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CAPÍTULO 49

"La Vida Te Da Sorpresas"


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Al llegar a casa le contó a Santana lo ocurrido y ella lo mandó directo al departamento del moreno, si se iba a ir a otro estado, obviamente iba a necesitar su ropa y las cosas importantes que tenía ahí, aunque habían muchas pertenencias suyas en el departamento de ellos.

Kurt corrió a buscarlo, pero lo único que encontró fue el closet vacío. Blaine había estado ahí, pero ya se había ido y no tenía idea de a dónde o cómo localizarlo.

Regresó desolado y cabizbajo, la morena sabía lo que eso significaba y permaneció en silencio por un instante.

- ¿Te dejó el anillo?

- ¿Qué?

- ¿Que si al irse te dejó el anillo o la pulsera?

- No, no había nada.

- Eso es porque te ama y se rehúsa a renunciar a lo de ustedes. Va a volver, dale tiempo de aclarar sus ideas y entonces vas a tener que pedirle perdón y compensarlo de todas las formas posibles de aquí hasta el último día de sus vidas.

- Espero que tengas razón y voy a hacerlo, te aseguro que voy a hacerlo, sólo lo quiero de regreso, necesito saber que está bien.

- Volverá, tranquilo, ya verás como Blaine volverá y podrán arreglar todo este lío.

Lamentablemente eso no sucedió.


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Santana llegó al departamento y buscó a Kurt pero no lo encontraba por ninguna parte y fue cuando escuchó un sollozo, entró de prisa a la habitación del castaño y lo encontró sentado en el piso llorando.

- ¿Qué tienes Kurt?

El negaba con la cabeza y subió sus piernas hasta el pecho aferrándose a ellas.

- Vamos, dime qué ocurre – se sentó a su lado.

- Hoy nos hubiéramos casado.


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Dos años después

- ¿Qué sucede Kurt?

- Hoy empieza el juicio de Jack y estoy exhausto. Su caso es muy complicado y dicen que el abogado del lado acusador es terrible. Estoy nervioso la verdad.

- Y que sea Anderson te pone tenso, ¿cierto? Desde que pasó aquello, cuando conoces a alguien con ese apellido te atormentas pensando que puede ser pariente de Blaine y tal vez sepa de su paradero.

- No eres de ayuda Santana.

- Kurt, tienes que avanzar. No te hace nada bien seguir pensando en él, supéralo, es lo mejor.

- No tienes idea de todas las cosas que siento. No es así de fácil.

- Estoy segura que él siguió adelante, se volvió una persona muy fuerte.

- Luego de lo que le dije, tengo miedo de haber destruido lo que tanto tiempo tomó sanar. En fin, no quiero pensar en eso, ya estoy bastante tenso con este juicio.

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

- Depende.

- ¿Hasta cuándo vas a seguir enojado con Tina?

- Ella siempre supo dónde estaba Blaine y no quiso decírmelo. No importa lo mucho que le rogué, o lo desesperado que sabía que estaba.

- Debes entender que él le hizo prometer que no te diría nada.

- Mejor me voy – bufó – tengo que ir a hablar con Jack.


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Ya en el juzgado, Kurt esperaba sentado junto a su cliente. Observaba con atención a la parte acusadora y estaba ansioso por conocer a su abogado. Había escuchado los peores comentarios de él, desde que era despiadado, que no tenía corazón, que era aguerrido en cada uno de sus juicios y hasta ahora no había perdido ninguno y un sin número de cosas más.

No lo conocía, ni siquiera sabía su nombre, pero se sentía totalmente intimidado. Todos los que hablaban de él se referían al abogado de Clarson y acompañaban la frase con información que sólo lo ponía más tenso.

Escuchó a uno de sus compañeros murmurar – acaba de llegar el abogado de Clarson – y los nervios lo recorrieron, sin embargo trató de mostrarse sereno y confiado, él era un excelente abogado, no podía empezar a dudar de sus capacidades. Cerró los ojos por unos segundos pero una voz que conocía muy bien pero no había escuchado en mucho tiempo retumbó en sus oídos.

- ¡Buenas tardes! Lamento el retraso, se presentó un inconveniente.

- No hay problema Blaine, todavía no empezamos porque el juez no ha llegado, nos avisaron que todo se retrasaría media hora.

- Blaine… - susurró nervioso y se inclinó hacia delante y ahí lo vio, portaba un traje fino, su cabello un poco más corto que antes, la barba ligeramente crecida, como a veces solía dejarse y que a Kurt le fascinaba porque le daba un aspecto sexy y la cicatriz en su rostro, aquella cicatriz que él había amado porque sabía que su novio era más que esa marca en su rostro.

