Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia le pertenece a AngstGoddess003. Y está siendo traducida por varias personas en el Blog de A.P.
Capítulo 39: Quejas Duras de Granola. PRIMERA PARTE.
Traducido por: Betzacosta.
*Edward*
Entrecerré los ojos ante la pregunta sobre el papel mientras mis cejas se fruncían en concentración y mis codos se hundían en el colchón.
¿En qué año Japón lanzó la Segunda Campaña Indochina-Francesa y expulsaron al estado Francés y se instaló formalmente el emperador Bao Đại en el efímero Imperio de Vietnam?
Mi cabeza se inclinó cuando leí la pregunta por séptima vez, y estuve bastante seguro que era una oración continua, ¿verdad? Jodida mierda. Bufé y rasqué mi frente relajándome más en mi cama, acostado sobre mi estómago.
Era tarde. O, puñeteramente temprano. No que eso importara. Tenía esta maldita prueba de práctica burlándose de mí por los errores gramaticales, y rápidamente garabateé mi mejor suposición antes de pasar a la siguiente bastardización del idioma inglés.
Una lengua chasqueó encima de mi hombro al lado de la cama, y apreté los dientes.
—Eso no está bien —meditó ella en voz baja a la vez que miraba a mi respuesta en el papel una vez liso. Se había convertido en una víctima de mi agresión.
Me elevó una ceja y volví la cabeza hacia arriba para tener una mejor visión de su cara.
—¿Quiere iluminarme, señorita "Yo sé toda mierda"? —Bromeé. Bueno, mayormente bromeé. En secreto, ella había estado extrañamente molestosa desde dos horas atrás.
Frunció su labio, pensativa ante la pregunta por un momento antes de emitir un suspiro de derrota.
—No puedo recordar la fecha. Solo... no creo que eso sea correcto —concluyó con un encogimiento delicado y se apartó de la cama para caminar hasta el sofá.
Suspiré bruscamente y estuve preparando para lanzar un comentario sarcástico sobre lo malditamente inútil que ella estaba siendo cuando mis ojos involuntariamente viajaron a sus piernas desnudas. Su falda de capa con gasas roja oscilaba alrededor de sus rodillas, y estuve hipnotizado por sus movimientos fluidos mientras caminaba por encima de mi desorden en el suelo.
Sacudí mi cabeza y traté de concentrarme en la siguiente pregunta.
—Dime de nuevo, ¿cómo fue que llegaste aquí? —Murmuré distraídamente mientras cazaba otro pasaje en el libro de texto. Traté de ignorar el impulso de saltar y limpiar toda la ropa sucia que estaba tirada en el suelo. Quiero decir, esa no puede ser una cualidad atractiva, ¿verdad?
La risa suave de Bella resonó en mis oídos.
—No lo hice —respondió simplemente, y su evasión a mi pregunta hizo imposible que mi frustración se calmara, pero lo dejé pasar. ¿Cómo podría cabrearme con mi chica por venir a acompañarme? No podía.
Seguí respondiendo a las preguntas de la tarea, y estaba irritado por la certeza de que iba a fallar esta prueba. Yo nunca fallaba un examen. Y esta mierda realmente estaba jodiendo con mi decisión de permanecer despierto.
Bella suspiró sonoramente desde el sofá, ganando mi atención así que giré a verla.
—Estoy aburrida —murmuró girando un brillante rizo de su cabello marrón alrededor de su dedo. Llevaba ese traje rojo sexy de San Valentín, y estaba seguro que solo estaba haciéndolo para distraerme.
Y estaría totalmente jodido si dijera que no estaba funcionando.
Traté de apartar mis ojos de su escote e ignorar la forma en que el collar que le había dado desviaba mi atención a sus tetas. Estoy bastante seguro que esa no fue la razón por la que lo compré. Estaba indignado conmigo mismo por comérmelas con la mirada, y todavía frustrado tanto por su aburrimiento como por el mío. Podríamos estar haciendo cosas mejores.
—Bueno, mierda, Bella —comencé mientras la molestia de nuevo se metía en mi tono—. Siempre podríamos tomar una puta siesta o algo así —exploté e inmediatamente me sentí como una mierda cuando su rostro decayó y ella se estremeció.
Dejó caer el mechón de cabello. Parecía que su escote cayó hasta su estómago.
—Ya hemos hablado de esto, Edward —susurró con remordimiento, sus ojos se desviaron a su regazo.
Observé su expresión sombría por un momento, y mi culpabilidad se hinchó al atacarla tan duramente por algo que ni siquiera podía controlar.
—Lo siento —me disculpé en voz baja a su ceño fruncido y respiré hondo para calmar mi frustración. Quiero decir, era bastante jodido (y bastante raro) que yo estuviese alguna vez molesto con mi chica.
Me sentí como un malparido.
Era suficiente con que hubiese venido, y recordé eso mientras forzaba una sonrisa torcida, cuando ella me miró desde debajo de sus pestañas. Me devolvió la sonrisa tentativamente, una de las esquinas de sus labios rojos arqueándose con dulzura, porque esa sonrisa torcida era suya y de nadie más. No me pertenecía a mí. Era jodidamente suya. Estaba bastante seguro que ella también lo sabía. Era la única razón por la que yo todavía estaba aquí, en esta casa.
Me imaginé que Emmett podría haber estado esperándome en la sala de estar, y cualquier otra noche, yo ya habría estado allí. Se había convertido en una especie de ritual que ambos nos encontráramos cerca de la medianoche y pasáramos unas horas en cualquier maldito videojuego que Emmett hubiese elegido. Mataba el aburrimiento, y aunque rara vez hablábamos de cualquier cosa no relacionada con lo que estábamos haciendo en el momento exacto, dejaba que él me divirtiera con sus reacciones desproporcionadas por patearle el culo.
Pero por primera vez en más de un mes, no iba a abandonar mi habitación esta noche para reunirme con él. No había manera de que pudiera dejar a mi chica. Se veía tan condenadamente hermosa y sexy mientras me sonreía y se relajaba en el cuero negro... yo tenía que tocarla. Por todos lados.
