CAPÍTULO 49 ENSEÑÁNDOTE MI CORAZÓN

Cuando desperté sólo podía sentir suavidad a mí alrededor.

Una ligera y agradable brisa se colaba por algún lugar llegando a mis piernas, refrescando mi cuerpo aunque esa sensación no era la que se llevaba el premio; lo mejor era el cuerpo que sentía a mi lado, pegado a mi piel.

Oh, sí….Edward aún estaba a mi lado.

Fue entonces cuando me di cuenta de cómo mi brazo agarraba fuertemente su cintura con posesión, porque mi propio subconsciente no se podía creer la escena que estaba viviendo. Al fin iba a despertar con Edward al lado, con su piel contra la mía. Hoy, lo primero que vería al abrir los ojos sería su cara, su cuerpo y su caliente mirada. Aún sin abrirlos me aferré más fuerte a él cruzando una de mis piernas sobre sus caderas.

—Buenos días, princesa —dijo acariciando mi espalda —Vamos…abre ya los ojos. Es evidente que estás despierta…—sonreí mientras miraba al fin a Edward. Me apartó el pelo de la cara y me besó en los labios —Mmmm, ¿sabes que estás preciosa al despertar? —susurró. Me dieron ganas de reír en respuesta a su pregunta; dudaba mucho que con el pelo a lo tigresa pudiera estar preciosa. Aun así sus palabras eran una delicia — ¿Cómo has dormido?

—Bien….muy bien. Pero lo que más me ha gustado ha sido esto….despertar contigo.

—Llevo un par de horas viéndote dormir —alcé una de las esquinas de mi labio.

—Podrías haberte levantado. Tiene que ser completamente aburrido mirar como duermo —sonrió.

—Para nada. Haces unos pucheros muy tiernos —rodé los ojos —Además, eres jodidamente posesiva durmiendo, ¿lo sabías? —fruncí el ceño —No has dejado de abrazarme ni de buscarme ni un solo momento.

— ¿En serio?

—En serio —repitió —y me encanta. Tenerte tan cerca es una sensación completamente placentera —me relajé considerablemente mientras sus dedos seguían acariciando mi piel —No quería despertarte, aunque me temo que el descanso se ha acabado por hoy. Tenemos mucho por hacer y mucho por ver…así que levanta ese culo hermoso de la cama y prepárate para hoy.

Mi culo hermoso y yo nos levantamos de la cama con mucha pereza y muy pocas ganas de separarme de él; se notaba la ausencia del calor del cuerpo de Edward. Lo observé con detenimiento mientras se ponía unos pantalones cortos que dejaban al descubierto sus poderosas y musculosas piernas. Si el resto del viaje iba a ser así, y así lo esperaba, ya me podía dar por muerta por una sobredosis de excitación…

—Sabes que no me importa en absoluto tenerte frente a mí en ropa interior….aunque creo que lo más adecuado para ir a la playa es un bikini y algo de ropa ligera. No me haría gracia que los demás te vieran con esas transparencias negras —dijo señalando mi atuendo. Sí…está bien. Moví la cabeza en un vano intento por despejarme.

—Buen punto —dije sonriendo —Aunque la culpa de este desequilibrio matutino es tuya por completo.

—Y del vino, recuérdalo —oh, sí…el vino francés…—Anda, ve a vestirte….hoy quiero hacer muchas cosas….

Su tono de voz y su cara dejaban muchos matices implícitos. Matices con los que apenas tardé medio segundo en empezar a fantasear, por supuesto. Céntrate, Bella….Caminé hasta la maleta en busca de algún traje de baño cuando mis ojos se cruzaron con el móvil de Edward que descansaba sobre una de las mesas bajas que decoraban la habitación. Lo primero que se me vino a la mente fue la llamada que estaba deseando hacer a Matt y que por culpa del cambio horario no había podido hacer, aunque la haría lo antes posible. Lo segundo fue la llamada que recibió Edward anoche. ¿Phill?

—Anoche te llamaron —Edward dejó de sacar ropa de su maleta y me miró ladeando la cabeza — ¿Lo soñé o me pareció oír el nombre de Phill?

—No…no lo soñaste. Anoche hablé con él —fruncí el ceño mientras me acercaba a él.

— ¿Y para qué te llamó? Él sabía que saldríamos de viaje… ¿Ha pasado algo? —Edward soltó la ropa sin importarle cómo cayera. Luego se acercó hasta mí hasta tenerle a tan sólo cinco centímetros.

