Esta semana aparco los otros shots y peticiones para dedicarme a la SQW y escribir cada día uno :)!
Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leerme! Contadme que os parece y espero que os guste :)!
SQT 54: Swan Queen Week 5 - Best friend romance.
A veces era una pena que para algunas cosas Storybrooke estuviese todavía algo atrasado, pero claro, 28 años de tiempo congelado no da pie a mucho progreso, por eso Emma estaba en el pequeño videoclub de la ciudad intentando encontrar alguna película que no hubiesen visto ya. Un día de estos tendría que hacer un viaje a Boston y actualizar seriamente la videoteca de Regina, ya se habían visto la mayoría de las películas de la morena y casi todas las que Mary Margaret tenía en su apartamento, quería una película mas actual, pero Internet en Storybrooke tampoco era un ejemplo de rapidez, y no iba a ponerse ahora a descargar una película. Además la piratería estaba mal y todo. Aunque lo dijese ella, que salía con un pirata. Ironías de la vida.
Regina y ella se habían vuelto muy cercanas, llamarse amigas ya no era un concepto extraño, y tenían que aprovechar ese tiempo de tranquilidad tan raro en Storybrooke, ahora que por fin se había acabado el "problema" de Ingrid. A Emma le había entristecido mucho como había acabado todo, no había podido salvar a Ingrid y después Elsa y Anna se marcharon también, y sus padres no fueron los mas adecuados para consolarla en aquellos momentos, Ingrid había sido lo mas parecido a una familia que había tenido Emma antes de llegar a Storybrooke y aunque la mujer ya no estaba aun se sentían incómodamente amenazados. Menos mal que siempre podía contar con Regina. Sonrió al pensarlo, mirando una caratula de Blancanieves en la que salía la Reina Malvada. No se había equivocado al querer ser amiga de Regina, al querer luchar por esa amistad, nunca había tenido a alguien que comprendiese tan bien lo que había pasado, alguien capaz de comprenderla lo suficiente para saber cuando debía discutir y cuando apoyar. Ni siquiera con Lily había llegado a tener ese tipo de conexión.
Se rindió y decidió que simplemente le pediría a Ruby que la prestase alguna película, la camarera tenía un buena colección y solía acertar con sus recomendaciones. Se despidió de la dependienta del videoclub, que ya estaba acostumbrada a verla por allí. Una vez a la semana Emma elegía una película para verla en casa de Regina después de cenar con Henry, era algo así como su noche familiar y nadie mas estaba invitado, ni Hook ni siquiera sus padres. Esa tradición había empezado para intentar animar a Regina cuando Robin se fue con su mujer, pero la morena ya estaba mucho mejor, si no lo había superado ya, Emma estaba segura de que no le faltaba nada. Por supuesto la Salvadora seguía trabajando en su final feliz, pero se alegraba de que no fuese Robin Hood, ese hombre nunca le dio buena espina, Regina merecía algo mucho mejor, no sabía donde iba a encontrar algo así teniendo en cuenta el catalogo de solteros de Storybrooke, pero algo encontrarían. O eso esperaba.
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Después de la cena y la película Henry solía desaparecer, o en su habitación o por la puerta para quedar con sus amigos, dejando solas a sus madres para que hablaran, o lo que sea que hiciesen cuando él no estaba.
- ¿Sabes? Todavía no me has dejado trenzarte el pelo ni hacerte un cambio de look. Me lo prometiste.
Rió Emma sirviendo dos copas de sidra como si estuviese en su casa, aunque para ese entonces ya sabía que tenía que andar con cuidado con la sidra de Regina, era la mejor que había probado, eso era cierto, pero también era la más fuerte.
- No te prometí nada, fue un comentario sarcástico, por que estaba enfadada.
Le recordó Regina cogiendo el vaso que la ofrecía la otra mujer, ya no había ningún tipo de rencor o tensión entre ellas, podían hablar de cualquier cosa, incluida esa.
- Pero hago cumplidos sobre tu ropa todos los días.
Se quejó Emma en broma haciendo reír a la otra mujer.
- Eso es por que mi ropa es maravillosa todos los días.
A la rubia no le quedó más remedio que darle la razón en eso, nadie podía competir con el estilo de la reina, o al menos así lo veía ella.
