vez.

Y lo reconoció: "Tonto idiota, ¿no sabes que podría haberte matado?, ¿acaso estabas probando si era algún tipo de impostor"; el rubio le contestó, mientras sonreía: "Para nada, tu chakra es inconfundible, primo. Sólo quería ver si el dejar el servicio activo te había ablandado de alguna manera, pero veo que no es así".

Mientras ambos peleadores se relajaban y los acompañantes del Hyuga se aproximaban para saludar al célebre Sennin de los Sapos, Naruto no aguanta las ganas y abraza fuertemente a Neji, quien sólo se queda quieto, entre sorprendido e incómodo por esa inesperada muestra de afecto.

Lo primero que lo sorprende al rubio es percatarse, con sus propios ojos, que el Hyuga no lleva el uniforme de combate de los shinobi de Konoha, ni el protector en su frente, sino el traje de combate de la guardia del clan Hyuga (polera y pantalón negro, junto a un chaleco táctico color gris oscuro). Lo segundo, es que puede ver que el símbolo que marcaba la existencia del sello del pájaro enjaulado en él (que pudo ver cuando ambos se enfrentaron en las finales de su primer y único examen de chunnin) ya no existe.

Naruto decide tomarse unos minutos a solas con el primo de su esposa, a fin saciar su curiosidad respecto de todos esos cambios tan evidentes.

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- Entonces, esos cuatro son quienes harán la operación.

- No, Naruto-sama, sólo dos de ellos. Los otros son mi escolta.

- ¿Escolta?

- Si, muchas cosas han cambiado desde su partida y mi situación dentro del clan es radicalmente diferente a lo que era hace unos meses.

- Sí, me di cuenta de que ya no llevas el sello. Supongo que te pasaron a la familia principal, ya era hora.

- Sigo siendo parte del Boke, Naruto-sama.

- Sólo Naruto, primo.

- Si me llama Neji en vez de tratarme con tanta cercanía, podría hacer el esfuerzo y llamarlo así.

- Tal vez no lo creas, pero tomo el asunto de mi boda con Hinata-chan muy en serio, y aunque no sea del agrado de mi familia política, los estimo mucho a todos ustedes. En cierta manera, son la primera familiar real que tengo...

La última parte la había dicho el rubio con voz acongojada, como si estuviese avergonzado de esas palabras.

El par se había sentado a la sombra de un árbol, más allá de la vista del camino en donde se habían encontrado, mientras los acompañantes del joven Hyuga esperaban algo más alejados. Neji conocía cómo se hacían las cosas dentro del clan y sabía que ninguno de esos cuatro haría nada por enterarse de cualquier cosa que hablara con Naruto:

- Me resulta extraño la forma en que te refieres a todo eso de la boda y tu vínculo con la familia de Hinata-sama.

- ¿Porqué lo dices?

- Luego de tu partida, traté de averiguar los detalles de tu supuesta relación con mi prima. Supuse que era imposible que nadie hubiese notado nada si es que los dos se veían a escondidas: algún rastro debían haber dejado. Incluso crucé palabra con Haruno-san, quien tenía mis mismas inquietudes, pero resultó que tenía aún menos información que yo.

- ¿Sakura-chan estaba averiguando sobre mi relación con Hinata?

- Así es, aunque desconozco sus motivos.

- ¿Celos? Digo, no es que me importe realmente, pero resultaría interesante si fuese así.

- Lo dudo mucho. Los Hyuga somos expertos en identificar las emociones en las personas, y ella en ningún momento demostró el nerviosismo o la molestia inherente a los celos. Era más como… curiosidad.

- Si, era evidente que mi compañera de equipo no se quedaría con esa duda.

- Lo cual me deja con la incógnita: al final, no pude encontrar nada que los relacionara a ustedes dos. Al principio concluí que todo eso no había sido más que una gran mentira orquestada por mi prima para poder hacerte el legítimo poseedor de su byakugan, pero luego de todo lo que he visto y oído, y ahora tu actitud…

- ¿Qué se supone que has visto?

- Los sapos que has dejado de guardia en el cementerio.

- Los tengo para evitar que Kabuto robe muestras de los allí sepultados, en nada se relaciona con…

- (interrumpiendo) Quizás tus órdenes fueran esas, pero pude conversar con varios de esos sapos en mis visitas a la tumba de Hinata-sama, y me percaté de algo muy extraño: todos los sapos parecían concentrarse en esa tumba. Cuando les pregunté si esa actitud obedecía a una orden en particular no me quisieron contestar, pero bastó con que les dijera mi nombre y mi relación con la allí sepultada para que su actitud hacia mi persona cambiara radicalmente, y comenzaron a tratarme con sumo respeto, diciendo que yo era "familia del jefe" y que si vigilaban tanto esa tumba en particular era porque allí estaba "la mujer del jefe". Si esos sapos te llamaban así significaba que no eran cercanos tuyos, y si se referían así a mi persona y a Hinata-sama era evidente que tú mismo habías evidenciado tu relación con ella y su naturaleza, a tal nivel que prácticamente todos los sapos con los que crucé palabra sabían de quien se trataba, así como quienes éramos nosotros, sus deudos. Esos sapos no mentían, y sólo repetían lo que habían visto y entendido: que la relación entre ambos fue real, y tu dolor por su pérdida verdadero, así como tu afecto hacia tu familia política, una con la cual nunca has tratado realmente y que no debería tener ninguna importancia para ti.

- Estás exagerando, Neji.

- No me mientas, Naruto.

El rubio pudo percatarse como su primo, en silencio, había activado su byakugan. Seguramente lo estaba usando para analizar su flujo de chakra y su reacción a sus emociones (algo que la Hinata de su mente le había comentado sobre lo que ese dojutsu podía hacer en una de sus muchas pláticas), como si fuese una máquina detectora de mentiras:

- Bien, primo, aunque debo protestar: estás jugando sucio.

- Reclámale a Hiashi-san cuando te lo encuentres.

- Está bien, te lo diré: yo la amaba y aún amo a tu prima y mi amiga. Mi relación con Hinata-chan fue real, pero se desarrolló lejos de la vista de todos, en un lugar donde sólo estábamos nosotros dos. Duró poco más de un mes, y aunque no llegamos a nada físico, salvo por un beso, lo sentí como si fuera mi novia, o mi esposa. Dolió cuando la perdí, mucho más conforme pasó el tiempo, y de todas las cosas que compartí con ella sobre su vida aprendí a conocerlos mejor a todos ustedes, así como estimarlos de la manera en que ella lo hacía. Así que, en cierta manera, los veo a ustedes tres como mi familia, aun cuando mi suegro me quiera muerto.

Neji desactiva su byakugan luego de la confesión del rubio, para luego inclinarse con respeto mientras le decía: "Me disculpo por exigirle esa confesión, Naruto-sama. No debí presionarlo para contarme algo tan personal; simplemente sentí que algún engaño se escondía en todo eso y me molestaba que usted se apropiara de algo tan valioso como la luz de mi prima por medios tan reprobables. Ahora veo que ninguno más que usted tiene derecho a ellos"; luego, baja su cabeza hasta el suelo, para luego levantarse:

- Aunque yo no me preocuparía por Hiashi-san, se le ha pasado mucho de su enojo, y probablemente en un tiempo más pueda verlo y arreglar sus diferencias civilizadamente.

- ¿Cuánto tiempo?

- Dos o tres años, a lo sumo.

- Gracioso. Ahora es mi turno de incomodarte, Neji. Tengo demasiadas preguntas que hacerte.

- Entiendo. Trataré de ser tan sincero con usted como lo ha sido conmigo.

- Pero primero deja de hablarme tan formal, si pareciera que adoptas ese tono cada vez que estás nervioso o incómodo.

- Es la segunda vez que me lo dicen en el día; quizás tenga razón.

- A ver… por donde empiezo…

- Por donde quiera, Naruto-san.

- Bien. Dime qué rayos es eso de "Hiashi-san".

- ¿Cómo?

- Has tratado al papá de Hinata-chan así, dos veces, cuando antes siempre era "Hiashi-sama". Y ya me dijiste que sigues siendo del Boke, así que debe haber otra explicación para tanta confianza.

- Ha sido sin querer, un mero descuido.

- ¿Estás seguro?

- Así es, Naruto-sam… Naruto-san.

- Pero de alguna parte debe haber salido esa familiaridad, aunque no lo hayas querido decir.

- Si. El líder del clan pretende cambiar el trato entre nosotros, pero me cuesta demasiado. Con mis primas no era tan difícil, pero con él…

- Y eso se relaciona con el que ya no lleves el sello maldito, ¿cierto?

