Soul Eater no me pertenece. De lo contrario, ya estaría casada con Death the Kid y le hubiese dado 8 perfectos hijos simétricos

No hay lugar como el hogar

Mansión Evans

Sin poder evitarlo, Soul dejó salir un suspiro de frustración. Maka, a su lado, lo miró de mala manera:

- Deja de quejarte.

- Pero si no dije nada.

- Tu cara lo dice todo.

- ¿Y qué quieres que haga? ¿Qué esté feliz? ¡Yo no quería venir aquí en un primer momento!

- Una misión es una misión – replicó Maka, estirando el dedo para tocar el timbre de la enorme construcción que se alzaba delante de ellos – Además ya es tarde y nos ahorramos mucho dinero. ¡Y dijeron que estaba bien que nos quedemos!

- ¿Qué no entiendes de "no me gusta estar aquí"? – quiso saber el Eater, cruzándose de brazos, arrepintiéndose al instante al rozar una de sus heridas del brazo derecho.

- A mí tampoco me gusta verte así de fanfarrón pero ya estamos aquí, acéptalo.

Antes de que pudieran continuar su pequeña batalla verbal, la puerta se abrió de par en par y Mebuki Evans los recibió con una sonrisa. Sonrisa que rápidamente se desvaneció.

- ¡Por Dios! – exclamó, horrorizada. Tomó a Maka entre sus brazos y la abrazó fuertemente – ¡Tan solo mírate, pobre cosita, estás toda lastimada!

- El huevo de Kishin dio pelea – rió Maka, devolviendo el abrazo – Muchas gracias por dejarnos quedar en su casa, Mebuki-san.

- ¡Por favor, no necesitan ni decirlo! Después de todo, este es el hogar de Soul, pueden venir y quedarse cuanto tiempo gusten. Soul, mi amor, ¿cómo estás tú?

- Bien – respondió él, de mala manera, desviando la mirada.

- Tiene un corte bastante profundo en el brazo. Será mejor que lo atienda.

Gracias Maka, por ser tan boca suelta.

- ¿No prefieren que nuestro chofer los lleve al hospital? Se ven muy golpeados.

- No es necesario, madre – dijo el chico, tomando la mano de Maka y liberándola de su prisión – Solo necesitamos bañarnos y un kit de primer auxilios ¿puedes llevarlo a mi habitación?

- Claro, les diré a uno de los sirvientes que lo prepare enseguida. Y también les diré que te den algo de ropa Maka.

- Gracias Mebuki-san. – sonrió la Albarn, sonrojándose suavemente.

Antes de que continuaran hablando, Soul tiró de la mano de Maka y la obligó a subir la lujosa escalinata de mármol que se alzaba en medio del salón. Era todo tan hermoso y fino que sentía que no le alcanzaban sus dos ojos para mirar todo. Pero primero lo primero: debían curar sus heridas; luego podría merodear todo lo que quisiera.

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Cuando Soul entró a su habitación más relajado luego de un cálido baño, encontró a Maka vestida con una de sus remeras y unos pantalones que le quedaban enormemente enormes. Estaba merodeando despreocupadamente alrededor del lugar, abriendo cajones a su antojo, tocando cada cosa posible, mirando fotos, leyendo papeles.

- ¿Se puede saber qué haces? – preguntó el albino, algo divertido.

La muchacha se sobresaltó y alejó sus manos del escritorio.

- Nada – replicó aunque ninguno lo creyera.

Soul negó con la cabeza y se sentó sobre su cama, secando su cabello con la toalla que había estado colgada alrededor de su cuello. Maka sonrió y se acercó. Le quitó la toalla y comenzó a secar ella misma sus hebras blancas.

- ¿De dónde sacaste esa ropa? – quiso saber Soul pensando que le quedaba mejor a ella que a él mismo a su edad.

- Del closet ese – señaló ella con la cabeza – Tu madre me trajo algo de su ropa pero es bastante… em… demasiado para mí. – le mostró el fino vestido color amarillo que le había dejado Mebuki y Soul entendió. Aunque también entendía a su madre: nunca había tenido una hija para vestir y arreglar. Tener a Maka allí sería cómo jugar a las muñecas para ella.

