Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.

Capítulo 53: Por fin - La Boda

BPOV

Entré en la elegante suite del hotel, cerrando la puerta detrás de Grace y de mí. Le sonreí a Jacob, que estaba sentado en uno de los elegantes sofás y vi a Meghan a su izquierda. Tiré mi bolso sobre la mesa con precisión y luego puse las llaves del Volvo justo al lado.

La cara de Jacob estaba tensa y él no me devolvió la sonrisa. Sus ojos no dejaron de ver fijamente mi cara.

–Meghan, ¿llevarías a Grace abajo a dar un paseo? ¿Quizás podrías llevarla por algo de comer? –sugirió él.

El tono de su voz era bajo, sombrío. El timbre de voz me asustó. Jacob no tenía esa mirada a menudo. Él era normalmente un hombre feliz y relajado. Solo había visto esa mirada cuando estaba molesto o preocupado.

Suavemente abracé a Grace y la empujé suavemente en dirección a Meghan. Cuando pasó a mi lado, dejé que mis dedos pasaran suavemente a través de su brillante coleta negra. La puerta se cerró de un golpe rotundo y el silencio en la habitación solo se vio interrumpido por las profundas respiraciones de Jacob. Los latidos de su corazón eran rápidos, la sangre corría tan rápido que pensé que podría tener un ataque al corazón si no se calmaba.

–¿Que pasa? –le pregunté lo más casualmente posible, tratando de poner algo de entusiasmo en mi voz.

–Bells –Jacob suspiró y su voz era plana –tenemos que hablar –su mirada se intensificó.

Pude sentir que mi corazón se saltó un latido imaginario mientras contenía mi innecesario aliento. ¿Había cambiado de opinión acerca de que viera a Grace?

Inconscientemente, me dejé caer en un sofá frente a él.

–¿Ok? –pregunté vacilante con mis ojos explorando ansiosamente su rostro en busca de algún indicio de lo que estaba por decir. Mi mente, que ahora podía pensar en múltiples niveles, estaba corriendo hacia todo tipo de suposiciones negativas.

–Hay tantas cosas... –Jake se detuvo. Su tono era plano y ya no estaba haciendo contacto visual conmigo. Mi corazón se hundió aún más.

Traté de no entrar en pánico. Me senté derecha. Ya no le temía a nada ni a nadie. Grace era demasiado importante para mí. Había estado sin ella durante mucho tiempo y, aunque todavía no estaba completamente convencida de que estar en su vida era lo mejor para ella, ella me necesitaba.

Edward tenía razón, nos necesitábamos la una a la otra.

Pero, ¿qué derechos tengo? De acuerdo con todos los que me conocían en Forks, yo estaba muerta. Funcionaba bajo el radar legal de la ley. No es como si pudiera contratar un gran abogado y llevar a Jake a la corte. ¿Qué recursos tengo?

Intenté no reflexionar sobre estas cosas, traté de concentrarme en Jake y ver si había alguna manera de encontrar una forma de resolver esto amistosamente, para que todos ganáramos.

–Bella –cuestionó Jake –¿oíste lo que acabo de decir?

Volví a mirarlo con mi barbilla desafiante, mientras me sentaba aún más recta en mi silla.

–Estoy segura de que hay una manera de que podamos resolver esto juntos, pero no voy a renunciar a ella –le contesté con calma pero con seriedad.

Jake me miró sin comprender con su expresión confundida.

–¿De qué estás hablando?

Me tensé y me preparé. No retrocedería. Pude sentir la respuesta defensiva automática en mí coincidiendo con la de Jacob.

–Acabamos de volver a encontrarnos. La necesito –tragué y mi voz comenzó a romperse. Mi resolución se estaba desvaneciendo rápidamente –Y ella también me necesita –terminé débilmente, sin estar segura de si realmente creía en mi propia declaración.

–Bella, no tengo ni idea de lo qué estás hablando –respondió Jake ligeramente molesto.

Espera… ¿qué?

–¿No estás hablando de Grace? –pregunté, tratando de mantener mi voz firme.

–¿Grace? –Jake se detuvo por un segundo. Casi podía ver las ruedas girando en su cabeza antes de continuar –De lo que necesito hablar contigo no tiene nada que ver con Grace. ¿Qué clase de imbécil insensible crees que soy, Bella? –argumentó. Su mandíbula se apretó y sus ojos brillaron, aunque yo no clasificaría su expresión como enojada, tal vez ¿indignada?

Esta era una de esas veces en que realmente podría haber usado la habilidad de Edward.

Solté una ráfaga de aire por la respiración que había estado conteniendo, mi cuerpo se desplomó sobre los cojines del sofá. Si él no estaba hablando de Grace, ¿qué teníamos que discutir?

–Bella –exhaló Jake –antes de que te cases con Cullen, necesito decirte algunas cosas

No esto otra vez... NO había ninguna posibilidad de que discutiera sobre Edward.

Lo amo. Él me ama. Fin de la historia.

Antes de que pudiera prepararme mentalmente para lo que creí que sería una pelea arrolladora, miré a Jake. Su lenguaje corporal era ansioso, su rostro estaba tenso mientras se frotaba las manos nerviosamente. Tomó la cerveza que había empezado y tomó un largo trago.

–¿Qué pasa, Jake? No me dejes especulando sobre esto –suspiré, tratando en vano de mantener mi malestar a raya.

Jake inspiró profundamente, inclinándose hacia adelante y mirándome directamente a los ojos.

–Lo siento, Bells –dijo en voz baja.

–¿Por qué lo sientes? ¿Qué has hecho? –casi ladré. Estaba más confundida que nunca. Mi mente estaba pensando rápidamente en imágenes tratando de pensar de qué podría lamentarse.

