DE AMOR Y TRAICIÓN
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CAPÍTULO LIII
Breves notas de las autoras:
Créditos financieros a los mismos de siempre.
Espero que hayan tenido unos agradables quince días, nosotras aquí como siempre un poco atareadas y también algo gripientas (u–u) Bueno en este capítulo hemos dejado aparte la zona de Svartálfheim para quedarnos centradas únicamente en los acontecimientos de Asgard y de Nifflheim, ya sé que muchas de ustedes odian a Odín (xD) pero ya que sólo aparece a partir de esta sección pues tendrán que soportar al tuerto hasta el final. Sorry.
Quiero agradecer a quienes nos han mandado sus comentarios, nos han leído y nos han dado follow. Le agradezco por este medio a Maria Pia, a quien no puedo responderle vía reply porque la página no me lo permite; y gracias por tus buenos deseos hacia Eyvindur (*–*). Gracias, muchas gracias por continuar con nosotras quincena a quincena. Sin más…
ADVERTENCIAS: AU, muerte, demonios, política y Odín.
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Capítulo LIII:
–"…el pago de cien mil sous de indemnización. Los hombres que escoltaron a su Majestad el Consorte Real Loki desde el sur hasta el entonces Campamento Central Vanir, sufrieron los siguientes daños en sus personas: Quemaduras que desfiguraron sus cuerpos o sus rostros, pérdida de miembros y laceraciones incapacitantes. Otros no corrieron tal compasión en su destino, dado que estos pudieron volver al seno de sus familias aunque no fuera completos, ni lozanos tal como partieron. Estoy hablando de la muerte para la cual no hay remedio. La muerte de al menos cuarenta soldados. Estos Valientes, merecen una recompensa por el servicio prestado a su Alteza Real Loki; sobre todo por lo siguiente: Me apena ser quien refiera esto, pues su Alteza Loki es de sangre real lo que hace aún peor su comportamiento. Él mintió, fraguó un Funesto Engaño. Le mintió a Lord Herryk y llevó muy lejos su osadía pues no sólo fueron sus palabras lo que repletó de falsedad sino que también su aspecto. Hasta el Nombre por el cuál se hizo llamar era mentira. Lord Herryk en persona intentó hablar con su majestad Loki cuando el Funesto Engaño fue descubierto, pero éste se había recluido a sus aposentos en Omentielva y ya que los reyes vanir, son sus primos, dieron la cara por su Honor e impidieron tal Parlamentación." –Ragnheidur detuvo la lectura de la carta y miró seriamente a Odín que estaba amparado detrás de su escritorio.
–Continúa –le pidió.
–"Además, Padre de Todo, quiero hacer de su conocimiento información de carácter sensible que atañe a su Alteza el Consorte Real; se trata de los detalles del Funesto Engaño: Cuando Lord Herryk lo encontró de camino a Omentielva, estaba disfrazado. Se mostró como mujer y no una aesir, sino una elfa oscura. Él era Ella. Dijo llamarse Loge, renegando de su identidad. Y a continuación renegó también de los Sagrados Lazos que lo unen a la Familia Real de Asgard. Dijo que era la esposa de Svadilfari de quien esperaba un hijo." –Ragnheidur se detuvo sólo para soltar un suspiro. –"Su vientre era voluminoso y muy notorio, pero Lord Herryk desconfió de sus palabras por lo que le pidió escribiera a su Esposo Lord Svadilfari para que éste refrendara su unión." –Ragnheidur pasó varias hojas de la misiva –"Mi amado Svadilfari… esta travesía ha sido extenuante pero la soporto con buena disposición pues sé que al final de este camino estaré a tu lado. Soy cuidadosa por el bien de nuestro hijo, no lo dudes. Extraño tus brazos en torno mío, perdona si mis palabras son dignas de censura… me encuentro bajo la protección de Lord Herryk… y su hospitalidad es tan basta como la que te prodigó su alteza Loki la última vez que lo auxiliaste… pienso en ti a cada momento." –Ragnheidur negó a cada palabra y no pudo continuar leyendo. –¿Puedo saber que respondió Svadilfari al respecto?
–Lord Herryk envió la carta que has leído a su rey Tryggvi, quien a su vez parlamentó con Svadilfari. –Se encogió de hombros pues no sabía que se habrían dicho ellos dos –Tryggvi respondió de inmediato a su lord para darle instrucciones sobre Loge. Puedes leer la copia de esa carta.
Ragnheidur pasó las páginas y volvió a leer.
–"…no se le hará ningún daño y se le tratara con deferencia pues es muy cara para Svadilfari. Éste ha aceptado renegar de Eyvindur y estar en alianza conmigo cuando nos presentemos ante Thor. Y yo que había pensado que el elfo oscuro había mudado sus afectos hacia Eyvindur, pues se les ve muy cercanos por el campamento. Me hace pensar que Svadilfari sólo es un oportunista." –Ragnheidur se detuvo. –¿Con qué fin el rey Haryon ha mandado estas copias?
–La indemnización me parece una excusa pobre para haber enviado tal misiva, y seguramente imagina que no se la pagaré. Pienso que el blanco de su injuria no es otro que Svadilfari, desea empantanar su reputación para que mi relación con el reino élfico no sea buena. Y también pienso que desea hacerme daño, pues los enanos son rencorosos y seguro me guarda malicia por haber sido tan permisivo con Eyvindur. –Odín bufó. –Al mandarme las copias se arriesga a acrecentar mi furia a la vez que me ha dado un golpe bajo, aludiendo que el consorte real ha engañado a todos y que, si espera un hijo, no es de Thor. –Esas eran las suposiciones que Odín hacía respecto a la carta. –Es aquí donde yo te pregunto, ¿cuál es el cariz de la relación de Svadilfari y de Loki?
Ragnheidur acomodó los papeles en orden y sobre el escritorio del rey. Soltó otro largo suspiro. No le guardaba simpatía alguna a Loki, quien había intentado matarlo haciendo que Amora lo culpara de traición pero no mentiría tampoco.
–Svadilfari era un don nadie cuando llegó a Asgard. Venía con cincuenta elfos a pedir trabajo y lo consiguió siendo mano de obra en la ampliación de la ciudad. En ese entonces Loki era afanoso y concentrado en sus deberes reales pero tras retomar su amistad con el elfo oscuro, pues se dice que eran amigos desde Jötunheim; se volvió contra el arquitecto Harik, lo depuso y en su lugar colocó a Svadilfari. Entenderás que eso no le gustó a Harma que empezó a atosigar a Thor para que cambiara los nombramientos, pues un elfo oscuro jamás había sido digno de tal cargo pero Thor no hizo caso a sus alegatos. Tenía muy consentido a Loki y le permitía cualquier capricho que así quisiera…
–¿Así fue como llegaron al cuadro de la infame majestad? –Odín no lo había visto pero Frigga le había hablado de él.
–Algo así. Al elfo oscuro se le veía seguido en el despacho, en las habitaciones del rey Loki o en su biblioteca. Fue invitado a varias fiestas nobles e inclusive le enseñó magia al consorte en una ocasión. Esa única ocasión destruyeron uno de los comedores privados y Svadilfari fue echado de palacio, el capitán de los einheriar y el segundo al mando, encontraron al rey Loki ensangrentado junto al elfo oscuro. No se levantaron cargos a pesar de que todos sabían que el elfo oscuro no era del agrado del rey Thor.
–¿De ahí salieron los rumores de sus abortos? –Odín estaba al tanto de ellos. Se había hablado de que hubo un accidente con magia, un hechizo que salió mal y que se cobró la vida del nonato que Loki esperaba.
–Sí. Thor había anunciado que pronto tendrían a su segundo vástago. El pueblo y los nobles aguardaban con ansías tal acontecimiento pero jamás se refrendaba y corrieron rumores sobre diversos abortos, francamente jamás los creí. Harma jamás confirmó que estuviera en estado y es tarea del maestre anunciar dos acontecimientos: el nacimiento de un rey y la muerte de otro. –Hizo una breve pausa. –Tras la infame majestad, Loki se marchó al reino de los elfos a aprender magia y fue cuando Erwel propuso que lo que se necesitaba era una amante real que minimizara el poder de Loki. En ello estuve de acuerdo pues Loki había abusado de su poder y no dudaba en usarlo aún en contra de sus propios concejales –en esa parte el viejo concejal pareció avergonzarse –pero por ambición, Erwel acarició que su favorita se convirtiera más bien en la reina de Asgard. Amora envenenó al rey como ahora bien sabemos, pero Loki huyó con sus hijos hasta Vanaheim haciendo dudar seriamente de su sinceridad. Cuando volvió, empezó a hacer planes de fugarse con Svadilfari.
–Lo que atestiguó Oysten, el mayordomo.
–Ahora todo lo que hayan atestiguado los traidores se considera blasfemia y mentira; pero existe el registro de que los einheriar persiguieron a Loki y a Svadilfari por la ciudad hasta los puertos, que ahí Loki los evadió y Svadilfari fue encarcelado. En las mazmorras está el registro de su entrada. –Odín había comprobado aquello. –Loki en realidad se hallaba donde Thor, curándolo con una poción que le devolvió la salud. Loki no fue juzgado por infidelidad pero si fueron castigados quienes levantaron sus voces acusándolo de ese cargo.
En ello, Odín meditó, Thor había procedido muy parecido a como el mismo había hecho cuando depuró la corte de Asgard hacía muchos siglos. ¿O había sido Loki el que había movido los hilos para depurarla?
–¿Y el elfo oscuro?
–Fue puesto en libertad. Tras ello, ya no pasaba tan seguido por el palacio como antes y se había apartado de Loki. O tal vez se debiera a la presencia del rey Eyvindur. Mi secretario me dijo, que a Eyvindur y Svadilfari se les vio paseando por el muro del Bor y después, cenando juntos en una posada. –Hizo una pequeña pausa para continuar con el relato. –Como sabe el príncipe Hërin fue maldecido posteriormente y la familia real pareció más unida que nunca, excepto que Loki desapareció de pronto y Thor jamás hizo alguna declaración sobre porqué, sólo dijo que estaba en Svartálfheim y aparte de acudir a la guerra, iba en su búsqueda. –Y sabiendo que Odín le iba a preguntar por Svadilfari, añadió: –El elfo oscuro se marchó antes que su majestad Thor, rumbo a Svartálfheim, todos pensamos que había roto el tratado de paz que había firmado con Eyvindur.
–Hay un enano que fue desterrado por Tryggvi a petición de Lord Herryk –dijo Odín –hablé con él hace unos días. Era un soldado raso así que no tiene gran conocimiento sobre las acciones de reyes o generales pero a mi únicamente me interesaba lo que tuviera que decirme sobre Svadilfari. –De entre sus papeles Odín cogió un pergamino y se lo tendió a Ragnheidur, con ello le daba permiso de leerlo.
