CAPÍTULO 54 – LA EXTRAÑA PAREJA
-NARRA APRIL-
Javier… mi primo. ¿Oponiéndose?
La cabeza me iba a estallar.
-¿Qué? –oí murmurar a la señora Jonas, que se había girado como el resto de los invitados a mirar al chico que se había opuesto a la boda. Javier ni siquiera temblaba.
-¡Haz el favor de irte! –le gritó Anne, que estaba roja y parecía a punto de explotar.
Liz, Summer y yo mirábamos la escena con pánico, mientras que Kevin fruncía el ceño, confundido.
-No –contestó Javier. Decidí intervenir.
-¿Qué haces aquí? –le grité a mi primo. Los invitados seguían nuestra conversación como si estuvieran viendo un partido de tenis.
-April… déjalos –me susurró Galleta, cogiéndome del brazo para evitar que me levantara y fuera a por el italiano. ¿Por qué parecía que supiera algo que yo no?
-¡Vete! –repitió Anne. Luego, se giró hacia el señor Jonas, que oficiaba la boda –; puede seguir, señor Jonas…
El padre se quedó un poco parado, mientras seguía mirando a Javier, que aún estaba de pie. Sin embargo, carraspeó y se propuso seguir hablando.
-¿No van a hacerle caso? –espetó Summer, levantándose de su asiento indignada. Todos se quedaron mirándola, mientras que sus mejillas se coloraban tenuemente –; ¿un tipo ha protestado y nadie le va a preguntar por qué?
Se oyó un murmullo de afirmación, como si todos quisieran saber qué estaba pasando y por qué aquel joven había ido a protestar. Vi como Kevin miraba de soslayo a Summer.
-Ha protestado porque es un estúpido, nada más. No hay que hacerle caso –respondió Anne, aún roja como un tomate –; Summer, ¿qué tal si te sientas, pequeña niña patética?
¿Había dicho eso de verdad delante de casi doscientos invitados?
-Controla tu vocabulario –espetó Liz, levantándose para defender a la rubia.
Joe esbozó una sonrisa momentánea, como orgulloso de su Galletita. Por mucho que se empeñaran, yo estaba segura de que se seguían queriendo.
La pelirroja dejó escapar un gemido de desesperación, para luego girarse hacia Kevin y susurrarle con voz infantil:
-¿No vas a hacer nada?
El mayor la miró fijamente unos segundos, para luego girarse hacia los invitados, clavando la mirada primero en Summer y Liz y luego en Javier. Sin embargo, sacudió la cabeza y se volvió a girar hacia su padre.
-Sigue, papá.
Oí el sollozo de Summer, mientras que Liz la cogía de la mano y la obligaba a sentarse con delicadeza. Nick y Joe esbozaron una expresión de confusión, mientras que Javier no parecía querer moverse de su posición.
-Te quiero, Anne –gritó el italiano, soltando la bomba.
Todo el mundo empezó a murmurar, mirando hacia ambos lados, como esperando la reacción del novio. Si no fuera porque conocía a Kevin muy bien, habría esperado que fuera corriendo hacia él y le atacara con un zarpazo.
Pero estábamos hablando de Kevin Jonas, eterno caballero de amabilidad infinita.
La pelirroja se cubrió la cara con las manos, como avergonzada. Me di cuenta de que estaba llorando.
-¿Pero de qué hablas? –gritó Kevin –¡si ni siquiera la conoces!
Lizzie se revolvió en su asiento.
-En realidad… -murmuró, levantándose. Anne la fulminó con la mirada, pero Galleta la ignoró –eh… anoche… los vi juntos.
¿Alguien más iba a decir algo escandaloso? A este paso, se descubriría que Anne y Kevin eran hermanos o algo así.
-¿Cómo? –preguntó Kevin, que parecía haber tomado las riendas del asunto.
Me sorprendía que Joe y Nick aún no hubieran dicho nada.
-Eso… eso es mentira, Kevin –dijo Anne, a la desesperada.
