Say You Won't Let Go ― James Arthur

Lizzy se tapó un poco más con las sábanas nada más despertarse. Tenía un poco de frío. Se hizo una bolita y se pegó un poco más al lado de James (bueno, al que ocupaba siempre que dormían juntos porque ambos seguían prefiriendo el mismo lado del colchón), aunque no tardó en darse cuenta de que no había nadie junto a ella.

―¿James…?

Abrió lentamente los ojos y sonrió al verlo en el suelo, sentado con la guitarra.

―Buenos días ―la saludó.

―Acabo de tener un déjà vu ―contestó ella. Bostezó y se incorporó un poco―. ¿Les cantas a todas las chicas con las que te acuestas o sigo siendo la excepción?

―No hay más chicas. Solo tú.

―Solo yo.

―Hasta que seamos viejos y tengamos canas y estemos arrugados.

―Suena demasiado bien.

James sonrió y empezó a tocar la guitarra y cantar las primeras estrofas de Say you won't let go, sin apartar los ojos de ella que, rebujada entre las sábanas, lo miraba mordiéndose el labio.

―«I'm so in love with you and I hope you know. Darling, your love is more than worth its weight in gold. We've come so far, my dear. Look how we've grown. And I wanna stay with you until we're grey and old. Just say you won't let go».

I won't ―murmuró ella.

―Yo tampoco. ―Soltó la guitarra, se acercó a la cama y la besó con dulzura―. ¿Qué quieres desayunar?

―Chocolate con churros, pero quiero que me los traigas a la cama.

―¿A la cama?

―Claro.

Se giró hasta quedar bocabajo y se mordió el labio mientras deslizaba un poco la sábana hacia abajo.

―¿Estás intentando tentarme?

―¿Yo? ―Fingió sorpresa―. Para nada.

―Así no vamos a desayunar…

―Pues dicen que es la comida más importante del día.

―¿Y si te desayuno a ti? ―Se acercó a ella y le mordió el cuello.

―Por muy fuertes y satisfactorias que sean las escenas que se me están pasando ahora mismo por la cabeza, necesito desayunar de verdad ―contestó, riendo.

―¿Un café con chocolate y unas tostadas con aceite y jamón no te sirven? ―Se incorporó e hizo un puchero―. Quiero quedarme todo el día en la cama contigo.

―¿Ah, sí?

―Ajam. Podemos pedir chino para comer y nos cenamos lo que sobre. No tenemos por qué salir de aquí hasta mañana si no queremos.

Empezó a trazar un camino de besos a través de su espalda y ella suspiró.

―Me vale con el café con chocolate ―dijo, finalmente―. Pero en un ratito.

―¿En un ratito? ¿Y eso por qué?

―Porque vas a comerme enterita.

―Qué mal te ha sonado eso ―comentó él, riendo.

―Ha sonado fatal. ―Lizzy rió, se giró de nuevo y acarició su mejilla―. Pero es que es justo lo que quiero.

―¿Y a qué estamos esperando?

La besó y se apoyó sobre ella. El desayuno podía esperar.


Theo dejó una taza de café sobre la mesa, frente a Rose, y se sentó a su lado.

―Venga, suéltalo ―le dijo.

La pelirroja se giró y lo miró, frunciendo el ceño.

―¿Qué tengo que soltar?

―¿Por qué estás tan seria?

―No estoy seria.

―Claro que sí ―insistió él. Bebió de su taza y se encogió de hombros―. ¿Esto es por Albus?

―Me alegro mucho por él y por Alice, pero… ―Suspiró―. Me ha dejado colgada con el piso. Puedo pagarlo, pero siempre es bueno tener a alguien con quien compartir gastos y todo eso. Además, no me apetece vivir sola en un piso tan grande. En serio, no me malinterpretes, estoy muy feliz por ellos, pero me esperaba algo más que una llamada pidiéndome que le enviara sus cosas a casa de Alice. No sé.

―Podrías buscar otro compañero ―sugirió él.

―¿Y meter a un desconocido en casa? ―Negó con la cabeza―. Tendré que acostumbrarme. Aunque lo voy a echar mucho de menos. Albus ha sido mi mejor amigo toda la vida, cuando no vivía en el pueblo nos veíamos todos los fines de semana y solo hemos estado realmente separados cuando estuve en París. Va a ser raro.