- Así es.

- Entonces cuéntame.

- No creo que sea correcto, es un asunto privado del clan, de Hiashi-sama y de Hanabi-chan.

- Te recuerdo que soy familia y tu amigo. Además, sospecho que todo esto tiene que ver con lo que me dijo Gai-sensei.

- ¿Gai-san le contó? No debió hacerlo.

- No, sólo me pidió que te diera una mano. Está preocupado por aquello que hizo que dejaras tu carrera shinobi, y ahora yo también lo estoy. Eres demasiado críptico con todo ésto, y pareciera que es algún asunto demasiado grave. Y no me gusta para nada, sobre todo si el papá de Hinata está metido en todo.

- No hable así de Hiashi-sama. Aunque no lo crea, es menos tenebroso de lo que todos creen.

- Eso lo sé, Hinata me lo aclaró. Pero también me dejó ver los pocos escrúpulos de ese viejo para conseguir sus fines. No me sorprendería que tratara de utilizarte para algo raro.

- No es así. Hay un poco de eso, pero es por el bien de ambos, creo.

- ¿Eso? ¿ambos?

- Lo de utilizarme, estoy seguro que lo está haciendo, pero sólo porque no sabe como tratarme de otra manera. Si en vez de ordenármelo lo hubiese pedido como un favor, yo habría aceptado sin problemas. Y sobre lo último, es algo que involucra tanto a mi como a Hanabi-chan.

- Y no se trata de que seas su guardián.

- En estricto rigor, hace mucho que dejé de ser su guardián. Ahora mi posición es… diferente.

- ¿Peor?

- Mejor, diría. No, estoy seguro que es mejor, aunque seguramente Gai-san piensa que me estoy sacrificando de alguna manera. Simplemente no quise decirle más de lo necesario, fue mi error y se llevó una mala impresión de aquello.

- Mejor confiesa de una buena vez, Neji. No tendré esos ojos tuyos pero reconozco cuando tratan de que me olvide de algo, y manejo un jutsu muy poderoso que me permite ver lo que quiera dentro de la cabeza de alguien, y no tengo problema en escarbar en lo más profundo de tus recuerdos, con todo lo vergonzoso o humillante que tengas para ofrecerme.

- Le recuerdo que los genjutsu son inútiles contra el byakugan.

- Es fuinjutsu, y uno muy bueno. Ahora habla antes de que decida dejar de preguntarte y elija verlo por mi mismo.

Neji ve el rostro de Naruto, esperando descubrir algún tipo de alarde. Pero no hay nada: el rubio dice la verdad, y sinceramente no desea exponerse de esa manera ante alguien tan cercano:

- Bien. Desde hace poco más de tres meses Hanabi-chan y yo estamos comprometidos.

- Comprometidos… ¡comprometidos!… ¿Comprometidos, como para casarse?

- Así es, Naruto.

- Me estás…

- No, no lo estoy. Y mucha de la culpa es de ustedes dos, de usted y de Hinata-sama.

- Te veo nervioso, primo. Quiero detalles.

- Escuche bien: luego de la muerte de mi prima mayor, Hiashi-sama se vio bastante preocupado con el tema de la sucesión del clan. Le preocupaba particularmente el hecho de que las mujeres Hyuga son usualmente muy cotizadas por la nobleza del País del Fuego, debido a su crianza y sus atributos. El hecho de que sus dos posibles herederos fueran mujeres lo ponía en un aprieto, pero confiaba en que de surgir dicho problema a futuro podría disponer de una de ellas y dejar a la otra para ocupar su lugar como líder del Clan, asegurando su línea de sangre al frente del mismo.

- No entiendo qué tiene eso de importante.

- Debes comprender que los Hyuga son guardianes de un legado ancestral, una linea ininterrumpida de descendientes que se remonta hasta el mismo Rikudo Sennin. Nuestros ojos son parte importante de ese legado, y el motivo por el cual se conserva tan celosamente nuestra pureza.

- Ya veo. Supongo que Hinata-chan era la elegida como ofrenda para mantener las alianzas en caso de ser necesario.

- En realidad no. Mi tío había decidido hace mucho que su hija mayor sería la líder del clan.

- Eso no tiene sentido. Hinata-chan insistía en que Hanabi era la preferida de su padre y que era mucho más fuerte que ella. Para ella era obvio quien sería la sucesora del viejo Hiashi.

- Es verdad en lo que respecta a la fuerza de Hanabi-chan, pero había un punto más importante aún: el de la pureza de su byakugan. El de Hinata era particularmente poderoso, y su potencial era mucho mayor que el de su hermana menor; por ello, aunque mi difunta prima no desarrollara sus capacidades hasta el máximo era la más indicada para ser la matriarca del clan y dar al mismo descendientes que heredaran sus cualidades naturales.

- Ella no sabía nada de eso.

- Obviamente. Hiashi-sama nunca le hubiese revelado que su mejor atributo era su potencial como madre. Hubiese sido demasiado humillante, considerando lo mucho que se esforzaba por mejorar y poder llenar las exigencias de su padre.

- Pero luego sucedió… eso.

- Los planes de Hiashi-sama se vieron truncados, y se vio en la necesidad de proteger a su única heredera para así evitar que fuese tomada por extraños y que el liderazgo del Clan pasase a una de las ramas laterales de la familia principal. Y se apropió de la idea que tuvieron ustedes, Hinata y tú.

- Lo del compromiso de matrimonio.

- Si. Una promesa de ese tipo evitaba que Hanabi-chan fuese reclamada por cualquier otro, sin significar que tuviese que casarse efectivamente en el intertanto. Además, le aseguraba a su prometido el ocupar su lugar si algo llegara a pasarle.

- Y Hiashi te escogió a ti, que compartes su sangre…

- Así lo pensaba. Hiashi-sama me lo pidió hace un tiempo. Debo reconocer que me dio a escoger, aunque en las condiciones que me presentó el problema no me dejó realmente opciones: había jurado proteger a mi prima menor sobre el cuerpo de Hinata-sama y no rompería mi palabra. Firmamos la promesa e intercambiamos regalos en presencia del Consejo del Clan. Se supone que la promesa debe hacerse efectiva cuando ella cumpla dieciséis años.

- ¿Porqué rayos pusieron un plazo si lo que querían era protegerla?

- Fue necesario para engañar a los ancianos del clan. Debían creer que la promesa era real, y la única forma de convencerlos de que no nos obligaran a casarnos de inmediato fue hacerles ver que ella era demasiado joven y forzar su matrimonio y posible embarazo tan pronto arriesgaría su cuerpo inútilmente. Era un riesgo demasiado alto, siendo ella la última de la línea de sangre de los líderes Hyuga, por lo que señalaron una edad en que suponían que su cuerpo estaría lo suficientemente desarrollado para cumplir sus deberes de esposa a cabalidad.

- "Cumplir sus deberes"; qué horrible forma de expresarlo.

- Fueron sus palabras, Naruto-san. Al menos, siendo yo su prometido y no otro cualquiera dentro del clan, podemos asegurarnos que ella no sea obligada a consumar su matrimonio antes del plazo impuesto en el documento.

- ¿Me quieres decir que si tú quisieras hacerlo… con Hanabi… podrías hacerlo? ¿Incluso contra su voluntad?

- Tiene que comprender que la fórmula que usó Hinata-sama y Hiashi-sama imitó es una muy antigua, de otra época, una en que la mujer era poco más que un objeto. Ese tipo de promesa vuelve a los promitentes verdaderos esposos ante todos, de allí que una violación no sería considerada una falta grave. Es esa misma consecuencia la que le permitió conservar los ojos de mi prima, porque a todo efecto el matrimonio se tiene como consumado, aunque en los hechos nos fuera así. Como si ustedes fuesen un matrimonio real.

- ¿Y Hinata hizo eso… conmigo? ¿tanta confianza me tenía? ¿y tú no me mataste cuando te enteraste de todo?

- Ganas no me faltaron, pero suponía que ese compromiso había sido algo de común acuerdo. Sabía la intensidad de sus sentimientos por usted y supuse que ambos se amaban, de tal manera que ella pudo entregarse a si misma sin miedo. Ese tipo de promesa de matrimonio deja a la mujer muy vulnerable ante su pareja, prácticamente a su merced.

- Ahora comprendo el porqué Hiashi suponía que ella había tenido relaciones conmigo. En ese entonces creí que exageraba, que era el mal concepto que tenía de Hinata-chan lo que lo hacía suponer lo peor de ella. Veo que me equivoqué… creo que tendré que disculparme con él cuando lo vea.

