Capítulo LIV: Capturada.

Por decisión de Kaguya, y porque Sakura convenció a Sasuke, todos decidieron esperar al menos un día más para ir en la caza del demonio de ojos de diablo. En primer lugar, no querían dar fácilmente a conocer el actual escondite que usaban para proteger a los pocos sobrevivientes de Wintersun. Por otro lado, Kaguya esperaba aún la respuesta del Consejo de las Naciones de Terra.

Actualmente, era poco más de las tres de la tarde, y Sakura se encaminaba a una cascada un poco retirado del campamento. Claramente, a la ninfa le había ordenado su madre que no se retirara mucho del campamento, pero la pelirrosa optó por tan sólo retirarse algunos metros. De cualquier manera, ella evitaría hacer uso de su aura para que no fuera detectada. En el peor de los casos, se podría camuflar como una mariposa.

La princesa de Iridia llegó finalmente ante la cascada, y sonrió al ver la caudalosa agua cayendo desde lo alto. La ojiesmeralda, primero cerciorándose de que no había nadie a los alrededores, se despojó de sus prendas de vestir, y las acomodó en una esquina del lago, donde no se fuesen a empapar, y se adentró por completo a la laguna. Pronto, Sakura escaló sobre unas rocas, y se colocó debajo de una cascada mucho menos agresiva, pero aún así abundante.

La chica estaba dándose un refrescante baño de agua templada, mientras recorría su pequeña figura con sus manos. La pelirrosa igualmente canturreaba una canción, la que siempre solía canturrear cuando se peinaba, y mantenía sus bellas esmeraldas cerradas, únicamente disfrutando del suave choque de la refrescante agua fría contra su figura. A la Haruno le fascinaba simplemente tener momentos de privacidad como ellos.

Sin embargo, de repente la ninfa sintió cómo un grande y poderoso cuerpo se pegaba al suyo, el cómo un par de grandes y fuertes manos le atrapaban sus bonitos senos, y cómo un grueso y largo objeto entraba por su ano. Al principio, la princesa hada se espantó por tan repentina sensación, especialmente porque pensaba que la estaban violando. No obstante, el cuerpo de Sakura pronto reconoció aquel calor tan característico de la piel de aquel que la penetraba analmente, así como el aroma tan masculino al que su pequeña figura ya estaba adaptada. El cuerpo de Sakura únicamente vibraba para él.

— ¡Ahhh...! ¡Sa-Sasuke-kun...! — gimió la hermosa ninfa, al sentir cómo el pene de su amado entraba completamente dentro de ella, hasta que el glande de su príncipe chocaba contra el intestino de ella — Ahhh... Bebé... E-Espera... — suspiró, muy excitada.

— ¿Por qué? Tú realmente no quieres que me detenga, ¿No es así? — ronroneó seductor Sasuke, comenzando a penetrar lenta y suavemente dentro del ano de su Cerezo.

Sakura apenas y podía pensar con claridad. Como siempre, su amado Sasuke-kun la estaba volviendo loca, y apenas había comenzado el mete y saca dentro del pequeño, cálido, suave y sumamente apretado ano de ella.

— Nngh... Ahhh... Pe-Pero... Ohhh... Dios... Alguien puede... Ahhh... Vernos... — articuló la preciosa hada, con suma dificultad, ya que Sasuke no se la ponía fácil con el mete y saca de su enorme verga.

— Nadie lo hará — afirmó el moreno, entre gruñidos de placer — Y si lo hacen, los mato.

Aún así, Sakura se sentía sumamente nerviosa. Era cierto que estaban bastante alejados del campamento, y que alguien, eventualmente, podría sorprenderlos en pleno acto. Aunque tal parecía que a Sasuke ni le importaba. El azabache estaba constantemente arremetiendo con su monstruo de pene de veinticinco centímetros de largo, y seis de ancho, dentro del bonito y diminuto recto de su niña, mientras que sus grandes manos amasaban muy eróticamente los pechos de la ninfa. Sakura se retorcía del puro placer, y apenas podía apoyarse de la montaña por donde caía la cascada. Sasuke pronto estiró completamente el suave y frágil cuerpo de Sakura, para después pegarlo contra su musculoso y poderoso cuerpo. El azabache atrapó los labios de su princesa, y los besó con pasión, desesperación y posesividad.

— Dios, Cerezo... Eres tan increíblemente hermosa... — susurró ronco Sasuke — No sabes cómo me encanta hacerte el amor...

Sakura por fin dejó de "bregar" contra Sasuke, que con bregar uno se refiere a intentar detenerlo al tomar las manos de su novio que estaban sobre sus senos, y simplemente se dejó llevar por sus deseos carnales. Como de costumbre, su condenado novio hallaba la manera de excitarla, y de someterla a los placeres de la carne. La ninfa atrapó la nuca de su querido Sasuke-kun con su mano izquierda, y se la acarició tiernamente. Todo mientras la princesa hada gemía cada vez que su amado la penetraba analmente. Por suerte para la chica, los labios del moreno acallaban la mayor parte de sus gemidos.

— Dios... Pero qué anito tan bonito y delicioso tienes, Sakura... — complementó ahora el Sasuke, articulando roncamente y con un impresionante libido que abrumaba a Sakura — Ufff... Qué nalgas tan suaves y apretaditas... — gruñó — Me encantas...

Sakura estaba sumamente avergonzada por los cumplidos tan picantes de su amado Sasuke-kun. Curiosamente, el lenguaje tan altisonante y soez de su dulce príncipe la excitaba más de lo que de por sí ya estaba. Ni siquiera se dio cuenta la ninfa cuando sus caderas comenzaron a moverse por su propia cuenta, haciendo que sus nalgas rebotaran contra la entrepierna del azabache, y que asímismo los enormes y peludos testículos de Sasuke chocaran audiblemente contra el trasero de ella.

— Ahhh... Sasuke-kun... Hazme tuya... — gimió sensualmente la hada, aún recibiendo el pene de Sasuke dentro de su cavidad anal y retorciéndose del increíble placer al cual la sometía su amado Sasu-chan — Te amo, bebé...

Por más que quisiera, Sakura no podía decir malas palabras, o más bien dicho palabras sucias. Su inocencia prácticamente infantil no le permitía decir malas palabras, aunque su cuerpo reaccionaba maravillosamente ante las embestidas del pene de Sasuke dentro de su recto, éso sí. El moreno, al escuchar aquella mezcla entre dulzura, niñez, inocencia, y sensualidad, en el infantil tono de voz de Sakura, simplemente lo volvió loco. Las embestidas de su verga aumentaron un tanto, al igual que la profundidad de las penetraciones dentro del ano de su Cerezo.

Sasuke enterró lo más al fondo su enorme pene, dentro del recto de Sakura, e hizo que su flor de Cerezo soltara un corto grito de placer.

— ¡Ahhh! ¡Sasuke-kun! — gritó la ninfa, sin pudor alguno y sin que le importara que alguien la escuchase.

— Siénteme, Cerezo — gruñó ronco el azabache, contra el oído de Sakura — Siente toda mi enorme verga dentro de tu pequeño ano, hermosa.

Las embestidas aumentaron de intensidad, tanto así que Sasuke prácticamente empujaba un poco a Sakura con cada penetración de su pene dentro de la cavidad rectal de la chica. La princesa hada ya ni sabía lo que pasaba a su alrededor. Lo único que sentía era el mete y saca del enorme pene de Sasuke en su trasero, las manos grandes y ligeramente asperas del Uchiha amasando sus pequeños pero hermosos senos, así como los labios de su amado besando y succionando la suave piel de su cuello, al igual que los húmedos besos que recibía de su novio en los labios de ella.

Lamentablemente para Sakura, todo aquello fue demasiado para el pequeño cuerpo de la ninfa. La princesa hada gimió fuertemente, y se retorció como gusano, dando por iniciado su orgasmo. De su vagina, un chorro de fluidos salió a presión, y se escurrió en el suelo. Con ello, la hermosa ninfa apretó con sus paredes rectales el pene de su amado, y arqueó la espalda bastante. Sasuke, al sentir el fuerte apretón del ano de su Cerezo, en su enorme pene, gruñó el nombre de su amada, y también llegó al orgasmo.

— ¡Nnggg...! ¡Ahhh...! ¡Sa-Sasuke-kun...! — gritó la hada de cerezos, explotando en un húmedo orgasmo.

— Toma todo mi semen, princesa. Siente mi semen dentro de tu ano — gruñó en deleite Sasuke.