―Pero mantendréis el contacto. Ambos lo sabemos. ―Theo le dio un pequeño codazo―. Albus es tu mejor amigo y no vais a perderos el uno al otro por unos pocos kilómetros.

―Gracias por los ánimos. ―Cogió la taza y sonrió―. Y por el café. Eres un buen amigo, Theo.

―Lo intento. Y por lo de un nuevo compañero…

―Espera, ¿buscas compañero?

Se giraron hacia la puerta del dormitorio de Theo. Lily acababa de salir, con una camiseta ancha y completamente despeinada, y los miraba con los ojos entrecerrados (probablemente por el sueño).

―Como Albus se ha ido… ―contestó su prima―. ¿Conoces a alguien que podría interesarle? No quiero meter a ningún desconocido en casa, pero si es amigo tuyo, quizás podamos apañarmos.

―No sé de ningún compañero, pero ¿te sirvo yo?

―¿En serio? ―Rose enarcó una ceja.

―Sí, tengo que buscar piso de todas formas y, como no está Alice, había pensado irme sola, pero podríamos irnos juntas y así ahorraría un poco. Prometo mantener todas las zonas comunes recogidas y soy muy buena compañera. Te preparo la cena cuando no tienes tiempo, te pongo pelis si estás triste… ¡Soy un partidazo!

―No quiero que nos peleemos.

―No lo haremos, ya verás. Dame unos meses de prueba.

―A mí me parece una solución maravillosa ―intervino Theo―. Así, además, Lily estaría más cerca.

―De ti, pero no de la universidad, ni de las prácticas. ―Rose la miró otra vez―. ¿Estás segura de que quieres venirte a vivir aquí?

―Segurísima. ―Asintió―. Tengo el piso hasta finales de julio, pero a partir de agosto puedo ser tu nueva compañera de piso. Siempre que te apetezca.

―Sí, claro ―accedió finalmente. Sabía que Lily era un poco desastre, pero esperaba que les fuera bien―. Tengo que llamar a mis caseros para arreglarlo todo, pero puedes venirte a partir de agosto.

―Genial. ―Dio un pequeño saltito, mucho más despierta que un par de minutos antes. Se acercó al sofá y le quitó la taza a Theo de las manos―. Vamos a ser vecinos, cariño.

―Ahora no podré poner música patética a tope.

―Me encanta tu música patética. ―Besó su frente y sonrió mientras se sentaba sobre él y se acurrucaba un poco en su pecho―. ¿Habéis desayunado ya? Tengo que irme pronto a estudiar.

―No, os estábamos esperando a Scorpius y a ti ―contestó el moreno―. Rose no quiere despertarle.

―Esta tarde es la merienda con sus abuelos y creo que necesitamos estar al cien por cien ―explicó ella, apartando la mirada. No estaba muy segura de que aquello fuera una buena idea, pero si Narcissa ponía de su parte, ella podría poner de la suya.

―Oh, vas a ver a los señores barón y marquesa.

―¿Perdona?

―Lils… ―Theo puso los ojos en blanco. Demasiado había aguantado sin decírselo.

―Theo, ¿de qué va eso? ―Rose soltó el café y se cruzó de brazos―. ¿Barón y marquesa?

―¡¿Se lo has dicho?!

Scorpius, que acababa de llegar al salón, miró a su primo con los ojos muy abiertos. No podía creerse que se lo hubiera dicho a Rose.

―Ha sido Lily ―se excusó.

―¿Y quién se lo ha dicho a ella?

―Creí que lo sabían. ―Se encogió de hombros―. Tampoco es que sea un secreto, ¿no?

―¿Tus abuelos son nobles? ―Rose miró a su novio y negó con la cabeza―. ¿Y cuándo se suponía que ibas a decírmelo?

―¿Nunca? ―El chico suspiró―. No hacía falta que te enteraras. Los títulos nobiliarios son solo adornos. Ni siquiera tenemos palacete, mi bisabuelo lo vendió. Theo, por el contrario, si lo tiene.

―No me importa lo que tenga o deje de tener Theo. Esto afecta a mi vida y a nuestra relación. ―Tomó aire, intentando serenarse―. Sabes lo que opino de esto.