Pero desde el primer segundo en que me di cuenta que estaba parada en el medio de mi habitación, toda malditamente roja y perfecta en la porquería del entorno de mi vida... ella no me lo permitió. Dijo "galleta" antes que pudiera sentir su piel o su cabello, y aunque estuve confundido y herido, me aseguró que solo estaba teniendo una mala noche. No sabía qué coño significaba eso. Para nosotros todas las noches eran «malas» a menos que estuviésemos juntos. Y ahora que por fin estábamos juntos, pensé que podría ser como en los viejos tiempos.
Vergonzosamente, la primera idea que cruzó por mi mente cuando mis ojos se posaron en ella fue... dormir. Bella era dormir, especialmente cuando estaba de pie en mi habitación a las once de la noche. Por primera vez en mi vida, me sentí como si quisiera usarla. No solo ella era dormir, sino que ella era comida y lujuria y distracción y consuelo y afecto. Fui un gran idiota por no verla inmediatamente por quién era, y no por lo que me podía ofrecer.
Esta culpa, unida a la santidad incorruptible de la palabra de seguridad, ayudó a alimentar mi decisión de mantener la distancia que me pidió porque incluso si no pudiese tocarla... o dormir, tenía suerte solo por tenerla aquí.
Vi como ella de pronto se llevó las manos a su cabello con una sonrisa y quitó los dos broches que sujetaban el flequillo hacia atrás. Mis labios se torcieron en diversión mientras los miraba en su mano petulante. Ellos siempre hacían que le doliera la cabeza, y de cualquier manera yo prefería más su cabello suelto.
Con un suspiro sostenido, ella usó sus dedos para peinar su cabello lejos de su frente, llevándolo hacia atrás y destruyendo la línea de división perfecta de su cabello volviéndolo en ondas desordenadas de rizos alrededor de su cara. Fue un gesto extrañamente sexy, y estuve tan fascinado que casi no me di cuenta de su enfado lanzando los ofensivos accesorios para el cabello en mi piso con una mirada irritada en la zona donde aterrizaron.
—De verdad has descuidado tu cuarto —suspiró con tristeza al suelo mientras se relajaba y parecía mucho más cómoda libre del dolor del cuero cabelludo.
No pude ocultar mi ceño fruncido desviando mi mirada hacia mi trabajo.
—¿Yo... no estaba esperando compañía? —Evadí torpemente. Era como si ella solo jodidamente supiera lo mucho que me estaba molestando.
—Podría arreglarlo si lo deseas —ofreció ella con voz tímida.
—No, gracias —rechacé con brusquedad, y quizás un poco demasiado rápido mientras evitaba su mirada. Una cosa era que la dejara hacer mi comida y tararearme para dormir, pero que me condenaran si iba a sacrificar el poco de dignidad que seguramente estallaría en llamas si la veía recoger mis calzoncillos sucios del suelo. Cada hijo de puta tenía que trazar una línea en alguna parte.
Suspiró, y de nuevo estuvimos en silencio mientras yo trataba de... jodidamente... enfocarme.
Las preguntas del examen. Enfoque. Indochina. Enfoque. Imperio de Vietnam. Enfoque. Las tetas de Bella a centímetros de mi ropa sucia. Mierda.
Concéntrate. Ho Chi Minh. Concéntrate. Viet Minh. Concéntrate. Las tetas de Bella y ese collar. Mierda.
Habíamos pasado todo el mes escondiéndonos detrás de la escuela desapareciendo del almuerzo para... bueno... en verdad solo besarnos y tener privacidad para variar. A pesar que por lo general hablábamos y comíamos, cuando nos besábamos, siempre he sido amable y tierno. Por suerte, el impulso animal de poseerla nunca regresó, pero jamás pasamos de la parte de besarnos, y a pesar de que ansiaba tocarla por todas partes, nunca lo hacía.
Ella parecía disfrutar de la parte cariñosa, a pesar que ambos salíamos despeinados y más sexualmente frustrados de lo que habíamos estado alguna vez mientras dormíamos en la misma cama. Toda esta mierda de la frustración sexual estaba dañando mi enfoque, y estaba decepcionado de las anfetaminas. Quiero decir, para eso era que servían, y demonios... tenía que aprobar este examen.
—Entonces —comencé, deseoso de aliviar su aburrimiento y por lo menos entablar una conversación con ella—, ya que claramente eres tan astuta en todas las cosas de Indochina, creo que deberías ser la jodida genio en esta prueba de práctica. —Me equilibré en un codo, levantando el papel en mi mano libre mientras lo agitaba suavemente y sonriendo.
Resopló y dobló sus piernas debajo de su cuerpo negando con la cabeza. Hice un puchero todo dramático pero estaba muy fascinado en secreto con la forma en que sus ojos brillaban. Se veía tan jodidamente descansada. Apenas podía ver sus ojeras. Empecé a reflexionar sobre preguntarle si había dormido antes que ella finalmente notara mi mohín de burla.
—Mala suerte, Cullen —resopló y apoyó su codo en el respaldo del sofá con una sonrisa—. Eso es lo que te pasa por estar en curso avanzado. —Me guiñó un ojo seductoramente. No ayudando a que me enfocara.
Sonreí apretadamente sobre la mueca que luchaba por emerger sobre el sonido de ella llamándome «Cullen». ¿Qué demonios fue eso? No estaba seguro de por qué, pero me molestó. En vez de actuar como un idiota sobre ello, puse los ojos en blanco divertido y devolví la hoja al libro de texto.
—Lo recordaré mañana cuando estés vuelta loca malditamente corrigiendo Trigonometría. —Sonreí de regreso, a lo que ella apreciativamente asintió susurrando un delicado "Touché".
Sonreí y volví a mi lectura del libro de texto antes de mirar a escondidas hacia ella por debajo de mis pestañas como normalmente me hacía, porque la venganza era una perra.
—Y, por cierto —empecé con una voz baja y sugerente que sabía que probablemente encontraba sexy o algo así—, puedes hacer que consiga suerte mostrándome una teta cuando quieras. —Le guiñé juguetonamente.
Con eso, sus ojos se oscurecieron repentinamente, y se enderezó en el sofá. Sus largas pestañas rozaron su frente mientras bajaba su cabeza y me miraba. Y esos labios rojos carnosos malditamente formaron una sonrisa maliciosa que de inmediato hizo que mis hormonas despertaran. Ella solo se veía tan jodidamente... diferente. Casi engreída.
