54
Conexión
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—¿Y ahora qué? —preguntó Ron luego de que Hermione tomara el frasco de sus manos y lo posara sobre sus labios para beber un gran sorbo.
—Nada —le informó, volviendo a colocar la tapa y cerrando el frasco con su varita mágica.
—Estás bromeando… ¿Eso es todo? —protestó Ron. Se sentía exactamente de la misma manera que antes de haber probado la poción, excepto por el hecho de que su estómago se revolvía. «Sin duda sabes peor que la poción multijugos«», se dijo.
—Así es —dijo Hermione, guardando el resto de la poción en la mochila antes de inclinarse para volver a dejarla sobre el suelo—. Dado que no desaparece gradualmente —dijo ella, mientras se sentaba de nuevo—, tal vez hace efecto de la misma manera.
—¿Así que tú tampoco sientes algo? —se preguntó, sonando algo acusatorio.
—Hice la mezcla correctamente —espetó Hermione de la nada.
—¿Puedes… o no…? —balbuceó Ron—. ¿Está leyendo mi mente?
—No necesito hacerlo —replicó ella, mientras se deslizaba por debajo de las mantas en su cama y escondía su cuerpo a la vista—. Sólo hace falta verte la cara.
—Ah —dijo en tono aliviado y un poco decepcionado al mismo tiempo—. Así que no está funcionando, ¿no? —preguntó, tirando de la colcha para meterse entre las sábanas a su lado.
—Cuando funcione tampoco vamos a poder leer nuestras mentes —aclaró ella—. Sólo sentiremos emociones fuertes, ¿recuerdas? No voy a saber todo lo que estás pensando.
—Bien, eso me gusta —bromeó Ron. «Porque si supieras lo que pienso la mayor parte del día probablemente me matarías».
—¿Qué estás pensando? —inquirió Hermione, dándose la vuelta y apoyándose sobre el codo para mirarlo con desaprobación—. No serás capaz de guardarte algunos secretos ahora, ¿o sí, señor Weasley? —bromeó finalmente, rompiendo en una sonrisa y poniendo una de sus manos en su estómago—. Porque si así fuera —dijo, trazando círculos con sus dedos—, tendré que torturarte para que me los cuentes.
—Con que crees que puedes dominarme, ¿verdad? —se burló Ron—. En caso de que no lo hayas notado —dijo y dejó caer sus ojos al talismán de plata que colgaba entre sus pechos—, no tienes varita y yo soy más grande que tú.
—Mientras más grandes son, más fuerte caen —dijo Hermione con ligereza cuando vio a Ron con una sonrisa. «Y tú vas a caer», pensó ella, justo antes de posicionar sus dedos más abajo del estómago y subirse sobre él.
—¡No es justo! —gritó Ron, sorprendido, retorciéndose debajo de ella y tratando de escabullirse cuando Hermione comenzó a hacerle cosquillas.
—¿Y quién dijo que iba a ser justa? —rió ella mientras seguía torturándolo con esas cosquillas—. Como tú eres más grande que yo, tengo que compensarlo de algún modo.
Pero tan pronto como las palabras salieron de su boca, la situación cambió inesperadamente. Antes de que Hermione se enterara de lo que había sucedido, se encontró acostada sobre su propia espalda con Ron subido encima.
—Yo también puedo hacer trampa, ¿sabes? —dijo complacido, agarrándole las manos y usando todo su peso para mantenerle el cuerpo presionado contra la cama mientras llevaba sus muñecas contra la cama a ambos lados de la cabeza.
—¡Quítate! —gritó Hermione, empujándolo hacia arriba para lograr que él perdiera el equilibrio y poder golpearlo. Le molestaba que hubiera sido tan fácil para él dominarla y, sin embargo, al mismo tiempo, había algo interesante al respecto. Tal vez era el hecho de estar dando vueltas en la cama completamente desnudos o la forma en que los ojos de Ron habían echado un rápido vistazo a su cuerpo antes de levantar la mirada y fijarla en su rostro otra vez, pero tenía que admitírselo. Estaba tan enfurecida por el hecho de casi no poder defenderse como excitada—. ¡Fuera! —gritó una vez más, plantando sus pies en el colchón y elevándose por debajo de él para intentar voltearse.
—¿Estás…? Santo cielo —exclamó Ron, abriendo mucho los ojos mientras la veía enrojecerse—. Esto te calienta.
—Claro que no —mintió ella, pero el color en sus mejillas era cada vez más evidente, ya que la vergüenza se añadió a la mezcla de emociones que estaba sintiendo. ¿Cómo podía excitarse por el hecho de estar luchando y no tener el dominio? Era un fanática del control, claro está. Ella siempre quería ser quien estuviera al mando.
«Salvo en el dormitorio», le susurró una pequeña voz en el fondo de su mente. «Te calienta que él sea quien domine».
—Claro que sí —respondió Ron con una sonrisa.
—Mira quién habla —espetó Hermione, bajando los ojos hasta su erección y esperando poder echarle la culpa a él.