—Siempre pasan cosas, Bella…Pero no todas tienen que ser necesariamente malas —mi ceño se frunció aún más. Al verlo, Edward me cogió la cara con ambas manos y sonrió —Te prometo que no pasa nada malo, cariño. Todo está bien. No tienes que preocuparte por nada. Sólo me llamó para contarme algo que tiene pendiente…está todo bien…—me besó en los labios. Una vez, dos, tres…. —Relájate y disfruta, ¿podrás hacerlo? Por ti y por mi —asentí —Bien, aunque primero quizás quieras llamar a Matt —alargó la mano y cogió su teléfono para ofrecérmelo —Sé que mueres por oírlo.

Lo cogí. A pesar de que no nos podía ver nadie cogí la camisa que Edward había llevado la noche anterior y me la puse para hacer la llamada de teléfono; aún estaba un poco confundida por la misteriosa llamada de Phill. Aunque no debía preocuparme; Edward me había asegurado que no pasaba nada y yo le creía ciegamente. De lo contrario, si hubieran sido malas noticias Edward no estaría tan tranquilo y relajado.

Caminé hasta el baño sintiendo aquí más intenso el maravilloso olor del mar. Observé a mi alrededor cómo todo había vuelto a estar en orden tras nuestro explosivo encuentro en la bañera; me moría de vergüenza al imaginar qué es lo que habría pensado la persona encargada de recoger todo el desastre.

Me senté en el borde de la bañera y marqué el número personal de Sue. A los dos tonos me respondió esa hermosa voz infantil.

— ¿Nana? ¿Eres tú?

— ¡Cariño! ¿Pero se puede saber qué haces tú con el teléfono de Sue? Sabes que no debes jugar con las cosas de los mayores —una risilla se coló por la línea.

—Ya lo sé, nana…—dijo con paciencia como si fuera a explicarme algo de vital importancia para ambos —Era una sorpresa. Sue me ha dado su móvil para que fuera el primedo en contestar —sonreí.

—Se dice primero, granuja. ¿Cómo estás?

— ¡Muy bien, nana! —por el grito que me había llegado me lo podía imaginar saltando —Hoy…hoy me ha hecho Sue un bizcocho, pero no de chocolate, ¿eh? Sue dice que si como mucho chocolate se me van a poner los dientes negros.

—Eso es cierto. Por eso tienes que hacerle caso a Sue, cariño.

— ¡Lo sé! Pero te prometo que me edtoy portando muy muy bien. Tengo que hacerlo porque mi cumple es dentro de poco…—me reí por el tono que usó.

—Lo sé, granuja…lo sé….

—Y…y…y quiero una fiesta de cumple como la de Tom. Con chuches, regalos, tarta y una piñaca.

— ¿Piñaca? ¿No será una piñata, cariño? —Edward se asomó y me miró sonriendo; no me extrañaría que pudiera oír al enano desde su posición debido a los gritos que Matt estaba dando a través del aparato.

— ¡Sí! ¡Eso! Quiero una cosa de esas…. ¡llueven caramelos, nana! —exclamó maravillado — ¿Estarás para mi cumple conmigo, nana? Por fa, por fa…—miré a Edward; aún seguía observándome.

—Claro, pequeño…claro que estaré contigo para tu cumple. Sabes que no me lo perdería por nada del mundo.

— ¡Bien! Como vas a venir….si quieres te digo lo que quiero para mi cumple…. ¡quiero un perrito! ¡Un perrito de verdad! —fruncí el ceño.

— ¿Un perrito?

— ¡Sí! Quiero jugar con él a la pelota. Y…y quiero sacarlo a pasear…. —de fondo se oyó la voz de Sue —Nana, Sue me manda a cenar…Hay pescado —susurró —Le prometí que me comería todo el pez si luego me daba más bizcocho —otra risilla —Dile al señor alto que me trajo a Bob Esponja que está invitado a mi cumple.

—Está bien, campeón…Se lo diré —suspiré —Te quiero…te quiero mucho, cariño.

— ¡Y yo a ti, nana! ¡Un perrito, recuedda! —voces y más canturreos por parte de Matt mientras le pasaba el móvil a Sue. Negué sonriendo…

— ¿Bella? Bella, ¿cómo estás?

—Sue…Estoy bien. Muy bien, de hecho.

— ¿Estás mejor del accidente? ¿Cómo estás tus heridas?

—Oh, sí…Estoy bien…apenas tengo una marca en la frente. Estoy recuperada por completo. Además, Edward me ha traído a la otra punta del mundo para relajarme…y lo estoy haciendo. ¿Cómo están las cosas por allí?

—Muy tranquilas, para variar. Matt está muy contento, en el cole va muy bien….y Charlie se marchó hace un par de días a un viaje de negocios….así que todo está bien —suspiré un poco más tranquila.

—Vale. Eso está muy bien…Sue…Las cosas van a cambiar muy pronto para mejor, te lo prometo —me pasé la mano por el pelo.

