Capitulo N 50: "Un día de fiebre"
Ya habían pasado diez meses dentro de la habitación del tiempo y Piccolo y Kalula seguían entrenando juntos
Desde aquel extraño sueño que, desconocidamente para el otro, tuvieron en común, las cosas habían cambiado un poco entre ellos: el trato y la personalidad de cada uno se mantenían intactos, sólo que ahora evitaban estar cerca de su compañero en algunas ocasiones y más sí llegaba la hora de dormir. Cada vez que sentían la presencia del otro cerca, no podían evitar que aquel sueño golpeara sus mentes a tal grado que les hacía sonrojar enormemente.
Todavía no podían entender su significado... ¿Deberían tenerlo en cuenta? Ya que por lo general, los sueños siempre representan algo... ¿Acaso era... El deseo que sentían por el otro o sólo se trataba de un sueño loco? Sí era lo primero, jamás habian imaginado que se deseaban a esa magnitud y sí resultaba lo segundo, más que un sueño loco, más bien fue un sueño... "fuerte"
Durante el entrenamiento, Piccolo notó que la velocidad de su compañera se había reducido notablemente. Y no solo eso, sino que sus movimientos eran torpes y descuidados, y había tenido que sujetarla varias veces para que no cayera al suelo. Cuando estaba por preguntarle por qué se comportaba de esa manera, notó que Kalula se encontraba pálida y sudorosa. Sus ojos lucían agotados y su tos que había aparecido el día anterior, se estaba haciendo cada vez más recurrente y se oía cada vez peor.
Algo andaba mal
-Kalula —La llamó, con gravedad
Ella negó con la cabeza
-Estoy bien, continuemos —Se apresuró a decir, sabiendo lo que le diría su compañero
Piccolo la miró no muy convencido, pero dispuesto a seguir con lo que ella quería. Sin embargo, fue a la altura de unos cuantos metros que no pudo consigo mismo y descendió hasta tocar el suelo.
La joven notó con cierto temor que el namekusei la examinaba atentamente y caminaba hacia ella sin vacilar. Retrocedió unos cuantos pasos hasta chocar su espalda contra aquel enorme reloj de arena
-¿Qué vas a...?- No alcanzó a terminar su pregunta, sintió como su mano presionaba su frente
Cerró los ojos, sintiendo un leve rubor en sus mejillas. Solo Dios sabía cómo había terminado así
-Tienes temperatura —Constató, mirándola con severidad
Ella se remojó los labios resecos y dedicó lo más cercano a una sonrisa
-Puedo seguir peleando... —Le prometió evitando mirarlo por el nerviosismo, y con los parpados entrecerrados por el cansancio— No es nada grave...
Él la miró con reproche en sus ojos oscuros
-Tonta...
Y antes de que pudiera hacer nada, la tomó en brazos hasta acomodarla en su espalda. Perdió la cuenta de cuantas veces había tenido que llevarla cargando, por lo que resultaba un poco curioso su fácil habilidad para hacerse con ella. Fue entonces que pudo confirmar su teoria: estaba levantando fiebre y su cuerpo ardía.
En el momento en que empezó con su modestia y su inútil intento de hacerse la fuerte, levantó su dedo índice y lo colocó en sus labios
-Silencio. —Y ante su mirada confusa, le miró con seriedad—. No quiero verte fuera de la cama hasta que te recuperes
Ella abrió los ojos impresionada y sus mejillas comenzaron a arder
-Pero…
-Será contraproducente que sigas entrenando y se agrave tu situación. Así que, hazme caso —Pidió, volviendo a mirar al frente. Más que pedido, sonaba una orden
Ella se enmudeció parpadeando un par de veces con sorpresa pero igualmente asintió, cerrando los ojos inconscientemente.
De nada servía hablar, sabía que no ganaría contra él.
Mientras caminaba, se sentía bastante nervioso cargando a Kalula en su espalda y no supo por qué, dado que lo había hecho varias veces en el pasado. Esta vez no era distinta a las anteriores. De pronto, por su mente desfiló las imagenes de aquel sueño y sintió su corazón palpitar aún más rápido.
-"¿¡Pero en que rayos estoy pensando!? ¡Este no es el momento para tonterías!"- Se recriminó mentalmente, apartando aquellas cosas de su mente, cerrando los ojos y frunciendo el ceño con fuerza.
Sabía que tenía que continuar con el entrenamiento, y aunque ahora se veía obligado a entrenar solo, no era tan impaciente como para no esperar a que se recuperara y descansara.