Todo el esperma de los testículos de Sasuke salió disparado a través del glande del colosal pene del moreno. Como siempre sucedía, y como Sakura ya se había acostumbrado, el semen de su amado Sasuke-kun inundó completamente su recto, por lo que pronto se desbordó de ella, y salió como una cascada del diminuto recto tonalidad rosa pálido de la princesa de las hadas. Aún así, Sakura gemía constantemente con cada chorro de semen que era lanzado al interior de su de por sí saturado ano. El moreno siguió embistiendo unas cuantas veces, mientras que sus manos aún acariciaban los senos de la ninfa, y su boca ocasionalmente besaba los labios sabor cereza de su niña.

Tras vaciar todo el contenido de sus testículos, Sasuke extrajo su pene un poco más flácido del pequeño ano de Sakura, y todo el semen del azabache salió expulsado como una cascada del recto dilatado de la ninfa. Si no fuera por el hecho de que Sasuke aún la sostenía con firmeza de sus pequeños pechos, Sakura habría colapsado al suelo con una estrepitosa caída. No es que le importara a la chica, en sí, pero estaba aún sufriendo algunos ligeros espasmos de placer, y ni se hubiera percatado de la caída.

Sasuke pegó el pequeño y delicado cuerpo de su amada contra el enorme y musculoso de él, además de que enredó sus poderosos y velludos brazos alrededor de la diminuta cintura de la ninfa. Sakura simplemente se dedicaba a acariciar con amor la nuca de su amado con su mano izquierda, y a devolver aquellos dulces y tiernos besos que su querido Sasuke-kun le daba. Algunos agudos suspiros de pasión salieron de los labios de la chica.

— Dios, Sasuke-kun... — murmulló aún excitada la ninfa — Sí que eres un pervertido. Ni siquiera me avisaste — le regañó Sakura, aunque con dulzura.

Sasuke sonrió orgulloso, y besó de nuevo a su niña.

— De éso se trataba, Cerezo — contestó el azabache — Quería hacerte el amor de improvisto. Además, yo no escuché que te quejaras — añadió — A menos que tus gemidos de placer cuenten como ello.

Sasuke soltó una corta risa, aunque fue callado con un fuerte tirón a sus hebras negras, por parte de la pequeña mano zurda de Sakura.

— ¡Ouch! ¡¿Por qué siempre haces éso?! — reclamó el moreno.

— ¡Porque eres un depravado! — le contestó la ninfa, bastante enojada — ¡Se supone que debes tratarme como una dama! ¡En cambio, estás actuando como un pervertido!

— Oh vamos, princesa. Sabes que yo siempre he sido así. No sé por qué te sorprende — se excusó Sasuke, haciendo enojar a Sakura con su sonrisa insignia — Además, lo hago porque te amo, pequeña. Me encanta tu hermoso cuerpo. Aún en mis sueños, te sigo haciendo el amor.

Sakura se sonrojó de escuchar aquello. Ahora entendía porqué ella también soñaba que su amado Sasuke-kun le hacía el amor. Las caricias y penetraciones se sentían tan reales para la ninfa. Y dado que ella siempre dormía con su dulce príncipe, no era tan sorprendente que Sasuke quizá llegara a tocarla, incluso penetrarla estando dormido. Aunque el tan sólo imaginarlo, le hacía abochornarse a la princesa de las hadas.

— Ahora comprendo por qué siempre sueño en que me haces tuya — murmulló la ninfa, llevándose sus manos al rostro.

— ¿Lo vez, Cerezo? Incluso en tus sueños sigues amándome, tal y como yo a ti — refirió el azabache.

Antes de dejarle hablar, Sasuke besó apasionadamente a Sakura, y le acarició de nueva cuenta los senos. La ninfa se dejó llevar por el beso, y se comenzó a excitar de nuevo. Sin embargo, para desgracia de la princesa de las hadas, Sasuke se separó un poco de ella.

— Vamos. Tenemos que volver al campamento — le dijo el azabache a la chica.

Sin embargo, Sakura se apretó de nuevo a él, atrapándole del cuello a su amado.

— Hazme el amor... Al menos una vez más... — susurró seductora e infantil la hermosa hada de cerezos — ... Por favor... — suplicó.

Sasuke no pudo resistirse, y de nuevo metió su pene dentro del ano de Sakura, haciendo que la chica soltara un gemido, a la vez que se fundía en un beso con su niña.

.


.

Llegó por fin la noche, y todos estaban teniendo una cena. Sakura, Shizune e Ino, sin embargo, aún estaban atendiendo a algunos de los heridos. Sasuke, por su lado, estaba al exterior del campamento, haciendo guardia aquella noche, aunque pronto sería sustituido por una de las tantas hadas guardianes, o querubines. De hecho, el azabache ya tenía algunas cuantas horas ahí en vigía, ocasionalmente recibiendo el informe de la patrulla que realizaban algunas hadas. A resumidas cuentas, la guardia era sumamente aburrida, pero alguien tenía que hacerlo.

Sasuke fumaba un cigarro y bebía algunos tragos de licor. En realidad, ahora lo hacía más por gusto. Sakura prácticamente le había prohibido fumar cigarrillos, sin embargo, a pesar de que a la ninfa no le agradaba mucho, Sakura le permitía fumar ocasionalmente un puro. De cualquier manera, Sakura trataría el envenenamiento por Polonio-210 que ingresaba al organismo de Sasuke, con el puro que se fumaba. No obstante, Sasuke estaba contemplando el fumar en vez de tabaco Cannabis, pues no había daños asociados al fumar hierba.

Unos pasos se escucharon aproximándose, pero Sasuke no se distrajo de observar el lejano horizonte.

— Sasuke — le llamó una voz femenina, aunque sonaba un tanto más madura.

El azabache volvió un poco su mirada, y divisó a aquella persona que esperaba desde hace un tiempo. Aún con el cigarrillo en su boca, Sasuke se levantó, y apoyó su pie izquierdo en la roca, para después darle un trago a la botella de alcohol que tenía en su mano derecha.

— Al fin llegas, Kaguya — contestó el moreno.

— No entiendo cómo es que Sakura puede tolerar que fumes ésa cosa — espetó la albina —Huele horrible — añadió, apartando el humo de su rostro.

Sasuke se encogió de hombros.

— Es buena para la salud neuronal. Tú misma lo has comprobado — adjudicó el moreno — Además, la fumo al exterior, no en espacios cerrados. Tampoco suelo fumar constantemente.

— Como sea — ignoró la reina de Wintersun — ¿Para qué me llamaste?

Sasuke arrojó el cigarro de tabaco que tenía en su boca, y lo apagó con su pesada bota. Igualmente, el moreno se bebió de un enorme trago la botella de alcohol, pero aquella no la arrojó al suelo. Más que nada, porque no quería contaminar.

— Necesito hacerte una petición — dijo el moreno.

La Senju mayor asintió.

— ¿De qué se trata?

— Es sobre Sakura — refirió el Uchiha.

— ¿Sakura?

— En efecto.

Kaguya se imaginaba de alguna manera que su hija tenía que ver en el asunto. No habría otra razón para Sasuke de llamarla. De hecho, la albina ya se imaginaba por dónde iba la conversación de parte de su yerno, como hoy día Kaguya debía aceptarlo. Aún no se podía creer que Sakura ya haya perdido la virginidad sin estar casada. Bajo aquella simple "ofensa", Sakura bien podría ser destronada del pueblo de Iridia, al menos bajo la anterior administración, pero ahora todo era diferente, además que también el tema era para otra ocasión.

— Necesito que mantengas a Sakura lejos de todo ésto — pidió Sasuke, con su voz oscura y profunda.

Bingo, pensó Kaguya.

— No sabemos qué clase de peligros enfrentaremos el día de mañana — impugnó el azabache.

La albina asintió de nuevo, con un suspiro.

— Lo sé. Yo tampoco deseo que se involucre en todo ésto — admitió la Senju matriarca — Ni siquiera yo tuve una oportunidad contra aquel desgraciado de Onikage.

— Por ello mismo te estoy pidiendo que convenzas a Sakura de que no se involucre en ésta guerra — expuso el pelinegro — Ella lo es todo para mí. No puedo permitir que ponga su vida en peligro.

