VULNERANT OMNES, ULTIMA NECAT.
SIGO RETRASADA, DE VERDAD LO SIENTO. PERO MIL GRACIAS Y UN ENORME BESO.
MUCHAS GRACIAS A QUIENES LEEN PERO NO PUEDEN DEJAR REVIEW, PERO OJALA Y SE ANIMEN. BESOS.
CAPITULO 50
"¿Alguien aquí a escuchado de una batalla ganada con el simple hecho de mirar fijamente al enemigo?" Jack rompió el silencio y se giró para ver los rostros de su tripulación.
Hubo un momento de silencio antes de que Ragetti comenzara a mover las manos hacia arriba, pero rápidamente Pintel se las bajo, quien sacudió la cabeza con firmeza y con una sonrisa.
"Y no lo creo." Dijo Jack con una oscura voz. "¡Vuelvan a sus puestos!" Gritó y el hechizo que provocó el gran número de barcos de la East India Trading Company, que seguían apareciendo en el horizonte se rompió abruptamente, cuando los piratas volvieron a sus puestos.
Jack miró a las oscuras velas flotando con en el viento que seguían estando firmes a pesar de la tormenta que recién había terminado. Rápidamente, hizo su camino hacia el timón. El fin de la tormenta no garantizaba que alguien estuviera a salvo… mas tarde de todos modos, tendría que enfrentarse a su enfurecida esposa, por lo que realmente no importaba si la mantenía abajo no solo hasta que la tormenta terminara, sino también hasta que terminara la batalla…
Se apoderó del timón, sintió la familiar textura de la madera vieja que siempre lo tranquilizaba cuando la sentía bajo la palma de su mano, ahora, sin embargo la sensación que mas anhelaba era totalmente diferente… suave, cálida, piel marfil y temblorosa bajo sus caricias…
"Elizabeth esta…"
Jack giró su cabeza al escuchar la voz del Gobernador, con la esperanza que las imágenes en su cabeza no se mostraran en sus ojos. "Encerrada." Susurró en voz baja. "A salvo." Se corrigió con una tenue sonrisa.
El Gobernador asintió casi imperceptiblemente, mirando a Jack con curiosa intensidad. "Ella siempre ha sido obstinada…"
"No, no es eso." Jack lo interrumpió casi inconscientemente, deslizando sus ojos de regreso hacia al mar, que se extendía ante ellos. "Mas bien es valiente, inquieta. No obstinada. La obstinación carece de propósito. Ella es valiente, fuerte, ella quiere…" Se detuvo, de repente, al darse cuenta no solo de haber expresado sus pensamientos en voz alta (una acción descuidada por si sola), sino también por haber sonado como si tuviera mas autoridad para hablar de ella que su mismo padre. "Lo siento." Dijo viendo al Gobernador. "No fue mi intención que… sonara…"
"¿Cómo alguien que conoce muy bien a mi hija?" Preguntó el Gobernador en voz baja, con una extraña expresión en su rostro, con el rastro de una sonrisa, aunque no sonrió… "No es necesario disculparse." Dijo tranquilamente.
"Puedo conocer su corazón muy bien, pero estoy bastante lejos de predecir lo que ella puede hacer." Dijo Jack con una sonrisa prudente, desplazando sus ojos al mar.
"Siempre he pensado que es fácil predecir que camino tomaran las acciones, mientras que un corazón humano es muy difícil saber que camino tomara." Dijo el Gobernador mirando hacia otro lado, frunciendo el ceño ante la enorme cantidad de barcos que aparecían en el horizonte.
"No hay mucha elección en un barco en medio del océano." Contestó Jack, con los ojos fijos en la flota que se acercaba.
El Gobernador Swann lo miró por la esquina de su ojo. Nunca había imaginado navegar a través del océano en un barco pirata… especialmente, en el barco de Jack Sparrow.
Todavía podía recordar vívidamente ese día en los muelles, cuando había rescatado a Elizabeth de ahogarse y de cómo había amenazado a su hija para poder escapar. Recordó lo aterrorizado que estaba por el ataque, como las manos de ese hombre sostenían los hombros de su hija, sus ojos vagaban por su rostro con inadecuado interés, una sonrisa sugestiva en su rostro. Y sin embargo ella se mantuvo firme y él como su padre se sintió orgulloso, de lo valiente que había sido y de cómo le devolvía la mirada fría y soberbia. Era todo lo que había visto en ese entonces. Un despiadado, vil atacante y una valiente e inocente victima. Pero parecía que no había visto todo.
