N/A: Muchas gracias a todos por leer. Sé que dije que quedaban uno o dos capítulos pero me he dado cuenta de que el 6 de mayo (miércoles) se cumple un año de esta historia y me gustaría que el último capítulo coincidiera con esa fecha... Así que estoy intentando "alargarme"... No sé si lo conseguiré (puede que sí) pero esa es mi intención... ¿Los One-Shots relacionados con esta historia los subo aquí o abro nuevo "fic" para ello? Lo que me digáis...


CAPÍTULO 54: DEVON CONOCE A SU FAMILIA

Blaine estaba cuidando de Devon en el salón de su casa. El pequeño tenía dos meses ya y sus ojos habían dejado de ser azules para tener el mismo tono verde que Sam. El mayor hablaba con el niño, que estaba tumbado en el sillón junto a él, y movía un sonajero para que hiciera ruido. El niño estaba fascinado, sonriendo, al igual que su papá, y moviendo sus brazos y piernas mientras emitía algún sonido. También movía la cabeza intentando seguir el juguete cada vez que hacía ruido. El moreno escuchó el ruido de la puerta y supo que su marido había llegado a casa.

– Devon, cariño, ya viene papi. Sí, viene papi y no viene solo. No, mi amor. Viene con la abuela y la tía. Sí, han venido a conocerte.

El ojimiel cogió en brazos al bebé y fue a reunirse con su esposo, Mary y Stacy. Sam empezaba a trabajar al día siguiente y las mujeres de la familia Evans se habían ofrecido a pasar sus vacaciones allí con ellos para ayudarlos con Devon. De esta manera, no tendrían que dejar al bebé tan pequeño con una desconocida. La joven pasaría más tiempo con ellos ya que había sido aceptada en la NYU y los adultos le habían ofrecido que se quedara allí hasta que pudiera encontrar un trabajo de media jornada que, junto a la beca que había conseguido, pudiera pagar sus gastos en la gran ciudad y le permitiera independizarse. Katy y ella seguían juntas pero la morena había recibido una beca para estudiar en Roma durante seis meses y ya había viajado a la capital italiana para perfeccionar el idioma antes de que comenzaran las clases. Habían decidido mantener una relación a distancia a pesar de todo ya que, cuando acabaran esos seis meses, vivirían juntas en Nueva York.

– ¡Pero qué guapo es! – Mary corrió hacia su yerno para coger en brazos a su nieto. – Es exactamente igual a Sam. En las fotos que me habíais mandado se notaba pero...

– Yo no creo que se parezca a Sam. – Stacy se acercó para verlo. – Es demasiado guapo para parecerse a él.

El mayor de los hermanos le dio un ligero empujón a la chica como "venganza"

– ¿Trabajas hoy? – La señora Evans miró a Anderson.

– No, hoy es mi día libre. – El moreno la miró extrañado.

– En ese caso, ve arreglarte y lleva a mi hijo a algún sitio. Lleváis dos meses cuidando a Devon y no habéis tenido tiempo para vosotros. Tardar lo que necesitéis, Stacy y yo nos encargaremos de cuidarlo. Sólo necesito que me digáis donde están las cosas y cuánta leche está tomando.

– Yo te explico. – El rubio se ofreció y, mientras Blaine se preparaba para salir, Sam le mostró a su madre donde estaban las cosas del bebé.


El mes que Mary pasó junto a su hijo y su primer nieto fue muy bueno. Los chicos podían ir a trabajar con la tranquilidad de que era ella la que cuidaba a Devon. El pequeño seguía creciendo y descubriendo el mundo a su alrededor. La feliz abuela había comprobado como su nieto aprendía a apretar el dedo y cualquier cosa que estuviera cerca de su mano. Blaine estaba trabajando mucho ya que el estreno sería en tres semanas. Por eso, el mismo día que Mary se marchó, Susan y James llegaron para ayudarlos.

Blaine recibió a sus padres en el aeropuerto con gran nerviosismo. No sabía como reaccionarían cuando conocieran a Devon. Esperaba que no les importara que genéticamente no fuera un Anderson y que lo consideraran parte de la familia.

Cuando llegaron a casa, Sam los estaba esperando junto a Stacy. Devon estaba durmiendo la siesta, pero eso no impidió a los mayores que fueran a conocer a su nieto. Los miedos de Blaine desaparecieron cuando vio la sonrisa de ambos, totalmente enamorados del pequeño que dormía tranquilamente.

– ¿Qué tal la vida de padres? – La señora Anderson preguntó.

– Agotadora. Sobre todo ahora que los dos estamos trabajando. – Sam respondió con una sonrisa. – Gracias a que contamos con vuestra ayuda, no me habría gustado dejarlo con una desconocida con sólo dos meses.

– ¿Y qué pasará cuando nos vayamos? – James quiso saber.

– Localizamos una guardería que es muy buena y aceptan niños desde los tres meses pero aun así tendremos que buscar una niñera que lo vaya a recoger y lo cuide hasta que lleguemos. Nuestros horarios son complicados... – Blaine explicó.

– ¿Habéis pensado en Stacy? ¿Su horario es compatible? Creo que es mejor que lo cuide alguien de confianza... – Susan comentó pero fue interrumpida.