–"El rey Tryggvi estaba iracundo mientras el ejército se movía a marchas forzadas intentando alcanzar al dragón negro. La reina Thyra murió por orden de Bölthorn, que también deseaba al rey Eyvindur como prisionero. Éste había sido condenado a ser ejecutado con humillación pero Svadilfari detuvo la sentencia. Esa fue la primera vez que vi al elfo oscuro…" –Ragnheidur se detuvo para buscar otro pasaje. –"…las dísir nos habían herido mortalmente para dejarnos morir como perros, estaban furiosas porque el rey Eyvindur ofreció nuestras almas a Naira Anar y ellas ya no podían devorarnos; pero otra diosa vino a nosotros: Hela. Ella nos revivió y nos nombró su Legión y fuimos a ayudar al rey Loki que estaba con Svadilfari. Ella lo apremiaba para que fuera a auxiliar a Lord Aldor y al rey elfo, pero él se negaba aludiendo que Loki esperaba un hijo suyo y le había prometido cuidarlo…" –Había más en el relato pero el concejal lo dejó. –¿Entonces ambas versiones concuerdan?
–Hay demasiadas habladurías sobre esto como para no prestarles atención –dijo Odín. –El enano asegura que Loki no se encontraba en las mazmorras del observatorio, sino en el pueblo con Svadilfari.
–Me suena un poco rocambolesco –opinó Ragnheidur.
–Las más grandes guerras han estado fincadas en desavenencias personales.
–Odín, te he contado la confidencia que tuve con Lord Aldor. Ambos concordamos en que Loki no es el adecuado para educar al príncipe de Asgard y tras lo sucedido con aquel espíritu que se adueñó de él...
–Ragnheidur tú eres el único que puede comprenderme –dijo Odín mientras se sujetaba al posa brazos de su silla. –No puedo sentar en el trono de Asgard al portador del espíritu del lobo ancestral.
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El nuevo embajador de Alfheim salió haciendo sendas reverencias de su despacho tras haber dejado sus credenciales. Dgeir se había marchado hacía una semana de vuelta a Alfheim tras que Odín la removiera en su cargo. Starkag había avalado al nuevo emisario y con ello le bastaba al padre de todo.
Hallgeir se aproximó a su rey.
–Hay un comerciante norn llamado Bolverk que pide una audiencia con usted –le explicó y le tendió un pergamino con los papeles que avalaban su identidad. –No está en la agenda pero dice que su asunto es de máxima importancia para usted. Según me ha dicho el jefe de puerto, ha llegado directo de Nornheim en su propia flota; y se rumorea que ha sido gran amigo de Oxater en el pasado.
–Déjalo pasar –concedió Odín.
Bolverk era un hombre de piel morena y cabello oscuro, iba vestido a la usanza norn, con ropajes que lo protegían del calor de su reino natal. Bolverk hizo una breve reverencia ante él antes de que Odín le indicara que podía hablar.
–Rey Odín. Sabiendo que en Asgard se encuentra la princesa Héroïque y que Karnilla labró amistad en la ciudad eterna, el rey Oxater me pidió que le hiciera llegar esta misiva; pues no cuenta con ningún amigo que pudiera hacerle este favor en la corte de Asgard. –Dicho eso de entre sus ropas extrajo un pergamino lacrado con un oso rugiendo, el cual le entregó a Hallgeir para que se lo hiciera llegar a Odín. –¿Debo aguardar por una respuesta?
–Meditaré las palabras que aquí están escritas. Asegúrate de que mi secretario sepa dónde encontrarte –en caso de que Odín tuviera una respuesta para ello. Bolverk salió del despacho escoltado por Hallgeir.
Odín abrió la misiva interesado pues no se imaginaba por qué Oxater le escribiría. ¿Es que le pediría ayuda para conquistar el trono norn? Pero no era para ello, en cambio, lo convidaba a no entrometerse en los asuntos que sucedían en Nornheim y a retirar a sus fuerzas bélicas del reino so pena de encontrar al general Bran destripado del estandarte de Asgard. Odín no olvidaba lo imperantes que eran los norn y la misiva casi hasta le hizo reír. Hallgeir, que ya había vuelto, lo miraba con interés.
–No tendré ninguna respuesta para maese Bolverk –le dijo Odín pero sí que pensaba enviarle un mensaje bien claro a Oxater.
Hallgeir le insinuó, como si a Odín pudiera olvidársele, que había reunión del concejo.
Hagbard había vuelto de Nidavelir pero no así Sula, que continuaba en el reino de los enanos. Conforme fueron entrando a la gran sala, el heraldo los fue anunciando con sus títulos, como el protocolo dictaba. Odín siempre se había conducido en sus concejos siendo el que primero hablaba, y cerrando la reunión con sus palabras; y el sueño en el que estuvo sumido no le había quitado tal costumbre.
–El primer asunto que quiero tratar es sobre el reino de Nornheim –les dijo. –Los esfuerzos de mi hijo sobre este reino se han visto truncados debido a la guerra de sucesión que ahora existe ahí. Como ya les compartí, en el concejo de los reyes, se decidió que Asgard no prestará fuerzas bélicas a la reina norn por lo que no hay razón para que se levante leva alguna para soldados que deban viajar. –Sif tomó nota de ello. –El único resguardo que ha quedado son Bran y los soldados que sobrevivieron a la toma de Sjakkmatt; y se han puesto a las órdenes de Karnilla quien aseguró que velaría por el salvoconducto de los aesir que se asentaron en aquellas tierras por orden de mi hijo. –Eso fue un breve resumen de lo que sucedía en Nornheim. –Lo que ahora es necesario es el nombramiento de un castellano que administre todos esos recursos y personas. –El anterior había sido el hijo de Hagbard. –Mi candidato para tal tarea es Lord Ari.
Tal vez alguno de los concejales quisiera aquel nombramiento para uno de sus parientes pero viendo la situación en Nornheim, y que el hijo de Hagbard había muerto ahí; ninguno discutió lo que Odín deseaba.
–¿Y se hará alguna otra acción sobre aquel reino? –Preguntó Dregni.
–Sí, un cerco económico –dijo Odín. –No en contra de la reina Karnilla pero si en contra del usurpador Oxater. Impediremos que obtenga recursos de otros reinos, en especial de los enanos –porque Odín no necesitaba confirmación ninguna para pensar que Oxater le pediría ayuda a Haryon.
–Sin duda con eso bastara para ayudar a Karnilla –dijo Sif.
–Y ya que hemos estado hablando de Nornheim... –su único ojo se posó en Velaryon. –Es mi deseo otorgar la mano de la princesa Héroïque, segunda sucesora al trono norn, al gran maestre Velaryon. Quien demostró valor en la guerra y a la vez sabiduría en cada una de sus labores. Sólo te recuerdo que la joven en cuestión no puede abandonar por ningún motivo Asgard.
–Así se hará, rey Odín –dijo sonriendo Velaryon. –Gracias –añadió solemnemente.
–Sula me ha dicho que los ánimos en Gwaithr–i–Mírdain se encuentran estables por lo que un castellano podría llegar ya; con lo que ella podría volver a Asgard y a este, su sitio –dijo Ragnheidur. Volstagg también continuaba destinado a la zona pero no por mucho tiempo más, a pesar de que Odín creyó necesario enviar a Hogun, decidió que lo mejor fuera un capitán: Hálfdan, otro hijo de Hagbard. –He pensado que lady Kristún, sería la más adecuada. –Está era nieta de Ragnheidur, quien la halago por su inteligencia.
–Mi rey, hay algo que quiero comentarte –dijo Sif cuando dejaron atrás los nombramientos. –A mi regreso recibí de mi secretario, la renuncia de varios soldados aesir, entre ellos el capitán Sindri; que se marcharon con sus esposas elfas oscuras.
–Si ha sido por su voluntad no veo cuál es el problema –dijo Odín, quien por supuesto estaba al tanto de que varios nuevos aesir habían partido. –Recluta nuevos soldados, reasigna las posiciones, seguro habrá alguno que quiera ser capitán de los hired.
–Sólo lo informaba porque perdimos no menos de mil soldados, entre ulfhednar, bersekir y hired. Es cierto que no estamos en guerra pero en cualquier momento puede estallar algún conflicto. –Todos asintieron a sus palabras, las cosas en Svartálfheim no estaban tranquilas, Nornheim podría afectarlos pero sobre todo muchos de los concejales temían que fuera Jötunheim quien decidiera guerrear contra Asgard.
–¿Y qué propone hacer general? –Le preguntó Dregni a la diosa.
–Antes de enlistar me gustaría evaluar a los soldados que tenemos, pues sabrán que debido a la guerra contra Surtur, varios quedaron incapacitados; y después hacer un nuevo llamado de enrolamiento sin embargo debo preguntar, ¿cuántos alumnos tendrá la academia de magia este siglo? Pues sé que los niños empezarán a dividirse en dos sendas.
–Por ahora únicamente se escogerá para la academia a quienes demuestren habilidades de doulas. La magia de Asgard quedará suscrita a la rama de la medicina –fue diciendo Ragnheidur –los aesir siempre hemos sido los mejores guerreros de los nueve, ahora también seremos los mejores sanadores.
–¿No habrá guerreros–hechiceros? –Sif parecía confundida.
–No –respondió lacónicamente Odín. Sif miró a Velaryon, quien inclusive parecía sorprendido por el cambio de opinión del rey.
El rey le hizo una seña a Hallgeir para que le acercara con un pliego que había preparado de antemano.
–Varios de ustedes conocen el estado de mi hijo Thor –dijo Odín. Él se lo había dicho personalmente a los gobernadores, Sif y Velaryon lo habían visto en persona. –Es por ello que deseo revocar mi sucesión y nombrar como mi heredero, a Magni. –Los presentes miraron asombrados a Odín. –Pero para hacerlo, necesito que ustedes lo ratifiquen en la línea de sucesión.
Era lo único que faltaba para que Magni fuera heredero a Asgard: la aprobación del concejo pues el reconocimiento de su padre, el dios del trueno; ya lo tenía.
Su concejo se removió incómodo.
–Padre de todo –tomó la palabra Sif de nuevo –por una indiscreción en el pasado, todos conocemos el acta de sucesión de Thor. En ella nombró a Hërin su heredero y es mi parecer, que siga siendo él, el sucesor de Thor. Tal es la ley.
Hagbard pareció tomarse su tiempo para poder hablar. Carraspeó escandalosamente un par de veces.
–Concuerdo con Lady Sif en que el heredero debe ser Hërin, nacido del matrimonio legítimo entre los príncipes Thor y Loki. Es príncipe de Asgard y a la vez de Jötunheim, cuenta con más abolengo y títulos –argumentó Hagbard aunque sin atreverse a decir que Magni nació de una unión ilegitima. –Seguramente el rey Hildetand se opondrá si sabe que su sobrino ha sido relegado de la línea de sucesión.
–La opinión de un jötun –bufó alguien.
–La obligación de un rey es establecer su sucesión para que la transición del poder no tenga ningún obstáculo –les dijo Odín. –No tengo intenciones de revocar el acta de Thor, cosa que además no podría hacer; mi deseo es modificar la mía. Thor no puede ser rey debido a la maldición que lo apresa y Hërin además de ser muy pequeño, cuanta con su propio anatema. –El cuál ellos también conocían. –Magni no puede ser el heredero de Thor, pero puede ser el mío; y por detrás de él, su hermano.