—No es mi culpa —informó Ron, indignado—. No se puso así por mí—agregó—. Esto es causa tuya —afirmó, sonriendo de nuevo—. Estabas molesta pero te excitaste, y eso te molestó aún más. Puedo sentirlo. Sólo un poco —admitió, cuando Hermione inconscientemente arqueó una de sus cejas—. No es mi culpa que te muevas tanto bajo mío.
—Idiota —dijo Hermione, pegándole en el hombro cuando él se enderezó en una posición más vertical.
—Te gusta —se burló Ron, y sus ojos azules brillaron—. Admítelo.
—No lo haré —replicó ella con una voz digna.
—Admítelo o no tendré más remedio que torturarte para que lo hagas —contestó Ron, dando una de sus sonrisas ladeadas. Sin duda estaba disfrutando de esto. La tenía en su poder y ambos lo sabían. Aun así, estaba hablando de Hermione y ella nunca admitiría la derrota, algo que él ya tenía en mente.
—Una amenaza vacía —replicó ella con una sonrisa de suficiencia—. Yo no soy la que tiene cosquillas.
—Tal vez no —dijo Ron, lamiéndose los labios y permitiéndole a sus ojos vagar sobre su cuerpo delgado una vez más—, pero aún sé cómo hacerte retorcer —anunció, metiendo su mano entre los muslos de ella—. Lo sabía —proclamó triunfalmente cuando un dedo se deslizó entre sus pliegues un breve instante para confirmar lo que sospechaba—. Vamos a escucharte negarlo ahora —se burló él, sonriéndole con arrogancia.
—Presumido —respondió Hermione, sin poder dejar de sonreír cuando sintió una inesperada ola de orgullo surgir en su vientre para luego desaparecer. «¿Qué ha hecho para sentirse de esta manera? », se preguntó, al darse cuenta que había sentido una emoción perteneciente a Ron—. Más vale que te detengas o comienzo a llamarte "cabeza de zanahoria" —amenazó ella, tomándolo por sorpresa. «Eso te enseñará a no aprovecharte de la situación», pensó, sabiendo lo mucho que le molestaría que se burle de su color de cabello.
Justo en ese momento, la boca de Ron se abrió por la indignación, pero se recuperó rápidamente. Mucho más rápido de lo que Hermione hubiera esperado, de hecho. Probablemente porque él pudo sentir que ella realmente no quiso decir lo que dijo.
—Bueno, se está agrandando cada vez más —dijo torpemente, mirando hacia su erección para luego darle una sonrisa pícara—. Aunque no es como si te hubieras quejado antes —añadió, una vez que ella se quedó sin aliento. «Caíste», pensó, riendo en voz baja. «Yo también puedo jugar este juego».
—No puedo creer que hayas dicho eso —dijo Hermione, todavía boquiabierta por el asombro.
—Deja de tratar de cambiar el tema —disparó Ron, moviendo su dedo hacia arriba para que él pudiera tocarla donde ella era más sensible—. Admítelo —exigió, acariciándola suavemente con un movimiento circular, al igual que ella le había enseñado a hacerlo—. Admite que estás... caliente. No hay porqué negarlo, amor —dijo, manteniendo la vista fija en los ojos de ella cuando detuvo la caricia y mojó su dedo contra su cuerpo—. Estás increíblemente caliente —gruñó Ron cuando ella gimió y él sintió cómo sus pliegues se cerraban alrededor de su dedo—. Me vuelves loco, Hermione. ¿Lo sabes? No tienes idea de lo mucho que te deseo —dijo él. Su pecho subía y bajaba rápidamente mientras tiraba su dedo hacia atrás y lo metía en ella de nuevo.
Aunque la verdad era que Hermione lo sabía. Tendría que estar ciega para no ver la forma en que su cuerpo había respondido. Pero era más que eso. Podía verlo en sus ojos también. Sus brillantes ojos azules se habían oscurecido hasta quedar de un esfumado color cobalto que ahora ardían de deseo. El mismo deseo que se difundía directamente hacia su cuerpo, no sólo con sus acciones o sus palabras, sino a través del vínculo que compartían. Hermione podía sentir que Ron la quería. Su necesidad la atravesaba entera y se mezclaba con la propia. Lo que ella no sabía era que su propio sentimiento era enviado de vuelta hacia él, creando un circuito de retroalimentación de creciente deseo entre los dos.
—Oh, Mione —jadeó Ron en voz alta cuando la pasión de ella se estrelló contra él e intensificó la propia. Había querido esperar. Había querido tomarle el pelo y manipularla. Él había querido asegurarse de que ella pudiera disfrutar antes de que él le volviera a hacer el amor, pero de repente todo se sintió diferente y supo que quizá no podría esperar tanto tiempo.
—Está bien —dijo Hermione, como si se hubiera detectado su vacilación, enderezándose y envolviendo sus brazos alrededor del torso de Ron para apretar sus labios contra su cuello—. Yo también te deseo —susurró, esparciendo su aliento caliente contra su piel—. Ahora —exigió, lamiendo su camino hasta la oreja y volviendo a su cuello, tirando de él para ubicarlo encima de ella—. Te quiero ahora —dijo, justo antes de que la boca de él se estampara en la de ella.