Pero al parecer el hombre no era tan vil, no, después de haber liberado a los esclavos y condenarse así mismo a llevar una vida al margen de la ley, aunque al parecer, no era su plan original vivir así. Y el Gobernador también había aprendido que ese día en los muelles, él simplemente había ido a buscar su barco robado. Sin mencionar todas esas historias que escuchó en la Cueva del Naufragio… sospechaba que no todas ella eran ciertas, pero en cambio si notaba la carencia de historias sobre violentos ataques, de perversos secuestros, de asesinatos sangrientos… que sin duda nadie le había informado si había alguno. Todas las historias concernientes a Jack Sparrow solo hablaban de trucos inteligentes, de una cantidad increíble de suerte, ingeniosas ideas y milagrosos escapes. Parecía que no había nada malo sobre el hombre (a excepción de su aparente hábito de tomar cosas y grandes cantidades de dinero sin ninguna intención de regresarlos)
En cuanto a Elizabeth… ¿Había sido su soberbia solo una mascara para disfrazar su miedo? Eso era lo que había creído por mucho tiempo, pero él la conocía mejor que nadie… conocía su fascinación por el mar y los piratas… ella no había estado aterrorizada. Estaba emocionada.
"Ella no esta acostumbrada a la vida en el mar. No importa lo mucho que lo desee." Dijo el Gobernador cuidadosamente, mirando hacia delante. "Ella no esta acostumbrada a…"
"Me temo que ya es un poco tarde para hablar de eso." Lo interrumpió Jack en voz baja, un destello de diversión se asomó en sus ojos. "Estamos casados." Dijo, tratando de no sonreír, pero fallando.
"Seria difícil no notarlo." Dijo el Gobernador, y los ojos de Jack se movieron hacia él, atrapando una pequeña sonrisa en su rostro, aunque no era capaz de adivinar exactamente que era lo que el Gobernador quería decir con su comentario. "Oh y…" El Gobernador Swann llevó su mano hacia su bolsillo y sacó un pedazo de papel de él y se lo acercó a Jack. "Esto llego a mi posesión de alguna manera, pero viendo que yo no soy su autor ni el destinatario de esta… nota…"
Los ojos de Jack inmediatamente captaron las primeras líneas "El Novio Capitán y la hermosa novia." Y no necesitó leer la nota entera para saber que era.
"Siento mucho la falta de invitación." Dijo Jack seriamente, doblando la carta y levantando la vista hacia el Gobernador.
"No estoy seguro de haberlo impedido si me hubieran invitado." Dijo el Gobernador con el rastro de una sonrisa parpadeando en su rostro, girando su cabeza, para mirar a Jack, quien asintió lentamente.
"No tuvimos tiempo. No quería que Lizzie cambiara de idea." Dijo Jack de buen humor, guardando la nota en su bolsillo y colocando sus dos manos en los radios del timón.
Lizzie. El Gobernador Swann atrapó el nombre con un extraño sentimiento de pesar. Algo había terminado. Algo se había ido. Un capítulo de su vida había sido encerrado bajo llave y se había ido para siempre. Había criado a Elizabeth, a su hija Elizabeth Swann y nunca había pensado que un día ella podría irse. Pero ahora se había ido. Y no porque ella se había casado, él siempre había sabido que eso pasaría algún día y siempre había considerado que la felicidad de ella seria de alguna manera la suya, pero ahora ella había cambiado, su corazón había cambiado y ella simplemente ya no era ella misma: ya no era una chica, ni una hija, incluso no era una esposa… ahora ella era Lizzie. Y al parecer esa inocente variación en su nombre, tenía más significado que cualquier apellido llamativo. Además, de que sospechaba que a ella le gustaba. A ella le gustaba mas ser Lizzie que Elizabeth y… y quizás la única cosa que podía hacer, era aceptar ese cambio.
"Bueno, ella no lo hizo y probablemente no lo hubiera hecho." Dijo el Gobernador pensativamente. "A diferencia de mi." Añadió como una idea de último momento. Jack lo miró y después giró su atención a los barcos enemigos que estaban en frente de ellos por un momento. "Yo solamente quiero que ella sea feliz."
"Yo también." Dijo Jack firmemente en un apenas audible susurro.
"Y que este a salvo." Continúo el Gobernador, cambiando sus ojos a Jack.