–El pueblo ha dado muestras de aceptación hacia el príncipe Magni, y hay quienes nunca vieron con buenos ojos el matrimonio del dios del trueno con un extranjero –dijo Ragnheidur.
–Eso es intranscendente, el matrimonio de Thor es legal y aún más, Loki estaba en estado cuando lo vimos por última vez. Magni podría estar en la línea de sucesión pero por detrás de Hërin y del futuro príncipe –dijo Sif. –¿Cómo es que nadie parece preocuparse por ese infante? –Explotó. –Todos nosotros juramos proteger al consorte real al igual que la familia del rey. Loki es la familia del rey al igual que ese niño.
–Sólo la soldadesca ha escuchado los rumores de ese niño, aquí en la corte jamás se supo que Loki estuviera esperando un segundo hijo –le dijo Dregni. –Velaryon, tú eres el gran maestre ¿sabías algo de esto?
El maestre procuró no mirar a Sif mientras hablaba.
–Thor dijo que Loki esperaba un hijo suyo e inclusive ofreció una recompensa a quien diera con él en Svartálfheim. Cuando lo encontramos por fin en el reino de los elfos, Lady Sif informó que estaba herido de gravedad pero…. –Sif enrojeció ante la mención de ese suceso –pero el consorte real se encontraba bien, nunca me solicitó revisarlo y yo jamás se lo pedí porque no se le notaba en absoluto que estuviera gestando. Sé que es mi deber refrendar el embarazo del consorte real y me siento avergonzado por no haber tomado el asunto con mayor seriedad. Por desgracia otras ocupaciones de índole urgente acapararon mi atención.
–Si estaba gestando, tal vez le pidió a Karnilla que lo revisara, pues todos sabemos que Loki siempre ha despreciado a los maestres de Asgard –dijo Ragnheidur –como fuera, Loki conocía la ley y estaba al tanto de que el anuncio de un príncipe de Asgard es de dominio público. Esta situación me parece de lo más irregular –dijo Ragnheidur. –Aún más, ¿no me dijiste Dregni que tu hijo oyó en el campamento decir que ese hijo de Loki, era de Svadilfari?
–Sí, Dalr me contó eso.
–Esos sólo pueden ser rumores maliciosos –atajó Hagbard de inmediato.
Sif estaba muy seria.
–Thor estaba muy seguro de la paternidad de ese niño.
Odín levantó la mano llamando a la calma.
–No podremos resolver el asunto de aquel infante sino hasta que Loki aparezca, y Heimdall lo está buscando por los nueve sin hallar su paradero. No escatimo en esfuerzos por encontrar al consorte real, general.
–No estaba haciendo una acusación –dijo Sif.
–En cuanto a Magni, veo que es imposible llamar a votación por el momento, pero deseo que mediten esta cuestión para que volvamos a tratarla en la próxima reunión –dijo Odín aplacando sus ánimos. –Les agradezco por esta sesión. –Y fue el primero en levantarse.
Odín se alejó hacia su despacho pero Sif lo alcanzó con sus pasos veloces.
–Mi rey. Lo que ha dicho Ragnheidur no es verdad, los rumores que hablaban de Loki siendo amante de Svadilfari, provenían de Erwel, quien murió como traidor a Asgard –fue diciendo ella. –No deberían ni siquiera mencionarse pues fue un golpe bajo para la familia real y los concejales juramos proteger el honor del rey y también el de su consorte.
El rey movió la mano lentamente para calmarla.
–Lo sé, he estado repasando aquel terrible pasaje del reinado de mi hijo. Hablaré con el concejal Ragnheidur sobre esto pues es un hombre que jamás dice nada sino tiene una buena razón para hacerlo, es más, te convido a que hagas lo mismo. –Le dijo Odín y luego le indicó que se marchara. Aunque claro Ragnheidur sólo había dicho eso a petición de Odín, para ver como lo tomaban los otros concejales y Odín había tomado nota de cada una de sus reacciones.
En cuanto a Loki, estaba seguro de que tendría que aparecer en algún sitio, ya fuera al lado de su aparente amante Svadilfari o de Karnilla, quien lo auxiliaría en su parto. En cualquier momento tendría que salir de donde estuviera oculto pero Odín no pensaba ser tan comprensivo como lo fue cuando bajó a Hel con Hërin. Eso de pronto le trajo una súbita inspiración.
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La pareja real se encontraba cada noche en los aposentos de su hijo. Frigga le daba de cenar a Thor un cuenco de sopa con pedazos de carne de conejo, la cual le daba a pequeñas cucharadas como si se tratara de un bebé. La reina había ordenado que ese momento era para su hijo y para ella, por lo que no había nadie de la librea de la reina en ese momento. Odín, en cambio, estaba mirándolos desde un sofá aledaño.
Su amada parecía haber envejecido varios lustros de golpe desde que Thor había regresado a Asgard. Odín había ordenado que no es escatimara en atenciones. Todas las mañanas Velaryon lo revisaba y auscultaba para asegurarse de que estuviera bien. Junto con otros sanadores se ocupaba de que moviera las extremidades y deambulara por su alcoba para evitar la atrofia muscular. Thor había adelgazado en su físico de guerrero portentoso, eso era inevitable en su estado. Le administraban medicamentos que estimulaban la lucidez de pensamiento los cuáles no le hacían efecto. Le daban de desayunar y de beber. Había doulas que lo bañaban, le cortaban el cabello, las uñas y acicalaban su barba. Una doula lo masajeaba para estimularle la circulación y luego lo vestía. Thor salía a su balcón para recibir un baño de sol. Después de ello comía y recibía la visita de Magni, quien era el único que le hablaba como si pudiera responderle. Y finalmente llegaba la noche y el final de la rutina.
Frigga empezó a hablar sin despegar la vista de lo que hacía.
–Hërin y Nari están muy abatidos, no debiste haberle enseñado a Magni el estado de su padre, él no podía guardar tal secreto a sus hermanos –dijo Frigga.
–Magni sabía que Thor no se encontraba en Svartálfheim, me pidió conocer su paradero. Pensé que una verdad por dolorosa que fuera, seguía siendo verdad.
–Pienso que no está en una edad en la que pueda manejarla –refutó Frigga pero tampoco era como si pudiera deshacer lo que su esposo había hecho. En el pasado habían tenido discusiones de índole personal, pues no podían estar de acuerdo en todo pero procuraban discutirlo hasta que uno de ellos convencía al otro. –¿También les dirás que fue Loki quien revivió a Thor y le dejó de esta manera? –Le preguntó enojada.
–No, eso sí sería un golpe emocional atroz –le dijo. Odín podía ver que esa "verdad" era la que destrozaba a Frigga. El que Loki fuera el responsable del estado de Thor. Odín pensaba que si Thor hubiera muerto, todo sería más llevadero pues en Asgard estaban acostumbrados a enaltecer la memoria de los guerreros caídos, y Thor era el más grande luchador que la ciudad eterna había dado. Hubiera organizado un funeral digno de él, con toda la ciudad presente en el duelo y después hubieran enaltecido lo que había logrado en vida. Pero no, Loki había detenido la muerte y lo había dejado lisiado, un muñeco sin control alguno, sin futuro.
A pesar de todo lo que Frigga había adorado a Loki, no podía obviar el hecho de que fuera un mago oscuro.
–Los niños me han preguntado donde está Loki, les he dicho que no lo sé pero me miran y no me creen. En especial Hërin. –Continuó Frigga –Si me hubieras comentado que ibas a mostrárselo a Magni, habría podido prepararlo para este trance, aunque no lo demuestre está muy afectado, y Nari está asustada. Pero el peor de todos es Hërin, ver a su padre en este estado y continuar sabiendo que Loki está desaparecido… además sellaste toda su magia. No sabes cómo sufre por ello.
–Se convirtió en Fenrir…
–Es sólo un niño, no sabe controlarlo.
–Así es, y es por eso que los adultos responsables deben ayudarle a aprender a hacerlo.
–Le pides demasiado –acotó ella. –Karnilla le había puesto un sello parcial para que pudiera aprender magia, para que no estuviera incompleto.
–Un sello mal hecho pues se lo quitó sin ningún problema. –Odín relajó su semblante. –No quiero discutir contigo amada, te aseguro que lo que le hice no es permanente, se lo quitaré cuando se encuentre en edad de aprender magia pero por ahora es muy pequeño para lidiar con semejante poder y responsabilidad de controlarse a sí mismo. –Odín pensaba que la edad adecuada sería después de haber recibido entrenamiento militar. Eso además le forjaría carácter.
–Pero también les pides, a los tres, que superen la perdida de sus padres.
–No les pido nada que el destino no le esté exigiendo de antemano.
–Me preocupa que estemos equivocados en nuestro proceder –dijo Frigga. Thor tragó el último bocado de su sopa y ella se acercó a limpiarle la boca. –¿Has tenido noticias de Loki?
–No escatimo en recursos para encontrarlo.
–Odín ¿qué es lo que planeas hacer en el concejo? –El aludido la miró intensamente. –Héroïque ha venido hoy a agradecerme por intervenir en favor de su matrimonio con Velaryon. Si por fin se la has entregado es porque deseas que el maestre se sienta en deuda contigo en un asunto importante.
–He pensado que Magni sea mi sucesor en vez de Thor.
Su esposa dejó de cobijar a Thor para mirarlo.
–Pero estarías haciendo a un lado a Hërin, que es el legítimo heredero.
–Sólo le doy más tiempo a madurar, además Hërin podría llegar a ser rey de Jötunheim pues posee magia para izar el cofre de los antiguos inviernos. Algo que Hildetand no puede hacer y que tal vez el hijo que Skadi y él esperan tampoco pueda. Magni será un gran general pero pienso que también podrá ser un gran rey.
–No creo que debas poner en disputa la sucesión al trono –le dijo Frigga. –Son sólo unos niños no deberían ser molestados con tales cuestiones.
–Son príncipes, su destino es diferente a la de cualquier otro infante. Y en cuestiones de sucesión más que el legítimo, el que debe gobernar es el más digno. Y yo considero a Magni digno de ser un rey.
–Este es el mismo argumento que izaste cuando derrocaste a tu hermano –dijo suavemente Frigga. –No el legítimo sino el más digno. –Odín se tensó en su asiento. –¿Y crees que el concejo apruebe lo que has planteado?
–Pienso que mi única oposición radica en Sif y Hagbard, y estoy seguro de convencerlos. Los demás harán lo que yo les pido –de eso Odín estaba seguro. Se puso en pie, –dejemos descansar a nuestro hijo –le pidió.
Frigga acarició una vez más el rostro de Thor antes de apartarse de él, una doula se quedó velándolo y asegurándose de que se encontrara con bien mientras conciliaba el sueño. A Odín le hubiera gustado recluir a Thor dentro de las estancias donde él descansaba sumido en el sueño pero como necesitaba de cuidados, Odín se había conformado con poner fieles einheriar. En esta ocasión quien custodiaba a Thor, era el capitán.