Mis ojos se ampliaron, y tragué audiblemente cuando sus manos se dirigieron al borde de su blusa y comenzó a subirla. Estoy endemoniadamente seguro que estaba aturdido y sin palabras, y mi mandíbula estaba probablemente en peligro de quedar colgada. No sabía qué hacer mientras la veía levantarla y pasarla sobre su cabeza. Quiero decir, mierda, Bella. No estaba hablando en forma literal. ¿Nunca has oído hablar del coqueteo?
Por alguna razón, no la detuve.
Descartó la tela roja y luego se quedó sentada en ese sujetador de encaje rojo que había hecho más apariciones repetidas en mis fantasías de lo que jamás voluntariamente admitiría. Poco a poco, su mano llegó a su espalda, arqueando el pecho y mirando fijamente a mis ojos con una sonrisa mientras se desabrochaba el sujetador y lo deslizaba por sus hombros.
Quería abrir mi boca y decirle lo puñeteramente innecesario que era todo este strip tease, pero... no podía formar las palabras, así que observé, paralizado, mientras el sujetador de encaje rojo caía por sus brazos, dejando al descubierto sus pechos y aterrizando en su regazo.
Podía sentir mis ojos oscureciéndose a medida que recorrían su pecho desnudo, y me removí involuntariamente contra la cama, mi erección presionando dolorosamente en el colchón debajo de mí. No era como si no me hubiera acostumbrado a erecciones dolorosas durante los últimos cuatro meses. Jodida calienta polla.
Ella sabía que no podía tocarla, que no podía besarla y ni siquiera podía oler su mierda. Sin embargo allí estaba… desvistiéndose y sonriéndome maliciosamente mientras se relajaba de nuevo en el sofá para empezar a enredar su rizo brillante alrededor de su dedo… medio desnuda.
Arranqué mis ojos lejos de la visión de sus pechos turgentes y ese maldito collar y el cabello rizado contra la piel pálida para calmar las hormonas y tratar de terminar mi examen.
—Touché —reconocí con voz vergonzosamente ronca luchando en centrarme en Indochina.
Ella iba a pagar por esa mierda mañana en el almuerzo cuando pudiera volver a tocarla. Esperemos.
No pude recordar exactamente cuándo se fue Bella esa mañana. Me fui al baño a orinar porque la cafeína mezclada con la erección hizo que mi vejiga rogara por la liberación. Cuando salí, ella simplemente... se había ido, y el sol estaba saliendo afuera de mis puertas francesas.
Bufé enojado y pasé los dedos por mi cabello mirando fijamente al suelo desordenado, debatiendo si lo limpiaba o no. Ella podría regresar de nuevo esta noche y me sentiría otra vez como un pinche cerdo. Decidí esperar hasta después que regresara a casa de la escuela, porque esas horas siempre eran las peores para mí y agradecería la distracción.
Me arreglé mayormente como siempre hacía y estuve fuera de la casa antes que Carlisle siquiera pudiera mirarme de reojo. Dejé de hablar con él de nuevo después de mi cumpleaños. Llámenme jodido infantil, pero estaba harto de su mierda. Estaba cansado de sus juegos y me negaba a hacer algo más de lo absolutamente necesario. Iba a la escuela, obtenía las calificaciones, comía la comida, atendía mi higiene, me cambiaba de ropa, y colgaba como un maldito títere cuando repetía la farsa otra vez al día siguiente.
Recogí a Jazz y le permití hablar animadamente sobre alguna nueva película mientras asentía y fingía prestar atención. Mis párpados se cerraban y luché por mantenerme coherente mientras conducía. Utilicé el recuerdo de mi chica sentada en el sofá medio desnuda toda la noche para mantenerme alerta.
Síp. Bastante jodidamente eficaz.
Cuando entramos en el aparcamiento, estaba ansioso y nervioso de que ella todavía se sintiera «mal» y que no quisiera que la tocara. Por suerte, ella salió del Porsche y se dirigió directamente a mí como lo hacía cada mañana. Me contuve de fruncir el ceño al darme cuenta que se veía diferente a como estaba solo unas horas atrás. Sus ojos estaban más oscuros, su cara cetrina, sus mejillas hundidas y los labios pálidos, y sus párpados morados cubrían la mayor parte de su visión. Ella parecía estar bien antes de salir de mi habitación, pero ahora se veía igual a... igual a como se veía ayer cuando nos despedimos en el estacionamiento después de la escuela.
Sonreí mientras entraba a mis brazos y agarraba mi cuello con tanta fuerza que casi me ahogue, y estuve tan puñeteramente aliviado. Envolví mis brazos en una sujeción firme alrededor de su cintura y enterré mi nariz en su capucha, siendo finalmente capaz de tocar y oler y besar a su cabeza. A pesar que disfruté mucho la visita nocturna, fue jodidamente insoportable ver y no tocar. Sonreí con tirantez cuando la liberá.
—¿Todo salió bien esta mañana? —Le pregunté con nerviosismo, rezando para la mierda que Esm no la hubiese atrapado. Esa era la última cosa que necesitábamos, y deseaba haberle prestado más atención a ese riesgo en el momento.
Ella apretó los labios y ladeó la cabeza.
—Síp. —Se encogió de hombros con indiferencia, y expulsé una bocanada de aire que no me había dado cuenta que hubiese estado conteniendo.
Ella no se estaba sintiendo «mal», y no fue atrapada. Mi chica era una condenadamente excelente delincuente juvenil.
Le sonreí con alivio y la guié a la clase, ansiando el almuerzo, y podía notar que ella lo hacía también porque cuando mis labios se encontraron con su cuello delante de su puerta, se estremeció. Sonreí contra su piel cuando la solté y la vi entrar en el salón. Arrastrando sus pies de una manera que en verdad puñeteramente me preocupaba. No había parecido tan mal más temprano.
Alejé el sentimiento de malestar y pasé el día como normalmente lo hacía. Me clavaron en mi examen de Historia. Una hija de puta "F". Eso agrió mi estado de ánimo, así que arrugué el papel en mi puño, tirándolo al basurero del pasillo mientras caminaba para encontrarme a Bella para el almuerzo.
¿Cuándo demonios yo visitaría Indochina de cualquier forma?
Al llegar me estaba esperando en su asiento con la cabeza apoyada en sus brazos. Debió haberme oído acercarme, porque cuando entré por la puerta, su cabeza de repente se volvió y me sonrió con complicidad.
