Capítulo Cuarenta y Tres
La Batalla Final de Oliver
Ginny estaba inmersa en ese agradable y cómodo lugar entre el sueño y la vigilia, donde todo era confuso y nada parecía importar. Iba a la deriva, sin rumbo fijo, casi en un estado de meditación… todo estaba bien… estaba relajada y calmada…
Había un simple hechizo en el dormitorio para impedir que el sonido de las alarmas despertara a todas las chicas cuando un chico idiota trataba de colarse en medio de la noche. Había sido colocado a comienzos de los sesenta, cuando los chicos se estaban volviendo particularmente estúpidos. Por eso Ginny no pudo oír las alarmas, no sabía que un Malfoy ligero de ropa, con un tutú, era ahora transportado por las escaleras por un grupo de sudorosas chicas de primer año, no sabía que el Club Salvemos el Mundo estaba a punto de inmiscuirse en su burbuja de felicidad. Fue un completo shock cuando la enmascarada Hermione y la cabeza cubierta por una capa de repente llenaron la borrosa visión de Ginny y el grito de "¡HOLA, GINNY!" rompió la paz con la misma diplomacia que tendría el lanzamiento de una antigua lámpara de Tiffany contra el monte Everest.
Ginny se los quedó mirando, horrorizada y no poco enfadada. Antes de que pudiera decir algo (algo como "¡Salid cagando leches de mi habitación antes de que os pongáis sobrios, hatajo de idiotas!"), un águila disecada, ligeramente carcomida por las polillas, pegada firmemente al final de una melena rubia entró en su campo de visión.
"Hola", dijo Luna. Ginny se quedó con la boca abierta, luego meneó la cabeza y rodó sus ojos; ni siquiera podía fingir estar sorprendida de que la primera persona con la que Hermione se hubiese aliado, dadas las circunstancias, fuera Luna.
"¡Hola, Comadreja Junior!" gritó otra voz, y una mano empezó a saludar frente a la cara de Ginny. Ginny la apartó y se giró para mirar en redondo, sólo para ver a Draco, con tutú y todo, sujeto en el aire por cinco irritadas estudiantes de primer año, como una versión crack del cuento de hadas de una princesa transportada por sus adorables esclavos.
"Potter nos pagó", explicó una de ellas. Estaba de pie sobre la túnica de Draco, que se estaba arrastrando sobre el suelo.
"Maldita gente rica", gruñó Ginny.
"¡Gin! ¡Es hora de reclutarte para el Club Salvemos el Mundo!" dijo Hermione alegremente. Sacó su varita.
"No", gruñó Ginny, quitándole la varita y tirándola por la habitación. Esto fue un error y ella lo sabía; debería haberse quedado agarrada a ella, romperla de haber sido posible. Ahora era recuperable.
"Pero te necesitamos", dijo Luna ausentemente, inspeccionando ociosamente su vestido de corchos de cerveza de mantequilla.
"La banda no está completa sin ti, Ginny", convino Hermione. "Luna, Neville, Harry, Malfoy y yo... No suena tan bien como Luna, Neville, Harry, Malfoy, Ginny y yo. Seis es un número mucho mejor para un grupo de superhéroes que cinco. Y si no fíjate en los Power Rangers".
"¿Quién?" preguntó Ginny, frunciendo el ceño en señal de confusión.
"¡Power Rangers! Siempre añaden a un sexto miembro. Casi siempre, vaya. Además, te necesitamos, Ginny. No podemos recordar quién es el Chico Anti-Arañas, y no podemos matarle si no sabemos quién es".
Ginny suspiró. Esta era la primera vez que necesitaba a Hermione y no podía ir a pedirle consejo a Hermione. Era un sentimiento incómodo, no tener el sólido apoyo de Hermione y su lógica. Aún así, no importaba lo sola y perdida que se sintiera Ginny: ella no iba a acabar en el Club Salvemos el Mundo.
"Podría acostumbrarme a esto perfectamente" dijo Draco, feliz en los brazos de las chicas de primer año.
"No lo hagas", dijo una de ellas sombríamente.