Tomó a Frigga de la mano y salieron juntos de la estancia.
–Hay algo más, siento que me ocultas otra cosa –dijo ella.
–Quiero que leas una misiva que me envió el rey Haryon, y me digas que opinas de ella…
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La princesa norn veía a Ari explicarle al paje lo que debía poner en sus baúles. La habitación de Ari era un caos entre muebles, papeles, ropas y pertenencias personales pues no sabía cuánto tiempo estaría en Nornheim pero Odín le había asegurado que sería un largo tiempo.
Héroïque estaba ahí porque le pesaba despedirse de uno de sus amigos. Ari se giró hacia ella.
–Valdis ha venido esta mañana para darme una lista del número de sirvientes que se irán conmigo, de los heraldos y los guardias de mi escolta. Es un número descomunal de pajes, le he preguntado si son necesarios tantos y me ha mirado con suficiencia. –Dijo Ari. –He nombrado a Ertan el capitán de la guardia –por supuesto que lo había hecho para que Ertan se fuera con él, aunque estuviera de baja en el ejército por su salud. –Me dice que el palacio donde me quedaré ya está listo para recibirme. –Ari tomó una pila de papeles y las metió en un sobre de cuero. –No seré un simple embajador sino que soy el castellano de la ciudad. El rey Odín me aseguró que bajo mi mando estará el general Bran; aunque me ha pedido que las decisiones bélicas se las dejé a él.
Héroïque sonrió, Ari parecía muy contento con su nuevo nombramiento. No había parecido muy afectado por perder el gobierno de la ciudad de Asgard pues hasta él mismo había dicho que eso sólo era temporal.
–¿Y Ertan cómo está?
Ari suspiró.
–Se está recuperando bien aunque a veces tiene pesadillas atroces –pero el contenido de éstas, Ari no se lo contó. –He pensado que el viaje le ayudará a pensar otras cosas y que el clima cálido de Nornheim lo ayudará a restablecerse. Siempre se queja de tener frío.
–Me alegro por tu nombramiento, aunque me entristece a la vez que se vayan lejos y por tanto tiempo.
–Aún tienes a Hallgeir, Geirolf, Rongbard y Gellir. Tienes para guiar a todas esas damas nuevas de la corte y pronto contraerás matrimonio.
Era verdad. Héroïque continuaba ordenando la vida de palacio con supervisión de la reina Frigga. Se había ocupado de la despedida de Finduilas cuando se marchó a Vanaheim, lo cual alegraba a Héroïque pues la elfa siempre le proporcionó celos; y a su vez, había organizado la recepción para Ingeborg, la hija del rey Haryon, junto con sus damas y el séquito que el rey enano había enviado. Héroïque le organizó una velada de recibimiento y después un desayuno con los reyes. Después de eso, Ingeborg se entendía con ella pues la reina Frigga siempre estaba ocupada, y Héroïque podía ver lo deslumbrada que la tenía. Otra dama de la corte era Eirný, la hija de Lord Dregni a quien se le permitió vivir en la corte para cuidar y consolar a su padre por la muerte de Byleyrg. Pues ella y su hermano Dalr también pertenecía al nuevo círculo social de Héroïque al igual que Lady Vilda; a quien Héroïque solía aconsejar respecto a cómo llevar su relación clandestina con Hallgeir, sin hacer caso al hecho de que Vilda era una mujer madura y Héroïque había dejado su adolescencia hacía bien poco.
La corte había cambiado nuevamente. Valdis, que era quien llevaba más tiempo en palacio, les dijo a Ari, a Mirelle y a ella; que no era exactamente igual que la corte de Odín pues faltaban muchas personas: Harma, Erwel, Finnur, Gamli… y así. Al igual que tampoco era la vieja corte de Thor, a quien también le faltaba la presencia de Amora, Faida, de Fandral… Héroïque echaba terriblemente de menos a Fandral. No, ahora todo era diferente, se había quejado Valdis, porque debajo del protocolo casi militar que Odín había instaurado había damas y hombres jóvenes que se enamoraban, bailaban, festejaban y hacían bullir vida por Valaskialf. Como era el caso de Héroïque.
Ella hacía cenas, comidas y audiencias formales para Odín, las cuáles casi siempre eran mortalmente aburridas pero en su casa de la ciudad o en la casa de Ari en Gladsheim, hacía fiestas donde invitaba a las damas de la corte, a los embajadores, a los nobles y capitanes del ejército; y por supuesto, a sus entrañables amigos. Por supuesto que sus fiestas siempre tenían algo de lo que fueron las de Lady Amora. De hecho Héroïque estaba pensando en invitar a Ingebord, Eirný, Vilda y hasta a Ragni para un día de belleza como los que su mentora solía preparar.
Por cierto, respecto a su matrimonio, Velaryon se reunió con ella cuando regresó del reino de los elfos y le dio una misiva embrujada de Karnilla. En ella, su hermana le contaba que había huido de Odín porque quería casarla con Bran y a ella con Dregni. ¡Héroïque había sufrido tanto leyendo eso! Hasta que leyó que Karnilla le pedía que se casara con Velaryon y que el gran maestre había aceptado pedir su mano al rey.
Héroïque había mirado al gran maestre por encima de la carta. Con su cabello rojo y su expresión seria, Héroïque solía pensarlo viejo, aburrido y de colmo enamorado de Karnilla. Pero ahora que lo observaba mejor… Amora solía decirle que valía más un hombre amable y manejable que un patán de hermoso aspecto. Velaryon tenía un aire de intelectual y no estaba tan mal; además de que debía ser valiente dado que había estado en la guerra contra los muspell y por supuesto, era rico debido a su posición de concejal.
"¿Sabes lo que dice aquí?" Le había preguntado Héroïque sin estar segura de que Karnilla le estuviera ordenando casarse.
"Karnilla me confió parte del contenido". Había dicho Velaryon. "Pero no pediré tu mano si tú no quieres".
Pero eso la dejaría en manos de Dregni. El viejo, obeso, enfurruñado Dregni.
"Pues de querer…" pensó Héroïque. Ojalá hubiera tenido más tiempo para informarse sobre Velaryon y para tratarlo; pero decidió confiar en el buen juicio de Karnilla. Después de todo su hermana había desposado a Hjörtur, alguien que Héroïque igual hubiera elegido. "Acepto" le dijo a Velaryon. Esa debía ser la peor pedida de mano de la historia de las pedidas de mano.
Héroïque dejó atrás ese recuerdo.
–Me pregunto si alguno de mis hermanos podrá estar presente el día de mi boda. –Héroïque la había aplazado para dentro de un año, aduciendo que ese era el tiempo mínimo que necesitaba para prepararlo todo, pero en realidad lo hizo así porque deseaba darles tiempo a sus hermanos de soliviantar sus problemas políticos para que pudieran estar con ella. A ambos les había ya mandado sendas cartas de reclamos: A Hagen por no decirle que estaba vivo y con bien; y a Karnilla por casarse en secreto, aunque con la de su hermana más bien parecía burla.
Velaryon había aceptado y además había empezado a darle dinero para preparar la casa donde vivirían cuando no estuvieran en palacio y había formalizado su compromiso obsequiándola con un hermoso caballo y un ajuar completo para montar. Igual quería que Héroïque conociera a sus padres y hermanos y así. La abordaba bajo el título de princesa y no escatimaba en gastos. A Héroïque empezaba a gustarle de verdad aunque no fuera tan atractivo como Rongbard, el cual por desgracia era guapo pero bastardo.
–Para cuando termine tu compromiso tal vez puedan venir a Asgard, después de todo ambos están en buenos términos con el rey Odín –la confortó Ari. –También estoy entusiasmado de ir a Nornheim porque muchos sospechan que el rey Loki puede encontrarse allá.
–Tal vez… –dijo Héroïque –aunque nadie comprende porque desapareció del campamento aesir, dejando en tal estado a Thor. Y sus hijos… cuando uno pierde a sus padres se muestra muy abatido –sino lo sabría ella que perdió a sus progenitores pronto y Kaarina se había vuelto su madre. Seguro que Frigga acabaría ocupando ese espacio en el corazón de los niños.
–Estoy seguro de que tendría un motivo de peso para hacerlo –dijo Ari –él jamás actuaba sin ninguna razón. –Y eso lo había constatado el día en que partió a Vanaheim, con lo que para muchos parecía: culpabilidad y ningún plan. Pero había retornado poderoso y con un plan digno del mismísimo padre de todo.
–Ari –lo llampo Ertan entrando a sus estancias. –Buenos y felices días Héroïque –la saludó a ella. Detrás de él, venía Bjmolf. A Héroïque ya se lo habían presentado en la fiesta de bienvenida de Ertan. –Bjmolf me ha contado algo que me gustaría que tú también escucharas.
–Princesa… –saludó Bjomlf cuando vio a Héroïque.
–Entonces creo es que mejor que me vaya –dijo ella. Iba a organizarle una fiesta a su querido Ari y a Ertan, por sus nuevos nombramientos y por su partida. Todos los caballeros presentes le hicieron una reverencia antes de que saliera.
–¿De qué se trata? –Ari puso un rostro serio, igual que el de su amado.
–El rey Odín me mando a llamar –dijo Bjmolf, y en la experiencia de Ari, sabía que ningún rey llamaba a un civil sino era por una buena razón. –Quería hablar conmigo sobre mi travesía en Svartálfheim pero sobre todo quería que le hablara de Svadilfari y de Loki.
El rostro del ex secretario de Loki, empalideció.
–¿Y qué le dijiste?
–Lo que sé –dijo Bjmolf –que el hijo que Loki espera, es de Svadilfari.
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De repente Thor se detuvo a mirar en derredor; no sabía dónde estaba, ni tampoco sabía que estaba haciendo.
Se había metido en una ciénaga repleta de algún líquido turbio, casi negro, que emitía un olor entre dulzón y ácido, tan concentrado que resultaba irritante. Estaba hundido hasta los muslos y dar un solo paso requería el uso de todas sus fuerzas. Sin embargo en ese preciso momento no se movía porque no sabía en qué dirección debía ir. Había neblina, una de un color grisáceo que cubría el suelo como si fuese una manta.
–Thor –dijo alguien. Era un elfo de luz de bellos rasgos. Su voz autoritaria atrajo la atención de Thor.
–Larus –replicó él, saliendo de esa especie de embotamiento mental. Le pareció que por un momento su cerebro se había diluido en toda la porquería en que estaban hundidos. Las ideas comenzaron a fluirle con más claridad.
Estaban en el Gnipahellir. Kranjcar había dicho que sería fácil. Que la distancia era mucho más corta que todo aquello que habían tenido que recorrer hasta el Slid. Sólo debían transitar el paso entre las dos montañas. Thor atisbó en la distancia, la silueta de las rocas que enmarcaban su paisaje. Sí, era una distancia corta. Más no, no sería fácil.
