Antes de comenzar mi semana universitaria les quiero dejar este nuevo capítulo. Espero que se hayan podido recuperar del shock del capítulo pasado, jejeje. Disfruten la lectura entonces.
Capitulo 44. El ataque vampiro.
Harriet no podía sentir el viento soplando a su alrededor, observaba su vaso frío frente a ella, era un coctel de frutas tropicales pedido por Cassie en aquel café exótico de Hogsmeade, eran los mejores para reanimarse en días como estos. Escuchaba voces pero no les prestaba atención. A su lado estaban Cassie y Beca. Ella parecía lejana, mirando el infinito.
- Harriet, Harriet… di algo. – Beca tocaba el hombro de la pelirroja. Harriet reaccionó y miró a Beca.
- Oh, disculpa. – Harriet tomó un sorbo del coctel de frutas. Cassie miraba preocupada. – Yo… si. Claro.
- ¿Qué le pasa a Harriet? – Beca se dirigía a Cassie y ella se encogió de hombros. Harriet suspiró preocupada, recostando su cabeza en la mesa.
Harriet cerró sus ojos, algunas lágrimas corrían por sus mejillas. Dentro de ella habían sentimientos encontrados ¿acaso aquello podía ser real? Tenía miedo de lo que pronto sería evidente. Si para Galia nada era imposible, aquello era una especie de milagro. Abrió sus ojos para encontrarse con las cicatrices de sus muñecas, estaban sanadas y ninguna señal de artes oscuras. ¿Había sido posible el hecho de que ella regenerara un órgano tan vital como su útero? De todas formas la magia antigua nunca dejaba de sorprenderla. La quemadura producto de su único contacto con Sirceadeo continuaba claramente sobre su piel.
No podía creer que dentro de ella podría estar una nueva vida en camino. Un Snape para ser exacta. No solo se trataba de ella, había alguien más indefenso en el medio. ¿Qué sería de aquella nueva vida? Harriet comprendía que todo lo que había sentido correspondía con su estado y bajo la mesa seguía sosteniendo el caldero con su mano derecha, el caldero que le había revelado su embarazo. El color no cambiaba, permanecía vivo como una señal. Lo puso en la mesa frente a las dos chicas y Beca se tapó la boca.
- Es imposible, Harriet tu…
- Yo también creía que era imposible. – Dijo Cassie. – Charlie y tú tuvieron más suerte. ¿No crees?
- Un momento, nadie debía saber que… Martha Macinsale te lo dijo, ¿verdad?
- Septima señal: La hija de Galia dará la vida… no solo puedo sanar sino que puedo engendrar una nueva vida. Tantas cosas imposibles que se hacen realidad, es bastante increíble. – Harriet hablaba más para si misma. – Pero esto apesta igual. No estoy lista para esto, no me lo imaginaba…
- No debe ser tan mal… es un bebé. – Dijo Beca sonriendo.
Hillary llegó puntual a la Cabeza del Puerco, varios magos de apariencia extraña miraban a la chica rubia y alta entrar a la taberna. El encargado le echó un vistazo.
- Disculpe Señor…
- Usted debe ser Hillary Hill. – Dijo el siniestro encargado. – El Señor Weasley le espera en la habitación 12.
- ¿Habitación 12? – Hillary miraba sorprendida. – No sabía que…
El encargado le entregó una llave y Hillary la tomó temblorosa. Caminó hasta la parte trasera del local, subiendo las escaleras y encontrándose con las habitaciones de la posada. Miró el reloj, era la hora exacta de su cita con Ted. Las habitaciones pasaban frente a ella y al final del pasillo pudo distinguir la puerta más hermosa y distinguida, la habitación 12. La habitación más lujosa. Hillary suspiró y con la llave abrió la habitación lentamente.
Dentro de la habitación 12, estaba Ted junto al balcón, había una hermosa vista tras las cortinas semi transparentes que indicaban un lugar intimo. Una cama se extendía junto a una peinadora y la puerta de un armario junto al baño. El chico la miró fijamente cuando ella entró a la habitación.
Tras Hillary, Ted hizo que la puerta se cerrara con seguro. Ella lo miró también y saludo con la mano.
- Hola Ted. – Hillary miraba la habitación detallando los objetos y la decoración. – ¿Por qué alquilaste una habitación?
- Para hablar en privado y sin que nadie nos viera. Ni siquiera Beca Stevens, la reina del chisme podría encontrarnos aquí. A menos que tu le cuentes…
- Si es por eso, no debes preocuparte. No va a pasar. Has exagerado un poco… una habitación para los dos puede mal interpretarse. - Hillary se sentó en la cama. Ted se levantó de la silla y se sentó frente a ella.