"Me gusta bastante este vestido", dijo Luna contemplativamente. "Es sorprendentemente cómodo".
"Hermione, cariño", dijo Ginny con ternura, "hagamos una cosa. Yo te digo quién es el Chico Anti-Arañas y luego tú podrás matarle y yo podré volver a dormir, ¿vale?" Si Ron quería comportarse como un estúpido, entonces Ginny no tenía reparos en devolverle el lío que él mismo había creado.
"No, Ginny, tú tienes que estar en el club", insistió Hermione.
"Oh, yo ya estoy en el club", le aseguró Ginny. "Yo sólo… no tengo puesto el uniforme ahora mismo".
"¿En serio?" Hermione la miró fijamente. "Oh. No tenía ni idea".
"¿Cuál es tu nombre de superhéroe?" preguntó Luna.
Ginny le lanzó una mirada taimada. Luna no estaba bajo la influencia del hechizo y, por ello, no tenía derecho a complicar las cosas. "¿Nombre de superhéroe?" repitió con cautela.
"Sí. Yo soy la Tía Rara pero Útil. Y Neville es el Torpe Hombre Planta".
"¿Neville?" siseó Ginny. Genial. Ginny tenía bastante debilidad por Neville; él era, después de todo, una persona como ella… cercana a Harry, Ron y Hermione y aún así nunca había sido parte de su círculo, siempre en la sombra. Pensar que se había metido en este lío porque Ginny lo había mandado tras Harry y Hermione era un pensamiento molesto.
"Yo soy La Cuerda", le dijo Ginny a Hermione lentamente, pensando con rapidez. "Estoy exhausta de batallas anteriores con el Chico Anti-Arañas y por eso necesito descansar más, para que mi poder secreto de, um, visión Rayos-X se recargue. Así que os pido que tratéis que cogerle vosotros solos. Yo no puedo luchar en este momento. Os diré quién es, y vosotros podéis ir a buscarle, ¿de acuerdo?"
Hermione asintió con impaciencia y Ginny abrió su boca, luego se detuvo. En un día normal, Ron no era rival para Harry y Hermione, aunque a lo mejor lo era para Draco, Neville o Luna. Podía apostar que Neville y Luna, a pesar de su extraña iniciación en el club, no tomarían parte en el intento de asesinato. Aún así, Ginny dudaba que Ron pudiera con Harry, Hermione y Draco, incluso en su estado psicótico. Su locura actual provocaría situaciones imprevisibles, y Ginny no quería ver a Ron metido en un duelo sin ningún tipo de restricción. Con todo, Ginny también dudaba que ella fuera a ser capaz de contener al Club Salvemos el Mundo, por lo que tenía que mandarles detrás de alguien. ¿Pero a quién odiaba tanto como para eso?
Wood. La respuesta apareció de la nada. Le debía a Wood uno o dos problemas, y él no era particularmente inocente en este lío. Aparte de esto, él era el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras; Ginny no pensó que enviarlos tras Dumbledore fuera a dar resultado, así que, entre todas las opciones, debía enviarlos a Wood. McGonagall era demasiado impredecible y Snape probablemente no estaba en el castillo. Así que Wood era la siguiente mejor opción.
"Oliver", dijo Ginny. "Oliver Wood. Id a por él, ¿eh? Oh, y a lo mejor queréis mandar a Neville a por él primero", añadió.
"Buena idea", dijo Luna. "Sus encantada Trampa del Diablo puede atrapar al profesor Wood antes de que sea capaz de escapar".
"Exacto", dijo Ginny agradecida, luego le lanzó una mirada feroz a Luna. "Hey. ¿No se suponía que ibas a acabar con esto tú misma?"
Luna se encogió de hombres. "Todos los demás huyeron o han sido cruciados; pensé que estarías orgullosa de mí si por lo menos los vigilo, en lugar de correr por ahí gritando o escondiéndome", afirmó Luna, como si Ginny estuviera siendo desagradecida.
Ginny la miró durante un buen rato antes de responder secamente con un "Caramba. Gracias, Luna".
