+18

POV. Raymond Steele.

Escucho que tocan la puerta así que me levanto del sofá donde estaba viendo televisión para abrir la puerta, cuando lo hago me encuentro a cuatro personas, dos mujeres y dos hombres, uno de esos hombres me recuerda mucho a mi hermano Albert, pero es imposible que sea él.

Hay una chica que tiene los ojos azules, muy bonitos, se parecen a los de la niña de mis sueños, creo que me estoy volviendo loco.

—Papi —susurra la chica con lágrimas en los ojos.

¿Me dijo papi?

¿Tengo una hija?

¿Esto es una broma?

No me gusta para nada esta broma.

Miro sus bonitos ojos fijamente.

De repente todo llega a mí, es como si fuera el flash de una cámara, los recuerdos llegan muy rápido, ahora recuerdo todo. Por Dios, como pude olvidarla, es Annie, es mi hija, el sol que brilla todas mis mañanas.

Es la niña de mis ojos.

Es la niña de mis sueños.

—Annie —susurro y luego las lágrimas comienzan a bajar por mi rostro.

—¡Oh, Dios mío! —grita y luego se lanza en mis brazos.

Esto es el cielo, estoy abrazando a mi hija después de tanto tiempo, como extrañaba esto, la calidez de su abrazo, el calor de mi hija, el orgullo de mi vida.

Lo que necesitaba.

POV. Anastasia Steele.

Mi papá está vivo, no es ninguna mentira, todo es real.

Lo extrañaba tanto, ojala esto no sea un sueño y si lo es no quiero despertar.

En estos momentos estar en los brazos de mi papá es todo lo que necesitaba, lo que extrañaba.

Escucho que alguien carraspea haciéndose notar y me doy cuenta que es mi tío Albert.

Nos separamos de nuestro abrazo y mi padre lo ve.

—Siento interrumpir este lindo momento, pero yo también quiero abrazar a mi hermano —dice sonriendo.

—¿Tú eres mi hermano? —pregunta mi padre y puedo notar su tono de burla.

—Joder, no juegues conmigo —dice mi tío y luego se lanza a los brazos de mi padre.

Un abrazo fraternal, la emoción y la felicidad se encuentran en el ambiente.

Vamos, ¿quién no estaría feliz en este momento?

Mientras ellos se abrazan yo me pongo a un lado de Christian y él me abraza, en estos momentos tengo todo lo que necesito para ser feliz.

Cuando se separan los dos se limpian las lágrimas y nos miran.

—Bueno, que esperan para pasar —dice mi padre haciéndose a un lado para que pasemos al apartamento.

Nosotros pasamos y nos sentamos en el sofá, es grande este sofá.

—Ray, ella es Jennifer, mi novia.

—Mucho gusto, Jennifer —saluda mi padre a Jenni.

—El gusto es mío pero por favor dígame Jenni —dice ella sonriendo.

—Está bien, Jenni. —Se voltea a ver a Christian y luego ve nuestras manos entrelazadas—. ¿Y tú quién eres? —le pregunta a Christian con el ceño fruncido.

Noto como Christian se remueve incómodo a mi lado, está nervioso.

Joder, esto es digno de ver, Christian Grey está nervioso.

—Él es Christian, mi novio —me apresuro a decir.

Al parecer Christian reacciona y se pone de pie para luego tenderle la mano a mi padre.

—Un placer conocerlo, señor Steele —le dice y mi padre le recibe la mano.

—El placer es todo mío —dice mi padre serio.

Oh, oh.

¿Será que estoy en problemas?

No lo creo.

Christian vuelve a tomar asiento a mi lado y vuelve a entrelazar nuestras manos.

—¿Quieren algo de tomar?

—Yo quiero agua —digo porque la verdad es que estoy sedienta.

—Yo quiero una cerveza, claro si tienes —dice mi tío.

—Albert, siempre tengo cervezas —dice mi padre como si fuera lo más obvio.

—Yo también quiero agua —dice Jenni.

—¿Y tú? —le pregunta mi padre a Christian.

—No, señor, yo estoy bien —responde Christian y él asiente para luego irse a la cocina, creo—. Creo que no le caí bien a tu padre —susurra Christian en mi oído haciendo que me estremezca.

—Tranquilo, es solo porque no te conoce —le digo con una sonrisa.

—Te imaginas como se pondrá cuando sepa que duermo en su casa, en la cama de su hija y con su hija. Creo que me las cortará —susurra y yo suelto una carcajada.

—Cariño, tranquilo, yo no permitiré que te las corte, eso sí que no —Le digo y el que ahora ríe es el.

—¿Me quieres solo por eso? —pregunta tratando de parecer dolido.

—Por eso y por mucho más —respondo y luego le doy le doy un beso en la comisura de su boca.

Él sonríe con esa sonrisa tan de él.

Lo amo.

Mi padre regresa al rato con las bebidas y se sienta en un sillón.

—¿Y cómo van las empresas? —le pregunta a mi tío.

—Muy bien, surgiendo —le responde mi tío.

En ese momento suena un teléfono y es el de Christian.

—Cariño, ya vengo, tengo atender —me susurra.

—Está bien, anda —le digo con una sonrisa y el sale de la sala.

Mi padre se voltea y me ve.

—¿Cuánto tiempo llevas con él? —me pregunta y sé que se refiere a Christian.

—El 5 de junio cumplimos cuatro años —le digo y veo como él abre los ojos.

—Entonces, ¿tú lo conocías antes de mi accidente? —me pregunta frunciendo el ceño.