–Sucedió hace mucho tiempo y debería haber sido sincero, pero éramos tan felices y no quería arruinar lo que teníamos, pero ahora sé por qué él hizo lo que hizo y con Meghan, y todo lo que pasó ni siquiera ¡puedo empezar a decirte cuánto lo siento por todo esto! –terminó antes de tomar una respiración profunda. Él estaba divagando y hablando más rápido de lo que nunca lo había escuchado y estaba perdida en lo que quería decir realmente.

Levanté mi mano.

–Espera –lo miré profundamente a los ojos mientras él buscaba los míos luciendo muy triste –Estoy perdida –me senté y me incliné hacia él, deteniéndome para calmar las náuseas que me producía su aroma –¿De qué estás hablando exactamente? –la confusión me estaba frustrando –¿Por qué no comienzas por el principio?

Jake se frotó la cara cansada y sin afeitar antes de concentrarse por completo en mí.

–Lo siento por tantas cosas. Pero si tuviera que empezar desde el principio, diría que todo comenzó cuando pasé por la casa de Charlie a recoger tu vestido

¿Charlie? Guau, eso fue hace unos años.

–¿Que vestido?

–Tu vestido de novia

Dejé de pensar. Dejé de respirar. Estaba aturdida.

–Continúa –lo alenté.

–Recuerdas que dejaste tu maleta antes de nuestra luna de miel en casa de tu padre y nos detuvimos a recogerla y te cambiaste allí, en tu antigua habitación, ¿si lo recuerdas? –él se aventuró.

Asentí y no pude evitar la sonrisa que tocó mis labios. Ese era un recuerdo que todavía conservaba. Fue uno de los mejores días de mi vida en aquel entonces. Después de un momento y aún confundida, respondí:

–Claro –reanudé mi postura cautelosa.

–Entonces –continuó –cuando volvimos, estabas tan ocupada con la escuela y con la mudanza a la nueva casa, que me ofrecí a ir a recogerlo y enviarlo a la lavandería –el tono de su voz era brillante, como si estuviera dispuesto a hacer que yo recordara. La imagen vagamente revoloteó por mi cerebro.

–Ok –murmuré.

–Bueno, entré y corrí a tu habitación y lo supe instantáneamente –justo entonces su mirada se centró en sus manos.

Su ritmo lento me estaba matando.

–Continúa –lo alenté.

–Bueno –continuó, antes de tragar saliva –supe que habían estado allí. Pude olerlos. Pensé por un segundo que iba a entrar en fase, pero finalmente me di cuenta de que el olor era de hace varios días. Pero pude oler siete olores diferentes, así que supe que tenían que ser ellos

Después de la intervención de Esme, me enteré de que los Cullen habían estado en casa de Charlie, donde Edward descubrió desgarradoramente que de hecho yo había seguido adelante. ¿Jake me estaba diciendo que él sabía que ellos también habían estado allí?

–¿Y? –dije mientras la tensión se filtraba en mi cuerpo de piedra. Mis puños involuntariamente se cerraron al lado de mis piernas.

–Y –tomó una respiración profunda y miró brevemente mis manos –yo sabía que habían estado allí. Debería haber sido honesto. Debería haberte dicho. Pero –argumentó arrepentido, sentándose en su asiento –éramos felices. Nos acabábamos de casar y siempre estabas sonriendo. No tenía forma de saber si te haría daño de nuevo, así que no estaba dispuesto a arriesgarme. Y todavía los consideraba peligrosos... –su voz se apagó.

Wow. Desde que descubrí la verdad sobre la última década, todo lo bueno y lo malo, nunca pensé en lo que sucedió después. Ahora todo comenzaba a tener sentido.

–A ver si te entendí bien –comencé pacientemente con el tono de voz que solía usar con Grace –¿Sabías que los Cullen regresaron y no me lo dijiste?

–Sí, pero déjame explicarte –dijo mientras levantaba las manos. El alivio de que solo me hubiera ocultado algo finalmente entró en mi mente, no quería alejar a Grace de mí, solo se estaba confesando, aliviando su mente. Una risa, derivada del humor o del alivio histérico en ese momento, no estaba segura, interrumpió a Jake.

–Jake, entiendo. Sí. Deberías haberme dicho... esa no era tu elección, pero debes soltar todo esto. Hiciste lo que creías que era mejor y aunque no estoy segura de que yo habría hecho lo mismo, lo entiendo. Nunca sabremos qué 'pudo' haber pasado, pero ya tuve suficiente de pensar en el pasado

Jake pareció aliviado, antes de que él me devolviera la mirada.

–Eso no es todo –dijo en voz baja.

Oh, y ¿ahora qué?

Tragó saliva fuertemente.

–¿Qué tanto recuerdas de tus días en la reserva? –preguntó con calma, aunque sus ojos estaban tensos.

–Casi todo... ¿por qué? –pregunté. ¿A dónde quería llegar con esto?

Él respiró hondo y cerró los ojos mientras inclinaba la cabeza hacia atrás.

–La noche que me dejaste... esa noche que intentaste dejarme, ¿recuerdas eso? –susurró y todos los músculos de sus brazos expuestos parecían tensionados.

–Por supuesto que lo recuerdo –murmuré en voz baja, aunque con toda honestidad, deseé poder olvidar eso.

Él inclinó su cabeza hacia adelante y sus cálidos ojos se abrieron de golpe para mirarme directamente.

–Lo siento mucho. No podía decirte lo que estaba sucediendo realmente. Sam nos dio una orden directa y no pude romperla. No quiso escuchar razones... –se detuvo con sus manos frotando el pantalón áspero que cubría sus piernas.

