44. Sacando partido

Harry, Hermione y Ron llevaban todo el día hablando de sus viajes, Ginny se les unió en la comida, en donde los cuatro se apartaron un poco para poder conversar tranquilos. Estaban demasiado nerviosos por la reunión con los miembros del Ministerio, aunque también se sumaba la incertidumbre de no saber en qué consistirían los entrenamientos. Harry acompañó a Ginny a su siguiente clase y aprovechó para tranquilizarla un poco, ya que estaba bastante enfadada por su detención con Wilcox.

- Ese hombre no es trigo limpio y yo voy aprovechar para enterarme de su pasado, el muy imbécil no sabe qué puedo llegar a hacer al tocar algo que le pertenezca

- Debes tener cuidado con él, no quiero que te salgan más enemigos de los que ya tienes, no sé si me entiendes – Harry le acariciaba con sus dedos mientras iban cogidos dela mano. Pensabaque, en cualquier otro momento, eso hubiese bastado para bajar los humos de su chica pero esta vez era diferente, ella se iba a perder una reunión importante por culpa del gilipollas del profesor de historia y al parecer eso la consumía, quizás si cambiaba de tema, si le decía lo que llevaba pensado todo el día – Ayer no conté con exactitud mi viaje

- Lo sé, tendrías tus razones para no hacerlo y yo las respeto, creo que tu viaje fue el más duro de todos, aunque no hubiese inclemencias, hambre o soledad

- Lo hice porque no quiero dar lástima... Estoy cansado de eso

- De verdad que lo entiendo, no te preocupes

- Algún día me gustaría explicártelo, cuando duela un poco menos – Se acercó a ella y le dio un suave beso en los labios – No le des tanta importancia a la reunión, lo sabrás todo cuando vuelvas a la sala común. Te estaré esperando

- Ya le he dicho a Hermione que me parecerá bien lo que decidáis – Le dedicó una sonrisa y soltó su mano – Corre si no quieres llegar tarde

A las siete, los tres estaban delante de la gárgola, que da paso al despacho del director. La jefa de su casa pronunció la contraseña y los cuatro entraron en él.

- Conque estos son los jóvenes que han ideado un invento tan revolucionario y avanzado – Dijo sonriente un hombre de bastante edad, con cara de comprar todos los caprichos a sus nietos

- Faltala señorita Virginia Weasley, que no ha podido venir por un trabajo urgente – Explicó Dumbledore – Tomad asiento chicos

Se sentaron muy educadamente mientras no quitaban ojo a las dos personas desconocidas.

- Ellos son Alexandre Max – El anciano inclinó la cabeza - Y Thomas Hendel del departamento de investigación y desarrollo mágico del Ministerio de Magia – El señor, bastante más joven, se limitó a sonreír

- Encantados – Contestaron los tres a la vez como si lo tuviesen ensayado

- Y estos tres alumnos tan inteligentes son Ronald Weasley, Hermione Granger y Harry Potter – Presentóla profesora McGonagall– Como jefa de su casa, estoy presente para supervisar el trato

- Por supuesto, señora, eso demuestra una gran responsabilidad por parte del colegio. No es normal hacer negocios con gente tan joven que ni siquiera ha cumplido la mayoría de edad. De todas formas tenemos que pedir la autorización de sus padres... y tutores – El señor mayor añadió lo último mirando a Harry

- Ya tengo la autorización de los tutores – Respondió el director – Así que sin más dilación, ruego exponga sus condiciones

- El sistema de rastreo ha sido probado con éxito por nuestro departamento y he de decir, como parte del equipo que lo ha investigado, que es un grandísimo trabajo por su parte. Nosotros llevamos tiempo ideando algo similar pero no se asoma, ni por lo más remoto, a la perfección de su sistema, así que tengo autorización para comprar los derechos de utilización del que nosotros hemos denominado...

- Se llama SDRP – Interrumpió Hermione – Sistema de Rastreo Pormenorizado

- Sí, claro, SDRP, lo habíamos abreviado a SR pero veo que tienen claro su nombre

Ron y Harry miraron a Hermione como señal de protesta por no haber podido opinar sobre el nombre pero no dijeron nada, ya que sabían que quien más había trabajado en él era ella.

