Advertencias

Nada relacionado con la maravillosa mini-serie Band of Brothers me pertenece, salvo los OCs que aparecerán.

NO soy escritora, esto es por diversión. Estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.

El hilo de la trama se basa en el de la serie, de este modo, escenas, diálogos, etc, pueden estar inspirados o tomados de ella. Otras muchas cosas son ficción y surgidas de mi imaginación.

Esta historia puede contener violencia y lenguaje soez, así cómo escenas de carácter sexual subidas de tono.

Aunque esta historia surge del entretenimiento, no pretende ofender ni herir a nadie al tomar nombres y personajes que realmente existieron, ni al revivir acontecimientos históricos, ni al inventar cosas que jamás sucedieron

Capítulo 55

El atardecer iba cerniéndose sobre un Thalem algo más habitable tras varios días transcurridos, aunque aún quedaba mucho por hacer en el lugar para borrar la huella de la guerra.

La compañía aún no había recibido nuevas órdenes, con lo que el grupo continuaba asentado en el pueblo y sus alrededores, haciendo vigilancias y cubriendo trabajos menores que todos agradecían al haber aparcado a un lado el miedo constante a la muerte.

El trabajo de Victoria lejos del pueblo había finalizado aquel día, y agradecía enormemente poder alejarse de todo aquel horror de los prisioneros después de esos días intensos de ayuda, aunque la sensación de egoísmo por ello la hacía sentir también mal, pero necesitaba alejarse y dejar de pensar, o las quimeras la devorarían.

El primer paso que la ayudaría a volver a controlar su mente era aquel cambio de trabajo que tan bien había recibido por parte de Lipton al regresar a Thalem, y que consistiría en dedicarse a atender a los civiles del lugar, por fin cerca de sus amigos de nuevo.

Sin duda la cercanía con sus compañeros sería una ayuda valiosísima para desconectar del dolor y empezar a sobrellevarlo.

Había estado tantas horas fuera, que apenas había compartido tiempo con ellos en los días que llevaban en el pueblo alemán, y era evidente que aquello afectaba a su ánimo.

Mientras caminaba atravesando la plaza principal para dirigirse a la casa donde se alojaba en busca de sus más cercanos amigos, observó a lo lejos a quién más deseaba ver, haciendo que su rostro esbozara al instante una sonrisa.

Roe se hallaba de espaldas a la chica, fumando en soledad a las puertas de la pequeña casa que ejercía de enfermería.

Victoria centró su atención en la blancura inmaculada de la banda distintiva de médico que llevaba, dándose cuenta de que nunca antes la había visto de ese modo. La mujer no pudo evitar sonreír con alivio al pensar que aquellos horribles momentos habían quedado atrás, y poco a poco ellos caminaban hacia delante para dejarlos en el pasado.

La española esperó a que el médico bajara su brazo derecho hacia el suelo tras dar una calada al cigarro para abrazarlo por la espalda con anhelo. En aquel instante fue más que consciente de lo que lo había extrañado.

El hombre se dio la vuelta para mirarla con una sonrisa dulce, pasando a abrazarla mientras hablaba.

-Me alegro de verte por fin. ¿Cómo ha ido? ¿Estás bien?

-Estoy bien. Ahora mucho mejor –confesó al volver a mirar su rostro relajado-. Mi trabajo en el campo ha terminado. Estaré aquí ya. ¿Tú qué tal por aquí?

-No he tenido mucho que hacer. Ya ni siquiera me mandan ir con las pocas patrullas que realizan. Los alemanes se han retirado del todo.

Victoria asintió con alegría por escuchar aquello mientras él daba su última calada antes de tirar el cigarrillo al suelo y pisarlo con parsimonia, volviendo a hablar tras unos segundos de silencio entre ellos, en los que la chica saludó a Babe y Webster, quienes entraban en una de las casas de enfrente.

-Estarán deseando verte. Deberías ir a verlos. –Comentó con una leve sonrisa. La joven se acercó y sin decir nada lo besó en los labios con ímpetu.

-Eso puede esperar –Dijo tras separarse de él para mirarlo a los ojos. -Con quien quiero estar es contigo.

Eugene le devolvió la sonrisa, pero un instante después fue él quien rompió la poca distancia que los separaba y la besó con las mismas ganas que ella había demostrado.

Ambos olvidaron por completo que se hallaban en el exterior, a la vista de todos demostrando su amor con un deseo cada vez mayor. Tanto era así, que no escucharon los pasos de alguien acercarse hasta detenerse frente a la pareja, hablando con frialdad tras unos segundos.

-Creí haber dejado claro que no permitiría que ningún hombre de esta compañía se distrajera.

La pareja se separó con velocidad al sentir la firme voz de Ledger hablar a su espaldas, haciendo que se giraran para encarar al recién llegado. Ninguno pudo hablar cuando el capitán volvió a tomar la palabra.

-Doctor, quiero que se ponga en marcha de inmediato y vaya con la patrulla de reconocimiento, y después quiero un inventario completo de los suministros médicos en mi despacho antes de que acabe el día.

-¿Qué patrulla, señor? –Intervino Roe, mirándolo con la mandíbula apretada al observar el disfrute en sus ojos.

