Buenas a todos los Marvelitos que andaréis aún por aquí. Tengo la impresión de que siempre os saludo diciéndoos más o menos lo mismo. Que falta de imaginación. Aunque también puede deberse a las otras historias que subo entre semana, lo que hace que me sea bastante difícil recordar qué os dije donde.

Es un tanto confuso. Si veis que en alguna historia concreta siempre os suelto lo mismo, me avisáis y lo anoto para buscar nuevos fuimos de saludo porque si no, no hay forma.

Y tengo la impresión de que, para cuando salga la película de Infinity War, yo aún seguiré esta historia. ¿Cómo es posible que la mayoría de vosotros aún me diga que no se cansa de esta historia?. Una amiga me dijo que me veía en Corea del Sur, rodeada de nietos y aún escribiendo.

Para el que aún no lo sepa (aunque veo eso algo difícil, ya que lo he comentado en más de una ocasión) soy K-poper. Sobretodo por Super Junior y SHINee. Cuando vi a Siwon por primera vez, supe que me iba a quedar en ese mundo.

Pero no más rollos. Os dejo con el capitulo de una buena vez. Disfrutadlo y ya seguiremos hablando al final del capitulo.

CAPITULO 52

...

Mientras los tonos de llamada sonaban, Tony comenzó a ponerse nervioso, pensando si no sería verdad que Steve se habría enfadado con él por haber hecho aquellas declaraciones frente a la prensa y no quería cogerle el teléfono, notando como un escozor molesto se instalaba en su pecho, haciéndole sentir ahogo.

O, así fue, hasta que Steve tomó la llamada.

-Hola, Tony- le dijo este, con su buen humor habitual, haciendo que este se calmar de golpe.

Pero, cuando él iba a responder con un efusivo ``hola´´, oyó voces a gritos a través del teléfono de Steve.

-¿Qué es todo ese jaleo que se oye?- le preguntó este.

-Oh. ¿Los oyes? Sí que es sensible este teléfono- murmuró Steve.

-Rogers, ¿qué es eso?- insistió saber Tony.

-Son los periodistas. Desde que hablaste con ellos, se han instalado en mi portal, pidiendo que alguien hable con ellos.

-Eso es broma, ¿verdad?

Tony ya había dejado bastante claro que no quería que nadie acosara o molestara a Steve. ¡¿Qué demonios estaba pasando?!

-No, no es broma. El portero ha tratado de echarlos, pero no le hacen caso. Al final, algún vecino llamara a la policía para que dejen de incordial. Espero que esto no haga que se molesten conmigo.

-¡Tú no has hecho nada malo!- le dijo Tony, con más efusividad de la que pretendía.-Esto es culpa mía, por abrir mi bocaza. Pensé que actuar con la naturalidad con la que la hacía su madre ayudaría, pero...

-No te preocupes. Antes o después, se cansaran de estar ahí y que nadie les cuenta nada. Mis vecinos son muy discretos.

-De verdad lamento que te estén haciendo esto- le dijo Tony, pasándose una mano por el pelo, irritado.

De encontrarse en aquellos momentos ante el edificio de Rogers, estaba seguro que se echaría sobre los periodistas como si fuera un lobo con rabia, exigiendo que dejaran a este en paz.

Aunque podía hacer algo mejor que eso.

Tapando el auricular por donde estaba hablando con Steve, pulso el botón que le ponía en contacto con Pepper.

-Señorita Potts- la llamó este.

-Dígame, señor Stark. ¿Ha terminado ya con el trabajo que le he dejado sobre su mesa?- le preguntó esta.

-Quiero que llame a la policía y les haga desalojar a la prensa del edificio de Rogers. Está molestando a toda la comunidad y les están poniendo difícil poder entrar y salir de sus propias casas.

Se hizo un instante de silencio, ya que la mujer se había esperado otra cosa, pero, al ver que el asunto era serio, no tardó en responder.

-Por supuesto. Ahora mismo me encargaré de ello, señor Stark.

Y Tony sabía que lo haría. Una cosa era que ellos tuvieran que tratar con la prensa, ya que estaban acostumbrados a ello, pero que se acosara de esa manera a personas que no tenían nada que ver con aquella historia...

-Si realmente quieres que te perdone, llevame de una vez a ese fin de semana que me prometiste- le dijo Steve por el teléfono.-Llevo esperando ese fin de semana desde que me lo dijiste. Y, si no estuviera aquí, dejarían a mis vecinos en paz.