—Que todo pase a su tiempo, Bella. Ahora preocúpate de relajarte y de curarte del todo. Matt está perfecto, por aquí todo va sobre ruedas, al menos de momento. Así que disfruta de estas merecidas vacaciones, ¿entendido? —sonreí.

—Entendido. Os llamaré todas las veces que sea posible, ¿vale?

Cuando apreté la tecla para colgar era consciente de la sonrisilla que adornaba mi cara; no me podía creer que, por primera vez en mucho tiempo, las aguas permanecieran tan calmadas. La tranquilizadora conversación que había mantenido con Sue había sido la guinda del pastel para coronar mi tranquilidad; ahora sí podría disfrutar al cien por cien de nuestra estadía en la isla. Me importaba muy poco si mi padre se había marchado de viaje de negocios, de hecho, lo agradecía porque de ese modo ni Matt ni Sue tendrían que aguantar su ira y su rabia interior. Me daba igual donde pudiera estar su rastrera conciencia porque sabía que sus días de libertad estaban contados. Sabía que pagaría por todo el daño que no había hecho durante tanto tiempo.

Me asee rápidamente, me recogí el pelo y volví a la habitación.

— ¿Y esa sonrisa? —preguntó Edward —Deduzco que la conversación con el pequeño granuja te ha divertido de lo lindo, ¿uh?

—Y que lo digas —le entregué su móvil y caminé hasta mi maleta —Ya me está preparando para su fiesta de cumpleaños…creo que va a ser épica. Por cierto, que te quede claro que estás invitado al evento, señor alto que le regalaste a Bob Esponja…y cito textualmente —me miró sorprendido para luego reír con ganas.

—Señor alto…—murmuró negando con la cabeza — ¿Cuándo es su cumpleaños?

—En tres semanas —dije sacando al fin un bikini blanco y un vestido playero —Y lo mejor de todo es que me ha pedido un perrito como regalo. Imagínatelo —continué mientras me quitaba el sujetador para ponerme la parte de arriba del bikini — ¡Un perro! Sólo de imaginarme la escena y el ataque de nervios que le daría a mi padre al ver al animal en su casa me dan ganas de comprarle uno —me terminé de vestir y me giré para mirar a Edward mientras me anudaba las tiras del vestido. Su sonrisa, aunque no del todo, se había disipado en gran parte — ¿Qué ocurre?

—Desde hoy y para siempre quiero que dejes de preocuparte por ese hombre, ¿de acuerdo? No tienes que rendirle cuentas a Charlie para nada…no le debes nada, ¿me has entendido? —asentí sin comprender del todo su salida de tono —Matt tendrá esa fiesta de cumpleaños y un bicho peludo si así lo desea…Además, para dentro de tres semanas Charlie tiene que estar metido en una jodida celda —me mordí el labio.

—Sue me dijo que ha salido de viaje de negocios. Lleva dos días fuera de casa —sonrió de lado.

—Ya lo sabía, princesa —me cogió de la mano y me hizo girar sobre mí misma. Después me miró de arriba abajo —Precioso bikini, te sienta jodidamente bien —parpadee ante el rápido y drástico cambio de tema por su parte —Vamos, nena…disfrutemos de nuestro día.

Se puso las gafas de sol de una manera tan mortalmente sensual que bien era digno de cualquier modelo protagonista de algún anuncio de Ray-ban.

¿Disfrutar? Lo hicimos…oh, sí lo hicimos…

Lo primero que Edward hizo fue llevarme a desayunar; ya sabía su regla de oro para la estancia en este paraíso…estar bien alimentados para poder con todo. En apenas diez minutos llegamos al mismo restaurante en el que estuvimos la noche anterior. A estas horas el lugar era un poco menos romántico y un poco más ruidoso debido a las obras del exterior. Cuando llegamos los trabajadores estaban terminando de retocar detalles, recogiendo los materiales que se habían quedado esparcidos por las cercanías y limpiando la zona. A pesar de la presencia del jefe Edward, el jaleo y las conversaciones en francés siguieron oyéndose a los lejos. De todos modos, el desayuno fue una gran forma de comenzar el día. Al igual que en la cena, las dedicadas camareras nos sirvieron un desayuno contundente en el que había de todo lo imaginable…como todo el viaje fuera así llegaría a Manhattan con unos kilos de más. Cuando acabamos de nuevo con todas las existencias posibles, Edward me cogió de la mano para salir de allí y empezar con el trabajo que había venido a hacer.

