56. Un final agridulce.

La suave brisa veraniega azotaba en aquella parte del puente de madera con más fuerza que abajo, haciendo agitar levemente los mechones que, desordenados, caían sobre su frente. Albus observaba desde uno de sus puntos favoritos de Hogwarts el exterior del colegio, donde los alumnos ya se encontraban yendo de un lado para otro con su equipaje para volver, un año más, a la estación donde llegaría el tren que les devolvería a su hogar por unos meses. Él ya había recogido todas sus pertenencias,pero quería tener su pequeña despedida personal con el colegio.

Ese curso había sido un curso lleno de emociones: había descubierto cosas de sí mismo que ni siquiera sabía, sus esquemas y concepciones se habían tambaleado hasta formar pensamientos que jamás había pensado llegar a tener, había vivido aventuras que nihabría soñado tene… y se había enamorado. Una sonrisa triste afloró a sus labios al acordarse de Vega, en su mente pequeñas diapositivas de los momentos que había coleccionado junto a ella ese curso: la primera vez que se besaron en la Sala Común de Slytherin, sus carcajadas cuando le hacía cosquillas en el costado, sus labios entreabiertos en la Cámara de los Secretos, su cuerpo desnudo bajo el suyo, las palabras y gestos que la convertían en alguien inigualable. ¿Habría perdido todo eso?

El final de curso no se parecía en nada a como había imaginado que sería cuando inició ese año en Hogwarts. Para él, asistir al colegio de Magia y Hechicería no había sido gran cosa: Antes de ingresar en Slytherin, se imaginaba a si mismo viviendo aventuras, conociendo amigos, divirtiéndose como lo había hecho su padre. Pero la realidad le golpeó muy duro cuando llegó, y los años fueron sucediéndose , soportando cada curso como el precio a pagar por tener la familia que tenía.

Recordó cómo de pequeño sus momentos favoritos eran cuando les daban las vacaciones d eNavidad o el curso finalizaba, porque eso significaban tres meses de compañía con su familia, a los que extrañaba cada día, cada hora, cada minuto desde que se iniciaba el curso en Septiembre.

Este año, el sabor que le había dejado el curso, era agridulce. Las investigaciones habían dado sus frutos, pero todo lo demás, no había servido de gran cosa: Drake no iba a ser investigado, dada su condición de menor de edad. EL día anterior había partido para una evaluación psicológica en San Mungo, pero nadie tenía muchas esperanzas en que la cosa pasara de allé. "Ya ves papá, los buenos no siempre ganan"- pensó Albus, mientras su mirada se perdía en el horizonte.

Alguien llegó junto a él y apoyó una pálida mano junto a la barandilla de madera, compartiendo su pequeño momento de balance personal del curso. Se giró levemente a su derecha para descubrir allí a Jeremy, su mejor amigo en el colegio.

-Sabía que estarías aquí.- le dijo sonriente. Albus le devolvió la sonrisa unos segundos, y luego volvió a fijar su vista fuera, donde los alumnos se veían, minúsculos, como pequeñas hormiguitas cargando con sus maletas.

-Será una de las pocas cosas que siguen igual este año.

Jeremy se encogió de hombros.

-Todos hemos cambiado, Albus…. En los círculos intelectuales le llaman madurar.- dijo su amigo en tono jocoso. Albus contuvo una carcajada.- ¿Cómo piensas que va a ir la cosa después de esto?

Albus suspiró.

-No sé, imagino que evaluarán a Drake… y acabará volviendo al colegio. Siendo menor, no creo que el Ministerio pase de ahí.

-No me refería a eso.- contestó su amigo.- Me referia a tu historia con la Malfoy.

Albus volvió a lanzar un suspiro.

-Supongo que en Durmstrang se habrán solucionado las cosas para septiembre… Así que ella volverá allí.

-¿Y….?- preguntó Jeremy dejando la pregunta al aire.- ¿Vas a olvidarte de ella, así sin más?

Albus se giró para mirarle.

-¿Qué quieres que haga? Nuestras familias se odian, Jeremy. Su hermano me odia. Va a estudiar en un colegio que está a cientos de kilómetros…

-Nadie sabe con certeza donde se encuentra Durmstrang.

-Bueno, ya me entiendes, pero no es como si estudiara en Hogsmeade.- dijo Albus haciendo un gesto con la mano.- el caso es que no encuentro más que obstáculos para esto….

-Sólo hay dos formas de tratar los obstáculos, Albus.- dijo Jeremy.- Deteniéndote, o sorteándolos. Tú no eres de los que se detienen.

-Eso siempre depende del obstáculo. Y cuando el obstáculo se apellida Malfoy..- dijo Albus encogiéndose de hombros.- Pero contestando a tu pregunta, no podría olvidarla ni aunque lo intentara. No sé si volveré a verla o no, lo que sé es que jamás podré olvidarla mientras viva.

