Una Decisión Arriesgada
Me fue imposible no detectar el paralelismo entre la tarde de ayer y la mañana de hoy, pues desperté en un mundo de oscuridad, rodeado de una luz ajena a mí ser. La resaca me hacía sentir como si no hubiera descansado durante las horas de sueño, y solo podía hacerme una pregunta: ¿Qué pasó? Claro, no soy el típico tomador que olvida tras unos tragos, pero tampoco podía relacionar lo último que captaron mis pupilas con lo que ahora observaba. "¿Cómo pasé de estar dándole una paliza a Joseph en la cantina, a la cama de mi habitación?", pensar en ello, hizo que me pusiera frío. Volteé desesperado a mi lado, con la esperanza de encontrarla; "no está".
Estaba solo en aquella cama; a diferencia de la tarde anterior, ahora era un cadáver sin vela. "Joseph les habrá relatado como perdí el control, les habrá dado los detalles de mi ataque, y Brock lo habrá comunicado a la central en Unova; ¡me sacarán del grupo, de la organización!", no es como si me importara perder mi puesto como agente de Ion, pero no quería dejar a Serena sola, menos acompañada de ese inútil de Joseph. "Serena… ¡Mierda, dudo que vuelva a hablarme!", era consciente de mis acciones, obré mal, y ello conlleva ciertas consecuencias; pero moriría en caso de perder a Serena.
En un mundo lleno de personas indiferentes, traidores y enemigos, ella es lo único que realmente aprecio; claro, el resto del grupo son como mis amigos, y los aprecio, pero su influencia en mi vida jamás podrá ser comparada con la de mi posible ex-novia. Temeroso, comencé a quitarme de la sábana blanca de encima, pero fue entonces cuando el brillo que iluminaba el cuarto se vio duplicado, la fuente de la nueva luz era la entrada al lugar; la puerta había sido abierta y Serena se hallaba justo en el umbral de la entrada.
Los ojos de la chica se abrieron como la lente de la cámara, y con cuidado de no regar el contenido del vaso, que llevaba en una de sus manos, se acercó a mí rápidamente. Colocó el vaso en la mesita ubicada al lado de la cama, y ella se acercó a mi cara, moviéndola de un lado al otro desde la barbilla, parecía inspeccionarme. No sabía que pensar al respecto, suponía que para ese momento todos supieran de mi ataque hacia nuestro compañero y líder de equipo, así que no entendía porque Serena parecía tan alegre de ver que me encontraba en buen estado. "Ella suele decirme que no me juzga, ¿pero pensará igual respecto a mi actitud agresiva hacia Joseph? Él es su amigo, al fin al cabo…", con ello en mente, me dispuse a aclarar las aguas, sin importar que tan terrible pudiera ser el panorama.
–Serena, yo… –Empecé, pero ella me detuvo colocándome en dedo sobre los labios; algo común en ella, cuando desea ser la primera en dar el veredicto de algún tema antes que yo, una acción increíblemente efectiva, a decir verdad.
–No tienes que decirme nada, Joseph ya me lo contó todo. –Mi cuerpo se paralizó. –Supongo que mi error fue haberme emocionado, creyendo que cumplirías la promesa de no ser tan imprudente… –Ante su afirmación melancólica, fruncí el ceño, confundido. ¿Qué Giratinas tiene que ver nuestra promesa, con la golpiza que le propiné a Joseph?
–Lo siento… –Respondí, todavía extrañado. Alargué mi respuesta, esperando que Serena añadiera los detalles de lo ocurrido, por suerte, el conocimiento que albergo sobre mi novia fue acertado, pues ella se puso a hablar sobre ello casi de inmediato.