- Me parece entender que Hinata-sama no le explicó todos los detalles de la promesa cuando lo acordó con usted.

- Si… prácticamente no me dijo nada.

Naruto se acababa de percatar que ha dejado entrever que todo eso del compromiso de matrimonio fue algo inventado, por lo que decide apartar la conversación de ese punto en particular:

- Pero eso, que ustedes dos puedan casarse, ¿es siquiera posible? ¿acaso no hay una ley que lo prohíba? Si son prácticamente hermanos.

- Técnicamente primos hermanos. Nuestros padres eran mellizos.

- Siempre creí que eran gemelos. Hinata-chan me contó que eran exactamente iguales, y que cuando era pequeña tendía a confundirlos con facilidad.

- Ella nunca me dijo que recordaba a mi padre…

- Si, me explicó que no te lo compartió nunca para no apenarte con su recuerdo.

- Veo que le contó muchas cosas, tal vez demasiadas, Naruto-san.

- Nuestras citas eran algo… complicadas, y lo que más hacíamos era recostarnos en el suelo y conversar mucho. Incluso me dijo lo de las lecciones de baile y el que tú eras su pareja.

- Ya veo. Bien, como decía, mi padre y Hiashi-sama eran mellizos, pero su aspecto tendía a confundir a la gente. Aunque, a decir verdad, la mayoría de los miembros del clan se parecen enormemente, lo que sumado al hecho de que tendemos a usar las mismas ropas y el mismo cabello, tendemos a dar la impresión que somos muchas copias de un mismo sujeto. Pero el chakra de ambos era diferente, ligeramente diferente; en cambio, en los gemelos la firma de chakra es la misma, porque biológicamente son iguales. Además, está el hecho de que por el lado materno nuestras respectivas madres eran de ramas muy distantes del clan, del Soke y el Boke, lo que en el caso de que el matrimonio realmente se llevara a cabo y se consumara mejora las posibilidades de que no existan enfermedades extrañas en nuestros descendientes.

- Lo dices como si ese matrimonio no fuese a realizarse.

- El propósito de todo es darle tiempo a Hanabi de crecer y madurar lo suficiente para que asuma el liderazgo del clan. Cuando lo haga, podrá ser libre para escoger a quien desee como su pareja dentro del mismo, y estará en condiciones de imponer sus propias reglas, conmigo como su protector.

- Ahora todo tiene sentido, y el que te quitaran el sello del pájaro enjaulado…

- Algo necesario para ponerme en igualdad de condiciones con mi supuesta futura esposa, así como para protegerme del resto de los miembros del Soke, a fin de que no pudieran usar esa debilidad para eliminarme y acabar con el compromiso.

- Tengo todo claro, pero sigo sin entender qué fue lo que asustó tanto a Gai-sensei como para pedirme intervenir, como si te estuviesen obligando a algo muy malo. Digo, no es por ser mal pensado, pero seguramente Hanabi-chan será una mujer hermosa y muy atractiva, en todo sentido, al igual que Hinata-chan; sinceramente no vería como una carga el que me obligaran a casarme con alguien así… a menos que tú tuvieses a otra, a quien te viste obligado a abandonar… ¿acaso tú y Tenten, ya sabes?

- No entiendo porqué rayos todos me emparejan con mi ex-compañera. Aunque la estimo mucho y reconozco ciertos atributos en ella, Tenten no sería una pareja apropiada por varios motivos: su carácter no es el apropiado para vivir dentro de un clan tan conservador; le da demasiada importancia a su carrera shinobi (a diferencia de los Hyuga, para quienes el servicio es sólo la oportunidad para aprender aquello que se nos niega por pertenecer al Boke) y es demasiado violenta para mis gustos. Además, aunque detesto lo que representa la existencia de la familia secundaria del Clan Hyuga siempre he sabido que me casaré dentro del clan, a fin de preservar para mis descendientes el legado del byakugan.

- Ya veo… pero quizás ya existía alguna mujer dentro del clan, o tal vez tus inclinaciones no vayan por ese lado… ¡no me mires así, que estoy sólo especulando!

- (molesto, el ojiperla bufa irritado, para luego seguir) Sinceramente no me he preocupado por una posible pareja, ya que siempre he sido consciente de que mis superiores elegirían por mi.

- ¿Un matrimonio arreglado? ¿y aceptarías eso?

- Mi padre se casó así y fue muy feliz. Es una de las ventajas de pertenecer a un clan como el Hyuga: todas sus mujeres, desde las más importantes a aquellas destinadas a ser sirvientas, son educadas como flores delicadas y perfectas. Además, de tener algún gusto en particular, ese se ve reflejado en mis primas y sus atributos; debes coincidir conmigo que ante alguien de los méritos de Hinata-sama es imposible no caer encandilado.

- Si… al igual que con Hanabi-chan, ¿verdad? Eres un zorro viejo, Neji: haz comprado en verde, je je je…

El joven Hyuga reacciona enojado a la insinuación que hace Naruto de sus intenciones para con su prima. Sabe que lo hace sólo para molestarlo, pero no deja de ser incómodo. El rubio prosigue:

- Bien, si está todo eso claro, me aseguraré de tranquilizar a Gai-sensei cuando lo vea. Aunque te sugiero que lo busques tú mismo y le expliques todo al detalle; se nota que se preocupa por ti, y seguramente cuando vea el panorama completo te termine felicitando y sea el más feliz cuando ustedes dos se casen.

- No me casaré con Hanabi-chan, Naruto.

- Di lo que quiera ahora, ya veremos si la idea te parece tan repulsiva cuando ella cumpla dieciséis y se vea como toda una mujer.

- No me parece repulsiva, simplemente no es justo para con ella. Se merece algo mejor.

- Todas se merecen algo mejor, pero si esa regla se cumpliera en todos los casos un tonto como yo nunca habría logrado el amor de alguien como Hinata-chan. Y tú, lamento decirlo, eres otro tonto iluso que caerá redondito; ¿o es que acaso crees que alguna vez me imaginé que me terminaría enamorando de mi musa peliazul? Pero no te preocupes, que me conseguiré un muy bonito regalo para tu boda, y exigiré ser el primero de los invitados en besar a la novia.

- Deja de burlarte y mejor dime adonde iremos, que hemos perdido demasiado tiempo hablando y hay cosas muy delicadas que realizar.

- No diría que lo hemos perdido. Es más, me siento más unido que nunca a ti, primo.

- Como diga, Naruto-sama.

El Maestro Sennin se levanta y le indica a su compañero de platica que le diga a sus acompañantes que lo sigan: tienen un par de kilómetros de caminata por delante antes de llegar al paraje que ha preparado con sus sapos para la operación a realizarse.

Mientras todos ellos caminan, Naruto no puede evitar comentarle algo a Neji: "¿Sabes algo, primo? La mayoría de la gente me ofende o se burla de mi con apelativos como "tonto", "idiota" o "baka". Eres el primer sujeto que para molestarme me llama "Naruto-sama". Quizás deberías buscar otra forma de hacer mofa de mi, porque llamarme con tanto respeto no te va a resultar".


El grupo llega a una cascada, junto a la frontera con el País del Fuego.

Allí, esperándolos, tres gigantescos sapos, imposibles de ver por medios normales gracias a los enormes árboles del paraje, un bosque denso que se eleva a treinta metros del suelo, ocultando la corriente de agua y el espacio alrededor suyo, que se extiende un par de cientos de metros a ambos lados de la misma.

Un bonito lugar, pero por sobre todo bien oculto.

Neji ordena a sus acompañantes, indicándoles un claro hacia el punto más alejado de la cascada, lo suficientemente plano y sin matorrales cercanos como para acondicionarlo como una improvisada sala de operaciones.

Mientras eso ocurre, Naruto distribuye a sus sapos, enviando a Kishi y Tatsu a los extremos del lugar, de tal manera que cubran las entradas de la zona, mientras Ren-chan permanece junto al grupo Hyuga, dándoles protección.

Viendo que los humanos no los esperaban ver allí, la hembra sapo les dice: "Sentimos incomodarlos, pero se supone que el enemigo está a no más de cincuenta kilómetros al noroeste, por lo que debemos ser precavidos y evitar que puedan sorprendernos, sobre todo cuando Naruto-chan estará tan vulnerable".

Gamatatsu se dirige a su punto de guardia, al norte. Gamakishi, en cambio, decide preguntarle al rubio porqué mejor no van al Monte Myoboku: si lo que necesitan es privacidad, ningún lugar mejor que su hogar para estar a salvo, lejos de las garras del enemigo. Pero Naruto se niega, señalándose que no desea exponer su decisión al escrutinio de los demás sapos: no puede arriesgarse a mermar su confianza exhibiendo cómo se somete a una operación para solventar uno de sus puntos débiles, no cuando se supone que él es invencible.

