Capítulo 52
Sombra
Unos cuantos tragos de agua, un poco de comida y un transporte deslizándose a velocidad moderada era todo lo que necesitaban, especialmente cuando portaban nuevamente sus ropas cotidianas y no aquellas temporales que habían tenido que preparar a causa de inconvenientes. Había una única dirección a la cual dirigirse y el tiempo apremiaba, por lo que el entretenerse demasiado en un solo punto sería contraproducente.
—¿A dónde se supone que nos llevas, Max? –cuestionó Red quien miraba de reojo por la ventana del vehículo.
—Despreocúpate por los pequeños detalles de la vida, tú sólo disfruta del viaje y el panorama.
—Nos llamaste prácticamente cuando regresamos a Pueblo Paleta, diciéndonos que teníamos que acompañarte a no sé dónde para quien sabe qué cosa –se quejó Green.
—Ya se van acostumbrando a las explicaciones increíblemente claras de Max –decía Dylan por lo bajo.
—Tampoco es como si tuvieran preocupaciones al dejar su pueblo natal, después de todo, ellos están allí.
—Eso es exactamente lo que nos tiene al pendiente –disputó el pelinegro.
—Pareciera que los papeles han cambiado –expresó el rubio con una ligera sonrisa-. Todos tenemos cosas que hacer. Y sé que están ya enterados de lo que ha estado ocurriéndoles a ciertos líderes de gimnasio.
—Se están cansando de "su amabilidad usual" –decía sarcásticamente el castaño.
—Mejor dicho, quieren infundir el pánico mientras se deshacen de los que podrían ser un problema posterior –agregaba el peli rosa-. Sólo mueven las piezas como más les conviene; no hay que pensar mucho para ver que desean ahogarnos en la desesperación.
—Aunque debo admitir que está siendo demasiado discreto –alegaba Allen-. Ellos ni siquiera se están tomando la molestia de participar. Todo lo han dejado en manos de sujetos no del todo confiables.
—Hay muchas opciones para ello…Espero que sea aquella en la que se creen demasiado buenos como para tomarse el tiempo de exterminar a debiluchos entrenadores –Dylan clavaba su mirada en el frente.
—Nos dirigiremos a Ciudad Celeste.
—¿Y eso? –preguntó Green inmediatamente.
—Hay cierta actividad que empieza a inquietarme y lamentablemente se suscita alrededor de esa ciudad. Una cantidad abrumadora de esas criaturas se han estado reuniendo alrededor del lugar y por las noches empiezan a causar alboroto –expresó seriamente Max.
—Pero no se ha oído nada al respecto. De haber ocurrido algo, Misty nos hubiera informado algo ya –opinaba Green.
—Ése es el detalle. Realmente si han estado ocurriendo cosas, únicamente que no está abierto al público –extrajo un sobre que permanecía guardado en la guantera del auto, ofreciéndoselos a aquel par de chicos-. Cuando lean esto entonces entenderán mi inquietud.
—¿Fotos…? –el oji verde contemplaba el contenido de aquel sobre en compañía de Red. Ambos quedaron totalmente anonadados.
—Están ordenados de forma temporal…Cada uno de esos entrenadores desaparecieron de hace tres meses para acá. Cada uno de ellos dentro de la ciudad, ya que jamás abandonaron ese sitio. Lo curioso es que ahora que la líder de gimnasio volvió, las desapariciones descendieron abrumadoramente. Desde su llegada no ha habido ningún entrenador o persona extraviada o herida –informaba Max pensativo.
—Lo único que pasa es que algunas personas han empezado a sentirse enfermas, cansadas o experimentan pesadillas continuas que perturban su sueño. Nada grave pese a la cantidad de esas cosas –comentó el peli vino-. Por lo que fue algo que llamó nuestra atención.
—No quiero ser el que saque los comentarios poco positivos, pero el que haya tantos de esos seres en un sitio y se limiten literalmente a causar bromitas a la gente, solamente puede significar que hay algo allí que le es de utilidad a Blake –comunicó Dylan, observando a esos dos-. Y muy posiblemente tenga que ver con Misty.
—¿Pero qué motivo sería lo suficientemente fuerte como para que se tomara tantas molestias…? –preguntaba.
—Créeme, no quieres conocer esos motivos Green –estipuló Max en un tono tan serio que resultaba tenebrosamente intimidante.