Kaguya se impresionó de la confesión de Sasuke. Con ello, y al ver la mirada del azabache, Kaguya supo que Sasuke realmente amaba a su hija. Tal y como Mikoto lo predijo, Sasuke iba a terminar enamorándose perdidamente de la ojiesmeralda. Ahora, solamente faltaba que ambos terminaran casados. De hecho, Sakura y Sasuke ya lo habían hecho, ante el dios Todopoderoso que gobierna el Universo. Quizá no existía un documento burocrático que amparara la unión matrimonial entre su hija y el hijo menor de Mikoto, Sasuke. No obstante, para Kaguya, y el supremo ser del Universo, Deus Ex Lux, la unión nupcial entre Sasuke y Sakura era incluso más válido que un estúpido papel emitido por un gobierno.

— Yo no puedo convencerla por mis propios medios — objetó el pelinegro — Quizá tú si puedas hacerlo, como su madre.

Kaguya se sentía exactamente igual que el azabache. Por supuesto que le preocupaba lo que le pudiese suceder a su hermosa hija. Si algo llegaba a pasarle, Kaguya se moriría. Prefería ser torturada eternamente por el resto de la eternidad, a imaginarse un vida sin su pequeño Botón de Cerezo. Kaguya amaba a su hija, y la quería proteger de todo peligro. Aún si debía ser en contra de la voluntad de Sakura, Kaguya debía protegerla de una posible muerte a manos del demonio ojos de sangre.

Con determinación, Kaguya asintió.

— Descuida, Sasuke — dijo la reina de Wintersun — No permitiré que Sakura se involucre en ésto. La protegeré a toda costa, aún en contra de su propia voluntad, de ser necesario.

Sasuke se acercó a la reina, y le colocó una mano en el hombro. Ahora que lo veía, Kaguya pensó que Sasuke era muy alto. Era incluso más alto que su difunto padre, Fugaku Uchiha. Kaguya apenas tuvo la oportunidad de conocer al abuelo de Sasuke, apenas a unas semanas de que falleciera. Si hubiese sido más joven aquel anciano, se habría parecido exactamente a su yerno.

— Gracias — expresó el moreno, finalmente soltando el hombro de la albina.

Kaguya negó, sonriendo levemente.

— No me lo agradezcas. Yo también deseo proteger a mi hija. Lo hago tanto por ella, como por el hecho de que sé cuan importante es para ti, Sasuke — explicó la Senju.

Sorprendiendo un poco a Sasuke, Kaguya tomó el rostro del moreno con su mano. Aunque lejos de querer mostrar un sentimiento indebido por el Uchiha menor, Kaguya simplemente sonrió. Aquello parecía una sonrisa... ¿Maternal? Al menos así podía describirlo Sasuke. Era casi como si su propia madre le estuviese mirando. No era ningún fetiche de Complejo de Edipo, como Sasuke solía hacer con Sakura, cuando la ninfa lo trataba como su bebé, sino que Kaguya realmente miraba al último de los Uchiha como si fuese su propio hijo.

— Sabes, Sasuke, ahora que me doy cuenta has cambiado tanto — musitó Kaguya, con un tono calmado — Aún recuerdo cuando cabías en mis brazos — agregó, con una leve risa.

El Uchiha entrecerró la mirada, aunque más de curiosidad.

— También recuerdo cuando te cambiaba los pañales — rió la albina, agitando la melena de su yerno con su mano.

— ¿Qué? ¡¿De qué rayos hablas?! — espetó ligeramente avergonzado el moreno — ¿Acaso mi madre realmente te permitía hacerlo?

Kaguya encogió levemente los hombros, sin borrar su sonrisa.

— Había veces que nos turnábamos para hacerlo. Ella atendía a mi hija, y yo te atendía a ti — mencionó la matriarca Senju — Varias veces yo te daba de comer, y también te mimaba. ¡Eras como mi hijo!

Sasuke no sabía qué pensar. Ahora, resulta que en realidad Kaguya tenía una relación bastante íntima y de confianza con su propia familia. Se esperaba de algún modo aquello. De todos modos, ¿De qué otro modo habría heredado ella misma el Reino de Wintersun, y a Nubrum entero?

— ¡Eras tan adorable de pequeño! — enunció cariñosamente la ninfa peliblanca — Siempre mostrabas un curioso mohín cuando te enfadabas.

— Tsk. ¿Por qué me dices ésto de repente? — cuestionó en un mascullido el azabache, desviando su rostro muy levemente abochornado.

Kaguya sonrió aún más, y atrajo en un abrazo maternal a Sasuke, aunque no al grado de intimidad que Sakura lo hacía por supuesto, dejando completamente pasmado al moreno. Sasuke ni intentó separar a Kaguya de su cuerpo, dado que se hallaba a sí mismo tan sorprendido de la repentina muestra de afecto de la peliblanca. Kaguya lo atrajo hacia sí misma, y lo abrazó de la espalda, aunque también acariciaba ocasionalmente los cabellos alborotados y oscuros del peliazabache. La punta en el Iceberg fue cuando Kaguya besó la mejilla de éste. No obstante, lejos de ser como los besos que le daba Sakura, aquel beso de Kaguya se sintió tal y como el de su difunta madre. Por otra parte, Kaguya le dejó pintado su lápiz labial rojo en la mejilla izquierda, apenas libre de su barba.

— Sasuke — murmulló la albina, aún teniendo al azabache abrazado contra ella — Sé que hubo veces en que te sentiste desplazado por tus padres, en favor de Itachi, pero jamás pienses que no te amaban.

Sasuke se impresionó aún más del comentario de la Senju. Mas sin en cambio, antes de que él mismo hablara, Kaguya continuó.

— Tus padres te amaban. Yo misma te lo puedo asegurar — musitó la albina, abrazando más afectiva al pelinegro — Y aunque tú no seas mi sangre, yo igualmente te amo como a mi propio hijo. Siempre vas a ser mi hijo. El hijo que nunca tuve y que siempre quise tener.

Algo dentro del moreno reaccionó. El calor tan peculiar de Kaguya le trajo memoria muscular a su cuerpo. Era como si su propio cuerpo reconociera el aroma y calidez de Kaguya.

— Recuerdo el día en que Mikoto y yo los comprometimos a Sakura y a ti — refirió la Senju — Y nada me hace más orgullosa que el hecho de que estés casado con mi hija, aún cuando no existe un acta matrimonial. Estoy segura de que Mikoto se sentiría igual — afirmó — Ansío el día en que finalmente puedan formar una familia — susurró.

Kaguya volvió a besar al Uchiha, aunque ahora en la frente, y por fin lo dejó ir, no sin antes acariciarle la melena azabache a su ahijado, por supuesto.

— Vamos. Será mejor que volvamos al campamento. Sakura te está preparando algo delicioso de comer — dijo la reina de Wintersun, antes de caminar de regreso.

Sasuke se quedó unos segundos ahí de pie, sin poder salir de su impresión. Pero al cabo de un tiempo, Sasuke sacudió la cabeza, reacomodándose su alborotada melena pelinegra.

— Qué mujer tan rara — enunció por lo bajo el Uchiha.

Sasuke volvió al campamento, donde ya todos estaban a punto de tomar una siesta. Ahora, le tocaba al Hyūga estar en vigía. El moreno ingresó a una tienda de campaña relativamente grande, donde Sakura ya le estaba esperando, mientras leía un libro de medicina. La ninfa pronto se percató de la presencia de su amado, y se levantó de su asiento, sonriéndole a su querido Sasuke-kun.

— Sasuke-kun — le llamó la chica — Qué bueno que ya estás aquí. Te preparé algo de comida.

La princesa hada se acercó a su príncipe, y le dio un beso corto en los labios, el cual Sasuke también respondió. El musculoso moreno atrapó la pequeña cintura de Sakura, y la cargó contra sí mismo, logrando con ello profundizar el beso. Sakura soltó una risilla divertida, y se abrazó al cuello del amor de su vida, pero eventualmente ambos chicos se separaron de su afectuosa muestra de amor. Sasuke colocó entonces de nuevo a la pelirrosa en el piso, suavemente.

— Vamos. Sé que tienes mucha hambre, Sasuke-kun — le dijo la chica, tomándole de la mano — Te preparé venado.

Sasuke enarcó una ceja.

— ¿Tú lo cazaste? — preguntó curioso el Uchiha.

Sakura negó.

— No. Le pedí ayuda a Karin-san — explicó la pelirrosada — Ya sabes que no me gusta lastimar animales vivos. Me deprime mucho el verlos morir.

— Entiendo — expresó Sasuke — Por cierto, Sakura. Tu madre ha estando actuando raro.

Aquello llamó la atención de la ojiesmeralda. Sasuke ya se hallaba sentado frente a una pequeña mesa, con su Cerezo sobre su regazo. La ninfa se extrañó de la afirmación de Sasuke, mientras tomó el tenedor que estaba en la mesa, dispuesta a alimentar al amor de su vida.