El corazón del castaño empezó a latir con fuerza, tenía ganas de levantarse y correr al lado de aquel hombre de ojos color miel que estaba del otro lado, quería abrazarlo y pedirle perdón para luego decirle que nunca había dejado de amarlo.

El moreno estaba cien por ciento concentrado en su cliente y amigo, no había mirado a los miembros de la parte defensora y en cuanto al abogado que lo representaba, jamás se interesaba en averiguar absolutamente nada de la persona a la que iba a enfrentar.

Una vez que el juez llegó y se realizó la respectiva introducción del caso, se nombró a la parte acusadora: Jonathan Clarson y su abogado Blaine Anderson, y la parte defensora: Jack Anderson y su abogado Kurt Hummel.

Durante el litigio, el ojimiel se mostraba seguro, con aplomo, parecía no importarle ni afectarle la presencia del castaño en lo absoluto, en cambio Kurt era un manojo de nervios.

No sabía si era por el estado de shock en el que permanecía, pero no podía rebatir nada de lo que la parte acusadora presentaba, sus argumentos eran simplemente fantásticos. Por un lado se sentía frustrado, pero por otro pensaba en el gran trabajo que hacía el moreno y se sentía orgulloso de él. Siempre supo que algún día se convertiría en un excelente abogado y le alegraba saber que lo era.

Cuando salieron del juzgado, Kurt se acercó a Blaine y lo tomó por el brazo haciéndolo voltear para quedar frente a frente. Los ojos del castaño se llenaron de lágrimas, había estado buscándolo todo ese tiempo. La mirada del moreno ahora era diferente, carecía de brillo, pero no denotaba tristeza, más bien era gélida y muy atemorizante.

- Blaine, no puedo creer que por fin te encontré – lo abrazó emocionado – te he buscado por todas partes pero parecía que la tierra te hubiese tragado y yo… – Antes de que terminara de hablar cayó al piso con fuerza debido al fuerte empujón que le había dado el otro hombre.

Quienes pasaban por ahí miraban la escena aterrorizados, el ojiazul yacía en el piso totalmente confundido e impactado, mientras que el ojimiel lo miraba con furia – bien, lo merezco, si esto te hace sentir mejor, está bien – articuló cuando salió del shock inicial.

Un guardia que había observado lo ocurrido se acercó a toda prisa - ¿Qué pasa aquí?

- Nada – respondió el ojiazul.

- Yo vi que…

- No pasa nada – se levantó con dificultad y se sacudió. Blaine tenía su mirada clavada en él con esa misma severidad mientras lo veía caminar cojeando.


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- Me odia Santana, hubieras visto la forma en la que me miraba y como me empujó – negó con la cabeza – no voy a poder continuar así.

- ¿A qué te refieres?

- Voy a renunciar al juicio. Simplemente no puedo.

- ¡No vas a hacer eso! Vas a ir, te vas a enfrentar a él y demostrar el excelente abogado que eres. No tienes permitido renunciar, no importa lo difícil que sea la situación, no te vas a dejar vencer.

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Cada día era una tortura, Kurt no sabía si esa forma tan feroz de atacar se debía a que Blaine realmente hacía eso con todos sus casos o era porque estaban enfrentándose.

Dentro de todo lo que ocurría, notaba algo, el ojimiel siempre metía su mano en el bolsillo del pantalón como buscando algo y cuando lo encontraba lo sujetaba con fuerza. No tenía idea de por qué hacía eso o de qué cosa cargaba en el bolsillo.

Pero no era el único que se fijaba en lo que el otro hacía, el moreno también había notado que Kurt llevaba una cadena en el cuello, seguramente con un dije y siempre metía los dedos entre su camisa y lo acariciaba. A pesar del comportamiento distante del ojimiel, no dejaba de mirarlo disimuladamente o de pensar en él.

El ojiazul se sentía acorralado, sus recursos se agotaban y sentía los ataques de Blaine como si fuesen personales. Se pasaba las manos por el cabello con desesperación mientras pensaba cuando las palabras de Jack estremecieron su mundo…

- Es un infeliz mal agradecido, así me paga todos los años que puse un techo sobre su cabeza cuando sus padres murieron.

El castaño abrió los ojos muy muy grandes y volteó para mirarlo… ¿Había escuchado bien?... ¿Ese hombre al que estaba defendiendo sí era familia de Blaine?... ¿Estaba sentado junto a la persona que más daño le había hecho en la vida al hombre que amaba?... ¿Estaba defendiendo a alguien que no lo merecía?... ¿Ese hombre era aquel al que sin conocer personalmente, tanto había detestado por el trato inhumano que le dio al ojimiel?... ¿Acaso Jack era el tío de Blaine?