1 de septiembre, 9:27h- En el hospital (Punto de vista de Venoma)

Me he levantado temprano, alrededor de las nueve, y me he encerrado en el baño a acicalarme con mi nueva ropa y el nuevo Magatama que Mia me confió.

He visualizado un poco el entorno, y luego me he quitado la máscara un momento. La dejo a tientas sobre una mesilla, y sin ver absolutamente nada, me curo como puedo la herida de la frente. Anoche sangró… Y se mezcló con mis lágrimas.

No quiero comentarle el porqué a nadie. Me coloco de nuevo la máscara y vuelvo a ver de nuevo. He decidido que la llevaré puesta, por un motivo aparte que el hecho de poder ver.

Me veo al espejo, y ahora no solo veo a una niña canosa con una máscara de luces. Ahora veo un cuerpo femenino parecido al de Mia pero en pequeño, como me aseguró Diego. Y además, ese mini-cuerpo de Mia tiene los rasgos tan característicos de Diego: el pelo blanco y la máscara. Tengo rasgos de los dos. ¿Qué mejor manera de recordarlos que llevándolos en mi físico?

Mia me ayuda con la maleta. En ella meto los regalos de Edgeworth, Kay, Ema y Klavier, mis nuevos peluches y la ropa que llevaba cuando era morena y vidente. No veo mi antigua torera.

-¿Saben lo que más echaré de menos de no poder ver? Que el color rojo era mi color favorito.

Diego y Mia han callado. Eso no es agradable de oír.

Cuando tengo la maleta hecha, me despido de ambos.

-A rever, señorita Mia. Que le vaya muy bien. Espero verla pronto. Aunque sé que siempre estará conmigo.-le indico, señalando el Magatama.

-Di que sí, cariño. Cuídate, Venoma. ¡Y no pierdas nunca esa sonrisa!

Después de darme un abrazo con ella, toca despedirme de Diego.

-Hasta la vista, señor Armando. Que la vida le sonría. Gracias por todo lo que ha hecho por mí.

-¡Ja…! Me alegro de que no hayas pronunciado la palabra "adiós". Eso es solo para las despedidas.

Nos abrazamos, a pesar de que no he entendido su réplica. Supongo que será otra de sus reglas.

Me despido con la mano y salgo por la puerta con mi maleta. Nada más salir, no puedo evitar esbozar una expresión tristona. Resignada, avanzo hasta la salida del hospital, dispuesta a andar hasta el orfanato… Para volver.

No me di cuenta de que alguien me seguía…

30 de agosto, 10:00h- Orfanato- El cuarto de Venoma

Abro la puerta de mi cuarto con la sensación de que han pasado siglos desde que estuve aquí por primera vez. Ya no hay precintos de la policía, ni silueta de tiza… Ni el cadáver de mi propio tío. Descansa en paz, tío Elcun.

Triste, me acerco a mi cama. Miles de cosas se arremolinan en mi mente. Aquí empezó todo. Llevo en este cuarto desde que mi padre biológico me abandonó el día que nací. 8 años más tarde, no hemos tenido un reencuentro idílico, pues intentó culparme de asesinato. Aquí fue donde me arrestaron, y desde aquí llegué a mi cita con el destino: Diego.

El mejor abogado del mundo y todavía mejor persona, Diego Armando. Accedió a llevar mi caso sin pedir nada a cambio, nada más que mi sonrisa. Me defendió con todo su ímpetu, posando una gran confianza en mí y mi inocencia. Cuando las cosas se pusieron feas, más de una vez, me enseñó a no rendirme, y nunca me abandonó. Todo lo contrario que ese hombre…

Y después vino la segunda parte, tan maravillosa como la primera: Mia Fey. Incluso fallecida, luchó por y para mí, dándolo todo por ayudarme. Incluso en mis sueños me ha sacado de las pesadillas. Tengo una conexión especial con ella, como si pudiera saber lo que piensa, y viceversa.

Y ahora… He vuelto. Pero no puedo hacer como si nada hubiese pasado, pues todo esto ha dejado grandes cicatrices en mí: físicas, en mi cuerpo, y psicológicas, en mi corazón. He estado siempre sola, y ahora vuelvo a estar sola…

Decido descansar sobre mi lecho, cuando algo llama súbitamente mi atención. Hay un sobre en mi cama, cerrado con una pegatina en forma de taza de café. Qué mejor firma para saber quién es el remitente.

Lo abro sin romper el cierre y saco una nota breve de su interior. Esto es lo que pone:

"¡Ja…! Las chicas guapas nunca mienten. Es una de mis reglas. Y como eres una chica guapa, nunca has de mentir, en especial a mí, porque sabes que puedes hablar de cualquier cosa conmigo. Un psicocandado te separa de la felicidad que has estado buscando siempre y que te mereces. Pronto entenderás a qué me refiero. Gracias por hacer que un asesino canoso y enmascarado pueda volver a sonreír.- Diego"

-¿Eh?

No lo he entendido, qué bien me conoce. Y antes de que pueda preguntar en voz alta qué significado tiene todo esto, me leen la mente.

-¡Ja…! Te lo explicaré, te lo prometo.

Me giro, y allí está. Es Diego. Me ha seguido hasta aquí.

-¡Señor Armando! Acabo de leer su nota ahora mismo, ¿Qué es lo que quiere decirme?

-Venoma… Mentir no está bien. Lo sabes, ¿Verdad?

-¿…?

Lo sabía. Por mucho que lo intente… No puedo ocultarle lo que siento.