–No fue hasta que terminaste en el hospital debido a mi estupidez que finalmente comenzó a reconsiderar su idea de contarte sobre la vampiresa que seguía volviendo por ti. Pensó que sería mejor que no lo supieras. Podrías seguir con tu vida cotidiana: estar conmigo y Grace, trabajar en la escuela y pasar tiempo con la familia de la manada. Pensó que lo que estaba haciendo era lo correcto y yo no podía luchar contra eso... y créeme, lo intenté

Asentí, sin estar segura de qué más decir o hacer.

Él respiró hondo y continuó.

–Esa noche, cuando te fuiste con la bebé, entré en pánico. No sabías lo peligroso que era para ti dejar La Push. Intenté hacer que te quedaras, estar en la reserva donde sabía que estarían a salvo, tú y Grace. Incluso con Meghan, todavía te amaba, Bella. Todavía lo hago... –su voz era una mezcla de culpa y remordimiento. Pude ver que se había estado torturando a sí mismo por esto.

–Continúa –insté mientras la imagen se reproducía en mi mente como una película.

–Así que estás saliendo por la puerta y todo lo que pude pensar fue en que volverías a Forks y te matarían y Grace podría perder a su madre y yo podría perder a mi mejor amiga, tal vez incluso Grace podría haber terminado muerta en el proceso

Hice una mueca. No podría soportar pensar en algo así.

Sacudió la cabeza.

–Te lastimé. No podía dejarte salir por la puerta y te sujeté, esperando que te detuvieras y pudiéramos hablar sobre eso y descubrir cómo hacerlo funcionar –sus palabras llegaron tan rápido que era difícil mantener el ritmo –Nunca quise agarrarte tan fuerte. Te lastimé y lo siento mucho por eso. No culpo a nadie por eso, sólo a mí... ni a Sam, ni a este legado... yo lo hice y lo siento mucho

Él respiró hondo y sus ojos se rehusaron a pestañear, mientras él esperaba. Me di cuenta de que estaba esperando que yo respondiera.

–Jake, está bien –comencé, sin estar muy segura de qué decir. Comencé a acercar mi mano para consolarlo pero luego la retiré.

Todavía estaba mirando al suelo cuando me interrumpió.

–¡No, Bella! NO está bien. Tuviste que ir al hospital por mi culpa, Charlie debería haberme arrestado. No tenía derecho a hacerte eso –sus ojos estaban llenos de agonía.

–Fue un accidente. Lo sabía entonces y definitivamente lo sé ahora –discutí clavando mis ojos en los suyos para que supiera que hablaba en serio.

Jake levantó una mano, deteniendo mi respuesta.

–Bella, pensé que si dejaba en claro que Grace se quedaba con nosotros, con la manada, también te quedarías. Esa pudo haber sido idea de Sam, pero yo no pelee por eso, y podría haberlo hecho. No fue una orden, pero no sabía qué más hacer. Solo pensé que si te forzaba, te quedarías. No estarías feliz por eso, pero eventualmente lo aceptarías. Eso fue tan injusto y Lo siento mucho –él me miró, con los ojos húmedos de lágrimas –lo siento mucho, Bella. Ojalá pudiera retroceder el tiempo y nunca haberte hecho eso

–Pero Jake- –intenté comenzar, pero él me interrumpió.

–Si hubiera hecho todo esto de otra manera, ¡todavía estarías con nosotros en casa! Podría haber luchado contra la imprimación –se atragantó, pero siguió hablando –podría haberte protegido y estaríamos juntos. ¡Seríamos felices y nada de esto hubiera pasado!

–Y serías miserable –le respondí sabiendo que tenía que ser la voz de la razón.

–Estaría bien –replicó a la defensiva, recuperando algo de su vieja bravuconería.

Me puse de pie y extendí la mano para tomar su mano.

–No, no lo estarías –dije con calma.

Jake apretó mi mano en la suya.

–Simplemente no podía dejar pasar otro día, otra visita sin decirte todo esto

Silencio.

Nos quedamos allí sentados y nos miramos. ¿Estaba enojada? Un poco. ¿Estaba sorprendida? Realmente no. Toda mi vida, humana o vampírica, los que me rodeaban habían tomado decisiones por mí, la mayoría sin mi consentimiento ni mi opinión. Pero, ¿realmente importaba algo de eso?

–¿Jake?

Él me miró expectante.

–¿Sí?

–Nunca pediste este derecho de nacimiento tuyo, ¿verdad? –cuestioné.

–No –su respuesta fue simple, algo de la ira y la petulancia del Jake de dieciséis años del que me había enamorado emergió.

–Pero si no hubiera sucedido –lo contradije –nunca hubieras conocido a Meghan, ¿verdad? –la burla en mi voz era imposible de ignorar.

Los ojos de Jake se abrieron de par en par.

–Pero te tenía. No habría hecho ninguna diferencia

Le sacudí la mano.

–Sácame de la ecuación por un minuto, Jake. ¿La amas?

–¡Por supuesto que sí! –respondió él bruscamente, luego suavizó su tono y continuó –pero te amé a ti primero. Era feliz contigo, con Grace, con nuestra vida en la reserva –su tono era una súplica, con la esperanza de que lo entendiera.

–¿Estás diciendo que podrías vivir sin ella, Jake? –pregunté en voz baja.

Escuchamos el clic de la llave, y nuestras dos cabezas se dirigieron hacia la puerta del hotel. Meghan regresó a la habitación con Grace a su lado. Los ojos de Jake se clavaron en su esposa, que estaba cuidando al pequeño y dormido recién nacido en el cochecito que empujaba. Incluso para alguien que no entendiera la imprimación, el evidente atractivo magnético que Jake tenía con ella era innegable.

Me aclaré la garganta, esperando ganar su atención.