Lo admito, había estado jodidamente impaciente por el almuerzo durante todo el día. Yo debería estar llevándola al comedor para que pudiera dormir porque lucía inquietantemente agotada, pero en su lugar, envolví mi brazo alrededor de sus hombros mientras se levantaba y la llevé fuera del aula hacia nuestro lugar familiar. No podía asumir toda la culpa, porque sus pasos se volvieron más vivos contra la acera a medida que nos acercábamos a los dos edificios, justo igual a como lo eran todos los días que salíamos al mediodía.
Nos deslizamos entre los edificios, y la liberé cuando finalmente llegamos al sitio y asumimos nuestra posición habitual en el suelo, uno al lado del otro en la pared. Ella sonrió mientras sacaba mi bolsa de papel marrón, y rodé mis ojos para el coño mientras se la quitaba.
Fui por las galletas primero, y no porque sabía que estarían deliciosas, sino porque tenía curiosidad sobre Esme. Era común en estos días que mi chica hiciera que los nombres de las galletas giraran alrededor de Esme, y tenía la esperanza de alguna mejoría en sus intentos de romper su determinación en contra de nuestra relación.
Por supuesto, el nombre de la galleta no era muy alentador. Quejas Duras de Granola.
Fruncí el ceño ante la tinta negra, frotándola con el pulgar como si pudiera borrar toda la mierda y hacer que todo fuera perfecto. Qué puta broma.
Con un suspiro, Bella se quitó la capucha y fruncí las cejas preocupado sobre la textura de su cabello sin brillo mientras bajaba las galletas. Había estado tan brillante anoche.
—Entonces —comenzó, apoyándose en mi lado con un bostezo profundo—. Pregunté por ahí y... finalmente descubrí quién fue el original James Bond —continuó con un bostezo diminuto, negando con la cabeza mientras me miraba de reojo—. Tenías razón. Sean Connery fue el Bond original —concedió referente a un debate que tuvimos el día anterior. Después puso los ojos en blanco ante mi expresión de suficiencia, porque... mierda, Bella. Todo el mundo sabe que Connery fue el Bond original—. En mi defensa —añadió toda puñeteramente indignada, frotándose los ojos por las lágrimas residuales por los bostezos—. Roger Moore fue mucho mejor. —Se encogió de hombros relajándose contra la pared mientras estiraba sus piernas.
Bufé por su ignorancia y observé su pose levantando mi brazo, ella me concedió el acceso a sus hombros.
—Está bien. Podría pasar toda la hora debatiendo esa mierda. —Arqueé una ceja con escepticismo, porque... no había jodida manera que Moore fuera mejor que Connery—. Pero —continué mientras la acercaba y le plantaba un beso en la sien. Bajé mi voz para que fuera sugerente de nuevo—. Probablemente me mostrarías tus tetas para distraerme de tus insultos a las películas clásicas —murmuré contra su piel con una sonrisa. Mi mano encontró su barbilla y elevé su cara.
Me miró a los ojos con diversión y sus labios se torcieron.
—¿Discúlpame? —Casi se rio, pero la corté rápidamente al chupar el labio inferior en mi boca, y ahora, fue ella quien se quedó sin habla.
La besé despacio y con suavidad, pero mi mano estaba jodidamente muriendo de las ansias por saber si todavía estaba usando ese brassier rojo. No había tocado sus pechos desde esa última noche que dormimos juntos, así que estaba reacio a solo jodidamente... agarrarlas.
Pero suspiró en mi boca y abrió los labios para profundizar el beso, y la lujuria mientras nuestras lenguas se encontraron me recordó... ella no dudó anoche en mostrarlas.
*Bella*
La sensación de su lengua contra la mía hizo que cada célula de mi cuerpo volviera a la vida, y tragué un gemido cuando la mano de Edward encontró mi cadera y me atrajo más cerca.
La mejor manera, por mucho, de estar alerta.
Todo el día había sido una lucha, y aunque nunca dejaba que Edward lo viera, había pasado toda la clase consumiendo café de mi termo solo para mantenerme coherente. No solía esconder el hecho de que estaba muy cansada, pero sabía que probablemente insistiría en llevarme al comedor a dormir, y yo estaría perdiéndome esto.
Nuestras lenguas se entremezclan con languidez, y la forma en que se apoderó de mi cadera trajo un flash superficial de recuerdo: aquella tarde hace más de un mes cuando me apretó contra la pared de ladrillo detrás de mí. Gemí en la boca de Edward por el recuerdo, y él torció el cuerpo para acercarse a la vez que un destello de lujuria y excitación me vigorizó un poco.
Él ya no actuaba más así. Ahuecaba mi mejilla y acariciaba mi cabello mientras su lengua se movía suavemente sobre la mía. Era tierno y amoroso, pero ya no era dominante y urgente. Sentí una oleada familiar de culpa y vergüenza por estar confundida sobre qué versión de afecto prefería.
Había momentos en que casi consideraba mencionar terapia de nuevo simplemente para obtener su anterior reacción, hasta que me daba cuenta de cuán completamente horrible y malvada eso me convertía, lo cual de nuevo hacía que mi pecho se hinchara con la culpa y confusión.
A decir verdad, estaba demasiado cansada como para hacer el esfuerzo mental necesario de encontrar los complejos significados detrás de todo esto, así que permitía que me besara así, y amaba cada segundo de su adoración reverente en mis labios y cara y cabello. Tuve que apartar la tentación de impulsar su personalidad más urgente.
Su mano comenzó a trepar por mi lado, e incliné mi cuerpo hacia él para tejer los dedos en la parte posterior de su cabello. Sonrió en el beso mientras su mano ascendía, y estuve momentáneamente confundida de su diversión hasta que su mano de repente agarró mi pecho.
Di un grito ahogado de sorpresa, y me aparté un poco, abriendo los ojos para mirar sus ojos con una sonrisa mientras se humedecía sus labios y masajeaba mi pecho con la palma de la mano con pereza. Sus ojos estaban tan oscuros que estuve inmediatamente preocupada por la forma en que parecían muy desenfocados. Casi moviéndose de lado a lado mientras su nariz tocaba la mía con suavidad y yo gemí involuntariamente. Él no me había tocado así desde... hacia demasiado tiempo, y estaba empezando a hacer hervir mi sangre a la vez que mi respiración se hacía más profunda.