-Eso no es mentira –Javier se acercó hacia el altar, aunque mantuvo un poco las distancias por si a Kevin le daba el ataque violento –; quiero a Anne, y ella me quiere a mí. Hemos estado viéndonos desde hace tiempo, desde que me fui la última vez.
Una explosión de comentarios recorrió los asientos, y estaba segura de que a la señora Jonas le iba a dar un vahído en un momento u otro.
-¡Kevin, Kevin…! –le llamó Anne, intentando que se centrara en ella, envolviéndole la cara con sus manos. El de pelo rizado se giró para mirarla, aún escéptico. Me mataba ver cómo sus ojos se humedecían por culpa de la traición –; yo… yo… lo siento mucho, Kev. No quería… no quería hacerte daño.
La pelirroja se echó a llorar, escondiendo su cara en sus manos. El Jonas se apartó un poco de ella.
-¿Le quieres? –preguntó a la novia. Anne alzó la cabeza, con los ojos abnegados en lágrimas, asintiendo brevemente.
-Lo-lo siento mucho –hipó ella, evitando mirar a los ojos a Kev.
-Espero que seáis felices –murmuró el Jonas, con voz inexpresiva, apartándose por fin.
Luego, caminó con la cabeza en alto por todo el pasillo, pasando al lado de Javier sin apenas mirarlo.
-Yo no quería que esto fuera así, amigo –le dijo el italiano, sujetándolo por el brazo para que le escuchara.
Con elegancia, Kevin se deshizo de su agarre y le lanzó una mirada de casi asco y desprecio.
-En el fondo, creo que yo sí quería –respondió en voz baja.
Después, sin apenas decir nada, siguió caminando para salir de allí, dejando a todos los invitados parados en sus asientos, sin saber qué pasaría a continuación.
En verdad, ninguno sabía qué hacer ahora que el novio se había dado a la fuga y la novia lloraba compulsivamente sobre el altar.
-Creo que será mejor que cada uno se vaya a su casa –murmuró el señor Jonas ejerciendo de líder–. Lamentamos haberos hecho venir… para nada.
Se oyeron murmullos varios y el ruido de la gente saliendo ordenadamente de allí, comentando lo que acababa de pasar. Los abuelos Jonas salieron de allí con ayuda del señor Jonas, seguidos de Frankie; mientras que Denise parecía incapaz de levantarse del asiento. Nick y Joe seguían en el altar, y Javier en el pasillo, esperando a que Anne dejara de llorar.
Cuando por fin la novia pareció controlarse, se sorbió la nariz y bajó con cuidado los escalones. Sin embargo, antes de ir con Javier, se acercó a la señora Jonas, que la miraba con rabia en los ojos.
-Lo siento mucho, Denise –murmuró la pelirroja.
Como respuesta, la señora Jonas le dio un bofetón que resonó en toda la estancia.
-Confiábamos en ti. Y le has hecho daño a mi hijo–respondió Denise, con voz queda.
Tras esto, se giró dignamente y caminó hacia fuera de la carpa, con sus andares elegantes. Nunca la había visto así, y la verdad, jamás imaginé que fuera capaz de golpear a alguien. Aunque, supuse que por sus hijos, haría eso y mucho más.
Liz tenía que sujetar a Summer de la mano, porque si no, habría salido corriendo tras Kevin hacía mucho rato. Y ahora que la pelirroja se acercaba hacia donde ellas estaban, más le valía apretar con fuerza, o la rubia se le echaría encima.
-Ya tienes el camino libre, Summer –dijo Anne, acercándose a ella.
¿Y tenía el valor de decirle eso? Sentí que la rabia se apoderaba de mí.
-Vete ya –le grité –, y no vuelvas a aparecer nunca por aquí. Lo mismo te digo a ti, Javier.
Ambos me miraron con miedo, supuse que por mi cara desencajada.
-Somos familia, April –me dijo el italiano. Negué con la cabeza.
-Los Jonas son mi familia, y vosotros dos habéis herido a uno de ellos… por no decir a todos –respondí –; desapareced. Ya.
Javier cogió de la mano a Anne y ambos salieron de allí con paso ligero. Me dejé caer en el asiento, aún sin entender muy bien qué acababa de pasar.
