¡Hola!
Gracias a Ariadna Simonds, kary muggle, Mery Vedder, Laina.1994, Julietaa, CallMeStrange, anyablac y Anna por los reviews del capítulo anterior. Y a todos, por todas las sugerencias :)
En respuesta a Laina.1994: Hombre, sincerarse se sinceraron, pero estaban como cubas, así que creo que no cuenta mucho XD
En respuesta a anyablack: De hecho, estoy terminando de trazar las líneas argumentales en las que están involucrados los enanos de la tercera generación.
En respuesta a Anna: Suerte con tu examen de historia. Yo lo tuve hace un par de días de la dictadura de Primo de Rivera y de la II República Española. Y sí, la verdad es que es una pena que luego no se acuerden. En fin, citando a Amy McDonald, this is the life.
Ah, y ahora, os hablo del especial. Es para alguien que ha estado desde hace mucho tiempo ahí, comentando y animando, y preguntando muchísimas cosas que yo no terminaba de dejar claras (tengo pendiente hacerle un árbol genealógico detallado de la mitad de los personajes de Cabezotas), y que, aunque últimamente no se deja ver mucho, hace un par de días resurgió cual ave fénix de sus cenizas. Me refiero, claro está, a Emily. Y el personaje escogido, tal y como ella quería, Tom Watson.
"Devuélvemela"
La graduación de los de séptimo año tiene lugar hoy.
Tom observa a la gente bailar, divertirse, dar vueltas como el montón de idiotas que son. No se dan cuenta de que hay millones de cosas más importantes en el mundo que esa ridícula fiesta que celebra que van a ser lanzados al desamparo del mundo exterior, donde no hay profesores ni padres que los guíen y les digan dónde tienen que ir, qué tienen que hacer, y que a partir de ahora sus ridículos cerebros no tendrán otros para pensar por ellos.
Sin que él pueda hacer nada para evitarlo, sus ojos negros van a clavarse en Lisbeth Nott.
La joven no está bailando. Está sentada en un banco apartado, con un vestido verde vaporoso que resalta su belleza angelical, bebiendo cerveza de mantequilla con las mejillas sonrosadas, en parte del calor que desprende el cargado ambiente, en parte a causa del apuesto joven que intenta seducirla de nuevo, pese a llevar un mes saliendo oficialmente con ella.
A Tom no le molesta en lo más mínimo. Mientras pueda robarle un beso en un pasillo vacío y darse cuenta de que cada vez que lo hace la joven es menos inocente, le da igual compartir sus labios con el resto del castillo; sabe demasiado bien que Lisbeth seguirá buscándolo, porque lo necesita.
Aunque desde aquella tarde, hace poco más de un año, en que la besó por primera vez, cada vez es menos acertado llamar a lo suyo besos. Son dedos posesivos y mordiscos que hacen sangre, y tirones de pelo tan violentos que a ambos les duele. Son desgarrones en la camisa de ella y botones desabrochados en la de él. Son los rugidos furiosos de una tentación en la que caerán inevitablemente.
Tom termina de beberse su propio vaso y decide que ha llegado la hora de ir a dormir. Quizá hablar un poco con Scherezade, si ella está de humor. Y si no, también. Se le han ocurrido unos cuantos retoques para su plan y quiere saber qué opina ella; generalmente, su visión más simplificada del mundo es también más esclarecedora.
De modo que sale del Gran Comedor sin hacer caso a nadie y echa a andar con calma hacia la sala común de Slytherin, preguntándose si el fundador de su casa se revolvería en su tumba de saber lo que va a hacer, o si lo aprobaría. Porque muchos considerarán su plan una aberración; pero muchos otros lo aprobarán. El quid de la cuestión está en que no sabe qué opinarán ciertas familias mágicas.
-Tom.
El joven se da la vuelta al escuchar la voz de Lisbeth. La joven lo mira con esa cautela que tiene siempre antes de que él empiece lo que cada vez les cuesta más parar.
-¿Qué quieres?
Lisbeth se muerde el labio.
-Probablemente no volveremos a vernos-Tom asiente, aunque en su fuero interno duda que vayan a dejar de verse sólo porque no estén juntos en el colegio-. ¿Te he dicho que lo que hacemos está mal? Yo estoy saliendo con Harold.
Tom sonríe con ironía.
-¿Te he dicho que yo no soy bueno?-replica. Lisbeth baja la vista-. ¿Sólo querías eso?
La joven se abraza a sí misma, y Tom comprende que no le agrada el frío que emana de él. También sabe que el calor la agobia, lo cual supone una interesante contradicción.
-También…-ella suspira-. ¿Qué vas a hacer cuando salgas de aquí?-pregunta.
-¿Importa?-Lisbeth asiente con la cabeza-. No creo que te guste saberlo.
Tom supone que la joven se irá de vuelta al Gran Comedor con su novio y que, por una vez, logrará ignorar el deseo que los corroe a ambos por dentro. Sin embargo, por primera vez, Lisbeth lo empuja con violencia hasta que su espalda da contra la pared y lo besa.
No puede evitar reírse de la situación. El sonido se queda atrapado en la boca de Lisbeth.
-Creía que estaba mal-comenta, después de una breve batalla, no sólo con la joven, sino también con la parte más instintiva de sí mismo, para separar sus labios de los de ella-. Tu novio estará…
La joven lo interrumpe con un beso, mordiendo con saña su labio inferior.
-No lo digas-gruñe, en un tono agresivo que Tom no le ha oído nunca-. Tú eres peor-le asegura. Él comprende que es un cumplido.
De modo que deja de pensar. No hay nadie en el pasillo, y la música suena lejana, dos pisos por encima de ellos. Ahora nadie puede interrumpirlos.
El cinturón de él cae al suelo al tiempo que un crujido delata la cremallera rota de ella. Tom se gira, aferrado a Lisbeth, de manera que ahora es ella la que está atrapada entre la pared y los dolorosos mordiscos de él.
No se tiran al suelo. No se quitan más ropa de la estrictamente necesaria. Se muerden, se arañan y se tiran del pelo como si estuvieran luchando contra el otro en vez de haciendo… ¿el amor?
Cuando termina, Tom hunde la cara en el hombro de Lisbeth, mientras ambos intentan controlar sus jadeos acelerados y sus corazones desbocados.
En ese momento escucha el sollozo de ella. El joven se separa de Lisbeth y observa con atención su rostro. Una lágrima baja por su mejilla, pero Tom no comprende por qué hasta que mira hacia abajo y descubre la mancha de sangre.
Lisbeth respira hondo varias veces, recomponiéndose, y se limpia la lágrima que ha escapado de su ojo. Entonces mira a Tom.
-Devuélvemela-le exige en voz baja.
Tom comprende que no se refiere a su virginidad, sino a su inocencia, a su bondad.
Pero él no puede darle algo que no tiene.
Notas de la autora: Si esperabais algo romántico, siento haberos decepcionado. De todas formas, espero que os haya gustado.
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