—No, yo lo conocí el día que me dijeron de tu accidente —le digo encogiéndome de hombros.

—Mmm —dice mi padre, pero luego no dice nada.

El entabla una conversación con mi tío y con Jenni y la verdad es que yo no los estoy escuchando, solamente observo a mi papá, estoy completamente feliz.

Christian regresa al rato con una sonrisa y se vuelve a sentar a mi lado.

—¿Y esa sonrisa? —le pregunto.

—Tengo un negocio con una empresa de allá de Seattle y si logro que firmen el contrato ganaré el dinero suficiente y podré acelerar la construcción de GEH —dice sonriendo, veo que está muy emocionado.

¿Quién no lo estaría?

—Qué, bueno, cariño, estoy muy feliz por ti —le digo y lo abrazo.

—Sí, solamente que hay una cosa —dice y ya no sonríe.

—¿Qué cosa? —le pregunto.

—Que hoy mismo tengo que regresar a Seattle porque mañana nos reuniremos con los dueños de la empresa —dice y yo me siento un poco triste pero entiendo que tiene que irse.

—Oh, bueno, está bien —le digo mirando mis dedos.

—Hey. —Me levanta la barbilla con sus dedos—. No te pongas así, por favor, si quieres me quedo aquí contigo —dice y me da un suave beso.

—Lo que pasa es que te extrañaré mucho, y no, no te vas a quedar aquí, quiero que hagas ese negocio —le digo mirándolo.

—Yo también te extrañaré —dice y me sonríe débilmente.

Pasamos toda la mañana hablando con mi padre, y él preguntando qué es lo que ha pasado desde que él no estaba, también preguntó por Carla pero le dije que mañana hablaremos de eso, la verdad es que no quiero hablar de ella, no hoy.

No sé si contarle a mi padre la pérdida de mi bebé, estoy indecisa, aunque creo que lo correcto es contarle todo con detalles, es mi padre y tiene que saberlo, ya mañana veremos que sucede.

—Adiós, papi —me despido de él y le soy un beso en la mejilla.

—Adiós, princesa, nos vemos mañana —dice él abrazándome.

Después de despedirnos prometiendo que volveremos mañana y regresamos al hotel.

Yo ahora estoy feliz y triste, no quiero que Christian se vaya pero sé que tiene que hacerlo, no puede perder este negocio.

Cuando llegamos al hotel mi tío y Jenni se van a su suite y Christian y yo a la nuestra.

—¿Y a qué hora te vas? —le pregunto tirándome en la cama, solamente en ropa interior.

—Acabo de reservar un vuelo que sale a las doce de la noche así mañana ya estaré en Seattle —dice desvistiéndose.

—Bueno, entonces te tengo que dar una despedida —le digo caminando coquetamente hasta él.

—¿Ah sí? ¿Y cuál sería esa despedida? —pregunta sonriendo.

—No sé, señor Grey, tenemos que descubrirlo —le digo y lo beso ferozmente.

—Entonces descubrámoslo —dice contra mis labios.

Me agarro de su cuello y profundizo el beso, enredo mis piernas alrededor de su cintura y el me pega contra la pared agarrándome por las nalgas logrando una fricción deliciosa mientras nos besamos desesperadamente. Ya estoy empapada.

—Christian, te necesito dentro de mí, ahora —le digo jadeando.

—Como digas, nena —dice él y se baja los bóxers con una mano mientras que con la otra me sostiene.

—Quiero que me lo hagas duro —le digo mirándolo a los ojos y veo como se le ponen más oscuros de lo normal.

Me encanta cuando me lo hace lento pero también me encanta cuando me lo hace duro.

—Lo que mi nena diga —dice en un gemido.

Con sus manos rompe mis bragas y luego me penetra de una sola estocada haciendo que pegue un grito de placer.

Comienza a moverse bien fuerte y rápido, si, esto es lo que me gusta, que el este dentro de mi es el paraíso.

—Sí... mi amor, muévete ahh así, uhh —digo gimiendo.

—¿Te gusta así, nena? —gruñe sin dejar de moverse dentro de mí.

Esta posición me encanta, es más profundo así.

—Ahh, sí, mi amor, me encanta —digo jadeando.

Christian cada vez se mueve más rápido y sé que está a punto de llegar al igual que yo.

Me besa los labios apasionadamente y luego va bajando por mi cuello que tiene una ligera capa de sudor, lo besa, lo chupa y luego pasa la punta de su lengua.

Me corro gritando su nombre y él se sigue moviendo buscando su propia liberación.

—¡Joder! —gruñe vaciándose dentro de mí.

Luego de esa deliciosa follada nos fuimos a la cama y lo seguimos haciendo hasta quedar agotados.

Tengo que aprovechar ya que se irá.

Ya es la hora de que Christian se vaya, me dijo que no lo acompañara al aeropuerto porque no quiere que me devuelva sola para acá, así que me tengo que quedar aquí, sola.

—Me voy, mi amor, te amo —dice Christian besándome.

—Yo también te amo, te extrañaré muchísimo —le digo y lo vuelvo a besar.

—Yo también te extrañaré, de hecho ya lo hago —dice.

Un último beso y se va, yo me devuelvo a la habitación y me acuesto en la cama, hoy dormiré sola.

Vamos, Ana, solo serán unos días, luego lo volverás a tener para ti, me digo a mi misma.

A los minutos caigo en un profundo sueño soñando con mi amor, como siempre.