Chicas! Gracias por sus RW, estoy súper encantada con cada uno de ellos. Me he atrasado porque para variar no he podido continuar el siguiente capítulo, el 53, porque a pesar que está en mi imaginación no he podido ponerle palabras, así que vamos a aguardar un poquito más por el 53, trataré de hacerlo rápido, pero ténganme paciencia n_n.
Ahora solo pondré agradecimientos y por MP los extendidos a las que me los hicieron así. Las quiero un montón!
Gracias por sus RW de Nai-Reedus, Naty117, Misato Nara, Maria, Bedolla lau, haru10, Faby Sama, Alicia, andreinasophia garcia, Blacklady Hyuuga, Yuukicroos237, lady susi, Kagome de Taisho, Sasunaka doki, Marlene Vasquez, Miyuki Kuran Taisho Kirryu y a mi querida y linda editora hekate ama.
Y sin más se los dejo!
Todos los disclaimer en el primer capítulo completamente detallados.
Advertencia: capítulo en primera persona desde el punto de Sesshoumaru.
CAPÍTULO 52:
«DESPERTAR»
—¡Mierda! —grito ante el dolor que agobia todo mi cuerpo. Intento levantarme pero parece que estoy en una enredadera.
Mi cabeza duele, mi cuerpo duele ¡Carajo! Siento que hasta el cabello me duele y por un instante regreso a mis días de infancia ¡No debo de ser tan débil! ¡Maldita sea!
No puedo ver bien, los ojos arden al intentar abrirlos ¡¿Qué demonios ha pasado?! ¿A dónde estoy? Una puta luz en mi ojo derecho me molesta y hace que lo arrugue ¡Maldita sea! ¿Podrían quitármela?
—Las pupilas tienen buena reacción —el hombre que está frente a mí intenta abrirme el otro ojo que no he podido abrir yo y me duele como los mil demonios, que agradezca que no puedo moverme de lo contrario el tipo ya estaría en el suelo—. Reacción tardía pero no hay nervios comprometidos, lo mejor sería que llamaras al oftalmólogo.
Intento moverme pero el cuerpo me pesa ¡Diablos! ¿Qué acaso tengo pesas en todo el cuerpo que me jalan al suelo?
—Tranquilo Sesshou, estás en el hospital ¿Puedes hablar?
Intento hacerlo pero mis cuerdas vocales no responden, esto parece la peor resaca del mundo o es que algún tráiler me arrolló. Aclaro la garganta pero es inútil, muevo la cabeza y parece ser que hasta eso cuesta.
—¿Recuerdas lo que pasó? ¿Sabes por qué estás en el hospital?
Cierro mi ojo y todo se oscurece, la voz de Miroku está llena de preocupación ¿Por qué? Nunca antes lo he escuchado así, tal vez enojo, decepción, frustración y no sé cuántas emociones más, pero preocupación creo que nunca. Intento nuevamente abrir mi ojo —no tengo ni una puta idea porqué con el otro no puedo ver— pero me es inútil y todo vuelve a oscurecerse.
Siento que floto, como si estuviera elevándome al cielo, todo está tan oscuro pero siento tranquilidad, paz. No hay remordimientos, tristeza, enojos, ni odio; solo paz.
¿Será bueno?
•••••
—...Reacción... No sé...
—...Que hacer algo...
Las voces no me dejan en paz, las escucho a lo lejos como si fueran ajenas a mi realidad. Poco a poco me obligo a abrir los ojos pero todo se ve borroso.
—...¿Bien?
—...Maru?
Siento que la cabeza me estalla y el cuerpo me duele como si hubiese estado acostado durante años. La cama es incómoda. Vuelvo a cerrar los ojos para poder enfocar bien y finalmente puedo ver a Miroku.
—¿Sesshoumaru estás bien? ¿Puedes escucharme? —su tono de voz es fuerte y hasta cierto punto desesperante, la cabeza me empieza a doler.
—¿Podrías bajar tu tono Miroku? —mi primo da un largo suspiro y luego se echa a reír.
—¡Diablos hombre! Creo que en estos últimos días he envejecido 10 años —veo recorrer una lágrima que la quita de su mejilla como si se tratase de nada. Kagome se encuentra detrás de él limpiándose las suyas ¿Por qué demonios lloran?—. ¿Sabes a donde te encuentras Sesshoumaru? —intento sentarme pero no puedo—. Descuida, no es necesario que te sientes, primero me gustaría que me respondieras por favor.
