53- Ajedrez
Sabe que Falco es inteligente, endiabladamente inteligente, pero esto ya es pasarse demasiado. ¿Cuándo en su sano juicio pensó que sería una buena idea traer un ajedrez a esta nave? Fox echa la mano a una pieza, luego la suelta, después se la lleva al mentón nervioso y bloqueado. ¡Maldita sea, le ha tendido una trampa! Falco sonríe de lado socarronamente viendo como Fox sucumbe ante sus artimañas y celebra internamente la victoria.
-El reloj corre, Fox...
-¡C—Calla!
Si mueve el peón deja su rey sin cobertura. Si mueve la reina, él se la llevará. Ahora solo tiene una torre junto con otras piezas y un par de peones bloqueados por una jugada de Falco. El zorro lleva la mano a otra pieza y con algo de decisión la lleva a su lugar. ¡Sí, ahora seguro que ha encontrado su punto débil! Sonríe y pulsa el botón del reloj para cruzar los brazos. Quizá no sea tan endiabladamente inteligente después de todo...
El ave se encoge de hombros y sin mostrar esfuerzo alguno mueve una pieza, toca el pulsador y lo mira.
-Jaque.
-¿Qué?
-Voy a hacer un cappuccino, y no me muevas las piezas que sé dónde están. ¿Quieres algo de la cocina?
-¿¡Que voy a querer!? ¡Maldito seas! ¿¡Cómo has hecho esto!?
Fox mira las piezas desesperado. Tiene que mover el rey sí o sí, pero ¿a dónde? Si es a la derecha entonces en dos movimientos Falco se hará con él otra vez, si es hacia delante volverá a conseguir un jaque en un movimiento más. La izquierda no es una opción, lo tiene bloqueado. El zorro piensa que sería mejor moverlo a la derecha, al menos para tener más oportunidades de movimiento y cobertura, sin pensar en que él vendría después de pulsar el reloj y con mover una pieza sin haber mirado mucho el tablero volvería a pulsar el reloj y a retirarse a coger el azúcar de la alacena.
-Jaque.
-¡NO!
Eso no lo había visto venir. El zorro se deja escurrir en la silla, negando. De eso nada, no podía ser, pero miraba las piezas y, ciertamente, su rey estaba en jaque otra vez. El rey es la pieza más inútil del ajedrez y Fox nunca sabrá por qué el juego se acaba cuando se comen esa pieza o se la comerían haga lo que haga si no vale siquiera para salir de un apuro. Según él, el ajedrez debería terminar cuando se comen a la reina, que es una pieza mucho más útil y con más libertad de movimientos.
Inspira, suspira. No hay ya nada que hacer. Cuando movió el primer peón pensó que Falco no tendría ni idea de un juego como lo es el ajedrez y que él, siendo el líder y un gran estratega, tendría la victoria en sus manos. Poco sabría que esto podría haber ocurrido. Mira bien el tablero durante unos segundos tratando de sopesar todas las posibilidades de movimiento pero ya no ve la salvación. Aturdido por la situación Fox mueve en diagonal a su rey creyendo tener una posibilidad y Falco se sienta con una taza de humeante capuchino (o cappuccino, como él bien pronuncia) mirando él también el tablero.
-¿Estás seguro de que quieres mover el rey ahí?
-¿Estás intentando distraerme con artimañas?
-No, solo te pregunto si de verdad lo quieres mover ahí.
-S... ¡Sí!
-De acuerdo.
Se oyen tres toquecitos seguidos sobre la mesa: taza, pieza, reloj. Su ala vuelve a recoger la taza posada en la mesa y bebe.
-Jaque.
-¡Falco, me cago en...!
¿Izquierda? ¿Derecha? ¿Delante? ¿En diagonal? Con furia, el zorro toma la pieza y la mueve sin tener ni idea de qué hacer ya. Toca el pulsador.
-¿En serio?
-Dilo ya.
Falco cierra los ojos, bebiendo, un trago largo. Deja llevar la mano a su reina y sin mirar siquiera dónde la posa, sino guiándose por la imagen mental del tablero, la deja en una casilla, pero de esta vez no toca el pulsador.
-Jaque mate. Lo siento.
Oye un suspiro y Fox niega.
-Has jugado bien.
-¿De veras?
-Sí. Nadie había resistido a tantas jugadas conmigo.
-Gracias...
-¿Otra partida?
-Creo que con esta tengo suficiente por un rato.
-Pues jugamos la revancha cuando quieras. Si no hubieras llegado a mover la reina tan poco entonces ahora seguro que seguirías jugando.
-Ya, bueno...
-¿Te apetece un café ahora?
-No, gracias. Creo que me tomaré un zumo.
El ave se levanta a cogérselo antes de que lo haga él, acariciando primero su mechón de pelo blanco en señal de cariño.