"La vida no es segura." Jack lo miró directamente a los ojos, sus ojos brillaban con tanta sinceridad que el Gobernador se sorprendió. "Pero con todo respeto Gobernador… ni siquiera la suya." Dijo seriamente, con una pequeña sonrisa.
"No puedo estar de acuerdo con que la vida de mi única hija, este basada en riesgos e incertidumbre, Capitán Sparrow." El Gobernador llevó sus manos a su espalda y la entrelazo ahí, y miró a Jack cautelosamente.
"La mantendré a salvo." Dijo Jack con seria voz y el Gobernador noto que toda la diversión y la curiosidad se habían ido de sus ojos y de su persona entera en un instante. Y de repente notó, que si las circunstancias fueran diferentes, si estuvieran en un lugar diferente, si él llevara un atuendo diferente y con diferente… cabello. No seria capaz de diferenciarlo entre él y un distinguido caballero, si el hombre dejara que lo percibieran como tal. "Siempre encontrare la manera de rescatarla. Pero me asegurare de que no necesite rescatarla muy a menudo, por supuesto."
El Gobernador Swann lo miró por un momento. "La mantendrá a salvo… ¿encerrándola?" Preguntó después de una pausa y Jack no estuvo seguro si había diversión en su voz o si lo que percibía era enojo.
O atándola a la cama. Pensó Jack, sonriendo por dentro. Pero decidió que eso, no era una buena cosa para decir en voz alta. "Si eso es necesario." Dijo en lugar de lo que había pensado, mirando al Gobernador para ver si esa respuesta no le parecía demasiado audaz.
"Bueno, ciertamente Elizabeth no va aburrirse ahí." Dijo en respuesta y le cruzó por la mente a Jack que esa conversación con su… padre-político, no había sido tan exigente como lo había imaginado en un principio. Pero quizás no debía sorprenderse. Elizabeth había heredado su intrincada personalidad de uno de sus padres. "Siempre le a gustado mucho el arte." Dijo el Gobernador sosteniendo la mirada de Jack por un momento lo suficientemente largo para ver la confusión en el rostro de Jack.
"Hice mi mejor esfuerzo para mantener… todo bien decorado." Dijo Jack cautelosamente, sin estar seguro de haber escuchado algún tipo de sarcasmo en la voz del Gobernador, aunque la ironía sí estaba presente… "Aunque los muebles pueden parecer un poco anticuados…"
"No estoy hablando de los muebles." El Gobernador Swann lo interrumpió con una pequeña sonrisa y entonces antes de girarse para irse, añadió para la completa consternación de Jack. "Estoy hablando de los dibujos."
"Tu tardanza puede costarte mas de lo que puedes permitirte." Dijo Beckett enderezándose y barriendo a Davy Jones con su mirada helada.
"No tengo porque escuchar tus ordenes." Siseo Davy Jones, parado en medio de la cubierta del Endeavor, con una amenazadora expresión en su rostro.
Beckett bufó airadamente. "Creo que ya hemos tenido una discusión similar. ¿Existe realmente la necesidad de repetir lo que ya sabes?" Dio un paso hacia Davy Jones, a diferencia de los soldados que los rodeaban que se alejaban lo más posible de la extraña criatura. "Tu corazón esta en mi posesión." Dijo Beckett en voz baja, sus ojos aburridos veían a Davy Jones con helada seriedad. "Y si…"
Los soldados que estaban cerca jadearon, cuando las extrañas pinzas de Davy Jones que tenia como manos se cerraron alrededor del cuello de Beckett. "Y ahora tu garganta esta en mi posesión. ¿Qué vas a hacer sobre eso?" Preguntó acercando su rostro una pulgada mas al de Beckett.
Beckett hizo una mueca con un poco de asco, manteniendo su mirada fija en la mirada constante de Jones, su indignación ante su comportamiento fallo contra su miedo. "Si algo me pasa, perderás tu corazón." Dijo tan claramente como le fue posible, por el limitado acceso de aire que tenia en ese momento.
"Perder." Davy Jones repitió con un bufido. "Hace mucho que lo perdí…" Susurró para si mismo, mirando hacia otro lado, pero entonces cambio sus ojos enfurecidos de nuevo a Beckett. "Tienes que apuñalar el corazón para matarme. ¿Ya cuentas con alguien que este dispuesto hacer lo que yo y heredar mi destino?" Preguntó con una sonrisa fingida.
Beckett bufó y Jones lo miró con los ojos entrecerrados. "¿Qué tan terrible es tu destino?" Preguntó con indiferencia.