Primero estuvimos en el otro restaurante de la isla. Había gente por todos lados acondicionando el lugar; desde obreros trabajando en el camino de la entrada y en la parte exterior hasta decoradores eligiendo colores para las mantelerías. Tras unas breves presentaciones con el ingeniero jefe—de nombre impronunciable para mí— me confundió por segunda vez en menos de veinticuatro horas con la señora Cullen de manera vergonzosa….aunque la acción era compensada de más con Edward presentándome como su novia. Su novia…sí, sin duda me podría acostumbrar muy pronto a ese apelativo. Sin ningún problema…

Tras una breve visita al interior del restaurante en el que vimos las instalaciones de las cocinas y los planos finales y la disposición del salón, Edward me llevó de nuevo al Jeep, esta vez en una nueva dirección.

— ¿A dónde vamos a ir ahora? — le pregunté a Edward mientras Sam y Seth hablaban entre ellos en la parte delantera del coche.

—Vamos a ir al agua — fruncí el ceño.

—No me digas que me vas a llevar a bucear ahora, creo que no estoy preparada — negó.

—No…eso lo haremos en un par de días, aunque me muero por verte metida en el agua —puso su manos sobre mi rodilla — toda mojada…—subió por el muslo — resbaladiza…. —mi respiración se entrecortó cuando su mano llegó a terreno peligroso.

—Edward —susurré— No estamos solos…—apartó la mano con esa jodida sonrisa que lo hacía parecer el hombre más tierno y más bastardo a partes iguales.

—Más tarde —prometió — Ahora tenemos que hacer un pequeño viaje….

Sam paró el coche frente a un pequeño paseo, una zona tranquila en la que observar el infinito causado por el mar, un pequeño paraíso rodeado de palmeras que se fusionaba directamente con un embarcadero. Al fondo de la pasarela de madera se podía ver una pequeña lancha.

—Hemos llegado, ¿vamos? —miré a Edward y asentí.

Tras coger una pequeña mochila de la parte trasera del coche, cogidos de la mano y con la brisa marina alborotando nuestros cabellos recorrimos el espacio que nos separaba de nuestro nuevo medio de locomoción. Miré hacia atrás sin disimulo cuando no oí pasos a nuestras espaldas.

— ¿Vamos solos? — Edward asintió — Oh…espera, espera… ¿a dónde se supone que vamos? ¿Vamos a ir ahora a….a alguna de estas islitas vecinas?

— ¿Es mi sensación o últimamente haces diminutivos de todas y cada una de las cosas que ves? El avioncito, la cabañita….la islita. Espero que no pongas ningún diminutivo a alguna parte de mi cuerpo — la zorra movió la cola y sonrió enseñando los dientes.

—Eso sería poco menos que difícil, Edward….nada que tenga que ver contigo se puede calificar como pequeño…Pero, centrémonos…no es momento para inflar tu ego un poco más. ¿Me puedes decir a dónde vamos?

—Vamos a dar una vuelta alrededor de la isla. El día está muy agradable y la temperatura es muy buena. ¿Te apetece comer en medio del mar? — miré a la lancha y luego a Edward sopesando la situación. Sin darme cuenta repetí la misma acción dos veces.

— ¿Quién va a llevar la lancha? — Edward sonrió.

—Evidentemente, yo — fruncí los labios — No te preocupes, te aseguro que sé llevar un trasto de estos — rodé los ojos. Por supuesto, ¿acaso no sabría el gran Edward Cullen llevar algo como esto? — ¿Señorita? —me ofreció la mano como si fuera un caballero para subirme al "trasto".

Lo hice no sin reticencias…aunque finalmente me senté en el mullido sillón e inspeccioné todo lo que tenía a mi alcance. Edward, como si fuera un piloto experimentado, arrancó la lancha y la manejó con precaución para salir del embarcadero. Poco a poco nos fuimos alejando de la orilla, acercándonos un poco más cada vez al paraíso de color turquesa.

Todo era una maravilla.

El tenue sol, vagamente cubierto por alguna escasa y despistada nube, se reflejaba en el agua haciéndola brillar en toda su plenitud. Era tan malditamente clara y transparente que en algunas partes podía ver el fondo marino a la perfección. De nuevo aparecieron los peces de colores, los corales y la diversa fauna marina. El olor y la sensación de estar avanzando contra el viento por la velocidad que estábamos alcanzando me hizo cerrar los ojos para disfrutar por completo de la sensación; durante unos minutos ni Edward ni yo dijimos nada. Ambos nos dedicamos a admirar y absorber las sensaciones que nos transmitía todo aquello con lo que nos cruzábamos.

Edward bajó un poco la velocidad.

—Abre los ojos, princesa…

Hice lo que me dijo.

Aunque no estábamos muy alejados de la costa sí estábamos en un punto estratégico en el que se podía ver a la perfección todo el complejo entramado de cabañas que Edward, con la ayuda de los Withlock, había diseñado. Parecían pequeñas cajas de madera suspendidas sobre el agua.