…
—Oh... ¡Oh, Merlín! —gimió Hermione por la impresión, cuando Ron empujó su ser dentro de ella una última vez y el barril de deseo la golpeó fuertemente en su centro sin previo aviso, causando que su cuerpo entero temblara por completo sus pocos segundos antes de que los brazos de él cedieran y cayera encima de ella—. ¡Oh, Ron! —gritó ella dando un gemido ahogado mientras una dulce ola de liberación se apoderó de ella, lanzando choques de placer por todo su cuerpo hasta la punta de los dedos de los pies.
«No se suponía que esto fuera a pasar», fue el primer pensamiento coherente para estalló en su mente cuando Ron se las arregló para salir de encima de ella y ambos lucharon por recuperar el aliento. «No debía haber sido así».
No esperaba que Hermione tuviera un orgasmo simplemente gracias al coito. No tenía sentido que eso sucediese todavía. Era demasiado pronto y todo muy nuevo. No sólo para ella, sino para él también. Los dos eran demasiado inexpertos como para que eso sucediera. Todos los libros le había advertido que ella debería acostumbrarse a él primero. Y sin embargo, claramente, los libros se habían equivocado, ya que había pasado y había sido glorioso.
«¡DIOS MÍO! », pensó ella. Sus ojos marrones se abrieron completamente cuando rápidamente reprodujo los últimos diez minutos de acción en su cabeza y se dio cuenta de que habían acabado al mismo tiempo. «¡Fue él!», le gritó la parte analítica de su mente al repasar la situación. «¡Fue por él que perdí el control con tanta rapidez! Me alimentaba de sus sentimientos. Podía sentir lo que él estaba sintiendo. ¡Oh, por Dios!», exclamó ella en su cabeza cuando varias preguntas diferentes estallaron en su cerebro al mismo momento. «¿Siempre lo siente de esta forma? ¿Siempre va a ser tan intenso? ¿Voy a sentir cada vez que él tenga un orgasmo o sólo funcionará cuando estamos juntos? Tal vez fue sólo una casualidad. Es posible que sólo haya sido esta vez y que una vez que me acostumbre ya no pueda sentirlo nunca más. Me pregunto si él pudo sentirme también. Tal vez él se estaba retroalimentando de mis sensaciones y por eso...»
Nunca pudo completar su pensamiento. De hecho, todas las preguntas que había estado meditando se perdieron cuando el brazo de Ron se alzó para acariciarle el rostro y su propio estómago se retorció sin previo aviso. Por un momento creyó que el revuelo que sentía en su vientre era producto de los nervios, pero cuando le dedicó un poquito más de tiempo al pensamiento sintió que las mariposas en su estómago tomaron vuelo y se dirigieron a su corazón. Fue entonces cuando ella se dio cuenta de lo que realmente pasaba. No eran nervios lo que se sentía, sino amor. Podía sentir todo lo que Ron se preocupaba por ella. Y ese calor se esparció por su cuerpo cuando él la abrazó, volviéndolo incontenible.
—Mione —la llamó él, abriendo los ojos y tratando de estudiarla oyendo su respiración—. ¿Qué te pasa? —preguntó con ansiedad, sintiendo su angustia. «¡Mierda!»—. ¿Te duele? —preguntó, luchando con su propio temor cuando vio las lágrimas caer en sus mejillas—. Merlín —gimió miserablemente—. Lo siento. Lo siento mucho. ¿Por qué no me dijiste que te estaba…?
—No —interrumpió Hermione, abriendo los ojos y sonriendo a pesar de las lágrimas que le cubrían el rostro—. No es eso —insistió—. Es que... puedo sentirte —dijo, colocando una mano sobre su pecho, justo por encima de su corazón que latía con rapidez—. Justo aquí. Puedo sentirte. Realmente puedo sentirte —aclaró, virándose y apretando la cara contra el cuello de él—. No tenía ni idea —murmuró respirando contra su piel—, ni idea de que era tan fuerte. Siempre me preocupé al no saber lo que tú sentías pensando que quizá no fuera lo mismo, pero lo es. Oh, Ron —exclamó alegremente, metiendo su mano izquierda en su pelo y dándole un beso feroz—. Te amo demasiado. Te amo tanto que de hecho duele. ¿Puedes sentirlo? —preguntó, tratando de transmitir la emoción—. ¿Puedes sentirme?
—¡Cielos! —gritó Ron, abriendo mucho los ojos cuando la felicidad y la alegría que había estado sintiendo aumentó significativamente—. ¿Eres tú? —inquirió al mirarla y ver la misma adoración que circulaba por su propio cuerpo reflejada en los ojos vidriosos de ella—. ¿Cómo es qué...? Espera —se dijo, cuando sus propios ojos empezaron a picar y se dio cuenta de lo mucho que le estaba afectando la situación. «Detente antes de hacer alguna de esas cosas de chicas, como ponerte a llorar», continuó en su cabeza, moviéndose algo incómodo y evitando sus ojos, mientras trataba de hacer frente a la avalancha de emociones que amenazaba con devorarlo.
