DISCLAIMER: Los personajes del manga y el anime de "Candy Candy" no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y Toei Animation Co. Yo sólo suelo tomarlos prestados en esencia para inventar con ellos historias de amor con finales felices y sin fines de lucro. Ya que muchos de ellos se lo merecían jejeje.
Hola amigas bellas, vuelvo trayéndoles un nuevo capítulo. Mi agradecimiento especial e inmenso a Majito, Verito de Venezuela, Angelinarte, Hatchet134, Chibiely, Caro, Teenydindin88, Dana Bower, DanaPao, Pinkpuserdrub, Twerkdunnz, Asuna-San1998, Carolina Benitez y Candyparasiempre por todos sus comentarios, favoritos y suscripciones, me alegra muchísimo que les siga siendo de interés esta historia, y como siempre para todos quienes la siguen en silencio, mil gracias también. Un abrazo.
A continuación abordaremos los sentimientos reprimidos de alguien (un personaje muy querido y por eso se merece un capítulo sólo para él), algo que tardó un poco pero que debía suceder, y que confieso además, me hubiese encantado ver revelado abiertamente en el anime así quedara un tanto fuera de lugar… Les dejo para que lo descubran.
Con ustedes el capítulo 51.
¡Gracias por leer!
CAPÍTULO LI: Novia por un día
Candy estaba observando a Stear, tan apacible en medio de su sueño, cuando escuchó al Dr. O'Connell dirigirse a ella.
-Señorita Candice-
Enseguida salió así del pequeño apartado constituido por cortinas para atender su requerimiento
-¿Sí, Dr. O'Connell?, a sus órdenes- profirió con las manos a la espalda, en una típica actitud prolija de alguien inmersa de lleno y preocupada por su profesión
-Quería encomendarle de favor en vista de que usted conoce al paciente, que se contacte con sus familiares para avisarles de su presencia aquí- el médico le pidió. Algo que para Candy no constituía el menor problema
-¡Claro!- expresó de inmediato hasta alegre –Yo me encargaré de eso, cuente conmigo-
El doctor le agradeció y luego se retiró para proseguir con su itinerario. Candy también ya se retiraba para dejarlo a Stear descansar, acordando que durante el día volvería varias veces, aún si tuviera que escaparse del pabellón que se le asignara con tal de ver cómo se encontraba. Sin embargo, cuando volvía a colocar el historial clínico al pie de la cama, oyó la tenue voz de su primo, debilitada por el efecto de los sedantes, llamándola.
-Stear… Stear aquí estoy- le contestó volviendo rápidamente a su lado para tomar su mano. Él a su vez al escucharla abrió despacio los ojos bordeados con profundas ojeras que delataban noches de desvelos para intentar fijar su miope mirada sobre ella.
-Can… no es un sueño, te encontré… puedo percibir la fragancia del dulce perfume que siempre usas. Estoy aquí… contigo- sus palabras aunque débiles sonaron llenas de alivio, ante lo que ella, aún en medio de su ligero asombro de saber que su amigo la conocía tan bien en ese pequeño detalle, lo único que se le ocurrió fue inclinarse para depositarle un beso sobre la frente surcada de pequeñas magulladuras en algunas partes, para intentar que se calmara.
-Sí, aquí y a salvo. No más guerra Stear. A partir de ahora te cuidaré sin dejar que nada malo te pase- agachándose para quedar a su altura donde se encontraba acostado, le dijo conciliadora. Él apretó su mano en la suya mientras una lágrima silenciosa rodando por su mejilla le dejaba saber cuán agradecido se encontraba de sus palabras.
Ese día tal como suponía, estaba asignada para dar asistencia en otro pabellón pero en vista de que varias de las enfermeras conocían ya de su peculiar situación, le rogó a la supervisora que sólo por aquella vez le cambiara al área recientemente habilitada para los heridos de guerra. Petición que sólo consiguió debido a que una de las auxiliares amiga suya, quien sí estaba destinada esa semana a dicha área, al enterarse del caso se conmovió y accedió a intercambiar su horario con ella.
De tal forma para cuando Candy regresó donde Alistear, se encontraba sumamente contenta de saber que estaría bajo sus cuidados hasta el anochecer. Le llevó así para empezar un par de anteojos nuevos que consiguiera de un depósito de artículos extraviados y no reclamados que había en el hospital, con la esperanza de que la graduación de estos en algo le pudiera servir; además de una funda con dulces de los que compraba en el supermercado y reservaba en su habitación para esas largas noches de estudio en que le daba apetito después de cenar.
Cuando Stear divisó su silueta y también la del pequeño regalo, los grandes y cejones ojos cafés se le llenaron de lágrimas.
-¡Hey está bien, nada de lágrimas, tenemos que festejar la vida!- le alentó Candy resuelta mientras se secaba a su vez sus húmedas mejillas –Te tengo una sorpresa, te traje algo que te resultará muy útil- le compartió contenta luego de dejar la bolsa de golosinas para después sobre una mesita de noche, para proceder a sacar de uno de los bolsillos de su uniforme el estuche de anteojos y acto seguido, ella misma ayudó a colocárselos -¿Qué tal?- consultó. No muy convencida de que hubiese dado resultado.
-Mucho mejor- admitió él –No abarca toda mi miopía pero me resulta de gran ayuda. Muchas gracias Candy- le reconoció de mejor ánimo y ella pudo volver a ver en su semblante así el halo de niño bueno que siempre le conociera.
Durante un breve momento los dos se quedaron contemplando en silencio. Había pasado tanto, muchas cosas desde la última vez que se vieran y ahora se encontraban de nuevo frente a frente, en definitiva pareciendo ser producto de un milagro. No podían más que agradecerle a la vida y al cielo, por la oportunidad del reencuentro de su amistad.
