Traslado

En el parque de bomberos todo el mundo recogía y preparaba todo lo necesario para marcharse, repartiendo algunos enseres con el grupo que se marcharía independientemente hacia el norte. Mara no podía evitar preguntarse qué llevaría a aquel hombre decidir arriesgar a su familia a un viaje incierto renunciando a un refugio seguro, pero no encontraba una respuesta.

—Hay más niños, y no queda ningún preso —explicó la joven sin poder evitarlo —. Realmente es muy seguro.

La mujer a su lado se giró y le sonrió amablemente, para mirar a su marido dejando que él contestase.

—Eso ya nos lo han explicado —dijo el hombre —. Esto ha sido precipitado, pero teníamos pensado irnos al norte en poco tiempo, así que... sólo se han adelantado las cosas.

—¿Por qué? — no pudo evitar preguntar.

—Por un futuro mejor para ellos —contestó, volteando a cabeza para mirar a sus hijos, dos niños rubios de unos diez y siete. Pero cuando volvió a mirar a la joven vio en su expresión que no entendía lo que quería decir —tenemos información sobre un lugar al norte donde aún se conserva la civilización, lejos de los muertos y...

—Todos hemos escuchado esas historias, pero son mentira, quimeras —Alegó ella, sin disimular el asombro que sentía ante la explicación —. No existen esos sitios, ni los barcos que zarpan de Florida hacia Cuba, ni la ciudad segura de Canadá o Alaska.

—Esto sí lo es, hasta Five lo cree —afirmó el hombre.

Mara le escuchó incrédula, pero no dijo nada más. Cuando terminó de empaquetar unas mantas se fue en busca de Vicent y explicaciones, pero en su lugar solo encontró a Elena en el comedor.

—Hey, ¿has visto a Viz? —preguntó la joven.

—Ehh.. ¿a Five? Sí, está abajo con tu chico... querían discutir algo sobre las puertas o algo así... ¿Por qué, hay algún problema, Mara?

La joven se sintió rara al escuchar que se refería a Daryl como su chico, pero le gustó oírlo, aunque la intranquilizó que se encontrasen discutiendo sobre algo, pues conocía bien a ambos.

—No, sólo quería hablar con él sobre ese sitio al norte al que se dirige esa familia —comentó.

—¿Por qué, te interesa ir? —preguntó animada.

—No, ese lugar no existe —sentenció—, no sé quién lo habrá dicho pero...

—No se trata de que alguien nos lo contase, tenemos varias fuentes que hablaban de él, incluso una llamada por radio contactando con supervivientes —explicó seria, cruzándose de brazos frente a ella —. Es lo más certero que hemos encontrado en meses, y es normal que haya quien quiera arriesgarse.

—Pero...

—Si ellos quieren ir no podemos impedírselo, es su decisión —interrumpió—. No te preocupes por eso, es más no te preocupes por nada... Estás agotada, se te ve en la cara. ¿Por qué no te das una ducha, cenas algo y descansas? Aún queda agua en los baños, ven te acompaño.

Sin darle tiempo a negarse, Elena la cogió de la muñeca y la llevó hasta los baños, quería acabar con esa conversación cuanto antes. En apenas cinco minutos le dejó preparada el agua, albornoz, toallas y ropa para que la joven hiciera lo que quería sin objeción, y se marchó de nuevo a seguir organizando el viaje.

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Ambos hombres examinaban los portones de entrada a las cocheras, en el piso inferior, comprobando como se podían extraer. Vicent tenía la idea de quitarlas y llevarlas a la prisión, para ponerlas en la entrada, entre las dos empalizadas de madera.

—Podría funcionar —asintió Daryl —, si las cargamos sobre los techos de los coches no sería complicado trasportarlas.

—Eso es lo que he pensado, con unas puertas como estas, entrar y salir de allí sería aún más fácil.

—Pero no las podemos quitar ahora, pasaríamos la noche sin protección —comentó Daryl.

—No, claro. Lo haremos mañana antes de irnos —explicó —. Simplemente quería conocer tu opinión.