-Vaya. - dijo Jeremy.- ¿Así es como ligas con las tías, diciéndoles esa clase de cosas? Porque lo cierto es que funciona. - dijo Jeremy intentando bromear. Albus le dio una palmada amistosa en el hombro. Una voz se escuchó detrás de ellos.

-¿Nott y Potter haciendo manitas? Tengo que escribir a Corazón de Bruja, esto si que es una primicia.- dijo Bere bromeando. Ambos amigos se giraron cuando la escucharon llegar.

-¿Qué tal estás, Bere?- preguntó Albus. La joven avanzó hasta situarse a la izquierda de Albus, dejándole entre ella y Jeremy. Tomó aire antes de responder.

-Sobreviviré.- dijo sonriendo. Luego le miró.- Igual que tú.

Albus sonrió y miró hacia el horizonte, acompañado de sus dos amigos.

-¿Qué nos deparará el curso que viene?- preguntó Jeremy sin dirigirse a nadie en concreto.

Bere se encogió de hombros.

-Imagino que asignaturas aún más difíciles, aguantar aún más tonterías de Scorpius, y suspender pociones otro año más….

-¿Y además de eso?

-Además de eso, nuevos chicos que conocer…Estoy planteándome tener una cita con McMillan este verano.

Jeremy se volvió.

-¿Ese Hufflepuff? ¿En serio vas a tener una cita con un tejón?

Ella se encogió de hombros.

-Me he cansado de chicos malos. Los Huffies son inofensivos.

Albus y Jeremy compartieron una mirada divertida, al parecer no eran los únicos que habían cambiado. Se quedaron unos segundos en silencio, cada uno a solas con sus pensamientos. De pronto, fue Jeremy el que lo rompió.

-¿Sabéis? Hay muchas cosas que no me cuadran del día que Drake…ya sabeis.

Albus y Bere pusieron los ojos en blanco.

-Merlín, Jeremy.- dijo Bere.- Por favor, no nos tortures con más teorías, te lo suplico….quiero tener unas vacaciones normales.

-Es sólo que… ¿Para qué habría capturado a Vega,Silver y Richard?No creo que fuera casualidad. Si lo pensáis, cada uno tiene una pureza distinta de sangre…

Albus alzó una mano.

-Jeremy, en serio, no tengo ningunas ganas de saber nada más sobre secretos, logias e todavía al menos.

-Vale, vale…

Bere arqueó una ceja.

-¿Vas a dejar la conversación así, sin más?Vaya, si que has cambiado.- comentó sonriendo. Jeremy le devolvió la sonrisa.

-No tengo por qué pensarlo ahora. Tengo todo el verano para hacerlo.

Los tres volvieron a callarse, observando los terrenos de Hogwarts, pensando en todo aquel año de aventuras y las que quedaban por venir.

[…]

El silbido del expreso de Hogwarts anunciaba su llegada al Andén 9 ¾. Albus se apresuró a tomar sus pertenencias, para salir al encuentro de su familia, mientras Jeremy y Bere hacían lo propio. No había visto a Vega en todo el recorrido, tampoco se había molestado en buscarla, sabía que su hermano lo habría impedido por todos los medios. Había pasado el viaje con un pellizco en el corazón, pensando en que quizás no la volviera a ver, y no había podido despedirse de ella.

-Albus, vamos ¿Vas a quedarte ahí parado todo el verano?- preguntó Bere, detrás de él en el pasillo que él estaba colapsando. Asintió , aturdido, y bajó del tren, con sus amigos pisándole los talones.

-Bueno, Albus, cuídate.- dijo Bere mientras le abrazaba. Albus le devolvió el abrazo y ella continuó hablando.- Y gracias por todo.

-No hay que darlas.- contesto el joven mientras se separaba de ella para estrecharle la mano a Jeremy.

-¿A mi no me vas a abrazar, Albus?- bromeó Jeremy haciendo una falsa cara de puchero. Albus sonrió.

-Sé que cuando abrazas a algún tío es para mirarles el culo , asi que no, Nott,no voy a despedirme de ti con un abrazo.

Jeremy acentuó su sonrisa.

-Odio que me conozcas demasiado bien-le palmeó el hombro.- Escribe ¿Vale?

Claro

Ambos amigos se alejaron de Albus, para reunirse con sus familias. Un poco más lejos de donde Silver se reunía con la suya, se encontraba su padre, junto a su madre, sus tios ,Sus hermanos y sus primos. Eran con mucho el grupo más numeroso del andén. Su padre alzó un brazo para indicarle donde estaban y Albus asintió a lo lejos, mientras se acercaba arrastrando su baúl. Cuando quedaban pocos metros para llegar hasta ellos, una voz le llamó.