Ya podrán verlo con su nuevo rostro si es que sobrevive a la batalla final.

Naruto decide que sus visitantes coman algo ligero antes de continuar con lo que ha de hacerse. Él sólo los observará: está demasiado nervioso como para pretender bocado.

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Cuando los preparativos de los Hyuga terminan, Naruto puede ver como un área circular de diez metros cuadrados de diámetro ha sido limpiada y protegida con sellos especiales. Dentro de ella, los cuatro acompañantes de Neji han levantado paredes de tela blanca, a fin de evitar la contaminación por el viento.

Los dos profesionales médicos a cargo del procedimiento, un varón de unos treinta años y una joven de poco más de veinte, se presentan al rubio: ambos pertenecen al cuerpo médico del Clan Hyuga, y si bien no han realizado antes una operación de ese tipo tienen basta experiencia tratando los ojos de los miembros del clan.

Como preparación previa le explican el procedimiento que realizaran: usando sólo anestesia local; cerrarán los puntos tenketsu que rodean a los ojos, a fin de cortar el flujo de chakra en ellos. Luego realizarán la extracción de los orbes originales, los que ocuparán el lugar de los ojos blancos en la caja contenedora. El procedimiento de inserción de los nuevos ojos será lento: luego de la reconexión del nervio óptico y de los vasos sanguíneos que los alimentan, deberán hacer microcirugía para asegurar el flujo correcto de chakra a los mismos; lo último, aunque innecesario para poder ver y hacer un uso básico del byakugan, es indispensable para alimentar las formas más complejas del mismo.

Todo el procedimiento debería durar entre hora y hora y media, y el ojo debería funcionar en menos de cuatro horas. Sorprendido por ese último detalle, los médicos le explican al joven que los ojos Hyuga tienen una gran compatibilidad con los extraños, y raramente surgen problemas de rechazo (o al menos eso es lo que recuerdan de los registros históricos sobre dichos implantes).

Mientras los médicos parten a preparar su instrumental, Neji se aproxima al rubio para darle un viejo pergamino: "Este es un compendio sobre lo que debes esperar luego del trasplante. Era de uso regular antes, cuando estas operaciones eran más comunes. Leelo y piensa en todo lo que dice allí, que después de la operación trabajaremos con él para facilitar tu proceso de recuperación y adaptación".

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Quince minutos pasan antes de que Naruto termine de leer el documento que le ha facilitado su primo.

Viendo que el paciente ha terminado con su lectura, Neji le pregunta:

- ¿Comprendiste lo que dice allí?

- Si, creo.

- Ahora necesito que respondas si vas a cambiar tus dos ojos o sólo uno. No te apresures, piénsalo bien.

- Sólo uno.

- Te dije que lo pensaras.

- No es necesario. Era lo que había decidido originalmente, y este pergamino tuyo no ha hecho más que confirmar que mi decisión era la correcta.

- ¿Porqué lo dices?

- El tiempo. No tengo el mes que requiero para acostumbrarme a ambos ojos. Además, no me atrevería a llevar los dos ojos de Hinata-chan; eso sería como suplantarla, y no deseo eso. Confío en que uno sea suficiente para lograr mis metas.

- Entiendo. ¿Y cuál será?

- El derecho, el del lado de mi brazo dominante cuando uso la espada.

- Está bien. Ahora sólo debemos preocuparnos del chakra del nueve colas. El bloqueo juken evitará el flujo de tu chakra base, pero si el de tu biju interviene de alguna manera en la operación podría arruinarlo todo.

- No hay problemas. Conversé el asunto con Kurama y él está de acuerdo en que es lo correcto. El zorro se ocupará de evitar que su chakra alcance la zona de la operación.

Estando ya todo preparado, Neji hace que Naruto lo siga hasta el lugar en que se realizará la operación. Allí, en una manta puesta sobre el suelo, deja la caja de madera que contiene los ojos blancos de la desaparecida Hinata. Su viudo fija su mirada en esa cosa, mucho más pequeña de lo que recordaba.

Una vez tiene la atención de su acompañante, el Hyuga le enseña los sellos que debe realizar para liberar el sello que los protege, uno que sólo puede realizar él, como su legítimo dueño.

Naruto realiza los pasos necesarios, abriendo el contenedor. La vista de esas dos perlas blancas lo emociona, provocando que su vista se nuble; se toma unos segundos para reaccionar, para luego indicar que se encuentra listo.

Neji, estando lista su parte, decide salir de ese espacio, a fin de que los dos médicos puedan trabajar en privado.

Naruto es recostado en una gran lona de tres por tres, que en ella tiene dibujados unos intrincados sellos, un dibujo que reconoce: es una barrera, de las más básicas, supone que para esterilizar el espacio de trabajo.

Cuando ya han acomodado los utensilios necesarios dentro del sello, ambos doctores activan la barrera, que se levanta como un domo sobre ellos, azul semi-traslúcido. Dentro del espacio sellado, el brillo del sol de la tarde se transforma en una claridad suave, mucho menos agotadora para la vista.

Los dos médicos se sientan junto a su paciente, de rodillas. La joven, a la derecha, luego de inyectar el anestésico por debajo del parpado inferior, usa su dedo índice, cargado de chakra, para ejecutar con suma precisión los golpes necesarios para sellar los conductos de chakra alrededor del ojo derecho de Naruto, sirviéndose de su propio byakugan para realizar el procedimiento. Mientras, el mayor, a la izquierda, toma dos pocillos pequeños, como si fuesen copas, las que llena hasta la mitad de un líquido incoloro y gelatinoso, para luego tomar el ojo derecho del contenedor de madera, extrayéndolo de su cubierta de cristal y sumergiéndolo en el humor sintético, a fin de humectarlo y desinfectarlo antes de su inserción.

La chica termina los preparativos: la zona a operar es ahora insensible y está aislada del sistema de chakra del resto del cuerpo. Prosigue, con el mayor como su asistente; le pide a su paciente que se relaje y cierre el otro ojo, mientras le pregunta si puede ver con el que permanece abierto: nada; es como si su ojo derecho estuviese muerto. La joven corta con un escalpelo, haciendo pequeñas incisiones que separan cada vaso sanguíneo, nervio y conducto de chakra; es un proceso lento, y recién veinte minutos después termina, con el corte final que separa el nervio óptico, el que se realiza mientras su asistente sostiene el ojo a extraer, ya fuera de la cuenca ocular.

Naruto escucha como algo cae en líquido: ese deber ser su ojo original.

Ahora está realmente nervioso.

Los doctores cambian papeles: la chica, más agotada en este punto que su compañero, será la asistente, mientras el mayor realiza la unión de cada punto orgánico con el nuevo ojo blanco. La unión tarda casi cuarenta minutos, en que el byakugan de ambos doctores está trabajando a plena capacidad, con la chica supervisando las conexiones que realiza el mayor y sugiriendo correcciones menores, aprovechando la vista tridimensional que les provee el ojo blanco.

Cuando terminan la inserción, ambos doctores dejan a Naruto allí, recostado, mientras recogen el instrumental y limpian el ojo extraído para almacenarlo en la caja, insertándolo en el espacio que ocupaba el ojo implantado. Cuando terminan, la joven es la encargada de los procedimientos finales: mientras va liberando los bloqueos, dejando que la sangre fluya al nuevo ojo, reviviendo su movilidad y vitalidad, mientras usa su chakra curativo para morigerar microscópicos puntos de inflamación alrededor del globo ocular. Los nervios son reactivados, asustando al rubio al notar como su visión regresa de golpe.

Extrañamente ve como veía con su ojo original, y no puede evitar preguntar si eso es normal: la doctora le responde que sí, y que sólo notará el cambio cuando su chakra comience a fluir hacia él. Antes de liberar los conductos de chakra que alimentan al ojo, el doctor le coloca un parche con un sello, que inhibirá las capacidades oculares aumentadas del ojo blanco, a fin de dar tiempo a su sistema para asimilarlo.

Naruto observa como la barrera es quitada, mientras Neji regresa llevando consigo una manta y una almohada, que llevaba en su mochila. Mientras lo arropa, el primo de Hinata le dice al rubio que aproveche de dormir, ya que su cuerpo tardará las cuatro horas anunciadas en disipar el chakra de Hinata que todavía permanece en el ojo implantado, y la experiencia producto de esa contaminación de chakra extraño puede, en el peor de los casos, ser desagradable, por lo que es mejor dejar que todo suceda en segundo plano.

