Buenas noches mis queridísimos lectores!

Os traigo un nuevo capitulo, siento mucho tardar más de un día, pero es la primera vez que voy subiendo capitulo según lo acabo de escribir jajajaja

De nuevo no me convence mucho el capitulo, y por las escasas (aunque me encantan igual eh) reviews, veo que quizá no está gustando mucho ya que solo leéis y muchos no me decís nada hahahahaha

Tengo una idea bastante fija de cómo acabar este fic, pero me está costando mucho llegar hasta ello, siento de verdad la bajada de nivel en el fic, pero estoy muy muy bloqueada!

jennijenni1919: Poco a poco y con buen pie, aquí tienes la respuesta =) Gracias por tu review wapisima!

aliciaa11: Rose es un desastre ya lo sabes hahahaha, dudo que lo acabe esta semana, pero si que tardaré más! Gracias guapa por tus palabras, sabes que te adoro!

Sherman: Tengo en cuenta cada una de las ideas que me proponeis, aunque me cuesta meterla en el fic muchas veces, pero las tengo en cuenta y si puedo las pongo! Muchas gracias de verdad ;)

Ruth maria: Me alegro muchísimo de que te guste la historia, es lo único que pretendo, que os guste =) Gracias por tus palabras! =DDDD

Bueno gente, muchas gracias x seguir este fic, de verdad que espero vuestras reviews porque necesito mucho saber si os a gustando o no y si os imagináis algo de lo que viene =)

ENJOY!


Capítulo 52

Mi mente se colapsó, como si no me llegara el riego sanguíneo al cerebro y fuera incapaz de pronunciar más palabra que un yo.

¿Vivir con ella? ¿Las dos juntas y solas? Eso era…era… ¿demasiado?

¿¡Pero qué coño te pasa Rose!?

Es perfecto, es lo que siempre has querido, tener a Kate siempre contigo, vivir juntas, compartirlo todo, tener cada noche a tu lado a la mujer que ha cambiado tu vida por completo, a la mujer que te ha descubierto lo que es querer a alguien sin importarte nada más, que ha estado ahí en los buenos y malos momentos, que te ha apoyado en todo aunque hubiera momentos en los que quisiera matarte… ¡Rose, REACCIONA!

Estaba mirando al frente con la mirada perdida, con mi cerebro diciéndome todas esas cosas, y no me había dado cuenta de que habían pasado varios minutos, en los cuales Beckett seguía mirándome fijamente, con los brazos cruzados, esperando una respuesta.

Ladeé mi cabeza lentamente, mirándola aún con los ojos como platos, mientras mi cerebro seguía gritándome que reaccionara de una vez.

- Yo… - dije de nuevo.

- Castle, si no quieres vivir conmigo solo dilo, no pasa nada, pero no me tengas aquí como una idiota, esperando oír algo más que un simple yo… - dijo con la voz temblante, alzando un poco sus manos, dejando caer sus brazos a los laterales de su cuerpo después.

- Beckett yo… - vamos Rose, ¡vamos!

- Al menos ahora has añadido mi apellido, vamos mejorando – dijo irónica.

- Kate, lo siento, me he quedado en blanco – me disculpé, poniendo mi mano sobre la suya que yacía encima de la almohada, justo a mi lado – vivir contigo sería… - tragué saliva sonoramente, mi garganta se había secado al ver su cara de enfado.

- ¿Sería qué, Rose? – preguntó impaciente, mirándome fijamente a los ojos.

- Sería…un sueño hecho realidad – dije al fin, mostrando una tímida sonrisa.

- ¿Eso es un…sí? – preguntó cambiando su expresión de enfado por una sonrisa de emoción.

- Sí, perdona, sabes que a veces soy un poco lenta pensando – dije riéndome.

- Entiendo que es algo que tengas que pensar, pero me has asustado con la cara que has puesto y tu silencio– dijo riéndose nerviosa a la vez que aliviada – parecía que te hubiera confesado un asesinato o algo.

