Muy bien, a partir de aquí comeinza la primera parte de la historia y se vuelve narrativa en tercera persona. Disfruten :D
INTERCAMBIO
Capítulo 45
Llegada
Aun hundido en el agua como estaba, siendo hijo de Poseidón, Percy podía abrir los ojos sin que le molestaran. Cualquier otra persona hubiera tenido problemas manteniendo los ojos abiertos debajo del agua, pero ese no era el caso de Percy. Poseidón era el dios de los mares, después de todo.
Así que Percy podía ver perfectamente las caras frenéticas de sus compañeros, quienes había cerrado su puño desesperadamente alrededor de la agarradera. Percy se imaginó que, mientras flotaban, probablemente pensaban «¿por qué demonios el dragón nos intenta ahogar en el lago?» o, también, «¿en qué diablos nos ha metido Percy esta vez?». En su defensa, Percy no sabía lo que pasaba. Él solo se había asegurado de que todos comprendieran que no debían soltar su agarradera durante el viaje.
Percy vio que algunos intentaban desabrochar sus muñecas de la agarradera y nadar hacia la superficie, pero les dirigió miradas de advertencia, ellos devolvieron miradas de desesperación, y Percy regresó miradas insistentes. Al final, ellos se quedaron en sus lugares, pero Percy no sabía cuándo tiempo podría mantenerlos así y ya había visto a Dean poniéndose morado. Tal vez fuese cosa del agua, pero parecía poco probable…
Por suerte, un par de segundos después, el dragón (cuyo nombre era Hassan) salió del agua. Se escucharon jadeos desde todo el lomo del dragón (donde ahora se sentaban los alumnos de quinto, sexto y séptimo año de Hogwarts). A medida en que los segundos pasaban, los jadeos se calmaron y pasaron a ser respiros tranquilos, para después ser murmullos frenéticos en el que discutían la terrible manera en que Percy los había engatusado al dragón para ser ahogados cruelmente.
Porque eso era cierto.
—¿Por qué hiciste eso? —siseó Percy al dragón en voz baja, mirando a los lados, con cuidado de que nadie oyera. No hacía falta leer los recuerdos de las personas para saber que ellos, tan pronto como se dieran cuenta de que Percy en realidad no controlaba al dragón, se echarían para atrás—. Intentábamos llegar a la isla de Calypso.
Mientras hablaba, la mirada de Percy se encontró con el agua. Miró hacia arriba nerviosamente y se estremeció al escuchar un trueno a la distancia. Lo que le asustaba a Percy no era caer. Caer sería fácil, el agua no lo lastimaría y respirar debajo de ella siempre era un plus, pero estar en el cielo, en el dominio del hermano de su padre, Zeus. Eso sí era espeluznante.
Percy miró con añoranza al mar.
¿…Al mar?
De hecho, ahora que Percy lo pensaba, el agua había sido salada. Y le había sido un poco más fácil respirar. Estaba en el mar.
La pregunta era; ¿Cómo es que Hassan había pasado de lago a mar tan rápidamente?
Percy miró alrededor y vio… vio algo sorprendente.
El horizonte era completamente azul, Percy podía ver donde la tierra se curvaba y luego dejaba de verse. En esa orilla, el cielo era de un color azul índigo profundo, e incluso se veían unas cuantas estrellas. Más arriba en el horizonte, el cielo se volvía violeta, después rosa, y luego naranja, donde se fusionaba con el amarillo del sol.
Era sorprendente y hermoso. Del tipo de cosas que no se podían apreciar en un lugar lleno de edificios como Manhattan.
Pero todo palidecía con la esperanza.
La esperanza, en el opinión de Percy, era algo curioso. La gente estaba llena de ella, todos los días pero, muchas personas… a muchas personas no les servía esa esperanza. La consideraban peligrosa. Aparentemente, el poder de la decepción es mayor que el de la esperanza.
Pero Percy no podía reprimirlo.
Frente a su mirada, lejos, a diez kilómetros, tal vez (algo que parecía mucho menos para Percy si era en el mar), estaba una isla. Pequeña. En el centro había un lago. Era de agua dulce y cristalino. Hermoso, Percy lo recordaba. Alrededor del lago había un bosque, formando un aro. Y rodeando al bosque, había un delgado aro de tierra, donde Calypso había plantado cientos, miles de plantas. Tanto mortales, como mágicas. Y luego había hileras de cabañas. Percy notó a solo una que había estado al irse, la más grande. La casa de Calypso. Luego estaba la playa, a la que el mar besaba constantemente. A veces, durante su estancia con Calypso, él veía las estrellas con ella.