Piccolo constató que la muchacha, que se había quedado dormida, había levantado aún más temperatura. Notó que tiritaba del frío pero su cuerpo quemaba. Le quitó su keykogi para que dejara de transpirar, su calzado y la metió debajo de las sabanas. Se preguntaba por qué se había enfermado de tal manera de un día para el otro.
Estaba consiente de que aquí el clima era cambiante, él se lo habia informado. Si hacía frío o calor, la muchacha siempre había estado entrenando con él, pero tal vez el cambio climático era la causa de su enfermedad y dado que tampoco habia entrenado bajo una gravedad aumentada, era comprensible que su cuerpo le costara trabajo acostumbrarse a este cambio tan brusco.
-"¿Y si eso se lo provoqué yo?"- Pensó, de pronto pero rápidamente se lo negó
Era cierto que estaba siendo muy estricto y severo, no aceptaba errores, cosas mal hechas ni a medio hacer pero así era su forma de entrenar y no tenía intenciones de hacer una excepción sólo porque albergaba sentimientos por ella, debía mantenerse firme. Y pese a que Kalula no le reprochaba su actitud, aún le sorprendía su enorme capacidad para soportarlo pero ahora, fijándose en su estado, se dio cuenta que se había esforzado demasiado y que, en parte, era su culpa.
Algo le decía que habia algo más, su compañera no se estaba comportando como de costumbre y ambos lo sabían
-Piccolo...- le llamó ella tan fuerte como su voz se lo permitió, pero sabía que la había escuchado- ¿A dónde vas?
-Voy a seguir entrenando...- respondió con su seriedad de siempre mirándola de reojo
-Yo tambien voy...- dijo mientras se quitaba las sábanas
El nameku le dirigió una mirada cargada de reproche
-¿Qué estas haciendo?- la detuvo
-Déjame entrenar contigo...- le pidió tratando de apartar su mano del cobertor
-¡No seas tonta, sólo mírate como estas! ¡No podrías aguantar ni cinco minutos en ese estado!- le regañó con severidad
-Pero...
-Te dije que no quiero verte fuera de la cama- la recosto volviendo a cubrirla bajo las sábanas
-Es que así no conseguiré avanzar con el entrenamiento y la verdad...
-Kalula- le regañó con la mirada, señal que estaba perdiendo la paciencia
-Lo siento...- dijo apenada
-Descansa
Con eso dicho, comenzó a caminar en dirección hacia la salida del cuarto pero antes de retirarse...
-Piccolo- le volvió a llamar
-¿Qué quieres?- contestó de mala gana mirándola sobre su hombro izquierdo
-Gracias...- le dedicó una amable sonrisa. Éste no dijo nada y se retiró sin más
Una vez en aquel amplio espacio vacio, el namekusei retomo su entrenamiento. Creó una imagen de sí mismo y ambos desaparecieron
En cuestión de segundos, en varios lugares se cubrieron de ondas expansivas con gran estruendo en cada impacto, se golpeaban mientras se desplazaban por el aire. Dejaron de desplazarse pero seguían propinándose golpes, evadiéndolos y bloqueándolos, sin inmutarse.
Los dos golpearon y bloquearon con el antebrazo a la vez, y al instante comenzaron a dar golpes y bloqueándolos con furia y locura
En medio de aquel frenesi de golpes, la mente del nameku desdibujo por unos momentos la imagen de la etherion y como se superponía sobre su otro yo, eso lo distrajo y recibió un buen puñetazo en su rostro pero pronto se recuperó y respondió de la misma forma.
Sus auras se mezclaron y los rayos danzaban a su alrededor, mientras cada golpe creaba pequeñas ondas expansivas expulsando aire y levantando polvo, finalmente se separaron con pequeño salto hacia atrás.
La joven podía escuchar claramente los ecos de la batalla desde su cama, cada golpe y puñetazo, deseando estar ahí con él... ¡Maldita fiebre! ¿Por qué tenia que pasarle esto en este momento?
-"No quiero verte fuera de la cama hasta que te recuperes"
-"Pero…"
-"Será contraproducente que sigas entrenando y se agrave tu situación. Así que, hazme caso"
No quería ser una carga para él, tampoco queria molestarlo y lo menos que podía hacer era obedecerlo guardando cama pero sola en la habitación, en cierta forma, le parecia aburrido y vacio sin aquel guerrero a su lado.
Conforme pasaron los minutos, el cansancio no tardó en aparecer. Los párpados le resultaban cada vez más pesados, y los bostezos incontenibles hasta que finalmente se quedó dormida.