Tomó mi gemido como un estímulo, y rápidamente movió su mano hasta el dobladillo de mi sudadera con capucha, deslizándola por debajo a la vez que sus labios iban a mi cuello. Me incliné para darle un mejor acceso cuando su fría mano se deslizó por mi torso hacia mi pecho de nuevo.
—Mmm —tarareó en mi cuello, y yo empecé a morder mi labio cuando su pulgar acarició mi pezón sobre la tela—. Te cambiaste el brassier rojo, pero no me importa un carajo —murmuró en mi piel y metió los dedos debajo de mi sujetador, sorprendiéndome de nuevo por lo que di un grito ahogado y me arqueé contra su mano involuntariamente—. Todos ellos se ven mejor en mi piso de todos modos. — Se rio con voz ronca y continuó masajeando.
Batallé las ganas de subirme a su regazo mientras tarareaba por las sensaciones de su mano.
—¿De dónde viene todo ese repentino interés en mi ropa interior? —Le pregunté distraídamente acariciando su cabello y empujándolo más cerca. Estaba agradecida por su audacia, porque aunque realmente me encantaba el beso suave, había decidido que este era mucho mejor.
—Fuiste tan jodidamente cruel anoche —gimió en mi cuello. Yo me arqueé contra él de nuevo para acercarme—. Espero que te des cuenta que fallé esa prueba a causa de estas —murmuró y alternó con mi otro pecho mientras yo gemía.
Tejí mis dedos en su cabello y fruncí las cejas en confusión.
—¿Qué? —Le pregunté sin aliento cuando sus dientes rozaron mi oreja.
—Vas a tener que decirme cómo te las arreglaste para superar el sistema de seguridad de Carlisle —susurró con voz ronca en mi oído—. Porque... demonios, Bella. He estado tratando de hacer esa mierda por años —susurró y sus labios regresaron a mi cuello al mismo tiempo que me masajeaba, y su lengua encontrando mi piel casi me distraigo por completo, pero me las arreglé para apartarme infinitamente.
Me encontré con su mirada oscurecida, y él todavía estaba lamiendo sus labios y acariciándome. Yo fruncí mis cejas, confundida.
—¿De qué demonios estás hablando? —Le pregunté intentando alejarme y resistir el placer de su mano atrapada firmemente entre mi carne y mi sostén.
Sus labios se elevaron en una sonrisa, y se zambulleron en mi cuello de nuevo.
—No pretendas que no puedes recordar el strip tease. —Se rio soñoliento contra mi piel, y yo traté de alejarme de nuevo.
—¿Qué? —Repetí mi pregunta débilmente, porque me había perdido por completo en esta conversación y sus manos no estaban ayudando a mi enfoque. Negó con la cabeza contra mi cuello con otra risa profunda y no cesó el movimiento de la mano.
Se sentía bueno. Muy bueno. Estaba casi resignada a ignorar esta extraña conversación antes de analizarlo en verdad, pero cuando traté de alejarme de nuevo, sus labios y su lengua estaban en mi cuello, y empecé a sentirme frustrada.
Puse mis manos sobre sus hombros y traté de empujarlo, pero él no se movió, así que hice lo único que sabía con certeza que iba a funcionar.
—Galleta —le espeté con brusquedad y tal vez más irritada de lo que quería.
Su mano se retiró inmediatamente de mi sujetador y sudadera con capucha mientras se tambaleó hacia atrás con un medio gemido, medio gruñido, y volvió a su posición en contra de la pared. Sus ojos estaban cargados de sueño y apretados mientras su mano se pasaba por su cabello y fruncía el ceño sin comprender.
Enderecé mi sujetador y sudadera frunciendo el ceño al ver su expresión frustrada.
—¿Qué pasó anoche? —Pregunté en voz baja, inclinando la cabeza y tratando de alcanzar su mano. Odiaba frustrarlo y utilizar la palabra con un propósito que no estaba relacionado con el pánico era muy injusto. Se sentía como el chico gritando que viene el lobo o algo así.
Él resopló y me permitió tomar la mano, se encontró con mi mirada y arqueó una ceja.
—Entraste a escondidas en mi dormitorio, te quitaste tu camisa, me enseñaste tus tetas, ¿algo de esto te suena? —Habló en un tono áspero y levantó las cejas con expectación.
Lo miré a los ojos por muchos minutos para determinar si estaba jugando conmigo o no, o si me había vuelto tan somnolienta que simplemente entendí mal sus palabras. Pero él se puso serio. Él todavía estaba frunciendo el ceño.
—Edward —comencé, y aclaré mi garganta porque se sentía apretada, y no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo—. Nunca dejé mi habitación anoche —le susurré con voz de disculpa sin soltar su mano y tratando de calmarlo con una suave caricia de mi pulgar.
Sus labios enrojecidos se curvaron abruptamente en una sonrisa, mirándome con una inesperada expresión perpleja. Los míos se mantuvieron sin cambios, seguí acariciando su mano y observando confundida sus ojos verdes. Mientras miraba a mi expresión de confusión por varios segundos, su sonrisa se desvaneció lentamente a una línea apretada y frunció el ceño con suavidad.
—Dejar de joder conmigo —me susurró suavemente y apartó la mano.
Debí haber estado boquiabierta ante él.
—¡Estoy hablando en serio! —Insistí, sintiéndome bastante insultada porque no me creyera, pero Edward bufó de vuelta y me miró con suspicacia. Me fui frustrando más a la vez que recapitulaba mi rutina nocturna en voz alta—. Hice galletas a las ocho, estuve en la cama a las nueve, leí cuatro capítulos de mi libro, utilicé mi baño a las tres y veintisiete, y luego me metí de vuelta bajo las mantas hasta que salió el sol, y nunca dejé mi dormitorio, Edward. —Mi frustración rápidamente se volvió alarma cuando las palabras salieron de mi boca, y él se volvió visiblemente molesto.
Me miró con sus ojos verdes agitados por mucho tiempo, sin saber qué hacer con esto. Su rostro se mantenía rígido y la arruga ahora constante en su frente se profundizó mientras sus ojos todavía tenían ese movimiento extrañamente desenfocado.