Oliver estaba teniendo una de las mejores mañanas que había tenido en muchos años. Por lo visto, la única manera de evitar la locura que se había apoderado de Hogwarts era esconderse. Por el momento estaba funcionando a la perfección. Estaba paseando por su habitación, sentado en su Saeta de Fuego 2 por ninguna razón que no fuera que se sentía más cómodo en ella que en la silla, flotando sobre su escritorio, evaluando trabajos y cantando al ritmo de Fenrir's Offspring, su banda favorita. El alto sonido de la canción le hacía sentir como había sido en el pasado, el Oliver despreocupado que –incluso en medio de una penosa temporada de Quidditch y una depresiva guerra y sus misiones para la Orden del Fénix- podía salir un viernes por la noche y estar de fiesta en una discoteca con los chicos.
"'El amor es como el Crucio'", medio gritó mientras corregía la ortografía de "Expelliarmus" en una de las redacción de un estudiante de primero, "'es tan espantoso… Desearía que nunca hubiera habido un nosotros… desearía borrarte… Maldigo tu nombre… Desearía poder desvanecerte… tu maldición no es nada más que dolor…'"
Alguien llamó a la puerta, el sonido apenas se podía distinguir por encima de la música. Oliver dejó de cantar, por el simple hecho de que sabía que su voz era una mierda, pero no se bajó de la escoba ni tampoco se detuvo. Quien quiera que estuviera en la puerta, se iría tarde o temprano. Como había hecho McGonagall cuando había tratado de dar con él por la Red Flú y él se había escondido detrás de una estantería de libros hasta que ella se había rendido. La única criatura que había interactuado con él era el elfo doméstico que le había llevado el desayuno.
"¿Profesor Wood?" le llamó la voz de Neville Longbottom, su tono desesperado y doliente y todas esas cosas que Oliver no sentía porque estaba escondiéndose con todas sus fuerzas, muchas gracias.
Oliver no contestó. Empezó a cantar suavemente otra vez, esperando que Neville se fuera en el siguiente verso. "'El amor es como el Crucio… nada más que dolor… tú y yo nunca más seremos Nosotros…"
"¿Oliver? Soy yo, Neville".
"Encontraré una manera para desintoxicarme de ti…"
"¿Recuerdas cuando tú estabas en quinto y yo estaba en primero e impediste que esos chicos de sexto me pegaran y me curaste para que yo no tuviera que ir a la enfermería sangrando?"
Oliver tragó saliva, tratando de extinguir el pensamiento de "Pobre chico" que estaba asolando su cerebro. "'Borraré hasta tu nombre…"
"¿Y esa vez que yo estaba en tercero y tú hiciste que esos chicos que estaban fuera de los invernaderos dejaran de maldecirme con todos esos hechizos horribles?"
"'Encontraré la manera de desvanecerte…"
"Necesito ese tipo de ayuda otra vez. ¿Por favor?"
"'Tu maldición no es nada más que dolor…'"
"Um, ¿sé dónde puedes encontrar alguna raíz de Kikanto?"
Oliver soltó su pluma y miró alrededor, hacia la puerta, con horror. Neville Longbottom le acababa de ofrecer a él, un profesor, acceso a la planta que estaba prohibida en Hogwarts y en varios países. Oliver no estaba seguro de qué era más sorprendente –que Neville supiera cómo encontrar esa planta o que Neville estuviera tan desesperado como para arriesgarse a ser expulsado del colegio o, peor, sólo para que Oliver abriera la puerta.
No lo hagas, gruñó la parte de él que sufría tanto como Neville lo hacía en estos momentos.