-Uff… menos mal viniste a rescatarme- exhaló Stear entonces, con alivio -No creo que hubiera podido soportar otra inyección colocada por la déspota de la Sra. Carol, y no quiero ni recordar lo del baño de esponja, ¡Qué trauma, por Dios!- expresó luego con horror llevándose las manos a la cara, ante lo que ella no pudo más que reír un poco de imaginarse la situación, pues le había tocado ser atendido por una de las enfermeras más estrictas del lugar.
-Lo imagino- corroboró intentando equipararse en sus zapatos. Pronto él sin embargo, retomó la seriedad
-Puedes decirme ahora la verdad- le solicitó algo pesaroso -¿Qué tan grave son mis heridas?-
La interpelada lo observó de forma condescendiente antes contestar tal como requería
-La bala te destrozó parte de la clavícula y tuvieron que reconstruírtela, por ello has sido sometido a dos operaciones, pero la buena noticia es que los resultados son favorables y el Doctor ha dicho que recuperarás pronto la total movilidad del brazo, pero eso sí deberás seguir las correspondientes sesiones de fisioterapia. Aparte sufriste con anterioridad un par de fracturas en las costillas, por lo que es recomendable que te olvides totalmente del manejo de armas al igual que de todo aquello que pueda demandarte esfuerzo físico y afectar tu convalecencia- tratando de ser lo más minuciosa mientras tomaba asiento en el borde de la cama frente a él, le explicó
-¡Eso quiere decir que podré seguir utilizando mis dos manos para trabajar en mis inventos!- Stear exclamó feliz elevando la vista hacia arriba en agradecimiento, no obstante poco después terminó fijando su mirada en el vacío, quizá recordando todo lo que había tenido que pasar para llegar hasta allí, según Candy pensó.
-Y ahora… ¿Me contarás la razón por la que te enlistaste en el ejército?- desestimando así si era imprudente o no, decidió que era el momento de preguntar, pues necesitaba saber –Nos preocupaste a morir a todos. Los chicos todavía no terminan de entender cómo fue que se suscitó tu partida de manera tan repentina… y encima cuando pasaste una temporada junto a la familia de Patty-
Stear permaneció durante un momento adicional perdido en sus memorias, hasta que por todo preguntó:
-¿Ellos están bien? ¿No tuvieron problemas al venir de Europa?-
-Gracias al cielo llegaron sin ningún inconveniente aparte de tu falta. Actualmente se encuentran bien aunque muy angustiados... Patty la última vez que la vi no parecía la misma, estaba devastada. Ahora se encuentra en Florida junto a sus parientes y esperamos que el ambiente costero le esté ayudando a sentirse mejor- Candy le contó
-¡Dios!- se lamentó Stear llevándose esta vez una mano a la cabeza, preocupado, por lo que ella enseguida se apresuró a añadir algo más para que no empezara a sentirse mal o templara mucho el suero.
-Créeme, casi no puedo esperar a que llegue la hora del almuerzo para salir a enviar ese mensaje urgente que todos esperan avisando de tu regreso- intentó calmarle, haciendo que lentamente se volviera a recostar
-…He sido un idiota, pero no me arrepiento de haber ido detrás de un sueño…- él de repente confesó y al verla a ella levantar la mirada atenta hacia él después de chequear que no se hubiese movido el catéter que tenía incrustado en el dorso de su mano, dispuesta a escucharlo; terminó por exteriorizar todo lo que le aquejaba y que le llevara a tomar meses atrás la decisión más insensata de su vida –Piloteé un avión de caza Candy, ¡fue increíble!- le hizo partícipe con ilusión –Pude conquistar el cielo como te dije una vez que lo haría-
Ella no pudo más que contemplarlo con inmensa ternura, estando al tanto de sus anhelos al haber sido "su asistente" como él solía decir y también cabía recalcar el conejillo de indias en sus experimentos.
-De otra manera no podría haberlo conseguido- él prosiguió analizando la situación a fondo – Quizá no estaría herido ahora, tal vez ni siquiera me encontraría en Chicago, pero de seguro no estaría del todo feliz-
-¿Cómo?- Candy exclamó confundida
-Verás, en mi lista de sueños pendientes tengo todavía el de ingresar a la universidad y graduarme en Ingeniería Mecánica para poder consagrar mi vida en un futuro a las invenciones de una forma legal, ya sea en un trabajo o por mí mismo- Stear continuó explayándose –Y lastimosamente, aunque me da vergüenza decirlo, los padres de mi novia tenían otros planes para mí- Candy asombrada abrió la boca para intentar comentar algo al respecto pero al final no lo hizo y él aprovechó para proseguir relatándole aquella experiencia que encontrara desagradable –Los familiares de Patty estaban tan asustados con la inminencia de la guerra que quisieron comprometernos formalmente de una vez en Irlanda. Asunto del que me salvé a fingirme indispuesto del estómago desde el día previo a realizarse el festejo que organizaran sin siquiera mi consentimiento. Consideraban que el compromiso le daría mayor seguridad y respetabilidad a Patty al viajar a su nueva vida… y esto incluía por supuesto el hecho de apresurar los arreglos para nuestra boda ni bien pisáramos tierra americana-
-Pero Stear… ¿preferir ir a la guerra? No me parece que fue la salida correcta- Candy objetó todavía sin lograr comprender –Además creía que adorabas a Patty-
-Y lo hago– no lo negó él – Pero entiéndeme por favor Candy, en unos meses apenas cumpliré la mayoría de edad, no estoy preparado todavía para el matrimonio ni mucho menos para crear y sacar adelante a una familia. Sí es algo que quiero, pero con el tiempo… a su debido tiempo- argumentó teniendo que bajar la mirada avergonzado -…Y eso contando con que no conociste a mi suegro ni lo insistente o intimidante que puede llegar a ser-
Candy no pudo más que sonreír entonces pareciéndole de repente solo un pequeño niño tierno, aun cuando era un soldado que fuera a pelear a la guerra y no perdió por ello la oportunidad de bromear un poco con él al tiempo que se levantaba a cambiar el empaque de la medicina intravenosa que ya se le terminaba.