- Como les iba diciendo, creemos que una oferta de cuarenta galeones al mes sería bien aceptada por su parte

- ¿Será una broma? – Volvió a interrumpir Hermione, que vio la sonrisa del director y la profesora – No aceptaremos menos de ciento cincuenta galeones mensuales

Ron estaba con una sonrisa en la boca haciéndose a la idea que tendría diez galeones mensuales para él solo pero se le borró la sonrisa de la cara al oír a su novia ¿Estaba loca? Se echarían para atrás y se quedaría sin un puñetero sickle. Como adivinado sus pensamientos, oyó la voz de Hermione diciéndole "Confía en mí".

- Señorita, eso es bastante más de lo que estaba dispuesto a ofrecer, ya le digo que hemos creído oportuno unos cuarenta...

- Si yo le he entendido perfectamente, señor. No crea que soy una persona irrespetuosa, sólo que nosotros consideramos que ciento cincuenta en su valor

- Pero es demasiado

- Quizás crea que no nos hemos dado cuenta de lo que nuestro invento puede acarrear al Ministerio – Hermione miraba fijamente al señor mayor sin amedrentarse un solo ápice - En principio las personas que están cómodamente sentadas en sus puestos, haciendo averiguaciones que tardan demasiado tiempo, pueden emplearse en mejores menesteres, ya que nuestro SDRP podrá ahorrarles mucho tiempo; con lo cual también mucho dinero, con lo cual bien pueden pagarnos ciento cincuenta galeones al mes

- No es tan fácil como usted cree, esas personas realizan un trabajo muy digno

- ¿Acaso he dicho lo contrario? Sólo he expresado mi temor de que no entienda que estamos al corriente del valor de nuestro grandísimo invento

- No creo que podamos darles lo que nos piden – El señor mayor estaba inquieto, no se esperaba que una niña de dieciséis años, con carita de buena y sonrisa dulce fuese a jorobarle la negociación

- Entonces, muy buenas tardes, tenemos muchas tareas pendientes señor

Hermione se levantó y detrás de ella Harry y Ron, que se cruzaban miradas de "A esta tía la vamos a matar".

- No, por favor, no se vayan todavía, quizás podamos llegar a un acuerdo – Era la primera vez que el hombre más joven hablaba con ellos – Está claro que les hemos subestimado y les pido perdón en nombre de mi colega y en el mío propio ¿Reconsiderarían una oferta de ochenta galones?

- No – Dijo tajantemente Hermione mientras veía cada vez más eufóricos a sus tutores

- Siento decirle que no puedo llegar a más de ciento veinte, señorita – Exclamó dejando atrás su tono negociador y mostrando en serio que sería su última oferta

- Debo consultarlo con mis compañeros – Hermione hizo una señal para que se apartaran un poco los tres y hacer que se ponían de acuerdo

- Te daría un beso en los morros ahora mismo, cariño – Dijo Ron muy bajito

- Y yo – Agregó Harry haciendo que Hermione casi soltará una carcajada

- ¿Estáis de acuerdo con ciento veinte? Serían treinta galeones al mes para cada uno

- Sí, por favor, di que sí – Suplicó su novio

Los tres volvieron a sus asientos y Hermione tomó la palabra.

- Creemos que es una oferta aceptable pero quiero dejar claro que estará vigente hasta finales del próximo año, ya que en los sucesivos, queremos una subida mínima del cuatro y medio por ciento a revisar dependiendo de la inflación establecida

Ron aguantaba la respiración e intentaba no sudar, Harry miraba atónito a su amiga, si alguna vez tenía que negociar algo más, la llevaría con él.

- Veo, señorita, que es usted muy inteligente, sensata y una magnifica negociadora. Cuando termine en el colegio puede pasarse por nuestro departamento para realizar las pruebas de acceso – El tal Thomas Hendel sonrió abiertamente a Hermione - Estamos de acuerdo, ahora firmen aquí y todo estará en regla

- Debemos leerlo primero, señor – Hermione, que luchaba por no ponerse a gritar de la alegría por el halago recibido, cogió los papeles y se los leyó en pocos minutos – Bien, ahora sí está todo en regla – Se acercó a la mesa del director, cogió la pluma que éste le ofrecía con una gran sonrisa y firmó

Harry y Ron no articularon palabra, iban a tener una cuenta común en Gringotts, dentro de la cual se repartiría el dinero en cuatro partes iguales a nombre de los cuatro inventores del SDRP. Ni siquiera cuando se despidieron, que lo hicieron con un leve movimiento de cabeza, pudieron decir ni un simple "adiós". Dumbledore les dijo que él iría a que Ginny firmara y así poder comenzar a cobrar inmediatamente la parte equitativa de ese mes. Cuando ya habían avanzado unos cincuenta metros por el pasillo hacia la sala común, ambos se abalanzaron sobre Hermione para achucharla y besar, cada uno donde estaba permitido, mientras le daban las gracias y la halagaban por el espectacular comportamiento que había tenido.