—Llegaremos a Ciudad Celeste en breve, examinaremos la situación y le preguntaremos a la misma Misty si le ha ocurrido algo fuera de lo común. No dejaremos que sus amigos pasen por malas situaciones –apuntaba Allen con una suave mirada.
—Así que no se desesperen –expresó Dylan a ese par que tenían su mente ocupada en el tema que era preferible haber postergado un poco más.
La mirada de esa chica les examinaba de arriba hacia abajo, pretendiendo encontrar algo más que no estaba en lo superficial; y aunque se esmeró por entender lo que esas miradas le expresaban, éstas simplemente eran indescifrables para su persona.
—¿Qué es lo que te sucede ahora, Misty? –cuestionó Max al tiempo que veía fijamente a aquella líder.
—Me dan una impresión diferente…Es decir, siento que hoy están actuando de un modo totalmente ajeno al usual –expresó la chica manteniéndose de pie frente a la entrada de su pomposa y hermosa mansión.
—Son solamente imaginaciones tuyas, Misty –aseguraba Dylan.
—También considera que no nos conoces lo suficiente como para decir eso. Simplemente podríamos estarte mostrando algo que usualmente no sacamos a flote –comentaba Max tranquilamente- Pero tampoco es nada que deba mantener tu mente ocupada.
—¿No piensan quedarse?
—En lo absoluto. Ya con Red y Green contigo tendrás la seguridad suficiente. Nosotros todavía tenemos que ver cómo van las cosas por otras zonas y ver si necesitamos brindar un poco de apoyo a los otros líderes de gimnasio –mencionaba Allen con cierta amabilidad.
—Y una cosa más Misty –agregaba el peli rosa.
—¿Sobre qué?
—Si en algún momento llegas a toparte con alguno de ellos, especialmente con Blake no dudes ni por un momento en usar a uno de tus pokémon contra él –comunicó seca y fríamente.
—¡¿Pero cómo dices?! –exclamó alarmada-. No voy a atacar a una persona.
—Entonces espero que después no estés arrepentida de esa decisión.
—¿Q-Qué quieres decir con ello Max? –espetó con cierta tartamudez.
—Que a él no le importara atacarte con sus pokémon y tampoco considerará si el ataque que te lance pueda o no terminar con tu existencia. Ninguno de esos chicos deben ser tomados a la ligera y háganse a la idea de que son ellos o son ustedes. No hay puntos intermedios.
—Lamentablemente con ellos esto no es un juego y si están conscientes de que están detrás de las desapariciones de todos esos chicos, entonces comprenderán que si no se lo toman en serio terminarán malheridos en el mejor de los casos –mencionó serio Dylan. Algo que no era común en él.
—Estaremos en contacto con ustedes –Max había empezado a retirarse en compañía de Allen y Dylan.
—Espera Max…¿dónde está Shade?
—Ella está visitando a un viejo amigo y está sana y salva, ya que hablé con ella hace un par de horas.
—Umm…Comprendo.
—Nos veremos después –se despidió el aludido.
El té había sido servido para las únicas dos personas que allí permanecían. Mismas que no mostraba interés alguno por la vista que se apreciaba desde esa amplia y panorámica ventana. Lo único que importaba en ese instante eran las hojas desgastadas y un tanto amarillentas que se descansaban sobre esa chaparra mesa de té.
Un sorbo de té fue dado mientras cada una de esas hojas recibían un rápido pero observador vistazo por quien había mantenido un semblante totalmente lleno de seriedad hasta el momento en que algo interesante captó su atención.
—Lo has visto al fin –expresaba aquel hombre que se mantenía cruzado de piernas y se ajustaba ligeramente esa máscara del astro solar.
—Había escuchado de estos informes, pero hasta donde yo sabía se habían quemado totalmente junto con esa vieja base nuestra –expresaba Blake manteniendo su mirada en un reporte específico.
—Lo sé, es hasta cierto modo increíble de creer –Sol había sonado de lo más sarcástico.
—Después de conocerlos a todos ustedes, ya todo es una posibilidad factible. Pero estoy desconcertado por el hecho de por qué fue él quien terminó allí –expresaba el peli blando observando fijamente a ese socio suyo.
—No olvides que por esa época se manifestaron fluctuaciones inestables en diferentes puntos, que iban y venían, y que entre cada ida y vuelta había diferencias significativas.