- ¿Podemos al menos llamar a Hood y colgar?
- ¿Dónde está la gracia si no le vemos la cara?
Respondió la morena levantando una ceja divertida.
- Señora alcaldesa, eso suena a algo que yo diría.
- Quizá paso demasiado tiempo contigo.
- Imposible.
Contestó Emma dándola un golpecito en la pierna con el pie. Le gustaba esa amistad, esa familiaridad que tenían la una con la otra, esa comodidad.
- Por cierto, ¿has notado algo extraño en Henry últimamente? – Preguntó la morena. – Tengo la impresión de que me evita.
Emma negó con la cabeza.
- No he notado nada, pero la verdad es que ahora le veo menos. Entre que vive aquí contigo y que se ha hecho mayor…
Henry tenía mucha mas vida social que antes y la mayoría de las veces su hijo no las acompañaba en sus salidas.
- Seguro que no es nada, tendrá a alguna chica en la cabeza. - Quiso tranquilizarla Emma, aunque Regina todavía parecía lago preocupada. - ¿Sabes? Los padres siempre se meten en las cosas de sus hijos, es una norma universal, tuve un par de padres de acogida que eran hasta demasiado entrometidos. La ventaja es que estamos en Storybrooke y podemos usar magia.
Una perversa sonrisa se dibujó en su cara, señal de que se le había ocurrido alguna mala idea.
- ¿Qué quieres decir?
- Te diría que leyeses su diario, mirases su ordenado o algo así, pero con la magia...no sé ¿no hay algún hechizo para leer el pensamiento o para que tenga que responder siempre la verdad?
Regina se mordió el labio, dudando, no quería ser el tipo de madre que se metía en cada aspecto de la vida de su hijo, ella había pasado por eso y no se lo deseaba a nadie, pero como madre se preocupaba y algo debía hacer.
- No quisiera invadir así su intimidad.
- Puedo preguntarle si quieres.
Propuso Emma encogiéndose de hombros, aunque algo la decía que si Regina no lo sabía tampoco se lo iba a decir a ella. La morena negó con la cabeza.
- ¿Un hechizo pequeñito? Él no tiene por que saberlo, y nos quedaremos mas tranquilas.
Tentó la Salvadora acoplándose al plan, era como lo hacían todo ahora, juntas, en equipo. Por supuesto al final convenció a Regina, que buscó entre sus hechizos y preparó un brebaje que la permitiría leer el pensamiento de su hijo.
- ¿Notas algo?
Preguntó Emma cuando se lo tomó, lo había visto muchas veces en la televisión, si funcionaba algo brillaba, o vibraba o pitaba o hacía algo, pero a Regina no le pasó nada.
- No, pero Henry no está aquí supongo que cuando llegue lo sabremos.
Siguieron tranquilamente con su noche, pero cuando su hijo volvió tampoco pasó nada, ni un solo pensamiento. Regina no entendía que podía haber ido mal, a lo mejor era una señal de que no debía hacerlo. Se despidió de Emma un rato después y se fue a dormir.
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A la mañana siguiente estaba preparando el desayuno cuando escucho claramente un:
- Genial, tortitas de manzana.
Justo un minuto antes de que Henry entrase en pijama en la cocina.
- Se que te encantan.
Su hijo la miró un poco extraño por ese saludo de buenos días, pero se sentó relamiéndose ante un plato de tortitas de mazana.
¿Dónde pusimos el sirope?
- En el armarito de al lado de la nevera.
Respondió la morena sin levantar la cabeza de la plancha en la que seguía preparando tortitas, sabía que en cualquier momento Emma aparecería por allí y querría desayunar también.
- ¿Qué?
- El sirope, en el armarito.
- ¿Cómo has sabido lo que buscaba?
- Lo has dicho, cariño.
- No, no lo he hecho.
Ahora quien miró extrañada fue Regina, habría jurado que le había oído preguntar por el sirope.
- Me lo habré supuesto, siempre las tomas con sirope.
Respondió distraidamente, sin despegar la vista de su hijo mientras se levantaba hasta el armarito para coger el sirope.
Queda poco, me lo acabaré antes de que llegue mamá.