-Aún tiene fiebre... Maldición.- masculló en tono bajo el nameku tocándole la frente. Su preocupación era tan grande que le ganó sin esfuerzo suspendiendo el entrenamiento.
Piccolo se mantuvo próximo a la muchacha, acercando una silla hacia la cama, para poder vigilar su estado. Se había pasado las horas meditando, tomándole la temperatura y remojando el paño frío que le ponía en la frente. Maldecía el hecho de que en este lugar no había ningún tipo de medicamentos, por lo que tuvo que recurrir a métodos caseros para tratar la fiebre. Le daba pena despertarla.
La miraba fija y atentamente recorriendo las facciones de su rostro, aún cuando éste era cubierto por un rubor violaceo en sus mejillas y gotas de sudor en su frente, le resultaba avasalladoramente atractiva, aunque no le hacia mucha gracia aceptarlo
Acarició delicadamente su mejilla cuidando de no despertarla, apartando unos pequeños mechones que cubrían su rostro y casi por inercia, comenzó a acercarse poco a poco a su rostro y cuando estaba a sólo unos centímetros de rozar sus labios, un ruido extraño lo detuvo
Notó que la joven se revolvía inquieta, aún temblando del frío que le causaba la sudoración que corría su piel. Sus labios resecos se entreabrían y soltaban sonidos ininteligibles.
-¿Kalula? ¿Te has despertado?- Preguntó, aliviado. Pero pronto notó que no era así, estaba hablando dormida. Se aproximó más para poder finalmente oírla
-No… No... —Balbuceaba en un ruido pastoso y lleno de desesperación— Aléjate...
Este abrió los ojos de par en par. ¿A quién le estaba diciendo eso? ¿Estaba soñando con él?
-Aku… —Se quedó en silencio. Las palabras salían de su boca a la fuerza—. Ma….
Pero cuando el nameku estaba por terminar de oír aquella incoherente palabra, ella dejó de hablar, frunciendo las cejas en un gesto de dolor.
Se alejó lentamente de ella mirándola intrigado, pero con cautela. Decidió remojar nuevamente su paño, que ya se encontraba seco. Cuando lo apoyó sobre la frente de la joven, ésta abrió los ojos abruptamente. Piccolo pegó un respingo a ver que se incorporó bruscamente, respirando con agitación, como si saliera del agua a punto de ahogarse
-¡Kaila! — exclamó alarmado, apoyando una mano en su espalda — ¿Te encuentras bien?
Su pecho subía y bajaba, y su mirada lucía consternada. A medida que recorría con la mirada donde se encontraba, su respiración se iba acompasando.
-¿Has tenido una pesadilla, verdad? Te removías dormida —Preguntó él comprensivo
Ella asintió sin mirarlo, tragando saliva. Su compañero le frotaba la espalda con la mano que aún mantenía apoyada, en un gesto protector.
-Ya pasó —Murmuró
Volvió a recostarse, sintiéndose fatal. Fue entonces cuando se percató del paño que tenía en la frente, y luego posó su mirada en Piccolo, quien la examinaba entre serio y preocupado
-¿Piccolo? ¿Qué haces aquí? Creí que estabas entrenando...- su voz detonaba su incredulidad
-Así era, hasta que decidí echar un vistazo para ver como seguías- respondió con seriedad
Ella parpadeó un par de veces sin poder creerlo, ¿Suspendió el entrenamiento por ella?
-Oh...- soltó como entendido- Ya veo...- sus mejillas estaban encendidas y agradecia, en estos momentos, tener fiebre para disimular su sonrojo- ¿Qué haces?- Preguntó, al ver como le alcanzaba un cuenco con sopa.
Él la miró sin parpadear.
-Bébelo. Tienes que alimentarte
La joven le hizo caso, se sentó en la cama, se llevó el pequeño plato a los labios y comenzó a beber poco a poco. No sentía mucho apetito pero el vapor que emanaba el caldo y la sensación de tibieza en su garganta le resultaba reconfortante.
-Gracias...- le dijo devolviéndole el plato terminado- ¿Estuviste todo el día aquí, cuidándome? — inquirió incrédula.
Piccolo tardó un poco en responder
-No están tus hermanos para eso- constató, cruzándose de brazos, desviando la mirada y frunciendo el ceño
Ella se cubrió con las frazadas, volviéndose a recostar
-Discúlpame...- el nameku la miro con extrañeza, no entendia- lo que menos quería era ser una carga para ti...