Jones apretó sus pinzas, causando que Beckett se ahogara. Por el rabillo del ojo, vio como los soldados intercambiaban miradas inciertas, como deliberando que hacer.
"Estar atado a este barco. Pasar diez años en el mar y un solo día en tierra." Gruñó Davy Jones, el rastro de amargura se dejo filtrar en su oscuro tono de voz. Miró a Beckett intensamente, pero el hombre parecía poco impresionado.
"Eres el amo de los mares." Dijo Beckett lentamente, respirando profundamente, sosteniendo la cabeza en alto y mirando a Jones con sus ojos fríos fijamente.
Soy el prisionero del mar, pensó Davy Jones cansadamente, pero no era una declaración que fuera a decir en voz alta. "Renunciar a la libertad es un alto precio para pagar." Dijo en lugar de sus pensamientos.
Los labios de Beckett se retorcieron en una sonrisa burlona. "La libertad se mide en la cantidad de personas que puedes doblegar no por la capacidad de caminar entre ellos." Dijo con fría firmeza.
Davy Jones lo miró por un momento antes de soltarlo bruscamente, haciéndolo caer sobre la cubierta del barco. Dos guardias inmediatamente estuvieron a su lado para ayudarlo a levantarse.
Limpio el polvo de sus ropas y Beckett miró a Jones con irritación, apretado la mandíbula. "Quiero destruirlos." Dijo entre dientes.
Davy Jones bufó, Jack Sparrow se había bajado de su barco una vez mas sin estar de acuerdo con sus planes… por el momento, pero era Sparrow quien iba a regresarle el cofre y no había habido otra manera mas fácil de obtenerlo, que siguiendo el camino que lo condujera al lugar donde esta su corazón.
"Si quieres destruirlos, tendrás que hacerlo por tu cuenta. No voy a hacer nada, hasta que me regreses mi corazón." La boca de Beckett se movió nerviosamente, pero no dijo nada. "Y ten en cuenta que la tormenta que acaba de pasar, se debió a lo que le paso a mi corazón, esa tormenta llegara hasta ti y no estarás a salvo ni el mar y ni en tierra, porque la furia de sus vientos, te alcanzara en cualquier lugar donde te escondas." Dijo Davy Jones en voz baja y siniestra. "Consideraré derrotarlos cuando vea el cofre." Añadió y junto sus labios en una arrogante media sonrisa, se dio la vuelta y para la consternación de los soldados desapareció de la cubierta del Endeavor, y reapareció en la cubierta del Holandés Errante.
Beckett lo miró fijamente por un momento, dejando ver su absoluta molestia en su rostro.
"¿Señor?" La voz de Mercer, sacó a Beckett de sus furiosos pensamientos. "¿Fijamos el curso de regreso a Port Royal?"
Beckett se giró hacia él, aun mas enojado por estar recibiendo consejos sin que él los estuviera pidiendo. "Suspende el fuego y espera a mi ordenes." Dijo con creciente impaciencia, mirando al Perla Negra. "Mantente informado por cualquier cambio en mis ordenes." Miró alrededor irritadamente y bajo de la cubierta para ordenar sus pensamientos en silencio.
Jack corrió a la Cabina del Capitán dejándole el timón a Gibbs, quien no se atrevió a señalarle que la flota enemiga les estaban ganando, y que quizás era un asunto mas urgente en ese momento.
Con un suspiro Gibbs tomó el timón y sacudió su cabeza con una pequeña sonrisa. Ningún momento de paz se mantendría por mucho tiempo con esos dos espíritus tan llenos de fuego a bordo. No podía imaginar como se llevarían bien con sus respectivos deseos de hacer todo a su manera. Seguramente el amor, haría que no se estrangularan el uno al otro, pero no podría hacer que dejaran de discutir, todo el tiempo y no estaba seguro si eso era algo bueno para que la tripulación atestiguara.
"¡Se detuvieron!"
La voz de Ragetti sacó de sus pensamientos a Gibbs y parpadeo contra la luz del sol, entrecerrando los ojos para enfocar bien los barcos.
James Norrington frunció el ceño y sacó sus binoculares.
"¿Será eso bueno?" Preguntó Pintel en voz baja, con su frente arrugada.
James bajo sus binoculares los cerró y suspiró. "Por ahora, no es nada, señor Pintel." Dijo con un rastro de irritación en su voz, girándose airadamente y caminando precipitadamente hacia el timón, frunciendo el ceño al ver a Jack dejando el timón y bajando de la cubierta.