Intento hacer memoria. Estaba en el Búngalo, Rin me dijo que se quedaría al día siguiente. Es el cumpleaños de Ayame y yo... Kagome... Solo podía pensar en Kagome. Tomé las llaves del jaguar y salí para la fiesta dispuesto a rogar —por primera vez en mi vida— para que ella me perdonase, pero... Un auto me chocó y luego otro de lado cuando quedé atrapado en el vehículo. Luego me acuerdo de haber escuchado la voz de Miroku.
—En el hospital.
—¡Bien! —me ausculta y luego me toca las costillas, gruño como si fuese un animal salvaje a punto de saltar sobre mi presa, me abre los ojos y quito mi cabeza con molestia para que deje de hacerlo, pero me toca el izquierdo y me duele. Pujo otra vez para que lo sepa y lo deje de hacer—. ¿Sabes en qué día te encuentras?
—Tuve un accidente... —me gustaría corregirme y decir que tuve un intento de homicidio o una advertencia bastante fuerte porque todavía no sé cuáles eran las intenciones del que provocó ese percance, necesito hablar con Kawamaru.
—Así es. Te estrellaste con tu auto cuando saliste del Búngalo —no me estrellé, casi me matan, intento corregirlo pero no quiero decirlo en voz alta—, fue una fortuna que Rin estuviese pendiente de ti cuando saliste, de lo contrario creo que no nos hubiésemos enterado de nada —vuelvo a ver a Kagome, pero no veo ninguna reacción al momento en que Miroku menciona a Rin, eso es bueno. Levanto mi mano y toco mi cabeza, siento vendas y veo cables en mi mano.
—¿Qué me hicieron?
—Tuviste un fuerte golpe en la cabeza Sesshoumaru y una costilla lacerada, fue una fortuna que no pasara a más. Tuvieron que forzar el auto para sacarte. Haz tenido suerte que unos socios del Búngalo que son policías estaban jugando allí, ellos le ayudaron a Royakán para poderte sacar. Te trajeron aquí en helicóptero, el Dr. Ryonuseke realizó una operación para poderte sacar un coágulo del cerebro, tus funciones según la tomografía han estado normales, pero nos preocupaba que no despertabas. Tu costilla se ha recuperado durante todo este tiempo, pero aun así te dolerá otro tanto.
—¿Estuve en coma?
—Propiamente no, podías respirar normalmente y tus signos eran constantes, simplemente era como si tu cuerpo dijera que era mejor estar dormido y que descansar era tu mejor opción —me obligo a sentarme, Miroku me detiene pero niego con la cabeza a lo que finalmente lo entiende y no le queda de otra que ayudarme. Me mareo un poco, la cabeza continúa doliendo pero ya no es el dolor punzante de minutos atrás.
—¿Cuánto tiempo he estado aquí?
—10 días —me sorprendo. He estado 10 días en coma, aunque él no lo llame así, si tuve el accidente el viernes por la noche quiere decir que estamos a lunes, espero que mi cabeza todavía pueda hacer cálculos mentales—. Kagome ha estado aquí desde ese día —ella me sonríe tímidamente, se ve demacrada, estoy seguro que no ha comido bien inclusive desde el día en que terminamos.
—No has estado comiendo —le reprocho, nuestras miradas se encuentran y siento que un intenso fuego se apodera de mí, ha atentado en contra de su salud, de su bienestar, el deseo de ponérmela en mi regazo y darle unos buenos azotes me escoce la mano.
—Lo siento... Tenía otras prioridades —¿Soy una prioridad?
—Has faltado a tu trabajo.
—Yura me ha dado una licencia.
—La vez anterior hiciste un escándalo.
—En esta ocasión era diferente —Miroku ya no está en la habitación, en algún momento debe de haberse escabullido al sentir nuestra tensión ¡Demonios! Hasta yo puedo palparla.
—No era tu obligación el estar aquí —¿Por qué he dicho eso? Si iba a buscarla para rogarle que regresara conmigo y ahora me comporto así ¿Qué demonios me pasa?
—No ha sido ninguna.
—Me sorprende que Kagura no te haya echado a patadas —Kagome se ríe, su sonrisa podría hacer que me levante de esta odiosa cama y salir corriendo a abrazarla.