-No te preocupes, sé que no planeaste esto- respondió, volviendo a desviar la mirada
Aquello no paso por desapercibido para la peli verde y con cautela, preguntó
-¿Estas molesto?- inquirió, con cierta timidez
-Sé que hay algo que no me estas diciendo- volvió a mirarla- y sí no lo haces, entonces sí me molestaré- su tono de voz era seria, pero con cierto filo de severidad
Ella sabía que cuando usaba ese tono, no tenía otra opción que responder. Se reincorporó lentamente hasta quedar sentada en la cama
-Sabes lo que sucederá una vez cuando salgamos ¿No?- murmuró cabizbaja
-Por supuesto.
-Jamás pensé que ese día llegaría...- suspiró, cerrando sus ojos
-¿Tienes miedo, cierto?- ella asintió, aún cabizbaja- Está bien perder contra el enemigo, pero no con el miedo- le dijo sabiamente
-Je...- no pudo evitar la exclamación de gracia
-¿Qué es tan divertido?- su mirada se endureció
-Lo mismo me dijo mi padre, hace mucho tiempo...- sonrió debilmente, la mirada del nameku se ablandó al instante
El silencio reinó por unos momentos entre ellos
-¿Qué estabas soñando?- le preguntó después de un rato. Notó que la sonrisa de la chica se borró de inmediato
-Ni siquiera es lindo recordarlo...- sintetizó, desviando la mirada
-Dímelo de todas formas- insistió tajante
Ella volvio a suspirar y giró la vista, aún con una expresión triste
-Soñé lo que sucedió un dia antes de escapar de prisión, que hasta el día de hoy...- le daba un poco de vergüenza y repulsion decirlo- me sigue atormentando...
-¿Qué pasó?- la miraba atento
-Como ya sabes, una vez que me fui con él, intentó entrenarme para que yo siguiera sus pasos, me refiero a que fuera una asesina a sangre fría. Me opuse a seguir su ejemplo y como consecuencia, me puso a trabajar arduamente día y noche. Era triste, agotador y siempre estaba llorando.
-Sí, lo sé- aquello no le parecía algo relevante
-Lo que no sabes es que...- bajó su mirada y comenzó a temblarle un poco las manos – durante ese tiempo, Akuma me habia estado observando con una mirada extraña y desagradable...- tragó saliva y continuó- Una noche, me sorprendió entrando de imprevisto a mi celda. Se acercó a mi y comenzó a acariciar mi rostro y cabello...- sujetó con algo de fuerza las sábanas- le pedía por favor que se alejara de mí, pero sólo se reía, burlándose de mí. Entonces se fue sobre mí y...- se detuvo en seco, no podía seguir contando. Le dolía
-¿Entonces qué? ¡Dímelo!- impaciente tomándola del hombro
-Esa noche... ¡Quiso propasarse conmigo pero no lo permití!- soltó por fin, con voz temblorosa y tomandose la cabeza
-¿Propasarse?- repitió él, no parecía comprender
-Intentó... Tocar partes de mí cuerpo sin mi consentimiento...- su voz quebró y de sus ojos, brotaron unas cuantas lágrimas
Piccolo abrió los ojos más de lo usual, tratando de asimilar lo que dijo y acto inmediato, retiró la mano que había estado reposando sobre su hombro. Sintió como la sangre le subía a la cabeza rápidamente
-A raíz de eso, empezaste a tener miedo a los hombres...- ella asintió, aún entre lágrimas y abrazándose a si misma. Su cuerpo temblaba
Estaba furioso, tenía una gran vena en la sien, gruñía y sus manos le temblaban tanto que tuvo que sujetárselas para contenerse. Con sólo imaginarse aquella escena, le hacia perder los estribos...
Ese desgraciado no solo le habia mentido durante años, sino que tambien intentó arrebatarle su inocencia... ¡Tenia que ser eliminado urgentemente y por el método más doloroso!
-"No solo es bonita, sino que no tiene carácter fuerte y resulta una presa fácil para quienes saben seleccionar a su víctima"
-"Ahora comprendo lo que quisiste decir, Kentaro"- pensó él
Kalula era dulce, amable pero sobretodo buena. Demasiado buena en muchos sentidos y aspectos en los cuales no había notado que él mismo podía ser errático. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasarle tantas cosas malas?
-"De solo recordar sus garras sobre mi mi piel, me hace temblar..."
La joven seguía abrazándose para calmarse pero era inútil, el miedo la invadió de pies a cabeza y la fiebre junto con sus lágrimas, no le permitían pensar con claridad. Todo le daba vueltas.