- Quiero ir con calma… así que primero es lo primero. Quiero pedirte perdón por la forma en que te grité hace dos meses, lo que pasó esa noche en la fiesta de Beca. No somos nada más que amigos, no tenía derecho a reclamarte de esa manera. Debí… apoyarte o estar a tu lado. - Ted decía aquellas palabras atropelladamente.
- Momento, momento. – Hillary lo detuvo. – No tienes que disculparte. Yo… sé porque te molestaste. Había reglas entre nosotros, reglas silentes que yo rompí.
- No existen tales reglas. Yo… me sentí dolido y lo expresé mal. – Ted parecía perder la paciencia. – Hablar contigo va a ser más difícil que con Rowen.
- Tú has sido mi mejor amigo desde hace mucho tiempo. He confiado en ti muchas cosas. Eres un chico muy valioso y mereces lo mejor. Tu personalidad es atractiva, eres inteligente y sensato, te preocupas por los que más quieres… aunque también tienes el defecto de dejarte llevar por los demás y sacrificar tu propia felicidad por complacer a otros. Me gustas, me gustaste incluso estando con Gabriel, hay una buena química entre nosotros y no creo ser la única en sentir ese magnetismo. – Dijo Hillary con calma. Ted la miraba y la detallaba, su cabello largo y rubio, sus ojos amarillentos y sus mejillas. Sus labios que iban despacio y la tensión de abrir su corazón reflejada en el cuello.
- Me has tenido en tus manos. Claro, es porque me gustas… nos gustamos. – Dijo Ted suspirando. – Pero todo ocurrió en un mal momento. Por eso quiero mostrarte que me importas… me gustas.
- Me gustas Ted, pero quiero estar sola… por ahora al menos. Rowen fue un error y sé que es mi culpa, no lo niego. Fue una estupidez, yo me sentí tan triste luego de que Gabriel me desechó como si fuera nada. Ahora las cosas son diferentes, he tenido que aprender y sé que lo que hice estuvo mal. Pero me inquieta no volver a saber
de ti ni siquiera como amigo. Quiero volver a ser fuerte, estar segura de quién soy y estar feliz conmigo misma antes de volver a ilusionarme con alguien más. Necesito tiempo.
- Hillary, yo… ojala hubiese algo para cambiar.
- No hay nada que puedas hacer. – Dijo Hillary tristemente. – Gabriel me dejó destrozada y no me gusta hablar de ello mucho. A veces, extraño a Gabriel y otros días quisiera verlo muerto por lo que me hizo. Necesito tiempo para sanar… y quiero que ese tiempo llegue pronto para poder rehacer lo nuestro. O más bien retomar esa parte de nuestra relación que quedó pendiente, por ahora… amigos…
- Solo amigos… - Ted suspiró.
- Si. – Hillary sonrió. – Ha sido duro no verte tan seguido. Ha sido un dolor de cabeza todo lo que ha pasado. Un dolor innecesario.
- Bueno, ya sabes lo que siento, ¿eh? Me siento liberado. – Dijo Ted sonriendo. – Me gustas de todas las formas… jamás pensé que tendría el valor de decirlo.
- ¿Podemos olvidar lo que ha sucedido? ¿Perdonarnos?
- Si, eso quiero… Poco a poco recuperar quienes éramos o algo mejor. ¿Amigos? – Ted extendió su mano y Hillary sonriendo se acercó y lo abrazó. El no se esperaba esto y correspondió a su abrazo.
- No quiero hacerte sentir mal. – Ted le decía a Hillary mientras ella lo abrazaba fuertemente sin dejarlo ir. – Pero siento celos de Rowen, lo que tú y él tuvieron, lo que ustedes hicieron…
- No hay nada de lo que puedas sentirte celoso. Estar con él no fue nada íntimo, me siento mal porque solo fue físico y no soy de esa clase de chicas. El no me conoce, ni mis secretos, ni mis sueños ni mis miedos tanto como tú los conoces. Tú ves a través de mí y aun estás allí. – Hillary con sus manos acariciaba su espalda y se apoyaba en su hombro, se separó y aun entrelazada a él, lo miró a los ojos. Aquel era el momento, Hillary cerró sus ojos e intentó besar a Ted pero él se inclinó lo más lejos posible y al hacer esto perdió el equilibrio, cayendo de la cama y aterrizando en el piso, con Hillary. Ella sorprendida y algo golpeada comenzó a sonreír.
- ¿Estás bien Hillary? – Ted examinaba los daños. No había querido que aquello pasara.
- No siento mis hombros, pero estaré bien… Disculpa, creo que fue algo impulsivo de mi parte, entiendo que es muy pronto. – Hillary miraba a Ted levantándose, él la ayudaba a levantarse.