Pero eso no era lo que producía ese cálido sentimiento de esperanza en el pecho de Percy.
Era el pensamiento, la idea, de que Annabeth estaba ahí.
Brevemente, pensó en Ginny. Personalmente, la encontraba irritante, pero supuso que era porque había estado molestando por información de Harry. Percy estaba seguro de que ella estaría dando saltos de felicidad al encontrar a Harry, o algo así.
Sus pensamientos viajaron a Annabeth. Un sentimiento frío lo recorrió. ¿Y si ella había decidido que no valía la pena esperar? Era algo tonto, lo sabía, habían soportado peores cosas, y más tiempo separados, pero eso había sido cuando aún no eran novios.
Y nunca habían presentado a su reemplazo tan descaradamente.
Parvati se sentía se estaba ahogando. No pudo ser más de un minuto, y Percy no parecía muy preocupado dentro del agua, así que ella realmente no tenía de que preocuparse. Pero Percy podía respirar bajo el agua.
Sentía sus pulmones gritando por aire y su cuerpo, reaccionando por instinto, respiró, pero al respirar agua, Parvati sintió la urgencia de toser el agua. Intentó contener el picor por el mayor tiempo posible. Si ella tosía, sentiría que debía respirar de nuevo, y entonces respiraría más agua.
Ella no duraría más tiempo.
Por suerte, Parvati sintió al dragón, Hassan, subir a la superficie. Hubo un gran ruido del movimiento del agua cuando salían de ella. Y tal vez fuera la privación de oxígeno, pero Parvati, al sentir el sabor en su boca, saboreó agua salada. Tal vez estaba mareada, quiero decir, el lago era de agua dulce.
Sin embargo, cuando levantó la vista (después de toser agua y jadear por aire), encontró el horizonte de agua. Impresionante, infinito, se mostraba el océano frente a ella, a sus pies. El momento era de lo más surreal. Ella estaba montada sobre un dragón, sobrevolando el océano. Era… hermoso.
Por un momento, se sintió abrumada al pensar que Percy podía controlar todo esto. Quizá no tan bien como su padre, pero Parvati creía que era un buen poder para tener.
Al ver el océano, Parvati, por primera vez, pudo notar la irrevocable semejanza que tenía con los ojos de Percy. De azul marino a turquesa, en el mar las olas no se mantenían quietas, el océano era por siempre cambiante.
Era algo intimidante.
Parvati no quería ni imaginarse el mar en una tormenta, lo que Poseidón lograba con ese poder.
Era casi… inconcebible. Pero Poseidón era un dios y, hasta hace unas semanas, los dioses griegos no existían para Parvati.
El universo solo amaba probarla equivocada.
El sol estaba escondiéndose. O quizás estaba saliendo. Era temprano cuando salieron de Hogwarts, pero si estaban en un lugar completamente distinto, entonces aquí podría estar escondiéndose el sol.
El sol, en este momento, se encontraba detrás de una isla. La única isla dentro del campo de visión de Parvati.
En el horizonte, casi insignificante, estaba la isla. Era Ogygia, supuso Parvati. Detrás de ella había una curiosa y mística combinación de colores, azules, violetas, rosas, naranjas y, finalmente, en el sol, amarillo.
Pero… se veía tan lejos. Inalcanzable.
Parvati miró a Percy de soslayo. También miraba a la isla, con una expresión intensa. Se inclinaba ligeramente hacia adelante, como si estuviera dispuesto a saltar al mar y alcanzar la isla a nado si pensara que esa sería la manera más rápida de llegar o no quisiera arriesgarse a dejarlos solo.
Probablemente la segunda, ya que Percy podía nadar malditamente rápido.
Parvati se preguntó qué sucedería al llegar. Si los dos líderes, Percy y Harry, volvían a sus mundos, la confianza probablemente se perdería, pero si ellos se quedaban en el otro mundo, morirían de nostalgia.
Parvati supuso que solo se quedarían aquí, en la isla, en Ogygia, hasta que derrotaran a Voldemort y Cronos. ¿Pero cuánto tiempo? ¿Nos quedaríamos aquí durante semanas? ¿Meses? ¿…Años? No había manera de saber que era hora de irse. ¿Habría vacaciones? ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que Parvati viera a sus padres de nuevo?