–Hmm… Desde que empezamos a salir nunca habías tomado tanto; al parecer ni recuerdas lo que pasó. –Asentí, haciéndome el arrepentido. –Joseph dice que pelearon con cazadores Pokémon en el bar; según él, estaban hablando de su siguiente objetivo, y tú los enfrentaste cuando los escuchaste. –"Ese idiota de Joseph parecer conocerme, no puedo negarlo, eso es algo que yo haría". –Eran muchos, a Joseph lo golpearon y a ti te atacaron con un Hypno que sabía Hipnosis. Al final la policía apareció y los sujetos escaparon. Joseph pudo arreglárselas para salir de ahí contigo sin ser detectados, gracias a la ayuda de su Gengar; tal vez haría sido distinto si hubieras llevado tus Pokémon… –Ella hizo una pausa, que aproveché para empezar a cuestionarme el por qué Joseph no dijo la verdad. Escuché que Serena suspiró sonoramente, así que le regresé la atención. –Ash, no te diré nada por lo del alcohol, creo que soy la persona menos indicada para hablar de vicios; pero pienso que deberías agradecerle a Joseph…–No pude evitar hacer mala cara. –Sé que no están en buenos términos, pero es lo mínimo que podías hacer. Tal vez así la atmosfera del apartamento deje de sentirse tan… pesada. –Tras decirme eso, se levantó de la cama.
–Intentaré hacerlo… –Respondí en un susurro. Ella me sonrió.
–¿Sabes?, él salió a buscarte para arreglar las cosas. Pero ya lo conoces, le cuesta manejarse con las palabras… Es una lástima que por esos cazadores no pudieran llegar a nada. –Yo asentí, sintiéndome bastante incómodo. "¿Por qué aun sabiendo todo esto, no puedo dejar de odiarlo?", la negrura consumía mi interior, haciéndome imposible disipar el rencor que arrastraba como una pesada carga. –Tomate eso que te traje. –Añadió, señalando el vaso. –Te ayudará con la resaca. Luego puedes venir al comedor, ya estamos desayunando. –Tras una corta pausa, agregó. –Joseph no está, salió temprano a entrenar, así que no necesitas hacerte el enfermo para no verlo. –Me reí, a pesar de que me esforcé por evitarlo; Serena realmente me conoce. Crucé miradas con la chica de mis sueños, y le regresé la sonrisa enamorada que me estaba dedicando.
–Estaré allá en un momento. –Serena asintió, satisfecha, y salió del cuarto.
Tomé la bebida medicinal que me trajo Serena, y tras ello, busqué el cinturón de Poké Balls que estaba en una esquina de la habitación; desde que desperté de mi estado de inconsciencia tras regresar del Monte Pyre, no había recuperado dicho objeto. Con temor bien justificado, liberé a mis dos Pokémon enemigos de las Poké Balls, ambos salieron de sus capsulas, mirándome con desdén. Intenté hablarles a través del aura, pero me ignoraron. No me hicieron caso hasta que les dije que saldríamos a entrenar tras el desayuno, y, aun así, no recibí una respuesta como tal, solo un par de asentimientos, antes de que ambos salieran del cuarto, en dirección al comedor.
Los seguí, con una vigorosa jaqueca aun incordiándome; al parecer, la resaca que cargaba no sería totalmente aliviada por una simple bebida curativa. Tomándome la cabeza, para intentar aliviar el mareo que me azotaba, ingresé al comedor; ante mi llegada, fui recibido con varios saludos amenos, se encontraban todos menos Joseph, algo que ya puede considerarse rutinario. En silencio, me coloqué entre Dawn y Serena, y comencé a comer.
De a poco, cada quien terminó su desayuno y comenzó a conversar de distintos temas; la chica peliazul se enfrascó en una conversación directamente conmigo, relatándome como, tras lo ocurrido en el Monte Pyre, empezaría a entrenar con más empeño. A decir verdad, no entendía porque parecía tan afectada por lo sucedido, pues todos fueron tomados por sorpresa, ni siquiera pudieron tomar sus Poké Balls, o al menos eso me contó Joseph en el bar, pues les había preguntado al respecto a los demás mientras estuve desmayado. Una vez las conversaciones más triviales fueron menguando, encontré la oportunidad de cuestionar respecto a algo que me interesaba.
–¿Hay algún avance respecto al estatus de nuestra misión? –Inquirí, mirando a Brock, el líder general extraoficialmente. El moreno se limpió la boca con una servilleta y negó con desgano.