"Señor Pintel." Ragetti se rio, su rostro entero se iluminó con una sonrisa burlona.
Pintel cambio sus ojos hacia él enojado. "¿Qué es tan gracioso?" Preguntó rápidamente entre dientes mirando a Ragetti quien dejo de reír en ese instante.
"Nada." Dijo con encogiéndose de hombros.
"¡Yo no me reí cuando te llamaron señor Ragetti!" Recordó Pintel pensativamente.
Ragetti se frotó la frente, pareciendo pensativo. "Es porque señor Ragetti no suena gracioso." Dijo medio serio, después de un momento de consideración. "Pero señor Pintel si." Añadió con una sonrisa que se convirtió en risa, que poco después se convirtió en dolor cuando Pintel lo golpeara en la nariz.
Jack giró la llave en su mano varias veces, antes de ponerla realmente en la cerradura y abrir la puerta. Esperaba que media hora fuera suficiente tiempo para que Elizabeth se calmara y no lo atacara tan pronto como entrara. Pero aunque así fuera, aun tenia que arriesgarse a ver lo que había pasado en su cabina para que le permitiera al Gobernador ver sus dibujos. Y si Elizabeth también lo había visto…
Cautelosamente, empujo la puerta para abrirla y entró, sintiéndose un poco aliviado de que Elizabeth no estuviera en la cabina principal y sonrió maliciosamente por dentro ante el pensamiento de que ella debía de estar en su- en la habitación de los dos.
Pero entonces, repentinamente la sonrisa se fue de sus labios y se quedo paralizado, mirando el piso de su cabina con horrorizada incredulidad. El piso estaba cubierto con sus dibujos, los papeles estaban dispersos por doquier, el resultado de sus noches de insomnio y de sus días de soñar despierto, quedaron al descubierto para que todo el mundo los pudiera ver, para que ella los viera. Sintió escalofríos recorrerle la columna vertebral ante el pensamiento. Era como si ella viera dentro de su alma y viera con sus propios ojos al hombre desesperado que pronunciaba el nombre de ella todas las noches y había algo inquietante en el pensamiento, incluso aunque ella supiera que la amaba… y sin embargo aunque ella supiera que la amaba, era diferente a que supiera cuanto y desde cuando la amaba…
Escaneo la cabina con ojos cautos, notando que el escritorio había sido derrumbado y ropa saliéndose por la puerta abierta del armario. Lentamente, se acercó a la puerta de la cabina de al lado y escuchó. No pudo escuchar nada, pero eso no era garantía de que Elizabeth no estuviera escondida detrás de la puerta.
Respiró profundamente, abrió la puerta, cuidando de no hacerlo muy violentamente, en caso de que ella realmente estuviera escondida detrás de ella…
Pero no estaba.
Así que después de todo, estabas cansada, amor.
Ragetti miró a Pintel con una expresión herida en su rostro. "No es mi culpa que suene gracioso." Dijo burlonamente, causando que la sangre de Pintel hirviera en sus venas.
"¡No lo es!" Gritó, bufando en enojo. "Suena muy bien!"
"Si sonara bien, no sonaría divertido." Respondió Ragetti encogiéndose de hombros.
"No suena…" Comenzó Ragetti en voz alta, pero se detuvo ante la repentina mirada de confusión en el rostro de Pintel y se dio la vuelta para seguir su mirada.
Ambos miraban fijamente el sombrero de Jack que repentinamente apareció en la cubierta del Perla Negra, seguido de una mano y después por otra mano y después…
"¿Cómo llegaste aquí?" Preguntó Pintel incrédulo, señalando con su dedo a Will.
Will subió a la cubierta, levantó el sombrero y se puso derecho, agua goteaba del abrigo de Jack.
"Tortugas marinas." Dijo, respirando pesadamente y pasó a un lado de Pintel y Ragetti, quienes los miraban perplejos. "Siempre quise usarlas."
El corazón de Jack brinco de gusto al ver a Elizabeth recostada en su cama hecha un ovillo, con su mejilla presionada contra la almohada, con una de sus manos bajo su cabeza y la otra colgando del borde de la cama y su cabello esparcido alrededor de su cabeza. Cada pulgada de ella era parecida a las de las princesas de los cuentos que su madre incluía en las historias que le contaba para que se durmiera, pero normalmente lo mantenían despierto en lugar de arrullarlo.
