Chapter 49:
Severus miró al niño que llevaba en brazos con incomodidad. Sus ojos grandes y redondos y su pelo eran del mismo color negro que los suyos; por lo demás, era una copia perfecta de James. Y eso estaba bien para Severus. Miró la poción de cambio de color de ojos permanente y luego volvió a mirar al niño. El padre de James había tenido el pelo negro, así que el detalle del pelo podría ser adquirido por vía paterna. Pero los ojos… demasiado obvio.
Dejó al niño en su cama y fue a por un vaso. Lo miró por un momento y luego lo transfiguró en un biberón. Echó la poción allí y luego un poco de leche de la nevera: los bebés bebían leche, ¿qué tan diferente era la leche materna a la de un cartón de tetrabrik? Él no veía la diferencia y por tanto, no debía de haberla. Se sentó en la orilla de la cama y cogió al bebé en brazos, obligándole a beberse el biberón. Cuando terminó, sus ojos empezaron a cambiar a un bonito color verde. Ahora sí era el hijo de Lily Evans, se dijo orgulloso pero a la vez con pesar.
El niño se durmió y Severus cogió la partida de nacimiento del pequeño. El medimago que le había atendido estaba en el suelo, muerto, pero su firma ya estaba en el impreso. Sólo necesitaba llevarle eso a James y habría terminado su parte. Cogió al niño, que seguía envuelto con la manta que había traído el medimago, y se desapareció en dirección al Valle de Godric. Como la última vez que había estado allí, hacía seis meses, las luces estaban apagadas y los señores de la casa ya estaban durmiendo.
Severus hechizó al niño para que no hablara y entró en la casa, con el mismo sigilo de siempre, que tanto le caracterizaba. Estaba cansado de tener que moverse a hurtadillas a pesar de que hacía pocas horas que había dado a luz, pero esa poción revitalizante que se había tomado y la adrenalina del momento estaban haciendo el efecto esperado. Igual que la vez anterior, despertó a James y bajaron los dos al salón, hechizando a Lily y dejándola desmayada en la cama. Por si acaso.
- Así que éste es nuestro hijo…- dijo James, completamente despierto. Severus se lo dio, y James frunció el ceño al ver sus ojos. El pequeño le agarró el dedo, jugando con él mientras reía. De sus labios no salió ningún sonido.- ¿Qué le han pasado a sus ojos? Parecen los de Lily.
- Es que tienen que parecerlos.- Severus se dio la vuelta, dejando en la mesa del comedor la partida de nacimiento y James no quiso preguntar. Sin embargo, Severus comentó.- Tenía mis ojos.
- ¿Estás seguro de…?
- Cállate, James. No lo hagas más difícil y ponle un nombre al niño, ¿te parece?- le atajó rápida y agresivamente. James se mordió el labio inferior y dijo finalmente, mirando al pequeño:
- Harry. Se llamará Harry. ¿Te parece bien?- preguntó un poco incómodo. Snape garabateó el nombre que le había dicho James y no contestó. Cambió apellidos, rellenó el resto del formulario y dijo:
- Ya está. Quédate aquí con el niño y yo subiré a implantarle recuerdos falsos a Lily.- James se quedó a solas con su pequeño Harry mientras Severus desaparecía escaleras arriba. No estaba bien, no le hacía falta ni mirarlo detenidamente para darse cuenta de eso. Frunció los labios mientras Harry seguía jugando con su dedo, animado pero silencioso y a los cinco minutos bajó Snape.
- ¿Estás bien?- Snape se aguantó las ganas de maldecirle hasta matarle por hacer preguntas tan estúpidas y no contestó.
- Lily se despertará mañana, muy cansada. El medimago te echó de la habitación en cuanto Lily se puso de parto, así que deja que ella hable y te aferras a su versión. Ahora tienes que llevar la partida de nacimiento a San Mungo y luego llamar a la flor y nata de la sociedad para informar del nacimiento de tu hijo.
James asintió y Severus se largó rápidamente. James miró al pequeño Harry y lo apretó contra su pecho, angustiado, mientras le quitaba el hechizo silenciador. Y por primera vez, escuchó su risa infantil y aguda que se clavaba en sus oídos. Pero seguía siendo bella, porque era de su pequeño. Gritó el nombre de Pip, su elfo doméstico y el único que había conservado debido a que a Lily todo eso de la esclavitud de los elfos no le gustaba demasiado.
- Pip, ve y lleva la partida de nacimiento a San Mungo. De parte de James y Lily Potter.- terminó la frase con cierto dolor. No poder decir el nombre de Severus y tener que mentir de esa forma… Suspiró pesadamente, mientras iba al piso de arriba, a la habitación de Harry.