-Creo que… creo que será mejor que vaya a por… -murmuró Summer, levantándose lentamente.
-Ve a por él –le dijeron Nick y Joe, acercándose para darle ánimos. Liz clavaba su mirada en el suelo, evitando mirar a Joseph.
-¿Quieres que te lleve? –se ofreció Nicholas. La rubia sonrió.
-Creo que… mejor me iré a mi casa. Tengo que pensar –murmuró Summer –; pero gracias.
Cuando ella salió de allí, dejándonos a Nick, Joe, Lizzie y a mí a solas, la situación se había quedado un poco rara. Dos de los allí presentes seguían sin hablarse.
-¿Deberíamos salir de aquí? –preguntó Nick, mirándonos a nosotras. Liz pareció titubear.
-Siento mucho no haberos contado lo de Javier y Anne antes –soltó ella antes de levantarse –; tampoco sabía mucho y lo poco que vi anoche…
-Está bien, no pasa nada –murmuró Joe, mirándola fijamente con los ojos brillantes.
Por un instante pareció como si nunca hubiera sucedido lo de la noche anterior, como si Joe y Liz siguieran estando juntos. Al menos, eso parecía al ver cómo se miraban.
Sin embargo, de repente Taylor entró en la escena, acercándose a Joe.
-Vaya… ¿estará tu hermano bien? –le preguntó, cogiéndole del brazo. ¿De dónde había salido?
Liz apartó la vista rápidamente.
-Espero que sí –contestó el mediano, aún mirando a Galleta.
Entonces fue Henrie el que se aproximó a nosotros.
-¿Qué ha sido todo eso? -preguntó, demasiado exaltado. Era como si nada le afectara.
-No importa –sacudió la cabeza Nick, cogiéndome de la mano.
Liz suspiró con fuerza, haciendo que me preguntara qué se le estaba pasando por la cabeza.
-¿Me llevas a casa, David? –le preguntó Galleta a Henrie. Él sonrió, pletórico, al ver que ella entrelazaba sus dedos con los suyos.
Vi que Joe no había pasado ese gesto por alto, y los miraba con una expresión de dolor mal disimulada.
-Claro que sí –respondió Henrie, exaltado.
Tras guiñarle un ojo a Joe, tiró de ella hacia fuera de la carpa, dejándonos a Nick y a mí con Joe y Taylor, la extraña pareja.
-¿Qué vamos a hacer esta noche, Joe? –le preguntó la araña, casi ignorándonos a Nick y a mí.
-Creo que debería ir a casa, a ver si encuentro a mi hermano –contestó el Jonas, mirando a Nicholas, que asintió.
¿No iba a poder estar con Nick como pensaba? Bueno, no podía ser egoísta en esos momentos, ¿no? Su hermano le necesitaba, así que asentí brevemente, resignada.
-Id vosotros dos juntos; yo puedo llevar a Taylor a su hotel –me ofrecí en un impulso. La rubia me miró con extrañeza, lo cual era completamente normal dado que no nos conocíamos.
Me dio igual, no era como si fuera a hacerme su mejor amiga en el corto trayecto.
-Puedo llamar a un coche… no hace falta que me lleves –espetó la de pelo rizado. Sin embargo, su sonrisa hizo que sonara amable.
Había oído que Taylor era un poco falsa, pero la verdad, era un poco saberlo porque siempre estaba sonriendo y era simpática con la gente. Mejor sería que me mantuviera al margen.
-No hace falta que llames a un coche, Taylor. April te llevará en un momento –le dijo Joe, apartándose sutilmente de ella.
Juntos hacían una pareja rara, cuanto menos, porque ella era un poco más alta que él, y además, estaba muy delgada, lo cual quedaba un poco peculiar al lado del musculoso Joe.
-Está bien –accedió ella –pero tienes que llamarme en cuanto sepas algo de Kevin, ¿vale?