De pronto sintió como una mano acarició con gentileza su rostro y la posó sobre su mejilla alcanzando a enredar un poco los dedos en su cabello. Ella pegó un respingo por la sorpresa aún con lágrimas en sus orbes azules. Piccolo mantenía sus ojos oscuros en ella
-¿Qué hay que hacer para que dejes de sentir miedo?- la miraba directo a los ojos
Ella sonrió debilmente tomando su mano
-Como te dije antes, no es tu culpa...- respondió, con voz queda
El guerrero no dijo nada, únicamente se mantuvo ahí, dejando que ella ocultara su rostro en su mano y se aferrara a ella, pareció que por unos instantes el miedo desaparecía de su cuerpo. Bajo su semblante serio y frio, una sensación de calidez le embargaba.
Sin siquiera pensarlo, se acercó más y recargó su frente entre el cuello y el hombro de la joven.
-Si tú no lo haces, yo seré quién acabe con el. No me quites esa oportunidad...
Kalula sintió como el namekusei la sujetaba de la cintura y la atraía hacia él, abrazándola. El calor de su cuerpo la recorrió completamente.
-Piccolo...
La muchacha rodeó su cabeza con sus brazos y hundió su rostro en su cuello. Por un instante, sintió que la fiebre habia bajado un poco.
-Gracias...
Permanecieron inmutables por unos minutos y tras separarse, con sólo un pequeño y delicado roce de sus narices y mirándose directo a los ojos, sintieron una especie de descarga eléctrica recorrerle por todo el cuerpo
Ella toció inevitablemente tapando su boca con la mano y bajando la cabeza
-Lo mejor será que te des un baño...- le sugirió con voz algo ronca, apartando la mirada
-Sí, tienes razón...- se tiró hacia atrás de la oreja un mechón de su cabello, nerviosamente
El nameku solo apartó la silla del lado de la cama para darle paso y se levantó cruzandose de brazos. Ella se quitó el cobertor del cuerpo, bajando sus pies descalzos al suelo levantándose pero al momento de dar un paso, se tambaleó por tener el cuerpo entumecido y perdió el equilibrio pero antes de caer al suelo, Piccolo la atrapó agarrandola por detrás
-Gracias...- le dijo adquiriendo una pequeña pero débil sonrisa
-¿Puedes levantarte?
-Eso creo...- no estaba segura, la verdad era que le dolía todo el cuerpo. Intentó reincorporarse pero fue inútil, su cuerpo no respondía como quería
El guerrero solo resopló y la cargó entre sus brazos llevándola en dirección al baño.
Una vez allí, la bajó con cuidado sentándola en un pequeño banquillo al lado de la ducha, dada sus condiciones, era evidente que apenas podía mover un dedo.
-¿Qué haces?- le preguntó con algo de extrañeza, al notar que abría el grifo para llenar la tina
Piccolo se sintió avergonzado y tonto por lo que iba a proponerle a continuación
-A juzgar por tu condición, es obvio que no podrás asearte correctamente- constató, sin mirarla observando como el agua caía del grifo- por lo que tendré que ayudarte
-¿¡Qué!?- abrió los ojos como los platos, ¿Había escuchado bien o la fiebre le estaba haciendo tener alucinaciones?
-Ya me oíste- respondió tajante
-¡Pe...! ¡Pe-pero no hace falta Piccolo!- tartamudeó nerviosa, sus mejillas le ardían- ¡N-no es necesario que tú...!
-No volveré a repetirlo- le cortó en seco, cerrando el grifo- avísame cuando estés dentro- se retiró sin más
Estaba en shock, no podia creerlo. Su rostro ardia y no era por la fiebre
Comprendió cuales eran sus intensiones y dado que Piccolo, además que no era un hombre depravado que pretendía aprovecharse de la situación y que no quería que sus acciones fueran malinterpretadas, no pudo rechazar su ofrecimiento de ayuda. La realidad era que no lo veía malintencionado, por lo que aceptó sin quejarse.
Ella ya estaba dentro de la bañera, metida hasta el cuello. Lo único que se podía apreciar eran sus orbes azules.
-Y-ya... Ya puedes pasar Piccolo...- le avisó sin mirarlo
El nameku entró como sí nada y acercó el banquillo a un lado de la bañera y se sentó cruzandose de brazos
-Mejor siéntate...- la chica lo unico que hizo fue sumergirse un poco más como respuesta, sin mirarlo. Frunció el ceño y añadió- ¿Como esperas que te ayude a bañarte si no te sientas?- algo molesto, tambien estaba avergonzado
Kalula giró un poco la cabeza, mirandolo de reojo por unos momentos, con cierta timidez. Se sumergió y emergió al instante, sentándose en la bañera apartando su largo cabello de su espalda.