—Sí, es una buena idea —afirmó con un gesto de cabeza, y se giró para irse.

—Espera, también quería hablar contigo, a solas... de ella —dijo con impaciencia, impidiéndole que se marchase.

Daryl se volvió, tenso. Esperaba esa conversación, pero eso no hacía que le apeteciera tenerla.

—¿Sobre qué?

—¿Cómo está? ¿Cómo está llevando todo esto sin él, sin Roland?

—Él ya estaba muerto cuando la encontramos —explicó, viendo la sorpresa en el rostro del hombre —. Pero está viva, eso dice bastante... tiene aguante, no se rinde con facilidad.

—¿Desde cuándo os conocéis?

—Unos meses, cuatro más o menos.

—Eso no es mucho... —comentó Vicent, Daryl iba a contestar a la defensiva pero el militar se lo impidió —. Yo la conozco desde que nació, podría decir que antes incluso —su mirada se dirigió a su mano, que extendió frente a él, recordando —. No era más grande que mi mano cuando nació, ¿sabes? Era diminuta y dolía sólo el verla intentar respirar. Los médicos decían que tal vez no sobreviviera al ser tan prematura, pero tenía buenos genes, no paró de luchar hora tras hora, día tras día. Yukio Sensei decía que era su diminuta Valquiria—explicaba a Daryl con la mirada perdida.

—Por eso la llamaron así, Amaranta ¿no? —preguntó Daryl, escuchar hablar de Mara de aquella manera le agradaba.

—Exacto, supongo que por eso siempre tuve predilección por ella —comentó —Roland era encantador y excelente en todo, pero esa pequeña lémur de ojos gigantes... siempre ha sido mi debilidad.

—No voy a hacerle daño —dijo Daryl.

—No te voy a dar ni la oportunidad de que se lo hagas, eso tenlo claro —aseguró con media sonrisa en el rostro —. Ya cometí ese error una vez.

—¿Con el zanahorio, Robbie? —preguntó Daryl, y la sola mención de eso hizo que le cambiase la cara a Vicent.

—Te... te lo ha contado, no puede ser... —dijo sorprendido.

—Sí, y lo de Bastian también —confesó, pues tenía claro que aquel hombre, no sólo conocía la historia sino que la había vivido con ella.

—Debe de confiar mucho en ti, si te ha contado eso —aseguró, a lo que Daryl hizo sólo una mueca de asentimiento —. Estar en contra uno del otro no la haría ningún bien a ella —planteó, a lo que el cazador volvió a asentir —, pero entiende que yo no la quiero volver a perder.

—Yo tampoco —contestó y se encaminó a las escaleras —. Mañana antes de irnos quitaremos los goznes y las cargaremos, no nos llevará demasiado —dijo antes de que Vicent le perdiera de vista.

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En el dormitorio Mara comía un poco de arroz que Elena le había dejado, pero sin muchas ganas, aún tenía el pelo mojado y vestía un albornoz de color verde. Al entrar en la habitación Daryl se sentó junto a ella, observándola con detenimiento.

—¿Qué tal con Viz? —preguntó dejando el cuenco de comida en la mesilla junto a la cama.

—Bien, quería mi opinión sobre un par de cosas —contestó.

—¿Y...? No creo que sólo hayáis hablado de eso, le conozco —insistió ella.

—Sólo me ha dejado claro que eres importante para él, y que antes de ser mi ardilla eras su lémur —bromeó, haciendo sonreír a Mara, haciéndola ver que no tenía de que preocuparse—, estaba marcando territorio —confesó, tras unos instantes Daryl volvió a hablar —. Le he dicho lo que sé de lo tu ex-novio y lo que te pasó con él.

Un escalofrío recorrió la espalda de la joven, pero no sé molestó. Supuso que Daryl también quería dejar claro su territorio.

—Bien... no importa, así se dará cuenta de lo mucho que significas... él sabe que nunca se lo he dicho a nadie.

—Eso me ha dado a entender, sí -afirmó el cazador—. Todos están yendo a cenar... —informó, pero viendo el cuenco de comida se quedó pensativo —¿Te lo vas a terminar?