-Estoy haciendo todo lo posible para quitarme todo el trabajo de encima cuanto antes. Yo también estoy ansioso por tener todo un fin de semana para nosotros solos- afirmó el moreno, bajando su tono.

Steve supo perfectamente lo que se pasaba por la mente de Tony ante ese fin de semana, del mismo modo que él mismo lo esperaba, sintiendo un ligero cosquilleo a través de toda su columna, como si anticipara algo.

Estaba más que claro que no aprovecharían ese tiempo en soledad para jugar a las cartas ni contemplar el paisaje del lugar al que Tony le llevaría. Pero también quería disfrutar del placer de pasar días en su compañía, de despertar por las mañanas, abrir los ojos, verlo a su lado y saber que no hacía falta despertarlo para que se fuera al trabajo. Podrían pasarse todo el tiempo que quisieran metidos en la cama, sin estar preocupados por nadie.

Podrían salir a pasear o quedarse en la casa o habitación donde le llevara Tony, charlando, poniéndose al día de todo lo que había pasado, de como se sentían. O simplemente permanecer abrazados, dejando que pasaran las horas.

oh. Steve a penas podía esperar.

-Y yo espero que acabes con todo ese trabajo cuanto antes. Te echo de menos- le dijo Rogers, tratando de no parecer tan anhelante como él mismo creía haber sonado.

Tony, sentado aún sentado en su despacho, deseó tener el poder de la teletransportación para aparecer en el cuarto de Steve en aquellos momentos y devorar su cuerpo de arriba a bajo.

No podía soltar frases como esas y creer que no le harían ningún efecto en él.

-Rogers, vas a acabar matándome- susurró, entre dientes, pasándose nuevamente una mano por el pelo.

Todo su cuerpo se había puesto en marcha cuando le había oído decir eso, como si se hubieran encontrado en la misma habitación y todo él se hubiera preparado para abalanzarse sobre él.

-¿Por qué?- le preguntó Steve, todo inocencia.

-¿Todavía me preguntas porqué? ¿Tienes el valor de decirme que me echas de menos con ese tono y aún me preguntas porqué? Niño malo. Al final, vas a querer que te castigue.

Aquella frase, dicho en ese tono bajo, seductor y prometedor, hizo que Steve volviera a estremecerse sin poder evitarlo.

-¿Castigarme?- murmuró el rubio a su vez, a penas diciendo esas palabras en un suspiro.

-Sí. Y juraría que no te ha molestado la idea. ¿Quieres que te castigue de verdad, Rogers?

Steve se tuvo que sentar sobre su cama porque los cosquilleos que notaba correr por su cuerpo no le iba a permitir permanecer en pie mucho más, haciéndole carraspear antes de poder hablar.

-¿Y qué castigos serían esos?

Sabía que le estaba siguiendo el juego a Tony, pero tampoco era como si pudiera evitarlo.

-Ummm. ¿De verdad quieres que te lo diga o prefieres que sea una sorpresa?- le susurró Tony.

Este se había acomodado sobre su asiento, disfrutando con aquel juego.

Desde que había besado a Steve en público, ya no había podido volver a acercarse a él y su cuerpo, como si fuera una parte ajena de sí mismo, estaba deseando ponerle las manos encima. Lo quería tener delante, ver aquel rostro avergonzado que estaría luciendo en esos momentos, morder sus labios y avivar la pasión que sabía que habitaba dentro de él.

-No sabría qué decir a eso-le respondió Steve.-¿No sería demasiado peligroso dejarme al alcance de tus manos sin saber lo que me quieres hacer?

Steve agradecía estar solo en casa en aquellos momentos. Dudaba que hubiera podido mantener aquel tipo de conversación con Tony de haberse encontrado su madre al otro lado de la puerta.

-Oh. Créeme, cariño- le dijo Tony, aún empleando aquel tono bajo.-Cualquier cosa que esté pensando en hacerte, te gustará.

Otro estremecimiento que sacudió a Steve de arriba a bajo.

-¿Ah, sí? ¿Cómo puedes estar tan seguro?

Steve no quería ponerle las cosas tan fáciles a Tony, a pesar de saber que esta acabaría ganando al final.

-Porque ya te ha tenido entre mis brazos otras veces. Del mismo modo que sé que no estás dejando de temblar mientras te susurro todas estas cosas al oído. ¿O acaso me equivoco?