—Lo intentó, pero ni siquiera ella iba a lograr que me moviera de aquí —Kagura y Miroku son las dos únicas personas que figuran en mi póliza de seguro para decidir qué hacer con mi cuerpo en caso de algún accidente. Cada uno tiene el 50% de decisión, en caso de tener una muerte cerebral deben de llegar a un acuerdo y decidir si desean desconectarme o no. Estoy seguro que Kagura lo ha tomado más que una decisión clínica, sino como una personal, pero antes de conocer a Kagome, ellos dos eran las únicas personas que me han demostrado que podrían estar a mi lado no importando que tanto dinero estuviera de por medio.
—Te fuiste Kagome, a pesar que te dije que no lo hicieras te fuiste —¡Diablos! ¿Por qué le estoy reclamando algo que yo mismo provoqué? Ella sonríe y se acerca, ha estado a solo unos pasos de la cama pero la he sentido más alejada que nunca.
—No estoy embarazada —¡¿No lo está?! ¿Irasue se equivocó? ¿Y las pruebas?—. No me dejaste explicarte ese día, te volviste irracional —empieza a llorar y sus lágrimas son como ácido, me queman en lo más profundo de mi ser—, no querías escucharme y luego dijiste... —sí, que no quería que un bastardo, que no quería una familia—... Eso... —ni siquiera lo puede decir, le duele y se nota cada vez que sus palabras se cortan.
—Yo no...
—Lo entiendo —¿Lo entiende?—. Irasue... Irasue no está muerta como todos pensamos y sé que... Durante un tiempo, todos fueron felices... Lo siento Sesshoumaru... Sumiko... Sumiko... Ella... Me contó todo...
¡Maldita sea! Esas lágrimas son de compasión, detesto que me tengan lástima.
—No llores —mis palabras son crueles, vacías, llenas de dolor.
—Lo siento... Lo siento... Yo no... Yo no comprendí el dolor que sentías, el dolor de tener una familia y perderla.
—Para —mis recuerdos empiezan a fluir, no de lo que recuerdo en sí porque sería imposible, sino de lo que he visto en fotos, de lo que mi cabeza intentó bloquear durante muchos años.
—Mereces ser feliz.
—Calla Kagome.
—Mereces que se te de amor y que disfrutes con ello sin remordimiento.
—Calla.
—Te amo Sesshoumaru.
—¡¿Podrías... Dejar de decirlo?! —si estuviera en plenas facultades me levantaría, la tomaría en mis brazos y la callaría de un beso, Kagome deja de hablar—. ¿Qué tanto te ha dicho Sumiko?
—Ella... Me enseñó unas fotos, todavía estoy un poco confundida con ellas ya que no concuerda del todo con lo que me relataste una vez —no le he mentido, aunque sí me he olvidado de algunas cosas, pero no significa que quiera ocultárselas, sino más bien protegerme a mí mismo.
—¿Qué fotos?
—En donde estás con tu madre y tu padre cuando estabas pequeño, también tenía otras de cuando ingresaste a La Esperanza, cuando te adoptó Inu-No y cuando regresaste.
Kagome me relata lo que Sumiko le ha dicho y que yo no le he contado. Durante mis primeros tres años de vida, antes que Irasue cumpliera los 19 vivimos con Inu-No, como si fuésemos una familia normal, pero luego él se separó de ella y comenzó a salir con Izayoi y nos abandonó. Él intentaba tener cierto contacto conmigo y lo hizo durante el tiempo en que estuve en el prescolar, pero Irasue al saberlo me sacó del lugar y nunca más me dio la oportunidad de ir a un colegio para que yo no pudiera alejarme de ella y estar en contacto con él.
A los 6 años, alguien me llevó al Orfanato pero me enfermé, decían que aunque ella fuera una mala madre yo necesitaba estar a su lado por lo que encontró la manera de quedarse conmigo otra vez, sin embargo los maltratos comenzaron a ser más fuertes, los días de abstinencia, de castigo sin probar bocado, la falta de salubridad en donde vivíamos, Inu-No se dio cuenta y por medio de sus contactos obligó al estado a que me apartaran de ella, de eso sí que me acuerdo, de hecho mis sueños se remontan a esa época. En esa segunda ocasión estuve en el hospital durante varios días, estaba tan desnutrido que no pensaban que podía sobrevivir.
Luego fui adoptado por Inu-No e Izayoi, su nueva mujer, pero Irasue nunca dejó de rondar a Inu-No y eso trajo más conflictos. Me cuenta que Sumiko le ha confesado que Irasue todavía sigue extorsionándome, cosa que nunca he hecho caso, pero ahora que la tengo a ella y que sabe en qué puede dañarme he cedido como idiota. No sabe nada más que eso, que en alguna época de mi vida fui feliz, aunque yo sea incapaz de recordarlo.