–No… Insisten con lo mismo, debemos esperar hasta que consideren que podremos continuar con el trabajo, por ahora debemos resignarnos a esperar hasta que recuperen el rastro del Team Geyser. –El no parecía más contento que yo al respecto.
–Es un error… –Susurré, molesto. El ambiente se puso tenso de inmediato, como si alguien hubiera usado Gravedad en la habitación. Antes de que nadie pudiera continuar o cambiar el tema, unos quejidos se dejaron escuchar desde la bodega, lugar donde se encontraba nuestra rehén. "¡Tengo hambre! ¡Qué mal servicio el de acá!", pude escuchar.
–¿No le han dado nada de comer? –Cuestioné, dejando de lado mi molestia relacionada con la misión central.
–Es imposible, solo acercarse a ella es toda una misión por sí sola. –Comentó May, haciendo cara de miedo.
–Pero alguien debe ir, ¿no? De todas formas, estará bajo nuestra custodia hasta que alguien de la base central pueda venir. Y tomando en cuenta como han manejado el asunto de la misión Geyser, dudo que sea pronto. –Brock asintió, enfocándose en mí.
–Así debe ser, pero esa psicópata dice que solo hablará contigo, y no negaré que me alivia. Es terrorífico el solo acercársele, pues comienza a relatar con detalle las maneras en que te matará y disfrutará viéndote desangrarte. –Ante el comentario del moreno, los demás asintieron.
–A mí especialmente no me quiere, me mira con asco y después siempre dice lo mismo, que mi muerte te liberaría. ¿Sabes de que es lo que habla? –Me tensé ante la pregunta de Serena, pero procedí a negar enérgicamente, afirmando que a Courtney no se le podía creer nada debido a su locura. Dado que no había nada más que hablar, decidí no retrasar más lo inevitable, y con desagrado, tomé un tazón con ensalada de bayas y me encaminé a la bodega. Antes de entrar, hice una señal con la cabeza a Pikachu, que ya había terminado de comer, indicándole que me acompañara.
Ambos ingresamos en la húmeda habitación, a oscuras, y entonces se manifestó una risilla traviesa; estando al tanto de su origen, encendí la luz y me acerqué a la chica pelirosa, que me miraba bastante alegre. Coloqué el plato de ensalada enfrente suyo, casi tirándolo. "Come", le dije con menosprecio. La chica no hizo caso, pues se quedó mirándome fijamente; no era algo extraño en ella, pero no por eso ya estaba acostumbrado a su rareza natural.
–Te escuché gritando que tenías hambre; deberías ser más agradecida. –Pikachu saltó a mi hombre, y pronunció algo que entendí como: "Es una estúpida, no vale la pena". No podía estar más de acuerdo con él. –Bueno, si lo único que harás será mirarme, lo mejor será que me vaya; tengo asuntos más importantes por tratar que la dieta de una psicópata.
–Jijiji… En verdad aprecio un aura más negativa en ti; eso me agrada, y mucho. –La chica se relamió los labios, con lujuria.
–No solo estás loca, también eres una ninfómana. Me das asco. –Sin intención de desperdiciar más tiempo, me encaminé a la salida.
–Dices que deseas alimentarme, pero no veo como pretendes que lo haga… –Me detuve, volteando hacia ella. La chica señaló sus muñecas atadas con sus ojos, resaltándolas como lo más obvio a tener en cuenta.
–Eres más estúpida de lo que pensé, si crees que te soltaré. –La chica fingió sentirse insultada; a pesar de su aura turbia, sus intenciones eran claras como el cristal.
–¡Yo no haré nada, lo juro! Solo quiero ser capaz de degustar esta deliciosa ensalada de bayas. –Miré de reojo a mi roedor, y este levantó sus hombros, como señalándome que yo era quien decidía ahí. –Seré una buena chica, lo prometo. Ya he demostrado que me agradas, hasta te conté el secreto de como descubrí la pasión de mi vida, si eso no es…
–¡Ya entendí, ya entendí! ¡Cállate! –La interrumpí, para luego acercarme a ella. –Si intentas algo, lo que sea, no dudes que permitiré que Pikachu te electrocute hasta la muerte. –Ella volvió a sonreír con confianza.