–Tus lobas –le indicó Larus.
Thor las buscó en derredor.
–Lotte, Lady Calimacil –las llamó con su vozarrón de mando. Larus tenía junto a él a Corsario el cual mostraba una mirada ausente, lo que le daba aspecto de imbécil. ¿En qué momento había perdido a sus lobas? Y más aún, ¿dónde estaban puto Kranjcar y sus hombres? –¿Cómo te mantienes lúcido? –Inquirió Thor a Larus.
–Me concentro en algo específico –repuso el elfo y le mostró una mano sangrante, se había cortado a sí mismo. Larus apretó la palma y frunció el ceño ante el dolor. –Pienso que esto que nos rodea es una sustancia venenosa; y la niebla que vemos no es otra cosa sino los vapores que exuda. Al aspirarla trastorna nuestra mente. –Esa era la teoría de Larus.
–¡Se está riendo de mí! –Dijo de pronto Corsario. –La muy puta… se ríe, ah pero ya le daré algo de que reírse –siguió bramando.
Larus alzó la mano hacía él.
–¡Cálmate! –lo dijo en un tono tan lento y mortífero que incluso aquel gañán parpadeó y bajó la vista. –Debemos salir de aquí.
–Pero se ríe –murmuró el Corsario.
–Está alucinando –dijo Thor pero se esforzó en dar un paso y luego otro.
Marchaban como gusanos entre ese lodazal. El suelo era irregular, había jarcias creciendo en algunos puntos. De repente lograban encontrar camino sobre elevaciones del suelo y entonces el pantano les llegaba a los tobillos; por momentos se hundían hasta el pecho. Conforme se movían la mente de Thor volvió a desvariar. Una hilera de pensamientos desfilaban uno tras otro sin sentido ni conexión. Estaba preguntándose por Lotte y su Lady Calimacil, y al siguiente momento Encantadora ocupaba todos sus pensamientos. ¡Qué hermosa era! Corsario había dicho que bastaba verla para que la muerte fuese más llevadera. Y que ganas tenía de Thor. Lo arrullaba con su voz aterciopelada, restregándole en la espalda o en los brazos esos preciosos senos de pezones erectos. Pero Thor no tenía ganas de follar. De matar sí. De destruir demonios, también. Y de tanto en tanto se le antojaba una buena cerveza, oscura, de gran cuerpo pero poca acidez. Pero no tenía ganas de follar. Aunque ahora mismo lo reconsideraría si la tuviera a la mano. Y después se acordó del Jötnar. Lo tuvo delante suyo evocándolo en cada detalle. Su cabeza, que le costaba discernir la izquierda de la derecha, se lo reprodujo con cada línea de sus tatuajes ancestrales. Sentía su presencia con tanta fuerza que pensó que le bastaría con extender una mano para tocarlo.
Larus acababa de arrancarse la manga de la ropa que llevaba. Buscó un pedazo de tela que no estuviese empapado en porquería e improvisó un pañuelo que se anudó alrededor de la boca y la nariz.
–Escucho algo –dijo el elfo. –Thor, ¿lo oyes también? Ese hermoso canto. –Thor negó. –Bien, bien, entonces es una falacia –musitó Larus y decidió ignorarlo.
El Corsario estaba cada vez más enojado. Soltaba maldiciones en una jerigonza inacabable. A Thor empezaba a cabrearlo también.
–¡Es una huldra! –Se giró a decirle a Thor. –Eso a lo que le hacías ojitos enternecidos es una huldra, una que Harut y Marut nos mandaron y que ahora debe estar en el campamento matando a Dökkálfar y a Encantadora. –Le dijo a Thor. –Si ibas a desperdiciar así ese pedazo de mujer, mejor me la hubieras… –Thor lo agarró del cuello y lo alzó.
–¡Paren ya! –Se quejó Larus, al tiempo que rechinaba los dientes. –Para –añadió en un tono escalofriantemente controlado y fue su tono, no lo que dijo lo que hizo que Thor soltase a ese escupitajo del infierno.
Hasta los oídos de Thor llegó una risita femenina. Se quedó quieto esperando y se volvió a repetir, claramente burlona. Miró a Larus el cual asintió. Sí, él también la oía.
Corsario desenvainó su espada buscando frenéticamente a su alrededor.
–Thor –le habló Larus, –¿dónde están tus…
No pudo completar la frase pues justo en ese momento un flechazo le dio de lleno en la espalda arrojándolo entre la sustancia que tanto se había esforzado en evitar.
Corsario bramó y trató de correr, con el resultado de que andaba a zancadas lentas, en la dirección de donde vino la flecha.
–Dispárame si te atreves hija de mala dísir. –Retó a la dueña de la risa, a quien Thor por fin reconoció. Era su Lady Calimacil.
Se apresuró a izar a Larus, el cual se puso a escupir todo el líquido que pudo, provocándose arcadas con los dedos hasta que consiguió vomitar esa sustancia, sacándola de sus entrañas. Ya se vería si lo había hecho a tiempo. Thor lo sostuvo contra él. Le arrancó la flecha de la espalda sin ninguna consideración, excepto la de fijarse que la punta igual hubiese sido extraída.
Con un grito salvaje, Lady Calimacil le cayó encima a Corsario.
–Dame la espada, no eres digno de ella. Anglachel, Anglachel es para mí –le dijo ella tratando de sesgarle el cogote con un puñal afilado. Corsario no cayó en la ciénaga. Aguantó sosteniendo a la elfa a horcajadas sobre él y luego la alcanzó del cabello y tiró con tal fuerza que Thor vio a Lady Calimacil arquearse sobre su espalda. Corsario agarró la muñeca de la elfa que sostenía el cuchillo y con su considerable fuerza lo llevó poco a poco a la garganta de Lady Calimacil.
–¡Déjala! –Thor quiso soltar a Larus para detener la rencilla pero sabía que si lo hacía, el elfo se hundiría inconsciente.
Los lobos atacan en manada. Por esa razón Thor le había puesto tal apodo a las tres mujeres que Hela puso bajo su servicio. Se complementaban y entendían unas a otras; luchaban como si hubiesen pasado toda una vida entrenándose para ello. Y si Cal estaba ahí, Lotte no podía andar lejos. Thor la vio emerger de entre la neblina, con todos los músculos de su nada femenino cuerpo tensos. Thor gritó una advertencia al verla alzar su hacha contra Corsario; una que fue desoída. El Corsario estaba perdido, no podría con las dos. Lotte le dio de lleno en la cabeza con el mango de su hacha. El cráneo de Corsario hizo un sonido similar al de una fruta al ser aplastada y con una explosión sanguinolenta se derrumbó.
Lotte no dejó que Cal se hundiera en el pantano. La elfa agarró la espada de Corsario. La sacó de la vaina en la que la guardaba y agitándola al aire le quitó algo de mugre de encima. Y entonces las dos se volvieron hacía Larus y Thor.
–No –les advirtió Thor. Disculpándose mentalmente con Larus pues iba a tener que soltarlo para defenderse. –Las conjuro insubordinadas, en el nombre de la diosa Hela. –No les demostró miedo, porque no se los tenía, pero preferiría no tener que matarlas.
–Thor –dijo su Lady Calimacil y le sonrió, un gesto que a Thor no le agradó. –Sólo los más dignos merecen existir. Él no lo era y lo sabes.
–Lo sé –dijo Thor aunque no estaba del todo de acuerdo. –¿Y Larus?
–Un error –respondió Cal. –Confundí sus siluetas en la niebla, tienes suerte de que no te haya dado a ti. Dánoslo y nosotras cargaremos con él, cómo ha sido culpa nuestra. –No le creía. Lady Calimacil tenía sus ojos de elfa y además era una arquera experta. Thor se preguntó si habría derribado a Larus para que no ayudara a Corsario.
Thor retrocedió. Lady Calimacil se distrajo de él. Se puso a tirar de Corsario, sacándolo del fango. Thor notó que éste aún respiraba. Lotte se unió a ella y mientras lo remataban con la mayor degradación que a ambas se les ocurrió; Thor les dio la espalda y se alejó de ahí.
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La bruma se hizo más densa.
Thor recostó a Larus sobre un nicho seco. Se había acercado a una de las montañas, eran escarpadas, como si un gigante las hubiera aserrado y separado. Thor miró la cara lisa e imposible de escalar. Pero a los pies de ese accidente geográfico se podía salir de la ciénaga que era el Gnipahellir. Pudo quitarle las ropas manchadas de sangre a Larus y revisarlo. A veces le pasaba que el eco de cosas que había sabido en vida, se hacía presente cuando necesitaba de ello. Fue un aesir, así que no le extrañó que supiera rudimentos de medicina. La herida tenía bordes rosados y limpios, Thor se atrevió a presionarla con la punta de su cuchillo para ver qué tan profunda era. Le había dado a Larus sobre el omoplato y el hueso había parado el impacto. Debió dolerle como mil mierdas, pero, Thor dedujo que esa no era la causa de su mal estado.
–Debe ser el veneno que tragó. –Se dijo Thor. Su compañero de infortunio tosió y recobró la conciencia. Los draugr de Hela eran duros.
Thor le ayudó a sentarse apoyado en el muro.
–Me distraje –se excusó ante Thor como si fuese su superior. –Estaba oyendo, no sólo la risa de Lady Calimacil, de quien ahora compruebo su locura; sino igual un canto. Era tan bello.
–¿Qué decía? –Le inquirió Thor que se había quitado la capa roja y la estaba exprimiendo.
–No me atrevo a decírtelo, no en medio de este espantoso lugar que trastorna nuestras mentes. – Hubo un relámpago en el cielo nocturno y comenzó a llover. Thor se volvió a poner la capa, consciente de que era inútil secarse. –¿Crees que hayan asesinado a Kranjcar y a sus hombres? –No hacía falta que Larus le dijera de quienes hablaba.
–Quizás no. Lo de Corsario era personal. Encantadora me advirtió que mis lobas no consentirían viajar con él. Debí oírla. –Igual a su Jötnar.
Thor recordó la cara que puso cuando le dijo que no podía ir con él.
"¿Y si hay otro camino?" La pregunta resonó con claridad para Thor.
Más que llover parecía que el cielo se les venía encima. Thor notó que el nivel del pantano estaba subiendo. Thor y Larus acabaron con el agua a la cintura, en un sitio que poco antes estuvo perfectamente seco. Larus tosía de tanto en tanto pero se veía algo repuesto.
–Ojalá se ahoguen. –Musitó el elfo.
Thor se sintió alarmado de repente, como si estuviese contemplando tal número de enemigos que aún él podría ser abatido. Oteó hasta donde sus ojos alcanzaban a mirar; no había nada pero la sensación no lo abandonaba. Raudamente su Jötnar, su Loptr, se instaló en sus pensamientos. Lo escuchó gritar y tuvo la impresión de que estaba defendiéndose con su magia.
–Loptr –le habló Thor –resiste –añadió y echó a andar.
–¿A dónde vas? –La mano firme de Larus frenó a Thor.