Piccolo observaba como movía suavemente sus manos desenredando su cabello. Bajó su vista sobre su cuello y continuó bajando por su espalda, tan tersa y firme hasta finalizar en sus hombros descubiertos… Eran tan… Suaves…
Apartó la vista abochornado, sintiendo que su respiración se habia agitado. Aún experimentaba ese tipo de situaciones cuando la joven se encontraba cerca y simplemente no podía controlarlo. Un hecho que todavía le perturbaba seriamente
La etherion aún se encontraba sentada abrazando sus rodillas, reacia a mirarlo, el rubor era tan grande que sentia arder su rostro pero con sólo sentir la mano del guerrero tocar su piel, contuvo la respiración. Causó un estremecimiento cerrando levemente sus ojos.
-Jamás habia hecho esto- confesó de pronto tratando de sonar lo mas serio posible y para distraerse de su sofocación anterior. Lavaba con gentileza sus hombros
Ella se quedó en silencio por unos segundos
-Yo tampoco...- soltó casi en un suspiro y luego añadió- pero siempre hay una primera vez para todo, al menos eso dicen...
Éste hizo caso omiso a su último comentario continuando con su labor
-Acabaríamos más pronto...- ella lo miró sin comprender- sí cooperaras conmigo.
-Si, tienes razón- dijo despertando y comenzó a lavar sus piernas, rodillas, pies y el contorno de su tórax
En cuestión de minutos, el vapor del agua caliente había empañado los azulejos del baño y había humedecido la ropa del nameku, que pronto comenzó a serle molesta. Era pesada, se le amoldaba en el cuerpo y no le permitía moverse
Se quitó su turbante y su capa blanca arrojándolas a un lado pero pronto se percató que no era lo único que le molestaba. Para su desgracia, el vapor tambien habia alcanzado a humedecer su traje de combate, algo que de verdad le fastidiaba bastante.
-¿Ocurre algo malo?- le preguntó ella al percibir que se habia detenido y volteó a verlo.
Sus orbes azules se abrieron como platos al ver como el namekusei estaba quitándose sólo la parte superior de su atuendo púrpura y fue ahí, que pudo verlo con detenimiento: detalló con la mirada sus perfectos pectorales, sus fuertes y marcados brazos y su abdomen plano y bien trabajado del guerrero, era la primera vez que lo veía sin la parte superior de su conjunto púrpura puesta y se sonrojó. Por primera vez veía a un hombre de ese modo que tuvo el arrebato de querer tocar su cuerpo para sentir la firmeza de sus músculos y el calor de su piel... Se veia tan atractivo y las gotas de agua que caían por su cuerpo, lo hacían lucir aun más...
-Voltéate...- le dijo pero no recibió respuesta, Kalula estaba actuando extraña- ¡Oye! ¿¡Me estas escuchando!?- gruñó elevando la voz y frunciendo el ceño
-¿Eh?... ¡Ah sí!- titubeó volviendo en sí
La joven apartó la mirada, abochornada, cuando se percató de que no le había quitado los ojos de encima por unos cuantos segundos. Con solo recordar que lo había visto asi en sus sueños, se ruborizó aún mas. Rogaba que su compañero no se percatara de ello pero gracias a la fiebre, no sospechó nada.
Después del baño, ambos cenaron una comida silenciosa y un poco tensa; ni siquiera se sentían capaz de mirarse a la cara por lo que terminaron la cena rápido y regresaron a la habitación, se acercaba la hora de dormir
-Otra vez está nevando- constató ella, abrazandose a si misma
-Mejor ve a la cama o tu temperatura volverá a subir- le sugirió sin mirarla desde el rincón
-Si- asintió con suavidad.
Es verdad, en estos momentos la fiebre le habia bajado un poco, pero corría el riesgo de sufrir una recaída
-¿Seguro que podrás dormir allí? — Inquirió Kalula no muy convencida desde la cama.
-Sí- Contestó toscamente, se sentía capaz de soportarlo aun cuando tuviera que dormir en su postura de meditación
-Esta bien. Que descanses Piccolo... -Se despidió ella
-Tú tambien —Contestó para asombro de la joven
Kalula intentaba conciliar el sueño, pero le era complicado cuando fijaba su mirada en su compañero, se preguntaba como podía dormir en esa postura tan incómoda.