—Parece que están flotando sobre el mar — murmuré distraídamente.

—Esa es la finalidad, Bella…—Edward paró definitivamente el motor de la lancha, se quitó las gafas de sol que lo hacía ver como modelo y cogió la mochila. Me tendió una botella de agua fría y sacó un sándwich para cada uno — Este es un resort de lujo en el cual solo unos pocos agraciados adinerados pueden pagar una estancia de diez días aquí — me explicó — El cliente que viene a un sitio como este sólo busca la tranquilidad, perderse en medio de una isla y disfrutar del mar, la arena y el sol. Y ya está — dio un bocado a su comida. Su lengua furtiva acariciando sus labios me distrajeron por unos instantes — Esta es la forma más cómoda de perderse en una isla.

—Y la más cara — asintió.

—Eso también…—se quedó mirándome durante unos segundos sin decirme nada más. Me di cuenta de que aquí, en medio del mar, sus ojos adquirían un tono turquesa completamente sensual —Me gusta muchísimo este sitio…— sonrió con un deje de tristeza, como si estuviera recordando algo mientras debatía si era bueno o malo…—Tardé un montón de tiempo en conocer el mar, ¿sabes? — olvidé instantáneamente mi bocadillo para escucharlo con atención — Yo era muy pequeño, pero recuerdo que mi padre siempre estaba trabajando. Mi madre me cuidaba….pero era tremendamente complicado organizar unas vacaciones — jugueteó con sus manos — Era más fácil y sencillo pasar los veranos en la casa de campo…el lugar natal de mi madre…— me acerqué un poco más a él metida por completo en su historia.

— ¿Dónde estaba la casa?

—En un pequeño pueblo de Washington. Era lluvioso, frío y casi siempre estaba nublado….todo lo contrario a este lugar. No muy lejos de allí había una playa…no recuerdo cómo se llamaba — murmuró — Pero nunca fuimos a verla, no sé por qué — me miró a los ojos — Aunque no quiero que pienses que no me gustaba. Era muy feliz cada vez que viajábamos allí. El jardín era inmenso y más para un mocoso como yo….Siempre me imaginaba que me adentraba en el bosque como si fuera un explorador en busca de criaturas feroces — sonreí por la historia y por conocer un poco más sobre la infancia más tierna de Edward. Ya conocía parte de su pasado doloroso, ahora quería conocer de sus labios su época más dulce. De todas formas, no me imaginé que me abriera aquí y ahora su corazón ofreciéndome sus recuerdos en un momento como este — Recuerdo cómo mi madre cuidaba de sus plantas….Sus preferidos eran los rosales rojos. Después de la lluvia desprendían un olor increíble — desvió la mirada — Después de morir, mi padre estuvo mucho tiempo sin llevarme allí.

— ¿Por qué?

—Mi madre fue enterrada en el cementerio del pueblo — se ceño se frunció — Mis abuelos descansaban allí. Ella quería estar con ellos…La echábamos tanto de menos…. — suspiró profundamente.

—No es necesario que sigas con esto, Edward. Sé por experiencia propia lo doloroso que es…

—Mi padre se sumió en una gran depresión — dijo ignorando mi comentario — Se centró aún más en su trabajo para poder ofrecerme todo aquello que la vida me había quitado de manera cruel…pero yo solo era un niño que había perdido a su madre. No necesitaba nada material…solo quería su atención… —susurró — Fue entonces cuando se metió en negocios con tu padre — puse mi mano sobre la suya —Durante un año entero trabajaron mano a mano para la apertura del Grand Hotel. Mi padre recibió grandes beneficios y muchos más trabajos…se permitió el lujo de delegar un poco de trabajo a sus empleados. Ese mismo verano mi padre decidió llevarme de nuevo a la gran casa — se apartó un mechón rebelde de la frente — Recuerdo….recuerdo que llovía. Había caído una gran tormenta de verano típica de allí. Estaba jugando con los coches que me regaló mi madre años atrás en el jardín que ella ya no podía regar. Diez minutos después un dispositivo entró a la fuerza en casa para llevarse a mi padre detenido por el asesinato del candidato republicano — apretó las mandíbulas — Los SWAT aplastaron mis coches — dijo de manera distraída — Aplastaron los coches que me regaló mi madre y no pude hacer nada para recogerlos — sus ojos se clavaron en los míos — Esa fue la última vez que pise esa casa…también fue la última vez que vi a mi padre en persona — apreté los labios con rabia.

—Lo siento tanto, Edward…—negó.