–¡Lo prometo! –Afirmó efusivamente y se acercó a mi mejilla, besándola en el acto. Yo me alejé con desagrado.
–No dudes que lo haré. –Reafirmé, refiriéndome a mi amenaza; decidí ignorar el beso, pues considerando su escaza cordura, no valía la pena discutir por algo tan carente de importancia.
–Tranquilo, no lo dudo; sé que me descuartizarías si pudieras, jijiji… –Decidí ignorarla, liberándole las manos. La chica se masajeó las muñecas, para luego estirarse y comenzar a comer la ensalada. –Qué bueno que viniste… ya estaba aburrida de ver las caras de miedo de esos amigos tuyos. –Exclamó ella, entre bocados.
–Sí… ellos me comentaron al respecto. Por cierto, ¿podrías dejar de amenazar a mi novia? Y al resto de ellos, claro. –Ella se llevó un dedo a la barbilla, fingiendo que consideraba mi pedido.
–Ohh… Detecto cierto favoritismo, algo así como yo con el líder Maxie. –Respondió ella, dejando de lado lo que le pedía.
–Claramente existe favoritismo, ¡es mi novia! Y no compares mi relación con tu obsesión enfermiza por ese sujeto. –Le respondí, molesto. –Y no te lo diré dos veces, si sigues incordiando a mis compañeros, haré que desees nunca haber nacido. –La chica abrió su boca ampliamente, mostrando un puñado de comida masticada; alejé la mirada sintiendo repugnancia. Con gesto de terror fingido, mantuvo la boca abierta y empezó a menear la cabeza de lado a lado.
–No, no, no… Me agredan las conversaciones que tengo contigo. Además, cuento con poder regresar al lado del jefe Maxie algún día. –Su falso nerviosismo no hacía más que irritarme.
–Como sea, solo deja de amenazarlos… –Ella se detuvo, tragando lo que tenía en la boca, y tras ello me miró detenidamente.
–Está bien, pero quiero poder seguir… analizándolos. Analizar a las personas es mi segundo pasatiempo favorito, después de despojarlas de sus vidas, claro está… Hacerlo implica que haber estudiado psicología no fuera una completa pérdida de tiempo. –Su comentario, lejos de molestarme, plantó la semilla de la curiosidad en mí.
–¿Analizarlos? A ello te refieres cuando hablas del aura de la agente. ¿De casualidad también posees control sobre ella, el aura? –Courtney abandonó la expresión soñadora que tenía, para así observarme con interés, con sus grades ojos del mismo color de su cabello.
–Se podría decir… No es lo mismo que haces tú con esas esferas de energía, pero si puedo sentir los rasgos de la personalidad de las personas; siempre lo he hecho. Gracias a mis estudios en la Universidad de Hoenn, supe cómo interpretar lo que sentía. Desde entonces he sido muy perceptiva a la hora de analizar personas, y rara vez fallo. Por eso me agradas, porque estoy segura de que eres como yo en el fondo. –Gruñí con la garganta, disgustado por como se comparó conmigo. Notando que ya había terminado de comer, le até las manos alrededor de una tubería, para que no pudiera rondar la habitación, y salí de la bodega con malhumor.
Me acerqué a Keldeo y le señalé que ya iríamos a entrenar; lo regresé a su Maya Ball sin que éste se quejara. Los demás se hallaban dispersos en el apartamento, Serena se encontraba ayudando a Brock a lavar los platos del desayuno; pasé a su lado, coloqué la taza en la que llevé la ensalada a la chica, y me despedí de ellos, informándoles que saldría a entrenar. Siendo otra persona, probablemente me hubieran evitado abandonar el apartamento, para así ponerme a completar alguna tarea del hogar; pero yo soy inmune a ello, pues como el mejor entrenador Pokémon del grupo, tengo vía libre para enfocarme en mejorar el nivel de mi equipo.