-Quién lo diría, el joven discípulo de Edison que parece no temerle a nada al momento de ejecutar sus creaciones, le repele al compromiso-
-En realidad hay algo más- adicionó Stear volteando la cabeza hacia arriba para observarla mientras ella realizaba con agilidad, eficacia y costumbre esa pequeña labor de la profesión que eligiera –Patty es una chica excepcional, de corazón puro e indiscutiblemente una de las personas que más quiero… más no la amo… a totalidad- al final en voz baja logró confesar, consciente de que con ello capturaba de nuevo toda su atención -…y es porque estoy enamorado en secreto de otra persona- agregó volviendo a mirar al frente para rehuir a su escrutinio –De alguien que me robó el corazón desde el día que la conocí, hace mucho tiempo- concluyó cerrando un instante los ojos y respirando profundo, conforme de librarse de aquella verdad arcana.
Candy se quedó estática durante algunos segundos de la impresión por lo que oyera, prefiriendo guardar silencio hasta que él concluyera antes de animarse a sacar conclusiones.
-¿No me vas a preguntar quién es esa persona?- armándose de valor él entonces volvió a mirarla -¿O es que ya lo supones?- yal decirlo se atrevió a tomarle delicadamente la mano
-¡Oh mi Dios!- Candy exclamó asustada retirándosela de inmediato y tocándose la cofia del uniforme tuvo que girarse en dirección a la ventana buscando recargar sus pulmones de aire fresco para poder pensar con claridad en que contestar y cómo sería la mejor manera de conducirse en esa situación.
-Stear discúlpame, pero creo que aparte de las heridas mencionadas también te golpeaste la cabeza- opinó a forma de broma para que su sinceridad no le hiriera tanto. Todavía además sin darle mucho crédito a lo que escuchara. Él sonrió con todo, sin sentirse ofendido.
-Sabía que dirías algo así. Te conozco… y que no diera por conocerte más- expresó con claro anhelo, haciéndola en ese mismo instante sonrojar
-¡Stear ya basta! ¿Estás jugando conmigo?- sintiéndose burlada, ella protestó volviéndose hacia él, más el joven científico movió lentamente la cabeza en negación sin dejar de verla directo a los ojos, confirmándole de tal manera una sospecha que siempre tuviera pero a la que no había prestado importancia.
-Stear…- repitió sobrecogida -…Yo no sé qué decir- admitió nerviosa pero aun así prefiriendo resolver el asunto de raíz.
-En ningún momento esperé una respuesta positiva- reconoció desesperanzado él –Desde un principio fui consciente de que jamás podría equipararme con alguien de la talla de Anthony o mucho menos con alguien tan atlético como Terry, pero ya no quería seguir guardándome esto. Es más, no podía siquiera pensar en comprometerme sin antes decírtelo-
-Stear detente, no debes decirme esto- replicó ella ante su declaración, sin poder asimilar que en parte por su causa se había arruinado una consolidada relación –Soy una joven felizmente comprometida y además Patty es una de mis mejores amigas- le recalcó
-Lo sé y no es mi intención faltarte el respeto con esto- él preocupado y con toda su educación le hizo ver –Sólo necesitaba que lo supieras-
Candy entonces se obligó a ser más condescendiente aun cuando sentía que empezaba a darle vueltas la cabeza y despacio volvió a tomar asiento en la cama.
-Compréndeme, no es que no me sienta halagada con lo que me dices. Tú eres un chico muy lindo y de lo más interesante, cualquier chica se enamoraría y enloquecería por ti… pero lastimosamente yo no puedo ser esa chica, por lo que sabes y además porque la vida nos eligió para transformarnos en primos- trató de explicarle. Él sin embargo volteó los ojos con fastidio y movió la cabeza con decepción al toparse con la respuesta más trivial del mundo cuando de rechazar a alguien se trataba.
-Por supuesto, lo suficiente bueno para las demás pero no para ti ¿No es cierto?- con sarcasmo no le importó corroborar
Ella intentó por lo tanto ser más delicada al empezar a notar con claridad su sufrimiento pero sin dejar por ello de mostrarse específica en su resolución
-Lo digo en verdad y es más, opinó que a la larga además no congeniaríamos. Sólo míralo desde este punto, tú eres un dechado de organización, un joven genio, alguien intachable mientras yo…- y antes de proseguir se quedó meditándolo unos instantes –…Todavía busco mi lugar en el mundo y soy francamente un desastre. A veces hasta temo perderme yo misma en medio de mi desorden – sonrió- No soy tampoco refinada así me esmere en lograrlo, ni muy inteligente y todos me consideran en adición indisciplinada. Algo que supongo es natural en mí porque no suelo realizar las cosas de forma premeditada. ¿Comprendes?... Por todo ello y mucho más jamás encajaríamos…- le expuso a su vez con pena, con la esperanza de que los contras implicados en el asunto le permitieran entender, sin dañar con el resentimiento del rechazo su valiosa amistad.
No obstante a él su confesión no sólo no le convenció, sino que lo único que logró fue provocarle ternura.