El muchacho acepta el consejo de su pariente, por lo que se relaja, tratando de dormir.

Diez minutos después, viendo que el rubio está ya dormido y el sello del parche funciona como se supone, la joven doctora realiza los pasos finales, liberando los bloqueos de chakra y dejando que este fluya hasta el nuevo ojo, conectándolo finalmente al sistema de chakra de su nuevo portador.


Naruto-kun…

Naruto-kun…

Naruto… sálvame…

El suave llamado despertó al chico.

Era ella… lo necesitaba…

Estaba en el suelo, derribado. Se irguió, tratando de reconocer el lugar; pudo ver sus ropas, las mismas que llevaba cuando Pain atacó Konoha. Alguien estaba tomándolo, como si tratara de levantarlo. Una hermosa peliazul… Konan-sensei.

Y reaccionó, reconociendo el lugar, y aquél enorme árbol de origami, dentro del cual estaba el moribundo Nagato. Y lo supo de inmediato: la vida le estaba dando una segunda oportunidad.

Sabía lo que sucedería luego, pero ahora era más fuerte, más veloz que en aquél entonces. Ahora podría alcanzarla, salvarla.

Ahora sí llegaría a tiempo. Y ella viviría, a su lado, como siempre debió haber sido.

Y respondería a su confesión, aceptándola. Y estarían juntos, por siempre.

Naruto se levantó raudo, apartando a la chica Akatsuki, mientras adoptaba su forma combinada sennin - chakra del nueve colas. Y así, sabiéndose imparable, corrió.

Llegó a un paraje rocoso, contemplando como una gran esfera de roca flotaba en el cielo, a mucha altura, mientras sobre el suelo estaba el asesino, el cuerpo de Yahiko, el último camino de Pain. Y se vio salir de la enorme prisión de roca, cayendo en dirección a su enemigo. Y se adelantó, atacando a la última marioneta de Nagato por la espalda, pulverizándolo con un poderoso Odama Rasen, para luego tomar a su otro yo, que lo miraba confundido, mientras le gritaba: "¡NO PIERDAS EL TIEMPO AQUÍ! ¡TIENES QUE VOLVER A KONOHA DE INMEDIATO, TIENES QUE SALVARLA, TIENES QUE DECIRLE QUE LA AMAS!; ¡OLVIDA A PAIN, ÉL NO IMPORTA, SÓLO IMPORTA ELLA!"

Su yo del pasado lo ve con miedo, como si estuviese loco, por lo cual Naruto lo arroja lejos, maldiciendo su idiotez y decidiendo que la salvará él mismo. Porque ese Naruto es un imbécil que no la merece, pero él… él… la necesita más que a nada…

Siguió corriendo, hasta que un ataque devastador lo alcanzó allí, aún a un par de kilómetros de Konoha. Y vio el obstáculo que se levantaba cerca de él; vio como Pain huía, perseguido por su yo cubierto del manto de chakra del nueve colas, en un estado tan avanzado que su tamaño casi alcanzaba al del zorro. Y vio como su ser poseído, enceguecido por la ira y el deseo de venganza, lo ataca, ignorando a su presa original. Trató de pasar, pero ese Naruto, esclavo del poder del Kyubi, lo frenaba, como si él fuese su enemigo, y no Pain.

Naruto estaba ya desesperado, pero simplemente no podía avanzar. E hizo lo impensable: usó su inconmensurable poder para crear un Rasen Shuriken tan grande, tan masivo, que su impacto aniquiló a la bestia, reduciéndola a la nada. Se había sacrificado a si mismo, pero eso no importaba, porque ahora ella estaba al alcance.

Y corrió, ignorando el cuerpo sin vida que apareció entre los escombros de su ataque final, luego de que el cuerpo del zorro desapareciera: ese tonto no importaba; si la había dejado sola se merecía la peor de las muertes.

Y alcanzó la aldea, traspasando sus muros. Y allí, detenido al borde del gigantesco cráter que había dejado la técnica destructora de Pain, la vio: tan hermosa como recordaba, valiente y decidida. Y creyó escuchar como le decía esas palabras que en su cabeza se había repetido tantas, tantas veces.

Sus últimas palabras:

...es mi turno de ser egoísta… estoy aquí porque quiero… porque te amo, Naruto-kun…

Aún había tiempo. Tiempo de salvarla.

Se lanzó a la carrera, dispuesto a aniquilar a Pain antes de que la alcanzara.

Pero desde las profundidades de la tierra surgieron manos, torsos, cuerpos. Lo sujetan, deteniéndolo. Los reconocía: eran los caminos de Pain que regresaban, destruidos y maltratados, pero todavía suficientes para estorbarle. Los golpeo con furia inhumana, enviándolos de regreso al infierno.

Faltaba poco, ella ya estaba en el suelo, y el asesino levantaba su estaca, presto a clavarla en la chica.

Y Naruto caminó presuroso. Unos metros, sólo unos metros… la salvaría, la tomaría en sus brazos y se la llevaría, lejos de todos. Nunca más se arriesgaría a perderla.

Al demonio con Konoha, con Pain, con Akatsuki.

Podían acabarse todos en sus absurdas luchas y guerras si eso es lo que deseaban. Él tomaría a su amada y desaparecerían juntos; sólo vivirían el uno para el otro.

Algo lo frena. Una mano lo sujeta del tobillo con fuerza abrumadora.

Furioso, Naruto se gira, y lo ve allí, tirado: el culpable, el inútil cuyo fracaso provocó el sacrificio de su amor. Está en el suelo, sangrando, clavado con las estacas negras de Pain… le pide ayuda, que él lo salve.

Y esos escasos segundos son suficientes para que todo acabe.

Naruto ve como Pain ha clavado el arma asesina en el pecho de Hinata.

El silencio.

Sabe lo que va a decir el asesino, su discurso sobre el odio y el verdadero dolor. Pero no le importa.

Naruto se vuelve a donde su yo derribado espera. Ignorando a Pain, decide arrancar la estaca negra del pecho de Hinata y volver con ella donde su otro yo espera.

Naruto ve a su patético pasado allí, caído. Furioso, usa la misma arma que ha herido de muerte a Hinata y la clava en la nuca del caído, matándolo en el acto.

Mientras la sangre escurre desde el cuello del chico, Naruto se agacha para tomarlo del pelo y levantar su cabeza, a fin de que lo vea con sus ojos muertos: "Es lo que merecías, maldito infeliz. Si no fuera por ti, ella viviría"

Naruto se levanta, para voltear a donde está Hinata, confiando en que puede ayudarle ahora que se ha librado de ese estorbo. Pero una especie de golpe de chakra lo alcanza y cae, inconsciente.

.

.

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Despierta. Está inmóvil, en el suelo. Sus ojos miran al cielo.

No tiene fuerzas para moverse, y un dolor punzante lo aqueja en su pecho; una sensación húmeda y fría crece en su espalda. Duele mucho, y le cuesta respirar. Gira su mirada hacia donde siente la herida, y ve como la estaca negra está allí, y lo inmoviliza contra el suelo. Siente el chakra de Nagato fluir dentro suyo, impidiéndole reaccionar.

Y lo percibe. Un temblor, un viento recio y un estremecimiento, todo acompañado de una sed de sangre como nunca creyó sentir.

Y lo comprende.

Él es Hinata. Está viviendo su agonía.

Gira sus ojos hacia atrás de su cabeza. Apenas logra moverla, pero eso le alcanza para notar como el otro Naruto se levanta, liberándose de los receptores de chakra que lo aprisionaban, mientras un enorme poder fluye fuera de él. La bestia se alza.

Y comienza a sentirse débil, mientras siente como su propio chakra es drenado fuera de ella. No sabe lo que ocurre, y el miedo la embarga.

Naruto pasa sobre ella, sin dañarla. Ha crecido de tamaño, y parece decidido a atacar a Pain.

Y se siente cada vez más débil. No sabe lo que ocurre, y sólo atina a activar su byakugan. Y allí lo ve: su chakra, su sustento, fluye hacia Naruto, quien lo absorbe dentro de si.

Y ella comprende. Y él comprende.

Naruto, en su furia, la está matando, robándole la energía que necesita para mantenerse con vida. Su chakra baja ostensiblemente, mientras más y más es canalizado hacia el chico.

Quiere gritarle, decirle que reaccione, que se controle. Porque su furia ha liberado el poder del nueve colas, un poder tal que el sello que lo contiene se ha abierto, reaccionando a la liberación tratando de forzar el chakra que lo rodea de regreso, dentro de su prisión. Pero ella también está allí, y el sello del rubio le está robando la vida.