Salí en silencio del lugar, y empecé el recorrido hasta la sección de la playa donde acostumbro a entrenar. Esperaba encontrar la playa desierta que suele recibirme, pero en su lugar, me topé con que otro entrenador ya estaba dándole uso a mi campo de entrenamiento improvisado; y no era cualquier entrenador. Casi habría preferido encontrarme a los agentes de la policía de Hoenn que casi nos arrestan a Serena y a mí, pues allí se encontraba Joseph, practicando movimientos con su Chandelure Shiny y el Shedinja que le intercambié; en verdad estaba lamentando haberle intercambiado ese Pokémon. Estuve por dar media vuelta e irme a buscar otra zona donde entrenar, pero entonces el pelinegro se percató de mi presencia.
–¡Ash, no pensé que lo vería aquí! –Afirmó él, acercándoseme con una expresión neutral.
–Es curioso que lo digas, tomando en cuenta que este es el punto donde suelo entrenar desde que llegamos a la ciudad. –Enfoqué mi atención en sus dos Pokémon, que ya no estaban lanzando ataques a la arena. –Que yo recuerde, tú sueles entrenar en otro lado; ¿no me dirás que de la nada se te antojó venir a mi campo de práctica, o sí? –Joseph retrocedió, previendo que podría atacarlo en cualquier momento.
–Mire no quiero problemas… No creo que haga falta que le recuerde que seré su líder hasta que finalice la misión, y aún falta tiempo para ello. Pienso que deberíamos dejar nuestras diferencias de lado y tratar tolerarnos el uno al otro. –Dejé de observar sus Pokémon y me enfoqué en él, con el entrecejo fruncido.
–¿Por eso no dijiste lo que en verdad ocurrió en el bar? ¿Temías que volviera a atacarte si decías la verdad, maldito cobarde? –Me estaba sulfurando de nuevo con solo estar en su presencia, y Joseph no era ignorante a ello. Él suspiro pesadamente y me miró con firmeza.
–Yo cometí mis errores, usted los suyos… Ahora estamos a mano. Pienso que deberíamos intentar al menos no pelear entre nosotros, o de lo contrario todos los demás podrían salir afectados, sobre todo May y Serena. –La sola mención de la pelimiel causó que recobrara un poco la cordura. Era obvio que Joseph no quería que la misión fallara, el buscaba el bien del grupo, y yo estaba siendo un egoísta. No estaba dispuesto a perdonarlo, pero sí a permanecer en amnistía lo que durara nuestro trabajo en Hoenn, luego, me aseguraría de separar el camino de Joseph del de May, Serena y mío. Podría no involucrar a la castaña, pero he llegado a tomarle el suficiente cariño, como para dejarla a la merced de los errores de juicio de nuestro futuro ex-líder.
–Está bien, pero una vez regresemos a Unova, cada quien por su lado. –El chico aceptó con desgano. –Ya que tendré que soportarte por un rato más, deberíamos mejorar tu nivel de combate. Bien podría decir que eres el peor agente del grupo, de no ser porque eres el mejor con respecto al sigilo. –Mi comentario pareció caerle como un balde de agua fría; no se estaba tomando bien mi crítica respecto a su estilo de combate. –Y antes de que hables, quiero decir que el problema no son tus Pokémon, ellos tienen buen nivel, de lo contrario no habrías llegado a las semifinales de la Conferencia Lumiose. Lo que te falta es carácter, y no me importa si sigues muy traumado por lo que pasó con tu antigua novia, no permitiré que sigas saboteando el resultado de nuestras misiones, por tu incapacidad de dar el golpe de gracia a nuestros enemigos… Ahora, quiero que des todo de ti para derrótame. –Le señalé el extremo contrario de la playa, y él, aun procesando mis duras palabras, se dirigió hacia allí en silencio.
–Nukenin, prepárate para luchar… –Pidió con un dejo de voz. La exuvia fantasmal se colocó frente a él. Yo no estaba dispuesto a ser condescendiente con Joseph por saber un poco más de su pasado, de alguna forma u otra, me vengaría, y esta ocasión, lo haría demostrándole la gran diferencia que existe entre el poder que ambos empleamos. –Usa Danza Espada y luego ataca con Tijera X.