-Para mí eres mágica- respondió desestimando todos los defectos que ella se citara –Y la luz que irradias con tu hermosa forma de ser, así no te des cuenta, es capaz de iluminar hasta el corazón más oscuro- añadió con sinceridad haciendo que la mirada de ella volviera a llenársele de lágrimas. Stear aprovechó de tal modo ese momento para continuar con lo que quería terminar de expresar
-Y si me concedieras una oportunidad Candy, si me dejaras amarte, lucharía contra todos nuestros puntos opuestos, incluso contra cualquier estúpido estigma que pudiera surgir de la sociedad que nos rodea con tal de hacer que lo nuestro funcione… Te cuidaría con mi vida…-
Aquellas eran de las palabras más tiernas que escuchara en su vida, por lo que Candy tuvo que aclararse la garganta pasado el asombro para poder contestar
-Te agradezco Stear por quererme tanto, así como también por tu dulce regalito antes de partir, que ya me decía algo de esto… pero no puedo cambiar de opinión. Lo siento- tuvo que ser franca aunque en el fondo le doliera tener que lastimarlo –Sin embargo no quiero que por esto creas que no eres importante para mí. Sí te amo, aunque no de la manera en que tú requieres y lo sabes- le recalcó porque quería que siempre lo tuviese en cuenta –Te adoro porque eres uno de mis mejores amigos y de las mejores personas que he conocido, y así estuviésemos lejos siempre te llevaría en el corazón… Es por todo esto que deseo lo mejor para ti y no puedo dejar de recordarte que la divina fortuna te está otorgando una oportunidad para que rehagas tu vida de la forma en que te haga feliz. Algo que muchos soldados que ahora se encuentran en el frente anhelan. Tienes como tú mismo mencionaste el chance de realizar el resto de tus sueños pendientes y debes enfocarte en lograrlos, así como encontrar el verdadero amor, el que mereces. Patty te ama de verdad, yo misma lo he comprobado y es una chica extraordinaria que sería capaz de sacrificar su propia vida por ti, para que también lo tengas presente y no desestimes el que puede ser la compañera perfecta para ayudarte a alcanzar tus metas. No la dejes ir.-
-Candy no me entiendes…- trató interrumpirla él, más ella continuó
-Tan sólo debes confiar en ella y aclararle lo que buscas a corto, mediano y largo plazo, al igual que lo que quieres y lo que no-
-Can, ¡Tú eres mi mayor sueño!- puntualizó él de súbito haciéndola callar y olvidar el resto de lo que aún tenía por decir
-…Yo creo… que ya es tiempo que me retire a verificar el estado del resto de los pacientes… y además a avisar a la mansión de tu arribo aquí- opinó levantándose pero tal como sospechaba el inventor argumentó algo adicional para tratar de retenerla un ratito más.
-Aguarda un momento por favor, no les digas todavía nada a ellos, puedes avisarles mañana si lo deseas- y tal como era normal en él, con lo que le salió no dejó de sorprenderla -¡Además se me acaba de ocurrir una genial idea!- profirió entusiasmado incorporándose de repente en la cama sin cuidado, lo que le ocasionó un espasmo de dolor en el hombro que le hizo estremecer pero que de todas maneras no le importó, terminando por sacar las piernas de debajo de la sábana para sentarse en el borde previo a levantarse.
Candy extrañada, al escuchar el ruido del metal tuvo que detenerse y al voltearse a verlo debió reprimirse una expresión de horror para no alarmar al resto de personas en la sala, no queriendo ni imaginarse qué disparatado plan se encontraba maquinando que aún sin conocerlo ya la asustaba.
-Pero ¡qué haces!, debes ser más cuidadoso, todavía estás convaleciente- le reclamó yendo enseguida a detenerlo para evitar que se hiciera mayor daño e intentar convencerlo de que se recostara de nuevo, más él le detuvo una de las manos sosteniéndosela entre las suyas para que no se preocupara.
-Está bien princesa, ya me siento mejor. Sólo fue un movimiento imprudente pero ya estoy bien- enfatizó –Además no quiero permanecer durante todo lo que me toque estar en este hospital, relegado a esta cama. Ya llevo dos días aquí de los cuales la mitad la he pasado inconsciente. Prefiero estar donde te encuentres tú- profirió con simpleza
-Pero yo tengo que trabajar- le recordó ella, aceptando el hecho de que por lo visto sería difícil que la dejara en paz –Y ahora vamos, pórtate bien y recuéstate que debes descansar- añadió sacando toda su paciencia de madre bondadosa para hacerlo entrar en razón, sólo que no contaba con que él como si se tratase la situación de buscar hacer funcionar otra de sus invenciones, persistiría hasta llegar al final.
-Ya entendí tu punto de vista Candy y aunque me duela como no tienes idea en mi interior, estoy dispuesto a aceptarlo. Lo único que te pido es que me ayudes en un último experimento y te prometo que nunca más volveré a molestarte respecto a este asunto ni ningún otro. Te libro del cargo de mi asistente- sin soltarle la mano y con la otra en alto con solemnidad, le juró.
-Ok- acordó ella aun cuando el ayudarle muchas veces en sus locuras le divertía, no obstante se sentía ya cansada de toda aquella cuestión tratada que si no la detenían se les podía volver un problema, por lo que después de exhalar un suspiro, con curiosidad atendió lo siguiente que le iba a decir. Él la miró así de nuevo a los ojos y lentamente, para que lo entendiera bien, le solicitó:
-Sé mi pareja por un día-
Luego de oír aquello, Candy se quedó por unos cuantos segundos boquiabierta tratando de asimilarlo bien
-¡¿Qué?!- exclamó una vez transcurrido el estupor y de inmediato advirtiéndose nuevamente un manojo de nervios, comenzó a retroceder sobre sus pasos.