—Te quita el aliento, ¿no? —preguntó Hermione, sonriéndole al mismo tiempo que una corriente fresca de lágrimas rodaron por sus mejillas—. Una cosa es escuchar las palabras —susurró—, y otra es sentirlas. No me esperaba que fuera tan fuerte. Es... Ay, Ron —gimió ella, lanzándose contra él y abrazándolo con fuerza nuevamente cuando sintió que la vergüenza y el temor acechaban bajo su sentimiento—. No me vas a perder —dijo ella, sabiendo que había dado en el clavo cuando su cabeza se irguió—. No me voy a ir ninguna parte —le aseguró—. Esto no es sólo para proteger a Harry y a nosotros. Esto es lo que quiero. Tú eres lo que quiero. No voy a cambiar de opinión al respecto. Incluso una vez que la guerra haya terminado, no voy a dejarte ir. Te quedarás siempre a mi lado.
«Hasta que la muerte nos separe», pensó él, pero no se atrevió a decirlo en voz alta. ¿Por qué tentar a la suerte?
—Eso no lo sabes —dijo, en cambio—. No se puede predecir lo que va a suceder. Puede que no tengas otra opción. Yo podría no tener opción —dijo con la voz quebrada—. ¡Maldita sea! —maldijo Ron en voz alta—. ¡Mira lo que has hecho! —dijo, frotándose los ojos—. ¡Me has convertido en una chica con toda esta basura emocional! No quiero pensar en esto. No quiero hablar y definitivamente no quiero sentirlo, así que deja de enviarme esa piedad mierda.
—¿Piedad? —inquirió Hermione—. Yo no me compadezco de ti, estúpido imbécil. Te amo «aunque a veces me tengo que preguntar por qué», y cuando estás molesto quiero que consolarte. Los dos vamos de la mano, así que acostúmbrate.
—No quiero hablar de esto —afirmó una vez más—. Los chicos no se ponen melosos ni lloran por sus problemas.
—Bueno, tal vez deberían —disparó Hermione—. ¿Cuándo fue la última vez que meditaste para resolver un problema?
—A veces te comportas como una niña —se quejó Ron, dejándose caer de espaldas y tapándose los ojos con el brazo.
—Creí que ya habíamos dejado en claro eso hace algún tiempo atrás —bromeó Hermione, colocándose a su lado y apoyando la cabeza sobre su pecho—. ¿Tan malo puede ser? —añadió, apretándose contra su cuerpo cuando él movió el brazo de su cara y la abrazó—. ¿Te sientes mejor ahora? —preguntó ella. Ahora que habían tenido un momento agradable las cosas estaban de nuevo en un terreno familiar.
—Sí —respondió Ron con un bostezo—. Gracias.
—Cuando quieras —susurró Hermione, cerrando los ojos y escuchando el ritmo reconfortante del corazón que latía debajo de su oreja—. ¿Qué hora es? —preguntó después de acostarse a su lado en silencio durante unos minutos.
—No sé —murmuró Ron, adormilado—. Aún tenemos tiempo —añadió, sin molestarse siquiera en abrir los ojos y mirar el reloj. Aunque tampoco hubiese podido hacerlo, ya que el brazo que estaba usando para acariciar la espalda de Hermione estaba demasiado cómodo para aceptar moverse—. No van a estar de vuelta sino dentro de un tiempo. Una siesta corta no hará daño. Despiértame en una media hora —murmuró, bostezando de nuevo—. Así podremos hacerlo una última vez antes de que regresen.
—Eres incorregible —objetó Hermione, escondiendo su sonrisa contra su pecho.
—Y amas eso —contestó él con una sonrisa evidente—. Lo sé. Lo puedo sentir.
«Tienes razón», pensó con alegría, pero ella decidió que era mejor mantener el comentario para sí misma y permitirle dormir un poco. Lo iba a necesitar.
…
—¿Ron? —una voz incorpórea lo llamó desde algún lugar—. Despierta —exigió.
—Cincominutosmás… —gruñó él, dándose vuelta y volviéndole la espalda a quien le estaba hablando. El hecho de que algo se sintiera extraño no le importó a Ron sino hasta el momento en que la persona que estaba tratando de despertarlo le dio un golpecito en el hombro y volvió a hablar.
—Llegas tarde —dijo la voz, esta vez mucho más fuerte—. ¡Levántate!
«¿Qué demonios?», pensó Ron que, finalmente, se dio cuenta de que el timbre de la voz que le hablaba era mucho más profundo de lo que debería ser
—¿Mione? —murmuró, virando y tocando el lugar donde ella había estado durmiendo.
—Si tratas de besarme, te juro que te golpearé—dijo Harry, alejando su cara de la de Ron rápidamente y dando un paso atrás—. Soy uno de tus mejores amigos, pero no el que resulta ser tu pareja.
—Cáaallate —dijo el pelirrojo en medio de un bostezo, ahora completamente despierto a pesar de sus deseos—. No eres el "mejor amigo" que esperaba encontrar al despertar —añadió, abriendo los ojos y mirando a su alrededor—. ¿Dónde está Hermione?
—En la planta baja —respondió Harry—. Ahora entiendo por qué me pidió que viniera y te despertase yo. Tenía miedo de ser atacada o algo así.