Mara negó con la cabeza, sin poder contener un bostezo, lo que Daryl tomó como una invitación a comerse el resto del arroz, y no tener que volver al comedor. Sentándose a los pies de la cama mientras comía la observaba en silencio, recostada contra la pared frente a él. La veía diferente, más atractiva que en otras ocasiones, tal vez fuera por imaginar que no llevaba nada bajo el albornoz o por el cabello, que la caía húmedo sobre los hombros o su aspecto relajado y fresco, pero no podía dejar de mirar y recorrer con los ojos todo su cuerpo y su cara.

—¿Qué pasa? —preguntó ella con curiosidad, al notarle raro.

—Nada... —contestó desviando la mirada y aclarándose la garganta.

—Pues no lo parece —comentó, viendo como él esquivaba la vista, dejando el cuenco esta vez vacío de nuevo en la mesa —. Estás raro, ¿de verdad que Vicent no te ha dicho nada?

—No, nada... no es eso —contestó.

—Entonces es algo —dijo ella suspicaz —, ¿Qué?

—No... sólo que... —comenzó a decir, viendo como ella esperaba con expectación —estás... estás guapa —soltó finalmente, sorprendiendo a la joven.

—Lo tomaré como un cumplido —sonrió —, pese a que parezca que nunca suelo estarlo.

—Sabes lo que quiero decir, Chip.

Ella sonrió aún más al escucharlo y se incorporó acercándose a él de rodillas por la cama, hasta estar a un par de centímetros de su rostro.

—Sí, claro que lo sé, tonto —confesó —, pero es divertido.

—Sois iguales —dijo refiriéndose a Vicent y su extraño sentido del humor que consistía en molestar a otros.

Mara ignoró el comentario y se sentó sobre él, antes de que pudiera decir nada más lo besó, primero con suavidad, luego más intensamente. Alentándole a no pensar en nada, lo que hizo que deslizara sus manos por las piernas de ella, debajo de la bata, hasta llegar a sus caderas, donde descubrió desilusionado que no estaba desnuda.

—Vaya... —dijo sin pensar.

—¿Pensabas que iba sólo vestida con esto? —preguntó sorprendida.

—Sí, no... bueno... lo parecía —contestó algo cohibido.

Por toda respuesta Mara se desabrochó el cinturón y se deshizo de la prenda, dejando ver que vestía con una camiseta de tirantes y unos pantalones cortos, lo que hizo sonreír al cazador.

—Como sea, estás muy guapa —dijo él, más seguro está vez.

—Quédate conmigo aquí, esta noche —pidió, rodeando el cuello de él con las manos —. Quiero dormir contigo.

—Y yo, Chip, pero no creo que a Five le haga gracia —comentó —, ¿está no es su cama?

—No le voy a pedir permiso, no es mi padre.

—Creo que lo ve diferente —dijo Daryl.

—Me da igual... —le besó de nuevo —, lo único que quiero es estar contigo.

—A mi no tienes que convencerme —contestó él.

—Te he echado mucho de menos todo este tiempo.

—¿Si? —preguntó incrédulo.

Mara notó un tono de reproche en su pregunta y se sintió culpable. Era normal que Daryl dudara de ella, y actuar como si nada hubiera pasado y no hubiera sido completamente injusta con él, no era una solución. Pero realmente quería estar con él, estar juntos todo el tiempo posible, pero no sabía cómo demostrarlo sin parecer una cínica egoísta. Bajó la cabeza derrotada.

—Lo siento mucho, no sé como compensarte por cómo me he portado... pero te quiero, aunque no te merezca...

—¿Pero qué estás diciendo? —preguntó incrédulo él, sujetándola por los hombros y alejándola de sí, para poder mirarla mejor. Ya no le costaba tanto hacerse a la idea de que Mara le quisiera, pero escucharla decir que no le merecía era algo que estaba seguro no escucharía en su vida.