De repente, se levantó del suelo de un salto y sus ojos se enfurecieron, cogió cogía su mochila y se volvió hacia mí con una mirada rabiosa.
—Tú —dijo señalando con el dedo acusador a donde yo estaba sentada—, estás completamente llena de mierda —espetó, girando sobre sus talones y saliendo enfurecido por el pasaje entre los edificios mientras yo lo miraba en estado de shock.
Me tomó un tiempo recuperar cualquier pensamiento racional antes de ponerme de pie y que se me ocurriera acercarse a la cafetería para buscarlo, pero cuando entré en la puerta y miré a la mesa, me di cuenta que el asiento de Edward estaba vacío. Me aparté de la puerta y miré al estacionamiento antes de darme cuenta que su auto había desaparecido.
Todavía confundida y lo admitía, un poco herida, entré en el comedor y caminé tambaleante hacia Alice, porque tenía que averiguar lo que estaba pasando.
—¿Quieres, qué? —Preguntó con incredulidad mientras yo me movía de un pie a otro con ansiedad a su lado.
Gemí con frustración, careciendo de la paciencia y energía para participar en una discusión con Alice.
—Alice, por favor. Yo sé cómo conducir un auto —sonaba como una niña desesperada, pero ella estaba haciéndome perder el tiempo. Ella medio se echó a reír histéricamente antes de girar a su comida como un descarte claro de mi petición. Jasper me miró como disculpándose desde su lado opuesto, yo respiré profundamente para calmarme.
Me incliné hacia abajo cerca de su oído, y Emmett me miró con curiosidad desde el otro lado de la mesa.
—Es Edward —susurré suplicante, y el tenedor se detuvo en el aire cuando me miró de reojo.
Me quedé de pie un rato más, sintiéndome frustrada hasta lo indecible, y preparándome para regresar a casa caminando antes que ella suspirara en derrota y comenzaba a buscar en su bolso.
—Si el Porsche muere, tú mueres. —Me dio una mirada afilada mientras yo cogía las llaves y le sonreía apretadamente en señal de agradecimiento. Ni siquiera esperé a responder a cualquier pregunta sino que me arrastré fuera de la habitación y me fui directo al Porsche amarillo.
Me confundió.
—Estúpida y costosa tecnología alemana —murmuré mientras lo sacaba del estacionamiento y descubría que tanto el freno como el acelerador eran imperdonablemente sensibles. Dejé que la dificultad de operar el vehículo bajo el ridículo agotamiento, y los estúpidos movimientos de parar y acelerar, me distrajeran de la ansiedad que brotaba en mi pecho mientras más me acercaba a nuestra calle.
Me sentí aliviada cuando vi el coche plateado en su posición habitual y recorrí nuestro camino de entrada y metía el Porsche en el estacionamiento. Sin dudarlo, me bajé y me dirigí a través del patio de la casa de los Cullen. Tuve la suerte de que tanto Esme como Carlisle estuviesen todavía en su trabajo cuando entré en el porche y miré titubeante a la puerta.
No tenía forma de saber lo furioso que verdaderamente estaba conmigo o si siquiera abriría la puerta, y aún no tenía la paciencia suficiente para discutir cualquier cosa de manera eficiente. Decidiendo que no quería esperar más tiempo para averiguar qué demonios estaba sucediendo, agarré el pomo de la puerta y entré rápidamente.
La casa estaba en silencio, y parecía vacía mientras entraba a la sala de estar con timidez. Pero su auto estaba en la entrada, y estaba bastante segura que estaría en su habitación, así que con una respiración profunda, comencé a subir las escaleras.
Era extraño cómo se sentía tan cómodo, como si yo hubiese vivido en esta casa antes, a pesar que rara vez pasé tiempo en cualquier otra habitación además de la de Edward. Mis dedos barrieron la barandilla mientras subía lentamente y con cuidado pasaba las habitaciones de la segunda planta.
A medida que subía el segundo vuelo, mi ansiedad e impaciencia me sobrepasaron, y salté dos escaleras a la vez, casi tropezando con mis propios pies, hasta que estuve en el pasillo y acercándome a su puerta con cautela.
Estaba abierta, pero solo a duras penas, y pude detectar un leve sonido de papeleo mientras extendía mi palma contra la madera y ligeramente empujaba para abrir y poder mirar dentro.
—¿Edward? —Llamé en voz baja cuando entré dudosa en la habitación.
Estaba de rodillas, todavía vestido con su chaqueta de cuero, y rebuscando entre un montón de lío en el suelo cuando se reunió brevemente con mi mirada y gruñó en reconocimiento. Me detuve con torpeza, viéndolo buscar en su piso por algo mientras dejaba que mi mirada vagara por la habitación que una vez había conocido tan bien.
No la había visto en más de un mes, y fruncí el ceño ante la ropa tirada por todo el suelo y colgando sobre el sofá negro a la vez que me movía incómoda. Estaba un poco desordenada, pero razoné que rara vez tenía visitantes, por lo que tenía sentido para él que se volviera un poco descuidado. La cama se mostraba en forma primordial en el espacio, y creo que pude haber expulsado un suspiro anhelante mientras la miraba recordando. Nunca había visto nada que pareciera más cómodo en toda mi vida.
Volví a observarlo inclinarse y parecía estar buscando por algo debajo de la cama.
—¿Qué estás buscando? —Le susurré con cautela, llevando mi labio inferior entre mis dientes. Quería que me explicara su extraño comportamiento antes de enloquecer con los peores escenarios posibles, pero parecía decidido mientras continuaba con su caza por debajo de la cama.
Él negó con la cabeza, y todo su cabello desordenado golpeó su alfombra, su cabeza seguía agachaba y los ojos escudriñaban la franja de espacio debajo del sofá.
—Las jodidas… —hizo una pausa y se sentó con un bufido, chasqueando los dedos y entrecerrando los ojos como si estuviera tratando de recordar algo. —Las... uh... malditas... cosas para el cabello —terminó débilmente, señalando a su cabello para dar énfasis.
Fruncí mis cejas ante su terminología. ¿Cosas para el cabello?
—¿Lazos? —Adiviné, arqueando una ceja mientras continuaba su búsqueda, asomándose debajo de la ropa en el suelo. Negó con la cabeza, así que seguí adivinando—. ¿Um, horquillas de pelo? —Supuse débilmente de nuevo, excavando en los recovecos de mi memoria por varios términos de accesorios para el cabello, y se tambaleó fuera del suelo, girando para mirarme a los ojos.
