CAPÍTULO XLVIII

Sir George y yo debíamos descansar. Recorrer distancias tan largas en tan poco tiempo es verdaderamente agotador, así que después de una vasta merienda y de dejar los planes listos para nuestra partida al reino Cornwell, fuimos a nuestras respectivas cámaras para recuperar un poco de energías. Acababa de acomodarme sobre unos mullidos cojines cuando alguien tocó a mi puerta. Un poco molesto, suponiendo que tendría que soportar los reproches de Lady Elroy, di el pase sin siquiera intentar abrir los ojos. Pero la voz que escuché no era la de la anciana.

Alteza, lamento interrumpir su descanso pero me han dejado algo para usted – Era una doncella que había visto muchas veces con Candy.

¿Algo para mí ha dicho? – ella extendió una mano. Llevaba una carta.

Candy me pidió entregársela. Se la habría dejado a Lady Elroy pero prefirió confiar en mí – bien pensado.

Gracias.

La carta no era más que una nota corta en la que Candy me contaba que su hermana le había pedido estar a su lado en el momento en que su primogénito llegará al mundo y ella había decidido acompañarla. Se disculpaba conmigo por no haberme esperado, pero también decía que ella sabía que pronto la alcanzaría.

Salimos de Lakewood muy temprano por la mañana. Lady María no podría alcanzarme en las tierras Cornwell, pero me había enviado una carta dirigida a Candy en la que contaba la historia tal y como ella la había vivido. Todo estaba ya listo.

El viaje fue más corto de lo que esperaba. Seguramente la necesidad de verla me hacía alejarme de la realidad. Los Reyes nos esperaban. Archie se notaba muy feliz, su primer hijo había nacido ya. El reino entero festejaba y muchos eran los que habían llegado para festejar junto con los príncipes la llegada del nuevo miembro de su familia. Al parecer muchos se habían enterado antes que yo del nacimiento del hijo de Archie. Para mi sorpresa Sir Richard, Lord Wessex y Terry estaban ahí, incluso Neil había regresado. Ya tendría tiempo de hablar con ellos, pero ahora necesitaba verla a ella.

Archie me llevó a la cámara donde estaban Annie y su hijo. Candy estaba ahí ayudando a su hermana. Cuando entré tenía en brazos al pequeño príncipe, que en ese momento, no era más que una curiosa formita, envuelta en mantas, de tupida cabellera castaña y mirada fisgona. Al verla así, vislumbré como quería que fuera mi futuro. Candy me sonrió y quise correr a tomarla en brazos, pero no era momento. Me acerqué a ella con calma y la saludé con cordialidad.

Pasé pocos minutos a su lado, porque el feliz padre solicitaba mi compañía para festejar como era debido, al lado de otros hombres y con excelente bebida. Los demás muchachos esperaban en el salón. Para mí era extraño ver a Terry entre ellos, sin su esposa y, en el otro extremo del recinto a Neil.

Susana no se encuentra bien – dijo Terry – su familia no ha permitido que viaje a mi lado, pero tampoco han querido que yo no viniera a felicitar a Archie.

¿Qué le ha pasado? – Terry sonrió pero fue Archie quien respondió.

Es normal que tu esposa no esté bien Terry. Annie también tuvo muchos problemas al inicio.

¿Susana?

Si, Albert pronto serás tío, pero quizás mi hijo te vea tan viejo que prefiera llamarte abuelo – se mofó de mí y todos rieron con su ocurrencia.

¡Felicidades hermano! No lo sabía. Me da gusto saber que Susana y tú están bien.

Al principio fue difícil. Pero ella ha sabido ser paciente, ya casi no pienso en… – se detuvo y suspiró – la he visto muy sonriente. Supongo que ya me ha olvidado. Gracias por cuidarla – por un momento vi nostalgia en sus ojos así que decidí cambiar el tema, no me sentía especialmente valiente como para decirle que ella estaba ahora conmigo.

¿Qué ha sido de Neil? – dije viendo al muchacho conversar con el Rey – ¿creí que intentaba hacerse de honores?

Regresó hace poco – respondió Stear – está muy cambiado. Es más reservado que antes y casi no pasa tiempo con nosotros.

¿Regresó a vivir con su familia?

No, aún no perdona las palabras de su madre. Se está quedando aquí en el castillo aun cuando el Barón Leegan le ha implorado muchas veces regresar a su lado. Mi padre le tiene mucho aprecio, así que lo invitó a quedarse con nosotros.

No esperaba verlo tan pronto.

Nadie lo hacía. Supongo que ser un caballero de renombre, debe ser para él más difícil de lo que creía. El destino no ha sido muy benévolo con él.