— ¿Eh? ¿A qué te refieres, Sasuke-kun? — preguntó Sakura.

El moreno abrió la boca, y Sakura dejó con el tenedor un trozo de carne asada en la boca de su amado. A la ninfa le encantaba darle de comer a su "bebé", como siempre le llamaba. Era algo ridículo a los ojos de los demás, incluso un poco para Sasuke, pero a Sakura le fascinaba tratar a su amado Sasuke-kun como si realmente fuera su bebé. Un fetiche tan tierno, y a la vez divertido, para la princesa de las hadas. Lo único que realmente le faltaba a la ninfa era amamantar a su Sasu-chan, aunque quizá hasta Sasuke tenía un límite para los mimos.

— Hace un momento estábamos platicando sobre la estrategia que íbamos a usar contra Onikage, y de repente me abrazó de la nada — explicó Sasuke.

Sakura enarcó una ceja, y se quedo unos segundos pasmada. No era algo tan controversial como imaginaba ella, pero por ello dejaba de ser tan extraño.

— ¿Huh? ¿Te abrazó? — repitió la chica, en redundancia, mientras que Sasuke asentía — ¿Me pregunto porqué lo habrá hecho? — inquirió, un tanto retórica.

— No lo sé. Mencionó algo con respecto a que mis padres estarían orgullosos de mí — continuó el moreno, recibiendo otro bocado de la mano de Sakura — También me dijo que, a pesar de que yo no era su hijo de sangre, que me amaba como tal.

Sakura sonrió ante lo que escuchó. Ahora, la princesa de Iridia realmente sabía que su madre verdaderamente había hecho un cambio. Tal vez a Kaguya no le había costado en lo más mínimo expresar su afecto por el príncipe de los Uchiha, pues todos decían que ella solía ser una mujer noble, compasiva, y benevolente; sin embargo, sí que era importante el hecho de que Kaguya realmente había dado un salto tan grande de ser una oscura y temible dictadora despiadada, a ser una dulce y amorosa hada. Era como si la mismísima bondad hubiese reencarnado en su madre.

Sakura acarició el cabello rebelde de su amado pelinegro, y le dio un beso en la mejilla izquierda, con todo su amor. La ninfa después abrazó a su Sasuke-kun contra su pecho, y le acarició de nuevo la cabeza de éste.

— Si te lo dijo de manera tan franca, es porque es verdad, Sasu-chan — murmulló la chica de cabello rosado — Yo igual me sorprendí de enterarme que mi mamá y tus padres algún tiempo convivieron en Wintersun, pero no me sorprendo de que mi madre te ame como si fueras de su propia sangre. Y aunque no lo puedo comprobar de primera mano, sé que mi mamá también sufrió por la pérdida del Clan Uchiha.

Sasuke asintió, volviendo a comer otro bocado que Sakura le daba.

— Me imagino — articuló el moreno, aún con el bocado en su boca — En cualquier caso, a pesar de que cometió muchos crímenes, no me corresponde juzgar a mí los actos de Kaguya. Supongo que todo dependerá del destino.

— Todos cometemos errores, Sasu-kun — refirió Sakura, besando la frente de su chico — Hay errores que nos marcan de por vida, pero aún el peor de los criminales merece una segunda oportunidad. Si no fuese de ése modo, entonces perderíamos todo los que nos hace seres inteligentes y racionales. Nosotros no somos la forma más evolucionada de las vidas de Terra por nuestra sabiduría, Sasuke-kun, sino porque tenemos la capacidad de corregir nuestros caminos.

— Supongo que tienes razón — secundó el azabache — De todos modos, yo nunca tuve resentimiento contra tu madre, excepto cuando ella te atrapó y te torturó mentalmente.

— Éso ya quedó atrás — repeló la ninfa, aunque sin levantar su tono de voz — Yo sé que mi madre no estaba actuando bajo su propio juicio, y que estaba siendo controlada por la ambición.

— Por cierto — interrumpió el pelinegro — Según lo que nos dijo Eva en el Templo de Theia, se supone que con éste sello, tú debes ser más que capaz de manipular la Física relacionada a la Aniquilación Materia/Anti-Materia — mencionó, palpando levemente aquel rombo magenta en la frente de la chica — Sin embargo, también dijo que necesitabas el adiestramiento adecuado.

Sakura parpadeó un par de veces. Ella también recordaba aquel comentario de su ancestro, y no tenía ni idea de cómo es que exactamente ella podría manipular aquella técnica que aparentaba ser tan compleja. Shizune alguna vez mencionó que para poder generar Materia Regular, o Bariónica, en Anti-Materia requería el invertir la Carga Electromagnética de cada uno de los Elementos Subatómicos, en apenas una muy pequeña fracción de segundo. Para Sakura, el concepto no era enteramente ajeno, ya que Sakura recibió la mejor educación en su reino. La pelirrosa había sido instruida por Tsunade y Shizune en Física de Partículas, especialmente en el campo de la Mecánica Cuántica. Sakura tenía el conocimiento teórico de lo que era la Anti-Materia, pero recién la vio en acción cuando su ancestro, Eva, y su madre, Kaguya, hicieron uso de ella. Incluso conocía la física necesaria que requería la transformación de Materia Bariónica en Anti-Materia, al menos en teoría, aunque jamás lo ha puesto en práctica. Más que nada, porque ni ella misma sabía cómo hacerlo en la práctica.

— Pues... No lo sé... — murmulló Sakura, quedándose unos segundos pensativa — No tengo ni la más mínima idea del cómo es que podré dominar semejante poder. Quizá tenga que practicarlo yo misma, en algún dado momento. Supongo que tendré que estudiar a detalle la Física de la Aniquilación Partícula/Anti-Partícula — dijo la chica.

— Estoy seguro de que lo lograrás — aseguró el azabache, abrazando a la ninfa por la cintura.

— ¿Tú crees? — preguntó la pelirrosa, volteando a ver a su chico — Apenas y tengo el conocimiento teórico del cómo realizar una Aniquilación, y supongo que no puedo practicarlo así nada más. El daño que puede producir apenas unos cuantos gramos de Anti-Materia sería catastrófico. Según yo tengo entendido, apenas doscientos cincuenta miligramos de Anti-Materia tiene el mismo poder destructivo que cinco Kilotones de Materia Regular, en forma de Trinitrotolueno.

Sasuke bebió de nuevo un trago de agua, y después apretó aún más a la princesa hada contra su cuerpo. El moreno jugueteó un momento con el largo cabello de la chica, y la besó cortamente en los labios.

— Te propondré algo — dijo Sasuke, llamando la atención de la chica.

Sakura se quedó viendo las obsidianas de su amado, y se abrazó también al él, del cuello.

— ¿Qué cosa? — inquirió la chica.

— Una vez que acabemos con ése bastardo de Onikage, ¿Qué te parece si nos damos un viaje por el Cosmos? Iremos aun lugar distante del Universo, donde podrás practicar tu Magia Anti-Materia libremente — sugirió el moreno.

Sakura soltó una risilla, y besó de nuevo a su chico en los labios.

— ¿Y cómo piensas sobrevivir a la condición de Vacío Espacial, bobo? — se burló amistosamente la ojiesmeralda — A menos que seas un Alien, o algo por el estilo, no creo que puedas sobrevivir a la ausencia de las condiciones atmosféricas que tenemos aquí en Terra. Con trabajos, vas a poder sobrevivir por algunos minutos, antes de que pierdas el conocimiento. Quizá ni yo misma pueda sobrevivir a ésas condiciones, pues también soy un ser biológico.

Sasuke se encogió de hombros. Tal parecía que no le daba mayor relevancia.

— Ya hallaremos la manera de hacerlo, Cerezo — objetó el Uchiha, con absoluta indiferencia — Tal vez podamos viajar de nuevo a la Dimensión Alterna de la Gran Muralla de Fornax, con ayuda de Theia. Algo se nos ocurrirá

— ¡Es cierto! — secundó la pelirrosa — ¡Quizá Lady Theia pueda incluso ayudarme a manipular la Anti-Materia! — exclamó, emocionada.

— De acuerdo, entonces. Una vez que matemos a ése estúpido de Onikage, iremos a completar tu entrenamiento — aseguró de nuevo el moreno.

Sakura besó a su novio en la mejilla, y continuó dándole de comer a su amado.

.


.