El muy desgraciado lo conocía ya demasiado bien.

Era cierto que todo el cuerpo de Steve se estaba estremeciendo con aquellos susurros. Sentir la voz de Tony de aquella manera era lo que provocaba, incluso aunque él mismo no hubiera sido consciente.

-Eres demasiado creído, ¿lo sabías?- le soltó el rubio, aún sin querer darse por rendido.

-Ummm, sí. Dime guarradas. No veas como me pone- le dijo este.

Y Steve no pudo evitar reírse. Incluso en medio de una situación como aquella, Tony era capaz de hacerle reír. ¿Cómo no se iba al dejar en menos de aquel hombre cuando parecía conocerle mejor que él mismo?

-Te recuerdo que tú estás en tu despacho y Pepper al otro lado de la puerta. ¿De verdad quieres decir esas cosas?

-Mi despacho tiene un aislado acústico. No puede oír nada no ser que active el interfono.

-¿Qué estabas pensando hacer en tu despacho para aislarlo del sonido?

-¿Querías comprobarlo que se puede hacer aquí dentro, Rogers? Estoy seguro de que los dos nos divertiríamos descubriéndolo- volvió a susurrar este.

Maldito fuera Tony y aquel tonillo suyo que parecía prometer tantas cosas.

-¿De verdad quieres hacer algo en tu despacho?- le dijo Steve.

-Si es contigo, nene, me gustaría hacerlo en cualquier parte.

-Nunca he estado en tu despacho- comentó este.

Había visto otras partes de la Torre Stark, pero, como normalmente, tras despertar en el apartamento de esta, él se iba a practicar, nunca se había pasado por allí.

-Ummm- murmuró Tony, a través del teléfono, devolviéndolo a la realidad.

-¿Qué?- le preguntó Rogers.-¿Qué ha sido eso?

-Te acabo de imaginar sobre la mesa de mi escritorio y no me ha desagradado para nada las vistas- le dijo este, aún con ese tono oscuro que parece prometer tantas cosas.

Steve sintió como volvía a estremecerse al imaginarse en una escena como esa. ¿Qué se habría imaginado Tony que estaba haciendo él sobre su escritorio? En esos momentos, le daba miedo preguntándoselo.

O, más que miedo, sentía ese cosquilleo por todo su cuerpo, como si su piel esperara ser acariciada en cualquier momento.

-¿No me vas a preguntar lo que te he imaginado haciendo, Rogers?- le preguntó el moreno, viendo que este no hablaba.

-Yo...no sé si quiero saberlo- le dijo.

-Pues estoy seguro de que te hubiera gustado mucho. A mi, desde luego, me ha gustado imaginármelo.

-Tu mente es demasiado sucia- le reprochó.

Pero el deseo era bien patente en su propia voz como para parecer serio.

-No solo mi mente. Si supieras todas las cosas que quisiera hacerte en este momento... Me gustaría estar en tu casa, viendo como tiemblas ante cualquier pequeña cosa que te susurre, ver como te sonrojas o como me miras con esos ojos suplicantes tuyos, pidiéndome que hiciera algo para acabar con tu sufrimiento.

Steve tuvo que morderse el labio para no dejar escapar un gemido.

Mientras Tony hablaba tan despreocupadamente de ello, Rogers había sentido aquellas palabras como caricias sobre su cuerpo, como si las manos de Tony hubieran estado allí con él, incendiando aún más su piel y su sangre.

-¿Te ocurre algo, Rogers?- le preguntó este, demasiado malvado.-No te oigo respirar.

-Será...porque no estás escuchando bien- le pudo responder este de vuelta.

Steve necesitaba una ducha fría con urgencia. Pero fría nivel la Antártida para poder a pagar el ardor que corría por su cuerpo en aquellos instantes.

Que la mera voz de Tony le hiciera encontrarse en ese estado no podía ser bueno, ¿verdad? Era como si diera plena control sobre él, haciendo que tuviera la llave para llegar hasta él y que hiciera lo que quisiera.

-No. aún tengo muy buen oído y juraría que has contenido tu voz.

-¿Ah, sí? ¿Tan seguro estás?

-¿Estás duro, Rogers?- le preguntó este, de golpe, haciendo que Steve abriera los ojos.

Los había mantenido cerrados mientras trataba de contener su propio cuerpo, pero, ante aquella pregunta, había hecho que los abriera y bajara la vista por su cuerpo, comprobando que tenía razón.