―Es solo un absurdo título sin valor ya. Hay muchos condes, duques y barones en España, pero la mayoría tienen una vida normal y yo voy a ser uno de ellos.

―Por eso tu abuela no acepta a tu madre…

―Ente otros motivos. ―Scorpius se acercó a ella y se agachó un poco para poder mirarla a los ojos―. Rose, esto no cambia nada. Te lo prometo. Y mi abuela quiere conocerte. Está dispuesta a hacerlo.

―¿Algún día serás barón y marqués?

―Sí.

―Qué fuerte… Es que no sé ni qué decir.

―Temía que te pusieras hecha una fiera, me soltaras un discurso sobre el papel de la nobleza durante la historia y te marcharas dando un portazo. ―Acarició su mejilla y sonrió―. Al menos no te lo has tomado demasiado mal.

―No es algo que pueda cambiar, ¿verdad? ―Apartó la mirada y negó con la cabeza―. Es un poco confuso, pero me haré a la idea.

―Menos mal… ―Se levantó y suspiró―. ¿Preparo el desayuno para todos?

―Por favor ―contestó Lily.

―El tuyo me lo tengo que pensar, señorita no-sé-mantener-la-boca-cerrada.

Le hizo un gesto, arrugando la nariz, y el rubio rió y se marchó a la cocina.

―Pues espero que la merienda con la señora marquesa vaya bien ―murmuró Rose―. Solo espero que no salga este tema.


Albus miraba a Alice dormitar entre sus brazos. Sus padres habían salido a desayunar con unos amigos y su hermano estaba durmiendo así que habían aprovechado para estar un rato juntos, sin preocupaciones.

La castaña se removió un poco y él besó su frente.

―Puedes seguir durmiendo ―murmuró.

―No, deberíamos levantarnos y vestirnos antes de que vuelvan mis padres ―murmuró, todavía con los ojos cerrados.

―Yo me vestiré y me iré al cuarto de invitados ―aclaró él―, pero tú sigue durmiendo. Tus padres han sido muy amables al dejar que me quede aquí hasta encontrar algo.

―Les caes bien. Bueno, en la graduación se molestaron un poco, pero ahora que se lo hemos explicado todo… ―Alice suspiró y se incorporó―. Si tú te levantas, yo me levanto.

―Suena a promesa solemne. ―Albus enarcó una ceja y también se incorporó.

―Lo es. ―Ella asintió y sonrió―. Nada de quedarse en la cama cuando el otro tenga que irse. A no ser que sea por motivos de trabajo. Si uno se levanta de madrugada, el otro puede quedarse durmiendo todo el tiempo que quiera o pueda.

―Hecho.

La besó y sonrió. La noche anterior ya había empezado a buscar pisos por internet y aquel día seguiría mirando. Sus padres se habían quedado helados cuando los llamó desde el tren para decirles que se iba, pero le habían dicho que lo ayudarían si lo necesitaba. Aun así, empezaría a echar currículos aquella misma semana. Esperaba encontrar algo pronto y no molestar demasiado a los Longbottom. Aunque le alegraba pasar unos días con Alice. «Los primeros de toda una vida», como le había prometido ella la noche anterior. Se acabaron los secretos. Ahora tocaba enfrentarse al mundo juntos.


James se levantó al escuchar el telefonillo. Se puso los calzoncillos, cogió una camiseta y salió rápidamente al salón. Abrió al repartidor y sacó el dinero de la cartera. El timbre sonó en seguida y él abrió.

―Hola, buenas tardes. ―Lo saludó.

―Hola ―contestó el hombre, pasándole las dos bolsas llenas de comida―. 35 euros.

―Sí, aquí tiene ―contestó él, dándole el dinero con cuidado de no volcar ningún recipiente.

Guardó el dinero y se marchó, pero, antes de que James cerrara, la puerta de enfrente se abrió y Leonor salió, bastante arreglada.

―Buenas tardes ―lo saludó, con una ceja enarcada.

―Hola, Leonor. ¿Va a almorzar con su hermana?

―No, con mis hijos. Me ha dicho mi niña que pasaba a recogerme porque querían llevarme a un restaurante.