—Ya lo sabes entonces, Irasue quiere que sufra lo mismo que ella ha sufrido y al momento en que ella vea que tú podrías convertirte en mi felicidad será capaz de destruirte y con eso destruirme para el resto de mi vida, no deseo eso Kagome.
—¿No crees que me subestimas Sesshoumaru? —la veo con confusión—. Eres tú el que está postrado en una cama, eres tú el que estuvo a punto de morir y yo contigo.
—Esto no ha sido causado por ella.
—¿Entonces quién? No me digas que fue un simple accidente, te embistieron y se fueron sin dejar rastro alguno.
—Irasue no me quiere muerto, eso le causaría terribles problemas financieros que no desea.
—¿Me quieres decir que solo desea verte vivo para que sigas produciendo dinero para ella, pero que te quiere infeliz el resto de tu vida?
—No dije que sus razones fueras lógicas.
—Si ella es tu razón para apartarme de ti y hacerme daño, no te lo voy a permitir, sin embargo si me dices que no sientes nada por mí y que quieres que me aleje, lo haré —espera mi decisión, que le confirme mis sentimientos y sé que con decirle que la quiero se quedará a mi lado no importando el qué. ¿Sería capaz de retenerla a pesar que podrían hacerle daño?
—No quiero que nada malo te pase —llora pero con una sonrisa en sus labios y sus ojos demuestran la felicidad que mis palabras le producen, ella sabe interpretar que soy un bastardo egoísta. Se acerca a mí acotando la distancia que ha mantenido con prudencia y pega su frente con la mía.
—Te amo Sesshoumaru, y no es Irasue la que me apartará de ti.
—Kagome yo...
—No digas nada que no desees en realidad. Sumiko me ha dicho que la has pasado tan mal como yo durante el tiempo que hemos estado apartados, y podría perdonarte que me hayas hecho sufrir tanto, si prometes que no dejarás que Irasue vuelva a interponerse entre nosotros.
¿Qué puedo decirle? ¿Le acepto que la necesito más que nada en el mundo? ¿Qué la amo como nunca pensé que lo haría con nadie? ¿Qué temo cada segundo que pasa por su seguridad? Nunca antes he tenido una debilidad, me he obligado a no tenerla, pero ahora ella lo es todo, es mi fortaleza y mi punto débil a la vez.
—No huiré Sesshoumaru, no te dejaré a no ser que me digas que no me quieres, pero no dejaré que nada ni nadie se interponga entre nosotros —intento hablar pero me calla colocando un dedo sobre mi boca ¡Carajo! Es bueno saber que otras partes de mi cuerpo se encuentran en tan buen estado que se despiertan ante su tacto—, ni siquiera una familia ¿Lo entiendes? —¿Qué si lo entiendo? Está renunciando a una familia por mí, por quedarse al lado de un bastardo controlador y egoísta que no desea un hijo.
—Lo entiendo —sí, soy un bastardo egoísta pero mientras pueda, éste bastardo egoísta logrará que Kagome se quede a su lado.
—Es una fortuna ver que te encuentras tan bien Sesshoumaru, pero "tortolitos" temo interrumpirlos para ordenarte que tienes que descansar —la presencia de Miroku no puede ser más inoportuna, pero quizás tenga algo de razón.
—¿Cuándo podré irme?
—Probablemente en 10 días o una semana.
—¡¿Estás loco?! No podré soportar más de un día aquí, ya me has tenido 10.
—¡Tú eres el que está loco si piensas que después de un accidente como ese te daré el alta el día de hoy!
—24 horas más Miroku.
—Esto no es una negociación Sesshoumaru, soy tu médico de cabecera y debido al impacto que tuviste y a donde estuvo centrado el golpe no es conveniente...
—36 horas —Miroku se restriega la cien desesperado, sí, esos son los sentimientos que he visto en él siempre y los que provoco en muchas personas.
—Ya te lo dije Sesshoumaru, no es una negociación.
—En la vida siempre hay que negociar —Kagome se ríe, creo que recuerda algo, me gusta verla sonreír, me da fuerza y me hacen querer salir de aquí corriendo.
—72 horas.
—40.
—60 si el día de mañana te levantas y me demuestras que todo está bien.
—48 si lo hago.