Si, había escuchado claramente a su hijo, pero Henry no había abierto la boca, quien si la abrió fue ella, de la sorpresa, pero prefería asegurarse.
- ¿Qué tal anoche? ¿Hiciste algo divertido?
Preguntó.
Algunos de los niños perdidos mas mayores compraron cerveza para que la probásemos.
- No, nada especial. Dimos unas vueltas y luego bebimos unos refrescos en el parque.
Si, era justo lo que pensaba, estaba leyendo la mente de Henry, el hechizo había funcionado. Tenía que contárselo a Emma en cuanto llegase.
- ¿Estás bien, Henry? Te noto extraño.
Cuanto antes supiese que le pasaba antes podría dejar de preocuparse y antes podría deshacer el hechizo.
No soy yo el que está extraño.
- Solo estoy cansado.
Llamaron a la puerta. ¡Mierda! Pensó Henry, dándose prisa en bañar sus tortitas en sirope para que Emma no pudiese quitárselo. Regina fue a abrir la puerta, todavía no muy segura de si se alegraba de que al final hubiese funcionado el hechizo. Claramente era Emma quien estaba en al puerta.
- Emma, tengo que contarte un…
Voy a tener que prohibirla que me abra la puerta en bata.
Está vez su mandíbula se descolgó del todo, una cosa era leer el pensamiento de Henry, que era para lo que había hecho el hechizo, y otra que le pasara también con Emma.
- Buenos días señorita Mills, ¿que es eso que tienes que contarme?
Saludó la rubia entrando en la casa, dándola una suave palmada en el hombro a modo de cariñoso saludo.
Huelo a tortitas.
Emma orientó la nariz hacía la cocina. Regina se recompuso.
- El hechizo, si funcionó. Puedo escuchar los pensamientos… - Vio las animadas cejas levantadas de Emma, que sonreía. - …de Henry.
Completó, no quería que Emma supiese que también escuchaba los suyos igual que no quería que Henry lo supiese tampoco. La rubia se frotó las manos con malicia.
- Genial, vamos a descubrir todos sus secretos.
- He hecho tortitas.
- Me lo había parecido.
Sin esperar una invitación formal, Emma fue hacía la cocina y Regina la siguió. La Salvadora se sentó delante del plato que ya tenía preparado justo como había hecho su hijo, pero al ir a echar mano al sirope, encontró la botella vacía.
- Te has acabado todo el sirope.
Se quejó mirando a su hijo, que encogió un hombro con una satisfecha sonrisa en su boca llena de tortitas on sirope. Regina abrió otro armario de la cocina y sacó una botella de sirope sin abrir que le acercó a Emma.
- ¿Había mas?
Preguntó Henry sintiéndose traicionado, había estado exprimiendo hasta la última gota de la otra botella para nada.
- No deberías querer quitárselo a tu madre, sabes que también le gusta.
Dijo la morena apoyada en la mesa al lado de Emma, quien le sacó la lengua a su hijo, abriendo la botella para bañar sus tortitas. Cuando Henry intentó alcanzar la botella, la rubia la dejó lo mas lejos posible. Las dos mujeres rieron.
Como no, ya están de acuerdo hasta en las bromas que me gastan. Como tarden mucho mas en darse cuenta voy a volverme loco.
Regina no entendió ese pensamiento de su hijo, que terminó su desayuno en silencio y salió de la cocina dejándolas solas.
Esta mujer cocina de pecado.
Esa había sido Emma, claro, tragando bocado tras bocado de tortitas con una expresión de autentico disfrute que hizo sonreír a la morena.
- Nadie va a quitártelas, puedes comer mas despacio.
Siempre con las viejas costumbres, Swan.
La rubia sonrió con disculpa, comiendo mas despacio.
- Bueno, ¿sabemos ya que le pasa a nuestro joven príncipe?
Preguntó cargando el tenedor y acercándolo a la boca de Regina en vez de a la suya, estaba segura de que aunque las había hecho ella aun no las había probado. Mecánicamente, casi sin darse cuenta la morena abrió la boca y comió antes de responder.
- No, aun no. No entiendo exactamente que es lo que tiene en la cabeza.