–Estaba destinado a suceder, Jake. ¿No puedes ver eso? Si me hubieras dicho sobre los Cullen, Grace tal vez ni siquiera hubiera existido. Y –susurré, para que Meghan no escuchara –Matthew William nunca habría existido, ¿verdad? –desafié. El bebé se despertó con un fuerte llanto, solo para demostrar mi punto. Levanté una ceja hacia Jake antes de añadir –Creo que Matthew está de acuerdo

–Todavía lo siento mucho por todo lo que perdiste –la tristeza en sus ojos era convincente.

–Pero mira todo lo que he ganado, Jake. Recuperé a mi pequeña

–Aun así –respondió él.

–Jake –me apresuré, mientras Grace caminaba hacia mí en ese segundo –déjalo ir. Yo lo he hecho. Te perdono, me perdonaste. Eso es lo que hacen los amigos... –terminé, mientras envolvía a Grace en mis brazos –ambos la tenemos –susurré –todo lo demás no hace ninguna diferencia. Ya no miro hacia atrás. No más 'qué pasaría si' o 'si solo'. ¿Entendido? –le sonreí brillantemente.

Jake asintió con sus ojos transmitiendo que entendió. El tiempo de mirar hacia atrás había terminado. Las cosas nunca habían sido perfectas, pero era hora de seguir adelante, avanzar... para finalmente ser felices.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Los días previos a la boda pasaron volando. Entre pasar todo el tiempo posible con Grace, y el millón de llamadas telefónicas de Alice repasando los últimos detalles… que bueno que yo no podía dormir.

Edward, por otro lado, estaba empezando a ponerse inquieto.

Su comportamiento de caballero estaba comenzando a desmoronarse. Nunca íbamos demasiado lejos (sin importar cuánto lo intentara), y ahora que Grace estaba bajo el mismo techo, se excusaba antes de lo habitual por las noches. Usé todos los trucos que sabía para hacer que se quedara, pero fue en vano. Normalmente me llamaba desde su casa más tarde por la noche y hablamos durante horas sobre todo y nada, tratando de hacer que los minutos avanzaran aún más rápido.

Grace se divirtió mucho seleccionando el pastel. Ella se sentó en mi regazo mientras probaba cada sabor, tomando abundantes porciones de cada tipo antes de tomar su decisión final. No hace falta decir que Alice no estaba encantada con lo que eligió. Creo que usó el término "chillón", pero cuando Grace miró a su tía con tanto orgullo en sus ojos, Alice cedió, ¡además, ella era la única que se lo comería de todos modos!

Cuando llegamos a la floristería, el deleite evidente de Grace al mirar cada flor, al comentar cada forma y color, al alzar cada una de las flores a su pequeña nariz para probar su olor nos hizo sonreír a todos. Le permitimos elegir sus flores y ella escogió brillantes margaritas de gerbera rosa. Usamos el mismo florista que usamos para la fiesta de la universidad. Chris, el propietario, hizo todo lo posible por mantener a Alice contenta mientras revisaba cada ramo en agonizante detalle: lirios, rosas, fresias, gardenias y lavanda, con diferentes ramos de flores para Rose, Esme y ella dependiendo de sus preferencias. La única continuidad era que todos los ramos de flores eran de color blanco... Grace sería nuestro "splash de color", o así le llamó Alice.

Todos los días pasaron en un torbellino hasta que finalmente llegó la mañana del gran día. Planeamos una ceremonia en la tarde. Llevaríamos a Grace con Jake en el hotel al final de la pequeña recepción que seguiría al gran evento. Le pregunté si él y Meghan querían asistir, pero entre cuidar al bebé, y con Jake admitiendo que sería un poco extraño para él, lo dejamos ir. Sin embargo, planeamos traer un montón de comida al hotel, una recepción con solo un comensal tendría que tener sobras.

Nos preparamos en la casa de los Cullen, donde Alice pensó que sería más fácil peinar mi cabello de forma especial para conmemorar el día. Cada vestido colgaba en su propio maniquí, para garantizar que quedaran libres de arrugas. El pequeño que sostenía el de Grace estaba en el frente de la habitación.

–¡Mami, mira! ¡Es tan lindo!

–Hiciste un maravilloso trabajo seleccionándolo, pequeña –le dijo Esme abrazándola con orgullo.

De hecho, tenía toda la razón. El vestido de seda con hileras o pequeños pliegues, cuello redondo y faja ancha era hermoso. Alice había ordenado que Mary Janes estuviera hecha a medida con la misma tela, embellecida con pequeños cristales. Y para completar el vestido, Rosalie había llamado a una boutique en Nueva York y había trabajado con un diseñador para hacer una diadema personalizada hecha con la misma tela, el corte estaba hecho para hacer eco de sus nuevos zapatos, con diminutos cristales de Swarovski. Grace también insistió en usar el brazalete con el diamante del tamaño de una pelota de tenis que Rosalie le había regalado meses atrás, lo que hizo sonreír a Emmett cuando se lo mencionamos.

¿Había algo que ellos no harían por mi hija?

Esme se vistió rápidamente y su pelo color caramelo estaba recogido en un elegante moño en la nuca, con unas pequeñas ramitas de lavanda para terminar el peinado. Se movió rápidamente, revisando, revisando y comprobando hasta tres veces todo lo que necesitaríamos antes de irnos a la pequeña capilla que Alice había encontrado. Su vestido era del mismo color que el de Alice y Rosalie... un tono ligeramente más profundo de la lavanda pálida que Grace había elegido tan emocionadamente.

El vestido de Esme era simple y elegante, se ajustaba por completo a su gusto y personalidad, con un profundo escote en V, cintura imperio y falda ligeramente acampanada.