A pesar de los estremecimientos, había una parte de él que estaba listo para algo más, como si las caricias que había sentido hacía un momento lo hubieran despertado.

-Me tomaré tu silencio como un sí- le susurró Tony.-Me alegro de no ser solo yo.

Y, por un momento, Steve se imaginó a Tony sentado en medio de su enorme despacho, con el móvil en el oído y tan listo como él mismo, removiéndose sobre el cuero de su asiento.

-No me hagas esto- le susurró Steve, pasándose una mano por la frente, notando en ese momento que estaba sudando.

No lo había notado hasta entonces.

-¿Qué no te haga el qué, Rogers? Si no eres más especifico, no podré saber de lo que habrás.

Este tuvo que pasarse la lengua por los labios resecos. Notaba la boca seca y sabía que todo eso solo era por culpa de Tony y su juego.

-Excitarme. Lo sabes muy bien- le reprendió.

Odiaba que jugara con él de aquella manera. Sobretodo cuando la única forma de encontrar verdadero alivio sería hacérselo por sí mismo, lo que solo le haría sentirse aún más solo allí.

Quería tener a Tony a su lado en aquellos momentos, en ese mismo instante. Era un deseo tan fuerte que hasta casi dolía.

-Oh. ¿Así que te has excitado, Rogers? Me gustaría mucho verlo.

-Solo tendrías que venir a mi casa- le dijo este, sin ni siquiera pensar.-No quiero estar más solo.

Tony tragó saliva al otro lado de la línea, sintiendo verdaderamente la excitación de Steve. Fue como si su fuego fuera un añadido al suyo propio.

-Yo...tengo montañas de trabajo aquí- tuvo que murmurar.

Si no se recordaba a sí mismo porqué tenía que permanecer en aquel lugar, acabaría saltando de la silla y acudiría hasta la casa de Rogers aunque fuera volando.

-No puedes iniciar esto y luego escaparte sin más, Stark- le reprendió Steve.-Toma tu responsabilidad.

-Créeme, cariño. Quiero tomarla.

Steve no sabía hasta que punto. Pero Pepper lo mataría si se escapaba ahora. Porque, si salía por esa puerta en esos instantes, iniciaría el largo fin de semana de Steve y Tony. No podría alejarse de esta solo después de haber permanecido con él unos instantes.

-Tony, por favor- le rogó Steve.

Este,volviéndose hacía el interfono, llamó a su secretaría.

-Señorita Potts, le dijo el resto del trabajo a usted. Estoy seguro que podrá encargarse de él durante unos días.

Fin del capitulo 52

Vaya, vaya, vaya. Si alguien pensaba que tenía este capitulo preparado, ya os digo a vosotros que no. aunque hubo alguien en los comentarios de wattpad (Chicaentrelineas, me estoy refiriendo a tí) que adivinó que algo como esto podría acabar pasando.

En realidad, yo no tenía ni idea de lo que iba a pasar. A decir verdad, llevaba semanas sin escribir nada de esta historia y he ido tirando de los capítulos que ya tenía escritos, hasta que, finalmente, el toro me ha pillado, me ha arrollado y me ha dicho ``O te pones a escribir o no tendrás capitulo para subir. Atente a los consecuencias si te piden el capitulo que toca en su día y tú no tienes nada´´.

Y sí. En mi imaginación, los toros hablan, ¿qué pasa? ¿No hubo una mujer en la mitología que se tiró a un toro y nació el minotauro? Y Zeus secuestró a Europa en forma de toro y se la llevó a través del mar para que no pudiera huir.

Espera...¿por qué me he puesto a hablar de toros? Dios. Tengo demasiadas idas de olla.

Volvamos a la historia. No me esperaba que la llamada de teléfono entre Tony y Steve acabara de esa manera, pero así a resultado. Y segura estoy que ha más de una le ha gustado. Estos dos son ardientes hasta que hablan por teléfono.

Ya veremos a ver que acaba pasando en el futuro cuando estos dos se encuentren después de haber estado hablando por teléfono en ese estado.

Mes despido ya de vosotros, Marvelitos, hasta el siguiente capitulo, ya que me tengo que poner a escribir como una loca para volver a tener todo los capítulos seguros. Así que, como siempre, manteneos sanos y nos seguimos leyendo, siempre y cuando a mi me haya dado tiempo a escribir. Bye.