Oliver suspiró. Tenía que hacerlo. Era Neville. Neville, cuya abuela había jugado al Bridge con la abuela de Oliver. Neville, cuyo padre había sido el primo favorito del padre de Oliver. Neville, cuyos padres le habían enviado a Oliver el Chivatoscopio de Bolsillo que tanto Oliver había anhelado por su cuarto cumpleaños. Neville, que era el mejor alivio cómico cada vez que las dos ramas de su familia se juntaban, incluso si la mayor parte era accidentalmente. Neville, que una vez había curado al gato de Oliver con una hierba que ni siquiera habían tenido en cuenta expertos de las Reservas Mágicas de Animales Salvajes. Neville, a quien Oliver había intentado cuidar durante los tres años que habían estado juntos en Hogwarts, incluso yendo tan lejos como para recordar a quien ridiculizaba a Neville que él había dado la Copa de las Casas a Gryffindor durante su primer año. No eran exactamente amigos, y no eran familiares cercanos, pero Oliver le quería y lo conocía lo suficiente para no dejarle fuera, en el pasillo, después de que Neville básicamente le hubiera ofrecido vender su alma a cambio de consuelo por la pesadilla que estuviera sucediendo al otro lado de la puerta.
Con un movimiento de su varita, la música quedó en silencio, y Oliver saltó de su escoba. Mantuvo la escoba en su mano, sobre todo para reconfortarle, aunque se dijo a sí mismo que no era el típico gilipollas que necesitaba la seguridad de una manta y que lo que quiera que estuviera al otro lado de esa puerta podía ser algo de lo que Oliver necesitara huir, y rápido, dadas las retiradas que había tenido que hacer en los últimos días.
Oliver empezó a dirigirse a la puerta, pero entonces decidió que sería mejor mantener la distancia. Levantó su varita y quitó los numerosos hechizos de cierre que había puesto en ella. "Pasa", dijo.
Neville entró rápidamente en la habitación y se apretó contra la puerta, cerrándola firmemente e inclinándose como si tuviera miedo de que otros pudieran traspasarla en cualquier momento. "Oliver… tienes que ayudarme", susurró con urgencia.
Oliver miró a Neville con incredulidad, fijándose en el taparrabos y la corona sobre su frente. "Es que… ¿es Planta Diabólica lo que llevas alrededor de tus muñecas?" inquirió Oliver.
"Está encantada", dijo Neville ausentemente. "Sólo atacará si se lo ordeno".
"¿Por qué demonios estás…?"
"Harry, Hermione y Malfoy. Han perdido completamente la cabeza. Por lo que yo sé, Fred y George los golpearon con algún tipo de Hechizo Eufórico muy potente; nunca he visto a nadie tan confundido desde que a Ron le pasó lo mismo en el Departamento de Misterios y estaba tan ido que convocó aquel cerebro que casi lo mata… Se están llamando a sí mismos el Club Salvemos el Mundo, y han hecho estos disfraces tan raros y nos pusieron a Luna y a
mí estos trajes y ahora están tratando de matar a Ron, sólo que le llaman el Chico Anti-Arañas y olvidaron que Ron era el Chico Anti-Arañas…"
Oliver borró la nota mental de comprarle un buen regalo de navidad a Fred por el asunto de la cereza. "Llévalos a la enfermería", le interrumpió. "Poppy los curará".
"No puedo. Mira, Ginny nos organizó a muchos de nosotros para detenerlos y ellos nos hicieron papilla. La única razón por la que Luna y yo no fuimos encantados es porque fingimos que estábamos de su parte. Si piensan que no estoy con ellos, me encantarán también a mí. Y por alguna razón, cuando fuimos a buscar a Ginny para que les ayudara a recordar quién es el Chico Anti-Arañas, ella les dijo que eras tú".
Oliver lo miró con la boca abierta. "¿Yo?"
"Sí. Supongo que pensó que tú podrías detenerles. Me dijo que viniera a buscarte primero, deduzco que para explicártelo. Se supone que yo tengo que someterte con la Trampa Diabólica, así que pensé que tú y yo podríamos trazar un plan y luego les dejamos pasar y los reducimos…"
Oliver meneó la cabeza y miró a Neville con creciente terror. "Neville… deja que me aclare. Me estás diciendo que hay tres personas en ese pasillo. Uno es el hijo de la mano derecha de Quien-Tú-Sabes. Los otros dos mataron a Quien-Tú-Sabes y a varios Mortífagos. Y los tres están drogados y alucinados y ¿están aquí para matarme?"