—Sí. —Asintió rápidamente, pareciendo sin aliento, con su pecho agitado—. Jodidas horquillas de cabello. —Y entonces simplemente se levantó y me miró fijamente. Yo no sabía qué decir ni qué pensar. ¿Por qué Edward tendría horquillas para el cabello?
—¿De quién son esas horquillas? —Le pregunté en un pequeño susurro, jugueteando con los puños de las mangas de mi sudadera.
Sus manos subieron hasta su cabello, y se apoderaron de dos puñados con un gruñido de frustración sin dejar de mirarme.
—Las que estabas usando anoche, Bella —gruñó con los dientes apretados, entrecerrando los ojos hacia mí. Me quedé paralizada.
Edward nunca me había hablado así antes, y me sentí horrible por alterarlo, pero... yo no había usado ninguna horquilla la noche anterior, y ciertamente no en su dormitorio. Ante mi expresión desconcertada, gruñó de nuevo y volvió a escanear el suelo y a mirar bajo los pantalones vaqueros y las camisas cuando me paré y lo observé con asombro.
Sus movimientos se volvieron febriles mientras tiraba la ropa y hojas alrededor, sus ojos estaban muy abiertos y escudriñando cada articulo que revisaba, su respiración comenzó a salir en forma brusca. Edward parecía tan desesperado y frenético mientras se dejaba caer al suelo, mirando debajo de la cama y el sofá, por tercera vez, que comencé a hacer la cosa más irracional y demencial que hubiese hecho antes.
Le ayudé a buscar.
Me sentí completamente ridícula cuando comencé a levantar los cojines del sofá y a pasar mis manos a lo largo de los pliegues para encontrar estas... horquillas para el cabello, pero no podía dejar de ayudarlo cuando se comportaba de esta manera. Siempre fuimos un equipo, y a pesar que dudaba que en realidad fuera a encontrarlos, mi primer instinto fue solo... ayudarlo. Era absurdo, pero casi le pedí que me describiera cómo eran cuando comencé a levantar ropa del suelo y explorar la alfombra dorada con mis ojos, asumiendo que mi atención debía centrarse en el suelo como él.
Me prestó poca atención mientras buscaba a su lado, dándome una mirada ocasional de agradecimiento por mi creatividad cuando empecé a sacudir las camisas. Una gran parte de mí realmente tenía la esperanza de que los encontraría cuando comencé a buscar en los bolsillos de los pantalones vaqueros en el suelo. Esta era una locura, porque si en verdad los encontraba, significaría que pertenecían a otra chica. El pensamiento hizo que mi corazón se hundiera.
Eventualmente, me di cuenta de lo que yo estaba haciendo y, sintiéndose bastante ridícula, me giré para notar que él arrancaba las sábanas de la cama para continuar su búsqueda. Mis ojos se abrieron con horror.
—¿Estuvo ella…? —Me detuve y traté de escupir las palabras aunque aún mantenía mi cordura—. ¿Estuve... yo en tu cama anoche? —Le pregunté en un susurro ahogado. Él se giró para enfrentarse a mí, frunció el ceño y su pecho todavía estaba abarrotado, por lo que no estuve segura de lo que estaba sintiendo. ¿Estuvo alguien, alguna chica en su cama? ¿Estaba celosa de… mí o de alguien más?
Él negó con la cabeza, y suspiré de alivio, pero se volvió imposiblemente más frenético.
—Tú estabas allí. —Señaló el sofá y comenzó a caminar apresuradamente hacia mí—. Joder, justamente allí, Bella. ¿No te acuerdas? —Se detuvo a mi lado y me cogió el antebrazo con brusquedad mirando fijamente a mis ojos con una expresión delirante. Me hizo sentir tan nerviosa que estuve a punto de... ceder y admitir que sí lo recordaba.
Pero sinceramente no había estado en su habitación, así que me mantuve callada y negué con la cabeza con cautela.
Su rostro se ensombreció, y liberó mi brazo, caminando de regreso a la cama y colapsando en ella con un suspiro de derrota. Se rio entre dientes una vez y dejó caer sus manos sobre su cabeza mientras yo lo miraba fijamente.
—Uno de nosotros está malditamente loco —murmuró entre sus manos, y sinceramente, no podía decirle esto, pero... sabía que no era yo. Había estado somnolienta y desorientada por momentos, pero la noche de anoche estaba clara en mi cabeza.
Se rio sobre sus manos de nuevo y de repente saltó de la cama, corriendo hacia el sofá donde tomó el respaldar y comenzó a inclinarlo para buscar detrás de él. Lo absurdo de la situación y su persistencia estaban empezando a irritarme.
—Yo no estuve aquí, Edward —dije firmemente cuando lo vi tirar el sofá completamente al suelo boca abajo. No me hizo caso y siguió buscando. Me estaba empezando a sentir frustrada—. ¿Cuándo fue la última vez que dormiste? —Le pregunté bruscamente, y él de repente se paralizó.
Se quedó callado durante muchos minutos, mirando a la pared, donde el sofá una vez estuvo, antes de girarse a verme.
—Honestamente, no puedo recordarlo —admitió en un susurro bajo y tenso, y mi corazón se rompió un poco mientras se sentaba en el suelo desordenado frente a mí y me miraba a los ojos. Parecía tan perdido, y deseé poder quitárselo cuando me arrodillé delante de él y me di cuenta... que nunca tuvo otra chica en su habitación.
Él nunca tuvo a nadie en su habitación.
Suspiré y sus ojos estaban haciendo esa cosa extraña de nuevo que hizo que mi corazón golpeara con fuerza por la preocupación.
—Tal vez... —susurré y eché un vistazo alrededor de la habitación desarreglada con ansiedad—. ¿Tal vez estabas como... —Me encogí de hombros, mis manos jugueteando con mis mangas de la sudadera de nuevo a la vez que evitaba su mirada y luchaba para decir mi teoría sin insultarlo— alucinando o algo así? —Sugerí con cautela. Mis manos seguían jalando y tirando de la tela y reprimí una mueca al oír las palabras salir de mi boca y quedar colgando en el aire entre nosotros.