–Es Jötnar, no me preguntes como lo sé, pero los demonios han atacado nuestro enclave. Debemos volver, él lleva un bebé, un inocente bebé. –Larus negó con cautela.
–Estás alucinando. Piénsalo, Harut y Marut saben cruzar el Gnipahellir, deben andar tras nosotros, no tienen motivos para atacar nuestro enclave.
–No –rebatió Thor. Aunque la lógica de Larus era innegable, excepto porque él sabía que no era así, que Harut y Marut estaban atacando a Dokkalfar, Encantadora, Sigurd y a su Jötnar. –Y aunque así fuera… –porque entendió, con súbita claridad, que hasta se diría que le descendió desde los cielos; entendió lo que debía hacer. –Tiene un hijo.
Porque él era un héroe. No es que no lo hubiera sabido antes, sólo no le había importado. Pero ahora sí que lo hacía. En su mundo servir a Hela era lo más importante, salvo por esto, por este pequeño pedazo de quien una vez fue; algo que había redescubierto gracias a Loptr. Él iba a salvar a su hijo. Le diría que sí a la pregunta que le hizo, le prometería escoltarlo al mundo de los vivos. Lo pondría a salvo aunque él se deshiciera.
–Eres un draugr –le recordó Larus. –Tienes un solo deber y ese es salvar al dios Tyr.
–Pero fui más que un draugr, y tú igual. Me largo, que la diosa me castigue como mejor le parezca luego.
–¡Thor! –Larus no lo siguió, tampoco lo frenó.
Le parecía que Loptr hablaba en su mente. Si Thor se esforzaba casi podía mirarlo junto a él, pero sabía bien que en realidad estaba lejos, que aunque intentara tenderle la mano no podría auxiliarlo.
–Resiste –repitió. –Por ti, por nuestro pequeño, por mí. –Lo alentó pues era lo único que podía hacer mientras intentaba avanzar entre aguas cada vez más altas y heladas. Pronto estaría nadando. Se giró a buscar a Larus, no estaba en el punto donde se habían separado. No le tomó más que unos pocos minutos el dejar de preocuparse por su compañero.
Quienes ocupaban sus pensamientos eran Loptr y su bebé.
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Dökkálfar estaba muerto. Lo último que Encantadora había hecho por él fue fastidiarlo.
Bjära fue la causa de que fueran capturados. Eran pocos para defenderse, así que Encantadora se había puesto a rastrear demonios a los cuáles seducir para sumarlos a su causa. Se había hecho con treinta de ellos. Jötnar había creado varias filgyas en forma de aves las cuáles circundaban el terreno desde lo alto. Así que los hechiceros se creían a salvo.
Encantadora había estado hablando con Jötnar.
"Un draugr no puede querer" le estaba diciendo ella. "Debes volver a tu hogar. No esperes por Thor, no es seguro que vuelva. Si lo matan reiniciará su existencia ante el trono de Hela y si triunfa… pues bien, no sabemos cuánto puede demorar en liberar a Tyr. Este no es sitio para tener un bebé".
"¿Y tú?" Le había replicado Jötnar con calma. "¿No le quieres?", en su pregunta se adivinaban las ganas de refutarle lo que ella acababa de contarle.
"No. Mi debilidad por él se debe a que en vida me prendé de él. Hice un hechizo para atarlo a mí, pero algo debió salir mal. Y ahora tengo este seidh que me une a él, que prevaleció aún en la muerte. Estoy encariñada de él. Y por supuesto, él le saca ventaja a lo que siento".
"Él… ¿él y tú?" Inquirió el Jötnar con cautela que rimaba con celos.
"Sí" le mintió Encantadora para ver si rompiéndole sus estúpidas ilusiones banales, lograba convencerlo de irse. "Así que cómo ves no hay nada para ti aquí. Debes irte, cada vez estás más voluminoso, márchate mientras aún tengas capacidad para moverte. Dökkálfar, Sigurd y yo, te llevaremos al Elvidner antes de que tu mismo estado sea la causa de que te quedes atrapado".
"Yo no iré a ningún lado" dijo Dökkálfar quien había escuchado su conversación. "Larus me dejó para vigilar nuestro puente". Encantadora rodó los ojos burlona. "Además de que debemos salvar a Tyr, no podemos presentarnos ante la diosa sin él; pues nadie le es tan caro".
"¿Por qué? ¿Qué pasa con Tyr?" Inquirió Jötnar.
"Ama a la diosa" replicó Dökkálfar, "y la razón de eso es que es más humano que todos los demás draugr; pues la diosa le concedió poder recordar su vida. Le devolvió el saber quién fue y cómo fue su vida, aun así, él no pidió seguir hacia el Helgafell; escogió quedarse a su lado". Loptr pareció fascinado.
"Te ayudaré," retomó lo que decía Encantadora, "seduciré más demonios que hagan de tu escolta".
"No" algo de lo que Dökkálfar dijo le había devuelto la necedad. "Ser llevado por un grupo de demonios suena más temerario que esperar por Thor, me quedaré".
"Entonces puedo seducir a Dökkálfar, si lo que necesitas es una escolta más seria" y dicho eso, ella se había dejado caer en el regazo del elfo oscuro y le había rodeado el cuello con sus brazos.
La cara de espanto que él puso, le quitó a Encantadora la concentración necesaria para hacer un hechizo seductor. Se desternilló de risa y le dio un beso al elfo oscuro en la frente. El Jötnar igual se carcajeaba de lo lindo.
Fue en ese momento en que Sigurd había dicho:
"Las aves negras no están, desde hace rato que no las veo planear en torno nuestro". El Jötnar alzó una mano para convocarlas de regreso a él pero nada pasó.
Las filgyas se habían desecho, peor aún, se deshicieron sin que él se percatase de ello. Un fallo en su magia que Encantadora no comprendía. Cuando notaron la brecha en sus defensas tenían encima a Bjära, venía buscando al Jötnar. El seiðmaðr parecía entre agraviado y preocupado, le tomó lo suyo reaccionar, así que Sigurd y ella tuvieron que luchar con ese monstruo. Encantadora lo odiaba porque, el oso jabalí, carecía de raciocinio así que era inmune a su seidh. Al final vencieron a Bjära pero entre esa distracción Harut y Marut habían arribado a través del puente de Dökkálfar, llevaban consigo un centenar de demonios con los cuáles los rodearon a toda prisa. Los cuatro lucharon con desesperación pero su intento era inútil, eran demasiados. Los demonios que ella había seducido fueron abatidos. Harut y Marut se habían ocupado de Dökkálfar. Tenían esta extraña magia, a todas luces muy demoníaca, que consistía en que dejaban fluir su energía desde sus manos como si fuesen zarcillos oscuros, unos que se te introducían por la boca, las orejas, los ojos y la nariz; te contaminaban con su energía y te volvían un títere. Harut y Marut tenían en su poder a Dökkálfar y se habían apropiado de su puente.
Los demonios idénticos no buscaban matarlos pues eso tan sólo los devolvería de vuelta dónde la diosa, por lo menos a los draugr. Lo que querían era llevárselos a su fortaleza a hacerle compañía a Tyr. Querían sobre todo a Dökkálfar, estaban felices con el puente que había creado. Le habían quitado la muleta así que Encantadora lo sostenía pasando uno de sus brazos encima de sus hombros.
Dökkálfar quería derribar su puente pero no podía, su cuerpo ya no era suyo. En un ataque de rebeldía, Sigurd decapitó a Dökkálfar. La sangre del elfo oscuro le cayó encima a Encantadora quien no esperaba eso. Sigurd iba a matarla a ella igual para escapar de las garras de Harut y Marut, pero uno fue más rápido y le clavó una daga en el cogote.
Había sido el Jötnar. Encantadora lo miró inquisitiva. Él negó. No quería quedarse sin aliados y en manos de los demonios. Eso había pensado ella hasta que Jötnar empezó a hablar nevirio con Harut y Marut los cuáles se mostraron amables e inclusive se diría que hospitalarios con él.
"Diles que no usen su seidh conmigo, los seguiré a la buena" le pidió Encantadora, le daba asco pensar en ser corrompida por esa sustancia oscura que los demonios exudaban.
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Harut y Marut dejaron su centenar de demonios atrás, les dieron órdenes de continuar hacia el lago Gjöll, les indicaron que debían matar al guardián de ese sitio, a Hafgufa. A Jötnar y a Encantadora los llevarían a su fortaleza. Encantadora se convirtió en el primer draugr en averiguar cómo hacían Harut y Marut para andar a sus anchas por el Gnipahellir. El paso se anegaba con agua que hacía que el nivel del pantano, venenoso por supuesto, subiera hasta ahogar a los intrusos. Era una defensa más para impedir a los demonios invadir el reino de la diosa. Ahora, Harut y Marut, tenían consigo este bicho llamado Lyngbakr, el cual era un animal pero además era un cambia formas. Se transformó en una especie de serpiente marina enorme, poseía cuernos larguísimos en la cabeza y una hilera de escamas que sobresalían sobre su lomo, desde los cuernos hasta la cola. Los cuatro; Harut, Marut, Jötnar y Encantadora habían trepado sobre su lomo a horcajadas. Lyngbakr era inmune al veneno del Gnipahellir y acarreaba a sus amos como si fuese un monstruoso drakar.
–No pierden la razón –murmuró Encantadora mientras miraba a Harut y Marut parados en el cuello de Lyngbakr, se agarraban de sus cuernos para no perder el equilibrio e iban conversando tan campantes como lo que más. Se suponía que todas las criaturas que intentaban cruzar el Gnipahellir enloquecían y se mataban entre ellos, pero Harut y Marut eran inmunes. Encantadora conjuró un escudo que la protegiera del hálito maligno que flotaba sobre las aguas, se encerró dentro de esta esfera de energía. Desde ahí miraba a Jötnar, tenía su bolsa de cuero colgada en bandolera y se sujetaba la barriga prominente; la miró por un momento y después imitó su hechizo. Ella no sabía que pensar respecto a él, quizás si era un demonio después de todo.
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Un cuerpo apareció flotando boca arriba. Harut y Marut desviaron a Lyngbakr en su dirección acercándose despacio. Cuando la criatura se detuvo, Encantadora se puso de pie para tener un atisbo de la identidad del cadáver.
Era Rojo.
Por un momento había temido que se tratase de Lotte. Harut y Marut lo alcanzaron con la energía oscura que era su seidh y entre ambos lo subieron a bordo. El Jötnar no prestó ninguna atención a su compañero fallecido, estaba ensimismado en sus pensamientos. Encantadora lo pasó de largo con cuidado de no caerse. La esfera en que se había guarecido fue con ella.
Harut o Marut, Encantadora no distinguía cual era cual, desenvainó una daga y con la punta le alzó el labio superior al cuerpo. Encantadora notó que tenía los dientes frontales rotos y además, por lo abultado de sus cachetes, le habían metido algo en la boca. Harut o Marut deslizó con cuidado la daga y sacó eso que tenía atorado; eran los testículos de Rojo. Los ojos de Encantadora fueron a la entrepierna de su compañero por inercia y notó que efectivamente, le habían abierto el escroto.