- Sabes que puedes contar conmigo para descifrar el pensamiento adolescente.
- ¿Por qué es como tu piensas aun?
Bromeó Regina, Emma le dio un golpecito en la mano con el tenedor.
- Deberías vestirte si quieres que te deje en el trabajo.
Y si no quieres que también te ponga sirope a ti.
Eso tampoco lo entendió, pero la hizo casi y subió a vestirse. Cuando Emma iba por las mañanas, dejaba a Henry en clase y luego a ella en el ayuntamiento antes de ir a la comisaria. Mientras se vestía escuchó como Emma mandaba también a Henry a vestirse y los pasos de su hijo por la escalera hacía su habitación.
No se por qué directamente no vive aquí.
Escuchó que pensaba cuando pasó por delante de su habitación.
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A la mañana siguiente Emma volvió y está vez Regina ya estaba lista.
Vale, tampoco sirve que me abra la puerta vestida normal.
Pensó la Salvadora mientras entraba en la casa.
Debería decirla que me abra directamente sin ropa.
Ese pensamiento la hizo girar la cabeza de golpe, sorprendida, y pilló a Emma mirando en su dirección, concretamente a la zona que quedaba justo al terminar su espalda. La rubia apartó la mirada a toda prisa, como si nada.
Pero seguramente eso solo lo haría todo mas difícil.
Pensó desapareciendo en la cocina. Regina no entendía los pensamientos de su hijo ni de Emma. Además para colmo el día anterior había comprobado que podía escuchar los pensamientos de todo el mundo, las reuniones del ayuntamiento habían sido horribles, incapaz de escuchar lo que decían por que todo lo que llenaba su cabeza eran pensamientos ajenos, tenía que averiguar pronto lo que le pasaba a Henry o darlo por perdido y deshacer el hechizo. Aunque quizá, ya que estaba puesta, podía averiguar también que pasaba con Emma.
A la hora de comer hizo una pausa para ir a Granny's a buscar algo de comer. Y también por la insana curiosidad de saber que pasaba por la cabeza de la gente de Storybrooke.
Genial, su divina majestad he hecho su entrada.
Pensó alguien con ofensivo sarcasmo, aunque Regina no pudo adivinar quien.
Puede que sea malvada, pero yo la dejaría hacerme un par de maldades.
No pudo evitar sentir un par de ojos desconocidos sobre ella después de ese pensamiento.
¿Qué verá en Gold? Podría ser su padre. Por dios, si lo que quiere es un monstruo, yo también puedo serlo.
Esa era Ruby, sin duda, y no la costó nada adivinar en quien estaba pensando, al echar un vistazo a la cafetería vio que Belle y Gold estaban comiendo en una de las mesas del fondo mientras Ruby atendía a los clientes con la misma sonrisa de siempre, nada que indicase cuales eran sus verdaderos pensamientos.
- Buenos días Regina ¿Qué te apetece?
Preguntó metiéndose detrás de la barra para atenderla. Abrió la boca para pedir la comida, pero siguiente pensamiento de Ruby cortó cualquier cosa que fuese a decir.
Es una pena que ella esté también cogida, ahora que no arranca corazones no me importaría si me arrancase otra cosa.
La boca de la reina se terminó de abrir, pero no para hablar, mas bien por la falta de palabras, no sabía que la sorprendía mas, si descubrir que Ruby pensaba así de ella o que pensase que ya estaba cogida. Estuvo a punto de preguntarle por quien, pero se suponía que ella no sabía nada y se mordió la lengua.
Pidió comida para dos y después de que Ruby le diese el pedido al cocinero, volvió para seguir hablando con ella.
- Vas a comer con Emma ¿no?
Realmente no era una pregunta, su amistad no era ningún secreto, y comían juntas varias veces a la semana. Asintió, cotilleando entre un par de pensamientos mas antes de dejarlo, lo que algunas personas estaban pensando prefería no saberlo.
Si Emma no se lanza, juro por la luna llena que no me importaría intentarlo a mi.
- ¿Qué?
No pudo contenerse, Ruby la miró sin comprender.
- ¿Qué?
Preguntó también, Regina movió una mano para quitarle importancia. Se le había pasado la curiosidad y ahora todo lo que quería era salir de allí.