- Mis ropas te quedan cool – dijo el chico simplemente, recostándose sobre la cama.

Maka sonrió antes de levantar uno de los hombros de la remera que caía por sus brazos al ser demasiado grande.

- Levántate que tengo que curarte esa herida.

- Arrgh… ¿No puede ser luego? – Soul se giró sobre el colchón y cerró sus ojos.

- No, se te puede infectar. Por lo menos déjame pasarle algo de alcohol y vendarla.

- Grr, molesta – murmuró el arma antes de extender el brazo.

- Si tuviera un libro te golpearía pero, considerando que estamos en tu habitación, no encontraré ninguno – replicó Maka. Mira que ser así de desagradecido, decirle molesta cuando ella solo quería curarlo.

- Mh… - Soul podía sentir sus sentidos apagarse poco a poco. Ese baño había sido demasiado relajante. Pero no podía dormirse. Ni soñando dejaría a Maka sola en esa casa de locos por la fama y el dinero… y el prestigio… y las cosas bonitas… y la obsesión… por… ser… conocidos…

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El rojo de sus ojos encontró el cielo raso y se levantó de un golpe.

Mierda, me quedé dormido.

En la habitación no había nadie más que él y por la ventana se podía ver que ya era de noche. ¿Dónde estaría Maka? A su lado, apoyada en la cama, estaban las ropas que habían estado cubriendo el cuerpo de su novia antes. Por ende, era muy probable que ahora se encontrara en las garras de su madre y su obsesión por vestirla, anegada por la emoción de –al fin- tener otra chica en la casa.

Se colocó una remera de las que había traído de repuesto y salió de su habitación en busca de su técnica. La percepción de almas le vendría muy bien en momentos como ese ¿Cómo se suponía que encontrara a su técnica si su casa tenía alrededor de 120.000 metros cuadrados? Tsk.

- ¡Eso es muy inteligente, Maka-chan, nunca lo pensé de esa manera!

Ok, eso había sido fácil.

Siguió la voz emocionada de su madre y fue guiado hasta la cocina, en donde tanto Maka como Mebuki tenían un bol en cada mano y mezclaban una masa blanca mientras charlaban amenamente. A diferencia de Soul, Maka sí percibía almas por lo que no necesitó que su arma hablara para que supiera que estaba allí.

- ¿Has descansado bien? – se mofó la chica, sin siquiera volver la mirada. Mebuki no comprendió hasta que sintió el ruido de una banqueta moverse y vio a su hijo subirse para apoyar sus codos en la isla posicionada en el medio del salón.

- ¡Hola Soul! ¿Cómo te sientes?

- Bien – respondió simplemente - ¿Qué hacen?

- Oh, Maka me dijo que quería preparar la cena en agradecimiento por haberlos dejado quedarse. Le dije que no era necesario pero insistió tanto que terminé accediendo. ¡Ahora está dándome consejos de cocina! Esta jovencita es un deleite.

Desde su posición en la isla, Soul sonrió de lado al ver que las mejillas de su novia se coloreaban de rojo fuerte. No estaba muy acostumbrada a que otros que no fueran su arma –y su papá, obviamente- la halagaran.

- ¿Y qué están haciendo?

- Masa para fideos caseros. Maka quiso hacerlos para celebrar que completaron la misión con éxito. Se llaman misiones, ¿verdad?

- Sí – replicó Soul, sonriendo de lado. Maka siempre hacía fideos con salsa cuando volvían de una misión particularmente difícil. Ella sabía perfectamente que eran sus favoritos.

- Atrapaste una muy buena aquí, Soul, no la sueltes – comentó Mebuki, logrando que las mejillas de la técnica volvieran a encenderse.

La guadaña no pudo evitar pensar que nunca lo haría.

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- Así que… aquí es donde sucedía la magia.

Maka pasó sus dedos por el piano de cola ubicado en el medio de la sala. Solo una luz era necesaria para mostrar la magnitud del objeto, a sus ojos era algo magnífico.