Hasta que ese Naruto se marcha, y la captura de su chakra cesa.

Pero le queda poco, demasiado poco…

Llega la ayuda, pero su cuerpo, sin el vital chakra que lo sustente, le traiciona.

Pasan los minutos, largos minutos de lenta y dolorosa agonía. Los esfuerzos de la pelirrosa son inútiles: su herida simplemente no se cierra.

Asustada, trata de aferrarse a la vida. Duele, y mucho, pero debe esperarlo, necesita verlo una vez más: "Sakura… dile que me perdone… dile a Naruto-kun… que me perdone… nunca quise… yo… no quiero, debo verlo, debo decirle… Kiba-kun… nunca quise decepcionarte… Shino-kun… mi padre… mi hermana… nii-san… no entenderán… pero yo, yo… sensei se pondrá triste, y yo no… Sakura-san, por favor, prometeme que le dirás… que me perdone… no quiero que Naruto… no debí decirle, pero yo… tenía miedo de perderlo… por favor, dile… que me perdone…"

Activa su byakugan, sorda a los gritos de Sakura de que no lo haga, que sólo agotará el poco chakra que la mantiene con vida. Pero ella sabe que es el fin, y sólo quiere verlo una última vez, saber que está bien.

Y aparece, a lo lejos. Naruto corre con esfuerzo… quiere pensar que viene a su encuentro… que viene hacia ella… pero está cansada, tan cansada. Y deja de verlo… su byakugan ya no responde… y sus ojos sólo observan al cielo.

Una idea llena la mente de Hinata, y el Naruto dentro de su cuerpo puede verla claramente: "Lo siento, Naruto-kun… yo quería despedirme… realmente… lo… quería..."

Finalmente, la oscuridad…


Naruto despierta, sobresaltado.

No sabe lo que sucede, y trata de levantarse. Unas manos lo sujetan, tratando de retenerlo contra el suelo.

Es Neji. Ahora puede verlo: "Naruto, calma. No te sobresaltes, fue sólo una pesadilla".

Una pesadilla, pero se sintió tan real… tan real.

El rubio se sienta en el suelo, con la manta que lo cubría recogida a sus pies. El joven Hyuga lo observa, y al notar que se ha calmado lo suelta, mientras espera.

Neji ve como el rubio tiembla ligeramente, mientras su ojo izquierdo se humedece, tanto que las lágrimas caen, gruesas. Trata de tranquilizarlo:

- Disculpa, Naruto-san. Debí haberle advertido de esa posibilidad, pero no creí que sucedería.

- ¿Cuál posibilidad? ¿Que yo viera cómo…?

- No, Naruto-san. Nada de eso ha sido real. Si hace memoria, el pergamino detalla la posibilidad de que pasara algo así.

- No sé, primo, no puedo recordarlo.

- Escúcheme bien: los ojos Hyuga tienen un mecanismo de seguridad para el caso de que sean tomados de forma violenta.

- ¿Robados?

- Así es. No comprendemos como funciona realmente, pero inducen una poderosa ilusión en quien los usa: le proporciona visiones de muerte, como si viviera en carne propia el sufrimiento del dueño del mismo; una ilusión tan poderosa que muchos de los que la sufrieron terminaron enloqueciendo. No se activa en todos los casos, y sinceramente no creí que sucedería tratándose de usted: Hinata-sama lo amaba, y nunca pensé que esa defensa se activaría en su caso. Simplemente no tiene sentido.

- Dices… que nada fue real…

- Nada lo fue, Naruto-san. Ahora, por favor, relájese y vuelva a dormir. Todavía quedan dos horas para que podamos seguir trabajando; le prometo que no volverá a pasar: esas visiones sólo se activan una vez, y luego el chakra que las activa desaparece.

Naruto finge creer a lo que le dice el joven Hyuga, y se vuelve a acomodar, ladeándose y colocando sus brazos bajo su almohada. Cierra sus ojos.

Pero no quiere dormir. Debe verlo.

.

.

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El rubio se materializa frente a su prisionero, en el gigantesco salón dorado.

Allí está Kurama. Pero no descansa, como usualmente lo hace.

No, el zorro lo mira, inquieto. Naruto reconoce el miedo en su mirada. Y reconoce otra cosa más: culpa.

La misma culpa que él siente:

- Lo viste, lo que yo pude ver, ¿verdad?

- Así es, Naruto…

- Escuchaste lo que dijo el primo de Hinata.

- Sí…

- ¿Qué piensas de todo eso?

- Lo sabes, muchacho. Ese Hyuga se equivocaba… aquello era real… fue como si aquél ojo, sus recuerdos… pude sentir ese chakra: era ella. No una ilusión, ni una mentira; eran sus recuerdos. Conviví con ella el suficiente tiempo como para reconocerla.

- Entonces, nosotros…

- No me hagas decirlo Naruto, yo no… yo no…

- Lo hicimos, Kurama… fuimos nosotros…

- ¡NO LO DIGAS, NARUTO!

- ¡MALDICIÓN, TE DIGO QUE NOSOTROS LA MATAMOS! ¡ACÉPTALO, KURAMA!

- No quiero… yo… nosotros no sabíamos… ella…

- No quería creerlo… nunca quise pensar en cómo había terminado aquí dentro, y ahora lo he visto todo. Y ella… sufriendo… por mi culpa.

- No lo aceptaré, Naruto. Me niego a resignarme a una culpa como esa.

- ¿Porqué?

- Recuerdo cuando ella se fue de mi lado. Y lo que sentí hacia ti, porque sabía que eras el responsable. Y ahora, saber que fui yo.

- Ambos fuimos, Zorro.

- ¡YO FUI QUIEN FORZÓ EL SELLO, QUIEN TRATÓ DE LIBERARSE! ¡YO LOS ODIABA A TODOS! ¡TODOS USTEDES ERAN UNOS MISERABLES QUE MERECÍAN LA MUERTE!

- Kurama…

- Y no sabía que en mi furia acabé con la vida de lo más valioso que pude llegar a tener luego de perder a mi padre. Es como si lo hubiese tenido a él mismo bajo mis patas, y toda esa furia incontenible me hubiese hecho aplastarlo, enceguecido.

- Conozco ese sentimiento: es culpa, Kurama.

- No, no lo conoces. Para comprender como me siento tendrías que haber vivido por mil años, mil años de dolor, de soledad, de desprecio. Mil años de sentir como, día con día, tu rabia se acumula, transformándote. Saberte utilizado, prisionero, ser arrojado a un pozo inmundo, lejos de la luz, de la vida, de todo, deseando sólo la oportunidad de salir y descargar todo ese odio, saciarlo con muerte y sangre. Y luego, después de diez vidas de sufrimiento, sentir una mano que te toma, que te quiere y te respeta, que te consuela, que te da lo que nunca tuviste… para sólo matarla porque tu oscuridad es más grande. Y no tener salida: a los humanos les queda la muerte para acabar con el dolor y la culpa, pero para un biju… para un biju no hay escape, Naruto.

- No importa. Lo solucionaremos: nada ha cambiado. Cumpliré mi promesa y la traeremos de vuelta; repararemos ese error.

- Júralo, Naruto… júrame que lo que siento ahora terminará, que nada será en vano… júrame que no tendré que vivir una eternidad sintiendo esto que siento, o sino… júrame que hallarás la forma de destruirme, que me darás el descanso…

- No Kurama. Resistiremos y arreglaremos todo. Tan sólo... espera.

- Llevo mil años esperando, muchacho. No sé cuanto más pueda esperar…

El Kyubi se gira, dándole la espalda a su portador: desea estar sólo.

Naruto siente algo dentro de si, algo que nunca antes había sentido. Desea consolarlo, decirle que no ha sido su culpa… mentirle, pero es incapaz de engañar a alguien que es capaz de ver sus más íntimos pensamientos.

Decide simplemente marcharse, mientras se repite a si mismo una idea, una y otra vez: "ésto no cambia nada. Ya sabía que su muerte era mi culpa… lo que he visto no cambia nada..."

Al igual que Kurama, él también necesita que le mientan.


Cuando se cumplen las cuatro horas es uno de los escoltas de Neji quien despierta al rubio. Le informa que su líder, junto al otro escolta, han ido al poblado más cercano a conseguir suministros y un lugar para hospedarse.

Preocupado, Naruto crea un clon de sombras, a fin de que alcance a esos dos y les avise de que dormirán todos allí, en medio del campo.