Le dio un pequeño beso en la mejilla (no se me pasó por alto que tuvo que agacharse un poco) y se puso a mi lado, dispuesta a irse. Me giré hacia Nick, mientras que él me dirigía una mirada entre divertida y agradecida.
-Te llamaré luego, April –se acercó para darme un tierno (pero breve) beso en los labios, y luego él y Joe se dirigieron al aparcamiento. A esas alturas ya tendrían el coche allí esperándoles.
-En fin… ¿qué te apetece que hagamos? –me preguntó Taylor cuando los chicos se fueron. Clavó sus pequeños ojos azules en los míos, haciendo que me sintiera un poco intimidada.
-Pues… pensaba llevarte a tu hotel y luego irme a mi casa, darme un baño relajante, pedir comida para llevar y ver una película –murmuré, intentando hacerle entender que no pensaba pasar la tarde con ella.
Sin embargo, no lo entendió.
-¡Tarde de chicas! Me encanta –respondió emocionada –¡podemos hacer galletas! Tienes horno en tu casa, ¿verdad?
Sonreí forzadamente, demasiado parada por su actitud.
Esta chica era demasiado simpática.
-NARRA JOE-
Por lo menos me había quitado de encima a Taylor para el resto de la tarde, y eso era algo. Pero, ¿por qué Liz se había ido tan rápido con David? Sí, le había dado mi permiso a él, pero, ¿no se suponía que ella me quería? No parecía haber perdido el tiempo en irse con otro.
Gruñí con la vista clavada en la ventanilla.
Nick y yo habíamos hablado brevemente con nuestros padres y habíamos prometido encontrar a Kevin y llevarlo a casa sano y salvo, sin un solo rasguño. Por eso, ahora un coche nos llevaba por toda la ciudad intentando encontrar a nuestro hermano.
-Hemos mirado en todos los Starbucks ya, ¿verdad? –preguntó Nick, tachando el último que habíamos visitado de la lista.
Asentí brevemente mientras volvía a apretar el botón de llamada para ver si Kevin contestaba de una vez.
-No puede estar tan mal, ¿verdad? –murmuré cuando volvió a salirme el buzón de voz –; quiero decir, él no quería a Anne. Debe de ser un alivio que no hayan tenido que casarse…
-Supongo. Pero aún así, ha sido un mal trago, ¿no crees? –dijo Nicholas. El coche giró hacia el paseo marítimo, donde la gente paseaba tranquilamente, aprovechando las últimas horas de luz. Estaba a punto de hacerse de noche y Kev seguía sin aparecer.
-Estoy seguro de que está bien –murmuré. Al fin y al cabo, era el mayor, ¿no? Sabía lo que se hacía.
-¿Y si está en…? –musitó Nicholas, como dándose cuenta de algo obvio. Entrecerré los ojos, entendiendo a qué se refería.
Era lo bueno de ser hermanos: muchas veces pensábamos lo mismo.
-¿Crees que estará en casa de Summer? –pregunté, pensando en esa posibilidad.
Nick asintió acelerado, para luego darle la dirección de la rubia al conductor, que salió acelerado.
En tensión pero a la vez más relajados, ambos nos quedamos mirando en direcciones opuestas.
-¿Por qué lo has dejado con Liz? –preguntó de repente Nick. Giré la cabeza para ver su mirada clavada en mí.
-Es que ha cambiado demasiado –murmuré. Él asintió brevemente, pero no dijo nada para rebatir mi idea.
-¿No has intentado decírselo? –continuó después de unos segundos.
-Sí, se lo he dicho muchas veces… pero ella no me escucha –contesté.
Nick volvió a asentir. Eso era lo bueno de mi hermano, que sabía simplemente escuchar cuando se le necesitaba. Carraspeé ligeramente.
-Nicholas… quería pedirte disculpas por lo que dije anoche sobre April y tú –murmuré, acordándome de cuán ruin fui al decirle eso –no quería decirlo. No lo pienso, en realidad.
Mi hermano sacudió la cabeza, como quitándole importancia.
-Si alguna pareja ha de durar, esos seréis vosotros –le dije. Nick sonrió levemente.