—Trato hecho, en dos días más te daré el alta, pero luego no me culpes porque te desplomes debido a algún coágulo que no hemos podido detectar porque te has fugado de este lugar.
—Dime a dónde tengo que firmar para relevarte de la responsabilidad.
Nuestras miradas se enfrentan y Kagome vuelve a sonreír. Sí, soy más terco que cualquiera en este planeta, pero es bueno saber que ella, aun con todos esos defectos, me quiere.
•••••
Kawamaru está conmigo en la habitación, ha investigado sobre el accidente antes que yo se lo dijera, está siguiendo la pista del tipo que me envistió de lado con su Range Rover, según Miroku es buena señal que recuerde con claridad el suceso y el vehículo que me embistió.
—He cambiado la seguridad de todo el edificio y el pent-house tiene nuevas claves y cámaras, el personal también ha sido renovado y se lo he notificado a todos los ocupantes.
—¿Qué hiciste con los anteriores?
—Los he reubicado, sé que no le gusta que se despida a nadie.
—Bien.
—Durante el tiempo que no ha estado —noto un poco de hostilidad y reclamo en su voz, sé que no le ha gustado que me aleje de él y estoy seguro que se culpa por haberme dado espacio, ya que si hubiera estado con él no estuviese en estas condiciones, pero decido ignorarlo—, Ah y Un siempre han estado cuidando de la Srita. Kagome y estos días yo he estado al pendiente de todas sus necesidades y de su seguridad.
—Gracias Kawamaru ¿Qué ha pasado con Izayoi?
—El juicio ya ha dado inicio, con Jaken hemos entregado las pruebas pero todo se ha retrasado por su accidente además ella salió con anticipación del país con la excusa de un caso en Inglaterra. El Dr. Taisho ha intentado visitarlo, pero no lo ha hecho.
No digo nada ¿Ahora Inu-No quiere hablar conmigo por el problema de su mujer? Se lo advertí muchas veces aunque no debería de haberlo hecho, Izayoi no merece perdón ni siquiera de él.
Kawamaru sale de la habitación y Yoko entra con Kagome, se ven demasiado cercanas como si fueran amigas, lo dejo pasar aunque eso me pone de mala gana, luego se lo preguntaré a Yoko. Mi pelinegra entra al baño y me quedo con mi asistente quien me informa de todo lo que ha sucedido en la empresa, mis empleados son eficientes, han podido manejar todos los negocios sin mi ayuda, aunque faltan varios detalles que solo yo puedo afinar pero Yoko me afirma que pueden esperar.
Ayame llega a los pocos minutos del retiro de Yoko, sin embargo la obligo a salir junto con Kagome al momento en que el neurocirujano y Miroku me obligan a levantarme y caminar, no quiero que nadie más me vea en mi peor periodo de debilidad. Doy unos pasos y me mareo, sin embargo oculto el intenso dolor que siento.
Han pasado 48 horas y me siento mejor, como si me hubiesen regalado una nueva vida. Miroku cumple su palabra y me libera de la prisión, sin embargo quedo al cuidado de Kagome, cosa que no me podría caer mejor.
—¿Qué hay del sexo? —le pregunto en voz baja a Miroku antes de abandonar el hospital y en un momento en que Kagome se acerca a la estación para recoger mis documentos. Me voy sosteniendo disimuladamente del hombro de mi primo a pesar de sus exigencias que por política tengo que salir en sillas de ruedas ¡Mejor perro a sentirme como un lisiado cuando estoy bien!
—Que durante un tiempo tendrás que contenerte.
—No pretenderás que me pase en cama y célibe durante los 15 días que me has dejado inválido, sino luego vas a tener que atender a Kagome por una tendinitis y un caso severo de espasmos en su hombro —pone cara de asco.
—No es invalidez, es una incapacidad —recalca—, y a lo que me refiero es que no podrás practicar ese sexo que tanto te gusta, con cadenas, suspensiones y yo qué sé más, solo algo "normal". Tampoco hagas mucha fuerza, podrías marearte.
—Eso quiere decir nada de coger parados.
—Por favor —puedo sentir inclusive como se exaspera—, usa la cama y aprovecha que tendrás una enfermera personal tan linda.
El que Miroku piropee a mi Kagome me revuelve el estómago, sé que está enamorado de Sango pero aun así no me agrada, me abstengo de darle un buen golpe.
Al llegar a la casa, Ayame ha preparado una bienvenida para mí. Kawamaru ha traído a su madre y a la pequeña Kaoru de Atami, Enyu ha preparado un festín. También están Yoko, Sumiko, Ah y Un; y para mi sorpresa también está Kagura. A los pocos minutos arriban Miroku y Sango.