- No, no es eso… no tiene nada que ver contigo. – Dijo Ted nerviosamente. – Tú has dicho solo amigos.
- ¿Por eso huyes de mí? – Hillary no entendía.
- Estoy confundido, tiene que ver más conmigo. No importa… -Dijo Ted acomodándose la túnica y Hillary lo miraba sospechosamente y con mirada inquisitoria. – No me mires así, no es por ti… lo juro.
- No tengas miedo de decirme…
- Agh, Hill. Me da vergüenza decirlo… pero jamás he besado a una chica. Adelante ríete de mí. – Dijo Ted ante la mirada de sorpresa de Hillary.
- No me voy a reir… - Hillary dijo con calma. – Me sorprende, aunque no tanto. Está bien Ted, no es algo malo… al menos no para mí.
- Si, nunca se ha presentado la oportunidad. Quizás me aferro a chicas imposibles. – Dijo Ted aun temblando de nervios.
- Pero algún día tendrás que aprender… - Dijo Hillary sonriendo dulcemente. – Que mejor que te enseñe una "amiga".
- No, no lo creo… No si será algo físico nada más. Además, yo tengo amigas y no las intento besar. Quiero que nuestros asuntos sean claros.
- No será algo físico, Ted eres tú. – Dijo Hillary mirándolo con ternura. – No seas tonto, no he besado a tantos chicos en mi vida… solo quería hacer la excepción hoy.
- Hillary, creo que es suficiente por ahora. – Dijo Ted con manos sudorosas. – No quiero avergonzarme más hoy.
- ¿Por qué has sentido vergüenza?
- Por traerte aquí, he sido un tonto… no he pensado bien, no sabía que decir y todo lo que hago frente a ti es por culpa de los nervios, me siento ridículo con cada cosa que digo.
- Entonces no digas nada. – Hillary tomó sus manos y se dio cuenta de lo sudorosas que estaban, a pesar de que no hacía calor. Lo hizo retroceder y lo sentó en la cama, Ted miraba desconfiado aun. – Confía en mi, ¿vale?
- Ok… ¿qué vas a hacer?
- Cierra tus ojos. – Dijo Hillary y Ted aterrado la miró extrañado. - No voy a chuparte el cuello, no soy Snape. – Dijo Hillary sonriendo y Ted cerró sus ojos sin más remedio. Hillary se quitó el abrigo y lo dejó a un lado. Se sentó a su lado y acarició su rostro, el chico respiraba con dificultad.
- Confiaré en ti. – Dijo Ted.
- Shss… - Hillary puso su dedo índice en su boca para callarle y dirigió su rostro en dirección a ella. Ted se calmó un poco y más tranquilo permanecía con los ojos cerrados. Hillary lo besó en la mejilla y él se sobresaltó por un instante. Ella sujetó con sus dos manos el rostro del chico y besó sus labios esta vez brevemente. Ted no parecía responder y se quedó paralizado. Ella se apartó en ese momento y el abrió los ojos.
- No está mal, Ted. – Dijo Hillary sonriendo algo colorada. – Quizás la próxima vez puedas responderme. Vamos, volvamos a Hogwarts.
- No, una vez más. – Dijo Ted algo curioso.
- ¿Qué has sentido?
- Es como si… el mundo se hubiese detenido. No te vayas. – Dijo Ted y Hillary volvió a su lado. Hillary tomó al chico de sus manos y lo acarició levemente.
- Entonces vamos bien. – Hillary sonreía y se acercó a su rostro. El la miró tan cerca que no podía creerlo. – Volveré a besarte, intenta seguirme. No hay reglas, solo déjate llevar. – Dijo Hillary mirando a Ted que asentía entendiendo sus instrucciones.
Hillary se acercó una vez más y sus bocas volvieron a unirse. Ted respondió a Hillary lentamente y ella continuó besándolo. Ted subía su mano derecha y acariciaba el cabello de Hillary. Tras otro instante se separaron.
- Grandioso… - Ted sonreía y Hillary reía por lo bajo.
- Nuestras futuras lecciones, serán mejores. Lo prometo. – Dijo Hillary. – Creo que es hora de regresar. A menos que no quieras estar junto a mí públicamente.
- No seas tonta Hillary… no me importa en serio. – Dijo Ted abriendo la puerta para Hillary. – Podré manejar mejor mis nervios, aunque mientras estés cerca de mí, siempre seré un torpe y un tonto.