– Ellos no quieren. – La joven suspiró frustrada. Ya tenía su horario en la NYU y sus clases acababan una hora antes del cierre de la guardería, tendría tiempo para ir a buscarlo. No se le ocurría mejor trabajo que cuidar de su sobrino.

– No queremos atarla a hacer de niñera... ¿Y si un viernes quiere ir a una fiesta? ¿O si tiene una clase extra? – El mayor de los Evans aclaró.

– Si no trabaja para vosotros, tendrá que hacerlo en una cafetería o algo porque no tiene beca completa, lo que supondrá que tendrá horarios fijos y nada flexibles. Trabajando para vosotros siempre podéis llamar a una agencia si ocurre alguna cosa... ¿Habéis buscado a alguien para el día del estreno de West Side Story? Nadie se va a perder el debut de mi hijo en Broadway... ¿verdad? – La mayor estaba orgullosa del éxito de su hijo.

– ¡Nadie se lo perderá! – Sam dijo como si fuera lo más obvio del mundo. – Mis padres y Steve vienen esa misma mañana, Cooper llegará dos días antes, ese día vienen casi todos nuestros amigos de New Directions, sólo se lo pierden Puck y Quinn, que ese fin de semana están ocupados, pero vendrán el siguiente fin de semana. Vienen algunos de nuestros profesores en el McKinley... Bueno, Katy lo verá cuando vuelva de Italia para sus vacaciones de invierno. Hemos encontrado una agencia y ya nos han confirmado que nos mandarán a alguien para que cuide a Devon.

– Estoy tan orgullosa... – Susan besó la mejilla de su hijo. En ese momento se escuchó el llanto del bebé, que se había despertado. La feliz abuela fue a buscarlo y volvió poco después con él en brazos. El pequeño estaba fascinado por el collar que llevaba la mujer ya que era de muchos colores y pronto lo apretó en su mano. – ¿Qué dices, pequeño? ¿Quieres que la tía Stacy sea tu niñera?

– Mamá, no nos presiones... Sam y yo pensaremos en lo que nos has dicho... Y ten cuidado, que cuando agarra algo no tiene la mano quieta. – Blaine se levantó rápidamente para ayudar a su madre.

– He tenido dos hijos. Puede que haya pasado mucho tiempo pero creo que estoy capacitada para sostener a mi nieto.


Blaine comprobó que su hijo estaba dormido en su cuna, que ya había sido instalada en su propia habitación. Había llegado el momento de que el moreno pudiera disfrutar de un momento a solas con su marido. Agradecía que su familia los ayudara, era algo que necesitaban. Sin embargo, extrañaban tener sus momentos juntos. Cuando entró a la habitación, el rubio ya estaba en la cama. Se quitó la ropa que llevaba para quedarse en calzoncillos. Era verano y hacía calor, por lo que no necesitaba ponerse pijama. Se tumbó junto a su esposo y le dio un beso suave.

– Sigo sin estar convencido de que Stacy cuide de Devon. – Sam aclaró después de varios besos.

– ¿Por qué? – El ojimiel sonrió, dispuesto a escuchar a su marido.

– No quiero que Stacy ponga en riesgo sus estudios... Quiero que triunfe como arquitecta, que se dedique a lo que ella quiera. – El rubio susurró.

– Ahora no va a encontrar trabajo como arquitecta. Sin embargo, necesita encontrar trabajo. La beca paga su matrícula, libros y un dinero al mes que le llega para el alquiler si encuentra algo compartido y barato, pero hay gastos que no va a tener cubiertos. Una vez que va a tener que trabajar, creo que mi madre tiene razón. Con nosotros va a tener más flexibilidad y, cuando ella no pueda, siempre podemos llamar a la agencia. Son una empresa seria y podemos confiar en ellos. – El más bajo comentó.

– Ella puede vivir aquí todo el tiempo que necesite.

– Dentro de seis meses ella no va a querer vivir aquí más. Tú y yo aguantamos muy poco tiempo con Rachel y Kurt... Y es lo lógico. Deja de ser un hermano sobreprotector y dedícate a cuidarla y protegerla como necesita y no como tú quieres. Ella necesita un trabajo y nosotros necesitamos una niñera... ¿Qué problema hay en que nos ahorremos las dos búsquedas? ¿Vas a encontrar a alguien en la que confíes más? ¿Ella va a encontrar algún lugar donde sus jefes le den tanta flexibilidad si, por ejemplo, quiere ir a una fiesta? – Anderson intentó convencer a su marido.

– No quiero que trabaje en esto toda la vida. – El más alto aclaró.

– Y no lo hará. Cuando ella encuentre un trabajo o unas prácticas en algún despacho de arquitectos, buscaremos otra niñera... Si la necesitamos, nuestras carreras son difíciles y tal vez no tengamos tanto trabajo o el horario sea distinto y puede que podamos nosotros. – Blaine besó la frente de su esposo, sabía que lo había convencido.

– Prométeme que no seremos un estorbo en su carrera. – Evans pidió.

– Te lo prometo.

Los dos se besaron antes de acomodarse para dormir. Estaban muy cansados pero sabían que era normal. Sin embargo, no cambiarían su situación por nada del mundo. Estaban casados con el amor de sus vidas, tenían un trabajo que les encantaba y que era lo que siempre habían soñado, tenían éxito (o al menos, confiaban en que el moreno por fin triunfara) y tenían un hijo, sano, tranquilo y hermoso. No podían desear nada más.