- Es solo que…me has pillado por sorpresa – dije encogiéndome de hombros.

- ¡Pero has dicho que sí! – exclamó con una sonrisa enorme, abriendo los brazos, tirándose a abrazarme.

- Aun así, sabes que tendré que hablar primero con mi madre ¿no? – dije abrazándola también.

- Lo sé, pero ella ya está casi recuperada, y tú… te mereces volver a ser independiente ¿no crees? – dijo separando el abrazo.

Me tumbé en la cama de nuevo y ella se sentó a horcajadas sobre mí.

- ¿Independiente yéndome a vivir contigo? – dije soltando una risita.

Ella achinó los ojos y me dio un golpe en el hombro.

- ¡Au detective! ¿Pero qué he dicho ahora? – exclamé llevando mi mano hasta mi hombro, mirándola fingiendo enfado.

- Me refería a dejar el nido y tener tu propia casa, eso es ser independiente Castle.

- Pero…es tu casa… - dije algo dudosa.

- No Rose, si vienes a vivir conmigo, no será mi casa, será nuestra casa – dijo poniendo más énfasis en esto último.

- Suena bien, nuestra casa – dije moviendo las manos de lado a lado, como si fuera un titular.

Beckett empezó a reírse, y cuando recuperó la respiración después de tanta carcajada, dejó caer su cuerpo sobre el mío, y tal y como estábamos, tumbadas, desnudas piel contra piel, nos quedamos dormidas.

Me desperté con los primeros rayos de sol entrando por las rendijas de la persiana, Beckett estaba a mi lado, completamente dormida, respirando profundamente. Me quedé varios minutos mirándola en silencio, sonriendo, pensando en lo afortunada que era porque se hubiera cruzado en mi camino, hasta que le di un suave beso en los labios que ni siquiera consiguió despertarla de su profundo sueño, y me levanté sin hacer ruido.

Me coloqué la prótesis y me vestí a oscuras, aún era muy pronto, no tenía más sueño y no quería despertarla, así que decidí salir a tomar un poco el aire.

Recordé el pequeño trastero que había en la parte de atrás y fui hasta él. Entré y ahí estaban, un montón de viejos trastos llenos de recuerdos. Divisé algunos juguetes antiguos, cajas con cosas de mis padres y lo que en ese momento más me llamó la atención, mi vieja bicicleta roja.

La pobre estaba llena de polvo, tenía algunas manchas de óxido y las ruedas estaban totalmente deshinchadas. La saqué de su escondrijo como pude, casi perdiendo el equilibro al hacer fuerza y la llevé al jardín de la parte trasera. Busqué por el polvoriento trastero la mancha para hinchar las ruedas y me puse a ello. Después de pasarle un trapo para sacarle el polvo y engrasar un poco la cadena, mi antigua bicicleta roja estaba casi como nueva.

Con el bastoncito puesto para que aguantara sola el equilibrio, subí torpemente sobre la bicicleta, colocando con mis manos el pie de la prótesis en uno de los pedales. Estaba aterrada por pensar en el simple hecho de caerme, pero las ganas de recuperar la vieja costumbre de moverme en bicicleta por el pueblo de mi infancia, ganaron la batalla.

Subí el otro pie al pedal derecho rápidamente después de tirar el bastoncito del equilibrio para atrás, y haciendo fuerza con mi pierna sana, conseguí que el pedal se moviera solo y la pierna de la prótesis actuara como si se moviera de verdad. Sonreí efusivamente cuando llevaba unos pocos metros recorridos, sintiéndome libre, sintiéndome completamente feliz, jamás pensé que volvería a estar pedaleando sobre una bici.

Di varias vueltas por aquella pradera verde, riendo sin parar, sintiendo la fría brisa golpear con fuerza mi rostro, pero tenía tal sensación de libertad, que la sensación helada solo creaba más felicidad en mí, parecía una niña pequeña con sus regalos el día de navidad.