Mientras tanto Maynard había llegado de vuelta al castillo, en el vestíbulo decidiendo a donde ir primero, a la torre de Gryffindor, al despacho de su padre o al Bosque. Necesitaba remediar la urgencia de algunas de sus situaciones. Miedo, odio y sorpresa. Miedo porque alguien dañara a Harriet, odio a los depredadores y sorpresa al saber que Harriet estaba… embarazada. Aquellas palabras no parecían encajar en el contexto y le parecía justa una explicación, pero antes que nada decidió ir al bosque, lo primordial era mantener bajo vigilancia a los depredadores que esperaban en la oscuridad.
Al llegar al límite del Bosque con el Colegio, descubrió que no había nada allá afuera… los depredadores se habían ido. Se internó en el bosque salvajemente y no había ningún olor, el rastro se desvanecía y seguía un camino dirección a Hogsmeade. Aquello aterró a Maynard, quién sin pensarlo se dirigió de vuelta al pueblo, temía por Harriet. El sendero se le hizo una eternidad ya que no tomó una diligencia pero corría con velocidad, escuchó unas vocecitas que hablaban casualmente. Harriet, Cassie y Beca se devolvían al Castillo. Maynard podía reconocerlas y se mantuvo oculto hasta comprobar que las chicas hubiesen entrado sanas y salvas. Fue a Hogsmeade guiado por su instinto, podía sentir que los cinco vampiros estaban cerca, pero el rastro lo guió hasta las tres escobas y desapareció completamente al entrar al local, la gente llenaba el lugar y todo parecía confuso.
Maynard dio otra ronda sabiendo lo estúpido que sería enfrentar a cinco vampiros más viejos y sabios que él. Se dio cuenta del patrón de comportamiento, seguían a alguien o inspeccionaban los lugares de aquel pueblo. En ese instante, escuchó unos dientes filosos clavarse sobre la suave piel y un flujo de sangre saliendo, estaba cerca y la sangre lo guiaba al festín. En el café de Madame Pomsy sentía la sangre caer al piso. Maynard corrió hasta el lugar, oliendo la sangre a medida que se acercaba.
- Oh, auxilio, un vampiro ha atacado. – Gritaba una mujer. Maynard entró al pequeño local y vio a la encargada del sitio gritar histérica mientras en el suelo una chica de Hogwarts yacía herida e inconsciente. Era de cuarto año y Maynard la escuchaba respirar con dificultad, intentó ayudarla pero la sangre estaba esparcida en el suelo y lo estaba mareando.
Los curiosos comenzaban a llegar al lugar y la mujer lloraba angustiada. Los alumnos de Hogwarts comenzaron a andar en grupos y regresar temerosos al castillo. Maynard tuvo que irse porque la sangre lo comenzaba a
volver loco, sus colmillos negaban a retraerse y sentía que la tentación era cada vez más grande. Vio a Hillary y Ted entre la gente, los alcanzó.
- ¿Qué hiciste? – Chilló Hillary. Maynard tapó la boca a la chica y la llevó lejos. Ted los siguió.
- No fui yo. Regresen a Hogwarts ya, este no es un lugar seguro. Hay cinco vampiros peligrosos sueltos por aquí. – Dijo Maynard rápidamente. Ted observó cómo se llevaban a la chica de vuelta al Castillo y Hillary parecía estar a punto de llorar.
- Convocaré al club de duelo ahora mismo que llegue al castillo. – Dijo Ted y Hillary lo siguió, aunque quería decirle algo a Maynard. Pero vio que era más urgente su seguridad y se fue con Ted, se unieron a un grupo de alumnos que iban en grupo al Castillo.
Maynard vio el brillo de un par de ojos rojos, un cabello rojo eléctrico que se desvanecía en las sombras. Al llegar al lugar supo que había otro vampiro más, uno más fuerte que los otros cinco, era poderoso y lo presentía.
Regresó al Castillo nuevamente y tras comprobar la tensa calma en los pasillos, regresó a su sala común. Sean miraba asustado a Maynard, pero Ted lo intentaba calmar.
- No fui yo si eso es lo que crees. Estoy tratando de averiguar quiénes son estos vampiros y que se traen entre manos. – Dijo Maynard sin dejar de dar vueltas en el dormitorio. Los chicos miraban entre sí.
- ¿Eran varios? – Charlie temblaba como Sean.
- Son seis y parecen mucho más fieros que yo. – Dijo Maynard sacando su varita y apareciendo una de sus reservas de sangre
- Necesitaremos muchos ajos…. –Dijo Sean temblando. Maynard lo miró y apareció ante ellos un gran diente de ajo y se lo pasó por la piel, no había ningún daño.
- Inútil. – Dijo Maynard.