-¡Can por favor, tú misma me acabas de aconsejar que siga mis sueños!– le sacó en cara él y luego le insistió reiterándole su promesa -No me niegues esta oportunidad, considéralo como un experimento de vida y no te pediré nada otra vez–
Candy tuvo que llevarse una mano a la frente temiendo que le diera jaqueca, más luego al observarlo en su estado, todo lastimado luego de superar una de las época más difíciles de su vida pero aun así con una mirada llena de ilusión puesta sobre ella a la espera de una respuesta, se condolió de él y lo consideró un momento
-Al hacerme aquella petición, ¿a qué no más te refieres?- le preguntó sin verlo a la cara para que no notara su sonrojo, mientras se acercaba a la mesita aledaña y simulaba ocupar toda su concentración en colocar en una charola las gazas y medicinas que debía llevarse al retirarse del compartimento. Le vio entonces de reojo para su asombro, levantarse y aproximarse despacio a ella, aun cuando por eso tuviese que sostener el atril del suero.
-Nada que no quieras- empezó a explicarle en voz baja, casi al oído –Tú marcarás los pros y los contras, yo sólo… quiero estar contigo… que podamos confiar plenamente el uno en el otro y conversar a profundidad sobre nuestros problemas, nuestros planes y nuestros secretos a totalidad… aunque sea por una vez- añadió con delicadeza y cariño en tanto le tomaba uno de los dorados rizos entre los dedos.
-Stear no deberíamos…- intentó argumentar ella advirtiéndose un poco incómoda pero a la vez teniendo que reconocer que la propuesta pedida así le comenzaba a resultar tentadora e interesante. Era humana después de todo y él después de su primo y bien podía decir el mejor de sus amigos, era un chico muy lindo.
-Por favor- Alistear insistió al percibir su duda -Será sólo hasta que concluya el día y nadie se tiene por qué enterarse-
Candy guardó silencio otro instante al tiempo que tomaba la charola, meditando en que de todas las cosas locas en que alguna vez le plantearan participar, esa sin lugar a dudas se llevaba el premio. Él tomó empero ese lapso de meditación como un guiño para conseguir su propósito y empezó a llenarse de alegría.
-¿Qué dices?... ¿Aceptas?-
-Tengo que irme- reiteró por todo ella, dándole la espalda
-Pero ¿y la respuesta?- se quejó de inmediato él, tomándola suavemente del brazo con la mano que tenía libre, para que lo mirara –No me evadas Can, no seas cruel- le pidió
-No te estoy evadiendo- respondió ella tajante
-Lo consideraste, puedo leerlo en tus ojos- dijo él sin darse por vencido mientras la contemplaba con ternura y se atrevía a acariciarle una de las sonrojadas mejillas
-Oye Stear…- ella iba a comenzar a protestar por su pequeño abuso de confianza al no poder en ese rato retirarle la mano por tener las suyas ocupadas, cuando escuchó los pasos de alguien dirigirse a donde se encontraban.
-¡Candice te requieren en la Estación de Enfermería!…-
Judy, una de sus compañeras se hizo presente en esos momentos para avisarle del mandato, más justo cuando la rubia iba a agradecerle al destino por su intervención oportuna, Alistear le giró con sutileza la cara hacia él requiriendo su total atención antes de que se le escapara y sin pensárselo dos veces le robó un beso. Desarmándola y sorprendiéndola a tal punto que dejó caer la charola a sus pies.
-¡Oh, disculpen…!- profirió Judy, una joven de complexión robusta y cabello castaño, asombrada al no esperar encontrarse con aquella escena –Yo no tenía idea de que eran novios… disculpen mi intromisión- reiteró avergonzada -Sólo no te olvides Candice de venir cuando te… cuando se desocupen- corrigió rápidamente antes de salir del sitio ruborizada y apresurada.
-¡Judy!- trató de llamarla Candy después de que él la hubiese liberado y en cuanto superó su inicial estupefacción, pero ya se había ido y conociendo bien que no se le cocinaba una papa en la boca, entendió que la noticia de su falso romance no tardaría en convertirse en pública. Se volteó entonces a Stear todavía algo aturdida por todo lo que en cuestión de pocos minutos acababa de ocurrir y le advirtió – ¡Te voy a matar!- más él sólo sonrió con su típico modismo infantil, inmensamente feliz de haber obtenido un logro, a sabiendas de que no se lo decía en serio.
Tal como lo imaginaba el rumor no demoró en extenderse por todo el hospital y en cuestión de pocas horas ya entre todas las enfermeras se hablaba de que ella era la primera en involucrarse con uno de los soldados llegados de la gran guerra, cual típico cliché de novela rosa.
Por ello y también por vergüenza, Candy intentó en todo lo que le permitía su trabajo, evitarlo a Stear durante las siguientes horas, a no ser que fuese por algo que no debiera pasar por alto, como ir a administrarle los analgésicos que le recetaran.
No obstante, transcurrida la mañana, al llegar la hora del almuerzo ya no pudo librarse de él, pues con la persistencia que ponía cuando quería algo, la sorprendió presentándosele en el comedor para almorzar con ella. Sin más remedio por ende y para no pasar más vergüenza al tener que discutir enfrente de todos, algo que podía inclusive llegar a oídos de sus superiores, no le quedó de otra que aparentar que todo se encontraba bien entre ellos. Condujo así a su travieso paciente a una de las mesas más alejadas donde podrían conversar tranquilos y después de que éste le perjuró que no le dolía la herida y que además estaba evitando realizar cualquier tipo de fuerza para evitar lastimarse o abrirse los puntos, accedió a permitir que se quedara, trayéndole también una bandeja de comida, pero eso sí, con alimentos blandos que no le resultaran inconosos.