—Eso lo tengo muy claro por obvias razones, pero…¿cómo fue que logró zafarse del lío en el que terminó metiéndose?
—No olvides que existe una criatura que es capaz de lograrlo, Blake.
—De antemano lo sé, sin embargo, que haya sido tan preciso…Es decir, que haya sido en el momento justo hace caer en la cuenta de que su regreso se debió a que alguien así lo quiso.
—Piénsalo, todo empieza a encajar en cuanto consideras lo que ocurrió en aquella tumba –decía a la vez que sujetaba aquella taza de té entre sus manos.
—Es difícil acordarse de uno de los tantos que se han opuesto a mí, por lo que es complicado traer un nombre de forma inmediata. Sin embargo, tengo una ligera sospecha, una que preferiría que se quedara solamente en eso.
—Sí es así, es un estorbo demasiado fastidioso. Cualquiera pensaría que después de haberle lanzado tal ataque no sobreviviría. No había manera alguna de que un milagro como ése haya sido producido de forma natural.
—Tenemos que confirmar nuestras sospechas.
—El trabajo y la diversión siempre deben ir de la mano –habló burlonamente el enmascarado.
—Supongo que atormentar a los habitantes de la Ciudad Celeste es un modo de quitarte un poco el estrés.
—Es lo único que puedo hacer. Porque de dejar que mis pequeños hagan lo que quieran, entonces ya no tendríamos líder de gimnasio y de momento su vida nos sirve para algo.
—Tampoco es como si después de pedirle amablemente que nos ayude continuará sabiendo de este mundo –remojó un pequeño biscocho en su té, listo para engullirlo calmadamente.
—Probaré con él, a ver si es capaz de recordarlo…
Con cada paso dado el cansancio se incrementaba, la respiración ascendía a niveles dolorosos y todo el campo de visión se iba cerrando peligrosamente mientras la tarde iba siendo devorada sin compasión alguna por la noche.
¿Hacia dónde se dirigía?¿Sabía con certeza a dónde llegaría en cuanto terminara de recorrer aquel camino que cruzaba por un bosque de largos y punteados pinos?¿Y sería capaz de mantener por más tiempo aquel ritmo cuando sentía sus fuerzas desvanecer por completo conforme avanzaban los segundos?
Fría y quemante era la sensación que había iniciado en su pierna y que ahora estaba extendiéndose por todo su cuerpo, endureciendo sus músculos, privándole del movimiento en poco tiempo y logrando que cayera por su propio peso. Pronto todo se tornó negro al tiempo que cercanamente se escuchaban esos pesados y numerosos pasos.
Sus pupilas se acostumbraban a la escasa luz que allí existía, a la presencia innegable de esos largos y gruesos barrotes y a la desagradable humedad que emergía por cada pequeño espacio de ese calabozo de roca. El ambiente circundante era sencillamente deprimente y ofrecía pocas posibilidades de volver a admirar la calidez del sol.
Su garganta se encontraba completamente seca, como si no hubiera consumido líquido en varias horas y a la vez su estómago demandaba por algo de comer. Sus manos palpaban la superficie rugosa y fría de la piedra, conduciéndole inevitablemente ante lo que podría ser considerado a primera instancia como otro ser humano, uno que ya había perdido la calidez de su ser y que permanecía allí, quieto y gélido como todo el ambiente circundante.
De su boca deseaban emerger gritos llenos de pánico y horror, pero su voz le traicionaba, su voz simplemente no emergió ni siquiera para expresar lo horrorizado que se sentía de estar encerrado junto a alguien que había abandonado ese mundo posiblemente mientras dormía.
Pupilas vacilantes que no enfocaban nada claramente y que sin embargo adquirían la suficiente información del entorno como para considerar a aquel sitio como un error dentro de su ruta, como un lugar al que era mejor no haber llegado nunca.
¿Su rostro se veía igual de demacrado que el de aquellos otros rehenes que observaba tras los barrotes, justamente frente a él?¿Estaba tan sucio que no era más que un mero vagabundo con un final trágico?¿Cuándo perdió todas las fuerzas para intentar escapar? Posiblemente en el instante en que descubrió qué era lo que sucedía en cuanto alguien salía de su prisión sin el consentimiento de quien vigilaba las cosas en aquella mazmorra subterránea.