Rosalie y Alice ya estaban vestidas, ambas con los mismos colores, pero con estilos notablemente diferentes. El vestido de Rosalie era elegante pero audaz. Estaba ajustado más apretado en las caderas y tenía un profundo cuello redondo. Acentuaba su figura espectacular y al mismo tiempo era elegante y hermoso.

El vestido de Alice tenía bolsillos sutiles y un precioso escote en forma de ojo de cerradura. Le lancé una mirada cuando la vi poner algunos chocolates en ellos.

–¿Qué? Grace podría tener hambre –defendió. Solo pude reírme sabiendo que ella probablemente tenía razón.

–También querrás llevar toallitas húmedas si le vas a das chocolate que podría derretirse –me reí entre dientes cuando las ruedas en su cabeza comenzaron a girar y ella estaba imaginando diferentes desastres potenciales de chocolate.

Alice trabajó en mi maquillaje, manteniéndolo simple y natural, mientras Rosalie arreglaba mi cabello en ondas profundas, fijando secciones de él, cerca de la base de mi cabeza. Ella tomó el hermoso broche de platino y diamantes que había pertenecido a la madre de Edward y lo ancló en el centro de la corona. Su color de metal fresco y diamantes brillantes contrastaban muy bien con mi pelo oscuro y esperaba que él estuviera satisfecho con lo que yo había seleccionado.

Me puse mi vestido de novia sobre mi ropa interior azul, mis hermanas ajustaron las mangas, el escote, y se ocuparon de cada detalle.

–Mami –intervino Grace –ese vestido es tan bonito –susurró. Sus dedos revolotearon sobre el borde de la cintura cuando sus ojos adquirieron una expresión de ensueño –Te ves más bonita que una princesa –susurró.

–Gracias cariño –le sonreí –¡Tú te ves más bonita que todas nosotras juntas! –ella me sonrió y luego miramos nuestros reflejos en el espejo de tres paneles. Me susurré a mí misma:

–Espero que a Edward le guste –las mariposas se multiplicaban rápidamente.

Esme apareció detrás de mí con sus manos calmadas sobre mis hombros. Sentí sus dedos tirar de la cremallera hacia arriba, antes de abotonar apresuradamente el millón o más botones que adornaban la parte posterior. Ella abrazó mis hombros.

–Edward lo amará –susurró ella antes de ir por mi velo.

Había peleado con Alice por el velo. Pensé que era excesivo, pero ella insistió en que Edward se sentiría decepcionado si no respetaba la tradición. Eso me convenció y me quedé quieta cuando Esme unió la longitud del velo a mi cabeza y el tul a mi cabello. Me tomé un segundo para realmente evaluarme en el espejo antes de que Alice se acercara a mí con mis zapatos, todavía en su caja.

–¿Lista? –preguntó ella con su sonrisa alegre.

–Síp

Alice levantó el primer zapato de satén azul pálido y se lo dio a Grace. Levanté mi falda y ella lo deslizó sobre mi pie, acariciando el acabado satinado. Me reí entre dientes al verlos.

–Confía en mí –respondió Alice. Esta era su brillante idea de "algo azul". Y tenía que admitir que los amaba. Antes habrían sido trampas mortales para mí, pero ahora podía disfrutar algunas de las aventuras de esta vida.

–Está bien –dije rápidamente. Seguí respirando profundamente, tratando de calmar mis nervios agarrotados.

Alice chasqueó la lengua. Me volví para mirarla. Había un profundo pliegue entre sus cejas.

–¿Qué? –pregunté.

–Algo parece estar fuera de lugar –murmuró, pero su sonrisa era astuta. Sabía que estaba tramando algo.

Un golpe firme en la puerta llamó mi atención. Esme fue a ver quién era.

–No se te permite estar aquí, jovencito –regañó Esme, pero su voz era burlona.

–Lo sé, solo necesito hablar con ella –suplicó Edward –¿Por favor? ¿Solo por un momento?

–Eso depende de ella –respondió, sin apartar los ojos de la puerta, con la palma de la mano contra la madera para evitar que la abriera.

–¿Bella? –Edward llamó –¿me permitirías un momento? –su voz era tierna y esperanzada.

Sintiendo que la sonrisa se extendía por mi rostro, me acerqué a la puerta.

–Estoy aquí –le susurré.

–¿Nerviosa? –preguntó él.

–Un poco –confesé –pero no de casarme contigo. Nunca había estado tan segura de algo en mi vida

–Bien... bien –sonó aliviado –tengo algo para ti.

¿Ahora?

–¿Bueno?

Esme se hizo a un lado, mientras que los dedos largos y elegantes de Edward deslizaban dos cajas idénticamente envueltas a través de la rendija de la puerta. Me apresuré a tomarlas, pero Edward tomó mis dedos y los apretó suavemente. El suspiro de él fue audible incluso para Grace.

–Te he extrañado

Mi sonrisa se hizo más grande.

–¿Me extrañaste? Me viste hace poco más de doce horas –bromeé. Edward había salido de mi casa anoche a solo un minuto de la medianoche y me había explicado que Esme lo habría regañado fuertemente si se quedaba hasta el día siguiente.

–Sí, te extrañé. No puedo creer que en menos de una hora vas a ser la señora de Edward Cullen

Sentí sus labios rozar la punta de mis dedos, haciéndome desfallecer.

–Sip, y entonces ¡nunca te desharás de mí!

–Ese ha sido mi plan desde el principio –respondió con ternura.

Esme se aclaró la garganta.

–Edward, ¿por qué no te vas a la iglesia? Nos iremos pronto –sugirió.

–Te veré pronto, cariño –afirmó simplemente, y con un apretón más de su mano, se fue.

Eché un buen vistazo a los paquetes que dejó. Ambos estaban envueltos en papel de lavanda, adornado con cintas de plata y fresias. Una tenía mi nombre y la otra tenía el nombre de Grace.