- Estaba hecha un flan, os juro que por un momento pensé que no me saldría bien

Ginny llegó a las nueve en punto, no había podido salir del despacho de Wilcox, aunque sí había firmado el documento allí, mientras Dumbledore se ocupaba de distraer al profesor. Cuando se enteró de todo, abrió los ojos como platos y abrazó a su amiga hasta casi dejarla sin respiración.

Fue el único momento que tuvo Ginny de alegría en toda la semana hasta que llegó el viernes. Se la notaba enfadada, arisca e incluso parecía evitar a Harry y a los demás. Ellos se pensaban que había tenido que ver con que el jueves también había tenido que quedarse en el despacho del profesor, por no avanzar como él quería dentro del trabajo, pero en realidad era por los comentarios que se veía obligada a escuchar de aquel engendro de hombre. Wilcox le atormentaba hablando de Emy, de que él no estaba seguro que ella hubiese muerto, de ser así ¿Dónde estaba su cuerpo? El muy creído decía que era una treta del profesor de runas para alejarla de él, ya que estaba celoso por lo que iba a estar a punto de pasar entre ellos dos. Le decía que no tenía piedad del pobre sobrino, del cual se había enterado hace poco de su parentesco, dejándole solo a manos de un ex presidiario en libertad por falta de cargos, debido a que había encubierto los hechos culpando al pobre Peter Pettigrew de actos horribles, que seguro él no había cometido.

Una tarde estuvo a punto de hacerla estallar acusando a Sirius de ser un seguro mortífago encubierto y de culparlo de la muerte de los padres de Harry, incluso se inventó cómo habían podido resultar ser los hechos de tan atroz día. Seguro que él era su Guardián Secreto y que había disfrutado viendo como Quien-no-debe-ser-nombrado les asesinaba a sangre fría. En todo momento Ginny se mantuvo callada, sin decir ni una sola palabra o sin sacar ni un solo sonido de su boca mientras pensaba en el consejo de Emy "A palabras necias, oídos sordos" pero se le estaba acabandola paciencia. Elprimer día al profesor se le incendió la capa con una chispa del fuego de su chimenea. El segundo día se prendieron dos manuales, que el profesor había escrito y que estaban cerca de una vela. El tercer día Wilcox sentía un calor excesivo en su despacho, que no se iba ni abriendo las ventanas y el cuarto día, en el que Ginny estaba a punto de perder la paciencia, una enorme vela se cayó derramando una gran cantidad de cera caliente sobre la mano del profesor, con lo que tuvo que ir a la enfermería a curársela y dar por terminada aquella detención. Si no hubiese sido por que en ningún momento el profesor separó los ojos de los de Ginny, hubiese creído que era ella quien había provocado todos aquellos accidentes, y no estaba tan alejado de la realidad.

Yendo hacia la sala común, en donde la esperaban para ir a su primer entrenamiento conjunto, Ginny comenzó a pensar que no le había salido tan mal la semana como ella había creído. Por un lado había aguantado estoicamente el chaparrón de patochadas, aberraciones y mentiras con las que el profesor le había intentado provocar. Estaba segura que había obrado de esa manera para sacarla de sus casillas y que dijese algo para luego arrepentirse o por lo cual ser castigada. Como bien había pensado ella con anterioridad, en aquel despacho había objetos normales para los ojos de la mayoría pero, de los cuales ella había sacado bastante tajada al tocarlos y ver recuerdos de la vida pasada del insoportable profesor. Ahora sabía que el tal Wilcox había sido un casanova frustrado, que no había conseguido llegar a nada serio con ninguna mujer y que eso le tenía marcado. El sexo femenino se impresionaba por su físico para luego aborrecerle y dejarle tan rápido como corriesen sus piernas. Por su comportamiento de esos días, sabía que su excesiva muestra de seguridad, escondía justo todo lo contrario, y lo corroboró cuando al tocar su túnica para apagarla le vio frente al espejo hecho un mar de dudas por no saber qué ponerse o que imagen mostrar. Uno de los aspectos que no se le habían escapado es que, en realidad, no era inteligente sino un empollón que preparaba todas sus clases para que nadie le pudiera pillar en un error. Solo era eso, un tío que había leído mucho pero sin la capacidad suficiente como para retenerlo o aprender de ello, en fin, como decía su hermano Ron, era un tonto a las tres. Pero lo que más caracterizaba a ese ser inmundo, era su inmensurable ambición, quería llegar lo más lejos posible y con la mayor brevedad. En un descuido por su parte, Ginny había podido observar que tenía guardada una bola de cristal tapada con una tela negra dentro de su armario. Se extrañó mucho al ver aquel objeto en el despacho de un profesor de Historia de la Magia, se lo diría a Hermione a ver qué opinaba ella. Luego estaban todos los accidentes que se habían producido, los cuales habían sido imaginados al milímetro por ella para luego ser ejecutados tal cual ¿Premonición o hechizos? Lo consultaría con Merlín.