-La que voy a crear en este mismo momento para ir hacia el sur, donde ha habido movimiento de tropas enemigas. Dígales a sus compañeros de casa que vayan preparándose, y a la escuadra del sargento Talbert. ¿A qué está esperando, soldado? –Agregó Ledger con altivez al no ver al médico moverse.

Eugene inspiró sin apartar la vista del hombre mientras murmuraba un tirante sí, señor, alejándose después con paso firme, girándose al darle la espalda a Ledger para mirar a Victoria con fugacidad. La chica apenas pudo centrar sus ojos en los claros de él un segundo cuando Ledger la habló.

-Si continúas desafiando mis órdenes, me encargaré personalmente de meterte en uno de esos campos a recoger cadáveres hasta que nos vayamos de Alemania. Igual con suerte encuentras a alguien más que conozcas.

Victoria se esforzó muchísimo por no seguir su juego ni perder los nervios, manteniéndole la mirada con dignidad mientras el sentimiento de repulsión que le profesaba aumentaba un poco más.

-Estaré encanta de acatar su órdenes, capitán. Pero creo que ningún reglamento impide a ningún soldado hacer lo que quiera con su tiempo libre.

-Debo liderar una patrulla –Agregó cambiando de tema, reservándose el disfrute que le provocaba el enfado que la joven contenía. -Salude a su amigo de mi parte, doctora.

Tras una sonrisa y aquel comentario cruel, Ledger giró sobre sus talones y se alejó con paso firme mientras se pasaba una mano por el cabello castaño, siendo observado por la española, quien maldijo con ganas interiormente, aún anclada contemplándolo con rabia.


Victoria miró con preocupación su reloj de muñeca comprobando que casi eran las dos de la madrugada, y aún los chicos elegidos para la absurda patrulla no habían vuelto.

Odió a Ledger de nuevo con toda su alma al recordar la escena de la tarde, y sintió su odio desbordar al pensar que de nuevo había involucrado a sus amigos más cercanos sólo por molestarla a ella.

La morena se levantó de la vieja silla de madera de aquel salón mal iluminado, encaminándose hacia la puerta de la casa para tratar de buscar algo de información sobre el grupo. Quedarse allí sentada mientras lo que quedaba de café en su taza se enfriaba, la estaba exasperando sobremanera.

Apretando el paso para paliar el frío de la noche alemana, la morena puso rumbo hacia el lugar donde se había establecido el puesto de mando con la esperanza de hallar allí a alguien despierto que supiera sobre el asunto.

En la plaza del pueblo ya medio despejada de escombros, encontró una silueta sentada sobre un gran trozo de cemento bebiendo directamente de una botella, a pocos metros de la entrada del puesto de mando. Cuando Victoria descubrió que era Jack Ledger expiró con frustración, tratando de pasar desapercibida.

-No pierda el tiempo, doctora. Sus amigos no han llegado. –Alzó la voz el hombre, levantándose y encarándola. Cuando vio que la chica lo ignoraba volvió a hablar. –Creo que han encontrado resistencia, si no ya estarían aquí, ¿no? Dicen que una compañía entera se retiraba hacia la zona de los Alpes.

Victoria se paró en seco al oír aquello, girándose para mirar al hombre, quien avanzó unos pasos mientras bebía.

-¿Qué sabe sobre la patrulla? –Preguntó seria, viendo como Ledger sonreía y con algo de dificultad caminaba hacia ella. En cuanto lo tuvo a escasa distancia pudo corroborar que había bebido algo de más.

-Querida doctora; Aquí yo hago las preguntas. Aunque quizás podamos llegar a un acuerdo y yo podría darle su información y dejarla un poco en paz si usted me da otras cosas a cambio.

La chica reculó un paso cuando él acarició su cuello, pero Ledger optó por la fuerza bruta ante la negativa de ella, agarrándola bruscamente de un brazo y de la cintura para atraerla a sí mismo.

-¡No se atreva a tocarme! –Amenazó Victoria con enfado mientras lo empujaba con fuerza para deshacerse de él, pero el castaño se burló de ella mientras volvía a sujetarla, intentando ir más allá con sus caricias.

-Sólo tienes que imaginarte que soy tu querido doctor y...

-¡Capitán Ledger!

La voz de Lipton saliendo del edificio de sus espaldas hizo que la pareja dejara de forcejear. Victoria trató de frenar su respiración agitada mientras vislumbraba al teniente segundo ponerse delante del hombre y separarlo de ella. Sin embargo, su expresión de alivio cambió radicalmente cuando encontró a Eugene cruzando la plaza velozmente, dejando atrás a parte de los chicos que lo seguían. No lo había visto con aquella mueca de rabia jamás, y en seguida el pánico de lo que pudiera hacer se apoderó de la española. Por suerte para ella, Lipton también lo vio.

-Roe, tranquilo. No pasa nada. Vete de aquí, llévate a Victoria. –Susurró con templanza el hombre mientras se interponía en el camino del médico y lo agarraba de un brazo, intentándolo calmar.

Eugene continuó parado totalmente rígido por el enfado, observando como Lipton obligaba a Ledger a salir de allí, y a meterse dentro del edificio para evitar problemas. Pronto cambió su mirada hacia la chica, perdiendo la rigidez de sus facciones al ver su semblante pálido y asustado mientras las pisadas de sus compañeros se oían avanzar a su espalda.