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Cuando Neji regresa, en compañía de su acompañante y del clon del rubio, ve como todo el grupo está reunido junto al riachuelo que corre de los pies de la cascada. Parece que harán fuego, mientras levantan lo que pareciera ser un campamento.

Naruto ha provisto de tiendas para todo el grupo, recuperadas de su sello de almacenaje, así como las cobijas necesarias.

Mientras le da la bienvenida al ojiperla, le señala que tiene listas cuatro tiendas: dos para los varones Hyuga, una para la joven médico (a fin de que tenga privacidad) y la propia. Neji le hace un pequeño alcance: en realidad los doctores Hyuga son esposos, por lo que dormirán juntos, como corresponde.

Aquél descubrimiento sorprende al rubio. Por la forma que se trataron desde que los conoció parecerían extraños, y se llevaban como diez años de diferencia entre ellos. Intrigado le pregunta a su primo si es que acaso no se llevan bien; Neji, molesto por la insinuación, le contesta: "En realidad llevan cinco años de casados, tiene un par de hijos y son bastante felices, hasta donde sé. Más de una vez me los he encontrado en situaciones "incómodas", lo que es mucho decir para un miembro del clan. Si los vez actuando así es sólo porque están en misión y saben que deben dar una imagen de profesionalismo en su trabajo".

El rubio no pudo evitar quedarse viendo a la pareja. Si llevaban cinco años de casados, significa que la chica se había enlazado teniendo menos de dieciocho, con un hombre que para esa época debió haber tenido unos veinticinco. Y pensó en Hanabi, a quien su primo le sacaba poco más de seis años de ventaja. Recordó lo que le había dicho a Neji medio en broma, sobre verlos casados.

No pudo evitar pensar que quizás algo bueno podría salir de allí. Que el destino jugaba de maneras extrañas. Y que, de la misma extraña manera que él descubrió el amor, el verdadero amor, esos dos primos, fríos y solitarios a su manera, podían hallar el consuelo el uno en la otra.

Tal vez si, tal vez no.

Neji no pudo sentirse incómodo al notar como Naruto fijaba en su rostro su único ojo bueno, como si tuviese monos pintados en la cara. Incómodo, decidió ayudar a levantar las tiendas para poder preparar la cena.

Eran ya las ocho de la tarde, y el sol se había ocultado detrás de los imponentes árboles que rodeaban el claro junto al riachuelo.


Al menos la visita de Neji tenía algo bueno.

No sabía si había sido idea suya o si el clon de sombras que había enviado en su búsqueda lo había sugerido, pero el hecho era que tenía miso ramen para cenar. Dos porciones para ser más precisos, todas para él.

El ojiperla, mientras degustaba su ensalada, se detuvo a mirar intrigado como Naruto jugueteaba con una porción de su comida (que habían debido recalentar en una pequeña olla que el rubio cargaba entre sus muchas cosas). Y era sumamente curioso: era Naruto observando con mucha atención un naruto (pasta de pescado prensada y sazonada, cortada en rebanadas con un adorno central en espiral, servido como ingrediente del ramen), presionado entre sus palillos antes de comerlo, degustándolo lentamente, como si pretendiera que se deshiciera en su boca.

Y es que al joven Hyuga le parecía raro que su extraño pariente se viera feliz con algo tan sencillo.

La noche pronto caería, por lo que el entrenamiento para poder usar su nuevo ojo debería ser aplazado hasta la mañana siguiente. Afortunadamente el trasplante parecía haber sido exitoso, y salvo por ese pequeño contratiempo mientras descansaba, todo parecía ir sobre ruedas.

Un ruido lo distrajo al joven Hyuga, quien activó su byakugan para ver: dos de los tres sapos guardianes de Naruto, en su tamaño reducido, cazaban insectos en las cercanías. Más lejos, sus dos escoltas del clan conversaban con el tal Gamatatsu, que permanecía en su tamaño completo haciendo guardia, mientras masticaba una porción de algas que tomó del lecho de la cascada.

En otro lado, hacia donde estaban las tiendas, la pareja de doctores, bien acomodados en su tienda compartida, durmiendo abrazados, agotados por el estrés de la delicada cirugía realizada en la tarde.

Luego de desactivar sus ojos blancos, Neji se dirigió a Naruto: "Termina de comer. Descansaremos un rato y aprovecharemos de tratar unos puntos antes de irnos a dormir".

El aludido, quien tenía en ese preciso momento, un buen montón de fideos colgando de su boca, sólo asintió, con su cabeza concentrada en masticar toda esa comida, un placer que no disfrutaba hace ya muchas semanas.

Y es que, si bien no eran los que preparaba el viejo Teuchi, ramen siempre era ramen.

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Las cigarras eran, para ese punto de la noche, mucho menos notorias que lo que habían sido al principio de la oscuridad. Era evidente que tanto Gamakishi como Gamaren habían cumplido muy bien su tarea de cazadores, e incluso habían podido ofrecerle a Tatsu un tazón de esos deliciosos insectos para que acompañara sus algas. No era más que un bocado, pero el sapo lo disfrutó como si fuese su última cena.

Junto al fuego, Neji y Naruto descansaban, conversando sobre temas sin importancia, mientras el rubio aprovechaba la poca luz para revisar nuevamente el pergamino que le había facilitado el ojiperla.

Conversaron sobre sus día a día, sus quehaceres, sus problemas.

Compartieron unas pocas anécdotas y pensamientos sobre lo sucedido el último par de meses. Neji hablo sobre su alejamiento de todo, y lo mucho que le estaba costando adoptar su nuevo papel como el prometido de su prima; Naruto sobre los muchos trabajos que le significaban ese papel que había asumido, sus luchas y sus pérdidas.

Allí Neji recordó algo que se decía del Densetsu no Sennin, y que al oírlo no pudo evitar asociar a la fallecida Hinata: el arma del Sabio Legendario, Princesa Blanca.

Una espada cuya fama crecía a medida que las victorias de su portador se sumaban, una detrás de otra. Y no pudo evitar consultarle sobre ella a su interlocutor.

Naruto le habló de su origen, de sus capacidades, de las cosas que había hecho con ella. De lo torpe que se sentía al usarla, y como iba mejorando poco a poco con su kenjutsu.

Pero el sobrino de Hiashi necesitaba más: "Muéstramela".

Naruto, con calma, recupera su espada de su sello de almacenaje de su brazo izquierdo. Neji observa como la célebre espada corta se materializa, en su hermosa funda de madera lacada.

El rubio la levanta del suelo y se la ofrece a su visitante, quien la toma y la examina con cuidado, muy lentamente. Se detiene en los símbolos blancos en la funda de la punta (los emblemas de los clanes Uzumaki y Hyuga, a cada lado de la misma). Luego, la desenvaina, maravillándose con el fino acabado de la misma y ese extraño metal pálido que forma su hoja.

Con sumo cuidado la devuelve a su vaina, a fin de entregarla a su dueño nuevamente. Naruto la hace desaparecer nuevamente, mientras espera las conclusiones del joven Hyuga:

- Se ve un arma excelente, Naruto-san.

- Sólo Naruto, primo. Y sí, tienes razón; los sapos son excelentes forjadores.

- Debió costarte mucho.

- En realidad la pagó Sasuke, así que no se si le habrán hecho alguna rebaja por ella, jeje…

- Ya veo. ¿Sabes? Hanabi-chan está convencida de que su nombre es por su hermana.

- Ya que somos familia no tengo motivo para engañarte: sí, tiene razón. Shirohime es la segunda Princesa Blanca de mi vida.

- Comprendo… dicen que has matado a mil enemigos con ella.

- Quien sabe. Nunca los he contado, a decir verdad.

Y el rubio ríe, apenado por esa revelación.

Neji se levanta, considerando que ya ha pasado tiempo suficiente, e invita a Naruto a seguirle, lejos de la fogata y las tiendas levantadas. Le indica que deje el pergamino allí, que no lo necesitarán todavía.

Los demás Hyuga ignoran a los que parten, los que sólo son seguidos por la pareja de sapos, que sigue en su tamaño reducido.

Caminan unos minutos, hasta que Neji se detiene, con la cascada a sus espaldas. Naruto espera, de pie frente a él. El Hyuga comienza:

- Bien, Naruto. Ya a pasado suficiente tiempo y tu cuerpo no presenta rechazo físico al ojo de Hinata-sama. Liberaremos el sello para ver si funciona adecuadamente.

- Entiendo.