Lo cierto era que la temperatura habia descendido abruptamente y todo debía de estar congelado. Era duro como una roca y necio como un adoquín pero sabía que no podía convencerlo de aceptar unas frazadas al menos.
Ella le habia advertido que no sería buena idea. Si bien era capaz de soportarlo pero llegó a la conclusión que tenía bastante frio, pero no tenía derecho de quejarse.
(canción: Yiruma - hope)
Abrió los ojos y caminó hacia la cama, quería cerciorarse de algo pero ocurrió lo que temía: al tocar la frente de la muchacha se percató que la fiebre le habia vuelto a subir.
-¡Maldición!- masculló entre dientes molesto
Notó que se removia dormida y su cuerpo temblaba, tenía frío y calor al mismo tiempo. No podía dejarla así
Preparó rapidamente unas compresas frías, remojó el paño y se lo colocó en su frente
-Kalula...- murmuró, mirándola preocupado
El rubor violaceo no desaparecia de sus mejillas y su respiración era profunda y algo agitada, lo que lo mantenía al pendiente al nameku. Gruñó frustrado, se sentia impotente, inútil por no poder hacer más para ayudarla
Removió el paño, que ya estaba seco, remojándolo nuevamente en agua. Cuando se lo colocó en su frente, ella abrió los ojos
-Piccolo...- inquirió, en un hilito de voz
Éste abrió la boca para después cerrarla, las palabras se negaban salir de su garganta. Apartó la mirada frunciendo el ceño, cerrando sus puños y comenzando a gruñir, estaba molesto consigo mismo
-Está bien...-ella comprendió y le tomo su mano para tranquilizarlo. El nameku reaccionó al instante, devolviendole la mirada
Aún ese estado tan delicado, la peli verde se mostraba amable y comprensiva con él ¿Por que? ¿Cómo hacia eso?
-Estas frío — Observó, su mano estaba congelada
-Lo cierto es que si- admitió, el frío era atroz que ya no podia soportarlo
Ella suspiro y con cierta timidez inquirió
-No puedes dormir ahí —dijo, destapándose
-¿Qué sucede ahora?— no comprendía
-Ven —Le dijo, abriendo las sabanas— Duerme aquí.
Él parpadeó.
-¿Y tú?
-También — Contestó apartando la mirada y cerrando los ojos, abochornada—. Hace mucho frío y no puedo darte el lujo de dormir en el rincón. No te preocupes, no volverá a suceder. Solo es hasta que la tormenta pare...
Piccolo dudó pero finalmente entró a la cama.
-Que conste que me lo has pedido tú —Le dijo.
Ambos se quedaron en silencio, inmóviles mirando el techo. Toda aquella escena era demasiado surreal
—Aquí también esta helado —Se quejó Piccolo, mas para romper el silencio incómodo que por otra cosa
-Vaya que sí —Se lamentó ella—. Pero es más cómodo aquí
Él asintió y se quedaron nuevamente en un tenso silencio
-Piccolo, ¿has oído hablar sobre el calor corporal? —Inquirió, con cierta cautela
Él tardó en responder
-No mucho —Admitió
-Pues, tú tienes frío… Y yo tengo también... —Comentó algo nerviosa
-Qué observadora —Dijo con sarcasmo
-A lo mejor... —Continuó ignorándolo, con cierto rubor en las mejillas— si nos juntamos un poco más, podremos darnos calor corporal
Él la miró de reojo.
-¿Me lo dices en serio? — espetó, con escepticismo
Ella asintió con suavidad
-Sí... Aunque claro que es solo una sugerencia...- aclaró, aún nerviosa
Piccolo le sostuvo seriamente la mirada.
-No eres la única que ha pensado por los dos aquí —Tajó
Kalula se enmudeció, su compañero se habia preocupado por ella llevándola en brazos para que descansara, la alimento, e incluso la ayudo con el aseo. Cuando había podido hacer todo lo contrario.
-Gracias —Masculló.
El guerrero abrió los ojos
-¿Por qué?
-Por todo —volvió a posar su mirada en el techo— Por haberme traído hasta aquí y por preocuparte por mí incluso cuando tenía frío. Aunque no era tu obligación cuidarme, no puedo quitarte merito por ello. Discúlpame por haber echado a perder tu entrenamiento- se lamentó un poco triste
Éste se quedó en silencio. De verdad que no esperaba aquello.