Se rio de si mismo y sigilosamente se deslizó sobre la cama, sentándose a un lado de su durmiente esposa y delineando con su dedo su mejilla. Ella se removió en su sueño y él levantó su mano por un momento, antes de recorrer con las yemas de sus dedos muy suavemente su piel.
Había sido tan sencillo. Ella estaba aquí y era suya y el mundo era un lugar pacifico sin importar que tempestades y guerras estuvieran rugiendo alrededor de ellos.
Miró hacia fuera por la ventana, el mar azul resplandecía con el sol, el casco del Endeavor flotaba cerca de ellos. Por alguna razón el fuego que había iniciado durante la tormenta ahora se había detenido, como si Beckett estuviera esperando por algo o como si estuviera deliberando que hacer. De cualquier manera él escucharía el fuego de los cañones cuando empezaran de nuevo ¿o no?
Satisfecho con su oportuna conclusión, Jack se quito las botas y se acostó de lado apoyando su cabeza sobre su mano y mirando el rostro durmiente de Elizabeth que se giró hacia él.
Apoyó su otra mano en el hombro de ella, deslizó sus dedos bajo su vestido y acaricio su piel tan suavemente como pudo, sin querer despertarla.
Elizabeth suspiró calladamente y entonces se giró de lado, inclinando su cabeza ligeramente sobre él, su mano cayó inconscientemente sobre la pierna de él.
Jack sonrió, deslizó su mano debajo de ella, cubriéndola con su otro brazo para acercarla, para cuidadosamente apoyar su cabeza sobre su hombro. Ella se giró aun mas hacia él, apoyando su rostro en su pecho. Jack dejo su mano sobre su cabeza y le acaricio el cabello.
¿Era todo real? Aun podía recordar la brisa del mar cuando había navegado alejándose de Por Royal, dejándola en la cima del fuerte donde ella había caído directamente a sus brazos… no volvería a verla otra vez. Se había acabado, incluso antes de empezar a considerar, que podría comenzar… y entonces, para su total asombro, cada día era peor que el anterior. Cada día se sentía más ansioso e incomodo y fue entonces cuando comenzó a dibujarla… con la cabina tenuemente iluminada, ron, papel y lápiz. A veces tuvo la impresión que había pasado más horas dibujando que en el timón, cosa que no era verdad, pero incluso la impresión de si mismo era la mejor prueba de su extraño estado de ánimo en aquel entonces. Apenas si la conocía… apenas si la había visto, y a pesar de estar en el mar, navegando mas lejos de ella, en sus pensamientos, en sus planes… se acercaba con extraña insistencia a ella, a su rostro, a sus ojos, a su sonrisa…
Lentamente enredó un mechón de su cabello en uno de sus dedos, se inclinó hacia abajo y presionó un reverente beso sobre sus labios. Ella se movió en su sueño y entonces sus ojos comenzaron a abrirse.
Ella parpadeo y arrugó la nariz y entonces cerró los ojos, pero casi inmediatamente los abrió otra vez, brincando y sentándose verticalmente sobre la cama.
"¡Eres un miserable traidor!" Exclamó tomando una almohada y golpeándolo con ella.
Jack se enderezó un poco sobresaltado por su repentino despertar y bastante asombrado por lo rápido que ella se recupero del sueño.
"Lizz…" Movió la cabeza cuando la almohada lo golpeo otra vez, y por un momento se preguntó si era posible romperse la nariz con una almohada.
"¡No voy a dejar que me trates peor que a tu tripulación!" Gritó estrellando la almohada contra él otra vez, pero él la atrapo y se la quito de las manos.
"¿Peor que a mi tripulación?" Preguntó Jack incrédulo.
"¡Sí!" Elizabeth rujia molesta y tomó otra almohada. "Confías mas en ellos que en mi, piensas que son mas capaces de pelear en esa tormenta, mientras que consideras yo soy incapaz…"
"Ah, ah, no, no, amor." La interrumpió, tomando la almohada y lanzándola hacia otro lado. "La confianza no tiene nada que ver con esto." La tomó por los brazos y en un ágil movimiento la empujó para que cayera sobre la cama, atrapando sus manos sobre el colchón. "Es solo mi tranquilidad mental la que esta en juego aquí."
"¿Tu tranquilidad mental?" Preguntó Elizabeth irritada, mirándolo.
Jack se inclinó más abajo y sonrió cuando sintió que los latidos del corazón de Elizabeth se aceleraban, cuando presiono su pecho en el de ella. Su vestido aun estaba húmedo y también la camisa de él y pudo sentir como ella temblaba al casi sentir el contacto de piel contra piel.