Al abrir la carta, leí buscando una aclaración.

Mi muy amada Bella,

Tengo muchos recuerdos de nuestro tiempo juntos, pero ninguno será más significativo que cuando camines por el pasillo hacia mí para comenzar nuestras vidas juntos. He esperado este momento, incluso he rezado para que sucediera, pensando que podría ayudar y en solo unos minutos, ese momento finalmente llegará.

Dentro de la caja hay una pieza de joyería muy especial de mi difunta madre. Mi padre se lo regaló el día de su boda, y me sentiría honrado si lo usaras por mí. Esme me asegura que va a ir muy bien con tu vestido. Y no te preocupes, Alice no me ha dejado dar ni un vistazo a ninguno de los vestidos que te gustaron en su mente.

También he incluido algo para Grace. La suya es nueva, pero dada la importancia de hoy, quería que ella no solo se sintiera incluida sino que también comenzara a comprender cuánto la amo. Por favor, dile eso por mí, ¿lo harías?

Te veré pronto y te amaré siempre,

Edward

–Grace, cariño, el Sr. Edward te trajo un regalo –le dije. Ella corrió hacia mí deteniéndose de repente y manejando la caja reverentemente. Ella había visto a Rosalie y Alice abrir los regalos así que había comenzado a imitar sus modales. Pero, ella todavía era una niña pequeña y pronto rompió el papel de regalo sin cuidado, mientras yo cautelosamente quitaba la cinta. Grace jadeó cuando abrió la caja.

–Combina con mi brazalete –chilló con absoluta alegría.

Yo también abrí la hermosa caja de terciopelo con mi nombre y encontré un gran cristal en forma de corazón, suspendido de una delicada cadena de platino.

–Mami, tenemos el mismo –gritó Grace alegremente, moviendo su caja frente a mi cara. Miré por encima del hombro y, efectivamente, el collar de Grace era una réplica exacta del mío, aunque más delicado.

Pasé mi dedo por el cristal del corazón, deleitándome con lo hermoso que era, lo perfecto que se veía, teniendo en cuenta su antigüedad. Rosalie sacó el mío de su caja y lo abrochó alrededor de mi cuello. Su longitud se adaptaba perfectamente a mi escote, ya que estaba en el hueco entre mis huesos de la clavícula.

–Wow, un cristal así de viejo y todavía está en perfectas condiciones –comenté.

Rosalie sonrió, sosteniendo sus labios para evitar que se escapara una risa.

–¿Qué es tan gracioso? –pregunté confundida.

–Bella, eso no es cristal –explicó Rosalie.

Me tomó aproximadamente medio segundo antes de entender sus palabras.

–¿Quieres decirme que esto? –señalé el corazón que yacía sobre mi piel –¿es un diamante?

Rosalie simplemente asintió con indiferencia, mientras Alice sujetaba el broche de Grace y enderezaba la cadena.

–Bella –intervino Alice –¿cuál es el problema? Pensé que te encantaría, especialmente teniendo en cuenta importante que es para Edward sentimentalmente

Asentí ausente, desconcertada por el tamaño de la piedra. Sabía que Edward era de buen gusto pero extravagante, pero todavía estaba atónita de que él tuviera un tesoro tan hermoso. De repente, se me ocurrió preguntar.

–¿Eso significa que el collar de Grace es exactamente igual al mío?

–Exactamente –Alice asintió con entusiasmo y luego me puso un poco más de brillo labial. Negué con la cabeza ante la fastuosidad de Edward, abrazando a mi hija y diciéndole que su padrastro la amaba. Era un hermoso comienzo para lo que sabía, sería un día fabuloso.

El auto alquilado se acercó a la pequeña capilla de tablillas blancas adornada con grandes macetas de flores frescas y guirnaldas que nos recibieron con su alegría. Antes de que la limusina se detuviera por completo, Alice abrió la puerta, ansiosa por salir. Esme le dio una advertencia, murmurando un recordatorio de que Grace estaba en el auto y que teníamos mucho tiempo.

Después de salir del automóvil, nos alineamos listas para caminar por el pasillo. Carlisle se encontró con nosotras en la puerta sonriendo ampliamente. Grace corrió hacia él y él la tomó en sus brazos.

–Te ves hermosa, querida –dijo efusivamente.

Alice nos dio a cada una nuestro ramo: rosas blancas para Esme, elegantes lirios para Rose y gardenias perfectas para ella. Ofreció cambiar con Grace sus margaritas con un guiño en mi dirección, pero Grace fue firme en su elección.

–Estás lista –me preguntó él con su sonrisa orgullosa y sus ojos suaves.

–Absolutamente –le respondí adorándolo con una sonrisa satisfecha. Alice me entregó mi gran ramo, fragante y hermoso. Las rosas, los lirios, las gardenias, las fresias y la lavanda formaron una gran explosión circular de flores. Había grupos de cristales en todo el arreglo, que brillaban, a pesar del cielo nublado.

La música comenzó y cada una de mis damas de honor flotaron a través de las puertas abiertas de la pequeña capilla. Alice tomó la mano de Grace y caminaron juntas y su forma de caminar iba en perfecta armonía, casi saltando al final del pasillo.

Las puertas se cerraron con un clic silencioso frente a nosotros y Carlisle me ofreció su brazo.

–Bueno, tomó mucho más tiempo de lo que debería, pero es hora. Si no entramos, él podría romper esa puerta y secuestrarte –Carlisle se rió entre dientes –ha sido un manojo de nervios todo el día –habló con complicidad y guiñó.