—Pues que pese a todo lo que he hecho nunca he dejado de quererte, Daryl —explicó —. Y aunque era yo la que... se alejó de ti, te echaba de menos todo el rato —Daryl la observó, escuchando con atención, era evidente que lo decía con sinceridad y se sentía culpable por todo lo que había pasado. Ni siquiera podía mirarle a la cara —. Sólo espero que puedas perdonarme...

—Yo también la he cagado antes... deja de machacarte con lo que pasó —le contestó —. Perdiste a Megan y perder a la gente te hace cambiar, nos cambia a todos. Ahora tienes que levantarte y seguir... deja de mirar los errores de una vez, eso no los soluciona.

—Gracias —dijo soltando un suspiro y apoyó su frente contra la de él.

—Vamos a dormir marmota...

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Todo el mundo estaba preparándose para dormir o durmiendo, pero Elena decidió ir a hablar un rato con Vicent, que hacía la guardia en el despacho.

—Puedes venir a dormir a mi cama, si quieres —le invitó, apoyada en el marco de la puerta.

—Necesito pensar —contestó.

—¿No seguirás molesto por verlos juntos? —preguntó curiosa —Es lo más normal, son novios y adultos.

—No es eso, aunque gracia no me hace —reconoció—. Pero sí, supongo que tengo que hacerme a la idea de que Marita ya no tiene ni tres ni trece años.

—Él la quiere, no es de los que lo demuestran pero creo que haría cualquier cosa por ella. —comentó la mujer.

—Supongo... ¿cómo no iba a quererla? —preguntó retórico.

—Bueno... tú no eres muy objetivo —bromeó —Si no fuera tu pequeña te casarías con ella o peor la convertirías en la deidad de una nueva religión.

—No digas tonterías —contestó negando con la cabeza —. Sólo pensé que cuando los encontrase todo estaría bien.

—Y estará bien —aseguró ella sentándose en el reposa-brazos del sillón —Por lo que habéis dicho esa prisión es un lugar seguro.

—Nah... es un refugio, pero no un plan de vida —afirmó —antes o después se vendrá abajo.

—Pero entonces no entiendo porqué nos vamos allí —mostró su desconcierto.

—Por Marita, y porque es justo lo que necesitamos para no tener que cargar con los de Decatur —explicó, como si fuera obvio.

—¿Entonces seguimos con el mismo plan de siempre? —preguntó Elena.

—Más que nunca —afirmó con rotundidad su compañero.

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El constante piar de los pájaros despertó a Daryl, que abrió los ojos descubriendo que aún era de noche, pero no faltaba mucho para que el sol saliera por completo. Junto a él, descansando la cabeza en su pecho, Mara continuaba durmiendo. No podía verla, pero podía imaginarla a la perfección, hacerlo y saberla junto a él le alegró, como si se tratase de un acto reflejo la estrechó con fuerza entre sus brazos sin pensarlo, y la escuchó quejarse levemente y moverse a su lado despertando.

—Lo siento —susurró culpable por interrumpir su sueño.

—¿Qué hora es? —preguntó con voz somnolienta.

—Muy temprano aún.

—Mejor —afirmó acurrucándose más junto a él —. ¿Has dormido bien? —preguntó con voz baja, a lo que Daryl contestó con sonido nasal afirmativamente — Yo también...¿Daryl? Cuando volvamos a casa tardaré unos días en dejar mi celda de abajo, por Shelly sobretodo.

—Está bien...

—Es que no quiero... —intentó justificarse.

—Shh... está bien.

—Pero...

Daryl se giró hacia ella y la calló besándola, no quería escuchar ninguna excusa ni explicación, sabía que ella intentaba complacerle con todo y sobre-justificarse a causa de la culpabilidad que sentía, pero él no lo necesitaba. Su gesto la pilló desprevenida y en un principio se quedó quieta a causa de la sorpresa, pero tras unos segundos le correspondió acariciándole el cuello y el rostro con suavidad. Él la rodeó por la cintura y la atrajo hacia sí, bajando sus manos hasta su trasero.

—No estamos solos, esto no es la prisión —advirtió ella.