¿Por qué se escondieron esos rostros dentro de la oscuridad de sus celdas?¿Por qué murmuraban cosas inentendibles que parecían estar deseando alguna especie de milagro?¿Qué era lo que motivaba a sus cuerpos a encorvarse y temblar como si estuvieran completamente cubiertos de nieve?¿Acaso pronto lo descubriría?
Aquellas zarpas impactaban con firmeza contra el suelo, creando un ruido característico, uno que anunciaba la llegada de seres indeseables que lucían como los controladores de cualquier actividad anómala allí presente.
Los delgados hocicos de esos perros negros olfateaban el interior de las celdas mientras emitían graves gruñidos que lograban infundir mucho más miedo a todos esos temerosos chicos. Sus dientes jugueteaban con la superficie de los barrotes, dejando innegablemente sus marcas sobre éstos.
Esos tres siniestros animales se detuvieron frente a su celda, movieron sus puntiagudas colas y ladraron al unísono; no demoró demasiado tiempo en que aparecieran dos altos y toscos hombres que miraban insensiblemente la escena que dentro de aquella celda se planteaba.
El cerrojo cedió ante la llave y la puerta de ésta fue abierta sin demasiado esfuerzo; aquel que continuaba con el preciado don de la vida fue sencillamente extraído de su prisión sin delicadeza ni buenos modales. De igual modo no poseía suficiente fuerza para poder luchar y lo único que podía hacer era mirar con impotencia a quienes lo arrastraban fuera de ese horripilante calabozo. No obstante, la curiosidad humana siempre ha sido más grande que la misma lógica y ahora mismo se encontraba arrepintiéndose de haber observado algo de lo que era mejor mantener lejos la mirada.
Nunca un sonido repetitivo se había tornado tan repulsivo como turbador…Jamás había imaginado que fuera a vivir lo necesario para ver lo que esos seres consideraban como un festín y que él veía como una abominación.
¿Cómo se podía ordenar algo como eso?¿Cómo se podía concebir siquiera la idea de considerar la existencia extinta como un objeto inservible que puede ser arrojado y dejado a su suerte?¿Qué es lo que les causaba tanta satisfacción en sus rostros como para que en sus labios se dibujaran esas inmensas sonrisas?¿Era acaso que el ver pelear a aquel par de criaturas por un trozo de hueso era entretenido o quizás lo era por el simple hecho de que en algún instante formó parte de ese ser humano que ahora no era más que un bulto de huesos y músculos desmembrados? La hora de la cena no era más que una barbarie, una carnicería sin escrúpulos donde todo aquello que cayera sería simplemente resumido a lamentables restos. El respeto por la vida y la muerte se habían ido junto con la esperanza de salvación para quienes vivían allí y aguardaban el día en que concluyeran del mismo modo que aquel cadáver.
La luz le molestaba a causa de su vida en encierro, su cabeza empezaba a dolerle y abruptamente estaba sintiéndose mareado. Su cuerpo estaba manifestándole el estado en el que se encontraba en realidad y que de seguir así por más tiempo, no contemplaría nunca más un espacio carente de humedad alumbrado por esas luces artificiales.
—Debo felicitarte ya que has sido el único que ha sobrevivido dentro de aquella celda –espetó tranquilamente aquel hombre de bata completamente blanca que llevaba consigo un cuaderno de apuntes.
—¡¿Quién eres tú y qué es lo que nos estás haciendo?! –cuestionó furioso el chico, observándolo con aborrecimiento.
—¿Cuál es el nombre de este chico? –interrogó ese hombre de ciencia a los que sujetaban al crío por ambos brazos.
—…Red…Ése es su nombre…-contestó uno de esos dos carceleros.
—Un nombre corto y que puede llegar a tener impacto. Me gusta –dijo sonriente-. Y esa mirada llena de odio y decisión verdaderamente me agrada. No hay duda, tienes lo que estamos buscando.
—¡¿Quién eres?! –exclamaba elevando el tono de su voz mientras luchaba por liberarse. Algo que era totalmente inútil-. ¡¿Por qué me han traído aquí?!
—Creo que lo único malo en ti es esa curiosidad…Una cosa como ésa no es necesaria en este sitio, especialmente porque ésta se paga muy caro. Si tuvieras esa boca callada y asintieras solamente, todo sería mucho más plácido para los dos.