Sonrió a los tres muchachos que la estaban esperando sentados en su rincón habitual, subió los libros y cogió un jersey, porque fuera hacía bastante frío. Bajaba por las escaleras mientras veía a los tres hablando muy juntos y callarse por que ella se acercaba.

- Vámonos – Ordenó impaciente Hermione

- ¿Qué tal hoy hermanita?

- Bien, gracias

- ¿Seguro? – Preguntó Harry, que la miraba muy fijamente

Ginny se limitó a asentir con la cabeza mientras pensaba en el horror vivido con Wilcox y un minuto más tarde Ron estaba tan rojo como su pelo.

- ¡Es que no me lo puedo creer! ¡Es un cerdo!

- ¿Quién? – Preguntó alarmada Hermione

- Pues quién va a ser ¡Wilcox!

- ¡Ron! ¡No me lo puedo creer! Te advierto, por última vez, que no se te ocurra volver a utilizar tus dones conmigo o sino me veré obligada a anularte de mí

- Teníamos nuestras razones – Se excusó Harry

- ¿Estáis todos en el cotarro? ¿Tú también? – Ginny miró decepcionada a su novio

- Ginny llevas una semana muy rara, no sabíamos si él te había hecho algo. Te hemos preguntado muchas veces y la mayoría de ellas nos ha dejado con la palabra en la boca, marchándote sin dar explicaciones. Pensamos que Ron podría detectar lo que te pasaba sin entrar demasiado dentro...

- Claro que a ninguno se le ocurrió esperar a que yo estuviese mejor para contarlo, que quizás no fuese el momento apropiado, o que no convenía sacarlo a la luz por las repercusiones que podría tener. Va Ron, dile a tu amigo que has detectado dentro de mi cabeza, seguro que se queda tan campante

Ron entendió a la perfección a que se refería su hermana, si decía lo poco que había descubierto, Harry iría hecho una furia al despacho del profesor y lo convertiría en piedra por el resto de sus días.

- Eso cerdo te mira con malos ojos, le parece que estás buena y que tienes unas piernas espectaculares – Ron bajo la mirada, no era el momento de disculparse con su hermana, que estaba atónita ante su mentira

- Ya lo había notado yo, es un salido, el típico que baja la mirada un poco más abajo de los hombros

Harry estaba indignado pero Ron estaba que echaba pestes, se había inventado una mentira que había resultado ser verdad. Si veía a ese salido mirando las tetas, el culo o las piernas a su novia o a su hermana, se iba a arrepentir seriamente. Estaban llegando a los baños de las chicas del segundo piso, en donde Dumbledore había situado esa semana un traslador para llegar al jardín de Los Guardianes. No podían ser vistos paseando en dirección hacia el bosque y sería sospechoso verles siempre entrar en el despacho del director, así que las nuevas órdenes eran cambiar el traslador todas las semanas de sitio.

Nada más torcer en el último pasillo, se encontraron de frente con Dumbledore y con una señora de unos treinta y tantos años. Si alguno de los cuatro tuviese que apostar, lo haría a que era familiar de Neville Longbottom. Cara redonda, tez blanca y fina, ojos oscuros y bondadosos, cierta mirada de timidez, más bien baja y con un cuerpo con curvas. Vestía elegantemente formal, sabía en dónde estaba y quizás por eso se había puesto aquella ropa. Sin embargo aquella mujer, en conjunto, les pareció guapa, seguramente por que les daba buen rollo.

- Buenas tardes, muchachos

- Buenas tardes – Contestaron los cuatro

- Os quiero presentar a la nueva profesora de Estudios no Mágicos – Dumbledore vio la mirada de sorpresa de Harry – Ella es Natalie McManaman

- Hola chicos ¿En qué curso estáis ya?

- En sexto

- Yo en quinto

- ¡AH! Creo que os delata vuestro pelo ¿Sois hijos de Molly y Arthur?