—Están durmiendo —afirmó él, y como si se necesitara una aclaración se escuchó un fuerte ronquido en una de las camas cercanas, lo que provocó que Mara se riera, forzándose por no elevar el tono ni despertar a nadie —¿Lo ves? Estamos técnicamente sólo tú y yo.

—¿Técnicamente? —preguntó ella.

—Como sea... —volvió a besarla colocándose sobre ella.

Durante un segundo estuvo tentada de volver a frenarle, pues sabía que aquello era un poco vergonzoso, y además ni sabía quiénes eran sus compañeros de habitación, pues se había dormido antes de que el resto llegara, tal vez hubiera niños o incluso estuviera Vicent. Pero como de costumbre su voluntad se vio superada por los actos de él, no era usual que Daryl se mostrase tan decidido, y no estaba dispuesta a que perdiera esa nueva costumbre, pues realmente le gustaba sentirse deseada por él. Así que apagó la voz de la razón que con tono agudo le gritaba que estaba loca, y sólo se centró en las manos de Daryl, peleándose con su ropa para llegar hasta su piel y en sus labios recorriendo su cuello con anhelo, sucumbiendo a la necesidad que tenía de él.

Inconscientemente el cazador había supuesto que Mara le detendría de nuevo, por lo que se impresionó notablemente cuando ella se mostró dispuesta y casi sumisa a sus gestos de deseo. Pero no era tan sorprendente que se mostrase así, pues sin duda la conocía mejor que a cualquier otra mujer, sabía casi de memoria cómo y dónde debía tocar para dejarla a su merced. Besarle el cuello acallaba cualquier queja de ella, y acariciarle el trasero o los muslos la desarmaba por completo. Por lo que no tardó en rodear con las piernas la cintura de Daryl y seguir el vaivén rítmico de sus caderas.

Debía admitir que por algún extraño motivo que no lograba comprender parecía que ejercía un poder sobre ella, que evitaba que se negase a sus deseos. Sólo le había parado en dos ocasiones y en ambas su cuerpo mandaba señales contrarias a lo que decía su voz. Eso sin duda le daba seguridad para actuar como lo hacía.

—Esto no va a acaba bien... —susurró Mara con voz ronca junto a su oído.

—Esto sólo puede acabar bien, pequeña —contestó él sugerente, levantando levemente la cabeza y besando el lóbulo de la oreja—. Sabes que si me lo pides pararé.

—Eso es lo malo... no quiero que pares... nunca —confesó ella.

Con mayor confianza la sujetó por los muslos, rozándose contra ella con más deseo, sin dejar de besarla con pasión por el cuello, haciendo que ella se deshiciera en caricias por su espalda, bajo su camiseta, y brazos, resultando difícil disimular sus jadeos.

La claridad era cada vez mayor, y las sombras se abrían paso por la habitación que había estado sumida en una completa oscuridad hasta el momento. Antes o después, sin importar lo silenciosos que intentases ser, alguien vería que aquellos movimientos bajo las mantas no eran producto de una pesadilla.

—Vámonos —propuso ella.

—¿Quieres que nos vayamos? —preguntó con doble sentido, ella le golpeó el hombro toscamente, ante su broma, pero sonrió —¿Dónde?

—No sé... pero parece que vas a explotar y yo tampoco me aguanto más —confesó, sin dejar de rozarse contra él —¿Alguna vez... lo has hecho en un camión de bomberos? —preguntó pícara.

La mirada que le dedicó Daryl dejó claro que la insinuación le había sorprendido, pero también agradado. Por toda respuesta la besó con intensidad y se apartó de ella, para coger sus pantalones y ponérselos con rapidez. Ella le imitó y volvió a ponerse el albornoz.

En silencio, ambos recorrieron los pasillos de la estación, procurando no ser vistos ni despertar a nadie, y bajaron hasta las cocheras.