- Antes quiero que me escuches, a fin de que sepas lo que sucederá ahora

Neji se concentra mientras espera que Naruto fije su atención sólo en él. Cuando está seguro de lo último, comienza a hablar:

"El Byakugan, contrario a lo que la gente cree, no te permite "ver" las cosas, de la manera como entiendes esa habilidad. Es más bien una especie de sonar, que recibe las emanaciones de chakra de los alrededores y construye a partir de aquello una imagen de lo que te rodea. Funciona de dos maneras diferentes.

La primera es en estado de reposo. En esa forma, el ojo blanco está limitado al alcance visual del mismo. O sea, depende de lo que puedes ver, en el espectro luminoso, para funcionar; si lo recuerdas, cuando tu nuevo ojo fue reconectado, sin recibir aún chakra de tu cuerpo, funcionaba exactamente igual a tus ojos normales; eso es porque fisiológicamente el ojo Hyuga tiene las mismas capacidades visuales de cualquier ojo humano, a pesar de tener ese aspecto tan extraño. Las células receptoras de luz de los ojos blancos están compensadas para recibir los colores de manera correcta, incluso detrás del velo blanco que forma su capa más externa.

Junto con la luz que forma la imagen física de las cosas, el ojo blanco percibe el chakra emanado de ellas, por lo que con un mínimo de concentración puedes identificar esa parte de la energía que forma todas las cosas, ver sus patrones e identificar su naturaleza. Ésto lo aprenden nuestros niños desde que comienzan a ver, e instintivamente lo van adoptando a medida que crecen. Y ambos, la parte física y la composición del chakra, forma el todo de como un Hyuga ve el mundo, pudiendo incluso distinguir entre uno y otro.

Así que no, Naruto. No somos ciegos, y somos capaces de ver colores y formas de la misma manera que todo el mundo.

La segunda forma es la activa. Es la que tú y todos reconocen cuando activamos conscientemente nuestro dojutsu. Cualquier miembro del Clan, con entrenamiento básico, puede lograr esta forma de usar sus ojos.

Al liberar esa forma, sobre exigimos las capacidades del byakugan, forzando su funcionamiento. Eso produce dos consecuencias: por una parte, nuestros cuerpos emiten ondas de chakra de baja frecuencia, únicas para cada usuario del dojutsu ya que responden a nuestra propia firma de chakra, las que al expandirse aumentan nuestro rango de percepción: es como si ese chakra expulsado "iluminara" las cosas más allá de nuestro rango visual normal; la segunda consecuencia es que por medio de nuestro chakra aumentamos la sensibilidad de nuestros ojos en varios niveles de magnitud, permitiéndonos ver más detalladamente las cosas más alejadas, ya que requerimos de menos chakra para lograr formar una imagen nítida de ellas. Es la combinación de estos dos fenómenos lo que nos da los rasgos más característicos del byakugan: la capacidad de ver a largas distancias y una visión periférica total.

Obviamente estas dos capacidades se van mejorando con entrenamiento y mayores reservas de chakra, por lo que los que son expertos entre nosotros cuentan con visión periférica total, sin puntos ciegos, y alcance visual de varios kilómetros, tanto en barrido de campo (ver absolutamente todo lo que nos rodea) como en modo de precisión (concentrarnos en un punto dentro de nuestro campo visual).

Esta segunda forma tiene un problema, que seguramente has notado: activarla nos exige sobrealimentar nuestros ojos, forzando su funcionamiento más allá de sus capacidades normales. A todo efecto, es como si sobrecargáramos una máquina para duplicar o triplicar su rendimiento; de allí que nos agote tan rápido. Esa es la razón de que los vasos sanguíneos y los conductos de chakra que alimentan a nuestros ojos se vean así, tan hinchados: porque por ellos corre mucha más sangre y chakra que la que debería.

Ahora, con tiempo y experiencia en el uso de su forma activa, nuestros ojos comienzan a aumentar su sensibilidad natural y su rango perimetral. De allí que hay algunos miembros, principalmente los mayores con experiencia en combate, que pueden incluso "ver" el chakra más allá de su visual normal y percibir aquello detrás de ellos, incluso con la forma pasiva.

Para que te hagas una idea yo, en este punto, en forma pasiva tengo una visión de doscientos noventa grados con ambos ojos combinados, y un alcance de un kilómetro. En activo, mi visión periférica es total, sin puntos ciegos, y mi rango a distancia es de seis kilómetros, tanto en visión de campo como en modo de precisión. Y aún no soy de los mejores que tiene o ha tenido el clan en su uso".

Cuando la explicación termina, Naruto solo asiente varias veces, como si hubiese entendido todo a la perfección. Neji le consulta si tiene alguna duda, pero el rubio simplemente niega con su cabeza.

El joven Hyuga decirle darle una última advertencia: "Ahora, Naruto, debes comprender que el Byakugan no es ni perfecto ni infalible: cualquier material, jutsu o barrera que interrumpa el flujo del chakra en el aire basta para cegarlo, y una onda o golpe de chakra demasiado poderoso lo inutilizará momentáneamente, de la misma manera que una luz muy brillante te dejaría ciego por un tiempo si la recibes de golpe. Si está todo claro, procederé a quitar el parche con el sello. Quiero que estés tranquilo, y pase lo que pase no te asustes, aunque no puedas procesar lo que ves".

Neji se aproxima al maestro sennin con cuidado, para luego retirar con sus manos el parche que cubre su ojo derecho, el que fue de su prima. Luego retrocede.

Naruto parpadea un par de veces, para luego mirarlo. Es… raro, pero extrañamente familiar; es una sensación parecida a cuando usa su senjutsu, pero es como si lo que antes sólo sentía ahora pudiera ponerlo en imágenes. No puede evitar cerrar su ojo izquierdo, como si una visión normal le incomodara en ese preciso momento.

Neji le da tiempo para que se acostumbre, dejando que Naruto pruebe uno y otro ojo indistintamente.

Cuando termina, cinco minutos después, le pregunta:

- ¿Duele?

- No… sólo es raro. Como si llevara gafas, pero aún más extraño.

- ¿Hasta donde llega tu visual?

- Sólo hasta poco más allá. Lo mismo que vería con mis ojos de siempre, con tan poca luz.

- ¿Y detrás tuyo?

- No… espera, creo que… pero me cuesta, como si fuesen imágenes borrosas. Pero puedo ver detrás de mi cabeza.

- ¿Estás seguro?

- Si, seguro.

Ese último detalle sorprende a Neji. Si está en lo correcto, los ojos de su prima estaban mucho más desarrollados de lo que suponía, ya que si Naruto puede percibir trazas de lo que está detrás de él, significa que ella, en modo pasivo, podía ver a sus espaldas sin problemas. Qué tanto, es algo que tendrán que averiguar.

En eso, un proyectil golpea al rubio en la nuca, derribándolo. Preocupado, Neji activa su byakugan, buscando algún enemigo en los alrededores. Pero fuera de ellos y los sapos, no hay nadie.

El joven Hyuga corre para revisar a Naruto: está inconsciente, derribado por un grueso palo de poco más de veinte centímetros. En eso, escucha como el par de sapos se aproxima, discutiendo:

- ¡Eres un idiota, Kishi! ¿Cómo rayos se te ocurre tirarle esa cosa? ¡Pudiste haberlo matado!

- No exageres, Ren-chan, que no era tan grande.

- Pero si lo suficiente como para dejarlo tirado.

- Culpa suya por no esquivarlo.

- Bravo, lo atacas a traición, por la espalda y lo culpas a él. Ya verás cuando se recupere.

- Pero si lo escuchaste, dijo que podía ver detrás suyo.

- Apenas, eso fue lo que dijo; ¿qué pretendías lograr con pegarle?

- ¡Que no quería pegarle! Supuse que vería llegar el palo y lo tomaría al vuelo. Pensé que eso sorprendería mucho a ese otro sujeto. La idea era que se luciera.

- Bien, pero en vez de eso lo dejaste allí, tirado y humillado. Mejor que no se te ocurran esas brillantes ideas cuando tengamos nuestra pelea con Madara, que si haces allí otra tontera de estas te mataré yo misma.

- Pero Ren-chan…

- Pero nada, ahora mejor ayudame a llevarlo de vuelta a su tienda.

Neji sólo observa como la pareja de sapos se disculpa a nombre de su invocador, señalando que el entrenamiento deberá esperar hasta la mañana. Escucha como la sapa le prohíbe a su compañero crecer para cargar con facilidad al rubio: si lo ha dejado así, tumbado, debe sufrir por su error.

Gamakishi lleva a Naruto encima de su cabeza, a la rastra, mientras masculla que el chico debe bajar de peso si pretende dejarse caer inconsciente en el futuro. Gamaren se adelanta, a fin de preparar el lecho en que su invocador dormirá esa noche.