- Buenos días Rose – oí la voz de Beckett a lo lejos y la vi saludándome efusivamente con la mano desde la puerta, con una enorme sonrisa en su rostro, casi igual que la mía.

Aceleré la velocidad y fui hasta ella. Frené justo a su lado, poniendo la pierna derecha sobre el suelo para no perder el equilibrio.

- Kate, Kate, ¡he podido!, ¡yo sola! – exclamé nerviosamente, mostrándole con mi voz la alegría que sentía, la verdad es que sí parecía una niña pequeña.

Beckett se rio al ver mi reacción.

- Y lo haces muy bien por lo que acabo de ver – dijo entre risas - lástima que no tengas una para mí – puso morritos.

- ¿Quién ha dicho eso? – dije mirándola sin cesar mi sonrisa – en el trastero está la bicicleta de mi madre, podemos ponerla a punto como he hecho con esta y es toda tuya.

Kate dio un saltito de alegría, y después de bajarme del todo de la bicicleta y darle un beso, nos dirigimos al trastero.

Después de arreglar la bicicleta que Beckett iba a usar, fuimos a ponernos ropa cómoda y decidimos hacer una pequeña excursión en bici para ir a desayunar y a comprar algunas cosas básicas para sobrevivir esos días sin tener que comer siempre fuera.

Nos dirigimos al pueblo y paramos justo en frente de la pequeña tienda de alimentación más cercana, compramos café, leche, pasta, algunas verduras y otras cosas básicas que necesitábamos.

Nos metimos en un bar que conocía muy bien, David Pasner, el dueño, había sido un gran amigo de mi padre.

- Buenos días – dije al entrar.

- Buenos días señoritas, ¿qué les pongo? – dijo David con una gran sonrisa al girarse - ¡No me lo puedo creer! – exclamó mirándome y encaminándose a salir de detrás de la barra – Pero si es la pequeña Rose Castle, cómo has crecido, ven aquí y dale un abrazo al viejo David – abrió sus brazos envolviéndome al poco con ellos.

Le devolví el abrazo y me dio un fuerte beso en la mejilla.

- ¡Pero mira qué guapa estás! – exclamó al separarnos.

- David para, al final me voy a poner roja – dije riéndome.

- Me alegro tanto de verte de nuevo Rose, ¿qué te trae por Waterville? Hacia tantos años que no pisabas estas tierras.

- Lo sé David, lo sé. Pues hemos venido de vacaciones, ya sabes, para relajarnos un poquito del estrés del trabajo.

- Y esta señorita tan guapa que te acompaña ¿quién es? – preguntó ofreciéndole a Beckett la mano a modo de saludo.

- Beckett, Kate Beckett, soy su…

- Compañera de trabajo – exclamé rápidamente yo, interrumpiéndola.

Beckett me miró levantando una ceja algo confundida por mi reacción.

- Encantado Kate – le dijo David haciendo que Beckett le mirara de nuevo y le respondiera con una sonrisa algo falsa – Pedid lo que queráis, invita la casa.

Pedimos dos cafés con leche y estuve un rato más hablando con David, mientras Beckett se mantenía en silencio, pensativa y algo molesta.

Cuando acabamos de desayunar, nos despedimos del señor Pasner y volvimos a casa en bicicleta, en completo silencio.

Mientras ordenaba las cosas en la cocina, Beckett me miraba apoyada en la encimera, con los brazos cruzados, mordiéndose el carrillo por dentro.

- ¿Qué pasa Beckett? – pregunté al ver la seriedad con la que me miraba, como si quisiera decirme algo pero no supiera por dónde empezar.

- ¿Así que ahora solo soy tu compañera de trabajo? – soltó por fin, noté la rabia y el enfado en su voz.

- ¿Estás así por eso? – dije acercándome a ella dejando lo que estaba haciendo.

- ¿Cómo quieres que esté, Castle? – se pasó una mano por el pelo, nerviosa – ahora resulta que te avergüenzas de lo nuestro.