-Por lo general no hago excepciones, pero esta vez la situación lo demandaba.- dijo y con cierta renuencia, agregó- y el hecho que te enfermaras, en parte se debe a mi
-No Piccolo- nego con suavidad- te equivocas, estas cosas pasan y tú...
-Se debe a mí- le interrumpió secamente, ella lo miro sin comprender- me concentré tanto en los entrenamientos que no tuve en cuenta como reaccionarias ante los cambios climáticos tan bruscos de este lugar.- considerar aquel error le era inconcebible- lo siento
Ella sonrió comprensiva
-Esta bien.
El silencio volvió a reinar entre ellos
-Oye… ¿Cómo es eso del calor corporal? — Preguntó, algo ansioso por cambiar de tema. No le agradaba tener a una persona a su lado y menos enferma. Sonaba ridículo, pero la escena se le antojaba como que él era un maltratador de mujeres, aunque la realidad fuera más que distinta.
Ella se volteó con una débil sonrisa.
—Tenemos que abrazarnos
Ambos se quedaron en silencio, contemplando el techo
—Claro —Dijo él
Sin embargo, ninguno se movió
-Debemos acercarnos, Piccolo... —Le avisó, a cabo de un rato.
-Ah, si —dijo, y se acercó torpemente.
Cuando sus hombros chocaron se quedaron quietos por unos segundos, acostumbrándose al tacto y a la situación.
—¿Y ahora? —Inquirió, preguntando por el próximo paso. Lo cierto era que sentía cálido la parte del cuerpo de Kalula que rozaba
-Debemos... abrazarnos... —Sugirió, avergonzada.
El asintió con la cabeza y aguardó a que ella actuara. Se sintió un completo tonto cuando contuvo la respiración en el momento en el que Kalula apoyó la cabeza en su pecho y lo abrazó. No hubo falta que ella se lo indicara, dado que Piccolo la rodeó lentamente, ciñendo su cintura tímidamente pero con firmeza contra su cuerpo. Y con un poco de torpeza, apoyó su mejilla en su coronilla. Al principio se alejó como si le quemara, pero luego la dejó en aquel lugar
Ambos podían oír las rápidas palpitaciones de otro, lo cual no mejoraba la situación, sino que más bien la empeoraba dado que ninguno sabía lo que aquello significaba, o por lo menos, preferían ignorarlo. Pero por otro lado, ninguno tenía por qué sentirse avergonzado, dado que el otro se encontraba en la misma situación.
-Que bien se siente...- dijo ella, acomodándose placenteramente en el pecho del namekusei, ciertamente su pecho le era mucho mas cómodo que una almohada
-Eso parece —Pensó, se sentia muy extraño por dentro.
Entre la cama mullida, las cuantas frazadas y el calor que el cuerpo de Kalula le proporcionaba, se estaba quedando encantadoramente dormido.
-Kaila.- le llamó él
-¿Si?- sonrió ampliamente, le gustaba que la llamara asi
Vacilo por unos segundos pero finalmente inquirió
-¿Haz tenido novio alguna vez?
Ella abrió los ojos con sorpresa, no esperaba esa pregunta pero igual respondió
-No, nunca
-¿Por qué?- sentía curiosidad
-Digamos que, todavía no he podido encontrar a esa persona especial para mi...
De alguna forma, le dolió aquella respuesta. Había sido un golpe bajo para él ¿Entonces Herion le había mentido?
Ella bostezo abiertamente sonriendo con suavidad
-Aunque ¿Quién sabe? Tal vez esa persona esta cerca de mi...- se acurruco más a su pecho- ya que el amor puede llegar de manera inesperada...
Escuchó aquello último, logrando dibujarle una pequeña sonrisa
Al principio respiraban algo alterados, pero luego, cuando sus corazones se acostumbraron a la situación, la respiración se volvió más lenta y pausada. Y oyendo la respiración del otro, se quedaron dormidos unidos en un abrazo.
N/A: Mil disculpas por la demora! Tardé un poco mas porque mi queridísima compu se reinició sola y no me di cuenta de guardar el archivo hasta donde lo tenia escrito, asi que tuve que empezar TODO del principio :'( casi me da un ataque!
Y respecto al cap anterior, MUAJAJAJA 3:) los engañe... Jajajajaja! No, estoy jugando ;)
Hay una explicación para eso y según lo que lei, dice las personas que tienen un sueño compartido es porque están destinadas a estar juntas *w*
En fin, ojalá les guste este capitulo y muchas gracias a todos por sus rewiews y por seguir esta historia :D
Hasta la próxima!