Neville asintió excusándose. "Sí. Está Luna también, pero no estoy seguro de si va a ayudarlos a ellos o a, ya sabes, quedarse de pie en blanco".
"Bueno, eso es simplemente fantastico", gruñó Oliver. "¡Fantástico! ¡Esto es tan típico!"
"…¿Típico?..." repitió Neville. No estaba seguro de que otra palabra pudiera aplicarse menos a su situación actual.
"Tres años y medio llevo siendo amigo de Hermione. Amigos con derecho a roce, en realidad…"
"¿En serio?" preguntó Neville, sorprendido.
Oliver lo ignoró. "… y cada vez que salgo con ella, pasa algo. Algún tipo de accidente friki o una misteriosa intriga. Incluso en verano, cuando trató simplemente de estar con sus amigas Muggle de la infancia y fingir que era una chica normal sin poderes mágicos, era alarmante ver lo extraordinaria que era, siempre ocupada con algo, información confidencial de la Orden y la cicatriz de Harry, que es algún tipo de conducto, y, por supuesto, eso de yo puedo hacer un hechizo que tú no aprendiste hasta la mitad de tu séptimo curso y por supuesto que no es nada raro ser compañera de cuarto de Sirius Black: él es un hombre adorable, en realidad, y a mí siempre me han gustado las normas, pero esta vez he salvado a un hipogrifo de una ejecución ordenada por el Ministerio y aunque eso podría haberme mandado a Azkaban durante al menos cinco años, estoy segura de que nadie lo va a descubrir nunca y siento mucho no poder verte durante la navidad, Oliver, pero no he sabido nada de la Orden y Harry ha deducido mentalmente que al Señor Weasley casi se lo come una serpiente gigante y tengo que pasar las vacaciones en el cuartel general, pero me encantaría que te pasaras y, ¡maldita sea, Neville, estoy harto de todo esto!"
A Neville, que nunca había sabido que Oliver tuviera ninguna conexión con Harry, Ron y Hermione, excepto el Quidditch y su amistad con los gemelos Weasley, le había pillado desprevenido este ataque de furia. Más aún, en realidad no podía ver cuál era el problema de Oliver. Hermione era atípica, sí, pero eso era lo que a Neville y a todo quien la consideraba su amiga le gustaba de ella.
"No estoy seguro de estar entendiéndolo", dijo Neville lentamente.
"¡Por supuesto que no!" se quejó Oliver, gesticulando tanto con su escoba que Neville se agachó. "¡Tú eres uno de ellos! ¡Tú has dejado que te metieran y surfeas el caos con ellos hasta que te dejan ir a sentarte a la playa, pero eso no me pasa a mí, Neville! ¡Cuando me atrapan, yo no puedo salir del agua hasta que estoy medio ahogado! ¡No puedo surfear, Neville!"
"¿Surfear?" repitió Neville, quedándose en blanco. El surf era una invención Muggle, y un sangre pura como Neville nunca había oído hablar de eso. Oliver, sin embargo, había hablado con un par de amigas de Hermione sobre el tema.
"¡Siempre es lo mismo con ellos! Yo sólo quería un Buscador y, en lugar de eso, me dieron a un chico extraño, predestinado a luchar contra magos oscuros y que siempre acaba en la enfermería cuando está en juego la Copa de Quidditch! Nunca hay un momento normal alrededor de esos tres; ¿qué me hizo pensar que podría salir con ella? Ella es como esa atracción de feria de ese carnaval Muggle al que me llevó… puede que fuera divertido al principio, pero pronto te hace sentir mareado. Yo…"
Neville suspiró y se aclaró la garganta. "Escucha, Oliver… ¿te importa?"
Oliver pestañeó. "¿Huh?"
"Entiendo que estés teniendo algún tipo de crisis nerviosa y lo siento por ti, de verdad que sí, pero llevo puesto un taparrabos. ¿No podrías seguir adelante y tener la crisis nerviosa cuando arreglemos esto?"