La mañana llegó al fin. Todos se estaban preparando para ir a aquella misión contra el demonio ojos de sangre. Temprano en la mañana, se decidió que el grupo que iría a combate contra el demonio Uchiha y sus secuaces conformarían a Sasuke Uchiha, como líder del grupo en general, Kakashi Hatake, segundo al mando, Neji Hyūga, Hinata Hyūga, Tenten, Naruto Uzumaki, Karin Uzumaki, y Kaguya Senju, tercera al mando. Está de más decir que Ignis también formaría parte de la travesía, aunque más como un medio de transporte, y como un refuerzo contra el Jūbi, en dado caso que se diera una pelea con el demonio legendario.

Todo ya había sido planeado desde hace horas. Nadie objetaba al respecto, o al menos así debía ser. Sin embargo, había cierta persona que sí que estaba absolutamente en contra del cómo había quedado asignado el equipo de asalto. Estaba completamente en contra de ser dejada fuera de todo.

— ¡¿Qué quieres decir con que yo no puedo ir?! — bramó Sakura, desafiando la autoridad de su madre — ¡Yo también formo parte de todo ésto!

Y si Sakura era testaruda, Kaguya era una roca absoluta. No había quién pudiese desafiar realmente a la matriarca Senju. Y justo en aquel momento, Kaguya Senju estaba demostrando el porqué era una digna reina de Wintersun, al igual que una digna monarca de Iridia.

— Sakura, tranquilízate — le pidió Sasuke, aunque la ninfa estaba hecha una furia — Solamente estamos buscando protegerte — aseguró.

La pelirrosa, en ése momento, no soportaba a su amado. Lo amaba, de éso que no haya duda. Sin embargo, detestaba que la tratara como una damisela en apuros. Tal vez ella no era tan poderosa como él, o como su madre, pero sí que era más que capaz de darle una buena pelea a Onikage. Además de todo, se supone que desde ayer había logrado convencer a Sasuke, pero cuando estaban a punto de partir, Kaguya prácticamente le ordenó que no formaría parte del equipo. Sasuke estaba más que a gusto con ello. Así, él no tendría que estarse preocupando del bienestar de su pequeña flor de Cerezo.

— ¡¿Y qué pretenden, entonces?! ¡¿Que me quede jugando aquí a la casita con las demás?! — cuestionó muy enojada la pelirrosa — ¡Al menos déjenme formar parte del apoyo! ¡Demando que me dejen ir con ustedes!

— Éso no está a discusión, Sakura — espetó autoritaria Kaguya.

En realidad, la albina no quería lucir intimidante, como solía hacerlo, cuando era una Otsutsuki. Sin embargo, la peliblanca sabía que debía sacar el fuerte carácter de reina de Wintersun y líder de Iridia que había ganado con el paso de los años, durante su oscuro reinado como la diosa demonio de Terra. Quizá era lo único que era remarcable de su pasado. Era ahora cuando tenía que demostrar que realmente era una digna monarca y líder de su Clan y reino.

— El equipo ya está decidido, y no voy a cambiar de opinión — aseveró la Senju mayor, detrás de un pequeño escritorio — Además de todo, no habrá un equipo beta — remarcó, desafiando con su mirada severa a su hija.

Sin duda, aquello impactó más a Sakura.

— ¡¿Acaso no piensas llevar apoyo médico?! — interrogó alterada la joven ninfa — ¡Podría alguien salir gravemente herido! ¡Cuando menos deberías llevarme para el apoyo médico!

— Para éso me tienen a mí — avaló la reina de Wintersun — El llevar más efectivos implicarían más pérdidas de vidas. Incluso el equipo es demasiado grande, y ya está en riesgo.

Sasuke no pudo evitar asentir, y pronto fue fulminado por la mirada esmeralda de su Cerezo.

— ¡Pero, mamá, no se están enfrentando a cualquier ser! ¡Estamos enfrentando a un Uchiha, y el descendiente de Magnus Chaos! — le recordó la Haruno a su madre — ¡Por Dios! ¡Ése tipo es un demente! ¡Van a necesitar mi ayuda!

— ¡Éso no lo decides tú! — vociferó levemente Kaguya — ¡No vendrás con nosotros, Sakura! ¡Métetelo bien en la cabeza de una maldita vez! — regañó, ya enojada.

Sakura se sorprendió un poco por el tono fuerte de su madre, y por aquella mirada ambarina que intimidaría incluso al más rudo del mundo, ella misma incluida. Pero, armándose de valor, Sakura caminó a zancadas al escritorio de su madre, y golpeó levemente con ambas palmas la misma, dejándolas apoyadas contra la caoba.

— ¡Dios! ¡Qué testaruda eres, mamá! — gritó Sakura — ¡No estás entendiendo la situación!

Durante unos segundos, todo fue silencio. Kaguya se quedó con la vista fija en las bellas esmeraldas de su hija, con una mirada que bien podría provocar el holocausto. Si las miradas mataran, Sakura ya estaría ahora mismo en el juicio del trono blanco, ante el Todopoderoso. Lo cierto es que ni Sakura misma se creía haberle hablado de aquel modo a su madre, y por la fría mirada de su progenitora, la ninfa supo que había toreado la paciencia de la reina de Wintersun.

Kaguya azotó con todas sus fuerzas las manos sobre el escritorio, al grado de causar un estruendoso sonido al chocar las palmas con la caoba del mueble, con lo cual Sakura se asustó bastante. La albina se pudo de pie amenazadoramente, y caminó hasta la posición en donde estaba su hija. La cara de Kaguya era casi igual a cuando solía ser una despiadada y tirana dictadora, con la única diferencia de que, a pesar de que buscaba amedrentar a su primogénita con sus ámbares, sus ojos no estaban llenos de frialdad. La mirada y rostro de Kaguya mostraban adamancia y la autoridad propia de una madre.

La albina finalmente se colocó frente a su hija, y cruzó los brazos de manera hostil. Kaguya se hallaba apenas a unos centímetros de su primogénita. Aquello incrementaba, de alguna manera, el miedo en la pelirrosa. No porque tuviera miedo de que la lastimara, sino el típico miedo cuando una madre confronta a su rebelde hija.

— Déjame dejarte algo en claro, Sakura — siseó amenazadora la reina Senju, enunciando cada sílaba del nombre de su hija con un fuerte énfasis — Soy tu madre. Yo no soy tu amiga, ni una compañera de juego. A mí no me vas a hablar así, ¡¿Te quedó claro?! — cuestionó, clavando sus ojos en los de su hija.

A pesar de que la ninfa de cabello rosado estaba un poco intimidada, se armó de valor, y desafió, de nuevo, la autoridad de su madre.

— ¡Es que no me entiendes, mamá! — gritó la joven hada, igualmente mostrando un rostro de enojo, pero más de frustración — ¡Tú y los muchachos me necesitan! ¡No puedes negarme el acompañarlos!

— ¡Puedo y lo haré! — vociferó Kaguya, demostrando el digno carácter de madre y líder que poseía — ¡Ya decidí cómo será el equipo, y no cambiaré de opinión! — remarcó un tanto agresiva — ¡Aquí yo doy las órdenes, y tú las obedeces! ¡Si me desobedeces, entonces voy a castigarte! — amenazó.

Sakura parpadeó unas cuantas veces. No se podía creer lo que escuchaba, y estaba sumamente indignada y ofendida. Quizá Sakura tenía apenas dieciocho años, y era oficialmente la más joven de todos los presentes, pero aquello no significaba que ella era una mocosa para que fuese tratada y excluida de aquella manera. Y el último clavo en el ataúd fue cuando su madre le amenazó con castigarla. Es decir, ¿Qué acaso pensaba que ella tenía cinco años? Tal parecía que, con la mirada, Kaguya confirmaba que sí.

— ¡¿De qué diablos estás hablando?! — espetó la Haruno — ¡No puedes castigarme! ¡Ya tengo dieciocho años!

— ¡¿Ah, no?! — rebatió Kaguya, cada vez más enojada — ¡¿Quieres apostarlo, mocosa tonta?!

La mirada de Kaguya ya casi sacaba rayos. El resto de los presentes prefirieron no meterse en la disputa entre madre e hija. Inclusive Sasuke optó por mantenerse al margen de todo. De cualquier manera, seguramente habría sido mandado al diablo por ambas hadas.

— Te lo voy a repetir una sola vez más, Sakura — siseó la peliblanca — No. Vas. A. Ir. Con. Nosotros. — acentuó cada palabra, casi pegando el rostro al de su adolescente hija — Y ésa es mi última palabra.