–Atactrueno, Pikachu. –Joseph parecía extrañado por la orden. Mi roedor saltó de mi hombro, acatando mi indicación. El rayo de electricidad atravesó al insecto sin dañarlo, iluminando el área; el cuerpo de Shedinja se rodeó de energía, tras girar su cuerpo cuarenta y cinco grados de izquierda a derecha, aumentando mucho su ataque. –Ahora usa Tiro. –La energía eléctrica no solo había deslumbrado momentáneamente al fantasma, también a su entrenador; el roedor, que se había acercado considerablemente, tomó su Bola Luminosa, imbuida en energía negra, y la lanzó sin decoro contra el insecto, que fue empujado violentamente contra la arena. Pikachu se acercó al Shedinja debilitado, y recuperó su preciado objeto.
–¡Mierda, pensé que Pikachu no sabía ningún ataque súper efectivo contra Nukenin! Bueno, en ese caso, ¡Gangar, prepárate! –El fantasma se colocó en posición de ataque. Llamé a mi roedor, y liberé a mi tipo Acero/Psíquico; quería demostrarle a Joseph, lo lejos que está de tener el nivel de combate necesario para cambiar el mundo.
–Gangar, utiliza Sombra Vil evasiva y luego Bola Sombra como ataque lejano.
–Espera al momento indicado y ataca con Terremoto. –Para Joseph tuvo que haber sido muy insultante, pues en ese momento, empecé a mirar en dirección al mar… Pasaron los segundos, y tras un destello, el suelo comenzó a sacudirse; el pelinegro no tardó en reflejar el resultado con sus quejidos. Regresé a mi Pokémon a su cápsula y miré al deprimido chico, con desdén. –Entrena todo lo que puedes, con ese nivel que posees ahora, pronto no tendrás que preocuparte por lo que yo pueda hacerte. –Habiendo aludido a su muerte, me largué de la playa, retomando el curso hacia el apartamento. Estaba de camino, pensando en nada en específico, cuando la sentí, una energía inconfundible e inigualable; eran los dos orbes, y se encontraban a varios kilómetros en dirección noreste. Apresuré el paso e ingresé a nuestra base oculta a simple vista.
–¡Lo sé! ¡Sé dónde están! –Grité apenas entré a la sala, aun recuperando el aliento tras la corrida.
–¿Sabes dónde está qué? –Cuestionó May, que se hallaba sentada en uno de los sillones junto Dawn, Serena y Misty; la pelimiel se aceró a mí, mirándome preocupada. En ese momento ingresaron a la sala Sawyer y Brock, atraídos por mis gritos; con todos ahí, no tendría que decir dos veces las cosas.
–Sucedió de casualidad, volvía a la base cuando sentí una fuerte energía al noreste de aquí y no tardé en reconocerla, es la misma energía que sentí cuando estaba buscándolos junto con Joseph en el Monte Pyre… –Todos me observaban atentos. –… Eran los orbes, sentí ambos orbes; están juntos, y eso implica que también sabemos la ubicación de la base del Team Geyser, y que aún no empezado su cacería por Groudon y Kyogre. ¡Aún estamos a tiempo! –Esperaba ver miradas de emoción y determinación, pero lo único que vi era ojos cargados de nerviosismo.
–Ash… Inteligencia fue muy claro, no tenemos permitido continuar la misión sin su permiso. Puedo enviarles un mensaje con la información, pero lo más seguro es que insistan en que debemos esperar; la mayoría de nosotros sigue afectada por lo sucedido con el Alakazam de la rehén. Me gustaría tanto como a ti hacer algo, pero lo mejor será que acatemos las órdenes de nuestros superiores. –Afirmó Brock, con voz suave.
–Me estás jodiendo, ¿verdad? Porque de lo contrario no podría creerme lo que estoy escuchando. –¿Realmente podía culparlos por aferrarse a las órdenes de la central? Era obvio que todos tendrían secuelas por lo sucedió con el Pokémon de Courtney; entonces, ¿por qué me sentía tan decepcionado? Miré a Serena, esperando ingenuamente que ella me respaldara.