—Tú no tienes por qué sentirlo, Bella. Tú no hiciste nada que provocara eso….tú sólo eras un bebé que más tarde se convertiría en otra víctima de Charlie — se relamió los labios y continuó con la historia— La casa se la quedó el estado para pagar las indemnizaciones. Se quedaron con todo lo que mi padre tenía de valor que no era poco….Todo lo demás me da igual, pero juro que recuperaré esa casa al precio que sea.

—Allí viviste momentos muy duros, Edward —sonrió, esta vez con un poco menos de tristeza.

—Pero también hubo felicidad. Mucha…Me ha costado bastante tiempo darme cuenta de esto, pero ahora soy consciente de que pase lo que pase debo quedarme con lo bueno. Recordar lo malo solo sirve para destruir el alma…y yo ya no quiero eso. No quiero más lamentaciones, ni guerras….Cuando volvamos a la ciudad simplemente entregaré los documentos y las pruebas contra Charlie y me dedicaré a vivir la vida. Contigo, si tú quieres — sonreí.

—No está mal la idea…— se acercó a mí y me besó en los labios aunque se apartó mucho antes de lo que hubiera deseado.

—Eso me gusta — ronroneó — Vamos…sigamos con el viaje, ¿quieres?

—Seguimos.

Durante más de media hora estuvimos recorriendo la isla con la lancha. Edward no dejaba de explicarme cosas; los métodos que habían usado para la construcción del complejo, la ampliación a islas vecinas, las excursiones….pero mi mente no dejaban de recordar una y otra vez las palabras de Edward. Yo conocía detalles de la historia, pero oírla desde la perspectiva de ese niño pequeño lo había hecho un poco más doloroso de escuchar. Lo entendía completamente. Yo misma me había sumido en las cosas malas que se habían sucedido a lo largo de mi vida rememorando una y otra vez el dolor dejando de lado las cosas buenas. Ahora quería vivir. Necesitaba vivir sin dolor…y quedarme con lo bueno.

— ¿Ves esa isla de allí? — giré la cabeza para mirar en la dirección que Edward me había indicado mientras la lancha se balanceaba suavemente de un lado a otro. Lo que estaba mirando era un pequeño y lejano trozo de tierra. No podía calcular a cuánto tiempo estaba de nosotros.

—Sí, claro.

—Está desierta — lo miré confundida — Allí no hay nada ni nadie. Sólo las palmeras — sonrió — Podemos ir allí uno de estos días — alcé una ceja.

—Si allí no hay nada… ¿para qué vamos a ir? —su sonrisa se ladeó lascivamente haciendo que se evaporara por completo el regusto amargo de la anterior conversación.

—Bueno…se me ocurren muchas ideas y algunas variaciones de lo que puedo hacer en una isla desierta contigo — quizás Edward no quería que sacara mi zorra a pasear, pero con esos comentarios era imposible retenerla escondida; tampoco tenía pensado luchar con ella, por supuesto.

—Creo que ir a esa islita podría ser una idea estupenda. Una excursión muy….interesante — alzó la esquina de su labio y se recolocó las gafas de sol.

—Apuntado a la lista de cosas pendientes desde ya, princesa…

Cuando terminamos de hacer el recorrido por la zona de construcción en el agua, Edward condujo la lancha de nuevo hacia el embarcadero. No sabía qué planes tenía Edward para las próximas horas; a saber qué es lo que su linda y perversa cabecita estaba tramando….entre la brisa, el calor y el movimiento de la lancha estaba entrando en un estado soporífero insoportable.

— ¿Te ha gustado el viaje? —asentí perezosamente.

—No conduces tan mal el trasto —sonrió mientras amarraba la lancha y me cogía por la cintura para ayudarme a salir.

—Espero que eso sea un cumplido….Ahora me gustaría ir a hablar con el ingeniero jefe —dijo mientras atravesábamos la pasarela.

— ¿El del nombre impronunciable? — murmuré.

—Sí, ese…Mientras tanto, si quieres, puedes empezar con tu trabajo — noté que el sueño se evaporó en gran medida. Lo miré con cara de "¿me hablas en serio?".

—Pensé que eso de mi trabajo en la isla era broma — me quejé abiertamente. No me consideraba una persona vaga, de hecho, me encantaba el trabajo que hacía en el equipo de Edward. Pero, sinceramente, venir a trabajar a un lugar como este era algo así como un sacrilegio.

—No, cariño…sabes que mis bromas son más bien escasas —dijo completamente serio — Ahora ve con Sam, él te llevará. Yo me quedaré aquí con Seth. Si necesitas cualquier cosa pide a Sam que me llame y te daré todo lo que necesites — me dio un cortísimo beso en los labios para luego darme la espalda.

— ¡Hey! ¿Pero cuál se supone que es mi trabajo? — el maldito ni siquiera se giró.

— ¡Ya lo verás! Pórtate bien y haz lo que te digan.