El destino no es benévolo con nadie – respondió Terry con cierta amargura – decide como será tu vida, aún cuando tú desees vivir de otra forma.

Es muy difícil ver como dos personas tan jóvenes tienen que enfrentarse a la vida, intentando sobrevivir, intentando recuperar las ilusiones, pero manteniendo en la mirada la tristeza y rabia que el destino dejó permanentemente grabadas en lo más profundo de su alma. Terry y Neil sufrían, pero intentaban salir adelante. Mi hermano comenzaba una familia y el joven Leegan… bueno de él poco sabía.

Pasé unos momentos más con los muchachos y después me despedí de ellos. Ya era un poco tarde y aún no había tenido la oportunidad de charlar con Candy. Buscarla en su cámara era muy poco decoroso, así que fui al lago, esperando que ella estuviera ahí. Nos conocíamos tan bien que poco tiempo después haber llegado escuché pasos acercándose a donde yo estaba. Era ella.

Esperaba encontrarte aquí – dijo cruzando sus brazos en mi cintura – lamento haber dejado Lakewood sin esperar tu regreso.

Me has hecho mucha falta – dije – pero Annie te necesitaba más que yo.

Ella es muy feliz ahora. La vida por fin le ha sonreído.

Y tú – dije girándome para verla directamente a los ojos – ¿eres feliz?

Demasiado – sonrió – la vida me ha sonreído también.

¿Lo crees? – pregunté jugando.

Te puso en mi camino, ¿qué más podría pedirle a la vida?

Yo le pediría algunas cosas más.

¿Yo no soy suficiente? – preguntó.

Le pediría a la vida – dije tomando sus manos – la oportunidad de tenerte conmigo de ahora en adelante – acerqué mi rostro al suyo – le pediría que lo primero que viera cada mañana fuera tu rostro apoyado contra mi pecho – la besé – y que lo último que escuchara antes de entrar al mundo de los sueños, fuera el acompasado ritmo de tu respiración.

Te amo – me encantaba escucharla decir eso.

Te amo princesa.

¿Conseguiste la información que necesitabas?

Sí, mi viaje fue mejor de lo que esperaba.

Me da mucho gusto escucharlo.

Candy, pequeña, hay muchas cosas que debo decirte, cosas que pueden parecerte sorprendentes, pero que son muy importantes.

¿Es necesario decirlas ahora? – preguntó.

Mientras más pronto pueda decirlas, mejor.

Preferiría pasar unos momentos más contigo, sin preocupaciones, antes de regresar a la realidad – sonreí.

Entonces mañana. Mañana te contaré todo lo que necesito. Mañana sabrás cosas realmente trascendentes.

Ella tomó mi mano y me guió a la orilla del lago, nos sentamos a contemplar el brillo de las estrellas reflejarse en el agua. La noche era aún joven pero hermosa. Todo, el viento, la luna, nosotros, todo emanaba paz, una paz que sólo he logrado conocer a su lado. Estuvimos largo rato en silencio, tomados de la mano, viendo a la nada. Después de un rato cruce mi brazo sobre sus hombros para protegernos a ambos del fresco de la noche y así permanecimos hasta que la proximidad fue más demandante.

Era momento de regresar. Me puse de pie y le ofrecí escoltarla de vuelta al castillo. Entonces me besó, con un beso tranquilo y dulce. La amaba profundamente y me sentía plenamente correspondido. Ese beso se convirtió pronto en otro y otro más. Uno a uno se sucedían, subiendo la intensidad de las caricias, incrementando la necesidad de una unión más completa. Nuestros labios, en un principio, tímidos e inofensivos, se iban volviendo poco a poco, apasionados y demandantes.

Espera – dije haciendo acopio de toda mi cordura – Candy, espera, es momento de regresar – ella me vio algo desconcertada – si sigo besándote no podré parar. Si sigo besándote ahora tus besos no serán suficientes para saciar… quiero hacer las cosas bien contigo. Te amo demasiado como para dejarme llevar por esto.

Lo lamento – dijo algo sonrojada – nunca había sentido algo tan fuerte antes, me es difícil controlarlo.

Te entiendo pequeña, pero tenemos que esperar, sólo un poco más y muy pronto, si tú me aceptas, podremos estar juntos. Pero ahora es momento de regresar.

La escolté de regreso al castillo y después de dejarla regresé al lago, sólo había una forma de serenar mi deseo. Me despojé de las ropas y me lancé al agua. Un baño frío, era justo lo que necesitaba. Conforme mi cuerpo y mi mente se tranquilizaban, empecé a planear la forma de decirle todo y una idea nueva vino a mi mente. En ese momento supe como confesarle su pasado y también como pedirle que fuera mi futuro.