En la mansión de los Harrington, Florence caminaba entre los pasillos y no tardó en llegar al despacho inmenso de su padre. Su cabello azabache goteaba debido a la tormenta que se había desarrollado afuera y sus ojos grises se fijaban en el dragón de mármol que estaba frente a ella. Con el medallón abrió el pasaje y el dragón le dio paso a un pasillo largo con numerosos retratos. Florence caminó hasta llegar al último retrato y para su sorpresa al lado del retrato vacio de Maynard, un nuevo marco se había creado… Florence sabía lo que aquello significaba, había un heredero más de la línea directa de los Harrington. Si lo que Aindrea Dumbledore le había dicho, era cierto, entonces Harriet Potter esperaba una criatura de su hijo ya que solo había una pequeña inscripción debajo del marco que decía "heredero de los Snape-Potter". Florence miraba sin creerlo y avanzó hasta el primer retrato, el retrato de Persu Harrington.
- Persu, ¿Cómo ha sido esto posible?
- Florence… has llegado justo a tiempo. Hace dos meses apareció ese marco al final, Donald tu padre me ha dicho que Maynard va a tener un hijo con una de los Potter. ¿No es maravilloso? – Persu con sus ojos grises y una sonrisa jovial parecía optimista.
- Maravilloso… pero también es un mal momento para todos. Harriet es el blanco de un mago que desea su alma y sus ojos, todos corremos peligro. No sabemos quién está contra nosotros. – Florence suspiraba.
- Pues es hora de defender al heredero de los Harrington, ya sabes las reglas… Gerard Harrington dio la vida por su hijo menor Henry, todo por salvar el linaje… - Dijo Persu. – Pero también hay otra presencia fuerte en ese nuevo heredero. Es una cría distinta a las demás, más fuerte que los dragones… ese heredero puede renacer de sus cenizas como la madre.
- El fénix. – Se repitió así misma Florence. – Creo que tiene que ver con el hecho de que la madre es Harriet Potter y…
- Es la hija de Galia. Siempre pensé que no existía. Pero es ella, puedo sentirlo. – Dijo Persu mirando a los demás retratos que comenzaban a susurrar entre ellos. El candelabro a su lado se agitó como si el viento soplara para apagarlo, y la luz dejó de iluminar la sala, era ahora tenue y débil.
- Hay peligro mortal. – Dijo Persu con temor. – Los dos están en peligro, Maynard y el próximo heredero. No puedo verlos, algo… algo oscuro… más oscuro que el dragón negro.
- Hogwarts… Debo irme. – Florence dio media vuelta y escuchó las últimas palabras de Persu.
- Devuelve el medallón a su verdadera dueña Florence, hazlo cuanto antes… solo así habrá esperanza. – La voz de Persu se desvaneció y Florence salió del despacho tomando el medallón y colocándoselo. Janice estaba en una de las salas observando la lluvia desde su silla, Florence apareció frente a ella.
- Mamá, hay peligro para Maynard. – Dijo Florence sin poder contener su miedo. - ¿Puedo pedirte…?
- Hija mía, por favor. Por supuesto que sí.
- Es peligroso…
- No me importa mi vida, querida. – Dijo Janice observando la ventana. – Ya mi tiempo ha pasado, estaremos bien… ahora vete y cumple tu parte.
- Nada debe salir mal. – Dijo Florence besando la frente de su madre.
- Florence, no me queda mucho tiempo. – Dijo Janice con una sonrisa triste. – Pronto estaré con tu padre, pero puedo ayudarte por última vez. Este lugar es uno de los más seguros que había habido jamás. No te preocupes.
Florence salió por la chimenea sin decir más palabras, al llegar a su oficina en el departamento de misterios notó que todo estaba silencioso y pocos magos estaban en los alrededores. Bullstrode la esperaba en su silla.
- Pensé que te gustaba ser ministro y la oficina más lujosa de todas. – Dijo Florence sin mirar a Edward y esté le sonrió.
- Extraño el departamento de misterios. Debo admitirlo que muchas cosas aquí me traen buenos recuerdos, como aquella vez que fingimos ser amantes para engañar a Harolds. – Edward Bullstrode sonreía insinuadoramente.
- No tengo tiempo para recuerdos hoy, Bullstrode. Necesito tu ayuda. Mi hijo está peligro. – Dijo Florence rápidamente. Edward afiló su mirada y examinó a la bruja.
- ¿Maynard? ¿Por qué habría de ser? Es un vampiro…
- Hay una amenaza a su alrededor al igual que Harriet. Cosas terribles van a pasar. – Dijo Florence y Edward se levantó del asiento.
- ¿Quién te ha revelado eso?