-¡Albus!

Se volvió y vio a lo lejos, unos metros más allá, a Vega Malfoy rodeada con su familia. Estaba mas bella que nunca, el sol jugaba con sus cabellos claros, arrancándoles destellos dorados y plateados, y sus ojos oscuros brillaban de emoción, como siempre que miraba a Albus. Él se quedo quieto, sin saber que hacer. A poca distancia, oyó cómo su padre lo llamaba.

-Albus, vamos. ¿Es que estás sordo?

Si, lo estaba. Cuando miraba a Vega Malfoy, estaba ciego y sordo para el resto del mundo.

Al otro lado del andén, Vega Malfoy observaba a Albus Potter. Su cabello oscuro revolviéndose con la brisa, siempre despeinado, sus ojos verdes mirándola de esa forma, tan penetrante, tan intensa. Había aprendido a descifrar las miradas de Albus incluso en la lejanía, habían aprendido a detectar señales incluso en la distancia. La voz de su madre se oyó como si viniera de muy lejos.

-Vega, cariño. Debemos irnos ya, tu padre tiene una reunión importante.

A ella le traían sin cuidado las reuniones de su padre. Le traía sin cuidado lo que ocurría a su alrededor, para ella en ese momento sólo existían esos dos ojos verdes que la observaban.

Como en un sueño, avanzó lentamente hacia donde se encontraba Albus, viendo como a cámara lenta las personas que la observaban a lo largo del Andén. Sabía que su familia no le gustaría lo que estaba haciendo, pero en esos momentos sentía algo tan fuerte con Albus, que ni si quiera el odio de su familia iba a impedirle despedirse al menos de él.

Albus miró a Vega acercarse hacia donde él estaba, mirando levemente por encima de su hombro, vio a su padre mirándolo con enfado, pero volvió la cara. Su padre últimamente se pasaba la vida enfadado. Echó a andar para ir al encuentro de Vega, la chica que había roto todos sus esquemas, la chica que había puesto su mundo boca abajo y lo había zarandeado, la chica de la que se había enamorado por primera vez.

Ambos se encontraban a escasos milímetros el uno del otro, mirándose como sólo ellos sabían mirarse. El mundo había dejado de existir alrededor de ellos. Fue Albus quién habló primero.

-Te quiero, Vega Malfoy. Para siempre.

-Yo también te quiero, Albus Potter. Para siempre.

Albus la tomó por la cintura y, atrayéndola hacia él, la besó. Ella correspondió a su beso poniendo sus manos alrededor de su nuca, acariciándole levemente el vello que nacía en la base de su cabello.

Más lejos de ellos, Harry Potter fruncía el entrecejo, mientras hacía ademán de ir hacia donde estaba su hijo, besándose con la hija de la persona que más odiaba en Hogwarts. Ginny lo sujetó del antebrazo.

-Harry ¿A dónde vas?

-A impedir que nuestro hijo acabe siendo familia de esa familia de serpientes.

Ginny alzó los ojos al cielo.

-Harry, tienen dieciséis años. Vamos, déjales que lo vivan, sólo van a tenerlos una vez.

Harry pareció pensarlo unos minutos, pero luego, refunfuñando se quedó de brazos cruzados al lado de su mujer,haciéndole caso a sus consejos. Ginny le besó en la mejilla, complacida. Sabía que era la única que tenía ese efecto en Harry Potter.

En el otro extremo, Draco Malfoy observaba la escena con la misma cara de horror que su antagonista.

-¡Maldita sea!-exclamó. Se volvió a su mujer.- Esa chica nos está poniendo en ridículo delante de todo el andén. Besarse de esa manera delante de todos…
¡Y con Potter! Me va a oir.

Avanzó unas zancadas, aunque no llegó muy lejos. Su hijo Scorpius le salió al paso, impidiendo que siguiera avanzando.

-Aparta, Scorpius. No voy a dejar que tu hermana tire toda su reputación por la borda.

- No, padre.- dijo Scorpius con voz baja pero firme.- Esta vez no.

Draco Malfoy miró unos segundos a su hijo, entre sorprendido y molesto, pero finalmente se dio la vuelta, contrariado.

-Esta familia va a tener una larga conversación cuando lleguemos a casa.- Miró a su hijo mayor y a su mujer.- Os espero fuera.

En medio del andén, Albus y Vega seguían besándose, ajenos a lo que ocurría a su alrededor, ajenos a las miradas divertidas de sus compañeros, ajenos a las miradas iracundas de sus familias. Porque el amor, como tantas veces se había demostrado, es la magia más poderosa que existe, incluso contra el odio.

FIN

Gracias a los lectores que hayan llegado hasta aquí 😊Si os ha gustado, (o no) no dudéis en escribirme un comentario.