Sakura se sentía profundamente enojada. Ahora, no era Sasuke el que le impedía acompañarlos, aunque ella no sabía que él tenía mucho que ver en el asunto. Vaya infierno que se desataría cuando, eventualmente, Sakura se enterara de ello. Por suerte, Kaguya estaba asumiendo la responsabilidad total. Por su lado, la pelirrosa tensó sus puños, al grado de enterrarse un poco las uñas, aunque no lo suficiente como para sacarse sangre, y gruñó levemente, llegando al límite de su paciencia.

— ¡Pues no me importan tus tontas órdenes! — bramó la ojiesmeralda — ¡En cuanto te vayas de aquí con el resto, yo también me largaré! ¡Y me da igual lo que pienses!

— ¡Ya te dije que a mí no me vas a hablar así, mocosa! — respondió adamante Kaguya, a punto de darle una bofetada, aunque la reina se contuvo.

— ¡Al diablo con éso! — gritó la joven ninfa, espetando su furiosa mirada con la ambarina de su madre.

Y con ello, la paciencia de Kaguya también llegó a su fin.

— ¡Muy bien! ¡Ya tuve suficiente de tus berrinches de niña caprichosa! — exclamó la reina.

Ante la mirada impresionada de todos, sobretodo Sasuke, Kaguya tomó el lóbulo izquierdo de Sakura, entre su pulgar e índice de su mano derecha, y jaloneó con algo de fuerza la oreja de su hija.

— ¡Ouch! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Suéltame! — exigió Sakura, siendo arrastrada de la oreja al exterior.

— ¡Cállate! ¡Te dije claramente que, si seguías con tu actitud rebelde, te iba a castigar! — refirió muy enojada la madre de la Haruno — ¡Ahora vas a asumir las consecuencias de tu berrinche, señorita!

— ¡Oww! ¡No! ¡Déjame! — suplicó Sakura, tratando de apartar la mano de su madre, de su oreja — ¡Ouch! ¡Me duele!

Kaguya ignoró por completo los suplicios de su hija, y la arrastró a la fuerza fuera de la tienda de campaña donde estaba el resto del grupo. Todos estaban impactados del hecho de que Kaguya realmente estaba castigando a Sakura, como si la joven ninfa tuviese menos de diez años. Ni siquiera Sasuke podía mantener un rostro serio y estoico. El moreno estaba completamente anonadado por el hecho de que Kaguya había llegado a tal extremo de darle un fuerte jalón de oreja a la pelirrosa. Vaya que las Senju eran únicas. No les importaba hacer toda una escena frente a todos.

— Esto... — habló repentinamente Kakashi — Supongo que deberíamos prepararnos para partir — aconsejó — ¿Crees que Ignis nos pueda dar un aventón, Sasuke? — preguntó el peliplata.

— No hay una segunda opción, ¿O sí? — remarcó el moreno, de manera retórica.

— De acuerdo, entonces. Será mejor que preparemos todo para partir cuanto antes — finalizó el Paladín, igualmente saliendo de la tienda de campaña.

Sasuke estiró un poco el cuello, y también salió a prepararse para la misión de aniquilación de su contraparte, lo que incluía el que invocara de nuevo a Ignis, y quizá también al resto de los Dragones de Terra. Los demás, tras charlar un poco de estrategias, también salieron de inmediato de la tienda de campaña.

.


.

Sakura estaba sentada en su catre, en la tienda de campaña personal que compartía con su querido Sasuke-kun. A pesar de que a Kaguya no le agradaba mucho que su hija ya tuviese una vida sexual tan activa con el hijo menor de Mikoto, Sasuke Uchiha, la albina tampoco se negó a darles la privacidad adecuada. Aún no le cabía en la mente que su pequeño Botón de Cerezo ya era toda una mujer que tenía más sexo en un mes que quizá más del setenta y cinco por ciento de la población de Terra, pero Kaguya sabía que usar ésa clase de autoritarismo, en la vida privada de su hija, únicamente crearía el efecto inverso. Kaguya era más que consciente que, cuando prohíbes algo, siempre habrá una manera de romper las reglas, y será sumamente catastrófico el resultado.

La ninfa, lejos de sentirse triste, estaba sumamente enojada con su madre. No solamente había sido negada, de nueva cuenta, su ayuda contra una amenaza mayor, sino que su madre la había prácticamente exhibido frente a todos. Quizá el resto de los anteriormente presentes en la carpa de Kaguya no se lo habían tomado tan a burla, ni tenían una mayor reacción al ridículo show entre ambas, fuera de la impresión que causó Kaguya al castigar a su hija; sin embargo, para Sakura fue, últimamente, igual de humillante. La princesa ninfa había quedado como una mocosa de nueve años siendo reprimida por su madre. No cabía duda de que su madre se había excedido en su "castigo".

Los pensamientos de Sakura fueron interrumpidos cuando se escucharon unos pasos al exterior, de unas pesadas botas. Removiendo un poco la entrada de la carpa, Sasuke se dejó ver. Sakura se levantó de su catre, y se acercó a su amado.

— Hey. Solamente te venía a avisar que vamos a partir en unos minutos — dijo el azabache.

Sakura resopló, y asintió.

— Entiendo — masculló la pelirrosa.

Sasuke sabía que su novia no estaba propiamente molesta con él, aún si sabía que lo estaría si supiera que él tuvo todo que ver en la prohibición de que ella les acompañara. Sakura estaba molesta con su madre. Kaguya no solamente le negó el apoyarles en la lucha contra Onikage, sino que la trató como si fuese una chiquilla. Incluso aún tenía un poco roja su oreja izquierda, y se notaba especialmente gracias a la albina piel de Sakura, heredada de su madre. No obstante, con todo ello, Sakura se tomaba las cosas lo mejor que podía. Lo que más le angustiaba a Sakura era el bienestar de su Sasuke-kun. Aquella era la verdadera razón del porqué había decidido acompañarles, antes de ser excluida del grupo.

La Haruno le entregó un pequeño suero en una botella al moreno, y le reacomodó un poco su remera. A continuación, Sakura le tomó de las mejillas al azabache, y acarició aquella barba que ahora estaba espesa. Posteriormente, la ninfa besó suavemente los labios de su querido Sasuke-kun, siendo correspondida por su novio, además de que Sasuke le acarició la espalda baja suavemente.

— Tan sólo ten cuidado, por favor — le pidió Sakura, soltando un nuevo suspiro de resignación — Vuelve con bien a mis brazos, mi amor.

Aquello, obviamente, no pasó por alto para el príncipe de los Uchiha.

— Escucha, Cerezo — le pidió Sasuke a la chica, estrechándola en un abrazo — Sé que aún estás molesta con tu madre, por lo sucedido. Sin embargo, ella lo único que quiere es que estés a salvo. Y aunque sé que quizá me vas a detestar por ésto, yo estoy de acuerdo con ella.

Sakura fulminó unos momentos a su amado, con sus esmeraldas, pero después resopló, y se cruzó de brazos.

— Hmp. Éso me imaginaba — masculló la ojiesmeralda, desviando la mirada del apuesto rostro de su pelinegro, aunque no se apartó del abrazo que Sasuke le daba — De hecho, tengo la sospecha de que tú tuviste mucho que ver en ésto.

Sasuke prefirió no quemarse a sí mismo, más de lo que ya estaba con su comentario anterior, y prefirió seguir manteniendo el beneficio de la duda que Sakura, indirectamente, le otorgó. De cualquier manera, era un mal necesario, para un bien mayor. El moreno apretó aún más con sus enormes y fuertes brazos de acero a la pequeña ninfa contra su cuerpo, y la besó suavemente en los labios.

— Vamos, Cerezo. No puedes demonizarnos a ambos por querer tu bienestar — argumentó el moreno, con voz templada y cálida — Sé que te sientes frustrada de ser tratada como la damisela en apuros, y yo más que nadie sé que tú eres una guerrera. De cualquier manera, fuiste capaz de darle una buena batalla a tu ancestro — rememoró — Sin embargo, aquello no implica que debas tomar riesgos innecesarios. Además de todo, Onikage tan sólo es una basura. Yo soy más que suficiente para matarlo. Tú no debes ensuciarte tus bonitas manos con su inmunda sangre — dijo el chico, besando suavemente la pequeña mano izquierda de la ninfa.

Sakura suspiró de nuevo, y observó las cálidas y profundas obsidianas de su amado Sasuke-kun. En parte, Sasuke tenía razón: Él era más que suficiente como para derrotar al demonio Uchiha. Sasuke había demostrado ser uno de los seres más poderosos del Universo, si no es que el azabache siempre había sido el ser más poderoso del Universo. Onikage no tenía siquiera la más mínima oportunidad de darle una pelea al poderoso dragón escarlata.