―Mire qué bien.

―Tú no has tenido ganas de cocinar, ¿eh?

―Qué va. Hoy no.

―¡James, que se escapa Mr. Knightley!

Lizzy se asomó a la puerta, persiguiendo al gato, y se sonrojó al ver a su vecina allí. Cogió el gato en brazos y se escondió detrás de James para que no pudiera ver que llevaba solo una camiseta del chico.

―¡Pero, qué alegría! ―Exclamó la mujer―. ¡Por fin! Ya sabía yo que este día llegaría. Porque habéis vuelto, ¿verdad?

La pareja intercambió una mirada rápida, pero ambos asintieron.

―Sí, estamos juntos ―contestó James―. Y esta vez de verdad.

―¡Qué alegría! ―Repitió―. Espero que me invitéis a la boda, ¿eh?

―Bueno, no vayamos tan rápido ―intervino Lizzy―. Que yo acabo de empezar la tesis y somos todavía muy jóvenes.

―Tiempo al tiempo, pero tampoco os esperéis mucho que ya estoy mayor. ―Leonor sonrió―. Me voy, que mi hija me está esperando y vosotros tenéis que almorzar. ¡No hagáis mucho ruido!

Se pusieron rojos, haciéndola reír, y, finalmente, la mujer se marchó y ellos cerraron la puerta.

―Qué vergüenza ―murmuró ella.

―Bueno, al menos así nos dejará tranquilos, ¿no? ―James sonrió y dejó las bolsas sobre la mesa―. Anda, vamos a almorzar. Hoy tengo ganas de echarme una siesta contigo.

―¿Vamos a descansar en algún momento? No quiero que te dé algo por agotamiento y tener que explicárselo a los médicos.

―Podemos dormir la siesta de verdad después de la de mentira.

La agarró de las caderas y tiró un poco de ella para acercarla.

―Te quiero. Muchísimo y de verdad.

Lizzy se puso de puntillas y lo besó con dulzura.

―Ya lo sé.


Rose se detuvo en la puerta del imponente edificio en el que vivían los señores Malfoy-Black y se agarró de la mano de Scorpius con fuerza.

―Irá bien ―le aseguró él, parándose también ―. Mi abuela me lo ha prometido, ¿vale? Pondrá de su parte. Y a mi abuelo ya te lo tienes ganado.

―Podríamos dejarlo para otro día ―sugirió.

―Rose, en serio, va a poner de su parte ―le aseguró―. Te prometo que irá bien siempre que no salgan temas conflictivos.

―Todos los temas son conflictivos con ella.

―Seguro que tenéis algo en común.

―Lo dudo mucho.

―Aunque sea un autor o un cantante… ―El rubio suspiró―. Mira, si quieres, puedes irte, pero eso sería darle la razón. Y tú no quieres eso, ¿verdad?

Rose lo miró unos instantes, pero, finalmente, puso los ojos en blanco y asintió.

―Verdad.

―¿Estás lista entonces?

La pelirroja miró el portal y recordó las palabras de su abuela. El lujo, los cambios… No podía dejarse impresionar. Y no pensaba hacerlo. Sabía dónde estaban los límites y no iba a dejar que nadie, mucho menos alguien como Narcissa Black, la cambiara. Aunque tuviese que pasarse la vida peleando, seguiría siendo ella.

Apretó un poco la mano de Scorpius y tomó una bocanada de aire con fuerza. No era nada que no pudiera hacer.

―Más que nunca.

Entraron al portal al mismo tiempo y Rose sonrió. Era capaz de enfrentarse a cualquier cosa.


(Más vale tarde que nunca, es que he llevado a mi primo pequeño al cine y no he podido desliarme hasta ahora).

¡Y ya hemos llegado al último capítulo! Ay, menos mal que todos están bien :3 James y Lizzy están en una nube y tienen todo el derecho del mundo a no salir de la cama en todo el día si no quieren xD

Lily viviendo con Rose (y al lado de Theo) va a ser un peligro, pero esperamos que puedan sobrevivir ;) Y Albus y Alice parecen dispuestos a emprender esta nueva aventura juntos, ay :3

Espero que os haya gustado y nos leemos el domingo con el epílogo :O

Un beso enorme,

María :)