Y justo habíamos llegado enfrente de la casa de Summer, que parecía desierta. Las luces estaban apagadas, pero no nos íbamos a ir así de deprisa sin comprobarlo primero.
La calle estaba desierta, así que Nick y yo bajamos del coche y nos acercamos rápidamente a la puerta, llamando al timbre.
Después de unos segundos se oyeron unas risitas y luego un correteo. De pronto, la puerta se abrió, dejando ver a una despeinada y semidesnuda Summer, que nos miraba con cara de espanto.
-¿Qué hacéis aquí? –exclamó, nerviosa, mientras se intentaba cubrir el hombro descubierto.
Reconocí al instante la camisa que llevaba puesta.
-¿Está nuestro hermano contigo? –pregunté, conteniéndome la risa. Tanto drama para nada.
Nick sonreía burlón, a mi lado. Summer asintió rápidamente, y desapareció de la puerta veloz como una flecha.
Se oyó un murmullo.
-¿Están aquí? –reconocí la voz de Kevin. Summer le hablaba demasiado deprisa como para entenderla, en susurros.
Como si le hubieran empujado, Kev apareció delante de la puerta, sin camisa, pero con pantalones. Nick y yo pusimos los brazos en jarras, mientras que él se ponía rojo de la vergüenza.
-¿Qué hacéis aquí? –preguntó, cruzándose de brazos y evitando mirarnos a los ojos.
-Llevamos llamándote toda la tarde –dijo Nick, con un tono divertido en su voz.
Todos los nervios y la tensión habían desaparecido.
-He… apagado el móvil –respondió Kev –. Lo siento, no habría podido contestar, de todas formas.
-¿Qué le decimos a mamá y a papá? –pregunté, dispuesto a cubrirle. Por supuesto, no podía decirles a mis padres que nuestro hermano mayor, al que acababan de plantar el día de su boda, había ido a casa de otra chica para… estar juntos.
-No había pensado en eso… -murmuró, pensando. Nick puso los ojos en blanco.
-Les diremos que te has quedado en casa de las chicas –dijo el pequeño, ejerciendo de líder.
-Porque no te apetece volver a casa hasta dentro de unos días –proseguí yo. Kevin sonrió, más feliz de lo que le había visto en mucho tiempo.
De alguna forma, eso me hizo sonreír a mí también.
-Gracias. Sois los mejores hermanos del mundo –nos dijo, dándonos un abrazo.
-Sí, ya lo sabemos… pero deberías llamar al menos a mamá y decirle que estás bien –ordenó Nick.
-¡Le ha pegado un bofetón a Anne que se ha oído hasta en China! –exclamé sin poder contenerme.
-¡¿Ha hecho eso? –exclamó Summer, apareciendo de repente. Se puso roja al ver que acababa de revelarse a sí misma.
Nos reímos brevemente, mientras que Kev pasaba su brazo alrededor de Summer, que se había puesto ya pantalones. La verdad, se les veía bien juntos.
-Bueno, nosotros mejor nos vamos –dijo Nick, dándose cuenta de que sobrábamos un poco y de que Kevin se merecía su tiempo con la chica a la que quería.
-Más te vale llamarnos mañana para saber que seguís estando vivos –le dije antes de subir al coche a mi hermano. Él asintió, me guiñó un ojo y cerró la puerta rápidamente.
Nick y yo nos dejamos caer en los asientos traseros, más tranquilos. Desde luego, Kevin no estaba deprimido como pensábamos.
-Bueno, por lo menos se tienen el uno al otro, ¿verdad? –me preguntó Nick cuando el coche arrancó.
Asentí brevemente, deseando poder tener eso yo también. Tener a alguien a quien abrazarme.
Pero ya no podía hacerlo… con la que quería.
¡Siento muchísimo haber tardado tanto en subir capítulo! he estado fuera de casa y blablabla empiezo mañana la universidad.
Así que espero poder seguir subiendo caps más o menos como siempre, o al menos, uno cada domingo.
¡Deseadme suerte! y decidme qué os ha parecido el capítulo (siento que sea un poco corto).
-Vicky.