Pues sí. Ni rastro de sueño…

Después del precioso momento que Edward y yo habíamos vivido en medio del mar, de sus confesiones, de su historia… ¿de verdad me había mandado a trabajar? ¿Sola? ¿Pero qué clase de trabajo podría yo realizar en esta isla? No tenía ni idea sobre construcción, ingeniería ni nada por el estilo. Como no cogiera un rodillo para ponerme a pintar paredes de madera no sabía qué otra cosa podía hacer….Además, yo quería estar con Edward. ¿Cuántos días pasaríamos en este maravilloso lugar? Aún no lo sabía, pero no quería estar apartada ni un solo segundo de él, quería aprovechar todo el tiempo al máximo antes de enfrentarnos a todo lo que nos esperaba a nuestra vuelta. La recta final antes de concluir la etapa de Charlie en nuestras vidas…

Sam me miró con una sonrisa en los labios. Genial. Al menos uno de los dos parecía divertirse. Me subí en la parte trasera del coche y crucé las manos sobre mi pecho….ni siquiera tenía un maldito lápiz, por el amor de Dios, ¿qué iba a hacer?

El viaje, como todos los que habíamos hecho hasta ahora, se me hizo bastante corto. Sam detuvo el coche en el edificio que vimos a nuestra llegada a la isla. Edward me había explicado que era el centro de información y las oficinas. Oh, qué bien….Si lo llego a saber en vez de un bikini y un vestido de playa me hubiera traído uno de mis trajes de diseñador. Me bajé del coche antes de dejar que Sam me ayudara; ignoré el dolor que el salto provocó en mi tobillo. Sin decir nada me dirigí directamente hacia las oficinas.

— ¿A dónde va, señorita Swan? — me giré para mirar al guardaespaldas.

— ¿Tú qué crees? Voy a las oficinas…— el hombre negó.

—Creo que no….más que nada porque aún están en obras. Ahí solo hay obreros y, sinceramente y con todos mis respetos, no la veo a usted con un casco de obra — buen punto — Usted tiene que ir allí, a ese edificio de ahí — estreché los ojos para mirar, pero sólo conseguí ver vegetación — Detrás de las palmeras, señorita Swan…

Avancé un poco más hasta que me encontré con un pequeño camino de piedras que terminaban en un pequeño…edificio. Bueno, quizás catalogar a esa construcción como edificio era un poco pretencioso. Yo lo veía más bien como una "cabañita grande". Muy grande, aunque se mimetizaba muy bien con el paisaje. El sitio seguía con la misma línea de estilo de todas las edificaciones que había en la isla, salvo que este lugar estaba completamente terminado. El lugar era hermoso. Había una fuente en forma de cascada en la entrada; su sonido era una melodía puramente relajante. Sus alrededores estaban visiblemente cuidados en cuanto a vegetación, ornamentación y tranquilidad. Miré en la entrada para intentar descubrir alguna evidencia de lo que era este sitio, pero a simple vista no encontré nada.

—Vendré a buscarla dentro de dos horas, señorita Swan — me giré al oír la voz de Sam.

—Ahí no hay nadie…y tampoco sé exactamente qué es este sitio…—como si la hubieran llamado, una mujer bajita, morena y vestida con un impecable uniforme blanco apareció en la puerta. Me dedicó una gran sonrisa acompañada de una inclinación de cabeza.

—Bienvenida al spa del resort, señorita — dijo la mujer con un acento que no supe descifrar. Me giré para mirar por encima de mi hombro, pero Sam ya había desaparecido. ¡El spa! —Si es tan amable de acompañarme empezaremos a hacer el circuito. Espero que nuestros tratamientos sean de su agrado.

Cielo santo.

¿Había dicho de mi agrado? Por supuesto que sí. Durante las dos horas siguientes pasé por diferentes circuitos de aguas termales, piedras calientes, chocolaterapia, ozonoterapia, aromaterapia y todo aquello que terminada en apia. Las trabajadoras del spa me dieron un pequeño aperitivo de todo aquello que se ofrecería a los clientes en un futuro muy cercano. Los masajes, los olores y el sonido de agua que se escapaba de los altavoces camuflados en la exquisita decoración hicieron que mi cuerpo se relajara hasta lo infinito; lo agradecí inmensamente, ya que después de la conversación con Edward necesitaba destensar mi cuerpo como fuera.

¿Este era el trabajo que debía hacer?

Sin duda nada que me pudiera haber imaginado…

Cuando Sam vino a recogerme de manera puntual, como siempre, estaba mucho más hidratada, perfumada y relajada. Me llevó directamente hacia la zona de las cabañas, cosa que agradecí. Edward ya estaba esperándonos allí, sentado sobre la pasarela de madera. Allí, con los pies descalzos colgando hacia el mar y la mirada despreocupada, se le veía contento. Eso me encantaba. En cuanto nos vio se levantó y avanzó hacia nosotros.