Una sensación de ahogamiento llenó la garganta de Parvati y, con exasperación, se dio cuenta de que eran lágrimas. Parvati quería echarse a llorar como una maldita bebé. Pero, en su opinión, lo sentía merecido. Después de todo lo sucedido, y ahora que el entumecimiento de incredulidad la había dejado, sin una gota de adrenalina corriendo por sus venas para ahogarlo, quería llorar.
Sin embargo, de ninguna manera lo iba a hacer frente a trecientas personas.
Parvati mordió su labio para evitar que las lágrimas salieran y apretó sus manos sobre su correa. Disimuladamente, se presionó ligeramente contra el costado de Seamus, quien estaba a su lado. Intentó concentrarse en su reparación, y la imitó con su propio aliento, copiando los tiempos.
Gradualmente, Hassan comenzó a descender su altura.
Parvati escuchó una risa viniendo desde Hassan y se preguntó si el dragón disfrutaba del miedo colectivo sobre su lomo.
Ginny miró el paisaje. Seguro, no podía negar que fuera impresionante, increíble incluso. El cielo tenía diferentes colores entremezclados, como se verían en una pintura.
Y el mar… las olas del mar eran inconcebiblemente altas, Ginny casi podía imaginar cómo estas tocaban al dragón, y el dragón no volaba a baja altura. De vez en cuando, Ginny sentiría unas chispas de agua salada en su cara. Casi no las sentía, debido a que seguía chorreando agua.
Durante el tiempo que estuvieron debajo del agua, arrastrados por el dragón dirigido por Percy, Ginny se sintió traicionada. De verdad pensó que Percy intentaba matarlos. Después de todo, Percy se había negado a decirle la ubicación de Harry, pensó con un estremecimiento, para después fulminar a Percy con la mirada.
Él estaba sobre el cuello del dragón, mirando fijamente el horizonte, ignorante de la mirada de Ginny fija en él.
Su cabello volaba detrás de él, y él se había puesto instintivamente en una posición para cabalgar, como si lo hubiera hecho antes, muchas veces. Para ser un hijo del dios del mar, parecía muy a gusto en el aire, pensó Ginny suspicazmente.
Parecía tan… perfecto e intocable junto al dragón, frente a todos, como si el los liderara. Probablemente solo los llevaba a su muerte, a todos lo que aun sospechaban de él, para deshacerse de ellos. Probablemente no tendría problema al regresar. Dumbledore se pondría de su lado. McGonagall también.
Sin embargo, dentro de ella, Ginny sabía que Percy tenía razón al no decirle donde se encontraba Harry. Todo debía ser perfectamente orquestado. Sabía que Dumbledore y McGonagall harían cualquier cosa para defender Hogwarts, el corazón del mundo mágico. Era el único lugar para defenderse de Voldemort.
En el fondo, la única razón por la que ella desconfiaba de todos, era por miedo. Un miedo profundo y desgarrador… el no saber. El no saber si Harry la recordaba. El no saber si Harry recordaba lo que habían tenido antes de irse. El no saber si Harry estaba vivo.
Eso último casi le arrancó un sollozo.
Ginny se preguntó qué haría si Harry no estaba ahí. No pudo imaginarlo. Habían sido solo dos semanas, pero desde que supo que él no estaba, y que Harry estaba en una base llena de potenciales enemigos, Ginny casi pudo sentirse envejecer diez años.
Ginny nerviosamente, miró hacia al mar, después, instintivamente, una de sus manos agarró con más fuerza la correa que evitara que ella cayera y con la otra palpó el bolsillo de su túnica. Ginny soltó un suspiro de alivio, pero después intentó aflojar el cuello chorreante de la túnica.
Ginny vio por el rabillo del ojo a su hermano, Ron, y Hermione tomados de las manos, una de sus manos en la correar. Ginny hizo una mueca y deseó que ellos ajustaran su agarre.
De repente, el dragón comenzó a descender.
Sintiendo cosquillas en su estómago, Ginny mantuvo su cara sin emoción, y comenzó a considerar lo que haría de Harry haberla olvidado.
Una cosa era segura. Si él tenía otra novia, Ginny no caería sin luchar.