Después de implantarle a Lily esa idea de que estaba embarazada, ella había empezado a comportarse como si estuviera embarazada. Caprichos a media noche, llantos por cosas estúpidas, enfados descomunales por otras tonterías y… Mirar la habitación del bebé y los mil y un artilugios que tendría. James no despreciaba ese comportamiento, pero… Habría deseado haber hecho eso con Severus, haber discutido con él sobre si el puré estaba demasiado caliente o no y todas esas cosas por las que pasa una pareja.
Suspiró de nuevo, dejando al pequeño Harry en su cuna y la tocó con la punta de su varita para que se meciera levemente. Luego bajó hasta el salón de nuevo, se paró frente a la chimenea y esbozó su mejor sonrisa, lanzando los polvos flú al pequeño fuego que había encendido. Gritó 'Hogwarts' y metió la cabeza en la llama verde.
- ¿Director Dumbledore?- llamó. Albus Dumbledore apareció a los pocos segundos frente al fuego.- Tengo una buena noticia, señor: Lily y yo hemos tenido un hijo.
- ¿Un hijo? Vaya, justo lo que pensé. Cuando os retirasteis sin dar mucha explicación pensé que sería lo más racional.- Dumbledore se recolocó las gafas de media luna.- Felicidades, James. ¿Cómo se llama el pequeño?
- Harry, Harry Potter. Ha nacido hoy, señor.
- ¿Y ya le has comunicado la gran noticia a Sirius? Estaba bastante preocupado por vuestro retiro.- explicó. James sonrió tirantemente y comentó:
- Iba a comunicárselo ahora, señor. Me pareció importante que usted supiera sobre esto el primero.
James cortó la comunicación y se sentó en cuclillas, tapándose la cara. Esos seis meses que habían estado escondiéndose y viviendo del dinero ahorrado habían sido… Los mejores desde que salieron de Hogwarts. Sin tener que ver a Sirius y sonreírle y pensar que había estado con Lily y que le había amenazado y aún así eran 'mejores amigos del alma' y merodeadores y hermanos por encima de todo. Suspiró y dijo la dirección de la casa de Sirius:
- ¿Sirius?- quiso ir a su casa pero ahora debía también pensar en Harry. Sirius apareció en su rango de visión un minuto más tarde. Estaba vestido con un pantalón de pijama y el pelo revuelto.
- ¿James? ¿Qué haces aquí?
- Ven a mi casa.- le pidió. Su cabeza despareció en el fuego y ya en su salón, James se retiró. Pocos segundos después Sirius apareció allí, extrañado.- Lily y yo tenemos un hijo.
- Un hijo.- repitió Sirius.
- Sí, Lily acaba de dar a luz un hijo nuestro. ¿Qué no entiendes, Sirius?- preguntó quizás demasiado agresivo.
- Eh, vale, no te pongas agresivo. Felicidades por el niño. ¿Cómo se llama?
- Harry.- por cortesía, James le llevó a la habitación del bebé, donde Harry ya dormía plácidamente. Sirius se acercó a la cuna y le observó.
- Tiene el mismo pelo que Quejicus.- dijo mordazmente. James, tenso, contestó:
- No, Snape tiene grasa en el pelo y Harry no es así.
- Me refería al color de pelo. ¿A quién habrá salido?- comentó con mordacidad. Se incorporó y miró a James a los ojos con determinación férrea.- Sigues viéndote con ese cretino.
- No, sabes que no. Le tuve que dejar por tu estúpida amenaza.
- ¿Y eso?- preguntó Sirius, señalando a Harry.
- Mi padre tenía el pelo negro, Sirius.- con un gesto amenazador, Sirius se acercó y le susurró:
- Sé que te has seguido viendo con Quejicus, James. Le haces daño a Lily y ni siquiera te das cuenta.- James intentó negarlo pero Sirius le cortó.- ¿Cómo sino podrías haber salido de la guarida de Voldemort intacto a la hora de haber sido capturado?
- Lo que yo haga o deje de hacer, Sirius, es cosa mía.- dijo James con voz cortante y gruesa, queriendo cortar esa conversación.
- Oh, no, lo que tú haces no es cosa tuya. Somos hermanos, ¿recuerdas? Amigos hasta la muerte y más allá. Sólo intento salvarte de ir directo a tu destrucción. Y tu destrucción es ese cretino mortífago de Snape. Le cazaré, parece que Crowe también le tiene ganas, aunque no sé por qué. Mientras tanto,- dijo más despreocupadamente.- yo seré el padrino del pequeño Harry, ¿no?