Asentí felizmente y esperamos detrás de las puertas cerradas. Carlisle murmuró algo a Esme, y la música del piano cambió de melodía. La procesión comenzó y las puertas se abrieron. Edward me esperaba al final del pasillo y su cara estalló en una hermosa sonrisa cuando nuestros ojos se encontraron. Me sentí obligada a correr hacia él, hasta que sentí la mano de Carlisle apretar mi mano, guiándome por el pasillo lenta y graciosamente donde mi eternidad me esperaba.

–¿Aceptas a este hombre...

Asentí con entusiasmo, antes de añadir

–Acepto

Él me robó un beso, lo que hizo reír a todos.

–Eso es para después de la ceremonia, hijo –reprendió el sacerdote con una sonrisa.

Él nunca apartó sus ojos de mí, solo asintió.

–¿Aceptas a esta mujer...

–Acepto

Él me robó otro beso.

Esta vez el sacerdote simplemente suspiró.

Intercambiaríamos nuestros votos personales más tarde, para mantenerlos privados y solo para nosotros.

Cuando el sacerdote nos declaró marido y mujer, Edward no se contuvo. Una mano tomó mi cara, mientras que la otra se envolvió alrededor de mi cintura, tirando de mí fuertemente hacia su pecho. El beso fue apasionado, sus acciones me comunicaron que nuestro amor era real e interminable. Le devolví el beso con la misma fiereza, hasta que escuché una pequeña tos de parte de Carlisle. Me aparté, pero Edward me besó una vez más, sus labios rozaron los míos, antes de que él sonriera y me hablara.

–Te amo, señora Cullen

Todos aplaudieron, mientras Emmett levantaba a Grace a sus brazos para animarnos.

La recepción estaba en marcha. Grace estaba tan emocionada que no se dio cuenta de que era la única que comía mientras charlaba alegremente con todos.

Apenas se sentó, corriendo emocionada alrededor de la pequeña mesa donde realizamos los movimientos para que fuera más fácil para ella.

Ella cobró vida cuando comenzó la música, ansiosa por bailar y tan ansiosa por ver a su nueva familia celebrar. Ella y Emmett se mantuvieron firmes y estuvieron de acuerdo en que les encantaba "ir de fiesta".

Edward me guio a la pista para el primer baile, su brazo se deslizó alrededor de mi cintura, mientras me acercaba a su cuerpo. El murmullo de nuestra atracción mutua era innegable, pero mi mente se demoró un momento en la última vez que Edward y yo habíamos estado en esta posición, cuando los resultados habían sido mucho menos favorables. No pude evitar encogerme.

–Oh, vamos, no es tan malo –bromeó y sus labios se posaron en mi pelo mientras tarareaba junto con la música.

–No, no lo es. Es realmente maravilloso, estaba pensando en la última vez que bailamos así –lo miré, tratando de ayudarlo a recordar sin decir las palabras. Ambos nos reímos en silencio.

–Puede que no haya terminado bien, pero ese beso valió la pena. Pensé que había recordado lo asombrosos que eran nuestros besos de memoria, pero en realidad experimentarlo me dijo inequívocamente que mi memoria no les hacía justicia –él me besó profundamente en la boca.

Me relajé, decidida a dejar de pensar en recuerdos dolorosos, solo para disfrutar el presente.

–¿Te gusta? –susurró, tocando el collar de diamantes y la tierna carne que lo rodeaba. Me estremecí involuntariamente.

Lo miré.

–Me... encanta... –tartamudeé, mientras sus dedos continuaban tocándome.

Él me miró, con sus ojos llenos de deseo.

–Y a Grace –su voz se volvió ronca –¿le gustó el de ella? –su otra mano se movió hacia arriba, pasando justo debajo de mi pecho.

Mis ojos se agrandaron.

–Ummm –tartamudeando de nuevo respondí –mucho, creo

–Bueno, vamos a preguntarle, ¿te parece? –la claridad había vuelto a su voz, matando cualquier promesa de que las cosas avanzarían, mientras yo murmuraba "provocador" por lo bajo.

–No esta noche, no lo seré –me devolvió el desafío.

Dejando las provocaciones a un lado, Edward tomó mi mano y recogimos a Grace antes de que la canción terminara. Él la alzó fácilmente en sus brazos y bailamos juntos, una nueva familia haciendo nuevos recuerdos de un día especial. Grace besó a Edward en la mejilla, dándole las gracias por su collar, lo que me recordó que tendría que hablar con Edward más tarde sobre regalos "extravagantes". Pero hoy era un día para celebrar, y Grace amaba su nuevo accesorio.

La noche continuó y Edward y yo probamos nuestro pastel, para el deleite de mi hija. Ella se enorgulleció de mostrarles a todos que podía comer un trozo más grande que el de Emmett. Cada miembro de la familia continuó "pretendiendo" ser humano y Grace no se dio cuenta. Emmett le pidió a Grace un baile bastante ceremonioso y ella aceptó con valentía.

La parte más increíble de la noche fue ver interactuar a Jasper y Grace. Mi pequeña niña era tenaz, y no iba a dejar que el miembro más tímido de la fiesta de bodas, atendiera a la celebración sin tener cierta interacción con ella.

Inicialmente, Jasper nos hizo saber que no asistiría. Se disculpó, pero aún no confiaba en sí mismo, pero Alice ya había tenido suficiente.

Jasper, hemos terminado con esta conversación. No te sentirás atraído en lo más mínimo por su olor, pero voy a estar condenada si te pierdes esta boda después de todo lo que la familia ha pasado para que finalmente suceda. ¿Me oyes?

Alice y Jasper rara vez discutían, pero esta fue una pelea que Jasper no podría "calmar". Después de varios días de que Alice lo hiciera "dormir" en el sofá, finalmente cedió. Alice le aseguró que podía ver que las cosas serían perfectas y que él y Grace se harían amigos rápidamente.