Oliver le miró fijamente, un poco indignado. Esto no había sido de mucho apoyo por parte de Neville. Sin embargo, considerando el hecho de que Oliver había, durante el transcurso de la Guerra de las Bromas, dejado escapar dos secretos de Hermione (su tatuaje y su relación con él), la había abandonado durante el entrenamiento de Quidditch, se había emborrachado y aterrorizado a los gemelos y a Ron, se había descojonado cuando trataba de ayudar a Hermione a limpiarse tras la pelea de comida, había enfadado a Harry lo suficiente para que inflara la cabeza de Draco, y, más recientemente, se había escondido en su habitación a la más mínima señal de inminente extrañeza, Oliver no pensaba realmente que podía culpar a Neville por no querer escuchar sus lloriqueos. Oliver podía al menos otorgarse parte de culpa por sus problemas, mientras que Neville era inocente y sufría. Por no mencionar el hecho de que Oliver era un profesor, y se estaba comportando bastante mal…. No sólo se había puesto de parte de sus favoritos y había permitido que los estudiantes se salieran con la suya en cosas que no debían, sino que había ignorado a Harry y a Hermione aquella mañana y no podía ignorar a Neville ahora, no, cuando Oliver había hecho la vista gorda y había permitido que todo se desmadrara.
"Lo siento", dijo Oliver, tomando un profundo suspiro. "He estado un poco… fuera de control… últimamente".
"Lo entiendo. Y, um, cuando todo esto acabe, si quieres hablar…"
"¿Neville?" lo llamó Hermione desde el otro lado de la puerta. "¿Has sometido ya al Chico Anti-Arañas? ¡Estamos aburridos!"
Neville suspiró patéticamente y empezó a responder, pero Oliver le hizo una seña para que permaneciera callado y se apartara de la puerta. "¿Hermione? ¿Eres tú?" gritó Oliver, impregnando su voz de una nota de esperanza. "Tienes que ayudarme, Neville se ha vuelto loco…"
La puerta de abrió de golpe y golpeó la pared con un "bang". Harry marchó al interior, vestido como un superhéroe diseñado por un drogadicto, las manos en sus caderas. "Yo, El Inmortal, he venido a destruirte, Chico Anti-Arañas!" anunció.
Oliver se quedó mirándolo. No había mucho más que añadir a eso.
Harry corrió directamente hacia él y de repente Oliver se sintió increíblemente estúpido. Entre el disfraz de Harry, Neville escondiéndose detrás del escritorio de Oliver, y todas las ridículas ocurrencias que les habían conducido a esta situación, Oliver simplemente no podía tomárselo en serio. Este no era El Hombre que había Triunfado frente al que no debía ser nombrado, cargando contra él valientemente con la justicia dibujada en sus ojos. Este era el chiquillo a quien Oliver solía despertar a las cinco de la mañana para el entrenamiento de Quidditch, que ahora se cruzaba en el camino de Oliver justo cuando todo el mundo se había vuelto loco.
Oliver ni siquiera se molestó en levantar su varita. En su lugar, agarró el mango de su escoba, esperó a que Harry se acercara y estampó su Saeta de Fuego 2 contra la frente de Harry. El mayor héroe del mundo mágico jamás había caído hasta ahora como un saco de ladrillos.
Hermione y Draco acababan de cruzar el umbral de habitación de Oliver. Hermione contuvo la respiración al ver a Harry. "¡Mira, Maldito Bastardo! ¡El Chico Anti-Arañas ha matado a El Inmortal!"
"Bien hecho, colega", dijo Draco, profundamente impresionado. "No tienes ni idea de cuánta gente ha fallado al tratar de noquear a Potter. Si hubieras conseguido hacer eso hace un año, el Señor Tenebroso probablemente te habría hecho rey de Asia o algo parecido".
Hermione le dio un golpe en el brazo. "¡Mal-foy! Somos un equipo, ¿recuerdas? ¿El Club Salvemos el Mundo? ¡Se supone que no tienes que alegrarte de que Oliver mate a Harry!"
"Oh, cierto", se disculpó Draco. "Es la costumbre, compréndelo".