Precavida, se sentó entonces dándoles la espalda a sus compañeras, aunque aquello no disminuía la percepción de sus miradas criticonas en esa parte de su anatomía, sabiendo que el principal tema de conversación de su grupo de trabajo, recaía en esos momentos sobres sus huesos y los de su primo. Stear por su parte sin importarle los murmullos y como si ella fuese todo su mundo, ubicado en la silla de enfrente en su mesa, se dedicó también a ignorarlas, contagiándola de tal modo a la vez y sin que se lo propusiera de valor y tranquilidad con ello, pues en resumidas cuentas a nadie le interesaba su vida personal, con la cual podía hacer lo que quisiera.
-Y bueno, ¿qué piensas hacer en tu próximo día libre?- le consultó de repente sacándola de su ensimismamiento
-Eh… oh sí, planeaba concretar el contrato de alquiler de un departamento… mi propio departamento- le compartió mientras se llevaba a la boca una cucharada de puré de patatas con carne de res y vegetales, con orgullo de sí misma de sentirse preparada para dar ese gran paso en su independencia.
-¿Planeas vivir sola?- preguntó él con asombro al igual que un poco preocupado
-Sí, supongo que será confortable disfrutar de privacidad, además de valioso para mí aprender a manejar mi vida con un presupuesto mensual. Seré toda una mujer moderna y autosuficiente- expresó ella sintiéndose bien consigo misma por la meta que se propusiera y estaba por conseguir.
-¿Y no te gustaría tener un caballero a tu lado para que te defienda? Digo, sólo hasta que venga Terry… o te mudes con él, según acuerden- comentó Stear sin poder evitar sentirse algo celoso aun cuando en realidad no tuviera derechos –Yo podría… quedarme contigo- ofreció, más ella fue muy clara al respecto
-¡Ja! ni lo sueñes. No te llevaré a mi nueva casa a no ser que estés acompañado jovencito- le espetó a manera de reproche, ante lo que él sólo rió adivinando sus pensamientos –Mejor hablemos de ti- Candy propuso para cambiar el tema –Por qué no me cuentas cómo sucedió lo de tus heridas-
Stear se mostró de acuerdo, después tomar una cucharada de su crema de calabaza
-Estaba en la Reserva de voluntarios, en el entrenamiento para combate terrestre cuando ocurrió lo de la bala. Lo de las costillas había acontecido previamente en las pruebas que me tocaran efectuar en el bautizo militar pero de eso ya me encontraba sanando. Como te decía, lo de la clavícula sucedió por error de uno de los jefes de tropa y descuido por parte de los encargados que se olvidaron de cambiar las municiones verdaderas por las de salva al momento de la práctica. Por suerte, mi herida no resultó ser mortal y aparte nadie más salió afectado- le compartió, como siempre viendo el lado bueno de las cosas aun cuando las situaciones que relatara a quien las oyese resultaran muy extrañas –El coronel se sintió tan mal por su falta que se ocupó de solventar él mismo todos mis gastos médicos y me envió de regreso en el primer buque con heridos en partir a América, tres días después- continuó con su semblante ensombreciéndose por los recuerdos de toda aquella amarga experiencia –Sabes Can, quizá no alcancé a ir al frente ni llegué a sentirme un soldado completo más allá de los entrenamientos de preparación que tuve en el recinto militar inglés, pero al menos alcancé a pilotar un avión de guerra y para mí aquello vale todo lo que luego tuve que pasar- con orgullo y convicción al final le contó. Candy se enterneció de escuchar hablar a su espíritu lleno de bondad, sintiéndose halagada a la vez de que se abriese así con ella y pensaba en aquello cuando sonó la sirena de los bomberos desde una cuadra cercana donde se localizaba el cuartel, anunciando de algún incendio en la localidad. Los comensales y todo el personal médico en el comedor de inmediato se inquietaron como era lo normal, más Stear de forma inesperada y para impresión de Candy, se sobresaltó de sobremanera al extremo de aterrarse y cubriéndose los oídos con las manos acabó escondiéndose debajo de la mesa.
De pronto toda la atención dejó de enfocarse en la ventana que daba a la calle y se suscitó una interna conmoción debido a su comportamiento, más Candy haciendo caso omiso al montón de murmuraciones que percibía en derredor y optando por sacar a prevalecer ante todo su oficio de enfermera, con dedicación y cuidado a la vez que sin juzgarle por sus acciones y dispuesta a comprenderlo en lo que fuera que le hiciere conducirse así, terminó de apartar las sillas para agacharse a su lado en pro de ayudarle a levantarse. Él le habló ni bien ver su rostro, antes de que ella pudiera siquiera decirle algo. Estaba temblando.
-…Ese sonido… me recuerda tanto a los avisos de emergencia de la base. Cuando avisaban de algún ataque y necesitaban personal para enviar al frente-
Su voz sonaba acongojada y le hizo entender que pasaba por un cuadro traumático que necesitaba de toda su consideración y paciencia. No iba a dejarlo solo.
-Stear está bien, ya pasó. Ahora estás aquí a salvo conmigo, de vuelta en Chicago ¿recuerdas? y no voy a permitir que te pase nada malo, como te prometí. Confía en mí- expresó extendiéndole la mano para poder sacarlo de allí. Él vaciló un momento mientras respiraba profundo y se calmaba, luego se secó las lágrimas que había derramado sin darse cuenta, reconociéndose avergonzado por la situación y por último aceptó la ayuda que ella le ofrecía.