-Lo sabes, bien. No estoy enfadado, no te apures. Sigo creyendo en ti. Pero no he podido evitar preocuparme estos últimos días. ¿Sabes por qué?

Sí que lo sé. Debió de ser entonces.

"-Señor Armando… No es necesario que haga nada más por mí. He comprendido que haga lo que haga, lo que de verdad me hará feliz es acordarme de que usted fue tan bueno conmigo cuando yo no tenía a é al orfanato a retomar mi vida normal

-¡Ja…! ¿Estás completamente segura? Es tu decisión, y no voy a obligarte a nada, pero quiero asegurarme de que tomas la decisión correcta.

-Estoy… Estoy segura"

-Cuando me dijiste que estabas segura con respecto a que serías feliz aquí otra vez… Te apareció un psicocandado, Venoma. En lo más profundo de tu alma. No pude evitar fijarme.

-Lo… Lo siento mucho… No quería mentirle…

-¡Ja…! Los humanos no somos máquinas. Tenemos sentimientos: Reímos, lloramos, amamos, sufrimos… Y cometemos errores. No pasa nada, Venoma. No me importa. Solo quiero saber qué te preocupa, y ayudarte.

-…-entristezco.

-Romperé tu psicocandado, incluso sin el Magatama. ¡TOMA YA!

Al oí el grito de Diego, yo misma noto el trance del Desbloqueo Psíquico. Incluso puedo ver unas cadenas atravesándome el pecho, de las que cuelga un gran candado amarillo más o menos en el punto donde está mi corazón.

-Venoma, sé que todo esto está siendo muy duro para ti. Todo en tu vida ha cambiado en cuestión de días, y eso no le sienta bien a nadie, te lo aseguro.

-Me declararon inocente en el juicio, todo se acabó ya. Volveré a mi vida normal, y nunca más recordaré todo ese dolor.

-¿Que no lo recordarás? No tendrás más remedio que recordarlo.

Presenta: Mi perfil.

-¡TOMA YA!- Lo recordarás cada día cuando te levantes, y te mires al espejo. Recordarás todo el daño que te hicieron, recordarás cada cicatriz de ese caso… Y nos recordarás a Mia y a mí. Nunca podrás olvidarte de todo eso.

-Aunque lo recuerde, no me pesará tanto como dice. Tarde o temprano, caerá en el olvido, lo sé.

-Venoma… No lo intentes, es inútil. Hay un motivo por el cual este caso te ha marcado para siempre.

Presenta: El perfil de Diego Armando/ Godot… El suyo.

-¡TOMA YA!- Tú misma me lo dijiste, bonita. "Usted es lo único que me queda en este mundo" Eres una buena niña, ¿Cómo podrías olvidarte de una persona tan importante para ti?

Me rindo. Es inútil seguir con esto. No puedo decirle que no me importa cuando es una mentira más fea que un pecado.

-No… No puedo olvidarle, señor Armando… Usted sigue siendo… Lo único que tengo ahora… Y le quiero mucho por ello.

Con un ruido de cristal, el psicocandado que pende de mí se parte en mil fragmentos que se esfuman como las palabras, acompañados por las cadenas. Soy libre, por fin.

-¡Ja…! Prueba superada, cariño. Eres libre.

Tenía razón al decir que estoy conectada con él.

-Le agradezco mucho su ayuda, pero a pesar de que siento en el alma haberle mentido… Eso no cambia la situación en la que estoy… Sigo siendo un cuerpo sin alma, un envoltorio sin caramelo… Un disfraz sin dueño.

-… No.

-¿…?

-¡Ja…! Lo siento. Hay algo que todavía no te he contado. Pero espero que puedas perdonarme en cuanto sepas lo que es.

-¿Señor Armando? ¿A qué se refiere? ¿Qué es lo que debo saber?

-Señor Armando… ¡Ja…! Qué frío he sentido de repente, Venoma. No es necesario que me llames así cada vez que me quieras decir algo… Enseguida entenderás el porqué.

-¿No debo llamarle así? ¿Cómo, entonces? Creía que ese era su nombre.

-Y lo es, Venoma, lo es. Ahora te daré algo para que lo leas. Dame tu opinión, y tu visto bueno final. Es tu decisión. Toma.

Diego me da una caja alargada de color blanco con un voluminoso lazo verde jade. La abro, y veo que dentro hay una infinidad de papeles que no alcanzo a comprender.

-¡Ja…! Lo que intento regalarte es… Un billete a la felicidad. Me has dicho qué es lo que realmente necesitarías para ser feliz, y bueno… He intentado hacerlo lo mejor que he podido.

-¿Qué son todos estos papeles? No los comprendo.

-¡Ja…! No es necesario. Mira en la parte de atrás. Hay un pequeño sobre. En él hay una nota. En esta nota están resumidos todos estos papeles en tres palabras. Espero que te sea más fácil entenderlo así.

Hago lo que me pide Diego. Encuentro el sobre, y lo abro. En un papel pequeño, están escritas esas tres palabras. Que se graban en mi cabeza y en mi corazón para siempre jamás.

-¡…!

Manifiesto una gran cara de asombro. Creo haberlo entendido. Estoy a punto… A punto de llorar de la emoción. La ha encontrado. Diego ha encontrado definitivamente la llave a mi felicidad.

-¡Ja…! ¿Te gusta? Si es así, lee las palabras, preciosa. Dilo bien alto, para que se entere todo el mundo.

Esbozo una sonrisa nerviosa. Estoy tan feliz… Más que nunca. Lloro de felicidad. Y quiero compartir mi felicidad con el mundo entero.

Así que allá van esas tres palabras mágicas.

-Venoma Mia Armando.