Fue la abuelita quien le llevó su pedido, mandando a Ruby a trabajar mientras le daba la bolsa a la alcaldesa.
- Dile a Emma que no me quedaban garras de oso, pero para compensar la he puesto dos donuts.
Ni siquiera había tenido que preguntar, también había asumido que iba a comer con Emma, y eso que en el pedido inicial ni siquiera había mencionado el dulce favorito de la Salvadora.
- ¿Emma sin sus garras de oso? Espero que no me mate a mi por ello.
Rió la alcaldesa, a muchos todavía les costaba verla así, siendo tan…normal, bromeando, riendo con ellos, interactuando en Storybrooke como una ciudadana mas. La abuelita la sonrió.
- Dile que la culpa es mía, a ver si se atreve a matarme a mi.
Las dos rieron, Regina pagó para marcharse.
Es una autentica pena, serían una pareja adorable.
Esa había sido la abuelita, sin querer escuchar mas, salió de la cafetería.
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Cuando entró en la comisaria todavía seguía pensando en lo que había escuchado en la cafetería, seguramente todo eso tenía una explicación lógica que no tendría nada que ver con lo que ella se estaba imaginando.
Mira quien viene, mi persona favorita en el mundo.
- Mira quien viene, mi persona favorita en el mundo.
Saludó Emma nada mas verla con una sincera sonrisa de alegría.
- Que no te escuche tu madre decir eso.
Rió la morena arrastrando una silla hasta le escritorio en el que estaba sentada la sheriff para quedar delante de ella.
- Bueno, ella ya tiene el titulo de la mas guapa del reino, no puede tenerlo todo.
- Un título totalmente inmerecido.
Bromeó Regina dejando la bolsa con comida encima de la mesa.
- Teniendo en cuenta contra quien competía, estoy de acuerdo. – Mierda ¿de verdad he dicho eso? – No le digas que he dicho eso.
La reina no pudo evitar reír al ver como la cara de la Salvadora se sonrojaba.
- Y si sigues trayéndome comida seguirás siendo mi persona favorita en el mundo.
Dijo queriendo cambiar de tema.
- Veo que eres fácil de complacer.
Contestó riéndose la morena y sacando también su comida.
- Solo contigo.
Respondió Emma sin pensar, abriendo mucho los ojos cuando se dio cuenta de lo que había dicho.
¿Quieres controlarte, Swan? Se reprochó mentalmente. Deja ya esta tontería. ¿Acaso crees que es estúpida? Si llega a darse cuenta de… Solo, para de una vez.
La curiosidad de Regina sobre los pensamientos de Emma crecía cada vez mas, sobretodo por que estaban empezando a encajar peligrosamente con lo que había escuchado en la cafetería. Los siguientes días casi se olvidó de que el hechizo era para Henry y no para Emma, indagando en cada pensamiento que escuchaba de la Salvadora, buscando pistas, pistas que todo el pueblo parecía ver como total claridad y ellas no.
Una tarde estaban sentadas en el jardín de Regina, en una cómoda mesa de madera, sin hacer nada en concreto, solo hablar, pero Regina estaba atenta a los pensamientos de Emma, que por algún motivo intentaba mantenerlos distraídos, lejos de la morena. Se levantó a la cocina para recargar la jarra de té helado y al volver escuchó otra vez a Emma regañándose a si misma.
Por dios, Swan, es tu amiga. Tu mejor amiga. Si, si, lo sabes, lo es. ¿A quien mas tienes? ¿Quién mas te entiende como ella? Sabes que te cuesta mucho tener este tipo de cosas, no sueles estar así de cómoda con nadie. ¿De verdad quieres estropearlo? Para ya. Es tu-mejor-amiga.
Veía a Emma fruncir y desfruncir el ceño, con la boca apretada mientras se echaba la bronca mentalmente. La verdad es que no sabía que la Salvadora pensase en ella de esa forma, desde luego su relación había avanzado hasta un punto en el que ninguna imaginó estar nunca, y si era sincera consigo misma, si la hiciesen mencionar a alguien como su mejor amiga, sería el nombre de Emma Swan el que saldría de su boca. Era un bonito sentimiento, saber que en eso era correspondida, aunque era el resto lo que la tenía mas intrigada, le gustaría que Emma fuese un poco mas clara al menos consigo misma, en su cabeza, también le dejaría las cosas mas claras a ella.