- Numerosas fuentes…
- Déjame adivinar, tu marido. – Bullstrode sonreía. – Quizás hablar con el charlatán de Dumbledore. Florence no hay nada que temer, el colegio está bien resguardado. Hubo un ataque vampiro en Hogsmeade el día de hoy pero la chica está siendo tratada en la enfermería, nada grave, vivirá y será fuerte.
- Edward, son vampiros…
- ¿No habrá sido tu hijo fuera de control?
- Ya Severus me lo habría dicho. Por supuesto que no. Necesito apoyo para ir a Hogwarts. – Dijo Florence decidida.
- Florence, todo está bien… el colegio está vigilado y resguardado. Por favor confía en mí. – Dijo Bullstrode acercándose a ella. Ella retrocedió desconfiada. – Si te hace feliz, enviaré a inspeccionarlo en la mañana a primera hora…
Florence abandonó su oficina apurada en forma de Marie L'Obiello, sabía que si quería ayuda en ese momento tendría que buscarla en otro lugar. Así que no detuvo su paso y desapareció a un destino desconocido.
Las noticias del ataque a la chica de Ravenclaw llegaban a todas partes del Castillo. Harriet por todos los medios intentó localizar a Maynard en la cena, pero no lo vio en ningún momento. Todos cuchicheaban temerosos. Harriet miraba a Cassie y Hillary.
- Esto parece ser algo serio, Snape tenía razón. – Dijo Harriet.
- ¿Y si fue él? – Preguntó Cassie.
- No, no fue él. – Dijo Hillary. – Pero dijo que Hogsmeade no era un lugar seguro.
- Lo sé, el me había dicho lo mismo sobre el Bosque Prohibido. Me había recomendado no ir sola, porque había vampiros rondando. – Dijo Harriet suspirando. – Pero no sé donde está ahorita…
- Chicos, atención. – Dijo Ted parándose frente a todo el colegio. – Chicos debido a la emergencia suscitada hoy en Hogsmeade, convocaremos un club de duelo esta misma noche, en dos horas nos veremos aquí. Es importante que asistan, tenemos que defendernos de un ataque eventual.
Los alumnos cuchichearon entre ellos y asentían, todos querían asistir a la sesión de duelo de aquella noche. Según lo aprendido en Defensa Contra las Artes Oscuras practicarían como defenderse de vampiros y posiblemente de hombres lobos. Los Gryffindor parecían estar organizándose en patrullas y todos parecían ir juntos. Los Hufflepuff mantenían una red de comunicación entre ellos, mientras que los Ravenclaw permanecían vigilantes, por otro lado los Slytherin se mostraban algo recelosos a colaborar con las demás casas, pero mantuvieron algunos alumnos en grupos de 5 vigilando los pasillos.
- Rose estará bien. – Dijo Beca hablando con un grupo de chicas. – Al parecer en pocas horas abandonará la enfermería.
- Pobre Rose, ella que por fin este año consiguió permiso de su madrastra para ir a Hogsmeade. – Dijo una de sus amigas en tono de lamento.
- Vampiros en Hogwarts. Nunca pensé que algo así podría pasar… - Dijo Beca suspirando. Harriet pasó al lado de ellas sin querer entablar conversación con nadie, no podía olvidar otro de sus asuntos que poseía urgencia para ella: su embarazo. Fue directamente a la mesa de Gryffindor.
- ¿Alguno ha visto a Snape? – Preguntó Harriet dudando. Los chicos negaron con la cabeza. Ella suspiró y se imaginó algo remoto como el hecho de que quizás Maynard estaba huyendo de su nueva responsabilidad o peor aún, habría pensado que el bebé no era de él. Pero ella no quería ver a Maynard en realidad, solo quería satisfacer su curiosidad y saber que él estuviese bien. La forma en que Ted vigilaba a Hillary, o como Charlie protegía a Cassie, era algo deprimente para Harriet que permanecía sola en medio del caos de chicos corriendo de un lado al otro.
Un repentino pensamiento macabro se apoderó de ella, nadie corría peligro porque aquellas sanguinarias criaturas iban tras ella. Ella era realmente el peligro potencial para todos. Pero desechó la idea de culparse del ataque de la chica llamada Rose. La lluvia no se detenía y ella seguía sin saber de Maynard, en cierto punto esto la incomodaba.
Faltaba aun una hora para que el club de duelo comenzara y Rose Gwen apareció vendada por la puerta del Gran Comedor, parecía aturdida pero sus amigas la recibieron aliviadas.
- Rose, te has recuperado pronto. – Dijo una de sus amigas de Ravenclaw.
- Si, es un milagro. El director ha venido a verme… - Dijo Rose algo asustada. - ¿Harriet? ¿La han visto?
Los chicos se detuvieron a escucharla y Harriet miró extrañada atenta.