—Ya vendrá a alguien a darte tu merecido –indicaba Red agudizando su mirada hacia aquel detestable ser.
—Lo han intentado. Aunque lo único que veo hasta ahora son meros montículos de tierra que jamás serán visitados ni decorados. Tratar de detenernos es un asunto peligroso, chico.
—¡¿Pero qué demonios ha sido eso?! –expresó sorpresivamente el segundo carcelero quien simplemente soltó abruptamente a aquel niño-. Iré a revisar.
El piso retumbó repentina y ferozmente como si de un terremoto se tratara. Pero eso estaba demasiado alejado de la realidad. Algo más estaba ocurriendo bajo sus pies sin que pudieran hacer nada para evitarlo.
Aquellos intimidantes perros no eran más que mansos cachorritos ante los amenazadores gruñidos de un congénere suyo, uno que resaltaba no sólo por sus colores poco usuales sino porque su sola presencia lograba hacer retroceder sin demasiado esfuerzo a quien se le colocara en frente.
Un mar de llamas se hizo presente aturdiendo los sentidos de todos, incluso del desconcertado chico, que sin siquiera imaginárselo había sido tomado por la fuerza por aquel investigador. ¿Hacia dónde sería llevado ahora y por qué razón escapaba sin siquiera dar la cara a quien había llegado a interrumpir?¿Sería por el simple hecho de que esa criatura le seguía con enorme celeridad, con su mirada puesta en él y con serias intenciones de abalanzarse sobre su persona?
No era miedo lo que se veía en los ojos de ese hombre, sino frustración por no ser capaz de efectuar su maravillo plan. Sin embargo, no podía hacer demasiado, su brazo había sido prensado con enorme fuerza y ese líquido carmesí emergía sin control.
Hubieron ligeros gemidos de dolor, gestos indiscutibles de sufrimiento, pero nulos deseos de darse por vencido y mucho menos ante un ser que él consideraba como un objeto de control y cuya existencia valía mucho más que la suya.
Su brazo fue soltado solamente para recibir ágilmente un duro y funesto impacto que provocaría la separación de aquellos dos seres; uno con un destino escrito y otro con un futuro alejado de esa penosa oscuridad.
Una vez más fue tomado contra su propia voluntad, pero en este caso la persona quien habría de encargarse de tal tarea no tendría ni siquiera punto de comparación con aquellos que le habían retenido y sometido a condiciones denigrantes de existencia.
Sentía la calidez del ser que les transportaba a los dos y al mismo tiempo podía experimentar cierta seguridad cuando lograba percibir la existencia de alguien más a su lado. Una que no buscaba lastimarlo, una que parecía haber venido específicamente a salvarlo.
El paisaje que estaba fuera de su mundo de fríos barrotes era demasiado contrastante pese a que conservaban la esencia del gélido clima. Nunca antes se sintió tan relajado de poder contemplar ese blanco escenario, de percibir el aroma tan peculiar de los árboles carentes de hojas y poder experimentar en sus labios la calidez y dulzura de una bebida que entibiaba su cuerpo y le regresaban lentamente las fuerzas. Y en ese mismo instante sintió algo alrededor de su cuerpo, resguardando su calor.
—Estás mucho mejor de lo que esperaba –indicó esa voz con cierta suavidad.
—…S-Sí…-respondió trémulo, con cierto escalofrío.
—Iremos a un lugar tranquilo y después buscaremos a tus padres.
No recordaba cuánto tiempo había transcurrido desde la última vez que había experimentado la suavidad de una cama, lo agradable de una casa cómoda y el olor a hogar. Pero no le molestaba al fin encontrarse en un sitio seguro, donde la comida le aguardaba sobre una mesita de madera.
—…Comida…-expresó Red mientras se ponía de pie y se percataba de que llevaba puestas ropas limpias y todo su ser estaba completamente pulcro.
—¿Ya te sientes mucho mejor? –cuestionó una voz masculina que se adentraba a la habitación.
—Sí – declaró con cierto distanciamiento empezando a comer un poco en total silencio.
—Me alegra escuchar eso –habló tranquilamente.
—¿Quién eres tú? –cuestionó-. ¿Acaso eres amigo de la mujer que me sacó de ese sitio?
—Soy un gran amigo de esa mujer que te ha rescatado. Mi nombre es Craig.