—Gracias, Sam. Seth y tú podéis ir a descansar — el hombre se despidió con una inclinación de cabeza. Edward me cogió por la cintura mientras caminábamos hacia nuestro espacio particular — ¿Qué tal? ¿Se ha hecho muy difícil realizar el trabajo que se le ha impuesto, señorita Swan? — lo miré a través de las pestañas.

—No, para nada…Me ha encantado. Probar todos esos tratamientos ha sido algo muy interesante.

—Me lo imagino… — murmuró Edward mientras abría la puerta de la cabaña — Apuesto a que te creíste que te iba a mandar a trabajar — desvié la mirada — Nada más lejos de la realidad, cariño….Te quiero bien relajada…—sonreí como una niña pequeña mientras avanzábamos hacia nuestra habitación — Ahora, dime…¿el spa ha aprobado con las expectativas o no?

—Por supuesto. Todo es una delicia.

—Me alegro que te haya gustado. Puedes ir cuando quieras…

— ¿Y tú? ¿Has trabajado mucho? — me miró mientras se quitaba la camiseta blanca; el movimiento de sus músculos al contraerse provocó mi propia contracción de placer en algún punto de mi cuerpo situado de cintura para abajo. Casi sin quererlo, solté un suspiro de satisfacción.

—Digamos que lo he pasado un poco peor que tú — se acercó a mí de manera peligrosa — Mucho calor, rodeado de obras…Sabes que hubiera preferido mil veces estar contigo — me retiró el pelo de la cara y olisqueó mi cuello — Mmmm, ¿chocolate?

—Sí…— susurré a duras penas — Me han embadurnado con no sé qué sustancia hecha a base de chocolate y…—pasó la mano por la piel de mis brazos — Oh, Dios…Te aseguro que ahora estoy híper sensible — sonrió con un punto de maldad.

—Qué bien. Me encanta — siguió inspeccionando mi piel haciendo que me estremeciera, sobre todo cuando pasó los dedos por mi pecho, simplemente rozando el borde de mi bikini — ¿Tú llena de chocolate? — susurró — ¿Por todos lados?

—A-ha…

—Estás avivando mi lado más cabrón, Bella…—gruñó antes de abalanzarse a mis labios. Por fin, esta vez profundizo el beso usando la lengua como sólo él sabía hacerlo. Sus manos se aferraron a mi cintura, acercándome de manera brutal a sus caderas — De sólo imaginarte con el chocolate resbalando por tu piel me estoy poniendo duro…

Sí….eso podía notarlo perfectamente….El bulto de su entrepierna era más que evidente. Si a eso le sumábamos mi piel sobre excitada y las ganas de estrenar la cama en condiciones que teníamos ambos, la tarde se presentaba mucho más que explosiva.

Edward se deshizo del nudo de mi vestido y de la parte superior de mi bikini para masajear mis pechos piel con piel. De nuevo la ropa esparcida por el suelo y suspiros de placer. Eché la cabeza hacia atrás y dejé escapar un gemido por las maravillas que sus manos me podían causar. Aunque sus caricias me volvían loca no quería dilatar más el momento.

Lo quería en la cama.

Desnudo.

Debajo de mí.

Le desabroché la cremallera del pantalón y arrastré su ropa por sus piernas hasta dejarlo desnudo. Pasé las manos por su pecho hasta llegar a la uve de sus caderas siguiendo los caminos que ya conocía, sintiendo la pulsación de su excitación sobre mi estómago. Aunque la respiración de Edward era más que pesada dejó que explorara su cuerpo con una tensa calma.

—Me gustaría saber qué es lo que está maquinando tu preciosa cabeza — susurró.

—Que hoy quiero mandar yo — sonrió de lado cuando me acerqué a su oído — Voy a saborear cada centímetro de tu cuerpo, Edward…Túmbate en la cama. Ya….


¿Qué os ha parecido la actitud de Edward? ¿Creéis que podrá superar el pasado? ¿Y Matt? ¿Qué os ha parecido su intervención?

Capítulo dedicado a Maru Debuchy, espero que estés mejor!

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

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Muchísimas gracias por seguir apoyando la historia, de verdad. Os agradezco mucho los mensajes de ánimo que me mandáis en este momento complicado de salud que estoy viviendo. Como podéis ver, estos son unos capítulos más tranquilos, creo que es necesario para la historia…espero que no penséis que están carentes de contenido como he leído en algunos comentarios. Os prometo que jamás haría capítulos de relleno, simplemente la historia sigue su curso ;) Nos leemos en un par de semanas!