–¿La causa de muerte fue que lo descojonaron vivo? –Inquirió el otro demonio con desagrado, hablaba en la lengua común.
–No –repuso el primero. –Le hicieron esto después de matarlo. Tiene cercenada la garganta –indicó antes de erguirse y empujar con el pie el cadáver de vuelta al agua.
No habían sido Harut y Marut. Encantadora volvió a su lugar en silencio. Algo más mataba a los draugr que intentaron cruzar el Gnipahellir. Tenía un mal presentimiento, porque ella sabía que cuando Cal torturaba, a veces le metía la punta de un cuerno en la boca a sus víctimas para obligarlos a tragar veneno; y que cuando eso pasaba a veces les rompía los dientes frontales en el proceso.
–Cal, Lotte, Thor –estaba preocupada.
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Siguieron navegando en su barcaza viviente. No cesaba de llover y la bruma que los rodeaba por momentos parecía aún más densa. La visibilidad era escasa. Uno de los demonios le había tendido una botella a Jötnar el cual la aceptó y bebió de buen grado. Encantadora lo vió hacer un gesto de desagrado pero siguió bebiendo. Todos estaban muy callados. Encantadora no sabía que tan grande era el Gnipahellir, ni cuanto tardarían en cruzarlo. De pronto Jötnar alzó una mano y apuntó en una dirección con un dedo, no habló ni se puso de pie; había intuido algo entre la neblina. Harut y Marut desviaron a Lyngbakr en esa dirección. Jötnar trató de acomodarse pero sus puntos de apoyo eran algo escasos. Se sujetó rodeando con su brazo una de las crestas escamosas de la criatura en la que navegaban. El tono azul de su piel parecía haber empalidecido y tenía pequeñas gotitas de sudor perlándole la frente. Encantadora dejó de prestarle atención pues Harut y Marut decían algo en un tono excitado. Jötnar y Amora atisbaron algo flotando sobre las aguas. Todos los viajeros a lomos de Lyngbakr reconocieron la capa roja.
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Lyngbakr se aproximó con cautela. Harut y Marut desenvainaron, no sus dagas, sino sus espadas y los dos se volvieron prácticamente negros, de tanto seidh que desplegaron. Uno de ellos se giró a Encantadora para darle una advertencia.
–Te vas a tragar partes importantes de ti como te muevas –Jötnar no recibió una dosis de amenazas.
Thor estaba flotando boca arriba, pero estaba vivo. En cuanto se percató de la presencia de la serpiente marina recompuso su postura.
–Loptr –llamó con su voz tan masculina que podía convertir a Encantadora, o al menos a algunas partes suyas bien importantes, en jalea. –Loptr –repitió Thor. El adorable tonto estaba sonriendo mientras nadaba en dirección a ellos.
–Está alucinando –concluyó Encantadora.
Harut y Marut lo dejaron aproximarse. Cuando estuvo cerca lo atacaron. Encantadora vio que lo pinchaban con sus espadas; pero Thor no cayó por ello. Se impulsó con su gran fuerza y alcanzó a uno de los demonios por la muñeca tirándolo al gua con él.
–¡Harut! –Gritó el que quedaba y que por lo tanto debía ser Marut.
Thor y Harut estaban tratando de ahogarse uno al otro, porque claro luchar con la espada sin un sitio en el cual pararse, era algo fútil. Harut trataba de maniatar a Thor con los zarcillos de su magia, los cuales ondulaban brotando de sus dedos como si fuesen pequeños tentáculos. Pero Thor le apartaba la cara. Encantadora lo vio darle un puñetazo en la cara a Harut, hallando eso más útil que su intento de estrangulamiento.
Marut estaba desviando a Lyngbakr en dirección a Thor para auxiliar a su doble. Encantadora y Jötnar se agarraron de las escamas de la serpiente como mejor pudieron, sujetándose con las puntas de sus dedos. Encantadora no quería caer al agua, estaba buscando el modo de ayudar a Thor.
En eso una flecha hendió el aire y le dio de lleno a Marut el cual cayó al agua sin siquiera una queja. Encantadora distinguió plumas blancas en la flecha antes de que el demonio se hundiera.
–¡Cal! –Lyngbakr estaba tratando de sacudírselos pero Jötnar ya intentaba calmarlo. Le estaba hablando nevirio a la serpiente marina. –Cal, no dispares –ordenó Encantadora con frustración cuando una nueva flecha le dio a la serpiente en el lomo. Encantadora sintió que Lyngbakr se sacudía. –¡Idiota! Ayuda a Thor en vez de gastar tus flechas con nosotros. –Le pidió a Cal aunque no la veía.
Notó que Lotte ya venía nadando hacia Thor y Harut. Llevaba un puñal sujeto entre los dientes. Harut se apresuró a agarrarle la cara en cuanto la tuvo cerca, llenándola con su seidh; pero atacar a Lotte implicaba descuidar a Thor. El comandante draugr agarró al demonio por la espalda y lo hundió en el agua junto con él.
–Thor –gritó Lotte pero ella no lo imitó. Se quedó flotando procurando mantener la cabeza por encima de la superficie.
Emergieron cerca de la serpiente. Thor se izó con una mano en el lomo de Lyngbakr y con la mano libre haló a Harut consigo. Lo subió también, el demonio había perdido su espada pero Encantadora zafó la daga que llevaba al cinto, se apresuró a ponérsela en el cuello. Harut estaba escupiendo agua hasta por la nariz. El veneno del Gnipahellir tenía efecto rápido, su mirada ya estaba desenfocada.
Thor estaba pasando de largo a Harut y a Encantadora. Se abalanzó sobre Jötnar para estrecharlo. Al menos no se puso a besarlo. Lotte se les estaba acercando con largas brazadas, Cal venía flotando encima de un cuerpo. Era elfa y por lo tanto era ligera así que podía permitirse usar a sus víctimas a manera de barca. Cuando estuvo lo bastante cerca para pasarse al lomo de la serpiente, Encantadora comprobó que el cadáver era de Einheriar.
–¿Es qué se cargaron a todos? –Reprendió a la elfa la cual la miró como si Encantadora fuera una presa también.
–Kranjcar se nos escapó.
–¿Y Larus? –Inquirió la Encantadora que no podía creerse que Cal hubiese podido con él.
–Dije que Kranjcar y Negro escaparon, así que asesinamos a todos los demás. Eran basura, escoria inferior que no merecía existir ni siquiera como draugr. –Los ojos de Cal fueron al Jötnar. –Es esa huldra espantosa –se llevó la mano a la empuñadura de la espada pero Thor se enderezó, imponente y rápido.
–Siéntate, no consentiré más desobediencia de parte tuya. –Cal lo miró desafiante, no acató la orden.
–Es el efecto del Gnipahellir –le dijo Encantadora sabiendo que era inútil. Iban a matarse uno al otro. Lotte los distrajo de su riña pues se puso a vomitar, también ella había tragado veneno que ahora le corroía las tripas. Cal abandonó su alegato para sujetar a su compañera.
–Dile que la salve, que use su magia demoníaca para sanarla –le ordenó Cal a Thor, haciendo alusión al poder de Jötnar.
–Lo haré, cuando salgamos de aquí –lo que Thor menos necesitaba era que Lotte estuviera indemne y dispuesta a seguir a su trastornada elfa. –Siéntate –repitió Thor, poniéndole una amenaza implícita a cada sílaba –o las arrojaré a las dos de vuelta al agua.
Lotte tiró de la mano de Cal la cual finalmente se sentó a su lado. La norn miraba a Thor con atención.
–¿Por qué no te hace efecto? ¿Por qué no estás enfermo como Harut y yo?
Thor no respondió tan sólo sonrió con suficiencia. Se acercó a Encantadora, ella pensó que iba a preguntarle por Dökkálfar y Sigurd, pero en vez de eso agarró por el cuello a Harut.
–Nos guiarás fuera de aquí –le prometió Thor.
Pero por alguna razón, Encantadora pensó que ese "nos" sólo implicaba a Jötnar y a Thor. Todo lo demás no le importaba.
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Tocaron tierra dos días después. Encantadora había tranquilizado a Calimacil y a Lotte compartiéndoles de su magia que la escudaba de la locura. No se tomó las mismas molestias por Thor y por Jötnar. Sin embargo, no pudo evitar percatarse de que igual que les pasaba a Harut y Marut, no sucumbían a la locura, ni se agredían mutuamente. Thor había tomado a Jötnar entre sus brazos para que pudiera dormir, no cesaba de acariciarle el abdomen a su antojo, le susurraba al oído palabras que Encantadora nunca le escucharía.
La lluvia cesó por fin, y en cuanto emergieron del Gnipahellir el nivel del agua comenzó a descender vertiginosamente hasta que Lyngbakr no pudo seguir avanzando entre lodo. Thor se apresuró a romperle el cuello a Harut. La forma de serpiente de Lyngbakr fue disminuyendo enroscándose cerca de su amo fenecido. Cal observaba a la criatura con sus fríos ojos de depredador y cuando juzgó que era el momento sacó la espada y le dio un tajo certero en la unión del cuello con el cuerpo, justo por encima de sus cuernos.
–¡No! –Gritó Jötnar y Thor se apresuró a detener a la elfa, interponiéndose. Estaba más lúcida pero no por ello menos sangrienta. –Lo necesito –siseó el Jötnar viendo que Lyngbakr adquiría la forma de un ave, la cual quizás era la original.
Calimacil por poco y lo decapitó con su ataque, las manos del Jötnar brillaron en el verde esmeralda de su seidh, las heridas del ave se cerraron. Lyngbakr graznó y agitó las alas antes de posarse en el hombro del Jötun. Después de curar al cambiaformas hizo lo mismo con Lotte, tal como habían prometido.
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Loki le acarició el negro plumaje a Lyngbakr, le tendió algo de carne de lindworm que aún llevaba en su bolsa de provisiones. El ave graznó y le picoteó un dedo sin hacerle daño antes de engullir el bocado.
–Debes tener sed –dijo Loki, pues él tenía sed. Igual tenía una botella de vino la cual no dudó en compartir. Se rió cuando Lyngbakr se sacudió erizando el plumaje luego de probar la bebida.
Sintió la respiración de Thor junto a su mejilla y cuando se giró a mirarlo recibió un beso. Tenía esperanzas de poder negociar con la diosa. Estaba muy cerca de Tyr y ese draugr le era el más valioso de todos a Hela. Si tan sólo pudiera apoderarse de él y conducirlo al Elvidner, entonces la obligaría a devolverle el alma de Thor a cambio de Tyr. Thor haría lo que le pidiera y las lobas harían lo que Thor mandase. Todo estaría bien.
Se sobó el abdomen, estaba creciendo cada vez más rápido y había comenzado a socavar su seidh. Había dispuesto de mucho poder por largo tiempo pero las cosas empezaban a tomar un curso que él ya conocía y que temía.