–Lo prometiste, dijiste que no serías tan intrépido… ¿Realmente crees que nosotros ocho podamos lidiar con todo el Team Geyser en su guarida? Sin refuerzos de Ion, en el estado en que nos encontramos, sería un suicidio ir a ese lugar… –Bufé molesto, consciente de que estaba en lo cierto.
–Lo entiendo, pero si no hacemos algo, puede que no quede un mundo que salvar cuando Inteligencia se decida a darnos el visto bueno. –Todos estaban callados, nadie parecía lograr procesar del todo lo que estaba sucediendo; probablemente todos desearan actuar en ese momento, pero la lógica les impedía seguir lo que les suplicaba el corazón. Bufé una vez más y me volteé otra vez hacia la puerta. –Necesito salir a pensar…
–¡Ash! –Gritó Serena, cuando estaba por volver a irme. –Prométeme que no irás por ellos tú solo. –Entonces cerré la puerta sin dar respuesta.
Tenía la intención de ir directo al bar, cuando volví a sentir los orbes, con más fuerza que nunca, realmente se me estaba haciendo imposible ignorarlos. "Si no hago algo, será demasiado tarde"; insulté al aire, molesto conmigo mismo, y sin mirar atrás, me dirigí a la salida de Slateport, al norte. Caminé por media hora entre las rutas secundarias, evitando las zonas concurridas de la ciudad, cuando finalmente pude encontrar la salida. Me adentré en la Ruta Ciento Diez, buscando un buen punto para liberar a Metagross y emprender rumbo al lugar donde sentía la presencia de los orbes. Estaba tan atento a las energías, que no tardé en percatarme de un aura que me seguía insistentemente desde que salí de la Slateport; preparé un Aura Esfera en mi mano, y la lancé justo donde sentí que estaba por llegar mi perseguidor.
–¡Soy yo! ¡Soy yo! –Gritó el peliverde, cuando el Aura Esfera se estrelló a solo metros delante de él.
–¿Qué es lo que quieres? –Lo cuestioné molestó; lo que menos deseaba era que alguien intentara detenerme. Sawyer se detuvo frente al cráter que dejó mi ataque, y me miró con una determinación que me hizo recuperar la sonrisa.
–Ash, admiró tu perseverancia y fuerza, has demostrado ser el mejor combatidor de todo el grupo; yo quiero serte de ayuda, estoy decidido a hacer algo por salvar mi región, no pienso quedarme de brazos cruzados, como los demás… ¡No tengo miedo a lo que pueda pasar! –Su aura fluía violentamente, en sincronía con sus palabras decididas.
–Existe la posibilidad de que no regresemos con vida, ¿estás seguro de que no te importa? –Sawyer asintió bruscamente; le sonreí, guardando la Poké Ball que había tomado de mi cinturón. –Bien, usaremos tu Salamence…
Cruzamos media región en cuestión de dos horas, el dragón de Sawyer parecía un jet a propulsión. En el trayecto, entre el peliverde y yo planeamos numerosas estrategias para lidiar con la gran diferencia de números, también ideamos tácticas para los posibles combates dobles; esta vez no seriamos tomados por sorpresa. Tomando en cuenta que Sawyer es el mejor combatiente del grupo, detrás de mí, tenía confianza en nuestra victoria; "De ella depende el mundo entero", susurré para mí mismo.
Sobrevolamos la ciudad del gran centro comercial de Hoenn, Lilycove, avanzamos por encima de los grandes rascacielos, y salimos directo al mar; cuando nos encontramos con un gran peñasco, nos detuvimos, pues la señal se perdía dentro de la roca. No tardamos en descubrir que la entrada se hallaba tras una cueva marina, al borde del muro de piedra, justo donde las olas chocaban con éste. Recorrimos la cueva y nos topamos con un embarcadero, que daba directamente a un gran portón de acero. Salamence reventó el portón con Carga Dragón y entramos a las instalaciones del Team Geyser, donde las luces no dejaban de parpadear y las alarmas sonaban histéricas. "¡A Giratina con el sigilo!".
–¡Es hora de acabar con el Team Geyser de raíz!