Y Grace no iba a ser disuadida. Aunque Jasper había hecho todo lo posible por mantenerse fuera de la vista en las sombras, Grace inmediatamente notó el rostro desconocido que era parte de su nueva familia, se acercó a él y le tendió la mano para presentarse. La expresión de Jasper era de shock, antes de que su nariz se arrugase por el disgusto. Supe en ese momento que ella lo tenía, y al caer la noche, él estaba bailando con Alice y mi bebé con una sonrisa gigante en la cara.

Bailé con mis nuevos hermanos, así como con mi nuevo suegro, pero Edward nunca se alejó demasiado. Siempre venía y me reclamaba de vuelta mucho antes de que la canción terminara.

Cuando finalmente llegó la hora de llevar a Grace de regreso al hotel para devolverla a Jacob, Grace estaba profundamente dormida en mis brazos, su calidez y su charla dormida me trajeron una sonrisa a la cara.

Jacob abrió la puerta de la suite, luciendo perezoso, como si lo hubiéramos despertado de un sueño profundo.

–Hola –me saludó, abriendo la puerta lo suficiente como para que pudiéramos pasar sin molestar a Grace.

Edward esperó en la puerta. La sostuve por unos minutos más y luego la acosté en su cama, quitándole los zapatos y las joyas. Puse las joyas en sus cajas, y luego se las pasé a Jacob. Le enviaría un mensaje de texto más tarde para avisarle que no eran joyas de fantasía, así estarían bien cuidadas. No quería ver su cara cuando supiera esta información.

–Bueno, gracias por tomarte el tiempo de venir hasta aquí y hacer las cosas más fáciles para nosotros. Fue un día maravilloso –le mencioné casualmente a Jacob.

–Wow, Bella, realmente te ves hermosa –respondió Jacob desde la puerta de la habitación de Grace. Me volví para mirarlo.

El mismo chico de dieciséis años al que había acudido en busca de apoyo, del que me había enamorado y había visto como mi mejor amigo estaba contemplándome. Pudo haber envejecido diez años (tal vez más con todo lo que había pasado), pero mi Jacob estaba parado frente a mí. Corrí hacia donde estaba parado y lo abracé. No me sorprendió que me devolviera el abrazo; más bien, me sorprendió que estuviera tan relajado. Él no se puso rígido cuando me abrazó, ni se tensó cuando sintió mi cuerpo frío y duro. Él me abrazó con una ferocidad que me hizo comprender que tenía un aliado en él otra vez. La idea me hizo un nudo en la garganta.

Justo entonces, escuché un pequeño grito salir de la cama de Grace. Me apresuré a volver hacia ella, y me di cuenta de que estaba revolviéndose en su sueño. Jacob pasó por mi lado y le alisó el pelo, lo que inmediatamente la devolvió a la tierra de los sueños.

Al darme cuenta de que Edward ahora estaba directamente detrás de mí, me volví hacia él. Él me sonrió suavemente.

–Bella, no tenemos que irnos a nuestra luna de miel en este instante. Podemos quedarnos y podrás pasar más tiempo con Grace. Iremos este otoño a una luna de miel apropiada cuando ella regrese a la escuela tiempo completo. ¿Qué te parece? –dibujó esos círculos calmantes en mi mano como lo había hecho todos esos años atrás.

Decir que no estaba tentada habría sido una mentira total. Pero Edward había sido muy paciente, muy cariñoso, yo no habría recuperado a Grace si él no hubiera intervenido. ¿Podría ser tan desinteresado?

–Bella, ella está bien. Se pone así cuando ha tenido un día emocionante o agotador. Ella volverá a su normalidad mañana. Deberías irte –ofreció Jake.

Mi corazón estaba dividido. Miré a Edward, a Jake, a mi pequeño milagro acostada en su cama, ahora en paz y disfrutando de sus sueños con su rostro transformándose brevemente en una sonrisa mientras ella dormía.

–Ella está soñando que está bailando –comentó Edward y todos sonreímos hacia ella.

–Um... –dije sin convicción.

–Bells –intervino Jake –¿qué tal esto? Tú y Edward se van. ¿Se van a ir por cuánto? ¿Dos semanas?

Edward negó con la cabeza.

–¿Tres? –ofreció de nuevo, mientras sus ojos se abrían de par en par.

Pude ver el asentimiento imperceptible que Edward le dio, ese molesto asentimiento que los hombres a veces usan para comunicarse.

–De acuerdo, tres semanas. ¿Qué tal si cuando regresen, encontramos un momento para que pases con ella este verano, tan pronto como estés lista? –sugirió Jake.

–¿Me dejarías tenerla por unas semanas? –cuestioné. No iba a decirle que esperaba quedarme con ella el resto del verano...

–Claro. La extrañaré muchísimo, pero ella se alegrará de pasar un tiempo contigo

Corrí hacia él y lo abracé de nuevo. Me aparté y lo miré.

–¿Estás seguro?

Él asintió con la sonrisa característica de Jacob en su rostro.

–Claro, claro

–Gracias –respiré.

–Ahora vete de aquí –castigó.

–Ya escuchaste al hombre –bromeó Edward, mientras tiraba de mi cintura hacia la puerta.

Íbamos a estar solos juntos, para finalmente estar realmente juntos como marido y mujer y comenzar nuestras vidas. Nunca estaríamos separados de nuevo.

Edward no pudo mantener sus manos alejadas de mí cuando salimos de la suite de Jake y nos dirigimos al ascensor, ambos emocionados, riéndonos como adolescentes, hasta que entramos al Volvo. Edward aceleró hacia la noche cada vez más oscura con su mano sobre mi rodilla y su amor en mi corazón.

¡Awww! ¡Son unos caramelos estos dos! 3 ¡Sólo queda el epílogo!

¡Gracias por leer!