- Espera, espera ¿qué? – dije intentando cogerla de la mano.

- No lo niegues Rose – dijo apartando su mano para que no pudiera hacerlo.

- Kate por favor, no me avergüenzo de lo nuestro – dije muy nerviosa, dándome cuenta observando sus gestos de lo mucho que la había cagado.

Nos quedamos mirando fijamente a los ojos, ella resopló profundamente, me apartó levemente y se dirigió al sofá, donde se sentó.

- Kate ¿puedes escucharme? – dije desesperada, sentándome a su lado – lo siento ¿vale?

- Rose, si te avergüenzas dímelo, primero ayer dudas cuando te digo de irnos a vivir juntas, y ahora esto…no sé, empiezo a pensar que no estás segura de estar conmigo – resopló de nuevo.

- No digas tonterías Beckett, no se te ocurra ni pensar en eso ¿vale?

- ¿Entonces qué pasa Castle? ¿Por qué le has dicho a ese hombre que solo soy tu compañera de trabajo? – me miró fijamente, haciendo que bajara mi mirada avergonzada.

- Es solo que…estamos en un pueblo pequeño, aquí todo el mundo se conoce, y no me apetece que cada vez que pasemos por un sitio cuchicheen a nuestras espaldas, es solo eso, prefiero guardarlo para nosotras Kate – dije mientras depositaba de nuevo mi mirada en ella a la vez que llevaba mi mano hasta su mejilla y la acariciaba suavemente – te quiero y lo sabes, no quiero que dudes nunca de lo que siento por ti, pero no todo el mundo ve tan normal una relación como la nuestra y menos en un pueblo tan pequeño como éste.

- Castle yo… - empezó a decir.

- No Kate, no digas nada más, siento mucho si te he hecho daño, no era mi intención, debí comentártelo antes – acerqué mis labios a los suyos y la besé suavemente – no sabía que podía ser usted tan insegura detective – dije moviendo las cejas, intentando hacerla sonreír.

- No soy insegura – frunció el ceño poniendo morritos.

- Un poquito sí, admítelo – dije haciéndole cosquillas en la barbilla con el dedo índice.

Beckett movió sus manos como una loca apartando mi mano, riéndose por fin.

- Vale, un poquito sí, pero solo un poco de nada – dijo poniendo sus brazos sobre mis hombros, cogiéndose las manos por detrás de mi nuca – es solo que, a veces dudas tanto de las cosas que me da miedo.

- Siento ser tan dudosa Kate, ya sabes como soy, no quiero que te preocupes por esas cosas, si hay algo de lo que seguro no dudo es de nosotras y de lo que siento por ti – dije dándole un beso en los labios.

- Bueno…está bien, te creeré – dijo sonriendo levemente.

La besé de nuevo, esta vez fue un beso más largo y apasionado.

- ¿Me perdonas? – dije sonriendo.

- Aún no – dijo poniendo una expresión traviesa.

- ¿Y ahora? – dije después de darle otro beso.

- Sigo sin estar muy convencida – dijo divertida.

Negué con la cabeza y llevé de nuevo mis labios hasta los suyos, besándola con más y más ganas, hasta que acabamos tumbadas en el sofá, yo encima de ella, besándonos y acariciándonos sin parar.

Mientras estábamos ahí, sin separarnos ni un segundo, no podía dejar de pensar en las palabras de Beckett, en cómo podía disipar esas dudas que tenía sobre mí, y como si de una estrella fugaz se tratara, una idea pasó por mi mente, la solución perfecta para que Kate dejara de dudar de una vez por todas. Sonreí sobre sus labios al imaginarme la situación que pensaba llevar a cabo, y la besé más profundamente.


¿Qué os ha parecido? ¿Qué habrá pensado Rose?

Más en el próximo! Dejadme vuestras reviews, realmente son muy muy necesarias y ayudan mucho!

Nos leemos!