- El Profesor Oddbrown quiere verte Harriet, dice que es urgente. – Decía Rose con calma. – Dijo también que te llevara y no te dejara sola.
- Iremos con ella… - Dijo Hillary junto a Cassie.
- Lo siento el Profesor Oddbrown quiere que venga sola y ustedes se queden aquí para evitar más caos. – Dijo Rose, Harriet asintió.
- Estaré bien chicas. – Dijo Harriet caminando junto a Rose que se veía extrañamente pálida y caminaba perdida como un zombie.
Maynard estaba en los alrededores del Castillo, nadie parecía cerca y no había ninguna señal de los vampiros. Esperaba que Grezo llegara cuanto antes o que su padre hubiese conseguido ayuda con al Orden del Fénix. La lluvia caía sobre él, mojando su cabello y escurriendo sus túnicas. Dio otra ronda, y sintió un extraño olor. El miedo se concentraba en el Castillo, seis pares de colmillos atacaban y destrozaban la suave piel de alguien, la
sangre fluía dentro del castillo, alguien estaba siendo atacado. Maynard subió por los muros y trepó hasta el tejado, trataba de orientar de donde venía el ataque y decidió entrar por una de las ventanas de la Torre Oeste, el olor de la sangre era más fuerte… había sangre derramándose mientras seis vampiros se devoraban a la víctima como en un festín. Uno de ellos era el líder y Maynard no sabía si ir a enfrentarlo o ir a donde su padre y avisarle.
Harriet iba hacía el despacho de Oddbrown junto a Rose que no decía ni una sola palabra, el sonido de la lluvia era cada vez más fuerte. Escuchaba algunos alumnos haciendo guardia y algunos pasillos estaban demasiado quietos. A medida que se acercaba hacía mucho más frío y no pudo evitar sujetar su vientre, tenía presente que dentro de ella crecía una nueva vida. Llegó a la gárgola donde daba hacía el despacho del director y vio que estaba abierta, Rose sujetó a Harriet por el brazo fuertemente. Ella tuvo un mal presentimiento.
- Ya vienen a verte, Harriet. – Dijo Rose con voz de ultratumba y Harriet no podía moverse.
El aire se sentía pesado y espeso, tenía miedo. Un frío extraño proveniente de las ventanas se apoderaba de ella. Buscó en sus bolsillos el medallón del dragón, pero recordó el incidente donde se lo había devuelto al profesor Snape. Hacía mucho frío y no era su culpa. Algo estaba mal, ella lo repetía y se movía lentamente, todo estaba borroso y la niebla fuera de las ventanas no dejaba ver lejos. Harriet escuchó que alguien se acercaba pero no podía escuchar pasos, una presencia. Ella cayó al suelo débil de repente, estaba llorando y sin explicarse como no podía reaccionar, paralizada. Rose parecía despertar y reaccionar.
- Lo siento, lo siento… ellos son más poderosos que yo. Me obligaron a hacerlo. – Rose dio media vuelta y corrió al lado opuesto. Harriet intentó levantarse pero no pudo.
Volteó a ver un par de ojos rojos peligrosos, un rostro blanco como la tiza, alto y majestuoso, eran un vampiro y estaba flanqueado por otros cinco más.
- Necesito sangre fresca y este es el lugar indicado. Ese viejo Oddbrown estaba algo rancio. – Dijo aquel vampiro alto de voz ronca. Harriet podía ver sus colmillos, un vampiro salvaje. Maynard a su lado parecía humano, era peligroso, irradiaba un aura de peligro y su cabello era rojo eléctrico perfectamente peinado hacia atrás. Con facilidad Harriet estaba embobada a sus pies y esto permitió que la llevaran fácilmente a la oficina del director. Al entrar Harriet sintió nauseas ya que Oddbrown estaba muerto en su escritorio y la sangre estaba regada en toda la oficina circular. Lo más frustrante era sentir los músculos entumecidos y no poderse mover.
- ¿Quiénes son ustedes? – Harriet apenas podía hablar y moverse.
- Unos viajeros. – Dijo otro de los vampiros que acompañaban al vampiro de cabello rojo eléctrico. Su cabello era rizado y de color caramelo, sus ojos eran rojos. – Nos hicimos amigos de esa niña Rose, la atacamos para poder controlarla y así entrar al Castillo.
- Dulce y frágil, muero por masticar tanta humanidad junta entre mis mandibulas. – El vampiro líder aspiró y sintió el aroma de Harriet. - Dos criaturas, una en camino. Esto será delicioso. Mi nombre es Volkodlak y he venido a tomar tu preciosa sangre, Harriet Potter.