Todos brindan por mi salida del hospital, Kagome permanece en un discreto segundo plano. Todos insisten en que debo de utilizar silla de ruedas, pero lo rechazo, me parece un insulto ya que me siento bien y al ver mi cara de pocos amigos deciden no seguirme insistiendo sobre ello. Estoy sentado en uno de los amplios sillones y veo desde lejos como Ayame y Kagome conversan, nunca pensé que viviría lo suficiente para ver como una mujer se llevase tan bien con mi familia, o bueno, a los que considero mi familia.
La veo y la llamo con la mirada, ella lo entiende. Le indico que debo de sentarse en mis piernas y a pesar de su negativa lo hace, no pesa nada, está demasiado delgada, pero es algo que corregiré.
—Antes no lo hice bien y espero hacerlo mejor con esta segunda oportunidad —hablo en voz alta luego de darle un beso a Kagome. Lleva unos pantalones caqui tres cuartos con una camisa blanca, su tobillera sigue en su sitio inclusive desde el primer día en que la vi en el hospital, me aseguró que nunca se la quitó y que con ello sentía que estaba más cerca de mí, aunque sonaba absurdo porque siempre pasó al lado de mi cama—, pero quiero que todos conozcan formalmente a mi novia, Kagome Higurashi, la mujer que ha puesto de cabeza mi mundo y la más importante en él —vuelvo a ver a Kagura, sabe que le estoy emitiendo un ultimátum con esa declaración—, quien no pueda aceptarla es mejor que se aleje de mí y de mi vida —todos ríen con mi advertencia excepto Kagura.
Después de algunos minutos Miroku insiste en que todos se vayan porque tengo que descansar. A decir verdad me siento exhausto. Me presiona porque lo deje ayudarme, pero lo rechazo, si no puedo subir las escaleras de mi propia casa es que no estoy bien. Subo con precaución y cautela tomándome por el pasamano, pero con paso decidido irguiendo mi espalda.
Al llegar a mi habitación me entra nostalgia y remordimiento, la última vez que estuvimos juntos nuestra pelea fue precisamente en este lugar. Me pongo un pants gris para dormir y me acuesto. Kagome cierra todas las cortinas, la oscuridad nos envuelve. Sin embargo al volver a abrir los ojos me la encuentro con un conjunto de encaje blanco con medias hasta sus muslos, la luz tenue de la luz del techo la ilumina de manera completamente erótica recordándome una vez más, el porqué de mi locura hacia ella.
—Miroku me ha indicado que debo de cuidarlo bien —trago grueso al ver como se acerca a mí, me empiezo a poner duro—, así que pretendo hacerlo con mucho esmero Amo.
—Kagome... Yo no puedo...
—¿No puedes qué? —me pregunta enrollando sus pestañas y suavizando la voz— ¿Tener sexo como un dominante? ¿Ni tampoco ir al cuarto de juegos? —que lo diga en voz alta como si aceptara que es algo normal y común, me sorprende—. Lo sé, pero eso no significa que no podamos hacer las paces como es debido —¿Le ha preguntado también a Miroku? Mi chica no tiene vergüenza—. Y sí, le he preguntado a Miroku si podíamos tener relaciones y me dijo que mientras yo tomara el control y no te dejara actuar imprudentemente podríamos hacer lo que quisiéramos ¿Te apuntas?
Se coloca a horcajadas en mí ¡Mierda! Mi erección ha crecido en un segundo a la velocidad de la luz al sentirla tan cerca. ¿Qué si deseo hacer las paces? ¡Carajo que sí! Asiento sin darme cuenta.
—Entonces no pongas ninguna objeción mi Amo, deja que tu Kagome te cuide.
Da unos besos en mi abdomen desnudo y me tenso, necesito que esa boca esté en otro lado. Va subiendo hasta mi pecho dando pequeños círculos en mis pezones endureciéndolos y saboreándolos, luego sube con cuidado hasta mi cuello y se detiene en mi lóbulo derecho. Sus senos enfrente de mí me incitan a que los atiende y lo hago. Los succiono, los masajeo y me deleito con ellos. Kagome es la mujer más perfecta que existe.
—Entonces, hagamos las paces nena.
Ella se muerde el labio inferior y con cuidado me va quitando el pants y mi bóxer dejándome completamente desnudo y más duro que el acero.