Jack respiró y se obligo así mismo a hablar. "No puedo permitirme vigilar cada uno de tus pasos, amor. Solo me aseguré de que no saltaras o cayeras por la borda o…"
"¿Estas escuchando lo que estas diciendo?" Lo interrumpió Elizabeth. "¿Vas a mantenerme bajo la cubierta en cada tormenta por el resto de mi vida? ¡Eso no es solo ridículo, sino que es imposible!" Declaró firmemente, girando su cabeza hacia a un lado y tercamente dejo de mirarlo.
Él quería responderle, pero su vista de repente se perdió en la piel expuesta de su cuello, de su escote, de su olor que siempre la acompañaba, que los envolvía…
Se inclinó hacia abajo y presionó sus labios en su piel y ella giró su cabeza bruscamente, causando que él retrocediera. Elizabeth lo miró con una mezcla de renovada irritación y…
Los labios de él reclamaron los suyos dejándola sin elección, pero respondió al beso. Sintiéndolo maravillosamente familiar y al mismo tiempo encantadoramente nuevo. Las manos de Elizabeth encontraron su camino alrededor del cuello de Jack, acercándolo mas a ella. "No es probable." Murmuró él entre besos, pero ella apenas si recordaba cual había sido su pregunta… si es que había preguntado algo.
Elizabeth deslizo sus manos bajo la camisa de él, acariciándole la espalda. "No tienes derecho a ordenarme." Murmuró, mientras los labios de Jack trazaban una línea de suaves besos en su clavícula. "Y no tienes derecho a besarme." Añadió sorprendida por una repentina idea. "Primero tienes que prometerme que me de…"
Jack la silencio con un beso y después puso sus dedos sobre sus labios. "Permíteme informarte, querida esposa, que tengo todo el derecho legal para besarte sin hacer ninguna promesa, de hecho, prometí besarte por el resto de tu vida." Le dijo dándole una sonrisa de medio lado, alejando su cabello de sus hombros y ella se encontró devolviéndole la sonrisa.
"Eres un hombre muy afortunado Jack Sparrow." Dijo seriamente y él levantó las cejas acunando el rostro de ella en sus manos. "Tienes mucha suerte de que te ame tanto."
Jack sonrió y la beso fervientemente en la boca. "Y tu eres una mujer muy afortunada, Lizzie Sparrow." Susurró con una sonrisa picara.
"Bueno, no pedo decir que he tenido muchas oportunidades para notar eso." Dijo mirándolo con los ojos entrecerrados. "No puedo salir cuando hay tormenta, no puedo pelear." Comenzó a enumerar con un molesto tono de voz.
Jack rodo los ojos. "¿Por qué no me dejas cuidarte por un tiempo? Por lo menos un año. Dame tiempo para acostumbrarme al constante peligro al que te expones." Dijo acariciando con sus pulgares los labios de ella.
"¡¿Un año?!" Elizabeth amplio los ojos y lo miró.
"Un año no es mucho, ¿o si?" Preguntó Jack con una pequeña sonrisa, acariciando su cuello y rodeando su cintura con sus manos.
Pero entonces, sus manos fueron apartadas repentinamente y Elizabeth se empujo así misma y se sentó en posición vertical.
"Ya sé por donde vas." Dijo con sus ojos fijos en los de él, con resplandeciente furia.
Jack parpadeo, mirándola confundido.
"Un año." Ella repitió con tono burlón, cruzando sus brazos sobre su pecho.
Los ojos de Jack se movieron de derecha a izquierda. "Aye." Asintió, sin saber realmente que era lo que le había molestado tanto en su proposición. "Un año."
Elizabeth resoplo sarcásticamente. "Un plan muy inteligente, capitán Sparrow, pero no soy estúpida." Dijo frunciendo los labios.
Jack arrugó la frente mientras su perplejidad crecía. "Lizzie no…"
"Déjame decirte que, aun cuando tengamos hijos no voy a quedarme bajo la cubierta, solo para mantener tu tranquilidad mental." Bufó, bajando de la cama y alisando su vestido.
Jack la miró con sus ojos ampliados, tratando de comprender que era lo que estaba diciendo. Una imagen de varias Lizzies, trepadas en su escritorio y lanzando sus mapas por el aire de repente surgió en su mente.