Tras la cabina, el camión tenía un espacio donde viajaban los bomberos con un asiento, incómodo y estrecho como para tumbarse. Daryl observaba aquél cubículo, viendo las escasas posibilidades que ofrecía, pero antes de poder decir nada Mara se le acercó y le besó sugerente, comenzando a desabrochar los pantalones. Cualquier objeción o queja se disipó de su cabeza rápidamente. Obedeciendo a sus indicaciones se sentó, observando cómo se quitaba toda la ropa frente a él, con una sonrisa complacida y para su sorpresa volvía a ponerse el albornoz. Aquello le hizo excitarse aún más, pese a que de primera pudiera parecer lo contrario. Pues pese a cubrir su piel no evitaba que todo su cuerpo quedase completamente accesible a él, lo que le parecía provocativo.

Lentamente Mara se sentó, colocando cada pierna a un lado, frente a él. Sin necesidad de preliminares y sin perder ni un segundo, pues ambos estaban demasiado excitados, ella se colocó dejándose invadir por completo con un suspiro de satisfacción. Daryl echó la cabeza hacia atrás, disfrutando de la sensación y llevó sus manos por debajo del albornoz hasta posarlas en sus caderas, dejando que siguieran sus movimientos acompasados.

Sin pensar ya en nada, ella se sujetó con fuerza a sus hombros y comenzó a moverse sobre él, aumentando el ritmo de sus movimientos cada vez más, viendo como él se dejaba dominar por completo y simplemente disfrutaba de lo que ella hacía, respirando cada vez con más fuerza.

Cuando Daryl estuvo a punto la sujetó con mayor fuerza de las caderas, levantando la cabeza y soltando una maldición entrecorta, pero Mara no se frenó, pese a sentir como él se dejaba ir enardecido, aún no estaba lista. Daryl lo sabía y no estaba dispuesto a dejarla así, aunque en ese punto cada nuevo movimiento le hacía perder la cabeza aún más y le costaba dominar su cuerpo. Intentó mover su cadera contra ella con fuerza, mientras la rodeaba por completo con los brazos y apoyaba su cabeza en su pecho jadeando con agitación. Los temblores y espasmos del delgado cuerpo de Mara indicaban que ella también estaba ya perdida, y le alentaron más aún a no parar, menos cuando ella buscó con las manos su rostro y le besó con violencia para evitar gritar de placer.

Sin apartarse de ella la desplazó hacia un lado, tumbándola de espaldas sobre el asiento y recostándose sobre ella, sin dejar de besar sus labios.

—Eres increíble... —dijo Daryl sin apenas aliento, mirando sus ojos brillantes y felices.

—Deberíamos volver—comentó con desgana.

—Nah... espera a que se levanten y subimos —propuso recostándose en su pecho cómodamente.

—Como si nada hubiera pasado ¿no? —indicó ella cómica.

Daryl asintió en silencio y permaneció tumbado sobre ella, dejando que juguetease con sus mechones castaños entre los dedos, lo cual le relajaba. Cuando algunos ruidos, procedentes del piso superior, les indicaron que el grupo comenzaba a despertarse se incorporaron y se vistieron en silencio.

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La despedida antes de salir del parque de bomberos rumbo a la prisión fue bastante emotiva, ya que no sólo abandonaban su refugio y el lugar donde habían vivido con seguridad y la mayor calma hasta el momento, sino que también se separaban de seis de los miembros con los que habían convivido durante los últimos meses. Y todos sabían que no volverían a volver a encontrarse nunca más.

Vicent se separó un tanto del resto para hablar más íntimamente con aquellos que se iban por libre, y aunque aquello desconcertó a Mara no le dio demasiada importancia. Tal vez sólo quisiera advertirles o darles algunos consejos, pensó la joven.

Pocos minutos después y tras cargar las grandes puertas sobre la Econoline y otro de los vehículos, se pusieron en marcha rumbo a la prisión.

En cabeza, en un utilitario color verde oliva, Vicent conducía con Elena a su lado y Mara junto a Daryl en los asientos de atrás.

—¿Habéis dormido bien? —preguntó Elena, que justamente jugueteaba con sus fichas de poker entre los dedos. Vicent la miró de soslayo, pero no dijo nada.