—Que te calles —se quejó Ron otra vez, sentándose en posición vertical, y pasando los dedos por su pelo ya despeinado—. ¿Por qué me despertaste, de todos modos? —preguntó mientras miraba a la ventana más cercana.
—Ya te lo dije —respondió Harry, estudiando a su mejor amigo de cerca y debatiendo consigo mismo sobre si debía o no hacer la pregunta que había estado en su mente toda la noche—. Hermione me pidió que viniera a despertarte. Llegas tarde.
—¿Para qué? Todavía no empiezan las clases. Afuera aún está oscuro.
—Sí —replicó Harry con una risa suave—. Esa oscuridad se llama noche, y en esta en particular, tienes que hacer las rondas, así que quizá quieras considerar la posibilidad de vestirte antes de que Hermione se canse de esperarte y envíe Ginny aquí para conseguir que te muevas,
Eso definitivamente llamó la atención de Ron. Lo último que quería era su hermana irrumpiera en su habitación sin previo aviso y lo viera desnudo. Ya era bastante malo que ella supiera lo que había estado haciendo, por lo que no había necesidad de viera alguna prueba de ello. Podría darle ideas propias.
Empujando a un lado ese pensamiento, Ron saltó de la cama y rápidamente se lanzó sobre la ropa que había usado un rato antes.
—Entonces… —dijo Harry, habiendo querido cambiar de tema pero sin poder contenerse más—. Eh... entonces… ¿Hermione y tú lograron hacerlo?
—Sí —respondió Ron, apartando la mirada adrede.
—Así que… em… —murmuró Harry—, ya están... casados. Felicitaciones.
—Gracias —dijo Ron, y sus orejas tomaron algo de color cuando alzó la vista y se dio cuenta de que su mejor amigo lo estaba observando con avidez.
«Bueno, al demonio», pensó Harry.
—Entonces, ¿cómo fue? —dejó escapar cuando su curiosidad finalmente lo venció—. Es decir, no quiero los detalles ni nada —añadió rápidamente, con el rostro aún más rojo que el de Ron—, pero… ya sabes. ¿Qué te pareció? ¿Fue lo que esperabas?
…
—Fue… eh…
—¿Sí? —se adelantó Ginny agudamente, sentada en el borde de la silla e inclinándose hacia adelante como si no pudiera esperar a que Hermione respondiera su pregunta—. Vamos, dime. ¿Cómo fue?
—Em… —murmuró Hermione en voz baja.
—¿Horrible? —preguntó Ginny, asegurándose de mantener la voz baja para que nadie más escuchara lo que las dos estaban hablando—. No puedo creer que realmente lo hayas hecho —dijo, antes de que su amiga pudiera contestar—.Ron es bastante imbécil a veces, y ahora estás todo el día con él y... y... dime de una vez. Me estoy muriendo aquí. ¿Cómo fue?
—Fue…
—¿Muy malo?
—Puedo jurar que no.
—Entonces, ¿te gustó? —inquirió Ginny. Sus ojos castaños parpadeantes brillaban a la luz del fuego.
—Sí, fue algo perfectamente hermoso —le aseguró Hermione.
—Perfectamente hermoso, ¿no? —dijo Ginny con un resoplido—. Como si quisieras decir que fue una mierda y no quisiste herir ni dañar su frágil ego.
—Claro que no —contradijo Hermione, disparándole a Ginny una mirada de indignación como si fuera ella la insultada—. Estoy tratando de ahorrarte escuchar los detalles lujuriosos, porque estamos hablando de tu hermano —continuó—, pero si realmente quieres saber, estuvo…
—¿Cómo? —presionó Ginny—. ¿Estuvo cómo?
—Caliente —respondió Hermione. «Sí. Yo diría que esa palabra lo resume muy bien. Caliente. Absolutamente caliente».
…
—¿Si fue lo que esperaba? —repitió Ron la pregunta de su amigo mientras ocultaba la cabeza como buscando una manera de describir la experiencia sin revelar nada demasiado personal sobre Hermione—. No —respondió finalmente, decidiendo ser honesto al no saber qué otra cosa inventar—. Ha sido mejor.
—¿Mejor? —cuestionó Harry, ensanchando sus ojos verdes detrás de sus gafas. Había oído a Dean y a Seamus hablar de ello bastantes veces, y aunque él nunca creyó ni la mitad de lo que decían, si Ron decía que había sido mucho mejor de lo que había podido imaginar, ya era demasiado.
—Oh, sí —dijo Ron, asintiendo con la cabeza como para subrayar el hecho—. Ha sido… —comenzó, pero se detuvo por un momento, buscando la palabra perfecta para describirlo—. Fue condenadamente increíble.
—¿En serio? —inquirió Harry, sobre todo porque no podía pensar en nada más que decir—. Vaya, eso es... eh... suena realmente genial.
—Compañero, sólo te diré que… —murmuró Ron en voz baja—, fue muy… muy intenso, ¿sabes? —dijo, después de ver a su mejor amigo de cerca y pensar en lo curioso que estaría él si sus situaciones se invirtieran—. Es diferente a… Bueno, ya sabes, a cualquier cosa que pudiera hacerse uno mismo.