No es como si quisiera tener sexo con ella. Para nada. O no solo eso. No, no pienses eso Swan. No pienses en sexo con Regina. No quieres sexo con Regina. Es mi amiga. No quiero sexo con ella…Quiero besarla, primero despacio, lentamente, luego con pasión. Si, eso estría bien. No, Swan, no estaría bien. O si. Y podría agarrarla bien cerca de mi, pegarla a mi mientras la beso ese cuello real que tiene. Y lo muerdo, con la respiración acelerada, parando solo para recuperar el aliento. Y después el sexo. Vio como Emma juntaba las piernas y se daba una palmada en la frente. Mierda.
Si, mierda, Regina entendía perfectamente por que estaba viendo a la Salvadora tener ciertos problemas para respirar con normalidad, a ella le estaba pasando lo mismo, agarrada a la jarra de té helado. Las imágenes se habían formado en su cabeza exactamente igual que en la de Emma y, oh dios mio. Era su mejor amiga, no quería estropear esa amistad por un calentón.
Volvió a la mesa con normalidad, y Emma la sonrió con normalidad también, cogiendo la jarra de sus manos para servir los dos vasos.
No quiero estropear nuestra amistad diciendo algo estúpido, prefiero estar así. Los enamoramientos se pasan.
Regina levantó la vista de su vaso para mirar sorprendida a la Salvadora. ¿Enamoramiento? Desde luego ya no estaban hablando de un simple calentón. En realidad no estaban hablando de nada, era solo Regina metiéndose en la cabeza de Emma. ¿Quería ella besar a Emma? Claro que si, había que ser ciego, o estúpido, o las dos cosas para no querer besar a esa mujer. Pero si la rubia pensaba así sobre ella, no entendía que hacía con Hook.
- ¿Puedo preguntarte algo Emma?
Si, quiero. Pensó la Salvadora como broma interna, y a Regina le costó no reír.
- Claro.
Respondió en voz alta la rubia.
- Seguramente sea meterme donde no me llaman… - Pero un poco mas ya daba igual. – pero…¿Por qué estás con el pirata?
Oh.
- Oh, pues…él es bueno conmigo ¿sabes? Es divertido…a veces. Nos lo pasamos bien. – Se encogió de hombros. – Y me quiere.
Regina prefería no pensar en que hacían Emma y la maravilla sin mano para pasarlo bien, no se imaginaba a ninguno de los dos muy aficionados al ajedrez.
- ¿Y tu a él? ¿Le quieres?
Siguió indagando la morena, aunque seguramente ya estaba pisando un terreno demasiado personal.
Ni que fueras tu.
- Yo…bueno…en cierto modo supongo que si…le tengo cariño, me preocupo por él.
- No es eso lo que te he preguntado.
Emma se encogió de hombros otra vez.
- Esto no es el Bosque Encantado, menos mal, no todo tiene que ser amor verdadero y definitivo, a veces dos personas pueden estar juntas solo por que disfrutan de su mutua compañía. Y el amor puede llegar mas adelante.
- ¿Y si no?
- Si no…al menos tendrás a alguien a tu lado que sabes que te quiere. Tampoco tengo muchas opciones ¿sabes?
La rubia se echó a reír por sus propias palabras.
- Te sorprenderías.
Respondió Regina también con una risita, por lo que había escuchado esos días, Emma Swan tenía su buen club de fans.
- Mereces a alguien que te quiera Emma, pero también alguien a quien quieras tu.
La Salvadora se inclinó sobre la mesa hacía Regina.
- ¿Alguna sugerencia?
¿Te ofreces voluntaria?
- Si.
- Bueno, dime.
Rió Emma esperando nombres, Regina no había caído que su respuesta había sido para la pregunta que en realidad no había hecho.
- Pues…estoy segura de que mucha gente en esta ciudad se ofrecería voluntaria.
- Nadie que me interese, seguro.