-¿Mejor?- le consultó Candy una vez estuvieron tranquilamente sentados en una banca de la terraza, alejados del ajetreo del interior del hospital y contemplando los tejados de las edificaciones aledañas mientras esperaban que concluyera la hora del almuerzo. Él únicamente asintió meditabundo sin dejar de observar el horizonte. No había querido seguir comiendo pero se había comprometido a terminar toda su cena, y además dejarse volver a colocar hasta entonces el suero con vitaminas que le recetaran y que desobediente se retirara en su tesón por ir detrás de ella. Esta vez no iba a ser tan permisiva, Candy se repetía en su interior. Se encargaría ella misma de supervisarlo.
Al ver que no respondía a su pregunta, prosiguió variando el tema.
-En definitiva, poder venir a este sitio a la hora que sea es lo que más extrañaré al mudarme- compartió, reconociendo que echaría en falta aquel privilegio que poseía como enfermera residente
-Quisiera tener conmigo en estos momentos una de mis cámaras fotográficas para poder plasmar parte de este día en nuestras memorias- comentó él de repente con un dejo de nostalgia -¿Recuerdas lo mucho que nos divertíamos con ellas?- de ánimo más repuesto, leconsultó
-Cómo olvidarlo- respondió Candy con sinceridad, no pudiendo más que sonreír al recordar tantas lindas anécdotas
-Me acuerdo de nuestra primera foto juntos. Fue en Lakewood, pocos días después de que llegaras a vivir a la casa. Apresuré entonces mi proyecto piloto de SCI (Super Cámara Instantánea) ansioso por captar de forma perenne partes de tan maravillosa época. Te confieso que nunca hasta allí me había sentido más feliz… Sabía que no eras mía pero aun así era un alivio tenerte por fin a salvo con nosotros- le contó, en parte mirando hacia la ciudad y en parte mirándola a ella.
Candy tuvo que guardar silencio unos instantes sin saber qué contestar a ello.
–Me acuerdo bien de esa ocasión, fue la primera de muchas- reconoció sin embargo varios segundos después, prefiriendo seguir rememorando con gracia sus cámaras portátiles de nombres raros antes que permitir que se abatiera de nuevo por la cuestión de sus sentimientos no correspondidos. Stear por suerte optó por seguirle también la corriente.
-…Y luego vino el colegio, y con aquella etapa el montón de fotos que obtuvimos durante los veranos… era simplemente genial. Cómo extraño nuestra vida de aquel entonces…- añadió con nostalgia
-Yo también- corroboró ella correspondiendo a tales añoranzas –…Todo era más fácil antes de complicárnosla- recapacitó bajando la mirada unos instantes, admitiendo también sus errores -…Pero a pesar de ello creo que todas las equivocaciones que cometimos no fueron en vano y nos sirvieron para crecer. Hemos descubierto nuestros caminos y trazado metas, es tal como suelen decir mis madres del Hogar de Pony: "No hay mal que por bien no venga"- concretó levantando el índice con su natural alegría, contenta de poder compartirle una enseñanza. Él la contempló por todo con suma ternura.
-Sabes Can, cada vez entiendo mejor a Anthony cuando elogiaba tu sonrisa diciendo que le recordaba al sol, alumbrándole hasta en el rato más sombrío-
-¿Qué?- Candy profirió tomada por sorpresa al tiempo que percibía como se ruborizaba de súbito
-¡Oh! Lo siento, entiendo que tal vez no sea de tu agrado que mencione ese tema- él intuitivo notó su turbación e intentó salvar el momento saltando a otras cosas, más ella obligándose a encarar la mención de aquel simple nombre que le mortificaba para demostrarse a sí misma que ya era de verdad madura, le incentivó a que sin cuidado prosiguiera
-Descuida, no hay problema, a donde quiera que Anthony vaya le deseo lo mejor-
Stear le alivió conocer aquello
-¿Eso quiere decir que te puedo preguntar por él?- añadió interesado por la salud de su primo, de quien no supiera nada desde que ingresara al Ejército -¿Has tenido alguna noticia? Lo último que supe es que planeaba salir de Niza con su padre ni bien estalló la guerra. Sólo espero que haya podido lograrlo- ante la nueva mención de aquel conflicto bélico de proporciones espantosas que todavía le parecía una pesadilla, tuvo que bajar la cabeza preocupado, más ella colocó una mano sobre la suya para tranquilizarlo
-Según lo que los chicos me dijeron, ya se encontraba de camino. A estas alturas ya debe haber llegado- profirió reservándose para ella el creer haberlo visto recientemente, que tanta inquietud le causaba
-Qué bueno- manifestó Stear –Esto me trae paz Can-
Ella sólo sonrió satisfecha
-Y bueno, como que mejor traigo a colación tópicos que te resulten más agradables- agregó Stear para que no acabase aquella bonita complicidad de esa tarde entre ambos –Qué me dices de Terry, ¿Cómo se encuentra?-
Candy le agradeció aquello con una nueva sonrisa más amplia que la anterior
-Le va gracias al cielo muy bien en su carrera de actor. Ahora mismo se encuentra con la compañía de teatro a la que pertenece interpretando Hamlet en Broadway. Consiguió el papel principal y se está volviendo muy conocido… Supongo que ya debe tener cientos de admiradoras, pero ni modo, son gajes del oficio a los que yo debo ir acostumbrándome- le contó exteriorizando una de sus inseguridades sobre su relación, permitiendo así que dejara de pesarle un poco en el alma.
-¡Vaya, debo que reconocer que esto sí me resulta increíble! Nunca lo creí a Terry capaz de seguir un esquema organizado tan indisciplinado como era, sin embargo no tengo duda de su buen desempeño artístico, aun cuando no lo he visto en escena, pues los genes heredados de la fantástica Eleanor Baker en definitiva no podían fallar, solo debieron tardar en aparecer- emitió en opinión dejando en claro cuánto todavía admiraba a la mamá de Terry.