Después de unos segundos, me encontré con su mirada de recelo y no estuve en absoluto sorprendida por lo que vi en su expresión. Yo lo hubiera mirado del mismo modo si él me hubiera acusado de estar loca. Pareció frustrado y acusador a la vez que sus ojos se estrechaban. Tragué saliva espesa.
—¿Por qué tengo que ser yo? —Frunció el ceño severamente, y su expresión se tornó suspicaz mientras yo chupaba mi labio inferior entre los dientes. Me faltaba la voluntad de expresar más mi opinión cuando sus ojos se volvieron imposiblemente más furiosos—. Carlisle me contó todo sobre tu breve episodio psicótico en el gimnasio. —Se levantó del suelo, sin abandonar jamás mi mirada aturdida mientras se enderezaba y me miraba por debajo de su nariz—. Tienes un historial de perder contacto con la realidad, Bella. Yo no. —Pareció casi aliviado cuando las palabras escaparon de su boca y sus hombros se relajaron visiblemente debajo de su chaqueta.
Y la negación era obviamente un río en la tierra de Edward también, pero yo estaría condenada si dejaba que me convenciera de creer esta... ¿cómo lo llamaba él? ¿Pendejera?
Reuní cada onza de energía que la cafeína y la ira podían proporcionar, cuadré mi mandíbula, y levanté mi barbilla mientras me levantaba del piso y encontraba su mirada enojada con la mía que se encontraba igual. Por lo menos yo fui agradable con mi insinuación. Él parecía estar muy complacido con el suyo.
Cuadré mis hombros y entrecerré los ojos hacia él y... ¿cómo se atreve? Yo sabía dónde estaba anoche. Él seriamente necesitaba despertar y oler la privación del sueño, ¿y no era él quién estaba en las drogas? Comenzó a mirarme de esa manera que yo conocía muy bien. De la manera que odiaba del transeúnte común, y mucho más de mi propio novio.
Él me miraba como si yo estuviera loca.
Bueno, qué se joda eso y...
—Jódete —escupí, imposiblemente más insultada en su empeño de lanzar todo esto sobre mí. Me mantuve firme sin dejar de mirarlo y retándolo a que repitiera su suposición.
Resopló, y pude ver en mi periférica sus puños apretándose a sus lados, sus ojos verdes brillaron y sus labios se elevaron en una sonrisa amarga.
—¿Jódete? —Comenzó, dando un paso más cerca y casi tocando mi cuerpo a la vez que inclinaba la cabeza y me miraba a los ojos—. Podría intentar joderte a ti de nuevo —dijo acercándose, su pecho tocando el mío mientras me miraba con curiosidad a los ojos—. Pero me estaría ahorrando a mí mismo una gran mierdada de decepción si simplemente me jodo a mí mismo —susurró, y sus labios de repente se transformaron en una mueca a la vez que se inclinaba a pulgadas de mi cara—. Después de todo, mi mano nunca dice "galleta" —escupió la palabra de seguridad a mi rostro con amargura, y después de un momento de analizar las palabras en mi cabeza, sentí mis labios separarse y a mis ojos abrirse en estado de shock.
Sus ojos verdes se movían de adelante hacia atrás a los míos mientras sentía el cosquilleo familiar de las lágrimas de mi reacción un tanto retrasada, y me di cuenta de lo muy intencional que todo esto era.
Tenía dos opciones, y mi mandíbula empezó a temblar con mi instinto más primario a la vez que lo miraba a los ojos que no parecían estar arrepentidos. Podría llorar y admitir que su comentario fue probablemente la cosa más dolorosa que alguien me hubiese dicho alguna vez. Podía admitir que tocó una fibra profunda y me hizo cuestionar mi valía como una mujer digna de amor y afecto y de mi futuro con bodas y niños. Podría ser una niña débil y llorona que dejaba que algún imbécil le hiciera daño con sus insultos… solo para sentirse a sí mismo mejor. Yo podría retroceder y huir de él para esconderme en mi habitación azul mientras sollozaba patéticamente.
Pendejeras.
He sido golpeada y quebrada, y casi mutilada, y Edward Cullen no me iba a hacer llorar con palabras irreflexivas. Seguir mis instintos primarios... no sería de ninguna manera suficiente, así que parpadeé las lágrimas y las aparté paralizando mi labio tembloroso.
El segundo instinto tendría que funcionar.
Mi mano se sacudió contra mi muslo, y sin siquiera un momento para pensar, la levanté y puse cada gramo de fuerza que pude reunir en la palma de mi mano mientras volaba hacia su cara con un golpe doloroso que resonó en las paredes blancas de la habitación.
Un aguijón agudo y repentino reverberó a través de mi mano cuando conectó con su mejilla. Observé con asombro como su cabeza se tambaleaba hacia un lado y su cuerpo se balanceaba con la fuerza. Se quedó paralizado para mantener el equilibrio, con la cabeza todavía girada mientras levantaba su mano a la cara y mi mirada recorría lentamente a mi palma.
Me quedé mirando mi mano elevada y mi mandíbula quedó floja de nuevo, completamente asombrada de que yo... golpeara a Edward y de alguna manera tuviera la energía suficiente para hacerlo con tanta fuerza. Una oleada de extraña adrenalina corrió por mi cuerpo a la vez que mi respiración se aceleraba, y extrañamente, se sentía... muy catártico. Mirar a un hombre en la cara y finalmente tener las agallas para… atacar de vuelta fue liberador de una manera que hizo que mis hombros hormiguearan con una fuerza que nunca supe que poseía.
Mucho mejor que salir corriendo llorando, decidí. Mis labios temblaron mientras abría y cerraba el puño y el aguijón disminuía.
Lentamente, mis ojos vagaron de la palma de mi mano hacia la cara de Edward, donde él se frotaba la mejilla con suavidad y me miraba asombrado. Mantuve la espalda recta y lo miré fijamente dejando caer deliberadamente mi mano a mi lado.
Yo no estaba arrepentida.
Muchas gracias por los reviews y alertas.
Síp, Edward tuvo una alucinación y actuó como un completo bastardo.
Síp, Bella lo golpeó.
Síp, esto continua en el siguiente que como sé qué tan desesperante es la espera, lo adelantaré un día, así que publicaré el jueves:D
Nos leemos en el siguiente (El Jueves). Si les gustó o no, dejen reviews.