—¿Y cómo estuvo ella? —preguntó Harry, sin pensar. Él se encogió casi tan pronto como las palabras salieron de su boca, deseando poder traerlas de vuelta. Ron era extremadamente protector de Hermione. Demonios, él mismo la protegía también. Si alguno de los dos oyera a otro chico de hablar de ella de esa manera saltarían para defender su honor. Incluso aunque eso significase la peor de las consecuencias. Por lo que Harry estuvo más que un poco sorprendido cuando Ron se puso rojo pero no de ira, sino de la vergüenza que sentía al tratar de darle una respuesta.
—Eh… caliente—dijo, apartando los ojos de nuevo—. Sólo... em… muy, muy caliente. Y suave. Es… no es algo que en verdad pueda describir. Me refiero a que las palabras no le hacen justicia. Ella estaba... muy, muy… caliente.
…
—Ron puede ser muchas cosas, pero delicioso no es una de ellas —se burló de Ginny.
—Sólo estás cegada por que él es tu hermano —disparó de nuevo Hermione, con la esperanza de que la vergüenza que sentía no se presentara—. Pero él es... fue... De acuerdo —suspiró ella, buscando una manera de hacerle entender su pensamiento a Ginny sin darle demasiados detalles—. Tú sabes de qué forma peleamos —dijo ella finalmente—. Bien, así fue —añadió, después de su amiga asintiera con la cabeza—. Cuando Ron y yo discutimos estamos totalmente enfocados el uno en el otro. Cuando peleamos, Ron se lanza por completo. Él dice y hace lo que le viene a la cabeza, pero siempre parece saber exactamente qué botón presionar y cuándo pujar para volverme completamente loca. Una vez que empezamos es como si no importara en realidad de qué discutimos, ya que todo se transforma en una batalla para ver cuál de los es el primero empujar al otro por el borde. Bueno, esto fue igual, sólo que sin la ira y con un poco menos de gritos.
—¡PUAJ! ¡Trauma! —exclamó Ginny, arrugando el rostro por el mero pensamiento de que su hermano pudiera ser tan vocacional—. Demasiada información —se quejó ella, cerrando los ojos y levantando una mano para detener a Hermione antes de que fuera más lejos—. Eso es... ¡PUAJ! ¿Le hiciste gritar? Que asco… simplemente… ¡puaj!
—Tú fuite la que siguió presionando —dijo Hermione en un tono severo—. Yo te advertí que no ibas a querer conocer los detalles.
—Y te saliste con la tuya dejándome completamente asqueada sólo para demostrarme que tenías razón.
—Tengo razón —rió Hermione—. Deberías haberte conformado con el "perfectamente hermoso".
—Espero que te das cuenta de que nunca voy a poder mirarlos juntos otra vez sin tener horribles destellos de ustedes teniendo un frenesí de lujuria para ver quién resiste más.
—No ha sido así —dijo Hermione—. Fue…
—Hermoso —dijo Ginny rápidamente, interrumpiéndola antes de que pudiera terminar de hablar—. Perfectamente hermoso. Sí, lo entendí —dijo, cuando Hermione miró su reloj y suspiró en voz alta—. Así que, eh... ¿cuál de los dos fue el que cayó primero? —preguntó Ginny finalmente, sin escuchar a su buen juicio. Ella no quería saber y, sin embargo, al mismo tiempo sí quería. «Si tan sólo no Ron no estuviera en el medio de todo esto…»
…
—Está bien. ¡Ya, voy! Contén a tus hipogrifos, ¿quieres? —murmuró Ron para sí mismo, tomando sus ropas escolares y poniéndoselas cuando pudo sentir la impaciencia de Hermione a través de él. «Los que están en los pasillos rompiendo el toque de queda no van a irse», pensó con un suspiro antes de volver a poner su atención en Harry, quien lo miraba de manera extraña.
—Eh... Harry mira, ¿podríamos, ya sabes, terminar esta conversación más tarde? Quiero decir, no es que no quiera contarte —añadió antes de Harry tuviera la oportunidad de responder—, pero ya sabes cómo se pone Hermione si llego tarde a las rondas.
—Claro —respondió Harry, asintiendo y comprendiendo la situación—. Será mejor que vayas, entonces, porque ya estás llegando tarde.
—Podemos seguir cuando regrese —le dijo Ron, mientras seguía a su mejor amigo fuera del dormitorio hacia la sala—, siempre y cuando Finnigan no esté cerca para escucharnos.
…
—Hablando del diablo… —dijo Ginny al ver la amplia sonrisa en el rostro de Hermione para luego encontrarse a su hermano y a Harry bajar las escaleras—. Se terminó la charla de chicas —se quejó cuando Hermione se levantó y se acercó a los dos chicos al pie de la escalera.
—Mmmm, hueles bien —dijo Ron, poniendo sus dos manos en la cintura de ella para atraerla contra sí tan pronto estuvo a su alcance—. Lamento haberte hecho esperar —susurró—. Pensé que me ibas a despertar.