–Vete –le susurró Thor tras besarlo nuevamente. Loki negó y le sonrió.
–No sin ti.
–Iré contigo –replicó Thor plegándose a sus primeros deseos. –Las lobas se ocuparán de Tyr. Te llevaré de regreso y este bombito azul nacerá donde debe nacer.
–Thor, confía en mí, sé lo que hago –le dijo Loki. –Te necesito conmigo en esto, debo llegar hasta Tyr y debo ser yo quien lo conduzca hasta Hela.
–¿Conducirlo? En cuanto lo tenga a tiro le partiré el cuello para devolvérselo a la diosa. –Loki negó.
–No, él debe terminar en mis manos, cuando me pertenezca Hela no tendrá opción, salvo regresarme lo que es mío –Thor entrecerró los ojos, lo sujetó por el cuello como solía hacer y lo acercó por otro beso más.
Loki era generoso con sus caricias. Thor lo besó mordiéndole al final hasta hacerle sangre. Loki se apartó sorprendido de la fiereza del gesto. Se pasó la lengua por el borde del labio, le supo al hierro de su propia sangre. Thor hacía lo mismo emulándolo como si fuese su reflejo.
–¿Para eso es todo esto? ¿Para qué te regrese a Svadilfari?
–No –Loki entendió entonces el motivo por el que estaba molesto. Eran sus malditos celos. –No es por él. No quiero el alma de Svadilfari, sino la tuya.
–¿La mía?
–Te llevaré conmigo al mundo de los vivos, te dejaré cargar este pequeño jötun. –Thor se carcajeó, burlón y cruel.
–Seré un bonito espíritu posado a tu lado. Me pido tu hombro derecho dado que Lyngbakr se ha apropiado del izquierdo. ¿Mi alma? Eres un idiota. –Thor ya se alejaba pero Loki lo alcanzó de un brazo.
–Puedo hacerlo, tengo el poder necesario para revivirte. ¿Prefieres quedarte en este sitio para toda la eternidad a intentar escaparte conmigo? Te pido que des un salto de fe junto conmigo. –Thor lo observaba escudriñando su rostro con avidez. Una de sus manos se posó en la barriga de Loki. Lo manoseaba tanto, que compensaba lo esquivo que Loki se había portado cuando gestó a Hërin. Finalmente Thor asintió y Loki sonrió triunfal. –No dejes que maten a Tyr.
–Hablas como si ya lo tuviésemos a nuestra disposición. Quien sabe qué clase de demonios lo resguardan. Habrá pelea y será bastante dura.
Miraron a lo lejos. El perfil de un castillo se mostraba ante ellos. Estaba sobre una colina de rocas escarpadas y se llegaba a él por un estrecho sendero de grava suelta. Loki se soltó de los brazos de Thor. Laevateinn apareció en su mano. Debía enseñarle un hechizo a Lyngbakr, le mostró su seidh a su acompañante cambia formas y el halcón negro se transformó en un caballo. Emulaba la forma que tuvo Svadilfari cuando Bölthorn lo había transformado antes de entrar al Ginnungagap. Thor le ayudó a montar sin arreos ni silla; se veía un poco receloso de lo que hacían, pero Loki estaba seguro que Lyngbakr no lo derribaría. Le había salvado la vida y ahora era su amo.
Las lobas rezongaron algo de que si el descanso de "su alteza" había terminado, ya podían seguir su camino. Loki no estaba seguro de cuál de las tres era peor, si la insubordinada y cruel Telenma; la soez Holme o la vanidosa Amora. Por él las tres podrían pudrirse, pero Thor y él las necesitaban para vencer y apoderarse de Tyr.
Todos iban con sus armas preparadas.
–Thor –le habló Telenma. –No veo ningún guardia, no hay movimiento. –La voz de la elfa resonó a pesar de que habló en un tono bajo y mesurado. –Que los seiðmaðr manden un Etiäinen o una Filgya por delante. –Sugirió.
Thor estuvo de acuerdo, miró a Loki el cual negó, se le encogió el estómago de angustia. Ya no podía hacer esa magia. Karnilla le advirtió y caso le suplicó, que no dejase que su seidh se agotara dejándolo a la deriva, pero no podía parar ahora. El punto de no retorno para él, fue cuando Amora le pidió volver, allá en su enclave junto al Slid. Ahora estaba demasiado voluminoso para andar sólo y pronto no habría más salida para él que triunfar en su arriesgado plan. Su hijo estaba muy quieto dentro de él, el galope suave de Lyngbakr debía haberlo arrullado. Su pequeño aesir.
Amora cumplió la petición de Telenma, envió por delante filgyas con forma de gatos. Nada útil para luchar pero su sigilo los hacía vigías perfectos. Fueron y vinieron para contarle a su ama que no había nadie, el camino estaba despejado.
Conforme fueron ascendiendo comprobaron que el castillo no estaba vacío. Todas las almenas de la fortaleza estaban encendidas y también había luces iluminando los ventanales. La fortaleza de Garm era enorme y tenía gárgolas con la forma del perro de los infiernos sobre las murallas. Tenía un foso el cual se superba mediante un foso. Loki había oído de labios de Larus y de Dökkálfar, que este castillo marcó la frontera del reino de Hela por un larguísimo tiempo. Hasta que Mephisto se lo arrebató y lo puso en manos de Harut y Marut, los cuáles lo empleaban de fortaleza y asentamiento oficial.
–Si todo se complica debes retroceder –le pidió Thor a Jötnar, –haz que Lyngbakr corra y yo te seguiré. Nos iremos sin Tyr si hace falta pero no te pondré en mayor peligro.
–Que enternecedor –dijo Lotte con sarcasmo. –Los demonios los alcanzaran, espero que maten a tu ramera tan rápido que ni se dé cuenta de ello. Lo lamento por este bebé, a quien le tocó semejante madre.
Thor ignoró a Holme. Le hizo una señal de Loki de detenerse y él frenó su caballo. Thor y las tres lobas avanzaron. Alguien gritó una orden y el puente sobre el foso fue bajado. Un grupo de demonios de caras hermosas pero absolutamente inexpresivas salió al trote del castillo. Sus rostros parecían esculpidos en cera y sus cabellos parecían artificiales pelucas. Llevaban puestas armaduras plateadas decoradas con capas de plumas de colores vivos. Todos llevaban lanzas pero las sostenían contra ellos, no amenazaban con ellas. Formaron dos filas que se desplegaron alrededor de los draugr.
–Bienvenidos –detrás de esa especie de escolta de honor apareció una mujer ataviada en un vestido dorado y largo que refulgía a pesar de la penumbra. Tenía el cabello blanco y peinado en un intrincado chongo que se alzaba por encima de su cabeza al menos un metro. La prenda se le ceñía con soltura a su estilizada figura. Tenía larguísimas pestañas que le rozaban las cejas al parpadear y los labios coloreados de morado. –Bienvenidos sean –añadió abriendo los brazos y haciéndoles una caravana delicada.
–¿Qué está pasando? –Inquirió Holme, ninguno había bajado su arma.
–Los esperábamos. Aguardamos largamente por nuestro lord, Exaj da Afaetr. –La mujer les indicó el interior del castillo.
Loki les había dado alcance y desmontó. Los draugr consultaron entre sí lo que debían hacer y finalmente los cinco enfilaron sobre el puente. Lyngbakr se transformó en halcón y voló al hombro de la mujer quien lo acarició cariñosamente demostrando que se conocían.
Cuando cruzaron el puente descubrieron un patio de armas en el que hondeaban largos estandartes blancos, no tenían ninguna insignia. Había más demonios de cara inexpresiva y armadura de gala. Unos ataviados de maneras ridículas, con sombreros enormes para sus cabezas y túnicas de colores muy chillones vinieron corriendo con una alfombra roja la cual desplegaron ante ellos para que pudieran avanzar. Hermosas mujeres casi desnudas les tiraban pétalos de flores. Holme parecía algo confiada, fue la primera en bajar su arma. Cuando cruzaron el patio de armas y llegaron al interior del castillo, fueron recibidos con un estallido de música y ovaciones.
–¡Salve Exaj da Afaetr! –Decía una multitud vestida como para una fiesta. Algunos de los demonios parecían perfectamente humanos excepto por tener cuernos, otros tenían ojos de insecto o de felino, había algunos que parecían estar hechos de fuego, de hielo, de lodo. Unos eran tan grandes que sus cabezas rozaban las lámparas del techo y otros tan pequeños como un infante.
La mujer del vestido dorado iba delante de ellos deslizándose más que caminando. Los draugr vieron mesas dispuestas con comida y vino, había acróbatas haciendo malabarismos. Todos los reverenciaban.
Thor alcanzó la mano de Loki y entrelazó sus dedos con él, seguía alerta.
–Mis señores, mis señores –se alzó una voz poderosa. Su dueño era un demonio de aspecto completamente humano. Emulaba la figura de un aesir, tenía cabellos rubios y una larga barba de aspecto pulcro. Era musculoso y alto. A Loki le hizo pensar en un Odín más joven. La música cesó y se hizo un silencio reverencial. –Bienvenidos sean, hermosas damas, poderoso Thor y nuestro alabado Exaj da Afaetr.
–¿Quién coño es ese Exaj? –Inquirió Holme.
–Me alegra que lo preguntes graciosa doncella –Holme entrecerró los ojos como si la hubiera insultado.
–Es el mesías, el Gran Destructor del Universo que nos fue anunciado desde hace eones en diversas profecías. Es quien gobernará el inframundo para glorificarlo uniendo por primera vez el trono dela muerte y el trono demoníaco. Contempladlo. –El demonio se apartó reverendo una escultura que no habían notado, la cual estaba detrás suyo. Todos los demonios se arrodillaron nuevamente, ahora ante la efigie.
–¿Pero qué mierdas? –Holme lo dijo pero todos lo pensaron. Inclusive Loki.
Sólo él siguió adelante. Se soltó de Thor y pasó junto al demonio el cual sonreía arrobado. Se paró delante de la estatua la cual era algo más alta que él pero en todo lo demás eran iguales. Los mismos colores azules, los ojos rojos, el cabello negro, los rasgos, todo. La imagen del Gran Destructor del Universo era la suya.
No comprendía nada.
–Pongo a tu disposición este castillo mi señor –dijo el demonio. –Todo cuanto hay en él te pertenece incluida mi humilde persona.
–¿Quién eres? –Preguntó Loki.
–Mi amadísimo Exaj, soy el más humilde de tus siervos a quien comandas, mi nombre es Mephistopheles.
Así que este era el enemigo de Hela, el amo de Harut y Marut, el terrible Mephisto. Loki lo miró desde su posición mientras hincaba rodilla ante él igual que habían hecho todos los demás. Su mirada fue más allá hasta Thor y las lobas. Los cuatro draugr tenían cara de sentirse hondamente traicionados.
Seguramente estaban pensando todos lo mismo: "sí se trataba de un demonio".
Viendo el fasto, la riqueza y la sumisión, inclusive Loki se lo estaba cuestionando.
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CONTINUARÁ…
