Hizo caso a Don Lorenzo y ya llevaba varias semanas metida de lleno en el caso. Tenían información de casi todos los integrantes de la organización. La mayoría eran familia de la mujer de Henrik.
El caso avanzaba poco a poco. De momento Aitor se había ganado la confianza del pequeño de los Dunkel y se había acercado lo suficiente para entrar en casa donde residían a las afueras de Madrid.
La casa tenia dos pisos de altura, 6 dormitorios 2 cuartos de baño, uno de ellos con jacuzzi, cocina, comedor y sala de estar. Como no todo ello lleno de lujos.
El comentario que hizo Aitor la primera vez que estuvo allí fue:
Aitor: Esa gente se limpia el culo con billetes de 500 tío! Da asco la pasta que tienen.
En el terreno profesional, todo iba viento en popa y Pepa se había subido al barco. Sabia que pronto tendría que salir a la calle y tomar parte en el operativo pero saber que aun tenia tiempo para asimilarlo la tranquilizaba.
En el terreno personal, bueno, cada día Silvia, Pepa Y Gonzalo parecían mas una familia. Una familia poco común si, pero una familia.
Al final la cuna seria la de Sabinica. Menuda se había puesto Rita con ese carácter murciano que la caracteriza, como para decirla que no. Pero los muebles, esos si que eran del ikea y como no le tuvieron que tocar los santísimos a Don Lorenzo.
Silvia: ¿Papa?
D.L: Dime hija.
Silvia: ¿Tienes por ahí las instrucciones del mueble?
Y claro vista la ocurrencia de la pelirroja Pepa no pudo hacer otra cosa que romper en una enorme carcajada.
D.L : ¡Pero que cojones hija! ¿Reírte de tu propio padre?
Pepa: Venga Don Lorenzo, ¡que solo ha sido una broma!
D.L : Una broma.. una broma... vosotras si que sois mas complicadas que montar un mueble del ikea!
Todo parecía estar tranquilo y desenlazándose con calma. Pepa y Silvia pasaron algunos días solas. Pasearon por el parque sentándose cada diez minutos porque las piernas de Silvia ya no podían mas, pasaron tardes en los cachis con la compañía de Lola o veían una película con palomitas en casa de Silvia. Pero el factor común a todas aquellas actividades era la forma en la que Pepa se volvía loca tratando de satisfacer todos los antojos de la pelirroja.
Silvia: Joo Pepa que no quiero que la niña salga con una mancha con forma de tomate!!!
Pepa: Pero Silvia si compramos tomates naturales el otro día y ahí siguen.... ni los has tocado..
Silvia: Porque no son Apis!
Y conversaciones como esas todos los días, pedir electrolitos y Pepa volverse loca hasta descubrir que pedía una lata de acuarius. Si es que la ciencia hace mucho daño...
Pero aquellos días que pasaban las dos solas empezaron a ser cada vez menos frecuentes por culpa de la mayor implicación de Pepa en el nuevo caso.
Aitor ya estaba dentro, un camello de poca monta mas manejado por los los Dunkel. Necesitaban a alguien arriba, alguien que ya hubiese estado en circunstancias parecidas. Alguien como Pepa.
Era consciente de que ese momento iba a llegar, de que tendría que infiltrarse, era lo que le había pedido Gonzalo pero no pudo evitar que su ritmo cardíaco se acelerase, que sus nervios aumentasen y empezar a temblar.
Gonzalo sabia que la costaría y no quería forzarla, pero la necesitaban. Sabia que era arriesgado infiltrar a dos agentes en una operación como aquella pero eran los mejores agentes de capo que tenían en comisaria. Pepa no iría sola. Lucas estaría a su lado.
Faltaban 48 horas para que Lucas y Pepa dejasen de ser ellos para convertirse en Ander y Alex, una pareja recién salida de prisión condenada por trafico de drogas que empezarían a "trabajar" en el territorio de los Dunkel para llamar su atención y acabar firmando una alianza con ellos.
Aquella noche Pepa se dejo llevar y se presento en casa de Silvia sin avisar.
Silvia: Hola pensé que no vendrías.
Pepa: ¿Bromeas? Como no venir al único sitio donde quiero estar.
Silvia: Entonces quédate, no te vallas.
Pepa: No me pidas lo que no puedo darte porque yo solo quiero complacerte.
Silvia: Tan solo tengo miedo de volver a perderte.
Pepa: Yo también estoy asustada. ¿Vas a dejarme pasar o nos vamos a quedar en la puerta toda la noche?
Cenaron en silencio, sus miradas se decían todo lo que necesitaban oír, lo que sus bocas no querían hablar.
En sus ojos se veía el miedo, la necesidad y el amor que sentían la una por la otra.
Miedo a volver a perderse, a no volver a encontrar el camino de vuelta a casa, al calor de sus abrazos.
Miedo a no saber cuando volverían a cruzarse sus miradas. Miedo a no estar con ella para compartir el primer llanto de la pequeña.
Necesidad de amar, de besar, de tocar. Necesidad de calor, de comprensión y protección.
Y amor, ese amor trascendental que por encima de todos aquellos miedos sentían la una por la otra.
Fue la primera vez en mucho tiempo que compartieron la superficie de un colchón. Y aunque sus cuerpos no se amaran, es imposible negar que aquella noche aquella habitación desprendía amor.
Silvia se durmió enseguida apoyada en el pecho de Pepa y protegida por sus brazos. A Pepa por el contrario le costo algo mas. Quería llevarse con ella su aroma, su esencia. Quería que su presencia la acompañase y la diese fuerzas durante todo el tiempo que tuviese que estar lejos de ella.
Hundió su cara en los cabellos de Silvia y se embriago de su olor. Al final se quedo dormida con la mano en la tripa de Silvia y sintiendo como la pequeña, que seguía despierta, jugaba seguir los movimientos de su mano.
