Capítulo 51: ¡Un trío de trespasantes!

*CAPITULO PARTICULAR*

Redactora:

Aquella misma tarde, la mente de Scar se había vuelto un caos. El león no podía entender como se había atrevido siquiera a sentir remordimientos y culpa por haber lastimado a Sarafina durante mucho tiempo, si de todas formas, la lastimaría de nuevo con el plan de entregar a su hija a las hienas. A veces sentía que su mente era un mar de contradicciones, ambivalencias e ironías. Pero, ¡¿En qué estaba pensando?!, ¿Porqué su lado Taka insistía en emerger de las profundidades de su alma?, Scar debía encargarse de enterrar a Taka en lo más hondo de su ser y no dejarlo salir nunca, pero por más que lo intentaba, no lo conseguía. Él detestaba que sus dos personalidades pelearan dentro de él: odio, compasión, rencor, amor... TAKA-SCAR… Todo producto de un alma que se desfragmentaba cada vez más. ¿Quién era él realmente?, no tenía sentido tampoco que en su momento hubiera sentido conmiseración por Sarabi debido a la muerte de Shanny, si por el otro lado, quería quitar del camino a Simba y a Mufasa, y con ello la haría sufrir nuevamente.

En esos pensamientos estaba, cuando Zira se le acercó, y le dijo:

—Y bien Scar, ¿Nos vamos a "Presenciar el espectáculo"?

—Sí Zira, vámonos ya. —le respondió el león, no del todo convencido.

SCAR NARRANDO:

Aquella misma tarde Zira y yo nos dirigimos corriendo al Cementerio de Elefantes. Al llegar, nos encontramos con Shenzi.

— Todo listo —le dije—, en cualquier momento los cachorros aparecerán. Prepárense.

Banzai se frotó las patas delanteras y con una perversa sonrisa exclamó en tono vulgar:

—¡No puedo esperar para saborear a esos mocosos!

—¡¿Qué te parece si los metemos en un geiser y los hervimos? —Sugirió Shenzi.

—No —dijo Banzai—, mejor los comemos vivos.

Los tres hiénidos comenzaron a reír de forma alborotada. Era increíble verlos tan alegres todo el tiempo. A veces me hacían sentir que a diferencia de mí, ellos habían superado más rápido la muerte de Fabana, pero yo sabía que esto no era así; Shenzi, Banzai y Edd la habían amado demasiado, era sólo que las hienas tienen una capacidad sorprendente para evitar los pensamientos tristes y cambiarlos por risas, bromas, y buen humor, aunque eso sí, este humor siempre es negro y relacionado con la muerte y bromas pesadas y sarcásticas.

Pronto se escucharon a lo lejos, ruidos de cachorros peleando y gruñendo.

—Son ellos -, les dije—, ¡rápido!, ocúltense.

Las hienas se metieron en un enorme cráneo de elefante, mientras que Zira se ocultó detrás del mismo, con la intención de observar lo más que pudiera. Yo por el contrario, me introduje a la cueva y me subí a lo alto de un risco para observar todo lo que sucediera una vez que las hienas guiaran a los cachorros hacia ella para acorralarlos.

Las hienas esperaban por dentro, pacientes, inmóviles. Momentos más tarde, escucharon que el príncipe Simba fingió una risotada, y fue entonces cuando Shenzi exclamó:

—¡En cuestión de risa nadie nos gana por ser nosotras Hienas!, le enseñaremos a ese cachorro quién ríe al último.

Las tres Hienas comenzaron a reír de una forma tan extraña y tenebrosa que dejaron helados a Nala, Zazú y especialmente a Simba, quien dio un brinco hacia atrás.

—¡Un trío de trespasantes!—, escuché exclamar a Banzai varios minutos más tarde.

A Zira le tocó escuchar toda la conversación entre Zazú, los cachorros y las hienas. Luego un silencio, y después, la persecución comenzó: Los hiénidos gruñían mientras Simba, Nala y Zazú intentaban esquivarlos. Zira, por su parte, intentó seguirlos para contemplar los hechos, pero desistió ya que corría el riesgo de ser descubierta.

Pasaron algunos minutos, y después a lo lejos, logré escuchar un grito que Nala pegó. Luego se escuchó el quebrar de algunos huesos del Cementerio, y pronto… las Hienas habían logrado acorralar a los ingenuos cachorros en la cueva. Yo lo observaba todo desde arriba. No vi a Zazú. Recordé aquella ocasión cuando Zatzy le había ido con el chisme a mi padre. Comencé a temer, que la historia se repitiese.

Entonces observé que Simba había intentado defender a Nala, gruñendo de una forma cómica, lo cual resultó motivo de burla por parte de las hienas hacia él. Y justo cuando pensé que Simba y Nala morirían devorados, tal como lo sospeché, el plan se vio arruinado cuando Mufasa sorpresivamente apareció.

Yo estaba encolerizado, no podía creer que la historia se estuviese repitiendo de nuevo -primero con Mufasa, y ahora con su hijo- y que el plan se hubiera venido abajo.

Mufasa atacó a los hiénidos, mas no las mató, lo que me hizo dudar un poco sobre la veracidad de las palabras de Zira sobre la muerte de Fabana, es decir: si Shenzi, Banzai y Edd estaban atacando a su propio hijo, ¿por qué no había considerado darles muerte, pero sí había sido capaz de matar a Fabana para vengar a un cachorro que ni siquiera había sido el suyo?, ahí había algo que yo no lograba acomodar en mi mente, y este hecho sólo logró incrementar más mi odio hacia Mufasa.

Me alegró ver que por mi influencia, Simba había terminado por ser regañado, aunque a la vez estaba furioso de que todo hubiese salido tan mal. Una vez que Mufasa, Nala, Simba y Zazú se marcharon, Zira y yo nos encaminamos de vuelta a mi oscura cueva.

Aunque las hienas no habían logrado su objetivo, más tarde pedí a Zira que fuera a cazar algo. Ambos cenaríamos y guardaríamos un pedazo para compensar a las hienas, de cualquier modo, había que reconocer que lo habían intentado para ayudarme a conseguir el trono.

Al caer hacerse más noche, me encaminé solo hacia el cementerio a visitar a los hiénidos. Mi enojo se mantenía un poco, aunque se combinaban con un pensamiento de regocijo que llegaban a mi mente; Una idea que comenzó a revolotear en mi cabeza, la cual, podría ser la clave para tomar lo que era mío… Por la fuerza.

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