- Aléjate de mí. – Harriet intentaba arrastrarse, pero Volkodlak la detuvo sujetando su cabello, Harriet dio un grito de desesperación. Los demás vampiros voltearon escuchando un gruñido. Volkodlak miró hacia la puerta del despacho y vio otro vampiro, Harriet sintió terror al verlo y cerró sus ojos. Aquel gruñido era tan fuerte y
grave que erizó cada uno de los pelos de su nuca, Harriet se acostó y su mejilla tocó el frio piso, sujetaba su vientre esperando la inevitable muerte. "Ahora son 7… grandioso", pensó harriet, pero prestó atención a las palabras de Volkodlak.
- El clan más estúpido de todos trae a su hijo más débil. Tú debes ser Maynard Snape. – Dijo Volkodlak sonriendo y deslizándose suavemente. – Pareces aun humano, debo adivinar… vínculos sentimentales con esa bruja, que es mi cena por cierto.
Harriet abrió los ojos, aquella peligrosa sombra irreconocible era Maynard, su piel pálida y aquellos colmillos lo hacían ver inhumano, su cabello negro erizado ahora y listo para atacar. Volvía a gruñir peligrosamente y mostrar sus colmillos ponzoñosos.
- Déjala ir… - Dijo Maynard con una voz más peligrosa y grave. Harriet respiraba con dificultad.
FIN DEL CAPITULO
Lia Du Black: Espero que te haya gustado el regalo de fin de curso más hermoso, jaja, una nueva vida que tiene sangre de los Snape y los Potter. Kelly si se llega a enterar de lo de Harriet se nos puede morir de la indignación y Martha, la pobre aun no cae que el bebé es de Maynard. Sobre Martha, de verdad que su farsa se le va a caer pronto y ya verás porque está tan interesada en permanecer al lado de Maynard. Como verás, Harriet no es la primera alumna que tiene sospechas de un embarazo, puedo decirte que este tipo de sustos se lo ha llevado otras personas, por ejemplo Martha con Valdemarr, pero solo fue eso… un susto. Los próximos abuelos orgullosos, que de Harry no hemos sabido mucho pero veremos si la cárcel lo ha suavizado (jaja bueno eso no es un razonamiento lógico). Y si, Harriet ha logrado cambiar parte de su futuro, so yay Por ella
Dean of Medicine: Holis, gracias, mil gracias… espero que sigas disfrutando el fic. Maynard, ahora va a proteger a los dos fieramente y no le importará romper su promesa de no buscarla jamás, él solo quiere que la chica permanezca con vida. Emocionante si, además de peligroso…
Georgy: Estado de shock general por lo que veo, jejeje, calma que aún faltan muchas cosas (eso digo yo), Harriet… no me gustaría estar en su lugar aunque lo ha hecho bien, ha logrado superar y cambiar algunas situaciones. Un bebé, bueno… no es mi intención exponer las grandes problemáticas de la sociedad actual (embarazo precoz, drogas, alcohol, políticos corruptos, anorexia y abandono familiar jajajaja). Martha se va a llevar una agradable sorpresa, jajaja. Gracias por tus elogios, son un enorme cumplido para mí. Eso de matar…. ¿acaso tengo fama de matar personajes indiscriminadamente? Jajajajaj, mejor no respondas. Un autor no debe cometer el error de anticipar nada crucial… porque sino me vuelvo un 8. Decir si Harriet o Maynard viven o mueren parece algo crucial.
Kathy Prince: No necesariamente el embarazo de Harriet es un instigador de amor entre Maynard y ella, pero puede contribuir a ver las cosas de otro modo (como que, tendrán que verse el resto de la vida porque tienen un hijo en común). Un bebé, tal como en la vida real siempre hace las cosas más difíciles y bueno, lo único que determinará que estos dos se unan o no, es el amor y a que tanto están dispuestos a sacrificar por ese amor. Yo se que luego de los consejos de Severus, Maynard no le daría todo el peso a dejar una chica embarazada para estar con ella, pero se trata de la chica que más ama…. Así que ya veremos. Hay un peligro permanente para todos, con Malfoy y co allá afuera esperando el mínimo descuido.
Morgan A. Riddle: Otro caso de shock digno de ser llevado a donde la señorita Chloe (la enfermera de Hogwarts en mi fic), Harriet si logró cambiar su futuro a pesar de su pesimismo y bueno, quedar embarazada es parte del cambio… todo radicó en su capacidad de curar y no puedes curar a nadie si no puedes curarte a ti misma. Luego explicaré esto con más detalle. Los malos malos andan rondando Hogwarts, intentando buscar la manera de entrar (y lo lograron) y nos darán más de un dolor de cabeza, tanto que Harriet no podrá confiar en muchas personas.