"Ese no era el razonamiento detrás de mi sugerencia, Lizbeth." Dijo con una sonrisa, deslizándose de la cama y acercándose hacia ella.
Ella lo miró intensamente, casi amenazante, pero como vio una expresión completamente divertida en su rostro, su enojo titubeo. "Oh." Dijo ella, mordiéndose el labio. "Entonces ¿Por qué tu…?" Se detuvo con un suspiro, cuando él llevo sus manos hacia su rostro. Cerró los ojos y se apoyó en el contacto. "Quisiera que esta guerra terminara y que solo pudiéramos vivir…" Dijo ella tranquilamente.
Jack la encerró en sus brazos, descansando su cabeza en la parte superior de la de ella. "Todo termina, de una u otro forma. Todo termina."
Elizabeth retrocedió, "No todo." Dijo suavemente.
Jack sonrió pensativamente, con esa sonrisa tierna que siempre la tranquilizaba. "Sí. Esto nunca terminara." Dijo, presionando sus labios sobre los de ella y besándola lentamente, intensificando su abrazo, haciéndola sentir a salvo, al sentir los brazos de él rodeándola, la tranquilidad se apoderaba de ella.
"¿Cómo vamos a encontrar el corazón? ¿Cómo vamos a encontrar a alguien que lo apuñale?" Preguntó en voz baja, presionando su mejilla en el pecho de él.
"En menos de tres días." Añadió Jack en tono serio, pero entonces se paralizo ante su descuido, esperando que ella no lo…
"¿Por qué en menos de tres días?" Preguntó Elizabeth suspicazmente, levantando su mirada hacia él.
"Amor, soy el Capitán Jack Sparrow, y el Capitán Jack Sparrow siendo el Capitán Jack Sparrow no necesita mas de tres días para conseguir algo, especialmente algo tan trivial…"
"Jack." Elizabeth lo interrumpió, la ternura en su voz se había ido una vez mas. Jack movió la nariz e hizo un mohín. "Ese… dios del tiempo o lo que sea, no dijo nada sobre cuantos días tenemos para encontrar a alguien que apuñale el corazón." Dijo, estudiando el rostro de él intensamente.
"Me imagine que él podía tener en mente menos de tres días." Jack corrió el riesgo de esbozar una pequeña sonrisa, pero Elizabeth no sonrió del todo.
Jack miró hacia otro lado, buscando desesperadamente una explicación creíble, pero entonces sus ojos se ampliaron al ver uno de sus dibujos en una silla que estaba cerca de la ventana.
Elizabeth se giró siguiendo su mirada, medio sonrió tratando de mantener el tono de voz amenazante. "Ese es otro asunto que discutir." Dijo tomando el dibujo y acercándolo al rostro de Jack. "¡¿Qué es esto? ¿Qué pasa si mi padre los ve? ¿Qué si… ya lo vio?" Preguntó, de repente asaltada por la idea que le envió escalofríos hasta su columna vertebral.
"Bueno, técnicamente estamos casados así que…" Comenzó Jack con una sonrisa.
"¡Estamos casados ahora, pero no lo estábamos cuando los dibujaste! Mi padre podría pensar que…" se mordió labio avergonzada. "Que los dibujaste realmente viéndome."
"Te ví." Dijo, tomando el dibujo de entre las manos de ella y apartándolo. "Con los ojos de mi mente." Susurró, cerrando sus brazos alrededor de ella e inclinándose hacia abajo para besarla.
"Hay cientos de ellos." Susurró Elizabeth con una sonrisa picara, rompiendo el beso. Jack intento verse confundido por lo que ella estaba tratando de decir, pero Elizabeth continuo, deslizando sus brazos alrededor de su cuello. "Los dibujos, haya tantos de ellos." Dijo con tan dulce voz, que él olvidó sobre que estaban discutiendo, olvidó a la flota enemiga acercándose a ellos, a Beckett, Jones, Calypso, Chronos… y solo la besos, apretándola en sus brazos, y guiándola hacia la cama sin romper el beso en ningún momento…
… Al menos no, hasta que alguien llamó a la puerta educadamente en vez de abrirla…
"Siento interrumpir." Gibbs habló desde la cabina principal, quedándose educadamente detrás de la puerta. "Pero…"
Su voz se perdió al sonido de fuego de cañón, que de repente retumbo en el exterior, causando que Jack y Elizabeth intercambiaran miradas decepcionadas en lugar de ansiosas y rápidamente se pusieron de pie.
CONTINUARA…