"Por supuesto. Estás perdonado". Hermione se apartó el pelo y levantó su varita hacia Oliver. "Ahora, entonces", empezó a decir mientras Oliver se acercaba con cautela. "Tú, Chico Anti-Arañas, vas a ser destruido, por numerosas razones, la más importante la he olvidado mientras veníamos aquí, pero acabas de matar a El Inmortal y… ¡OUCH!"
Hermione no pudo terminar. Draco había empezado a sonreír con alegría hacia la figura inconsciente de Harry y no se dio cuenta de que Oliver lo había rodeado y había levantado el mango de su escoba. Draco también fue abatido, y su descenso hasta el suelo había tirado dolorosamente de la muñeca de Hermione. Antes de que pudiera recobrar su equilibrio, Oliver levantó su escoba una vez más. Un movimiento más, y los una vez aspirantes a superhéroes no fueron más que una sombra… un montón de cuerpos respirando en el suelo de su cuarto de estar.
"Bueno", se escuchó la adormilada voz de Luna desde el umbral de la puerta. Oliver pegó un salto y levantó la escoba por instinto. "Me alegro de que esto haya acabado. Se estaba volviendo un poco aburrido". Y con esto, Luna se giró y se fue.
Oliver volvió a mirar hacia abajo, a los tres estudiantes tendidos sobre su alfombra, un extraño sentimiento apoderándose de él. Luego le tendió su mano a Neville. "Dame tu varita". Neville se la pasó en silencio, fijándose en los heroes caídos, envuelto en una especie de shock. Oliver sacudió la varita de Neville en el aire y Harry, Hermione y Draco se elevaron grácilmente hasta que estuvieron flotando a la altura de sus hombros. Oliver los dirigió hacia el pasillo, luego le tendió la varita de vuelta a Neville. "Ya está. El encantamiento debería durar lo suficiente para llevarles a la enfermería. Dale un informe detallado a Madam Pomfrey y luego vete a pedirle a la profesora McGonagall que destransfigure tu ropa".
Neville asintió y se fue. Oliver sonrió para sí mismo y meneó su varita, llenando el aire con la retumbante música rock de Fenrir's Offspring.
"Por fin", suspiró. "Paz y silencio".
Nota de la traductora:
Os dejo la nota de autor que puso Crazygirl al comienzo de este capítulo (que fue la última actualización que dejó)
Aquí está: ¡el primer capítulo nunca visto antes! Estoy trabajando en el siguiente, pero mi interés por Harry Potter todavía es mucho menor de lo que solía ser y no puedo garantizar que vaya a actualizar tan a menudo. Os agradezco a todos la paciencia que habéis tenido conmigo a lo largo del largo y arduo proceso de edición de este fic monstruosamente largo. Estoy mucho más contenta con la historia tal y como es ahora, lo cual hace que fluya mucho mejor de mí mientras escribo.
A continuación habla de las canciones, las cuales advierte que son de su invención y no copias de nada y agradece por la resolución del un plagio al que tuvo que enfrentarse. Como véis… no ha habido noticias de ella desde entonces y las malas noticias es que este capítulo se publicó el 3 de marzo de este año. Total… han pasado meses y meses sin que el fic tuviera modificación alguna. Yo no soy partidaria de perseguir a los autores hasta el infierno y más allá por no actualizar, porque sé lo que es tener una vida y carecer de tiempo o motivación para continuar con una historia, pero si alguien realmente quiere suplicarle y si eso hace que nuestras plegarias sean escuchadas, tiene toda la libertad de hacerlo. Supongo que será mucho más efectivo a través del fic original, en inglés, que aquí, dado que soy yo la que recibe vuestros reviews en la versión española (lo cual no quiere decir que no podáis dejar reviews aquí también, claro, jajaja). La decisión la dejo en vuestras manos. Si algún día la historia sigue su curso, yo volveré con más traducciones para que no caiga completamente en el olvido. Hasta aquí puedo leer. Ha sido un placer traducirla. Duro, porque son muchísimos capítulos, pero muy divertido.
Un abrazo a todos.