—Decidí ir a darme una ducha —dijo Hermione, encogiéndose de hombros y mordiéndose los labios para contener la risa cuando él comenzó a hacer pucheros como un niño caprichoso que se había perdido la fiesta—. Realmente eres incorregible —le susurró al oído, y las mejillas de ella se encendieron cuando sintió el deseo de él irrumpir en su cuerpo.
«Dios mío», pensó. «Todo lo que hice fue mencionar la palabra ducha. ¿Es realmente tan fácil?»
—Ya habíamos establecido eso —informó Ron, inclinándose hacia adelante para darle un beso rápido.
—No habrá nada de eso que quieres porque tenemos que hacer las rondas —lo regañó Hermione, tirando la cabeza hacia atrás y empujándolo antes de que pudiera llegar a sus labios.
—Pero aún no estamos haciendo las rondas —respondió él con una sonrisa ladeada.
—Repugnante, ¿no? —dijo Ginny, mirando a Harry y metiendo su dedo en la boca como para vomitar.
—Tal vez no —dijo Hermione, sin tener en cuenta el comentario de su amiga y prestándole atención a Ron en su lugar—. Pero la regla que tenemos con los de primer año sigue vigente —informó ella.
—Malditos niños —se quejó Ron en voz baja sin querer transmitir su frustración y enojo a Hermione, quien de inmediato frunció el ceño.
—¿Cuál es la regla con los de primer año? —preguntó Harry, mirando a Ron y a Ginny, quien se encogió de hombros al no saberla.
—Ya conoces a Hermione y a sus malditas ideas —espetó Ron—. No tengo permitido tocarla delante de ellos. ¿No es la cosa más ridícula que has oído?
—No es ridículo —espetó Hermione—. Y sí que puedes tocarme, sólo que no de forma inapropiada.
—Lo que significa que no puedo tocarla —le dijo Ron a Harry.
—Somos prefectos.
—¿Y qué?
—Ah, ya entiendo —intervino Ginny—. Tienes miedo de que si lo haces, disminuya tu posición. Te preocupa que pierdas su respeto si saben que tienes novio y que usas las aulas vacías para besuquearte.
—No —se opuso a Hermione—, es porque sólo tienen once años y eso puede...
—Como digas —terminó Ron, haciendo girar sus ojos al escuchar la excusa que ella había dado—. Y que se aguanten el asco —agregó, sabiendo que la explicación de su hermana estaba mucho más cerca de la verdad.
—Hasta a mí me da asco —les informó Ginny.
—Eso es sólo un beneficio adicional —respondió su hermano, riendo de la actitud de su hermana.
—¿Vas a poner también "la regla Ginny"? —continuó ella sin hacer caso a su hermano.
—Sí, y dirá algo así como "besarnos enfrente tuyo cada vez que queramos que te calles o te vayas de algún otro lugar" —bromeó Ron, sonriendo ampliamente—. Realmente me gusta como suena. ¿Se puede instaurar "la regla Ginny"? —le preguntó a Hermione.
—Ay, que gracioso eres —espetó Ginny—. Lástima que tendrás que aplicarla con Harry también.
—No, no nos besaremos frente a Harry —argumentó Ron—, porque no queremos que él se vaya, sólo tú.
—Ron —susurró Hermione mientras le pegaba en el hombro—. Eso no es cierto —le dijo a Ginny—. Vámonos de una vez —ordenó, empujando a Ron hacia el agujero del retrato—. Tenemos que irnos, ya es tarde. Volveremos casi a la medianoche —le dijo a Harry, justo antes de cruzar el umbral y desaparecer de la vista.
…
Dado que la Torre de Gryffindor se encontraba en el séptimo piso, los prefectos de Gryffindor solían iniciar sus rondas en los pisos más altos del castillo para terminarlas en los más bajos. Por supuesto, la mayoría de los estudiantes lo sabían, al igual que todos sabían que los de Slytherin y los de Hufflepuff hacían el camino exactamente inverso. Saber en qué momento y piso estaría cada prefecto era algo que todo rompedor de reglas conocía. Hogwarts era un lugar muy grande después de todo, e incluso con Flich y la señora Norris rondando, seguía siendo bastante fácil evitar ser visto. Especialmente cuando el que está rompiendo las reglas tiene una capa de invisibilidad a su disposición.
Se podía quedar toda la noche en el corredor y Filch nunca lo sabría. Al menos si ese maldito gato no estuviera a su lado, lo cual era casi imposible, pero no importaba. No se estaba escabullendo para seguir a ese patético squib. Tenía un asunto mucho más importante que atender y si todo salía como esperaba, la escuela podría parecer muy chica esa mañana para dos prefectos de Gryffindor.
…
—¿Qué? —dijo Ron con voz espesa, alejándose de la fuente de golosinas que dos elfos domésticos le estaban ofreciendo y dándose la vuelta para buscar a Hermione, que ya había terminado de comer el sándwich que se había hecho y lo estaba esperando en la puerta de la cocina—. ¿Qué tiene de divertido? —preguntó después de ingerir los restos de los dulces que había empujado en su boca justo antes de que ella se echara a reír—. Encontraste a alguien después de hora ¿no? —inquirió cuando notó el Mapa del Merodeador que ella tenía en las manos. Eso explicaría la euforia y la sensación de alegría triunfal que sintió de repente.