Y aún así, Sakura se sentía sumamente frustrada. Tal vez era porque su propio orgullo de Arcana no le permitía estar sentada como una princesita, esperando al regreso de su amado caballero en armadura brillante, para contraer nupcias con él. Fuera de que Sakura realmente deseaba casarse de manera oficial con su amado Sasuke-kun, ella no quería estar simplemente sentada, esperando el regreso del príncipe del Clan del Fuego. Ella quería salir a luchar por su gente, por la humanidad, y por Terra.

— Cerezo — le llamó Sasuke de nuevo — Tal vez a veces tomamos ciertas decisiones en las que tú no estés de acuerdo, y que te hagan hacer enojar, incluso odiándonos en el proceso. Sin embargo, si te prohibimos ir con nosotros, es porque nos preocupa tu bienestar, Sakura. Si no te dejamos acompañarnos, sabiendo el peligro que corremos, es porque te amamos, princesa — argumentó el chico, besando los labios de Sakura — Te amamos, y queremos protegerte de todo peligro.

Aquellas palabras, combinadas con los besos de Sasuke, realmente llegaron al corazón de la princesa de las hadas. Y aquellos hipnotizantes y protectores ojos color obsidiana le llegaron a lo más profundo de su ser a la pelirrosa. Sakura misma sabía que ni su madre ni el moreno buscaban únicamente fastidiarla. Ellos estaban legítimamente consternados por el bienestar de ella. Además de todo, la última vez que desafió la autoridad de sus compañeros, las cosas no habían salido para nada bien. Si Sakura no hubiese sido tan testaruda, quizá al menos aquel monje llamado Lee, Suigetsu, Juugo, entre muchos otros inocentes aún seguirían con vida.

— Sakura, si realmente me amas, tanto como argumentas, entonces quédate aquí, a salvo del peligro — le pidió Sasuke, acariciando con una mano el largo cabello rosado de ella — Demuéstrame con ello que realmente me amas, Cerezo.

Y si antes tenía alguna duda al respecto, la duda de Sakura se esfumó completamente. Ahora, se trataba de una prueba de amor, y no de puro orgullo. Sakura levantó su mirada, y la clavó sobre la oscura de su amado. El azabache mostraba calidez y afecto a través de sus oscuros e imponentes orbes, y Sakura veía en ellos el amor que él le profesaba, de manera silenciosa. Sakura enredó sus brazos en el cuello de su dulce príncipe, y repartió una serie de besos por el rostro de su novio, para eventualmente sellar sus labios con los de su ahora esposo, cuando menos en el espíritu.

Sasuke apegó a su amada contra sí, aún más de lo que ya estaban, y acarició suavemente la cadera de la chica, mientras correspondía al beso que le daba Sakura. La lengua del azabache pronto invadió la pequeña boca de Sakura, y el Uchiha profundizó el ya de por sí pasional beso. Sakura gimió entre aquella unión de sus labios, entre ella y su amado, cuando las manos de Sasuke llegaron hasta sus perfectas nalgas de burbuja, y cuando Sasuke las apretó con cada una de sus manos. Sasuke levantó el largo vestido de estilo griego de Sakura, hasta que descubrió las bragas de algodón de la ninfa, para después amasar constantemente aquel increíble trasero que poseía Sakura, con sus manos, entretanto que seguía devorando los labios de su niña. Cada vez que movía sus labios sobre los de Sakura, era una caricia de sus manos sobre las suaves y firmes nalgas de la princesa ninfa. Con aquellas bonitas y pequeñas bragas de encaje de Sakura, el trasero de la hada resaltaba de manera maravillosa, y Sasuke jamás desaprovechaba el momento para acariciar aquellas hermosas nalgas de su novia. Quizá era la parte que más le fascinaba al moreno, de su chica, además de las bellas piernas blancas de Sakura, claro está.

Haciendo un enorme esfuerzo, Sasuke se separó de los labios de la ninfa, y abrió los ojos. Sakura, por otro lado, también los abrió lentamente, y mostró su bello rostro sonrojado y amoroso a su querido Sasuke-kun.

— Por favor, Cerezo — enunció aún ronco Sasuke — No hagas nada estúpido. Si me amas, quédate a salvo.

Sakura acarició suavemente la nuca de su amado, y le dio otro suave beso en los labios.

— Lo haré... Porque realmente te amo... — murmulló dulcemente la hada.

Sasuke quedó satisfecho, y sonrió genuinamente, para finalmente separarse de Sakura. La pelirrosa sonrió dulcemente, colocando sus manos cruzadas en su espalda baja.

— Debo irme, Cerezo — explicó el azabache — Te prometo que volveré cuanto antes.

Sakura asintió levemente, y besó por última vez los labios de su querido Sasuke-kun, aunque los labios de Sasuke ahora estaban sepultados bajo una espesa barba, y aquello le causaba risa a la princesa hada.

— Cuídate, bebé — suplicó la ninfa — Recuerda que prometiste volver a casarte conmigo — rememoró, con una sonrisa divertida.

Sasuke soltó una leve risa, y también asintió.

— Tienes mi palabra — reafirmó el moreno, saliendo finalmente de la carpa.

Sakura tomó en su mano aquel collar que colgaba de su cuello, con su mano izquierda, y apretó aquel Lapis Lasuli que colgaba del mismo collar, casi a la altura de sus pechos, soltando un suspiro, y mirando cómo su amado partía a aquella peligrosa misión.

"Dios Todopoderoso... Por favor... Cuida de mi Sasuke-kun..." rezó la ninfa, en sus pensamientos.

.


.

Al exterior, Sasuke se encontró con que todos ya estaban preparados para partir. Kaguya tenía como atuendo su traje de batalla Warlock, y el resto también estaban vestidos con sus armaduras y armas, aunque únicamente Kakashi y Kaguya portaban sus armaduras Paladín y Warlock, respectivamente. Karin se estaba amarrando sus largas y filosas dagas, y tenía el cabello recogido en una coleta alta, con algunos mechones sueltos. Naruto tenía amarrada su Guandao a la espalda, mientras que Kakashi portaba su enorme Claymore igualmente en su espalda, aunque en posición inclinada, con el mango a la derecha. Tenten portaba su Miaodao en la cintura, y dejaba su cabello suelto que le llegaba a la mitad de la espalda. Contrario a las veces anteriores, la monja ahora no llevaba licras por debajo, y en cambio, tenía un Qipao largo, que dejaba ver sus increíbles piernas. La castaña también vestía unas zapatillas, pero tenían un poco de tacón, aunque no comparables a los tacones Pumps y Stiletto que Sakura solía usar.

— ¿Ya terminaste de despedirte de tu amada, Sasuke? — se burló Kakashi.

Sasuke soltó un monosílabo, e ignoró completamente al peliplata.

— Nos vamos de inmediato — ordenó el Uchiha.

El moreno se acercó al gigantesco Dragón del Fuego, y le hizo una señal con la cabeza, a lo que el dragón asintió. Ignis se colocó en cuatro, y Sasuke saltó a la espalda del mismo.

Supongo que los demás también me van a tratar de mula, ¿Cierto? — espetó el enorme monstruo volador.

Sasuke se encogió de hombros, y volvió su mirada al resto.

— Kaguya — llamó el moreno a la reina de Wintersun — Lleva contigo a Kakashi y los Hyūga.

La albina asintió. Para entonces, Kaguya ya había invocado a un enorme dragón tipo Wyvern.

— De acuerdo — replicó la reina de Wintersun.

El peliplata y los hermanos Hyūga subieron al enorme Wyvern rojo que Kaguya había invocado, y Kaguya pronto les siguió.

— Usuratonkachi, Karin, Tenten. Ustedes vienen conmigo — ordenó el moreno.

— Entendido — replicó Karin.

Tenten únicamente asintió, entretanto que el rubio no dijo nada. El primero en saltar al lomo de Ignis, tras Sasuke por supuesto, fue Naruto, quien ayudó a Karin Uzumaki a ascender al gigantesco dragón. Tenten saltó a Ignis, y se colocó a un costado de los Uzumaki. Y con ello, Sasuke ordenó al legendario Señor de las Bestias a emprender vuelo. El otro dragón también hizo lo mismo.

Es un honor poder acompañarle, Lord Ignis — dijo el Wyvern, llamando la atención del otro dragón.