—Sí, pero estaba tan cansada que hubiera dormido en cualquier sitio sin queja.

—Os habéis despertado temprano ¿no? —continuó curiosa.

—Emmm... sí, un poco... —Volvió a contestar Mara, que miró cómplice a Daryl que evitaba mostrar una sonrisa recordando las primeras horas del día.

—Y en la prisión, ¿cada uno tiene su celda o cómo va la cosa? —siguió.

—Depende... poca gente comparte, solo si quieren o son familia —tomó la palabra esta vez Daryl —Al principio si se compartían las celdas por seguridad, pero con la llegada de más gente y teniendo dos bloques limpios y seguros casi todo el mundo tiene su propia celda.

—No habrá que estar casado para dormir juntos, ¿no?

—¿Para qué preguntas eso? —interrogó Vicent a Elena —Yo no voy a compartir celda contigo, yo duermo solo que si no, no descanso, si te pica me llamas, pero el descanso es sagrado.

—Era sólo curiosidad, además si allí hay más gente lo mismo conozco a alguien que aprecie mi compañía y atenciones más que tú —contestó ella.

—También es verdad...

Desde el asiento trasero la pareja escuchaba la conversación, comprendiendo que la relación que mantenían esos dos militares no era tradicional. Lo que le aclaró a Mara porque nunca había oído hablar de Poker de otra forma que como un compañero.

Continuaron el camino hablando de cosas triviales y pequeñas anécdotas de esos meses sobreviviendo. No tuvieron ningún sobresalto, más allá de encontrar a algunos caminantes rezagados de la gran horda que les había sorprendida días atrás.

—No queda mucho —advirtió Daryl —. Avisa a Glenn.

Obedeciendo Mara tomo el Walkie que les habían dejado y lo encendió.

—Ardilla Hiperactiva a Lagartija Asiática... Ardilla Hiperactiva a Lagartija Asiática ¿me escuchas? —dijo al aparato, haciendo sonreír a Daryl al escucharla.

—Te copio Ardilla, ¿dónde estáis? —contestó Glenn al otro lado.

—Nos quedan como cinco o diez minutos, Lagartija —informó —. Somos cuatro coches en caravana...

—O.K Nos preparamos —tomó nota Glenn —Hasta ahora Ardilla.

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El aviso de la cercanía del grupo facilitó que se pudiera alejar a los caminantes de la entrada y los coches accedieran al campo sin incidencias y llegaran hasta el patio de la prisión. Casi todos los habitantes estaban allí esperando, expectantes por ver quiénes eran las personas que se unirían a ellos, el grupo más grande desde la llegada de los habitantes de Woodbury.

Hershel fue quien tomó la iniciativa de acercarse para saludarlos y presentarse uno por uno.

—Con que Lagartija Asiática ¿Eh? —preguntó Glenn acercándose a Mara.

—Me pareció divertido —confesó con una sonrisa

Pero antes de tomar la palabra de nuevo la reacción de Lizzie al ver a los nuevos integrantes o más bien a dos de los nuevos integrantes dejó a todo el mundo sin palabras.

—¡Papá! ¡Papa... Mika! —gritó al verlo corriendo hacia ellos.

Brian se giró al escuchar la voz familiar y su rostro se quedó pálido al reconocer a la mayor de sus hijas en aquel lugar.

Continuará...

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TWD


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NdA: Con el lio del plagio todo ese jaleo se me olvido deciros que estoy escribiendo una nueva historia, no es de Daryl ni es de The Walking Dead, pero es uno de los personajes que también da vida el sexy e increíble Norman Reedus. Murphy Macmanus de Broondock Saint, así que si habéis visto las películas (sino lo mismo no os enteráis de nada, que yo soy muy IC) y os apetece leer mi versión de la continuación de esa saga de películas estáis invitadas a leer. Pasaros por mi Perfil para entrar ne la historia. Terapia de Fuga.

Como siempre Muchas gracias por vuestro apoyo, fallos, Fav y reviews.

Tenía que decir algo mas... pero no me acuerdo...

Bueno pues nada. Buen finde a todas!

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