—Tengo un regalo para ti —dijo Hermione con una enorme sonrisa estampada en el rostro cuando dejó de observar el mapa y se encontró con la mirada de Ron.
—Estás muy mal si te pones así de alegre cada vez que pillas a alguien rompiendo las reglas.
—No es solamente alguien —dijo ella, agarrando su mano y arrastrándolo fuera de la cocina antes de que tuviera la oportunidad de arrebatar más dulces.
—Si no me vas a decir quién es, ten la decencia de decirme al menos adónde vamos —preguntó Ron, cuando habían cruzado las aulas del primero, segundo y tercero piso y continuaban hacia el cuarto .
—A la biblioteca —respondió Hermione mientras se apresuraba—. No, espera —se corrigió, mirando el mapa de nuevo y deteniéndose bruscamente—. Tenemos que volver a las escaleras —dijo, virándose y empujándolo para que la siguiera—. Ahora está en el quinto piso.
—¿Quién? —inquiró Ron una vez más—. Oh, vamos —gimió después de seguirla cuando ella no respondió—. Sólo dime y ya. Esta no es exactamente mi idea de una divertida sorpresa. No es como si pudieras arruinármela o algo.
—Ya ha llegado al baño de prefectos —dijo Hermione, ya sea para sí o para él. Ron no estaba muy seguro.
—¿Así que persigues a otro prefecto? —suspiró—. Oye, espera un minuto —dijo, cuando un nuevo pensamiento lo invadió—. No puedes reprender a alguien por estar en el baño. Incluso aunque sea después del toque de queda—dijo él. «Y mucho menos si está en el baño de prefectos», pensó cuando las imágenes de las cosas que le gustaría hacer con Hermione en la bañera tamaño piscina asaltaron su mente—. No quisieras que alguien nos hiciera lo mismo si nosotros estuviéramos en esa situación.
—No está por darse un baño —afirmó ella—. Está… Creo que busca a alguien.
—¿A quién?
—A nosotros.
—¡¿Qué?!
—Nos perdimos la fiesta y todo el mundo se dio cuenta. Ginny me lo dijo. Seamus y Neville le dijeron a todos que tú estabas enfermo —añadió casi como si se tratara de una idea de último momento. «Por supuesto que se dio cuenta, continuó ella en su cabeza. Y ahora está chequeando todos los sitios donde podríamos estar besuqueándonos. Espera poder encontrarnos eludiendo nuestras responsabilidades con las manos en la masa para poder meternos en problemas. Bueno, tengo noticias para él»—. Vamos —dijo ella al acelerar el paso—. Si nos damos prisa quizá podamos adelantarnos y atraparlo en el próximo sitio lógico en que nos buscaría —dijo Hermione, agarrando la mano de Ron para evitar que él menguara su caminata.
—¿Y cuál sería el lugar? —preguntó Ron.
—La Sala de los Requerimientos.
…
—¡Accio capa de invisibilidad! —gritó Hermione, apuntando su varita a la puerta que conducía a la Sala de los Menesteres, cuando esta apareció de la nada, abriéndose y cerrando de nuevo.
—Vaya, vaya, vaya… —se burló Ron, recostándose contra retrato de Barnabás el Chiflado y apuntando su varita a Draco Malfoy, quien acababa de materializarse en el pasillo delante de ellos—. ¿Qué tenemos aquí? —dijo Ron con una enorme sonrisa estampada en el rostro—. Parece que el hurón pensó que podía pasearse por el pasillo durante la noche sin ser descubierto. No me importa lo que digan los demás —declaró con júbilo—. La venganza es muuuy dulce.
—Soy un prefecto —susurró Malfoy, mirando fijamente a Ron, quien todavía seguía apuntándole con la varita mágica—. No tienes derecho a castigarme.
—Oh, por supuesto que lo tengo —cantó Ron a cabo triunfalmente—. De hecho, acabo de hacerlo. Considérate avisado.
—Claro, que podrás ir tranquilamente a tu habitación —intervino Hermione con una mirada ufana—, pero puedes apostar a que nosotros nos quedaremos con esta capa de invisibilidad.
—Tengo permiso para estar…
—Mierdas —interrumpió Ron—. No habrías estado escondido debajo de la capa si tanto permiso tendías, lo que significa que tengo tu trasero en mis manos.
—En las nuestras —Hermione le corrigió.
—Obviamente —admitió el pelirrojo—. En las nuestras. Yo digo que lo aturdamos y hagamos que su trasero flote hasta McGonagall, luego podemos sentarnos tranquilamente y observar cómo ella se desquita con su pellejo. ¿Qué dices? —le preguntó Hermione.
—Bueno, ya te he dicho que este era un regalo para ti —respondió ella—. Aunque técnicamente no podemos aturdirlo —añadió pensativa—, a menos que se resista y trate de huir. Pero dudo que sea tan estúpido como para intentar algo así. Por lo tanto —dijo, apuntando con su varita a Malfoy—. Creo que ya conoces el camino.