- Sí, señora – Contestó Ginny – Él es mi hermano Ronald y yo soy Virginia

- Tengo buenas noticias para vosotros, vuestro hermano Percyball ha sido encontrado con vida junto con treinta personas más, en una casa con poca vigilancia, así que ha podido ser liberado esta misma mañana, seguramente lo veáis mañana en el periódico

- ¡ES ESTUPENDO! – Dijo Ron abrazando a su hermana – Se lo diremos a mamá

- Me dijo que os vería aquí, me pidió que os informara de la situación y que os recordara que le escribáis para saber qué se va a hacer en Navidades. Ella no quiere celebraciones... dada ambas circunstancias

Ahí estaba esa mirada de compasión que Harry tanto odiaba, no es que ella tuviese la culpa, es que era insoportable vivir con la lástima de gente a la que ni siquiera conocía.

- ¡AH! Pues gracias por decírnoslo, me ocuparé de ello mañana – Exclamó Ginny dándole la mano en señal de gratitud

- Bueno chicos, nos veremos en clase, hasta entonces – Sonrió y siguió camino con Dumbledore que les guiñó un ojo

Ellos entraron en el baño vigilando que nadie les viese, llegaron hasta el traslador y aparecieron en el jardín de Los Guardianes. El último día del mes de noviembre, ninguno de los cuatro había entrenado con Merlín de forma práctica. Él quería adentrarles en el mundo de la palabra, deseaba que aprendieran el arte que conllevaba la música, la poesía y la palabra escrita para avanzar en la magia antigua. Al principio los chicos pensaban que era una perdida de tiempo, mientras que las chicas se lo pasaban en grande, aunque nadie dijo nada porque al menos tenían un día a la semana que hacían lo que más les gustaba a cada uno.

Los miércoles Hermione veía a Merlín y trataban específicamente de temas intelectuales sobre magia, o bien el anciano mago le contaba historias de cuando él era consejero del rey Arturo. Ron iba al despacho del director para continuar su particular partida de ajedrez, comentando toda clase de posibles estrategias para una defensa impecable. Para Harry y Ginny, el miércoles era doblemente especial, por un lado era el día de mayor actividad, batirse en duelo, y por otro, estar juntos para conocerse a la perfección en el campo de batalla. Esos eran los dos puntos principales en el programa del día, aprender a luchar y formar un equipo perfectamente compenetrado. Sirius y Remus eran sus contrincantes, se divertían de lo lindo con ellos dos y al acabar, siempre se decían el uno al otro que orgullosos estarían James y Lily de Harry. Sirius mantenía siempre el mismo pensamiento, seguro que Emy estaba más que satisfecha por ver como su sobrino y Ginny estaban hechos para ser unos perfectos espías. Como parte del entrenamiento les mandaron correr, Harry y Ron ya estaban acostumbrados pero a las chicas les costó coger el ritmo. Merlín decía lo mismo que Emy, un cuerpo sano da un espíritu fuerte, así que las sesiones de correr se ampliaron a los entrenamientos de quidditch y en cuanto la nieve desapareciera, correrían por los terrenos.

Así que ese día de finales de noviembre, estaban más que contentos por el partido entre Ravenclaw y Hufflepuff. No únicamente porque podrían disfrutar del juego, sino porque al fin iban a descansar. Para Harry era un decir, ya que todos los miembros del equipo de Gryffindor se sentaron juntos para comentar el partido, y por supuesto machacaban a Harry con toda clase de preguntas sobre jugadas, nuevas normas, supuestas faltas y cosas así que ni siquiera Ron tenía humor de contestar. El partido finalizó a la hora y media cuando el buscador de Ravenclaw atrapó la snich, dando la victoria a su equipo por 350 a 90, habían machacado a Hufflepuff. Curiosamente Hermione iba hacia el castillo más orgullosa que Ginny y para colmo, estuvieron sin dirigirse la palabra durante al menos dos horas. No cabe duda que Harry y Ron aprovecharon para reírse de ellas todo lo que pudieron y un poco más pero después pagaron su vacile cuando, a quien no hablaron, fue a ellos durante el resto del día, ya que se fueron a dar una vuelta por el castillo para deleite del resto de los alumnos masculinos, que siempre las veían rodeadas por sus celosos Guardianes.

Cuando volvieron a unirse en la sala común, los chicos estaban encantadores con ellas, lección que aprendieron enseguida "Si el chico no tiene las cosas muy claras, dale tiempo y espacio para que te eche de menos y verás como es otro cuando regreses".