- Solo es piano que usaba para practicar – contestó Soul, apoyando su espalda contra la cola del mismo, observando cómo su técnica continuaba analizándolo.

Frente a la Albarn ese objeto era la razón por la que su arma había escapado de ese mundo de lujo y música clásica para correr en dirección opuesta, directamente a sus brazos. Aunque fuera un sentimiento egoísta, no podía dejar de agradecer el hecho de que Soul huyó de esa habitación, de ese piano, de esa casa para meterse en la suya, la que estaba llena de posters y ropa tirada en el suelo; para pasar de un piano de cola a su propia hoja de guadaña convertida en teclado; para salir de esa mansión y acomodarse en su pequeño e imperfecto departamento.

- Para mi es mucho más… - el susurro que escapó de sus labios fue imperceptible para los oídos de Soul pero ella pensó que era mejor así. De una forma intrínseca y rara, ese piano significaba el mundo para Maka.

Sintió una mano de Soul posicionarse sobre la suya mientras la otra se apoyaba en su estómago para atraerla hacia él, parado detrás de su cuerpo.

- Es extraño que no me pidas que te toque algo… - murmuró la guadaña, pasando sus labios por la piel expuesta del cuello de Maka.

- No se sentiría correcto – respondió ella, girando su cuerpo para enfrentar su mirada – El único lugar en donde quiero oírte es dentro de tu mente… o en la habitación donde nos conocimos… o en nuestra resonancia… todos los otros lugares no tienen importancia.

Sintió cómo el tacto de Soul comenzaba a quemar en el mismo momento en que sus labios se unieron. No supo el impacto que sus palabras tuvieron en él. Él la tomó de la cintura y, de un impulso, la subió en la cola del piano, sin romper el beso. Que ella dijera eso significaba que lo quería solo a él; no a un piano lujoso, ni una habitación exquisita… solo a ellos, en el suelo de su departamento o en su propia unión de almas.

Maka le llenaba el alma.

La amaba.

Maka era su alma.

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- Oh, ¡buenos días, querido!

Soul solo bostezó ante el entusiasmo que su madre tenía. Por Dios, si apenas eran las nueve de la mañana…

- Buenos días, mamá.

- Señorito Evans, ¿Qué desea de desayuno? – una mujer lo sorprendió con su voz.

- ¿Eh? Ah… eh, un café estaría bien.

- ¿Solo eso?

- Sí, solo eso.

- Eso no es bueno Soul – le reprochó su madre una vez que la sirvienta había abandonado la habitación – El desayuno es la comida más importante del día. No puedes tomar solo café.

- Tsk, ya lo se. Comeré algo cuando Maka se levante, nos hemos acostumbrado a desayunar juntos, sería extraño hacerlo sin ella.

Una sonrisa se extendió lentamente por los labios de la mujer.

- Realmente lo dije en serio: atrapaste una buena ahí.

Su hijo le regaló una de sus sonrisas torcidas.

- Claro que si, ¿con quien te crees que estas hablando?

Mebuki negó con la cabeza y volvió a llevarse la taza a sus labios. La sirvienta trajo el café de Soul y se retiró pidiendo permiso educadamente. El muchacho tomó un sorbo y lo pasó luego de unos segundos. Seguramente ese era café de primera calidad pero no había nada como el café instantáneo que Maka le preparaba por las mañanas.

- Ah, Soul, querido. ¿Podrías subir a revisar la habitación del piano? Anoche escuché ruidos raros, como si el piano se moviera y las teclas se apretaran solas… ¿será un fantasma?

El café salió despedido de su boca y Soul se comenzó a golpear el pecho. Gracias a la tos pudo ahogar las carcajadas que amenazaban por salir. Aún así, tuvo que bajar la cabeza para que su madre no notara su sonrojo.

- Sí, seguramente son fantasmas…

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Y lo que sucedió en esa habitación, lo dejo a su imaginación! ;)

¡Besos enormes!

Hikari x Takeru