Rió la Salvadora volviendo a echarse para atrás. Regina no sabía que hacer, su amistad era muy buena, realmente buena, su amistad era maravillosa y no quería perderla, no quería estropearla cometiendo un error. Ese era siempre el peligro cuando te enamorabas de un amigo, algo que ella no había vivido hasta ahora, siempre estaba la duda de ¿y si todo sale mal? Siempre estaba el riesgo de estropear la amistad. Pero si no corría el riesgo, lo único que tenía claro era que perdería esa oportunidad con Emma. Y sabía perfectamente que la rubia no iba a decir nada, no iba a dar el paso, para ser sincera ella tampoco lo haría si no contase con la ventaja de poder leer el pensamiento de la sheriff, así que la decisión estaba en sus manos. Y después de todo, se decía que las mejores relaciones estaban cimentadas en la amistad, que no había mejor pareja que tu mejor amigo.
- Emma…¿nunca te ha pasado que…te levantas una mañana, y algo que siempre había estado ahí…de repente ya no es lo mismo? Lo ves con nuevos ojos.
La rubia entrecerró los ojos sin saber exactamente a donde quería llegar la morena, pero dispuesta a descubrirlo.
- Si, claro. - Me pasó contigo. Mierda. Mierda. Mierda. - ¿Cómo por ejemplo?
Regina se lamió los labios que se le habían quedado secos, tenía un segundo para decidir.
- Como por ejemplo una persona, que un día es tan solo tu mejor amiga y de repente un día al mirarla… - Miró a la Salvadora a los ojos. – Sigue siendo tu amiga, pero también algo mas. También es la única persona con la que te imaginas estar, la única…
- Con la que te imaginas pasar el resto de tu vida.
DiosmioDiosmioDiosmio. Por favor, que no tenga otra mejor amiga.
Regina no pudo evitar sonreír, se levantó de su sitio enfrente de la Salvadora para sentarse a su lado.
- Eres mi mejor amiga, Emma. – DiosmioDiosmioDiosmio. – Y no puedo imaginarme con nadie mas.
Dijo como si fuese lo único lógico y con sentido del mundo, con un vago encogimiento de hombros. La mas brillante de las sonrisas se extendió por la cara de Emma mientras se inclinaba hacía la morena para besarla, primero despacio, con una lentitud exasperante que la reina cambió por un pasional beso, pegándose a la Salvadora, con la respiración acelerada. Antes de poder llegar a mas, escucharon un ruidoso aplauso de una sola persona. Su hijo estaba asomado a la ventana y aplaudía con diversión.
- Por fin. – Gritó por la ventana. – Si tenía que seguir soportando veros tontear la una con la otra sin daros cuenta iba a acabar volviéndome loco.
Regina entendió de golpe.
- ¿Era eso lo que te pasaba?
- Si. Y ahora, por mucho que me alegre, esas manos donde pueda verlas, estáis en el jardín y hay menores con ventana.
Dijo cerrando la suya. Regina no se lo podía creer, al final el hechizo que había hecho por Henry no le había servido con el.
- ¿Y tanto le costaba decírnoslo?
Dios, quiero besarla otra vez.
Emma se encogió de hombros.
- No hay quien entienda a los adolescentes.
- Pensaba que tu si.
Bromeó la reina que todavía estaba pegada a la rubia.
Ahora mismo mis hormonas están teniendo unos impulsos muy adolescentes, eso seguro.
- Supongo que me hago vieja.
Rió Emma sin poder evitar mirar a los labios de la morena, que no la hizo sufrir más y la besó de nuevo, disfrutando de lo bien que encajaban sus labios con los de la Salvadora.
¿Será pronto para desnudarla?
Ese lascivo pensamiento cruzó la mente de Emma y contagió la de Regina.
- Deberíamos movernos a un lugar en el que no haya ventanas con menores.
Susurró agarrada al cuello de la chaqueta de Emma, la rubia asintió con otro pasional beso mientras se levantaba.
Todavía no me lo creo. ¿Regina siente lo mismo? Por dios que sea que si.
- Y después tengo que deshacer el hechizo de leer el pensamiento.
No le hacía falta leerle el pensamiento a Emma para saber lo que pensaba, era una conexión que ya tenían desde hacía tiempo.