Azazel — enunció Ignis — Hace más de diez mil años que no sabía nada de ti —refirió el Señor del Fuego, con lo que parecía una mueca de sonrisa — Qué lamentable que tengamos que reencontrarnos en éstas circunstancias.

Lo es, mi Lord — secundó el Wyvern — Sin embargo, me siento honrado de poder combatir a su lado.

Guarda tus ansias para más tarde — interpeló el otro gigante, aún más grande que Azazel — Pronto tendremos que ocuparnos de una amenaza mayor.

Con un fuerte agitar de sus alas, ambos dragones continuaron con su viaje a más de veinte kilómetros de altitud, muy por encima de la Tropósfera de Terra.

.


.

Habían pasado aproximadamente unas dos horas, desde que Sasuke y compañía abandonaron el campamento que establecieron en las afueras de Wintersun, a varios kilómetros del sitio. Dentro de una zona montañosa y con relativamente poca vegetación, se hallaba una hada pelirrosa completamente encapuchada, donde apenas y se veía su mirada ojiesmeralda, y tenía un pequeño saco amarrado en su espalda, donde cargaba algunas provisiones, básicamente agua, algunas herramientas de campamento y algunas pociones y elixires que había preparado en alquimia, con su talento innato de hada. Aquella hada se trataba de nada más y nada menos que Sakura Haruno/Senju/Uchiha, como quiera que la gente la conociese.

Apenas Sasuke y el resto abandonó el campamento secreto de Wintersun, a unos veinte minutos del evento, Sakura usó sus habilidades de maga blanca y puso a dormir a todo el campamento con uno de sus conjuros de hipnosis, incluso logrando dejar fuera de combate a Shizune y a Ino, dos de las más experimentadas hadas en habilidades psíquicas. Sakura ya había planeado su escape, desde el momento en que su madre, Kaguya, le prohibió acompañarles, y ahora se hallaba muy cerca de la Costa de Ember, en el hemisferio sur del Continente del Fuego, dispuesta a partir en búsqueda del demonio de ojos de sangre. Sakura, personalmente, se propuso a la misión que ella misma se había asignado: El encontrar antes a Chaos y derrotarlo ella misma, por su propia cuenta. Debía hallarlo antes de que Sasuke y el resto lo hiciera, pues sería cuestión de tiempo para que se percataran de su ausencia en el campamento de Terra, y para que su madre detectara que había usado Magia de Espacio/Tiempo para abandonar el Continente del Fuego.

Sakura sabía que estaba quebrantando la promesa que le había hecho a su amado, pero para ella era un mal necesario por un bien mayor, pues Chaos ahora estaba actuando con absoluta impunidad, quizá matando a mucha gente inocente, mientras que ella estaba esperando como una auténtica damisela en peligro, ansiando que su caballero en armadura brillante, Sasuke Uchiha, volviese de su misión de asesinato. Sakura se rehusaba a quedarse cruzada de brazos, mientras que Chaos asesinaba a su oposición y a gente inocente que nada tenía que ver en el asunto. Era como aprobar la masacre que el demonio Uchiha provocaba en Terra, y aquello iba en contra de los principios filantrópicos de la princesa de las hadas.

Sakura se detuvo, observando a sus alrededores, y después suspiró, descubriéndose su cabeza de la capucha.

— Perdóname, Sasuke-kun, pero no puedo quedarme cruzada de brazos — musitó inaudible la princesa de las hadas — Sé que me vas a odiar por ésto, pero es necesario que haga ésto.

Sakura juntó las palmas de sus manos frente a su pecho, a modo de rezo, expulsó un poco de su aura y enunció una especie de mantra, en latín, con el objetivo de crear una contracción del Tiempo/Espacio y abrir un Túnel de Gusano, por el cual viajaría a través de Terra. Sakura entonces extendió sus brazos al frente, con las palmas de sus manos colocadas como si quisiese abrazar a alguien, y entonces su aura se dirigió a unos dos metros de ella, abriendo un Portal Espaciotemporal en la nada.

Sakura suspiró para desaparecer su aura.

— Bien. Prepárate, Chaos. Iré por ti — masculló Sakura, rememorando todas las terribles acciones que causó el demonio, así como la tortura a la que sometió a su amado Sasuke-kun.

— No será necesario que me busques, princesa Sakura — siseó una voz detrás de ella — He aquí, yo estoy frente a ti.

Reconociendo el tono de voz, Sakura se petrificó y volvió su mirada a su anverso. Sakura se sintió helada del ver un par de ojos rojos como la sangre, los cuales tenían por pupila una cabra satánica, con un pentagrama dibujado a la misma simetría de la misma.

— Chaos... — susurró entre asustada e impresionada la ninfa, al ver que el Uchiha maligno estaba a unos metros de ella.

— Princesa Sakura. Vendrás conmigo, quieras o no — gruñó con frialdad el demonio Uchiha, extrayendo su espada de su espalda.

Sakura, sin embargo, no se amedrentó y aumentó su aura de golpe, adquiriendo el modo Primordial Alpha, por lo que sus uñas y cabello crecieron, las uñas un centímetro de largo y de tonalidad esmeralda, mientras que su cabello se alargó hasta sus rodillas, manteniendo la misma tonalidad rosa pálido. Los discretos y diminutos tatuajes aparecieron en sus brazos y pómulos, además de que la flor de Cerezo apareció en sus ojos como pupilas, casi al mismo diámetro de sus írises que cambiaron a tonalidad esmeralda, dejando la flor de Cerezo de tonalidad rosa pálido y sumamente detallada.

— ¡De ninguna manera lo permitiré, Chaos! ¡Acabaré contigo aquí mismo! — bramó la princesa hada, extendiendo sus brazos al frente, al igual que expandiendo su aura a niveles colosales.

Con sus brazos y manos extendidas al frente, Sakura disparó un poderoso Jet de Radiación Gamma, de al menos un Año Luz de diámetro y de cientos de miles de millones de Años Luz de distancia, con lo cual atacó a su enemigo. Chaos fue enteramente consumido por el poderoso GRB que le disparó Sakura de sus manos, el cual tenía la misma tonalidad rosa pálido de su aura, y que devastó cualquier clase de objeto frente al Jet. La energía fue tan brutal que todo Terra se sacudió con un monstruoso temblor de más de diez grados, de escala catastrófica, y una Onda de Choque viajó más allá del Complejo de Supercúmulos Piscis-Cetus, incluso destruyendo algunos astros y planetas en formación a su paso. Desde los confines del Cosmos, se podría haber visto un resplandor que viajaba desde Terra, a una velocidad Superlumínica, y que deslumbraba más que cualquier Quásar en el Universo.

Cuando la energía se disipó, Sakura hiperventilaba, debido al gasto de energía que hizo en el ataque, y cayó de rodillas al suelo, sintiendo cómo su cuerpo pesaba toneladas y cómo la respiración se le dificultaba. No obstante, Sakura no pudo ver por ningún lado a Chaos.

— ¿Lo maté? — preguntó en retórica la princesa de Iridia — ¿Realmente lo maté?

— Negativo, princesa. Lamento decepcionarte — enunció la voz de Chaos, a sus espaldas.

Apenas Sakura volvió sus esmeraldas, recibió una poderosa patada en la cabeza que no solamente la hizo soltar un grito corto, sino que la mandó a volar contra una roca, donde se estampó y quedó inconsciente en el suelo frente a la misma. Chaos eventualmente se aproximó hacia la desmayada pelirrosa y la tomó del cabello, para después levantarla del suelo y echársela al hombro. Onikage rodeó la espalda baja de Sakura, con su brazo, y abrió otro Agujero Negro de Gusano con su Kamui.

— Descuida, princesa. No te mataré... No aún — masculló con sorna el demonio ojos de sangre — Tú serás el cebo para atrapar al imbécil de tu novio, Sasuke Uchiha. Tú serás el peón que usaré para destruir la vida de Sasuke, antes de que lo mate...

Con aquellas últimas palabras, Onikage desapareció a través del Túnel de Gusano, sin dejar un sólo rastro de él o la princesa de las hadas.

.

.

...

Como siempre, gracias a los que leen ésta historia. Les agradezco su preferencia y su valioso tiempo.

Para aquellos que siguen mis One-Shots, el domingo temprano subiré un nuevo One-Shot, debido al mes SasuSaku. Me habría gustado publicarlo antes, pero no tuve tiempo para escribirlo sino hasta apenas. Les prometo que les va a gustar para aquellos que siguen mis One-Shots.

En fin. Nos vemos en el próximo capítulo, linduras.