Candy suspiró admitiéndolo. Las campanadas del reloj de una iglesia cercana redoblaron entonces advirtiendo el cambio de hora y recordándoles que debían bajar, ella para volver a sus oficios y él a descansar.
-Hora de irnos caballero- indicó así colocándose las manos en las rodillas desperezándose antes de levantarse, pero antes de él hacerlo también, le retuvo una mano.
-Can sé que ya no tendremos mayor tiempo para estar juntos una vez que regreses a tu trabajo, por lo que quiero aprovechar este momento para decirte que hoy ha sido uno de los días más especiales de mi vida. Yo volveré a Patty, intentaré arreglar las cosas, sobre todo pidiéndole disculpas porque ella no merecía la crueldad de mi comportamiento… más quiero que sepas que siempre serás mi amor platónico y que me alegra mucho el haber podido confesártelo. Gracias por concederme estas horas a tu lado- de corazón le expresó procediendo a besarle la mano. Ella que lo conocía, pudo percibir la sinceridad en su mirar y en retribución le acarició la mejilla con cariño.
-Lo que pasó hoy dejémoslo como nuestro secreto y nunca volvamos a hablarlo- pidió él y ella asintió de acuerdo.
Stear no se equivocaba al pronosticar que durante las siguientes horas le iba a ser difícil verse con Candy. Para él el resto de la tarde trascurrió aburrida, tendido en la cama donde debía reposar y como le prometiera a Candy, entre el mirar del techo y las paredes, analizar su vida o leer una novela sentimental y predecible que le facilitaran para su entretenimiento, en tanto para ella una vez inmersa en sus tareas ya no le quedó cabeza simplemente para pensar en nadie más. Tan ocupada estuvo asistiendo a los pacientes de ese pabellón que no miró siquiera la hora hasta que percibió en el cielo a través de la ventana que ya había anochecido.
Más no contaba que tal como en el inicio de su turno, al finalizar éste, el destino le daría otra sorpresa.
De repente mientras inyectaba medicina analgésica en el suero de un recién salido de cirugía, oyó algo parecido a un alboroto proveniente del corredor junto a la voz elevándose por encima de las demás de una de sus compañeras, al indicar y tratar de hacerle entender al parecer a un grupo de personas que el horario de visitas ya había terminado. No obstante estos no le hicieron caso y al minuto siguiente cual vendaval ingresaron en la sala en tropel buscando a uno de sus familiares.
Fue entonces que Candy se quedó sin habla al reconocer a un apresurado George en compañía a su vez de un preocupadísimo Archie que sin soltar de la mano a su novia buscaba de entrada entre cada una de las múltiples camas cual era la de su hermano.
-¿George?- preguntó Candy tratando de convencerse de que era real pues le parecía un espejismo después de no haberle visto en mucho tiempo. Él reparó en ella con una visible mirada de alivio, como si se hubiese encontrado de pronto con una enviada divina.
-¡Srta. Candice, gracias al cielo la encuentro, qué gusto volver a verla!- exclamó yendo directo hacia ella para sostenerle las manos –Toda la mansión se volvió de cabeza con la súbita noticia del arribo aquí del joven Alistear, por favor dígame que sabe algo-
Candy notó en su semblante la desesperación al igual que en la de Archie y Annie más atrás buscando entre los pacientes, por lo que no perdió tiempo y fue de lleno al grano
-Fila derecha, última cama- fue concisa en la explicación para que no se les complicara encontrarlo. George le agradeció pidiéndole disculpas para retirarse y enseguida llamando a la joven pareja con un movimiento de la mano les pidió que lo siguieran.
Annie y Archie sólo allí en medio de su preocupación repararon en Candy y antes de seguir de largo se detuvieron unos segundos a abrazarla a manera de saludo.
-Él está bien- fue todo lo que ella dijo para conseguir calmarlos un poco, previo al ansiado encuentro
-¡Gatita, esto es como un milagro!- expresó Archie rebosante de emoción, tanta que terminó dándole un beso en la frente antes de proseguir hacia el lugar indicado, a donde Annie, por suerte según pensó Candy, que no vio presenció la impulsividad de su novio, ya se había adelantado.
Ella se acercó luego despacio y de manera silenciosa para ser testigo de aquel esperado reencuentro, y permaneció un tanto apartado no queriendo incomodar en aquel conmovedor cuadro familiar. Pronto notó que George se unía de pie a su lado respetando también los sentimientos a flor de piel de los chicos que viera crecer.
Archie en esos momentos lloraba sentado en la cama abrazado a su único hermano, dejando a un lado los estereotipos de frígida fortaleza masculina sin importarle nada de lo que a su alrededor pudieran pensar, mientras que Annie emocionada también hasta las lágrimas se había unido al grupo abrazando a su querido cuñado por la espalda.
Candy decidió conversar en voz baja entonces con George, sabiendo que necesitaba dar explicaciones
-George disculpa, yo iba a enviarles un telegrama mañana a primera hora… pero ¿ustedes cómo…?- sin comprender la forma en que se habían enterado, iba a consultar, más el asistente mano derecha de la Mrs. Elroy Ardley con su naturaleza intuitiva se adelantó enseguida a responderle
-Recibimos una notificación de la llegada al Hospital Santa Juana del joven Cornwell… enviado por el Comandante de su tropa…- le explicó mirándola apenas de frente por encontrarse centrado en la sentimental escena.
-¡Oh, ya veo!…- exclamó Candy mayormente para sí, una vez más impresionada – ¡Qué buena organización y que responsables con sus miembros son en el Ejército Inglés!- opinó al final, justo antes de que a George le sobreviniera un inesperado ataque de tos y debiera ayudarle propinándole unas palmaditas en la espalda.
Continuará…
